Disclaimer 1: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad de Disney, Aniplex y Yana Toboso.

Disclaimer 2: Contiene un Oc, co-protagonista de la historia.

Disclaimer 3: Esta historia fue escrita meses antes del capítulo 5 de Pomefiore, por lo que tomé libertades creativas bastante amplias gracias a la poca información que hay de los personajes. El juego puede llegar y desacreditar mi versión en cualquier momento.

Esta historia está narrada desde la perspectiva de Vil Schoenheit. Sin más preámbulos, disfruten.


Yo quería ser como la Bella Reina.

Soñaba con ser la Bella Reina, así de hermoso, poderoso y determinado. Una seguridad increíble, dispuesta a alcanzar la cima como sea, además de ser muy talentosa con los venenos. Ella trabajaba muy duro para ser la más agraciada del reino y yo deseaba hacer lo mismo. Mi ídola vestida de púrpura.

Aunque, al parecer había un candidato mejor que yo.

"Blanca Nieves", le llamaba yo, y no porque fuera blanca como la nieve. De hecho, era todo lo contrario: tez morena, de ojos verdes y un cabello cobrizo muy rizado, tan rizado como rebelde. Nunca se peinaba bien, siempre andaba con jardineras enormes y era increíblemente bruta. Ni una pizca de delicadeza al actuar o hablar; parecía un niño destartalado y sucio.

Sin embargo, seguía siendo preciosa.

Le agradaba a todos mis compañeros de clase ¿Por qué? Pues, porque Blanca Nieves era amable; una chica risueña, que escuchaba a los demás y daba buenos consejos, sin distinción. Siempre encontraba la manera de animar las clases, ya sea con un juego nuevo, cantando una canción o contando un chiste y las cuidadoras la adoraban, diciendo que era tan bien portada. Destacaba por su creatividad, haciendo un dibujo nuevo cada clase, transformando manchas de acuarela barata y plastilina en una obra de arte que terminaba colgada en la pared. De su familia nadie sabía nada, era tan extrovertida como cerrada.

Así es Blanca Nieves; bella, agradable y talentosa.

Y no me caía bien.

Me daba asco ver cómo cuidaba las plantas de huerto; me estresaba ver como traía a la vida el mejor elefante del universo con un simple pincel de plástico; me irritaba escuchar su armoniosa voz al cantar mientras tocaba el xilófono; me revolvía el estómago cuando consolaba a algún compañero triste por una rabieta; me daban arcadas cuando le ponía curitas a los raspones. Tan sólo su presencia me disgustaba, con su sonrisa empalagosa y sus carcajadas estridentes.

Blanca Nieves era bella, gentil y talentosa.

Y me repugnaba.