Pasamos al tercer y último año, en el que nos prepararían para soltarnos a la selva de la adultez y demostrar que nos habíamos convertido en magos innatos. No sabría deducir en qué momento crecimos tanto, o cuanto maduramos en este pozo de hormonas masculinas alborotadas. Lo único que tenía claro era que recién comenzaría la ceremonia de entrada y ya sentía como si mi estancia en el Night Raven College hubiera sido nada más que un pestañeo. Qué rápido pasa el tiempo.
Al caer la noche, esperábamos alrededor de doscientos estudiantes nuevos, por lo que los líderes de dormitorio estuvimos muy atentos a la clasificación de estos. Blanca Nieves y Rook me acompañaron, haciendo apuestas entre ellos sobre quién entraba al nuestro. La competencia iba muy balanceada, hasta que la morena me susurró algo a la mitad de la ceremonia.
– Cúbreme por un rato. – se levantó de su asiento.
– ¿Eh? ¿Qué vas a hacer? – pregunté.
– Voy a buscar a un par de pollitos en fuga. – me sonrió con algo de malicia. – Será mejor que los encuentre antes que Riddle-kun.
– ¿Pollitos en fuga? – cuestionó el cazador, también extrañado.
– Ya vuelvo. – nos guiñó sin respondernos y luego se fue.
Se demoró bastante en realidad, al punto de que casi terminaban las clasificaciones, sin embargo, volvió con una amplia sonrisa en su rostro y arrastrando del brazo a dos chicos consigo. Uno era pelirrojo y con una marca de corazón en la cara; el otro era bajo y de cabello color lavanda.
– ¡Encontré a los pollitos! ¡Resultaron ser bastante guapos! – exclamó sin discreción. Varios estudiantes se voltearon a verlos.
– Senpai… No debería decirlo tan alto. – masculló el pelirrojo, algo incómodo.
– Uno es de los nuestros, Vil. – señaló al otro, dándole un empujón. – Saluda a tu líder de dormitorio. – se dirigió a él, dejándolo más nervioso.
Miré a ambos con sumo enfado y ellos no fueron capaces de responder correctamente. Seguramente intentaron saltarse la ceremonia y ni siquiera se inventaron una excusa. Sólo el muchacho de ojos azules fue lo suficientemente valiente para presentarse.
– Soy… Epel Fermier. – habló tímidamente.
– Es una falta de respeto saltarse la ceremonia de entrada ¿Sabías? – le reproché con dureza.
– Disculpe, líder… Nosotros estábamos… – continuó para establecer una defensa.
– Los encontré de camino a la enfermería, pero se perdieron. – interrumpió la chica. – Nuestro amigo de Heartslabyul se sintió algo mareado. – agregó con sorna, propinándole unas suaves palmadas en el hombro.
– ¡Hey…! ¡Eso no es…! – saltó de pronto el de peinado puntiagudo.
– Por suerte ya se sentía mejor cuando los encontré. – siguió hablando sobre él, dejándolo aún más abochornado. – Puedo llevarte con tus compañeros y ahorrarte que Riddle-kun te corte la cabeza, si quieres.
– Bueno, si usted insiste, senpai…
– ¡Perfecto! – sonrió y se enganchó otra vez de su brazo, dispuesta a llevárselo. Bien jugado.
Aunque, por alguna razón esa acción me produjo una punzada que me molestó un poco. No podría explicarla bien, pero ya la he sentido otras veces al verla tan apegada a un chiquillo ¿Qué serán? ¿Celos…? No, no, no. Blanca Nieves es mi mejor amiga, no puedo tener celos. No soy su papá o su novio para andarla celando.
Por otra parte, ella sólo siguió su camino, ignorando las quejas del pelirrojo y posteriormente, las nuestras.
– ¡No me tardo! – concluyó, despidiéndose con la mano.
Nuevamente, se tardó bastante. Quizás en qué se distrajo. O con quién.
Lo que sí pasó velozmente fue la catástrofe que quedó en el resto noche, siendo los protagonistas un chico sin magia y un mapache pulgoso que dejó el Salón de Espejos en llamas. Sin duda una vergüenza para el Night Raven College, pues ni siquiera el Espejo de la Oscuridad fue capaz de sacarlos de aquí. Al parecer, el muchacho no era de este mundo, o algo así dijo el director. Una pena.
De todas formas, nos ocupamos más de la fiesta de bienvenida en Pomefiore, donde Rook se encargó la mayor parte; pues yo tenía que atender un par de diligencias antes. Cuando llegué resultó que Epel fue motivo de conversación de nuevo, ya que no sólo era un vándalo salta-ceremonias, sino que también un maleducado que se había tomado el agua para lavarse las manos en la cena. Qué patata más sucia. Tuve que llegar al punto de corregir su lastimera postura en frente de todos y cómo siempre, Blanca Nieves disfrutaba con sadismo el sufrimiento ajeno.
No hubo más incidentes hasta el día siguiente, en la cafetería.
El mocoso sin magia y quien me había enterado que era prefecto, estaba sentado con su mapache en la mesa de Heartslabyul, haciendo otro escándalo relacionado con su líder. Nosotros estábamos en una mesa no tan lejana, por lo que alcanzamos a oír el chisme. Creo que Riddle se estaba pasando con sus juicios y los chicos de primer año habían sido víctimas de ellos. Lo normal. Nada que me hubiera importado si no fuera porque mi compañera no dejaba de prestarles atención.
¿Por qué estaba tan interesada en esa mesa? Ni idea. Sólo veía que se le estaba enfriando la comida.
– ¿Ese no es el muchacho que causó el desastre en la ceremonia de entrada? – preguntó ella de repente, deduciendo que el cazador le contaría lo que realmente querría saber.
– ¡Ouí, ouí! ¡Es el Tramposo Yuu-kun! – respondió con emoción. Ya le había puesto apodo y recién pasó un día. – Al parecer se hizo amigo de Monsieur Heart y Monsieur Spade.
– ¿Te refieres a los de primer año? – me metí también en la conversación para ver qué bicho le habrá picado a la morena esta vez.
– Ouí. Si no me equivoco, uno de ellos fue el que Monseiur Crabapple acompañó anoche a la enfermería. – asintió.
– Ah, sí lo recuerdo. Se llamaba Ace Trappola. – agregó el más joven. – ¡Y ya le dije que no me llamara así, senpai!
– Ace Trappola… – repitió el nombre, clavando sus ojos jade en el pelirrojo que llevaba puesto uno de los collares de Riddle. No dejaba de quejarse de lo "injusto" que era su castigo y hasta se sentía irritante ¿Qué esperaba si se comió la tarta de otra persona? ¿Qué le dieran un premio? Yo seguía sin comprender por qué ella lo observaba tanto. – Creo que él es…
Cómo si hubiera escuchado que lo mencionamos, el susodicho chiquillo miró de reojo a Blanca Nieves. En cosa de segundos, los tres presenciamos cómo una flecha imaginaria salía disparada y a gran velocidad hacia su pecho, impactándole con suma profundidad. Nos dejó completamente confundidos y anonados, ya que se quedó helada por un momento.
– ¡Él es un rebelde sin causa! ¡Y todo un sueño! – juntó sus manos y saltó muy emocionada, con un notorio rubor en sus mejillas.
Ahí, la punzada de anoche volvió con más intensidad. Una punzada que me daba un mal presentimiento, una sensación irritante que demostraba lo tanto que me desagradó la escena, porque era la primera vez que ella reaccionaba así ante un chico. Sí, lo oyeron bien. Un estúpido pelirrojo había flechado a Blanca Nieves en un dos por tres ¡Un estúpido y desordenado niñato de primer año! ¡No es posible!
Luego de ese día no había momento en que no hablara de él. Bastó con sólo una mirada para que Blanca Nieves se derritiera por el muchacho de Heartslabyul, pasando a ser poco menos que el centro de su vida. Estaba harto de escuchar "Ace esto, Ace aquello" cada tres minutos en los salones o en la cafetería, sobretodo porque la desconcentraba completamente de las clases y las actividades de su club. Más de un profesor o compañero se iba a quejar conmigo porque ella se alienaba del resto del mundo ¡Si tan sólo no la hubiera mirado ese día! ¡Maldita sea, qué molesto!
No, espera Vil. No puedes pensar así. Es tu amiga y debes apoyarla. Seguro se le pasará, y si no, pues pueden ser felices juntos ¿No? No tiene nada de malo que le guste un chico, es normal que al fin lo haya hecho al estar rodeada de ellos ¿Verdad? Simplemente debes asegurarte que no le haga daño, porque eso hacen los amigos. Sí, eso es.
Sin embargo, unos días después del overblot de Riddle, comenzamos a alarmarnos. Ella fue a ver a Trappola y la acompañamos con Rook para informarnos del chisme. Los problemas surgieron un poco antes de que el chico no-mágico y su alimaña se metieran.
– ¡Hey, Ace-kun! – inició ella. – ¿Es cierto que golpeaste a Riddle-kun en la cara?
Vaya tema de conversación.
– Pues, sí. Fue lo único que se me ocurrió para hacerlo entrar en razón. – contestó el pelirrojo.
– Aunque, te pasaste un poco. – le habló otro de cabello oscuro. Deuce, creo que se llama.
– ¿Tú crees?
– ¿De qué hablas? ¡Eso es genial! – interrumpió la morena, muy emocionada.
¡¿QUÉ?! ¡¿Se está escuchando?!
– ¿En serio piensas eso?
– ¡Claro que sí! ¡Es muy osado!
No, definitivamente no es osado golpear a un líder de dormitorio. Es imbécil.
– Eh… Roi de Poison… – me susurró Rook, que estaba confundido. – ¿Está oyendo lo que…?
– Sí, estoy oyendo. – afirmé con la mano en la frente, indignado por esta famosa charla.
Ojalá toquen luego el timbre para separarla de ese monigote. Definitivamente su influencia o… idiotez estaban contagiando a Blanca Nieves, sacándola de la realidad. Debía detenerlo.
– Disculpe, senpai. Pero... – masculló de pronto Yuu. Nosotros nos volteamos atentos a él. – ¿Vladia no es un nombre de chica?
Oh, no. Código rojo.
Quedamos helados ante la indiscreta pregunta. No esperábamos que al prefecto se le ocurriera una interrogante tan punzante y reveladora; sólo le faltó preguntar directamente el sexo de Blanca Nieves, quién a propósito, se puso nerviosa.
– ¿Qué te hace pensar eso? – cuestionó ella.
– Bueno… en mi mundo ese es un nombre femenino. No sé si aquí funcione igual.
Y el ingenio que le faltaba a Trappola lo tenía el prefecto. Demonios, qué acertado era su mundo respecto al nuestro ¡Alguien que se le ocurra una mentira sólida! ¡AHORA!
– ¡CLARO QUE NO! – nos apresuramos los tres. - ¡VLADIA ES UN NOMBRE MUUY VARONIL!
– ¡Han habido excelentes magos que se llamaban Vladia, igual que yo! – continuó la morena. Gracias al cielo puso la base.
– ¡No cabe duda de que es un gran nombre para ponerle a un niño! – le siguió el cazador.
– ¡Además, tal como la ropa y el baile, los nombres no tienen género! – concluí. Juraría que nos daría un soponcio colectivo ahí mismo. – ¿O acaso tu mente retrógrada piensa lo contrario?
– ¡No, no...! ¡No era mi intención...! – se disculpó inmediatamente el menor. – Pues, si es así... Perdone mi atrevimiento entonces, Vladia-senpai.
– ¡No hay cuidado, Yuu-kun! – la mencionada hizo un ademán de abanico con su mano. Hora de zarpar. – Ahora, si nos disculpas… ¡Tenemos cosas que hacer, así que, hasta la otra!
Con ese llamado de emergencia, nos fuimos tan rápido como escoba voladora y lo más lejos posible de la gente. En una escuela con tantos alumnos era difícil, claro; aunque eso no importa cuando la hormona que más circula en tu cuerpo es la adrenalina. Nos metimos en un salón vacío e inmediatamente nos apoyamos en la puerta, agitados y con los nervios de punta. Nunca había estado tan aterrado de que me descubrieran en algo y ni siquiera era asunto mío.
– No hay moros en la costa. – dijo Hunt, examinando el pasillo desde la ventanilla de la puerta.
– ¡Nos debes una! – exclamé con mi respiración entrecortada. – ¡UNA ENORME!
Blanca Nieves no contestó, en vez de eso se acercó a un puesto y se sentó sobre la mesa. Tenía la mirada algo perdida, parecía desconectada del mundo.
– ¿Madeimoselle Mirroir?
– ¿Vieron…? – murmuró, anticipando un choque de euforia. – ¡¿Vieron lo contento que se puso cuando le dije que era genial?!
No puede ser…
– ¡¿ES UN CHISTE?! – grité, enfadado. – ¡¿No te das cuenta que casi te exponen allí?!
Sin embargo, no me escuchaba. No era consciente de que casi estropean el plan que el director, los maestros y ella han estado ocultando durante tres años. No quería asumir que su obsesión por el pelirrojo de Heartslabyul la estaba llevando a un punto crítico.
– Rook ¿Puedes dejarnos solos, por favor? – le pedí.
– Bien sûr. – asintió, luego abrió la puerta y salió.
Me acerqué a ella y me coloqué en frente suyo, con los brazos cruzados. No dejaría que se perjudicara más por él y si no quería verlo por sí misma, yo se lo haría ver.
– ¿Qué demonios le ves a ese mocoso?
Me miró por primera vez en ese rato, desentendida.
– Es muy guapo y simpático. Me hace reír. – sonrió con suma ilusión, juntando sus manos. Ahora se pondría a recitar. – ¡Además es todo un rebelde! ¡Y tan valiente! ¿Viste cómo se enfrentó a Riddle-kun en duelo?
– Eh… Tú tampoco lo viste y perdió, de hecho. – le mencioné, enarcando una ceja. La verdad no sonaba muy heroico. – Sin mencionar que su recompensa fue que lo castigaran.
– Eso demuestra de lo determinado que es en imponer sus ideales.
– No, demuestra que es un cabeza hueca.
¿Por qué rayos sigue defendiéndolo? ¡Abre los ojos! ¡Lo conociste hace una semana y no has llamado su atención!
– Bueno, tal vez eso es lo que les falta a los de este dormitorio.
Un momento ¿Escuché bien?
– ¿A qué te refieres?
– Ya sabes, en Pomefiore somos algo delicados, no sabemos qué hacer cuando las cosas deben resolverse de manera salvaje. – dijo con sorna.
– ¿Salvaje…? – murmuré yo, sorprendido. No creía que acababa de estigmatizar el dormitorio que fundó mi ídola, y me enojaba. – ¡¿Qué rayos te pasa con nuestro dormitorio?!
– No me pasa nada, simplemente hago una observación. – se encogió de hombros como si nada. – Relájate, no tienes por qué gritarme.
No me iba a relajar cuando nos acaba de meter en un estereotipo tan trillado, siendo que siempre se jactaba de que se sentía a gusto en Pomefiore. Peor aún, no era la primera vez que demostraba esta actitud, esta odiosa manía de defender sus obsesiones con escudo y espada.
– ¡Es que no te entiendo! ¡Hasta hace unos días decías que, a excepción de nosotros, el resto de estudiantes eran una bola de idiotas que resolvían los problemas a golpes! ¡Y ahora resulta que no somos lo suficientemente salvajes! – bramé, siendo notorio mi disgusto. La morena se alarmó también. – ¡¿Acaso ese potro descontrolado de Trappola te está dejando ciega o qué?!
Ahí se ofendió y se bajó de la mesa donde estaba sentada.
– ¡¿Por qué te importa tanto que me guste ese chico?!
– ¡Me importa porque hay un montón de tipos iguales a él que te darían el cariño que te mereces!
– ¡Oh, claro! ¡Como tú lo conoces hace taaanto tiempo! – ironizó, caminando a la salida.
Quería dejarme hablando sólo, no obstante, no lo lograría esta vez ¡No se iría hasta que se diera cuenta que quiero protegerla! ¡Que podría cometer una equivocación horrible!
– ¡Ustedes se conocen de hace una semana! ¡A mí me conoces desde el jardín de niños!
Se detuvo por unos segundos y se volteó a mí, extrañada. El calor de la discusión había llegado a otros límites.
– ¡¿Qué estás insinuando?!
– ¡Insinúo que te trataría mucho mejor que él!
Espera… ¡¿Pero qué dije?!
– ¿Qué dijiste…? – masculló, impresionada.
Ay, no.
– ¿Dije algo…? – respondí, muy nervioso. Mi rostro estaba enrojecido.
¡AY, NO!
– ¿Te refieres a que…
¡DEMONIOS, VIL! ¡¿POR QUÉ NO SABES CUÁNDO CERRAR LA BOCA?!
– ¡N-no me refería a nada…!
– ¿Yo te…?
¡NO!
Era momento de escapar. Corrí a la puerta, la abrí y salí del salón, dejándola sola allí adentro. Me apoyé del otro lado del umbral, con la vista clavada al piso y un montón de pensamientos y hormonas taladrando mi cabeza. Estaba agitado, confundido, con las palpitaciones de mi corazón a mil por segundo; pero sobretodo avergonzado, pues había salido de mis labios lo prohibido, lo que casi hizo que Blanca Nieves sacara conclusiones. Mi cara me ardía como nunca y me la tapé con las manos, queriendo que la tierra me tragara. Acababa de cometer una estupidez muy grande, sin duda… ¡Y no entiendo cómo pude cometerla! ¡¿Por qué te dejaste llevar por tus emociones, Vil?! ¡¿QUÉ TE ESTÁ PASANDO?!
– ¡Roi de Poison! – Rook llamó mi atención, sacándome de mi ensimismamiento. – ¡Las clases van a comenzar y los chicos aquí están esperando!
De pronto me fijé a mi alrededor y, efectivamente había un grupo de estudiantes en frente, esperando para entrar. Me pasé la mano por el cabello y me aparté de la puerta, en un intento desesperado de que no me vieran en este este estado. Inicié mi camino por el pasillo, bloqueando cualquier estímulo externo.
– ¿Y Monseiur Mirroir? – me preguntó el de melena.
– S-sabrá volver solo. – contesté de forma tosca.
Seguimos andando por los pasillos hasta llegar a nuestra sección. No había señal de Blanca Nieves, por suerte, ya que no sería capaz de verla luego de ese espectáculo.
– Usted está celoso. – afirmó Hunt de repente, con una expresión condescendiente. Me volteé a él, rendido, no esperaba menos de alguien tan observador y metiche. – Está celoso de no tener la atención de Vladia-san y le preocupa que si entabla un noviazgo con Monseiur Heart, no serán más amigos ¿Verdad?
Ojalá fuera esa la razón; ojalá todavía la sintiera como una amiga; ojalá sólo fuera algo tan simple cómo unos celos tóxicos de amigo, porque no, no lo eran. En realidad lo sabía, lo sabía muy en el fondo y tarde o temprano, los demás también se darán cuenta. Todos notarán que finalmente, me enamoré locamente de mi amiga de la infancia y la situación terminaría por explotar ¿Gracias a quién?
Al As de Corazones. Es su culpa ¡Es culpa de ese maldito mocoso, Ace Trappola!
Blanca Nieves era bella, intensa y talentosa.
Y me ponía celoso.
