El rey Demonio


RINDETE A MI


—¡Esto no formaba parte del trato! —Se tensó al ver que Naruto se metía en el estanque. — ¡No has dicho nada del agua!

A pesar de que el demonio tenía una mano en su trasero para sujetarla, Hinata le rodeó la cintura con las piernas y se aferró a él. ¡Por todos los dioses! sus cuerpos encajaban igual que si estuvieran hechos a medida.

Naruto se dirigió a una roca que había visto desde lejos. Estaba situada en medio del lago, como si fuera una isla, y rodeada por una profunda corriente.

—No te desataré las manos en ningún otro sitio. Aquí no podrás usar tus espejismos para escapar de mí... a no ser que quieras regresar tú sólita nadando.

—¡Nadando! ¡Ya te he dicho que no sé nadar! ¡No me gustan las aguas profundas!

—Por eso mismo. —Antes, cuando le contó cuáles eran sus intenciones, Hinata trató de resistirse mientras él iba desnudándola. No sirvió de nada. Naruto tenía un plan, e iba a seguirlo al pie de la letra.

Esa misma mañana, el demonio se había dado cuenta de que para ganarse el cariño de la hechicera tenía que cambiar de táctica.

Mientras estuvo de caza, recordó de nuevo su sueño. Y también que él mismo le había dicho a Shikamaru que para conquistar a su bruja utilizara la cabeza. Naruto no podía hacer menos por Hinata. Descubriría el modo de que las cosas funcionaran entre ellos dos.

Pero si quería dar con el mejor modo de conquistar a Hinata, primero tenía que entenderla. Y para conseguir eso, tenía que ganarse su confianza.

La hechicera era un misterio... todo un reto para alguien como él, a quien le encantaba resolverlos. Y estaba decidido a hacerlo.

Cuando se hubieron adentrado en el lago tanto que el agua cubrió el pecho de Naruto, Hinata gritó asustada.

—¡Vuelve atrás, vuelve atrás! ¿Y si resbalas? —Se movió nerviosa.

—No resbalaré, cariño. Mira, ya hemos llegado.

El estanque volvía a ser allí poco profundo. Alcanzaron la isla y él la dejó de pie en el fondo, con el agua cubriéndola sólo hasta las rodillas.

Hinata miró a su alrededor.

—No tienes ni idea del pánico que me da todo esto.

«Seguramente tanto como el que sentí yo al ver mi corte en el estado en que está.»

—Siéntate aquí. —Le señaló una roca larga y plana.

Cuando ella lo hizo de mala gana, él se le sentó detrás y le soltó la tira que unía las esposas de cuerda que le había puesto en las muñecas. La dejó a un lado, a mano.

Hinata en seguida levantó los brazos por encima de su cabeza para estirarlos, y los movió de un lado al otro. Se rascó por debajo de la cuerda que seguía rodeándole las muñecas.

—Esa se queda.

—¿Qué? ¡Me pica mucho!

—Se queda.

Él vio cómo se mordía la lengua para no decirle lo que pensaba.

—Como desees —fue la frase que finalmente salió de los labios de la hechicera.

Para recompensarla por su cooperación, Naruto empezó masajearle los hombros. Ella gimió y echó la cabeza hacia adelante, haciendo que su melena le cayera a ambos lados del cuello. Al quedarle la nuca al descubierto, él no pudo evitar besársela.

A Hinata se le aceleró la respiración y se le puso la piel de gallina.

Naruto le masajeó los brazos, empezando por la parte superior y terminando por las puntas de los dedos.

—¿Mejor?

—Mmm. Oh, sí, mucho mejor.

—Entonces, ha llegado el momento de las preguntas.

—Pregunta.

—¿Cuántas veces has muerto?

Naruto la sintió tensarse bajo sus manos, pero respondió de todos modos.

—Decenas.

—¿Cómo... cómo es?

—Es el sentimiento más horrible y desgarrador que pueda imaginar.

—Cuéntame cómo fue una de las veces.

—Un vrekener me levantó por encima de los edificios del pueblo y luego me lanzó al vacío. Estaba tumbada sobre la calle adoquinada, con el cráneo roto —le explicó, con un tono de voz distante. —Puedes sentir cómo la sangre se va escurriendo de tu cuerpo. Sin ella, el cuerpo se enfría, pero si se encharca alrededor, es como tener una manta encima, al menos durante unos instantes.

Él no podía soportar escuchar aquello: Hinata se había sentido agradecida de que la sangre se hubiera encharcado a su alrededor... —Naruto —murmuró ella.

Estaba apretando tanto con las manos que le estaba haciendo daño.

Aflojó la presión.

—¿Por qué querían perjudicarte así?

—Porque yo maté a su líder. Los vrekeners fueron los responsables de muchas de mis muertes. Incluida una de las veces en que me ahogué.

—¿Una de las...? —Naruto sacudió la cabeza. —Cuando lleguemos a la otra dimensión iré a buscarlos y les informaré de que tú y tu hermana están bajo mi protección. Cualquier atentado contra alguna de vosotras será interpretado como un acto de guerra contra mi pueblo.

Hinata se dio la vuelta para quedar de rodillas frente a él, y apoyó una mano en su muslo.

—¿Harías eso por mí?

—Tú eres mi mujer... jamás permitiré que nadie te haga daño. —Le acarició el rostro y ella casi no se movió. —Y dado que tu hermana te ayudó a mantenerte con vida, estoy en deuda con ella. ¿Es la castaña que estaba en la celda después de que me hirieran?

—Sí, se llama Hanabi. Seguro que está preocupada por mí.

—Si entre los refugiados encontramos a algún mensajero, podríamos mandarle algo para que supiera que estás bien.

Ella lo miró confusa, y luego sonrió... Una sonrisa de verdad que a Naruto le llegó al corazón.

—Sería imposible que fueras más hermosa —dijo, con el pecho henchido de sentimientos.

—Lo sé —suspiró ella, consiguiendo que él esbozara una sonrisa. Y luego añadió: —Tú tampoco estás nada mal, creo que eres el macho más guapo que he visto nunca.

—¿Por qué siempre tienes que mentirme? —se quejó él resignado.

—Está bien, no eres el más guapo. Pero estás en el top ten. Tal vez incluso entre los tres primeros.

—Me conformo con estar en el pódium.

—Me encanta tu cuerpo. Eres extremadamente atractivo.

Empezó a tocarlo como si lo estuviera viendo por primera vez, recorriéndole el torso con las manos. Y luego los hombros y el cuello.

Le besó la cicatriz de la cara y le preguntó.

—¿Cómo te la hiciste?

—En una lucha de espadas. De joven era una bestia. Así fue también como me rompí el cuerno.

—¿No has sido siempre tan calmado y serio como ahora? —Al ver que él negaba con la cabeza, añadió. —¿Y el tatuaje?

—Formó parte de mi rito de iniciación, ser marcado con el dibujo de la bestia.

—¿Y las cicatrices que tienes... ahí abajo? —Le recorrió el pene con el dorso de los dedos.

Sus caricias le estaban haciendo arder la sangre, pero Naruto se esforzó por mantener la calma. Tenía un plan, y se lo estaba jugando todo para conquistar para siempre a aquella mujer.

—Eso era otra parte del ritual —respondió con voz ronca Todos los demonios tenían que superarlo al llegar a una cierta edad. Hasta que yo lo prohibí.

—¿Por qué lo hiciste?

—Porque duele muchísimo.

—Yo podría haberte curado a besos. —Sonrió. Definitivamente el vino le estaba haciendo efecto.

—Creo que mi pequeña hechicera está borracha. —Así sería fácil encontrar las piezas del rompecabezas que más necesitaba, como por ejemplo: —¿Cómo es que eras virgen?

—Me estaba reservando para ti —contestó ella al instante, pero a él se le daba cada vez mejor detectar cuándo le mentía.

—No, no es verdad.

—Reclamé derecho de Santuario sobre mi cuerpo —explicó, quitándole importancia al hecho de que la hubiera pillado mintiendo —Es un pacto que todos los hechiceros están obligados a respetar; mientras yo me mantuviera virgen, nadie podía obligarme a mantener relaciones sexuales con él.

—¿Como por ejemplo Toneri? —soltó él, con los cuernos casi erguidos de ira.

—No quiero hablar de él esta noche. Y los motivos por los que lo hice son cosa mía. —Hinata desvió la vista hacia los cuernos y le acarició uno con los dedos. —¿Qué sientes cuando te pones en plan demoníaco?

El accedió a dejar el tema de la virginidad.

—No me gusta nada.

—¿Por qué? Tu cuerpo es entonces mucho más fuerte...

—Y se separa completamente de mi cerebro. Es como si funcionara sólo por instinto, como un animal salvaje. No puedo pensar. No puedo razonar. Los pensamientos son sólo al azar. —Se frotó la mandíbula. —Puedo oír tan fuerte el latido de mi corazón que me es imposible seguir una conversación, aunque se esté produciendo delante de mis narices. Y al mismo tiempo oigo el crujir de una hoja a medio kilómetro de distancia. Nada tiene sentido. Y eso es muy difícil para mí.

—Porque eres esclavo de la razón.

—Exacto. Tú misma podrías estar diciéndome algo perfectamente lógico, pero si fuera en contra de mi instinto, mi cerebro lo descartaría de inmediato. —Se golpeó la frente para enfatizar lo que estaba diciendo. —Y, Hinata, al parecer tú tienes un don para mantenerme en el abismo. Y te aseguro que es un lugar muy incomodo.

—¿Qué tengo yo de especial?

—Te hice el amor, pero no te marqué como mía. Lo que significa que todavía no me perteneces. El demonio que hay dentro de mí no está satisfecho.

—¿Qué tendrías que hacer para marcarme?

—Si llegara a transformarme del todo, lo que es poco usual en los demonios de mi especie, te haría el amor y hundiría mis colmillos en tu cuello; tú te quedarías algo aturdida.

—¿Algo aturdida?

—Hay quien dice que es para que la hembra no se mueva mientras el demonio se vacía en su interior.

—Oh —dijo ella con la voz entrecortada. —Y si me hicieras eso, ¿entonces tú tendrías menos tendencia a ser poco razonable?

—Ayudaría. Pero la verdad es que sigo sin notar ningún vínculo especial de ti hacia mí. A pesar de lo mucho que me gustaría que sintieras algo, sé que no es así.

—¿Y si te dijera que he decidido quedarme contigo? —Le dio uno de aquellos besos tan tiernos que lo hacían enloquecer de deseo, pero Naruto se obligó a apartarse.

Él sabía perfectamente qué estaba haciendo. «Reducirlo al estado en que no podía razonar.» Para así hacerle hacer lo que quisiera. Pero lo que Hinata no esperaba era que él anticipara aquella jugada por su parte.

Ni que le gustara.

—El rey Naruto, siempre alejado de todo y de todos —dijo ella con voz suave, —pero no de mí. He decidido que quiero quedarme a tu lado.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué?

—Porque mi solitario demonio me necesita. Y porque eres mi marido.

Él se tensó un poco. No era su marido. «Pero lo seré.»

—Eso sólo lo dices para que te suelte las manos.

—Sí, reconozco que quiero que me desates. —Cogió una mano del demonio y le acarició la palma con la mejilla. —Pero eso no significa que lo que estoy diciendo no sea verdad.

Sus palabras le hicieron recordar aquel sueño en el que compartían sus vidas, cama, e hijo. Si estaba embarazada y escapaba...

Naruto no quería reconocérselo ni siquiera a sí mismo, pero parte de los motivos por los que la mantenía atada era porque había empezado a creer que quizá pudiera haber un futuro para los dos. «Otro conflicto más.» Y sabía que no podía dejarla con las manos atadas a la espalda para siempre.

—Quiero quedarme contigo —repitió Hinata, sus labios a escasos centímetros de los suyos. Estaba mintiendo. Naruto lo sabía. Y a pesar de todo le gustaba oírlo.

—Dilo otra vez.

—Quiero quedarme contigo.

—Otra vez.

—No quiero separarme de ti. Llévame a tu hogar, a la casa en la que vives en la otra dimensión. no trataré de escapar. Deseo estar a tu lado.

Se quedó mirándola a los ojos. Necesitaba confiar en ella, pero no podía. Todavía no.

—Te he traído aquí por otro motivo —dijo el demonio.

—¿¡Cuál? —preguntó Hinata relajada, mirándolo. Si fuera una de esas hembras a las que les gustaba suspirar, en ese momento lo habría hecho.

Naruto tenía el pelo alborotado, los ojos azules fijos en su cara, y su piel húmeda brillaba a la luz de la luna. «Es espectacular.»

Y no dejaba de sorprenderla. Que le hubiera prometido protegerla no sólo a ella, sino también a Hanabi la había impresionado muchísimo. Hinata estaba convencida de que, si fuera necesario, el demonio se jugaría la vida para cumplir aquella promesa.

Por desgracia, Naruto no podía salvarla del morsus. Solo dos personas en todo el universo podían hacerlo...

—Tienes que aprender a nadar —dijo él.

—¿Qué? ¡Ni hablar! Me da pánico. Aunque ésta es el agua más tranquila que he visto nunca.

—Entonces es ideal para que aprendas. —La cogió en brazos y se metió más adentro.

—¡Naruto, no!

—Confía en mí, Hinata. Lo único que quiero es que te acostumbres a ella. A flotar. Tal vez si se comportaba como si confiara en él, él haría lo mismo por cortesía.

—¿Qué quieres que haga?

—Levanta las manos. —A pesar de que estaba tensa a causa del miedo, consiguió colocarla en posición con facilidad. Hinata no tardó en estar tumbada de espaldas sobre las palmas de Naruto. —Relájate... confía en mí. —No puedo.

—Sí puedes, ya lo estás haciendo.

—¿Estoy... flotando?

—Yo no te sujeto, lo único que hago es evitar que te desplaces. Eso es, respira despacio. Buena chica. —La voz del demonio era tranquilizadora, sus manos igual que un ancla. —Relájate.

El peculiar silencio acuático la rodeó. Por encima de ella, las flores bailaban a la luz de la luna. El pelo le hacía cosquillas en los hombros Él siguió acariciándole la espalda, y Hinata no tardó en relajarse.

Cerró los párpados. «Cuánta paz. Perfecto...»

Cuando abrió los ojos, descubrió a Naruto mirándola fijamente. Un sentimiento de propiedad brillaba en sus ojos y la dejó sin aliento.

—Estoy desnuda, a tu merced, ¿y tú me estás mirando la cara?

—Estoy tratando de averiguar cómo funciona tu mente. Si lo consigo, entonces esto... —con los dedos le recorrió los pechos y descendió hacia el ombligo— será mío para siempre y podré disfrutarlo cuanto me plazca.

—¿De verdad crees eso?

—Tengo que creerlo, Hinata. —Al notar que ella se estremecía, dijo: —Tenemos que regresar. —Después de dejarla en un banco de arena, la ayudó a ponerse en pie, y luego fue por la cuerda que había dejado encima de la roca.

—¿Qué estás haciendo? ¿Vas a volver a atarme?

—Por supuesto. —Le cogió las muñecas.

—¿Por qué? Creía que habíamos llegado a un acuerdo. —Él no cedió, a pesar de que ella se resistió. —¡Naruto! ¿Hasta cuándo vas a tenerme así?

—Hasta que sepa que no huirás.

—Eres tan tozudo como una mula, no estás siendo razonable.

—Estoy siendo precavido.

Hinata no se podía creer que su plan no hubiera funcionado.

—¡Y no me mires de ese modo! —le ordenó.

—Oh, sí, ya se lo que pretendes. ¡Si me atormentas una noche más, te juro que te odiaré!

Naruto asintió con los ojos entrecerrados.

—Sé lo que se siente al querer odiar a alguien, lo que es regodearse en ese odio. Lo único que me ayudó a superar mi propia ira fue la promesa de que conseguiría vengarme. ¿No se te ha ocurrido pensar que quizá sea capaz de ser tierno contigo porque he conseguido aplacar mi furia de otro modo?

—¡Todo esto ha sido una farsa!

—¡Pues claro que sí! —Naruto se rió sin humor. —Ser perfectamente consciente de que me la estabas jugando...

—¡No, me refiero a ti! Me has engañado para que confiara en ti, pero ¡tú no estás dispuesto a hacer lo mismo!

—¿Confiar en ti? Qué rápido olvidas todo lo que me hiciste. Al impedir que pudiera reunirme con mi hermano, quizá te hayas cargado la única oportunidad que tenía de recuperar Konoha, mi hogar. Juré vengarme de ti, Hinata. Lo necesito. ¡Necesito que te entregues a mí!

Cuando la cogió en brazos para sacarla del agua y se la acercó al pecho, ella empezó a darle patadas y a sacudirse, pero el abrazo de él era como una celda de acero.

—Demonio, no. ¡No me atormentes más!

Él no le hizo caso y la llevó hasta la orilla. Una vez allí, ascendió hasta el campamento y se dirigió bajo el árbol, donde tenía intención de hacerle «cosas» durante toda la noche.

Al llegar, Naruto la deslizó por encima de su cuerpo desnudo. La cogió por la parte superior de los brazos y la mantuvo quieta para besarle el cuello. Hinata lo esquivó y echó la cabeza hacia atrás.

—Naruto... no hagas que me sienta débil...

—Tú me haces sentir débil. —Contra su piel, dijo emocionado. —Ríndete a mí, y juntos podemos poner punto final a este tormento, Hinata. Te deseo tanto...

Ella podía sentir su erección presionándole el estómago.

—No tanto como para romper tu juramento.

—Un día te alegrarás de estar con alguien capaz de mantener su palabra. Me hiciste pasar por unas noches insoportables. Ahora tú recibirás lo mismo. Me lo juré a mí mismo...

—Ahórrate la explicación... a ti te gusta hacerme esto. ¡Me mantienes las manos atadas porque te excita!

—Ya te he explicado que no puedo correr el riesgo de perderte.

—¡Me estás haciendo pagar haber pasado quince siglos insatisfecho!

—Tal vez haya parte de verdad en lo que dices. Me gusta tenerte a mi merced. Me muero de ganas de hacerte enloquecer de deseo, igual que anoche. ¿Sabes lo que siento cada vez que veo que los ojos se te ponen blancos de lujuria... y que es por mí? ¿Sabes lo que me hace sentir ver todos esos fuegos ardiendo a nuestro alrededor?

Le acarició la cara con la suya, inhalando su perfume.

—Jamás había sentido nada como esto, y quiero más —gimió cerca de su oído. —Tú eres mi obsesión, Hinata. He oído decir que todos tenemos una obsesión en la vida. Y tú eres la mía.

—¡Suéltame!

—Ríndete a mí...

—Si no me desatas —dijo ella apretando los dientes, —te odiaré. ¡Te prometo que te mataré!

Él la tumbó sobre la manta.

—Ah, pero mi preciosa cautiva nunca cumple sus promesas.

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Continuará...