Sakura POV

– ¿No deberías estar durmiendo?

La voz suave, rasposa, se hizo presente logrando sobresaltarme. Casi de inmediato me incorporé, quedando sentada sobre el tejado, y me volteé a ver al dueño de la voz.

A pesar de la oscuridad que se cernía sobre nosotros, pude visualizar perfectamente el rostro del hombre frente a mi y reconocerlo.

Sabaku no Gaara…

No lo había visto desde el incidente de los exámenes Chunnin, y debía ser honesta… No esperaba volver a verlo en mi vida, aunque debí esperar que, si venía a su aldea natal, la probabilidad de encontrarlo era alta.

Había cambiado notablemente desde la última vez que lo había visto.

Aunque tan solo habían pasado meses, podía decirse que el tiempo le había sentado bastante bien, permitiendo que su cabello crezca agradablemente y que sus rasgos se volviesen más masculinos y atractivos. Sus ropas también habían sido cambiadas, pude notar.

– ¿Y bien? –inquirió luciendo ligeramente impaciente ante mi falta de respuesta.

– L-Lo siento… –me apresuré a disculparme sintiéndome nerviosa ante su intensa mirada. Su rostro era tan estoico que era difícil saber qué estaba pensando en estos momentos. – N-No podía dormir… Así que vine a ver las estrellas… –contesté a su pregunta.

El me observó por varios segundos sin decir nada, antes de asentir y sentarse a mi lado. Mi cuerpo se tensó ligeramente y aparté la mirada intentando no mirarlo de forma directa. Este chico era realmente intimidante…

– ¿Qué te ha parecido la aldea hasta el momento? –preguntó tomándome un poco por sorpresa.

Parecía querer entablar una conversación, ser amable…

– N-No he podido ver mucho aún, pero… Puedo decir que es bastante distinto a todo lo que conocía. –dije con calma, jugando con el dobladillo de mi camiseta.

– ¿Eso es algo bueno o malo? –inquirió él.

– Oh, lo siento… No lo decía en mal sentido. –me apresuré a aclararme. – Es simplemente… Distinto, ni peor ni mejor… Konoha está en medio del bosque, y Suna está en medio del desierto… Son ambientes completamente distintos, la cultura es distinta, la gente es distinta… Y en estos momentos, realmente necesito algo distinto en mi vida. –admití.

Lo observé de reojo viendo como asentía en señal de comprensión.

– Cualquier cosa que necesites… No dudes en decirme a mi o a Temari. Es mi deber asegurarme de que todos los habitantes de Suna estén bien. –dijo con firmeza.

Lo miré con curiosidad intentando comprender a qué se refería. Mis ojos se abrieron con gran sorpresa cuando puse dos y dos juntos.

– ¿E-Eres el Kazekage? –pregunté incrédula.

El me miró fijamente, alzando una ceja inquisitivamente ante mi reacción. Tal vez se lo había tomado como alguna clase de insulto hacia su persona.

– ¿Hay algo de malo en ello? –preguntó. Tragué grueso tras confirmar que, en efecto, lo había ofendido.

– ¡P-Para nada! –me apresuré a responder. – S-Solo me tomó por sorpresa. N-No sabía quien era el Kazekage y no esperaba que se tratase de alguien tan joven… ¡N-No es que piense que ser joven te hace menos capaz de liderar esta aldea! –chillé completamente avergonzada.

Su mirada era tan intensa que solo pude atinar a bajar la cabeza esperando que no se molestase conmigo y decidiese echarme de la aldea.

El silencio reinó entre ambos por varios segundos en los cuales estuve tentada en levantar la mirada para intentar adivinar que estaba pensando, sin embargo, no lo hice.

– Eres una persona interesante, Haruno Sakura… –dijo él de pronto rompiendo el silencio.

Un pequeño respingo escapó de mis labios al escuchar repentinamente su voz. Con timidez, levanté la cabeza para encontrarme con su mirada.

– ¿Eso es algo bueno o malo? –me atreví a preguntar imitando sus palabras de antes.

Mi estómago dio un vuelco al ver lo que sucedió a continuación: Por primera vez, pude ver como una sonrisa se dibujaba en sus labios.

– Es algo bueno… –respondió sin borrar su sonrisa.

Mi corazón se aceleró notoriamente. No podía explicarme realmente por qué mi cuerpo parecía reaccionar de esta forma ante un simple gesto.

– Yo… ¿P-Por qué me dejaste quedarme en tu aldea? –pregunté intentando desviar la situación hacia otro lado.

La sonrisa de Gaara desapareció gradualmente ante mi pregunta y dirigió su mirada al cielo, contemplando la gran y blanca luna.

– Cuando tu Hokage mencionó tu nombre supe que eras la compañera de Naruto. –dijo con simpleza como si aquello lo respondiese todo.

No pude evitar sentirme ligeramente decepcionada por su respuesta.

– Entiendo… –murmuré. – Yo… Creo que será mejor que me vaya a dormir ya. Temari-san mencionó que tengo muchas cosas que hacer mañana. –me apresuré a decir mientras me ponía de pie dispuesta a entrar de nuevo a la casa.

El no dijo nada al respecto. Simplemente se limitó a asentir mientras imitaba mi acción y también se ponía de pie.

– Como mencioné antes. Si necesitas algo, o tienes problemas, no dudes en hablar conmigo o Temari. –dijo antes de darme una pequeña reverencia y marcharse saltando de techo en techo.

Dejé escapar un suspiro y cuando finalmente lo perdí de vista, me dispuse a entrar de nuevo a la casa.

A paso lento me dirigí a la habitación que había sido destinada para mí. Al llegar sonreí suavemente al notar que Tomohisa estaba dormido en medio de la cama. Con cuidado de no despertarlo lo acuné entre mis brazos para luego acostarme en la cama y posar al pequeño cachorro sobre mi pecho. Tomohisa apenas se removió acurrucándose más contra mí, antes de continuar durmiendo plácidamente.

Realicé pequeñas caricias en su lomo mientras observaba el techo. Poco a poco, mientras me concentraba mi atención en las pausadas respiraciones del cachorro, mis ojos comenzaron a cerrarse, y pronto caí rendida ante el mundo de los sueños.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

En un abrir y cerrar de ojos, un nuevo día llegó.

Como ya se me había hecho costumbre, desperté temprano. Tomohisa no parecía listo para despertarse aún, pero al notar como yo comenzaba a levantarme, se esforzó para despabilarse con tal de seguirme en mi día.

Lavé mi rostro, me cambié de ropas y desayuné. También me tomé algo de tiempo para hacerle el desayuno a Hana quien seguía dormida.

Tras dejar la comida en la mesa junto a una nota, decidí salir a tomar un poco de aire fresco junto a Tomohisa. Cerré la puerta detrás de mí, y me senté en los pequeños escalones de la entrada, recostando mi espalda en la superficie de la puerta. Tomohisa no tardó en acomodarse en mi regazo.

Tomé una respiración profunda apreciando el aire puro de la mañana, y me dispuse a ver a los pueblerinos que comenzaban a circular por las calles.

Como le había dicho a Gaara el día anterior, el ambiente en Sunagakure era bastante distinto a lo que estaba acostumbrada, pero aquello no significaba que fuese desagradable. Realmente estaba curiosa por llegar a aprender un poco acerca de la cultura de la aldea, tal vez incluso podría incluir algunas de sus tácticas shinobis a mi repertorio de ataque.

Mientras mantenía mi mirada fija en unos pequeños niños que correteaban uno detrás del otro, no me percaté de alguien que se acercaba a mí.

– Sakura, ¿estás lista para comenzar tu día? –la voz de Temari me hizo sobresaltarme un poco.

– S-Santo cielo Temari, no te sentí llegar. –murmuré colocando una mano sobre mi pecho para calmar mi acelerado corazón.

Ella alzó una ceja mientras me observaba con una pequeña sonrisa, entretenida por mi reacción.

– ¿Entonces estás lista o no? –preguntó nuevamente.

Suspiré y asentí.

– ¿Está bien si viene conmigo? –pregunté e hice un pequeño gesto hacia Tomohisa.

La rubia lo observó por un par de segundos antes de encogerse de hombros.

– No creo que haya problema. –respondió con simpleza. – Será mejor que nos demos prisa. No querrás llegar tarde a tu primera sesión de terapia, ¿verdad?

Me apresuré a ponerme de pie tomando a Tomohisa entre mis brazos.

– Claro que no. –dije haciendo un pequeño puchero inconsciente.

– Entonces, andando. –dijo ella antes de darme la espalda y empezar a caminar guiando mi camino.

Sin demoras la seguí.

¿Cómo sería la terapia? ¿Qué tendría que hacer? ¿Realmente serviría? No tenía la respuesta a ninguna de esas preguntas, lo cual me hacía sentirme ansiosa y un tanto asustada… Pero ya me encontraba aquí, no podía simplemente echarme para atrás y desperdiciar los esfuerzos que Tsunade y Hana se habían tomado por mí, o los esfuerzos que yo misma había hecho para llegar hasta aquí.

Era consciente que el camino que tenía frente a mi no era fácil, pero debía mantenerme firme y continuar avanzando. Era la única forma de sanar y poder cumplir mis aspiraciones.

Espérenme Konoha, porque les demostraré la verdadera fuerza de Haruno Sakura.