EL EMBRUJO / ONE-SHOT / SEVMIONE

Harry Potter no me pertenecen
Los personajes que aparecen en este fanfic son propiedad de J.K Rowling
Yo solo hago una historia de ocio.

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Las cosas en el mundo mágico habían cambiado muchísimo, eran 7 años desde la caída de Voldemort y todo estaba tomando su curso nuevamente, claro, aún quedaban cicatrices, hay heridas que no son fáciles de curar, pero todo iba tomando su lugar poco a poco y la paz que se respiraba, era algo que toda la comunidad no podía quitar.

No se podía negar que fueron difíciles los primeros años, perdida de personas, miedos, dudas, perjuicios, acusaciones y sobre todo injusticias y hablando de esto último, Severus Snape, era uno de los afectados de todas esto negativo, aun se preguntaba, ¿por qué seguía vivo?, para él, era la mayor injusticia de esta guerra, había cometidos muchos errores, hizo mucho daño, muchas personas muriendo por su culpa, simplemente el no merecía seguir viviendo. Luego de sobrevivir a la mordedura de Nagini, Merlín sabe cómo lo hizo, imaginó que pasaría el resto de su vida, pudriéndose en Azkaban como el mortifago que fue; durante el juicio se decía mentalmente que ese era el motivo porque había sobrevivido, para pagar cada una de sus acciones, encerrado, se lo tenía merecido, pero ocurrió otra injusticia, para su parecer, Potter lo defendió a filo y espada logrando que quedara libre.

Él sabía que lo siguiente no iba a ser sencillo, las personas no creían en el, muchos lo tildaban de traidor, cosa que a Severus no le importaba, pero se sentía perdido. ¿Ahora qué haría? Ya no debía cuidar de nadie, ya no era el títere de sus amos y su vida ya no corría peligro constantemente, por primera vez en años, era libre y no sabía qué hacer con esa libertad. El primer año, volvió como profesor, claro, era a lo que estaba acostumbrado, estar rodeado de niños sin una neurona en la cabeza que se dedicaban a explotar calderos como meta personal, pero luego de meditarlo mucho, decidió dejar la docencia, si la vida le estaba dando una nueva oportunidad no la iba a gastar encerrado en el castillo, debía hacer cosas nuevas, pero surge una nueva incógnita, ¿Quién le daría trabajo a un ex mortifago, a la mano derecha del señor tenebroso durante muchos años? La respuesta es sencilla, nadie.

Pero, él era Severus Snape, el mejor pocionista de Gran Bretaña, podían tener perjuicios hacia él, pero nadie podía negar el talento y los conocimientos que tenía cuando se trata de pociones, así que ¿Por qué no abrir una botica?, no tendría jefe, ni mocosos molestándolos, solo sería el y la soledad haciendo lo que tanto amaba. Así fue como Severus abrió su botica en el Callejón Diagon, las ventas aumentaron en una velocidad impresionantes, las mejoras del mago nadie podía conseguirlas en ningún lado, tenía tantos encargos que se vio en la necesidad de contratar empleados, que debieron pasar una larga y extensa prueba para poder trabajar y fue así como también pudo abrir otra botica en Hogsmade.

Por otro lado, estaba Hermione Granger, la bruja más inteligente de su generación, la guerra se había llevado a sus padres, que por más que los protegió, un mes luego de la caída de Voldemort, mortifagos que no habían sido capturado aun, los atacaron mientras tenían una cena familiar, no fue sencillo, pero era una mujer fuerte que podría salir adelante. A diferencia de su mejor amigo y su novio, ella regreso a Hogwarts a terminar sus estudios, no iba a permitir aprovecharse de un título de "héroe de guerra" para no culminar sus estudios, ella siempre quiso ganarse las cosas por esfuerzo propio, no por ventajas.

Ese año le sirvió para sanar todas las heridas que la guerra le había dejado, para convertirse en la mujer que deseaba. Todos le decían y esperaban verla en el ministerio para que a los años se convirtiera en Ministra de Magia, pero eso no estaba en sus planes, no podía negar que el prestigio le llamaba, pero ella siempre fue alguien servicial que ayudaba a quien lo necesitaba, por lo mismo consideró dedicarse a la medimagia, pero no lograba estar segura, hasta que finalmente decidió dedicarse y especializarse en la creación de pociones curativas, para sanar y aumentar la velocidad de recuperación de los heridos.

Los primeros años en la universidad fueron todo un reto, llena de experiencias nuevas, experimentos, era otro nivel. Aun así, como siempre destacó en cada una de sus materias y actividades, creando maravillosas pociones y mejorando otras, logrando que su nombre fuera reconocido no solo por ser miembro del Trio Dorado, si no por sus creaciones. Su último año de carrera era completamente práctico y desde que comenzó su carrera, sabia con quien quería hacer sus prácticas, aunque muy posiblemente, esa persona no quisiera lo mismo, si su ex profesor dejó la docencia, jamás iba a querer asesorar a la insufrible sabelotodo del trio dorado.

Claro que al mago estaba al tanto de las impresionantes cosas que estaba haciendo su ex alumna, aunque nunca lo reconociera en voz alta, desde el primer día de clases, supo el potencial que tenía aquella niña con cabello esponjado, está bien, no podía negar que era extremadamente insoportable y odiosa, pero si, era la única estudiante que tenía fe que llegaría lejos, por méritos propios.

No pudo ocultar su sorpresa el día que la hechicera se le presentó a su botica principal pidiéndole poder hacer sus prácticas con él, no es que quisiera ser pretencioso, ni mucho menos, sabía que era el mejor pocionista en todo el área, por no decir que de toda Europa, pero no se esperaba que ella, por decisión propia, quisiera que el fuera su tutor, durante tantos años fue tan cruel y grosero con esa niña, que simplemente no se lo esperaba. Aun así, Severus no era tonto, la chica tenía un potencial impresionante y tenerla trabajando con él, seria de muchísima ayuda y nutrimiento para ambos, así que luego de pensarlo un poco (la verdad no lo pensó mucho, pero debía mostrarse indiferente) aceptó, con la única condición que no lo molestara, si no para lo justo y necesario.

Todo el mundo piensa que el corazón de Severus Snape es impenetrable, que quedo clausurado luego de que Lily muriera, pero no, detrás de toda esa coraza de hombre frio y odioso, él tenía un secreto muy bien guardado y es que durante el 6to año del trio de oro, poco antes de la segunda guerra mágica, el comenzó a ver con otros ojos a una castaña de ojos color caramelo y como no, desde su primer año tenía la habilidad de meterse en todo problema posible, desde su primer año estuvo al cuidado de cada una de sus movimientos, se preocupaba de que nada malo le ocurriera, cosa que no era su obligación. Él podía ser un amargado, odioso, altanero y todos los calificativos que sus alumnos le decían, pero seguía siendo un hombre, fue un tiempo después que no pudo negar que su preocupación por la chica no era porque era amiga de Potter, realmente a él le daba igual el niño que vivió, si hubiera sido por él, lo hubiera dejado que se lo comiera el Trol durante su primer año, pero claro, Albus no lo iba a dejar. Para Snape fue completamente imposible no ver como esa pequeña niña se convertía en toda una mujer frente a sus ojos, más de una vez se reprendió a si mismo por sus pensamientos, se sentía un completo pervertido, pero por más que lo intentara, no podía evitarlo.

La guerra se avecinaba, otro motivo para ocultar muy en el fondo sus sentimientos, él sabía cuál era su destino, solo tenía algo seguro, haría todo lo que estuviera a su alcance para que ella estuviera a salvo y así fue. A pesar de que sobrevivió a la guerra, el consideraba que no había motivos algunos para confesar sus sentimientos, ¿qué sentido tenia? El seguía siendo el Murciélago de las Mazmorras, además, tenía entendido que mantenía una relación con la zanahoria andante, claro que no le parecía la mejor opción, ella era demasiado para él, pero si ella estaba feliz, no era quien para arruinar su felicidad, se quedaría nuevamente observando como la mujer que amaba estaba con otro.

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Comenzaron las prácticas de Hermione, las primeras semanas Severus hacia como si ella no estaba en la misma habitación, las únicas veces que se dirigía a ella era para darle indicaciones, no la trataba como cuando estaba en el colegio, pero si mantenía un trato distante. El consideraba que era la mejor forma de mantener enterrado sus sentimientos y poco a poco olvidarlos pero ¿Saben qué? Eso es imposible, estar día a día encerrado en 4 paredes con la mujer que amas y no sentir nada, es cosa de locos, se descubrió más de una vez viéndola, apreciándola, al punto de conocer cada una de sus facciones, como colocaba la boca cuando estaba concentrada, como su ceño se pronunciaba cuando algo no lo entendía, se dio cuenta cuando adoraba su sonrisa cuando lo saludaba y luego cuando se iba y como impregnaba la habitación con su perfume, su plan era olvidar sus sentimientos, pero cada día ese sentimiento crecía más y más.

La relación de Hermione con Ron, sinceramente no era la mejor, ni lo que todo el mundo mágico creía. El alardeaba constantemente de ser un Héroe de Guerra, convirtiéndose en un completo imbécil, aun así ella lo amaba, era su gran amor desde niña y sabía que él la amaba. Los problemas incrementaron cuando una nota desagradable de Rita fue publicada en el Profeta, con letras muy grandes "¿El Héroe de Guerra Ronald Weasley engaña a Hermione Granger?" junto a una foto donde se veía a Ron con una desconocida en un bar. La foto no demostraba nada, pero eso dio indicio a peleas y desconfianza entre la pareja.

Y como no, claro que Severus estaba al tanto de los rumores de la pareja, no había nada que él no estuviera al tanto de su castaña, pero para él, no había peor periódico que El Profeta, sin hablar de cada una de las publicaciones del escarabajo de Rita, era absurdo que alguien creyera algo de lo que escribía. Ese día Severus llegó un poco tarde a la botica, debía hacer unos pedidos en San Mungo y se demoró más de lo que tenía previsto, al llegar se dio cuenta que algo ocurría algo, su aprendiz no lo saludo con su típica sonrisa, ni le pregunto cómo le había ido, no era su Hermione llena de alegría en cambio, solo recibió un saludo apenas audible sin levantar la vista de su caldero. Algo dentro de Severus se revolvió, esa sonrisa diaria era su felicidad, su motivo de ir cada día a la botica.

Severus era demasiado observador y lógicamente se dio cuenta que había estado llorando, la castaña no le mantenía la mirada más de 2 segundos, tenía los ojos llorosos y cada minuto que pasaba el sentía que hervía más por dentro. El queriendo todo su amor y quien lo tenía, la tenia de esa forma. El imaginaba el motivo, pero no sabía que esa tonta nota les hubiera afectado a tal punto, ¿sería entonces verdad esas líneas del profeta? Quería hacer algo, pero ¿qué podía hacer? Él nunca había consolado a alguien, no sabía cómo hacerlo, pero cada segundo que pasaba él iba bajando cada uno de sus muros. No había nada que el pudiera hacer, solo se le ocurría hechizarla para evitar que la zanahoria se acercara, modificarle la memoria para que no lo soportara más, darle una poción de amor solo para lograr tenerla para ella y que olvidara al tonto de Wesley, pero no, no haría eso, aunque le costara le brindaría su hombro para llorar.

Hermione al principio estaba impresionada, su odioso tutor intentaba subirle el ánimo, finalmente se abrió ante él, debía desahogarse y no tenía con quien. Severus la escuchaba atentamente, sabia lo imbécil que era Weasley, no sabía que podía ser tan imbécil como le contaba su amada, intentando no se tan tosco le dijo todo lo que había opinado todos estos años y siempre se lo reservó, que ella se merecía alguien mejor, indiferentemente si él no la estaba engañando, ella debía estar con alguien de su altura, no alguien que su único éxito fue acompañarlos durante la guerra.

Ese día comenzaron a hablar, entablando una amistad, ya los días no pasaban en un silencio absoluto, conversaban constantemente, no siempre de cosas personales, la mayoría de las veces era sobre libros, pociones, hechizos, ambos eran unas ratas de biblioteca y se nutrían ambos con sus conocimientos. Más de una vez Severus se vio nuevamente consolando a la castaña, moría por decirle que la amaba, que dejara a Weasley y lo intentara con él, le daría todo lo que necesitara, pero le daba miedo, estaba tan acostumbrado a su presencia, que imaginar perderla, por su imprudencia le aterraba, prefirió callar y ser su amigo.

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Los meses pasaron y las prácticas de Hermione estaban terminando y aunque lo negara Severus no quería que ese día llegara, no se imaginaba llegar un día a la botica y que ella no estuviera ahí para recibirlo, tampoco la iba a mantener ahí, la chica tenia demasiado potencial para mantenerse encerrada en su botica, el que quería que volara lejos, que fuera tan exitosa como fuera posible. Queriendo sacar sus sentimientos por ella nuevamente, comenzó a convencerse de que era lo mejor, necesitaba alejarse de ella, más de una vez estuvo a punto de hacer alguna imprudencia, aunque le doliera, ella nunca sería de él.

Últimamente el Ministerio hacia bailes constantemente, bailes que para el parecer de Severus eran completamente absurdos, lleno de personas hipócritas y que no le interesaba en lo absoluto. A los pocos que había ido habían sido por la insistencia del Ministro, aferrándose a que ahí habrían muchos posibles clientes que él no podía conocer en otros lados, que debía integrarse al mundo mágico, que las personas lo respetaban y blabla. Normalmente duraba una hora luego se encerraba nuevamente en su casa, asqueado de tantas personas.

El próximo baile era dentro de 3 semanas, el claramente estaba invitado, pero no había considerado en asistir a este, veía más interesante estar en su casa con un buen libro y una copa de Whisky de Fuego, por algún motivo se le ocurrió la brillante idea de comentarle a Hermione que le había llegado la invitación al baile del Ministerio y que no pensaba asistir en esta ocasión, muy grave error, el mago ahora se encontraba aturdido escuchando las mil y un razones del porque él no podía faltar. Cada segundo que pasaba Severus se reprendía mentalmente por no tener la boca cerrada, considerando hechizar a la castaña para que se callara. Ya cansado de escucharla, le dijo que iría con la condición de que ella lo acompañara como su pareja, sabiendo que la castaña no aceptaría.

Esta historia debía llamarse "Los errores de Severus Snape", porque esperó de todo menos la reacción que tuvo su aprendiz, con un leve sonrojo, acepto su invitación, logrando que el corazón de Severus de detuviera unos segundos y no pudo ocultar su cara de sorpresa.

Ahora él se encontraba sentado frente a su chimenea con la cabeza dándole mil vueltas, no sabía porque le había dicho eso, realmente lo dijo para que se callara y dejara de molestarlo, no para que aceptara y no es que no quisiera que ella fuera su pareja por un noche, sino que ahora no sabía cómo haría para ocultar lo nervioso que estaba, al tenerla como pareja simplemente no podría disimular sus sentimientos.

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Las 3 semanas pasaron más rápidas de lo que él quisiera, se encontraba ahora frente al espejo como un tonto adolescente, arreglándose por enésima vez el cuello, el cabello, todo, quería verse bien frente a ella, las manos le sudaban, sentía que en cualquier momento sufriría un colapso. Ese no era el temible murciélago de las mazmorras Severus Snape. Habían acordado en que él la buscaría a su casa para llegar juntos y a medida que pasaban los minutos sentía que su corazón se saldría del pecho, consideró muchas veces decir alguna excusa para no ir, pero él no era ningún cobarde, además solo sería hablar con algunas personas, cenar y ya se podrían ir, no tenían que bailar, además dudaba que ella quisiera, no tenían que estar cerca el uno con el otro, quizá solo aceptó por obligación.

Luego de tomar una poción tranquilizadora, Severus salió de la Chimenea de la castaña quien lo estaba esperando en la sala de su casa, a él casi se le olvida como hablar cuando su vista se fijó en aquella mujer hermosa que tenía frente sus ojos, si para él, ella era la mujer más preciosa que existía, ese día sobrepasaba los limites, definitivamente era el bastardo con más suerte del universo. Luego de segundos que parecieron siglos, se saludaron para finalmente aparecerse en el salón del ministerio.

Comenzó lo que más detestaba Severus, saludar, hablar con personas, fingir que le interesaba lo que ellos le decían, era terriblemente fastidioso y ese día en particular estaba llamando la atención más que las veces anteriores, sobretodo de hombres pocos discretos que no dejaban de ver a su hermosa acompañante, logrando que se colocara de muy mal humor. Evadiendo unas cuantas personas que lo alagaban de sus creaciones, logró llegar junto a su hermosa pareja a la mesa asignada, donde estaban los directivos y doctores más importantes de San Mungo.

Al finalizar la Cena, la música comenzó sonar más alto, poco a poco la pista se fue llenando de parejas, Severus quería irse, moría por sacar a bailar a Hermione, pero sabía que no podría controlar sus nervios teniéndola tan cerca, sus latidos del corazón iban a delatarlo, estaba muy molesto consigo mismo, se estaba comportando como un tonto niño, que tiene a una niña frente a él por primera vez. Mientras tenía su batalla interna, el medimago que tenía al frente, un mago irlandés, de unos 30 años, bastante apuesto se levantó para acercarse a Hermione e invitarla a bailar.

Severus se quedó paralizado, observando a la chica esperando una respuesta, pero ella como toda una dama educada le notificó que ella iba acompañada de él, logrando que Severus soltara todo el aire que inconscientemente comenzó a retener y observó al medimago muy orgulloso, pero obviamente las cosas no son tan sencillas, el joven no se conformó con esa respuesta.

-No creo que el Sr. Snape tenga algún problema que su aprendiz estrella baile un poco, ¿no es así?

Golpe muy bajo, ese comentario le cayó como un balde de agua fría, era cierto, era su aprendiz, solo eso y siempre seria así.

Hermione notó como las facciones del mago se iban endureciendo y estaba a punto de rechazar nuevamente la invitación antes que Severus se levantara y lo hechizara, pero él se le adelantó diciéndole que fuera bailar y a divertirse, sin mirarla. A pesar de que Severus era experto ocultando sus emociones y su rostro nunca expresara algún sentimiento, ella llevaba varios meses conociéndolo más a fondo, conociendo el Severus que nadie ha podido ver y apreciar y puedo notar un matiz melancólico en su voz, para evitar más comentarios del medimago que hicieran alterar más a su mentor terminó aceptando.

El mago oscuro tenía que despejarse, estaba muriendo de los celos, quería ir a la mitad de pista y lanzarle un avada al idiota ese para llevarse a su chica lejos. Se levantó de golpe a tomar algo, no podía sacarse de la cabeza lo que le dijo, todo era completamente cierto, era su tutor, durante muchos años había sido su profesor, si bien es cierto ya estaba por culminar sus prácticas era muy viejo para ella, ella nunca lo vería de otra forma.

Intentaba de todo para no ver a la pista de baile, inclusive intentaba conversar con la directora del hospital solo para no desviar su vista hacia la pista. ¿Por qué no tuvo el valor de sacarla a bailar? Esas serían sus manos rodeándola, él sería quien la estuviera guiando al bailar, estuviera siento su cuerpo pegado al suyo, su calor, su perfume, pero por ser un cobarde indeciso, aferrado a la moral, estaba viendo desde lejos como un tonto presumido hacia todo lo que quería hacer.

Ya estaba harto, apenas la castaña dejara de bailar, le diría que se iría, no aguantaba más estar ahí viéndola con otra persona, con Weasley era distinto, era un bueno para nada y sabía que su relación no tenía futuro, pero hoy era distinto, Hermione podía tener el hombre que quisiera y si lo pensaba tan solo un poco aquel mago era mejor partido que él.

A los minutos, llego el medimago, Severus supo que era su momento de despedirse y dejar que su Hermione se quedara a disfrutar, pero al voltear no estaba ahí, su cara debió decir de todo ya que el rubio le aviso que había ido baño. Tenía un humor de perros, no aguantaba ni un minuto más ahí, pero tampoco podía irse sin notificarle, amargado y todo, pero seguía siendo un caballero, así que se levantó disculpándose con los presentes y salió a buscarla.

Se acercó a la zona de los baños, pero no la consiguió, comenzó a caminar buscándola, comenzaba a preocuparse, las cosas en el mundo mágico estaban tranquilas, pero él nunca bajaba la guardia, el mal siempre iba a estar presente. Luego de unos minutos la consiguió en un balcón de espaldas, respiró aliviado, pero su corazón por algún motivo comenzó a latir muy pero muy rápido, inclusive, toda la molestia que cargaba se esfumó en un segundo.

Duró algunos minutos observándola, quien lo viera diría que era un acosador, pero es que era la mujer más hermosa que existía ante sus ojos y solo así podía tener un poquito de ella, desde lejos, sin que ella se dé cuenta.

- ¿Todo bien?

Severus se hizo notar, saliendo de la oscuridad, antes de que la castaña voltear a de casualidad y lo consiguiera observándola. La hechicera estaba tan metida en sus pensamientos que saltó a escuchar esa voz profunda que conocía bien.

- ¡Severus, me asustaste! Sí, todo está bien, ¿me buscabas? Disculpa salí a tomar aire y me entretuve.

- ¿Segura? ¿El tonto ese te hizo algo?, tú me conoces y no me importa donde este, yo me encargo.

- Jajaja no, en serio estoy bien, nada ocurrió. Solo estoy cansada.

- ¿Quieres irte? Yo te buscaba para decirte que yo ya me iba, pero que si tú querías podías quedarte, yo no tengo ningún problema.

Severus sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, inclusive sentía que si ella prestaba un poco de atención escucharía el corazón de su tutor, no sabía qué hacer, había algo en su mirada que no lograba descifrar, quería decirle tantas cosas, que se moría por darle un beso, que anhelaba tomarla de la mano, sacarla a bailar, decirle cuanto lo amaba y demostrarle que daría su vida por hacerla feliz a su lado, pero no podía hablar, al gran Severus Snape, no le salían las palabras, el mano derecha por muchos años del señor Tenebroso sentía que si decía algo se iba a trabar e iba a quedar como el propio idiota pero es que ¿cómo fingir?, ¿Cómo disimular? Si el sentimiento era tan fuerte.

Ella bajó la mirada y se giró para seguir viendo el paisaje que tenía frente a sus ojos, la verdad no entendía que ocurría, Hermione se caracterizaba por nunca callarse, inclusive en la cena estaba bastante conversadora, pero ahora no le mantenía la mirada, se sentía nuevamente como el Profesor y la alumna. ¿Había hecho algo mal?, ¿Había dicho algo?, miles de preguntas corrían por mente. Camino lentamente y la imitó, postrando su viste al jardín que tenía al frente.

El jardín estaba lleno de girasoles, era un paisaje precioso, a pesar de ser de noche el jardín estaba completamente iluminado, mostrando toda su hermosura para quien quisiera admirarlo. Ambos estaban sumergidos en un silencio que no era incomodo, debía ser valiente, debia decirle algo, así lograra alejarla, todo eso que sentía lo estaba quemando por dentro, ya no podía guardarlo más.

- Hoy te ves más hermosa que nunca.

Lo dijo tan bajo, que si ella no hubiera estado tan cerca de él, no habría escuchado nada claro. Hermione volteó a verla confundida, él no la miraba su mirada seguía clavada en el horizonte, como si había algo ahí que le daba el valor para hablar, no sabía que decir, ellos tenían una buena relación, pero Severus nunca le había dado un cumplido referente a su físico, siempre le decía lo inteligente que era, pero nunca llegó a hacerle otro cumplido, por mucho que se esforzara en vestirse bien para él, iba a preguntarle por qué lo decía, pero siguió.

- Sé lo que estás pensando, que nunca te lo había dicho, pero es imposible no ver lo hermosa que eres...-silencio- Perdón por todo lo que te diré, mi intención jamás será ofenderte, pero finalmente tengo el valor y no puedo más con todo esto Hermione.

Severus tenía toda la atención de Hermione, el sentía su mirada, no podía voltear a verla, no aún, si lo hacía desfallecería ahí frente a sus ojos.

- Perdón si te incomodan mis palabras, nunca estuvo en mis planes comentártelo, pero yo no escogí enamorarme, solo puedo decirte que es amor verdadero, yo te amo Hermione, desde hace varios años lo hago, más de lo que puedes imaginar, es como estar bajo un embrujo muy potente y del que no quiero escapar jamás.

-Debí haber tardado menos o simplemente eliminar todo esto, pero cada día que pasaba, había algo más que admirar, cada día iluminas mi cielo con tu sola sonrisa, derrumba todos los muros que durante años he construido. No hay día que no imagine mi vida a tu lado. Cada tarde que termina nuestra jornada yo solo quiero que sea el otro día para volverte a ver. No me preguntes desde cuándo, porque no hay una fecha concreta, desde siempre yo te quiero y ¿cómo no hacerlo? Si no hay mujer más perfecta en este mundo.

Un silencio abrumador los rodeó, Severus solo escuchaba los latidos de su corazón, con la poca valentía y dignidad que le quedaba finalmente volteó a verla y ella lo miraba sorprendida y a su parecer inclusive algo aterrada. Él claramente esperaba esta reacción de la joven, ¿Qué otra cosa podía esperar? La había cagado monumentalmente, se había dejado llevar al decirle todo eso, el alcohol que había tomado para distraerse le había dado todo el valor, pero ahora más rápido que nunca ella se iría al terminar sus prácticas, siendo tan hermosa sería absurdo que ella lo prefiriera a él, un mago viejo y amargado.

Hermione se había girado nuevamente hacia el jardín, estaba procesando todas las palabras que su tutor le había dicho, ¿Qué si estaba impresionada? Claro que sí, nunca espero que el guardara tantos sentimientos hacia ella, tenían una buena amistad, pero siempre mantuvo las distancia con ella reservando sus sentimientos y emociones siempre.

El mago obviamente no le era indiferente, tantas semanas trabajando a su lado, se dio cuenta de muchas cosas que no era consciente antes, su colonia, su porte masculino, todas sus facciones, no era un hombre feo, había invertido muchos minutos en verlo sin que él se diera cuenta, pero simplemente no se esperaba eso, no sabía que responder, porque sabía que se quedaría corta a todo lo que le dijo el, pero antes de responder Severus desapareció dejándola con las palabras en la boca.

Severus llegó rápido a su casa en la Hilera, se quitó el traje, quedando solo en camisa blanca, prendió la chimenea, y comienza a tomar wiskey de fuego, se sentía mal, está furioso consigo mismo, la había cagado, ¿para qué le dijo todo eso? Ya la había perdido como amiga, tanto que se había dicho que se conformaba con ser solo su amigo, ahora todo se había ido a la basura, solo por no poder mantener la boca cerrada y dejarse llevar por unos tontos celos. Era un hecho ella se iba a ir y estaba en todo su derecho.

Seguía tomando y lamentándose que no se dio cuenta que varias horas pasaron, hasta que unos golpes en la puerta lo hicieron reaccionar. Si estaba de mal humor, que alguien se le ocurriera ir a su casa a esa hora era porque quería morir en ese momento, le levantó dispuesto a hechizar a quien sea que estuviese al otro lado de la puerta cuando quedó completamente paralizado al ver a Hermione mojada de pie a cabeza, antes que pudiera articular alguna palabra ella estrelló sus labios a los de él.

¿Qué está pasado? ¿Estoy soñando? ¿Cómo era posible? Pensaba Snape...

No, no es un sueño Severus, ¡REACCIONA!

Su voz interior lo hizo aterrizar nuevamente y lo hizo reaccionar, la mujer que tanto amaba, lo estaba besando y él como un tonto paralizado. Bajó sus manos a su cintura, la atrajo a él finalmente y correspondió ese beso, un beso que tantas noches soñó, un beso de película, cargado de muchísimo amor.

Cuando se separaron Hermione tenía las mejillas coloradas y comenzaba a temblar por el frío de la noche, aun así mantenía una sonrisa tímida en sus labios. El mago sentía que estaba flotando aún, no podía creer que eso en verdad estuviera ocurriendo.

-¿Me invitas a pasar?

La dulce voz de su castaña lo sacó nuevamente de sus pensamientos, que estaba reviviendo una tras otra, el beso que compartió hace unos segundos. Su cuerpo actuó de forma automática dejándola pasar.

- Adoro a los girasoles, siempre saben de qué parte volverse... Ven Severus creo que tenemos mucho de que hablar.

Severus sonrió de lado, su vida daría un vuelco a partir de ese día. Esa bruja lo tenía embrujado y aunque se supiera el contra hechizo, jamás lo usaría.

Fin...

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Este ha sido mi primer one-shot, hace algunos años escribí una historia, pero decidí borrarla, así que aquí vamos de nuevo. Espero que le guste. Tengo en borrador otro one-shot y mi primer longfic sevmione.