¡Finalmente lanzaron el capítulo! ¡Yeeei! Lo que significa que... ¡a partir de ahora esta historia estará llena de datos inexactos! ¡WOOOOOOH!

Pero en serio ¿Creen que importa cuando he estado escribiendo esta cosa hace meses? No lo creo, aunque aun hay tiempo de hacer los últimos capítulos más fieles al contenido oficial, puesto a que sólo he visto los primeros 2 episodios traducidos xddd.

Sin más, continúen leyendo.


Aquel asunto me dejó bastante nervioso, pues no todos los días descubres que tu mejor amiga cobra favores por resolver problemas. Blanca Nieves seguía paseándose rodeada de alumnos todos los días y daba consejos casi de forma gratuita; repito, CASI. Todo demostraba que pasaría mucho tiempo antes de que se dieran cuenta que estaban siendo utilizados por ella y que después pagarían el precio por su humilde aventón, siendo comparable con la Bruja del Mar; aunque, la morena no tenía la necesidad de transformar a nadie, sino que simplemente debía mover un poco la lengua y ya los tenía a todos en sus manos, en cosa de minutos.

Los días pasaban y comencé a cuestionarme si nuestra amistad era tan falsa como sus puras intensiones, por más que intentara no hacerlo ¿Qué tan cierto fue lo que me declaró la última vez, o todas las otras veces? ¿De verdad sería importante para ella? Era inevitable hacerme estas preguntas antes de dormir. Incluso, en un momento pensé en investigarla, porque si se lo preguntaba directamente me evadiría o se molestaría. No quería que pensara que desconfiaba de ella.

Sin embargo, a veces las investigaciones simplemente no se inician. Antes se muestran nuevas oportunidades.

Cerca de fin de mes, una agencia de diseñadores me contactó por MagiCam. Al parecer vieron mis fotos y les gustó mi apariencia, así que me ofrecieron un puesto de modelo y me dieron un teléfono. Al principio creí que era una broma o una clase de estafa perversa, pero llamé y resultó ser cierto. Me dejaron un par de días para pensarlo antes de citarme, ya que me parecía una propuesta interesante; al fin y al cabo ¿quién me niega a aprovechar un buen parecido? Nadie. Aunque, obviamente había unos cuantos obstáculos: la escuela y mis padres. Necesitaba un consejo y ya sabía quién me lo daría, por muy mal que me pareciera el objetivo de estos.

Se lo mencioné a Blanca Nieves en clase, sin embargo, no me dijo ni pío. Sólo asintió con la cabeza sin despegar la vista de un libro, anotando en su cuaderno como que fuera una máquina. Fue extraño, pues estábamos en el recreo y ella no era una fanática del estudio.

– Eeh… ¿Aló? ¿Sigues en este mundo o te fuiste a otra realidad? – la intercepté, pasando mi mano delante de su rostro. Ahí ella espabiló y se sacudió un poco.

– Disculpa ¿Qué decías?

– Que me ofrecieron un trabajo como modelo ¿No me escuchaste? – enarqué una ceja y coloqué mis manos en las caderas. Me pregunto por qué Blanca Nieves está tan absorta últimamente.

– Ah, sí. Pero, ¿qué dicen tus padres al respecto?

– Bueno, a mí mamá le preocupa que baje mis calificaciones y mi papá… – me detuve para omitir el hecho de que casi le da un ataque cuando se enteró. – Pues… es mi papá.

– Ya veo. Entonces avísale a tu mamá que te ayudaré con los estudios, así tachamos uno de los dos problemas de la lista. – concluyó, volteando su atención al cuaderno otra vez. – Y respecto a tu padre, dile que estás descubriendo habilidades nuevas y que es temporal. En un tiempo no le importará cuando comiences a traer dinero.

Como siempre, no esperaba menos de la psíquica Blanca Nieves.

– ¡Muchas, muchas gracias! – me acerqué muy campante y la abracé. Me correspondió con una palmada en el brazo y mirada cómplice.

Obviamente, el plan funcionó. Mi padre se resignó y mi madre quedó conforme con la condición de que me acompañaría. Al día siguiente, ambos fuimos al estudio fotográfico y firmamos los documentos correspondientes. Oficialmente, era un modelo juvenil que comenzó a trabajar de inmediato, probándome un par de prendas y tomándome algunas fotos.

– Así se empieza, con accesorios pequeños. – me dijo la fotógrafa, quien no creía que tuviera muchos años más que yo. Aunque, no esperaba ser una estrella el primer día, por lo que no me preocupé.

Tiempo después mi estilo de vida fue cambiando, pues me interesé más en la moda, la comida saludable y mi físico, además de hacer otros amigos, como la chica fotógrafa. Mi fama fue escalando poco a poco y los alumnos de la escuela comenzaron a rodearme también, haciendo que me fuera alejando de Blanca Nieves por temas de tiempo. Me angustiaba un poco que no pasáramos tiempo juntos como antes y que se fuera a sentir apartada, pero ella insistía que no le importaba, ya que era mi trabajo. De hecho, parecía que nada de lo que estuviera haciendo le interesaba en lo más mínimo, pues cada vez que le contaba acerca de mis experiencias en la agencia asentía de forma casi periódica, sin apartar la vista de sus libros y cuadernos, por no mencionar que jamás me acompañó a trabajar. No sé cuándo demonios comenzó a ser tan aplicada, con sus calificaciones elevándose como avión y me molestaba bastante. Sentía que me estaba ignorando y no me apoyaba.

No sólo eso, sino que me excluía de todo en la escuela, porque cada vez que encargaban algún proyecto ella nunca me llamaba para ponernos de acuerdo con los materiales, las tareas o siquiera decidir qué vamos a hacer. Era cierto que mi potencial carrera dejaba mi agenda apretada, pero no significaba que la escuela dejara de ser mi prioridad.

– No te preocupes, yo lo resuelvo. – mencionaba cuando el profesor daba las indicaciones. Luego de unos días, resultaba en que traía el trabajo listo, completo y sin errores.

Por supuesto, a Blanca Nieves no le importaba que yo me sintiera un estorbo. Cada vez que le manifestaba está inquietud, ella asentía, mas no me escuchaba a causa de su obsesión por el estúpido cuaderno de estudio. Al final, nunca llegábamos a nada, así que comenzamos a hablar menos aún.

Los meses transcurrían en la gloria de mi nueva carrera, siendo la sensación de la escuela. Tenía un pequeño séquito atrás mío que me admiraba y varias declaraciones, tanto de chicas como de chicos y llegando a salir con algunos. Todos me hacían sentir el más hermoso del lugar, por no decir de todo el País de Piroxeno.

– ¡Vil-sama es tan apuesto! – exclamaba una chica por aquí.

– Ojalá pudiera ser tan lindo como Schoenheit-san… – suspiraba otro chico por allá.

Todos me admiraban, me adoraban y me idolatraban como si me hubiera transformado en un dios. Sin embargo, me irritaba un pequeño detalle: a Blanca Nieves no parecía darle ni una pizca de celos siquiera. Es más, no se quejaba a pesar de que faltaba mucho a la escuela y no entendía el por qué. Lo mínimo que esperaba es que me lanzara una paupérrima indirecta. Una sola.

Nada, no articulaba nada y no comprendía.

Cerca de las vacaciones de verano, había conseguido mi primera portada de revista. No podía estar más feliz y orgulloso de aquel logro que me otorgaba una sensación de realización adolescente, pues, era la primera vez que mi bella figura saldría completa en la plana principal. La gente de la agencia estaba tan emocionada como yo, así que, para celebrarlo organizaron una fiesta que se llevaría a cabo en los próximos días y me dejaron invitar a cuantos quisiera. No tenía a muchas personas en la lista más que mis padres y Blanca Nieves, en un intento de recuperar el contacto, por lo que se lo informé en clases.

– Pero ese día… – masculló con una expresión apenada. – Me temo que no podré ir, Vil. Lo siento…

No sé por qué me lo esperaba y a la vez sentí que algo se quebró. La pequeña esperanza de que asintiera y pudiéramos recuperar el tiempo perdido, como mejores amigos que éramos, se disolvió de forma fulminante. Estaba irritado, ofendido y resentido, pero no iba a hacer un escándalo por algo que ya no valía la pena.

– Está bien, no importa. – fue lo único que atiné a contestar, dolido ante la negativa.

Al final fui solo con mis padres a la fiesta, lo cual de una forma u otra me benefició, pues me rodeé de chicas que desde hace tiempo me habían echado el ojo y no se acercarían de haber estado acompañado ¿Quién necesitaba a Blanca Nieves cuando podía tener a una multitud atrás mío? Yo no, ni nadie. No la necesitaba para pasarla bien, después de todo, la fiesta fue hecha en honor a mí. Era mi fiesta, mi noche y no requería la presencia de cualquiera que dijera lo contrario. El festejado era yo, sólo yo.

La música estaba alta, las bandejas con comida circulaban y el ambiente se sentía elegante. Los halagos rebotaban de acá para allá, destacando lo bien que me desenvolvía en fiestas importantes de tal sofisticación y obviamente, mi ego se elevaba por las nubes. Varias chicas se me declararon en el transcurso de la noche, siendo rechazadas; incluyendo a mi amiga fotógrafa, quien no respondió de la mejor manera.

– Temo que no te veo de la misma manera. – me negué ante su confesión. – Eres mi amiga y mi fotógrafa, nada más.

– Con que… soy sólo eso… – musitó con sus labios temblorosos y su voz quebrada. De pronto, frunció el ceño, cosa que me extrañó. – ¿O acaso te gusta esa chica?

– ¿Quién? – pregunté luego de parpadear un par de veces. No entendía de qué hablaba.

– Tu amiga de la escuela… Ella es ¡¿Cierto?! – se lanzó molesta, con lágrimas en los ojos. Claramente estaba celosa de Blanca Nieves.

– ¡¿P-pero qué…?! ¡N-no! – me apuré a contestar, entre enojado y confundido. No pude evitar que se sonrojaran mis mejillas. – ¡¿Es que tiene que gustarme otra persona para rechazarte?! ¡No me gustas y punto!

– ¡Eres un idiota, Vil! – me gritó ella y luego salió corriendo, llorando desconsolada.

Esa fue la última chica que se me declaró y la que detuvo la música, las bandejas de comida y el ambiente elegante dentro de mí. Me recordó el fantasma que quería olvidar aquella noche; el fantasma con quien estaba resentido y no quería ver ni en pintura. Nuevamente, Blanca Nieves acabó con mi fiesta.

Pasaron un par de días luego de la celebración, en donde discutí con la fotógrafa una y diez mil veces. Insistía en que no iba a trabajar más conmigo si no aceptaba su confesión, o sea, algo completamente estúpido. No me cabía en la cabeza el hecho de que esto me tuviera entre las cuerdas y necesitaba sacarme el problema de encima, sin embargo, en la agencia no tendrían otro fotógrafo disponible hasta fin de mes, por lo que debía persuadirla yo. Me acerqué a Blanca Nieves después de clases para pedirle un consejo, ignorando por un momento la ley del hielo que le había impuesto y le expliqué todo el asunto… o casi todo, pues omití el detalle de los celos.

– Claramente te está manipulando. – resolvió ella en cosa de segundos. Me molestó un poco esa conclusión, pero preferí seguir escuchando. – No le hagas caso y se le olvidará después, o simplemente espera a que te den un nuevo fotógrafo.

– No es tan fácil. Se supone que debemos empezar la temporada de otoño y no podré avanzar sin fotógrafo, además, me cae bien y no quisiera perder su amistad.

– Siento que no te conviene. Un amigo no te manipularía de esa forma.

Como no. Lo dice la Srita. Persuasión.

– Tú no has estado allí. No tienes idea. – gruñí, irritado. La muy descarada me daba esa clase de lecciones de amistad siendo que no había sido una buena amiga todos estos meses ¿Con qué cara?

– ¿Entonces para qué demonios me pides un consejo si no vas a escucharme? – cuestionó con el ceño fruncido. Ahora resulta que la ofendida es ella. – No te entiendo.

– Argh. Olvídalo, lo solucionaré solo. – declaré para terminar con esta discusión sin rumbo y dispuesto a irme.

– Está bien, pero acuérdate de mí cuando te traicione.

Ya es suficiente. No iba a aguantar tales afirmaciones de alguien que no tiene la moral para decirlo. Me di la vuelta y la miré con rabia.

– ¿Acordarme de ti como tú lo has hecho de mí? Pues tendría una pésima memoria. – lancé un comentario lo suficientemente insidioso para que se sintiera culpable, por lo menos.

– ¿De qué estás hablando?

– Hablo del nulo apoyo que me has entregado todos estos meses, desde que comencé a trabajar. Jamás me ayudaste o te dignaste a aparecer alguna vez por el estudio. – me fui acercando, conforme mis palabras agarraban potencia. – ¡No me has preguntado una sola vez cómo me ha ido, siendo que era lo mínimo que esperaba de mi amiga! ¡Lo único que te importa es estar pegada en los cuadernos, haciendo no sé qué cosa!

– ¡Esa "no sé qué cosa" es todo lo que he estado estudiando para entrar a una buena escuela! – se levantó de su asiento y golpeó la mesa, con la misma violencia. – ¡Intento tener un buen futuro al igual que tú! ¡No eres el único que lo puede tener asegurado por ser lindo!

Se equivoca si cree que va a desacreditar mi inteligencia con ese insulto. No me va a imponer sus intereses para hacerme sentir culpable siendo que no era una blanca paloma en toda esta situación.

– Con que asegurado por ser lindo, ¿eh? Pues sí, lo tendría asegurado de no ser porque, ¡no me has dejado hacer ni una pizca de las tareas en clases!

– ¡¿Más encima te quejas de que he estado haciendo tus trabajos todo este tiempo?! – parece que el comentario la ofendió demasiado, pues se enojó más. – ¡Te he salvado el trasero más de una vez, Vil! ¡A ti y a tu estúpida revista!

Ah, no. No te metas con mi logro más reciente.

– ¡¿Estúpida, dices?! ¡¿Acaso no comprendes lo importante que es para mí?!

– ¡Pues esto también es importante para mí! ¡Yo necesito esto!

– ¡También lo necesito! ¡Te necesitaba a ti en la fiesta! ¡Estaba solo!

– ¡¿Sabes en dónde pudiste estar acompañado?! ¡EN MI CASA, CELEBRANDO MI CUMPLEAÑOS!

Oh, no…

– A mí no me importaba de que nadie hubiera ido al estar en tu fiesta. Me importaba que mi mejor amigo viniera. – el volumen se su voz cesó un poco, escuchándose más triste. – Incluso pensé que en serio no podías venir y pensaba en perdonarte, pero ni siquiera llamaste… No lo recordaste.

Demonios, demonios ¡Demonios! ¡Lo olvidé por completo! Todo este tiempo buscando una posibilidad de que nuestra amistad no colgara de un hilo y… ¡pasó en frente de mis ojos! ¡¿Cómo es que se me olvidó…?! ¡¿Cómo es que pude estar tan centrado en mi trabajo?!

– Y ahora que estás comportándote como un imbécil egocéntrico, ¡menos te voy a perdonar!

– No puedes estar hablando en serio…

– ¡Sí, hablo en serio!

Finalmente, la culpa me invadió. Blanca Nieves me había propinado una dura bofetada metafórica a la cual no era capaz de responder correctamente. Su voz comenzó a quebrarse y ya veía venir las lágrimas

– ¡¿Acaso olvidaste lo que te enseñé?! ¡¿Olvidaste nuestra promesa?!

No, no me vengas con eso. Por favor.

– ¡Pero esos sólo eran juegos de niños! ¡Deja de darle tanto peso!

La morena abrió muy grandes los ojos, luego el llanto comenzó a brotar. Acababa de despreciar todo lo que nos había unido. Todos los momentos que fueron tan importantes y la deuda que le debo, lo tiré a la basura como si fuera un sucio trapo.

– Entonces… ¿No tuvo importancia para ti…? – masculló, sollozando.

– Éramos pequeños y…

– ¡RESPONDE LA PREGUNTA!

No la respondas.

– No. No lo tuvo…

Claro que la tuvo, sin embargo, los imbéciles egocéntricos como yo no ceden.

La expresión de ella era horrorosa, lastimera. Me quebraba a mí también, sintiendo el mismo nudo en la garganta que hace unos años. Le había roto el corazón y ahora iba a explotar.

– Bien, ya que estamos sincerándonos ¡Adivina! – mencionó de pronto, con el ceño fruncido; el alma con rabia y desconsuelo. – ¿Sabes por qué te ayudé esa vez?

Temía a la respuesta. La temía demasiado.

– ¿Por qué…?

– ¡Porque quería vengarme de ti! ¡Quería vengarme por el bullying que me hiciste!

Ahí el impacto recorrió todas mis venas con la confesión de tal calibre. No lo creía. No creía que hasta entonces me había usado. Simplemente no podía ser verdad.

– ¿Qué tú…? ¡¿QUÉ TÚ QUÉ?!

– ¡Así es! ¡Yo te odiaba, odiaba oírte cada vez que me llamabas "mapache"! ¡Odiaba ese tonto apodo con toda mi alma! – exclamó desesperada. – ¡El plan era hacerte pruebas tan difíciles para tu frágil ego, de forma que después te rindieras!

Olvida la culpa, esto mucho peor.

Por eso fue que lo hizo. Por eso es que se convirtió en mi apoyo, mi amiga y salvadora, siendo nada más que una vil mentira que planificó por años. No lo procesaba bien, para nada; no obstante, al fin me encajaban todas las piezas. Me odiaba tanto como para transformarme en su marioneta, en su saco de boxeo emocional y en un niñito ingenuo. Blanca Nieves me utilizó como el peón de su tablero y había mostrado su verdadero ser; un demonio que se aprovechó de la soledad de un mocoso.

Un mocoso que ya estaba harto de ser engañado.

– ¿Ah, sí? ¿Y qué pasó después? – continué yo, igual de colérico y destrozado. – ¡¿No te funcionó tu plan maléfico?!

– No, no funcionó por pura negligencia mía. – admitió con la cabeza gacha. No era capaz de mirarme ahora. – Al final me arrepentí… ¡Me arrepentí creyendo que había encontrado un amigo!

Las lágrimas brotaron de mis ojos también, aunque no las dejé recorrer todo mi rostro como la muchacha patética en frente mío. Las sequé con mi manga, sin intenciones de parecer débil, pues por más que quisiera gritar sin control, no lo haría después de esta revelación. No caería otra vez en su juego.

– No te creo. – le escupí con brusquedad.

– No me importa. – respondió de la misma forma, tomando sus cosas y metiéndolas en su mochila. Estaba escapando.

– ¡¿Y ahora te vas?! – le gruñí, tomándola del brazo para intentar detenerla.

– ¡NO ME TOQUES! – apartó mi mano de un golpe. Me sobresalté, retrocediendo. – ¡No quiero que vuelvas a dirigirme una palabra en tu vida! – declaraba sus últimas palabras colocándose la mochila en la espalda, mientras su llanto iba en aumento. – ¡ERES UN IMBÉCIL, SCHOENHEIT! – bramó, se volteó y se fue corriendo.

Con ese cierre de telón, nuestra amistad se quebró como una hoja de papel. La manzana podrida contagió al resto. Me contagió a mí y me envenenó.

Blanca Nieves era bella, manipuladora y talentosa.

Y me había traicionado.