Nos hicimos inseparables después de ese hecho, al punto de que no hicimos amistad con otros alumnos. No me malentiendan, nunca los alejamos o algo por el estilo, sólo que simplemente no conectábamos con ellos. Es más, apostaría a que no había niños más unidos que nosotros en toda la clase, cosa que fue extraño para muchos siendo que nos llevábamos como el gato y el ratón, pero, ¿a quién le importa? Éramos mejores amigos y eso era lo principal. Incluso no pasó tanto para que yo conociera a su familia y ella la mía. Sus padres me recibieron muy gustosos con una cena de bienvenida y fueron muy amables, explicándose por sí sólo el dicho "de tal palo, tal astilla".

Respecto al entrenamiento, pues al parecer terminó porque la morena no lo siguió ejecutando. Una vez mencionó que "la primera parte estaba completa" y después de eso no me dio ninguna tarea más, así que asumí que se acabó. No declaro que me gradué como "el señor amable", porque aún no lo he hecho; sin embargo, con los años me asumí como "Licenciado en amabilidad", años en los que me fui dando cuenta de ciertas actitudes de Blanca Nieves.

Siempre me llamó la atención el hecho de que diera tan buenos consejos desde el jardín de niños y que todo el mundo los siguiera, obteniendo gratos resultados; no obstante, esta habilidad suya comenzó a ganar más fama cuando entramos a secundaria.

Entramos a una nueva escuela más cerca del centro ejecutivo de la ciudad, en donde un montón de estudiantes de muchas otras partes asistían. El País del Piroxeno de por sí es enorme, así que, obviamente habrían nuevas caras. A mí no me hacía ni un chiste tener que hacerme el lambiscón con mis recientes compañeros, a pesar de todo lo que entrené para no ser una paria social; sin embargo, mientras estuviera con Blanca Nieves, todo iría bien.

O eso pensé, porque después de los primeros días, la morena inició su trayectoria de psicóloga adolescente. Todo por un percance en que encontramos a una compañera llorando en el salón de clases.

La pobre había tenido un pleito con su novio y no sabía qué hacer al respecto. Por la forma melodramática en que lloraba, pareció haber sido feo.

– Realmente no es tu culpa. A tu novio se le pasó la mano, así que no tienes por qué sentirte culpable. – le consoló.

– ¿Estás segura? – preguntó la otra chica, secándose las lágrimas.

– Claramente. Es más, yo hablaré con tu novio. – le sonrió con amabilidad. Su clásica amabilidad.

Ese mismo día habló con el novio de nuestra compañera y le hizo entrar en razón casi de inmediato, pues no pasaron muchas horas cuando volvimos a verlos juntos y reconciliados. Luego de eso, la noticia corrió por todos los rincones de la escuela, asombrando a quien la escuchara; y no por el hecho en sí, sino por la rapidez en que Blanca Nieves utilizó la persuasión.

Con eso, se ganó la fama de celestina al principio, siendo rodeada de chicas que la acudían por consejos románticos sacados de revistas superficiales; después de que estos resultaran, comenzaron a rodearle los chicos. A las semanas ya no eran consejos románticos, sino que más personales, como problemas con maestros, amigos o incluso los de su propia casa; hasta evitó que un estudiante cometiera una locura de esas gravísimas, sólo con darle una charla motivacional.

Todo esto en un plazo de meses y por simple caridad, tal como si el Pozo de los Deseos se paseara por los pasillos. Hasta a mí me llegó a extrañar la velocidad sobrehumana con que ocurrió; quiero decir… ¿Era posible ser una celebridad escolar en unos meses? ¿Acaso la amabilidad de Blanca Nieves era tanta que provocaba esa clase de milagros?

Pues, un día descubrí que no.

Las clases habían terminado y yo estaba preparando mis cosas para irme; Blanca Nieves me esperaba en el pasillo cuando de repente, una chica pasó al lado suyo y ella llamó su atención. Me fijé un segundo y resultó ser la muchacha que la morena ayudó con el asunto del novio.

– ¡Duirrogel-san! ¡No tiene idea lo agradecida que estoy por esa vez! – le dijo esta, muy emocionada.

– Bueno, estás de suerte porque voy a cobrarte el favor. – le sonrió Blanca Nieves.

La otra le miró de forma incrédula. Yo ralenticé la velocidad con que guardaba las cosas en mi bolso para seguir escuchando.

– Escuché que tu novio está vendiendo resúmenes para la prueba de ciencias mágicas.

– Ah, sí.

– ¿Creer que puedas conseguirme uno a mitad de precio? Verás, mis padres tienen un encargo muy importante en el taller y necesitan ayuda, por lo que no tendré mucho tiempo para estudiar. – comenzó a explicar, con un tono algo suplicante y luego juntó sus manos. – No me malinterpretes, no te lo estaría pidiendo si no fuera cierto, pero, ¿podrías hacer eso por mí?

Quedé bastante sorprendido con aquello, ya que no sabía lo de sus padres y ella no me lo mencionó en ningún momento. Además, que pida ese favor como un "agradecimiento" del conflicto que resolvió… ¿Por qué lo haría si me podía pedir ayuda a mí? No me encajaba ¿Será que lo está haciendo por pereza? No, Blanca Nieves no es de las personas que evitan estudiar.

– ¡Claro que sí! ¡Es más, sé que te lo dará gratis! ¡Mi novio también está muy agradecido por lo que hiciste!

Y ahí se me cayó la boca del asombro. Lo consiguió, y gratis.

– ¿De verdad? ¡Muchas gracias! – se alegró la morena.

– De nada, es lo menos que puedo hacer. – la otra revisó el reloj de su muñeca por un momento. – Debo irme ¡Adiós, Duirrogel-san!

Cuando nuestra compañera se fue, yo terminé de arreglar mis cosas y me aproximé a su lado.

– No me dijiste lo de tus padres. – mascullé.

– Me avisaron hace un rato, así que no te preocupes. Aparte, sabes que las ciencias no se me dan. – se encogió de hombros y se dispuso a caminar.

Me quedé parado ahí, pensando ¿Para esto era todo el espectáculo?

– No es la primera vez ¿Cierto?

Ahí ella se detuvo y volteó a verme.

– ¿A qué te refieres?

– Lo de consejos a cambio de favores. Por eso andas de Hada Madrina por la escuela ¿Verdad?

Se quedó en silencio un segundo, formulando una respuesta. No mostraba tener ni un pelo de nervios siquiera.

– Lo llamo "el Don de la Palabra".

No puedo creerlo, no tenía vergüenza. La muy desquiciada le puso hasta nombre ¡¿Cómo demonios se le ocurrió algo así?! ¡¿De cuándo lo estaba practicando y con cuantos…?!

– ¿Don de la Palabra, dices? – llamé su atención, molesto. – ¿Cuándo descubriste esto?

– No hace mucho, aún estoy experimentando. – me contestó, con suma indolencia.

– ¿Experimentando? – musité, entre la sorpresa y la ironía. – ¿Ahora resulta que somos tus ratas de laboratorio?

– Suena muy feo cuando lo dices así. – negó con la cabeza. Claramente, suena feísimo. – Simplemente estoy pidiendo una contribución por mi trabajo.

¿Contribución? ¿Trabajo? Basura.

– O sea, te estás aprovechando de la gente.

– Sí quieres llamarlo de esa forma, pero insisto que suena feo.

– ¡Claro que suena feo! ¡Suena horrible! – subí el tono de voz y comencé a reprocharle. – ¡¿Por qué lo haces?!

Ella chasqueó la lengua y se molestó también.

– Porque me cansé que todos acudan a mí y después me hagan la desconocida. – explicó, esta vez de forma sensible, con una sinceridad dura, dolida. – Así que, si la gente me va a hacer esto, nadie me dice que no puedo tener mi parte también.

Me dejó bastante aturdido. No pensaba que Blanca Nieves podría tener esa clase de pensamientos e intenciones, y me obligaba a cuestionarme ¿Qué ocurrió con la Blanca Nieves dulce, madura y comprensiva que conocía?

– ¿En qué momento comenzaste a pensar así?

Se quedó callada unos segundos y se dispuso a seguir su camino, evadiendo mi pregunta. Presumiblemente la dejaría vulnerable si la contestara.

– Mira Vil, no espero que lo comprendas, ni mucho menos que lo apoyes. Simplemente ignóralo y ya está.

Ignorarlo y ya está. Como si fuera tan fácil ver que la mente de tu amiga se está oscureciendo poco a poco, como una manzana podrida; sobre todo por el hecho que jamás noté ningún subtexto de tal nivel en su accionar. En cualquier momento afectaría a todos a su alrededor, si es que… ya no lo hizo ¿Podría ser que…?

– ¿Y cómo sé yo que no lo estás haciendo conmigo?

Se giró bruscamente. Su expresión había cambiado y su ceño estaba fruncido.

– Porque eres mi mejor amigo y yo no me aprovecho de los que considero amigos.

Con aquella firme declaración, ella se volteó y siguió caminando, dejándome atrás.

Blanca Nieves era bella, misteriosa y talentosa.

Y me hacía dudar.