El rey Demonio


TRAICION


—¿No pudiste anular lo del baño?—le preguntó Hanabi telepáticamente, aprovechando para beber al mismo tiempo.

Pues no —contestó Hinata, probándose otro modelito delante del enorme espejo de su habitación, arreglándose para ir a ver al demonio. —Y fue... muy mal.

Cuéntamelo.

Se le pasó el efecto del polvo de los inferi, y Naruto los atacó con sus cuernos venenosos.

El trío no tenía intención de ir más allá del baño, pero el demonio había enloquecido y los había atacado como un animal.

Paralizó a uno de mis pobres inferi antes de que consiguieran retenerlo —prosiguió Hinata eligiendo otro corsé de la nueva colección que habían creado para ella. —En fin, yo ya sabía que no iba a gustarle que tres hombres lo tocaran..., por eso ordené que lo hicieran. pero ¿reaccionar de ese modo? A mí, el hecho de que tres mujeres pudieran bañarme no me parece tan mal.

¿Y vas a volver a verle cuando tan sólo han pasado tres noches?

No tengo elección. —Por desgracia, Hinata no estaba embaraza. La Bruja podía adivinar ese tipo de cosas en cuestión de días, así que esa misma mañana Hinata había descendido a las entrañas del castillo para consultar a la vieja huraña. Se rumoreaba que antaño había sido joven y bella y que había sucumbido víctima de una maldición.

Hinata no se lo creía.

El laboratorio que la Bruja tenía en el sótano era sórdido y espeluznante, con todos aquellos animales descuartizados. Luego Hinata tuvo que bañarse dos veces para poder quitarse el olor a bicho muerto.

La mujer le cogió un poco de sangre y le dio la mala noticia, pues la hechicera estaba llegando al final de sus días fértiles.

Por curiosidad, y sólo por curiosidad, le preguntó a la anciana si Naruto correría algún riesgo de envenenarse con el morsus si la mordía en el cuello. La Bruja la miró con sus viejos ojos opacos.

—No, a no ser que tú sufrieras una intoxicación del veneno. Así que no tienes ninguna excusa para negarle algo que necesita hacer. La única causa es tu propio egoísmo —añadió, poniendo de manifiesto su habitual insolencia. —Tú te has quedado con su semilla y no le has dado nada a cambio...

Esta noche tengo que volver a entrar en materia —le dijo Hinata a Hanabi con la mente. Shion no iba a estar fuera de combate para siempre. —Debo concebir para evitar que Shion tenga que quedarse embarazada de mi marido.

Eso suena horrible. —Su hermana hizo una mueca de pesar.

—¡Porque lo es! Pero antes tendrá que matarme. Y tú sabes que yo no bromeo con esas cosas.

—¿Has vuelto a pensar en la espada de Momoshiki?

Después de que Hinata le contara a Hanabi lo del arma, ambas hermanas se habían quedado inquietas, ansiosas por entrar en acción, por hacer algo, lo que fuera. Posibilidades y consecuencias. Acciones y reacciones. A pesar de que, normalmente, a Hinata se le ocurrían los planes en seguida, éste le estaba costando.

Además, la intervención de Toneri para salvarlas de los vampiros también les pesaba.

Creo que voy a seguir adelante con mi plan con el demonio. —Hinata había llegado a la conclusión de que lo de la espada era demando inconcreto como para tramar todo un plan basándose en ella

—Creía que ibas a renegar del sexo.

Voy a darle una segunda oportunidad —contestó su hermana mientras se ponía un corsé de metal con las copas de los pechos en forma de garras. Conociendo a Naruto como lo conocía, seguro que le gustaba, y además se ataba con cintas de piel en ambos lados.

—El demonio empieza a gustarte, ¿a que sí? ¿Puedes mirarme a los ojos y decirme que no sientes nada por él?

—Hanabi, tú mejor que nadie sabes que puedo mirarte a los ojos y mentirte a la cara —le replicó ella. —pero no lo haré. La verdad es que siento algo por él.

La mente de Hinata estaba repleta de pensamientos sobre Naruto. Ansiaba sentir el calor que emanaba de su cuerpo, añoraba el aroma que desprendía. Se había pasado las noches tumbada en su cama, mirando al techo, con la brisa marina colándose por las ventanas, y preguntándose cómo sería estar allí con él. ¿Sería Naruto capaz de acariciarla con delicadeza?

—No puedo dejar de pensar en el demonio como en mi marido. Es una tontería que las palabras me afecten tanto, pero me siento posesiva hacia él.

La verdad es que no parece importarte demasiado tener que volver a acostarte con Naruto.

—Pensándolo mejor, me di cuenta de que no todo había sido tan horrible.

Lo que le había hecho antes de hacerle daño había sido increíble. Hinata quería volver a sentir aquella emoción; a decir verdad, estaba ansiosa. Ella era una hedonista, una hechicera que anhelaba Placer. Y el demonio podía dárselo. La noche anterior, se había despertado en mitad de un sueño en el que Naruto se metía en la cama con ella, con aquella mirada resuelta fija en su persona, y las esposas colgando de muñecas.

—¿Y el hermano todavía sigue adelante con su misión?—preguntó Hanabi.

Hinata sacudió la cabeza para centrarse.

Por lo que sé, tiene que pasar por cuatro puntos de encuentro, y él y la Vestal ya van por el tercero. —Se puso una diadema nueva por encima de las trenzas, y se la ató en la nuca. —Pero aun en el caso de que consiga la espada, nunca estará lo bastante cerca de Toneri como para poder utilizarla.

Nosotras sí. Si tuvieras la oportunidad, ¿serías capaz de matarlo?

Hinata se quedó completamente inmóvil unos segundos.

En un abrir y cerrar de ojos. —Se puso el par de medias más finas que tenía y se las sujetó a los muslos con unos ligueros de piel. Luego, se cubrió gran parte de las piernas con unas botas hasta la rodilla con altos tacones de acero.

—¿Sigues sin plantearte la posibilidad de aliarnos con los demonios de la ira?

Hinata negó con la cabeza.

Toneri nos mataría antes de que tuviéramos la más mínima posibilidad de hacerlo. No podemos olvidar el poder que tiene. —Por encima de la cortísima minifalda se puso un cinturón del que colgaban una docena de borlas de oro azul. —Además, si nos uniéramos al final tendríamos que matarlos. —Al ver que Hanabi enarcaba las cejas, su hermana se lo explicó: —Nos quedaríamos sin castillo. Y ya sabes lo mal que se me da compartir.

—¿Y no podrías hacer una excepción con tu marido?

Esa palabra otra vez. Hinata dudó unos instantes, pero respondió:

—Piensa en lo que Naruto nos pediría a cambio: obediencia, que acatáramos sus leyes. Sí, sería mucho mejor que lo que tenemos ahora, pero no tan bueno como si tú y yo estuviéramos al mando.

Eso es verdad. —Hanabi se levantó para irse a su habitación. —Trata de obtener algo de información esta noche. Tal vez los demonios tengan su propio plan.

Veré lo que puedo hacer. —Después de que su hermana se fuera Hinata terminó de vestirse y empezó a maquillarse. Se difuminó pintura negra y gris alrededor de los ojos, con sombras que se extendían hasta las sienes.

Se miró al espejo. ¿Estaba lo bastante atractiva como para convencer a Naruto de que dejara de estar enfadado con ella? El espejo le dijo que sí. Pero de repente un pensamiento atravesó su mente. En realidad fue más un impulso. Uno que descartó enseguida. Se rió nerviosa, y miró a ambos lados de la habitación. Durante unos segundos, había estado tentada de... decirle al demonio que lo lamentaba.

A pesar de que estaba furioso con ella, Naruto quería que Hinata fuera a verlo. Estar separado de aquel modo no era natural, iba en contra de todos sus instintos demoníacos. Se moría de ganas de marcarla, de oler su propio aroma en su piel. Necesitaba recorrerle el cuerpo con los cuernos.

Abrió y cerró los puños. «Maldita sea, ¿cuándo volverá?»

Alguien se materializó en la celda: Sasuke. «Tengo que matarlo.»

—No me mires como si quisieras arrancarme la yugular —dijo el vampiro con su marcado acento. —Puedo ayudarte a escapar. —con una mano sujetaba una llave y en la otra una mochila. —Tu libertad. Y provisiones. Puedo teletransportarte hasta el reino de Grave, pero me es imposible llevarte a otra dimensión.

—¿Por qué ibas tú a ayudarme? —quiso saber Naruto, preguntándose a qué jugaba el vampiro.

—Quiero algo de ti. Tienes que hacerme un juramento.

—¿Un juramento de qué?

—Cuando te pida algo en el futuro —contestó el otro— Lo harás, tendrás que hacerlo.

—Déjame en paz.

—Piénsalo. Por lo que veo, no tienes demasiadas opciones.

Ninguna. Y tal como estaban las cosas, a Naruto no se le ocurría nada que pudiera pedirle Sasuke que fuera peor que lo que perdería si se quedaba allí: su mujer, su hijo, su reino y, tarde o temprano, su propia vida.

—¿Por qué has decidido ayudarme justamente ahora?

—Porque, en este preciso instante, Shion, la hermana de Hinata, está bajando hasta aquí a la pata coja para drogarte con afrodisíaco. Y no puedo permitir que eso suceda.

—¿Se lo ha ordenado Hinata?

—Estoy convencido de que no.

—Lo que me estás pidiendo es demasiado vago, vampiro, resistiré a la hermana y a sus pociones...

—No si estás inconsciente.

—¿Shion puede dejarme inconsciente? —Al ver que Sasuke asentía, Naruto farfulló: — Aun en el caso de que consiguiéramos escapar, luego nos encontrarían antes de que pudiéramos salir de esta dimensión.

—¿Pudiéramos?

—Hinata. No voy a irme de aquí sin ella. El vampiro negó con la cabeza.

—Regresa después a buscarla... Si te la llevas ahora nos descubrirán y Toneri jamás dejará que Hinata se vaya.

—A donde yo vaya, ella vendrá conmigo. Así será hasta el día en que me muera.

Sasuke lo miró a los ojos y, al comprender lo que sucedía, asintió.

—Tienes un par de días hasta que el brujo consiga cerrar todos los portales ilegales del reino. Al fin y al cabo, yo soy el jefe de seguridad. Cuidado, Shion se acerca.

La idea de que aquella mujer quisiera drogarlo y abusar de él mientras estuviera inconsciente hacía que a Naruto le dieran arcadas.

—Haz tu promesa, demonio. Sé muchas cosas sobre este reino. Y sé muchas cosas sobre tu futura prisionera. Como, por ejemplo, cómo dejarla sin poderes.

En esa ocasión, Naruto ni siquiera dudó.

—Te lo prometo. Cuéntamelo.

Sasuke casi sonrió, aunque en él la mueca resultó perversa.

—Hinata no puede conjurar ningún espejismo con las manos atadas a la espalda. —El vampiro empezó a abrir las esposas de Naruto. —Su habitación está en la torre oeste.

—Lo sé —respondió él con el corazón latiéndole frenético en el pecho.

Sasuke lo cogió por la muñeca y los teletransportó a ambos hasta la habitación de la hechicera.

Hinata se estaba mirando en el espejo, la criatura más bella que Naruto hubiera visto jamás. «Mía.»

—Hola, princesa.

Hinata se quedó sin aliento al ver al demonio reflejado en el espejo de su habitación. ¿Y Sasuke estaba con él? ¿El vampiro se había aliado con Naruto? ¡El muy traidor!

Levantó las manos para hacerse invisible, pero el demonio se abalanzó sobre ella y, con una mano, le sujetó las muñecas a la espalda. ¿Sabía él que eso le impediría conjurar ningún espejismo? Consiguió gritar una vez antes de que le tapara la boca con la otra mano.

¿Bastaría con aquel grito para llamar la atención de los guardias?

Mientras Naruto le ataba las muñecas con una cuerda muy larga, Sasuke se acercó para ayudarlo. La hechicera se resistió a ambos, pero el vampiro le puso una mordaza. Aunque no podía hablar, farfulló como pudo que lo consideraba una rata traidora. Él se limitó a encogerse de hombros.

En el castillo se dio la alarma y empezaron a oírse gritos. Segundos más tarde, unos guardias entraron en la habitación con las espadas en alto; iban rodeados de zombis, hechiceros y vampiros caídos. Los últimos saludaron a Sasuke y se teletransportaron a otra parte.

Naruto colocó a Hinata a su espalda, tirándola sin querer al suelo, y luego fue a enfrentarse con al menos diez de los guardias. Los cuernos se le estaban alargando, y la piel se le estaba oscureciendo a medida que su furia aumentaba. Sus músculos pincharon y flexionaron ante la mirada atónita de Hinata.

Observó fascinada cómo se lanzaba sobre los guardias, hipando con uñas y dientes. El tatuaje del dragón que tenía en la espalda pareció cobrar vida, ondulándose con cada uno de sus movimientos.

Sasuke, como si nada, se sentó junto a ella en el suelo, levantó una rodilla y apoyó la bota en la pared.

—Podríamos rastrear hacia otra parte sin más —le dijo, —pero creo que será mejor que esperemos a que se desahogue un poco. Y además tengo hambre.

Hinata volvió a maldecirlo bajo la mordaza, pero la atención del vampiro estaba fija en la pelea.

Naruto estaba descuartizando a los soldados con tanta ferocidad que incluso la hechicera estaba sorprendida. «Es mi marido.»

El propio Sasuke enarcó una ceja y miró del demonio a Hinata, y vuelta a empezar, atribuyéndole a ella el salvaje comportamiento de él.

—Es bueno saberlo —murmuró el vampiro para sí.

Dos guardias que pertenecían al clan de los hechiceros retaron a Sasuke. Éste se levantó del suelo y peleó contra ellos, disfrutando de la pelea, esquivando con facilidad las espadas de los otros dos gracias a su capacidad de teletransportarse.

Mató a uno, y luego cogió el cuerpo casi inerte del segundo y le mordió en el cuello. Las oscuras cejas del vampiro se juntaron placer. Entre él y la brutalidad del demonio, Hinata estaba horrorizada y a la vez fascinada.

Sacudió la cabeza y trató de ponerse en pie para escapar. Casi consiguió llegar a la puerta, pero Naruto estaba peleando con zombis, y el tercero decidió ir tras ella. Con el rabillo del ojo, ella vio la empuñadura de una espada acercándose a su cabeza.

Cuando Hinata gritó de dolor, el demonio rugió de furia, luego... nada. La mente de Naruto estaba a oscuras, toda su parte racional había enmudecido y su instinto demoníaco había tomado el control.

«Tengo que coger a mi mujer..., escapar de aquí.» Más soldados subieron gritando la escalera.

—¡Teletranspórtanos fuera de aquí, vampiro! —le pidió a Sasuke con Hinata al hombro.

El vampiro soltó al guardia del que había estado bebiendo y volvió a coger al demonio por la muñeca.

—Sujétala fuerte.

Tras un instante de oscuridad, Naruto vio las montañas en la distancia. La luna brillaba sobre la arena de la llanura. El vampiro los había llevado hasta el reino de Grave. Naruto era libre... y Hinata estaba con él. La bajó de su hombro y la cogió en brazos. Parecía muy inocente, pero sólo era en apariencia. Volvería a atormentarlo una y otra vez.

El demonio tenía la mente hecha un lío, llena de confusión y odio, y el cuerpo repleto de agresividad y furia.

«Mi mujer.» Tan pálida y perfecta. «Puedo hacer lo que plazca con ella.»

Se agachó y dejó el cuerpo inconsciente de Hinata sobre la arena, y luego le inspeccionó la cabeza. Le estaba saliendo un chichón, pero no era nada que su inmortalidad no pudiera sanar en poco tiempo.

—Dame un cuchillo —dijo con voz ronca mientras soltaba la cuerda con la que la había atado.

Cuando Sasuke le pasó una daga, Naruto cortó un poco de la cuerda y la ató a otra tira.

Al terminar, el vampiro le dio una túnica negra y una mochila.

—Hay una cantimplora con agua y provisiones para acampar durante unos días. —Se desabrochó el cinturón en el que llevaba la espada. —Y aquí tienes un arma para defenderte de los animales —añadió, como si eso le hiciera gracia.

Naruto se puso la túnica y se ató la espada a la cintura.

—Como mucho, tienes una semana para localizar el portal. Ve en dirección al oeste y no tardarás en encontrarte con demonios de la ira, refugiados que sabrán guiarte.

—¿Qué vas a pedirme a cambio? —Naruto volvió a coger a Hinata en brazos.

La oscura mirada del vampiro estaba fija en la de él.

—Algo que me compense por haber roto el pacto que tenía con Toneri.

—¿Cuándo?

—Cuando llegue el momento. La semana que viene, o dentro de una década. Tal vez en el próximo milenio.

—Sigues siendo mi enemigo —le advirtió Naruto. —Podría limitarme a darte caza y matarte.

—Y no espero menos de ti. Eres un rey honesto, pero también eres implacable. Y ahora vete. No tienes tiempo que perder.

Cuando Hinata se despertó, la luna aún no se había puesto.

Lo primero que le dio la bienvenida fue un enorme dolor de cabeza, y dado que el demonio la llevaba sobre el hombro, a cada paso que éste daba, dicho dolor iba en aumento. Seguía con las manos atadas a la espalda. Lo que significaba...

«No tengo poderes.»

Levantó un poco la vista y, por entre las trenzas, pudo ver estaban en una parte distinta de Villagelina, lejos del castillo, el mar y los verdes prados. Lo que la rodeaba era una llanura desolada. Sólo había una región que no estuviera repleta de verdes bosques, la que llevaba el nombre de reino de Grave.

«Donde lo salvaje es...»

Estaba en territorio peligroso con un loco, Hanabi debía de estar muerta de preocupación, y Hinata no tenía ni una gota de morsus... Si no conseguía regresar al castillo, a Toneri, estaría perdida para siempre.

¡Todo aquello por culpa del traidor de Sasuke! Y el muy cabrón los había teletransportado al reino de Grave. ¡Le clavaría una estaca con sus propias manos!

Hinata podía imaginarse perfectamente cómo se estaría tomando Toneri esa traición... y a quién se lo debía de estar haciendo pagar. Estaba convencida de que Hanabi estaba a salvo pero confiaba en que su hermana pudiera proteger también a sus inferi.

Poco a poco, con cada zancada que daba el demonio en perjuicio de la cabeza de ella, la llanura iba dando paso a un bosque fósil. La luz de la luna proyectaba sombras en el suelo. Seres invisibles se escurrían entre el polvo.

Pero lo peor era que Hinata llevaba la falda levantada hasta la cintura, dejando a la vista su trasero, apenas cubierto por un tanga. La mano con que Naruto la sujetaba se dedicaba ahora a acariciar sus curvas; el demonio había empezado a masajearla.

«¿Qué me está haciendo?» Hinata no quería volver a tener relaciones sexuales con él, en especial estando él en aquel estado tan alterado. Para empezar, su plan se había ido al traste. Y además, todavía estaba dolorida de la última vez. Cuando decidió que iba a volver a la celda para acostarse con él de nuevo, Hinata tenía toda la intención de ponerse al mando del encuentro.

Naruto se detuvo de golpe y la depositó en el suelo. Bajo la menguante luna, sus ojos enloquecidos la miraron expectantes; tenía los labios levantados, mostrándole los colmillos.

El demonio calmado y razonable había desaparecido. Al parecer, Hinata había despertado a la fiera, y ahora se había convertido en su prisionera.

«No por mucho tiempo.»

—Naruto —susurró.

—¿Qué?

Ella volvió a susurrar su nombre, pero en voz más baja. Cuando él se le acercó, le golpeó la nariz con la frente y luego trató de darle un puntapié con las botas de acero entre las piernas. Él la cogió por el tobillo y la tumbó en el suelo. En cuestión de segundos, Naruto se colocó encima de ella.

—Eres un mal bicho. —Hundió el rostro en su melena y aspiró hondo. —Una mujer traicionera.

Cuando empezó a besarle el cuello con desesperación, Hinata miró hacia el cielo... la estaba besando como si la hubiera echado de menos. Lo mismo que su soledad, ese anhelo tuvo el efecto de atraerla hacia él.

—Pero no lo serás por mucho tiempo.

Naruto estaba completamente excitado y, cuando se movió contra Hinata, una inesperada oleada de placer sacudió el cuerpo de la hechicera. Se estaba perdiendo en aquellos besos, el deseo de Naruto había avivado el suyo.

«Un momento... ¿Qué ha querido decir con eso de "No por mucho tiempo"?» ¿El demonio tenía la intención de que se pasara a su bando, de hacerla cambiar?

«¡Y dale con lo de hacerme cambiar!»

Él se apoderó de su boca, devorándola con la suya. Para no sucumbir al frenesí de su beso, Hinata le mordió el labio inferior.

Naruto soltó una maldición y se puso en pie de un salto Cogiéndola por la cintura, la llevó hasta una roca bastante plana. Al llegar allí, tomó asiento y la tumbó a ella sobre su regazo.

—¿Qué estás haciendo? —Con las manos atadas a la espalda no podía hacer nada para detenerle.

—Voy a cumplir con una de mis promesas.

Aun antes de que comprendiera de qué estaba hablando, él le levantó la falda hasta la cintura.

—¡Naruto, espera un momento! —Se movió nerviosa al sentir que le bajaba el tanga hasta los tobillos.

La palma de él cayó sobre una de las nalgas con un sonoro cachete. Le escoció, pero sonó peor de lo que fue en realidad. ¿Aquélla era su venganza? ¿Le molestaría que se quedara dormida?

—¿Es eso todo lo que tienes, demonio? ¿Quieres castigarme o se trata de otra muestra de afecto? Estoy confusa...

¡Zas! Al recibir ese segundo cachete se quedó sin aliento, y se movió sobre el regazo de él. El siguiente fue seguido de una pequeña punzada de dolor, y el otro. Mientras, con la otra mano, le masajeaba el muslo. Castigarla estaba excitando a Naruto, y se le había acelerado la respiración.

Y algo empezó a sucederle asimismo a Hinata. Para su sorpresa, ella también se sentía cada vez más excitada. ¿Qué tenía aquel demonio que la hacía sentir así? ¿Habría alguna vez en que ella no lo deseara? Como por ejemplo en aquel mismo momento, cuando le estaba dando cachetes en el trasero, a meros segundos que aquello se convirtiera en una azotaina.

Hinata se sentía enormemente atraída por él, era el macho más fuerte que había conocido. Nunca podría olvidar su imagen luchando contra aquellos guardias... lo fiero que le había parecido. Con el siguiente cachete, el grito que escapó de la garganta de Hinata se transformó en gemido de placer, dejándola atónita incluso a ella misma. Naruto no supo qué hacer.

Era una auténtica hedonista capaz de gozar en cualquier circunstancia. Allí estaba ella, en medio de un reino salvaje, cautiva de un demonio que estaba azotándole el trasero... y los espejismos de las llamas ya estaban iluminando la noche. «Qué sorpresa», pensó Hinata, con una leve sonrisa. Se movió sobre el regazo de Naruto y deslizó una rodilla, separando así las piernas. Naruto se quedó inmóvil y su mano se paralizó en el aire. Lo único que Hinata podía oír era su respiración entrecortada.

De repente, un desgarrador gemido escapó de la garganta del demonio cuando éste miró entre sus piernas.

—Necesito tocarte...

Hinata asintió. Al primer contacto, ella se sobresaltó, luego gimió de placer al sentir que él deslizaba un dedo en su interior. «¿Se ha desabrochado la bragueta?» Hinata notaba cómo Naruto había empezado a acariciarse por debajo de ella mientras su dedo entraba y salía ansioso de su cuerpo.

—Estás tan excitada... —dijo él emocionado. —Hechicera, me vuelves... loco...

.

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Continuará...