Sakura POV

Antes de que me diese cuenta, el primer día de viaje había concluido.

Al no tratarse de una misión habíamos decidido tomarnos el viaje con calma. Habíamos conseguido cubrir una gran porción de camino, pero nos habíamos tomado el tiempo de parar a descansar cada cierto tiempo para no agotar nuestro chakra y recuperar energías.

Ahora nos habíamos detenido en un pequeño claro donde pasaríamos la noche.

– Bien. Iré a buscar leña. –habló Hana dejando su mochila contra uno de los árboles cercanos. – Estoy bastante segura de que hay un río cerca de aquí ¿Te importaría ir allí y llenar las cantimploras?

– Claro. –contesté imitando su acción.

Hana me brindó una pequeña sonrisa antes de marcharse junto a su compañero ninken. Me apresuré a sacar las cantimploras de nuestras mochilas.

– Vamos, Tomohisa. –llamé al pequeño cachorro antes de empezar a caminar en busca del lago. Pude escuchar un pequeño ladrido feliz en forma de respuesta y como comenzaba a seguirme.

No tarde más de diez minutos en encontrar el río al cual Hana se refería. Me acerqué a la orilla y me puse de rodillas, comenzando a llenar los recipientes con agua mientras que el pequeño cachorro ninken jugaba a mi alrededor.

Cuando terminé de llenarlas volví hacia nuestro pequeño campamento. Hana aún no había vuelto, por lo que luego de dejar las cantimploras en su lugar me senté bajo un árbol, Tomohisa se acurrucó a mis pies. Recosté mi espalda y cabeza contra la dura superficie de madera y cerré mis ojos permitiéndome relajarme en la tranquilidad del bosque.

Tenía que admitir con cada segundo que pasaba la idea de este viaje se iba haciendo más y más agradable. Estando lejos de la aldea me había traído una paz interior que no había sentido en mucho tiempo. En todas estas horas que habían pasado, no había pensado ni si quiera un poco en los problemas que me acomplejaban. Sin duda había sido una buena idea aceptar la proposición de Tsunade-shishou.

– ¿Ya te estás durmiendo? Espera un poco a cenar. No es bueno que no comas. –la voz de Hana me hizo sobresaltarme un poco y abrir mis ojos. Había bajado tanto la guardia que no la sentí llegar.

– Solo estaba relajándome un poco. –dije con calma. – Es bastante tranquilo aquí.

– Siempre y cuando no te metas en una pelea con shinobis de otras aldeas. –comentó la castaña mientras que comenzaba a apilar la madera que había conseguido para hacer una fogata. Luego usó un pequeño jutsu de fuego para encenderla.

Pasaron los minutos. Nos encargamos de alimentarnos y luego nos organizamos sobre qué haríamos: Hana montaría guardia la primera mitad de la noche mientras yo dormía y luego la reemplazaría. Con esto decidido, me acosté y me dispuse a dormir.

Una pequeña sonrisa tiró de la comisura de mis labios al sentir a Tomohisa hacerse una bolita contra mi costado para dormir conmigo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Mis ojos se entrecerraron levemente para evitar que una oleada de arena entrara en ellos. El país del viento era en su gran mayoría un desierto, el viento en él era fuerte y constante, arrastrando consigo la arena del suelo. Era tan distinto a lo que estaba acostumbrada a ver en los bastos bosques del país del fuego.

– Estamos cerca. –escuché a Hana gritar. Ella estaba unos metros por delante de mí, liderando el camino.

Mi vista se dirigió al frente, donde una gran estructura comenzaba a dibujarse, haciéndose más y más grande a medida que avanzábamos. No nos tomó más de veinte minutos alcanzar la gran construcción, la cual resultó ser una gran muralla que rodeaba pro completo a Sunagakure. Miré a Hana con cautela mientras nos acercábamos a la gran entrada situada en el frente de la muralla.

Al vernos, los guardias de la entrada inmediatamente adoptaron posturas de combate, listos para saltar al ataque si intentábamos pasarnos de listas. Uno de ellos dejó su puesto para acercarse a nosotras.

– Identifíquense. –ordenó con un tono de voz severo. – ¿Cuál es su nombre y cuáles son sus intenciones aquí?

Me mordí el labio distraídamente mientras intentaba recordar las lecciones de diplomacia que Hiashi-san me había dado.

Enderecé mi postura y levanté mi mentón intentando mostrarme confiada y segura, sin llegar a verme soberbia. Tomé un par de pasos colocándome por delante de Hana mientras que mi mirada se clavaba sobre la del shinobi de Suna.

– Mi nombre es Haruno Sakura, discípula de la Godaime Hokage de Konohagakure no Sato. Esta es mi acompañante, Inuzuka Hana. –hice un pequeño gesto hacia la castaña mientras nos presentaba. – Hemos viajado hasta aquí debido a un trato que nuestra Hokage hizo con Kazekage-sama.

El shinobi me observó con desconfianza, obviamente dudando de mis palabras. Su vista se quedó fija sobre mi por largos minutos antes de voltearse momentáneamente hacia sus compañeros.

– Contacten a Temari-san. –les ordenó.

Dos de los shinobis que custodiaban la entrada asintieron antes de desaparecer de la vista. El hombre que nos había interrogado se volteó nuevamente hacia nosotros.

– ¿De qué es este "trato" que hablas? –indagó él.

Sentí mi cuerpo tensarse levemente ante la pregunta. No estaba realmente segura de querer explicarle la situación a cualquier persona. Hana pareció notar mi inquietud, pues rápidamente contestó en mi lugar.

– Es un asunto privado que solo concierne a la Godaime, al Kazekage y sus personas de confianza. No podemos revelar demasiada información al respecto. –explicó Hana.

No era realmente una mentira si lo pensaba bien. El accidente que había sufrido hacía un tiempo… era realmente una situación delicada, si alguien más se enteraba de lo sucedido, sin duda comenzarían a verme de forma acusadora y empezarían a esparcir rumores sobre mí. A pesar de ser las víctimas en la situación, las mujeres que eran violadas no eran bien vistas en la sociedad, por ende, era natural que la Tsunade-shishou quisiese mantener cierta discreción en el asunto, y era perfectamente lógico que el Kazekage respondiese a la solicitud de mantener discreción en el asunto.

El guardia no pareció realmente feliz ante la presencia de secretos. Si antes ya desconfiaba de nosotras, ahora parecía totalmente dispuesto a hacer cualquier cosa que fuese necesaria para evitar nuestro acceso a la aldea.

– Déjenlas pasar. –una voz femenina se hizo presente en el lugar.

Mi vista se dirigió inmediatamente a la portadora de dicha voz, reconociendo casi instantáneamente a la persona que se presentaba frente a nosotros. Era esa chica, la única mujer de los tres hermanos de Sunagakure que se habían presentado tiempo atrás en los exámenes Chunnin… antes de que todos los problemas ocurrieran.

– ¡Temari-san! –exclamaron los guardias al notar su presencia, apresurándose a hacer una reverencia en señal de respeto. Esa chica parecía ser importante para esta aldea, y no podía evitar sentirme un tanto tonta e inculta al no tener el conocimiento adecuado al respecto.

La chica de cabellos rubios castaños ignoró a los guardias y caminó hasta quedar frente a mí y Hana.

– Estábamos esperando tu llegada, Haruno Sakura. –su tono de voz era tranquilo al hablar, y su rostro se mantenía imperturbable, haciendo que fuese difícil averiguar si mi presencia era grata o no. – Te recuerdo de los exámenes Chunnin… Estabas en el mismo equipo que el Uchiha y el Uzumaki… Parece lógico que terminases siendo la discípula de Senju Tsunade… –comentó. – Creo que nunca nos presentamos formalmente, ¿verdad? Mi nombre es Sabaku no Temari.

– Un gusto conocerte. –dije tratando de ser cordial. – Creo que ya conoces mi nombre. –dejé escapar una pequeña risa nerviosa. Hice un pequeño gesto hacia Hana, planeando presentarla ante Temari. – Esta es Inuzuka Hana, ha sido mi escolta en este viaje. Es una shinobi de nuestra aldea, y una gran amiga y mentora mía.

La rubia asintió en señal de comprensión antes de hacernos un gesto para que la siguiésemos. Los guardias se apartaron de nuestro camino mientras nos adentrábamos a la aldea.

– Kazekage-sama está bastante ocupado en este momento, sin embargo, tan pronto como esté libre se asegurará de verte y hablar contigo. –explicó Temari mientras nos hacíamos paso a través de la aldea. – Mientras tanto me dejó a cargo de ti. Descuida, me aseguraré de que tu estadía aquí sea la mejor. Luego de los incidentes en los exámenes Chunnin, hablaría realmente mal de nosotros si no fuésemos buenos anfitriones.

– Eso está bien. –murmuré con calma y comprensión.

– Oh, y descuida. Todo el asunto de tu visita se ha mantenido en secreto, el Kazekage ha pedido discreción y solo ha compartido información con nosotros, sus consejeros, y las personas que se encargaran en ayudar en tu recuperación.

– Realmente agradezco la discreción…

El resto del camino transcurrió en silencio. Mi mirada vagaba ocasionalmente por el lugar, apreciando la arquitectura del lugar. Era la primera vez que me encontraba dentro de Sunagakure, y podía decir con total certeza que era bastante distinto a lo que estaba acostumbrada a ver en Konoha. La ropa, los edificios, las personas, todo. Aunque… tenía sentido, no era exactamente lo mismo vivir en el desierto que vivir en el bosque.

Finalmente nos detuvimos frente a lo que parecía ser una casa.

– Aquí es donde se hospedarán. –habló Temari mientras abría la puerta para dejarnos entrar. – Tratamos de que fuese un lugar tranquilo que pudiese ayudar a tu recuperación. La casa está equipada con todas las necesidades básicas, aun así, si necesitas algo más, háznoslo saber de inmediato.

– Gracias. Es más de lo que podría haber pedido… –murmuré sintiéndome realmente agradecida por todas las molestias que se estaban tomando por mí.

– Por el momento puedes descansar y familiarizarte con el lugar. Mañana a primera hora vendré para darte un tour por la ciudad y hablar sobre cómo serán las cosas durante tu estadía aquí. Espero que tengas un buen descanso. –dijo caminando hacia la entrada de la casa. Me limité a dar un simple asentimiento mientras continuaba observando el interior de la casa con interés. – Oh, y Sakura. –me llamó deteniéndose en la entrada.

– ¿Sí?

– Realmente lamento lo que has tenido que pasar….

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Era tarde en la noche ya, estaba segura de que Hana ya se encontraba durmiendo, y aunque probablemente debería estar haciendo lo mismo que ella, no encontraba forma de conciliar el sueño. Era así como ahora mismo me encontraba recostada en el techo de la casa, viendo las estrellas.

Sunagakure era bastante tranquila por la noche, no había demasiada gente vagando por las calles, y una agradable brisa soplaba. Era un buen lugar para relajarse, a decir verdad, lograba entender por qué Tsunade-shishou decidió enviarme aquí en primer lugar.

– ¿No deberías estar durmiendo?

Una voz masculina, con una tonalidad suave y rasposa, se hizo presente de pronto logrando sobresaltarme. Rápidamente me incorporé volteándome hacia el dueño de la voz. Sorprendiéndome al ver a un chico pelirrojo de rostro familiar.

Sabaku no Gaara…