El rey Demonio


¿ENGAÑO?


Nueva Orleans, Luisiana.

—¿Tenemos que caminar? —murmuró Hinata, exhausta por el atropellado viaje entre las dos dimensiones.

Las coordinadas que Naruto le había dado al operario del portal no habían sido del todo exactas.

—No queda lejos. Seis casas más abajo.

Sabía que él estaba nervioso porque deseaba que le gustara la casa. Se dio cuenta de que estaban en un barrio muy elegante, pero estaba demasiado cansada, y muerta de frío, como para ser más expresiva.

El portal que acababan de atravesar era como una tartana espacial. Comparado con él, los portales de Hanabi eran obras maestras. No era de extrañar que su hermana sólo pudiera crear uno de vez en cuando.

—¿Estás triste por lo de Puck? —le preguntó Naruto.

—Sólo estoy cansada.

A decir verdad, le gustaría ver otra vez al pequeño terrorista. Puck se había echado a llorar gritando su nombre. Lo que no debería haber extrañado a nadie. Ni a ella.

—Arriba esos ánimos, niño demonio —le había dicho Hinata, haciéndole una torpe caricia en la cabeza. Y luego le dio una nota que había mandado traducir a demoníaco. Cuando Puck la leyó, levantó la vista y, completamente serio, asintió.

—¿Qué ponía en la nota? —le preguntó Naruto.

—Decía que si era lo bastante malo lo mandarían a vivir conmigo.

El la miró de aquel modo tan suyo: una mezcla entre perplejo y sorprendido. Hinata estaba convencida de que aquella mirada, sólo la utilizaba con ella. Era como decirle: «Estás de broma ¿no? En serio, dime que estás de broma».

—Ya hemos llegado —dijo él al llegar frente a una finca con un altísimo portón de madera, rodeada de muros de piedra cubiertos de enredaderas.

Parecía opulenta pero elegante al mismo tiempo. Hacía tanta humedad que el aroma de las gardenias impregnaba el aire.

—¿Es muy grande?

—Tiene unos seis mil metros cuadrados, más o menos. —Al llegar a la entrada, le dijo con sinceridad: —Quiero que te guste estar aquí.

—Estoy convencida de que, si el interior se parece al exterior, me encantará.

«Estoy tan casada...» Sintió un escalofrío.

Naruto le dio la mano al abrir la puerta. De repente, un olor a cerveza y a humo de puro los golpeó a ambos. Hinata se tapó la boca con la mano que tenía libre.

—¿Qué diablos significa esto? —farfulló Naruto al dirigirse hacia el interior.

En el salón, montones de revistas Playgirl, empapadas de cerveza, cubrían los carísimos muebles. Tetrabriks de bebidas preparadas estaban esparcidos por todo el suelo y, en medio de un charco de helado, había dos barriles de cerveza vacíos, justo encima de unas delicadas alfombras orientales.

Siguió la mirada de Naruto. Encima de ellos, había una espectacular lámpara de oro con colgantes de cristal y complicadísimos brazos. Y de uno de ellos colgaba... un tanga.

Naruto se iba poniendo furioso por momentos.

—Esto parece la casa de Menma.

A Hinata no le importaba el aspecto que tuviera. Lo único que quería era encontrar una cama... que no oliera como aquel salón.

—Quizá haya sido Bee —dijo él, ausente, mientras observaba el destrozo.

—¿Quién es Bee?

—El compañero de piso de Menma.

Oyeron unas risas procedentes de fuera y Naruto corrió hacia allá, arrastrando a Hinata hasta la terraza que dominaba unos cuidadísimos jardines con una piscina enorme, que ahora estaba repleta de hembras despampanantes. Todas iban en bikini. O algo así. Y jugaban a guerra de topless.

—¿Tus amigas han venido a hacerte una visita?

—No conozco ni a la mitad. Diría que son valquirias y brujas.

«¿Brujas?» En circunstancias normales, Hinata se habría puesto en guardia ante un grupo como aquél, pero aquellas féminas estaban todas en el agua. Por la fuerza de la costumbre, echó un vistazo a sus poderes, pero no encontró ninguno que le compensara el no dormir.

Sin embargo, la atención de Naruto estaba centrada en una hembra en concreto, una belleza menuda acostada en una tumbona, fumando un habano y hablando por el móvil.

Llevaba un bikini rojo, tacones y una camiseta que decía: «Tacones altos... bikinis pequeños». Tenía el cabello rojo y brillante.

—No, no vamos a pagar por él —la oyó decir Hinata. —Porque lo habéis mandado a la casa equivocada. El chaval le ha hecho un striptease a la abuelita viuda de la casa de al lado. Por lo que sabemos, la señora tiene intención de quedarse con el chico y con la linterna de plástico que llevaba. —Otra pausa. —¿Acaso cree que soy médico? ¿Cómo quiere que lo sepa? ¿Hola? ¿Hola?

—¿Quién es ésa? —le preguntó Hinata a Naruto.

—Voy a matarla —contestó él entre dientes. Antes de que Hinata pudiera preguntárselo de nuevo, la hembra lo vio.

—¡Demonio! ¡Has vuelto! —Lanzó el habano a la piscina y corrió hacia ellos. —Y te has traído a una hechicera malvada al equipo de los buenos. ¡Sabía que podía confiar en ti!

Se colocó las gafas de sol encima de la cabeza y dejó al descubierto unas orejas puntiagudas... y unos vacíos ojos oscuros. Hinata sintió que de ella emanaba un gran poder.

—Hola, soy Mito —dijo la valquiria saludándola. —La Que Todo lo Sabe, la Adivina de las Estrellas. —Le tendió la mano.

La hechicera levantó la suya, lista para entrar en combate.

—Naruto, ¿qué diablos es todo esto? —preguntó. —Sabes que somos enemigas.

—Mito no te hará nada. Te lo prometo.

—¿Ah, no? —preguntó la valquiria completamente en serio. Pero luego sonrió y mostró sus pequeños colmillos. —¡Hoy no estoy de humor para matar a la compañera del rey demonio!

—¿Matarme? —se burló ella. —Puedo hacer que veas cosas que te derretirían la mente.

—¿Otra vez? —suspiró la otra sin inmutarse por la amenaza.

Hinata entró en la mente de la valquiria sin ningún problema, pero salió asustada en cuestión de segundos. «Caos. El caos más absoluto.»

—¡Bienvenida a mi mundo! —dijo Mito guiñándole un ojo de manera exagerada. —Escucha una cosa, hechicera: quiero que pases a nuestro bando, así que lo mejor será que no discutamos. Y no hablemos de ya sabes quién. Incluso te haré un regalo, premonición. —Miró al cielo un instante y luego volvió a mirarla a ella. —Tu hermana recibirá a tu mensajero alado dentro de dos horas. Aunque la carta estará cubierta de caca de paloma, podrá leerla sin problemas.

¡Sabía lo del mensaje!

—¿Está Hanabi muy preocupada? ¿Está a salvo?

—Está a salvo —contestó Mito. —En este preciso instante, está a salvo. Estoy hablando del presente, tal vez no sea así en el futuro. ¿Si está preocupada? Tiene el presentimiento de que estás a salvo con el demonio, está convencida de que Naruto jamás te hará daño.

Hinata experimentó tal alivio que casi se sintió en deuda con la valquiria.

—¡Vaya! Vosotras las hechiceras siempre lleváis ropa de lo más chula —dijo Mito entonces. —¡Y qué maquillaje! —Le pasó el dedo índice por debajo de los ojos y la mejilla.

—Yo creía que eras más... corpulenta —le dijo Hinata para devolverle el cumplido.

—Mito —intervino Naruto, interponiéndose entre las dos, —¿te importaría contarme qué es...?

—¡Hechimonio! —exclamó de repente la valquiria. —¡Claro, eso es!

—¿De qué estás hablando? —preguntó él, como si estuviera acostumbrado a interrupciones de ese tipo.

—Así es como deberíamos llamar al hijo de una hechicera y Un demonio —contestó Mito con una sonrisa.

Hinata miró a Naruto con recelo, pero éste se limitó a encogerse de hombros.

—Sí, Mito, suena bien, pero por ahora me conformo con saber que está pasando aquí.

—Nos enteramos de que ibais a pasar unos días fuera —dijo ella. —Me estoy refiriendo a ti, a su hermano y a Bee. En el aquelarre no hay piscina y tampoco en la Casa de las Brujas. —Señaló con un pulgar la piscina que quedaba a su espalda. —Así que decidimos instalarnos aquí.

—¡Pues ya pueden desinstalarse ahora mismo! Y más les vale dejarme la casa como los chorros del oro.

La valquiria le hizo un saludo militar, y luego chasqueó los de dos hacia un par de brujas que estaban despatarradas en unas tumbonas allí cerca.

—Vosotras dos, poned en marcha el hechizo de limpieza.

—Pero Mito —se quejó una, —si casi estoy borracha.

—¡Hazlo, o colgaré las fotos en internet! —contestó ella con los ojos muy abiertos.

—¡Maldita seas, valquiria! —exclamó la bruja, levantando un puño hacia el cielo. —¡Tú y tus armas digitales!

Mito se dio media vuelta y se dirigió al resto de invitadas.

—La fiesta ha terminado, el rey demonio ha vuelto a su guarida. Quiero decir hogar. ¡El rey demonio ha vuelto a su hogar!

Todas se quejaron, pero salieron con torpeza de la piscina. Una exuberante rubia pasó junto a Naruto con los pechos al aire.

—Hola, grandulón —se insinuó. —¿Te acuerdas de mí? Samui, la mejor amiga de Temari. — Deslizó un dedo por el torso del demonio al despedirse de él.

El único motivo por el que Hinata dejó que Samui siguiera con vida fue porque Naruto no le hizo ni caso.

Tan pronto como las brujas del equipo de limpieza se pusieron a recitar sus hechizos, las rodeó una nube de poder. Los canticos flotaron por toda la casa.

El suelo quedó inmaculado y la basura desapareció. Terminaron en cuestión de minutos.

—Bueno, ya está todo listo —dijo Mito volviéndose de nuevo hacia Hinata. —Nena, pareces agotada. Deberías ir a descansar.

—Sí, te acompañaré a nuestra habitación. —El demonio le colocó una mano en la espalda. — Mito, ahora vuelvo —dijo por encima del hombro mientras la guiaba a ella hacia adentro.

Ahora que el hedor había desaparecido y que la casa estaba ordenada, Hinata pudo apreciar otros detalles de la mansión. Como por ejemplo los trabajados paneles de madera y los espectaculares techos. Había ventiladores moviéndose despacio por encima de sus cabezas. Naruto tenía muy buen gusto.

—Ésta es nuestra habitación —dijo Naruto al llegar a una espaciosa estancia del piso de arriba.

Era enorme. Tenía incluso una pequeña sala de estar y una terraza que daba a la piscina. La cama era inmensa, y ella la miró ansiosa. Cuando se sentó en el borde y se quitó las botas, el demonio se acercó a una cajonera y cogió una camiseta.

—Toma, puedes ponértela para...

Pero, cuando se dio la vuelta, la hechicera ya se había desnudado y metido bajo las sábanas.

—Hinata no necesitaba todo este jaleo —le dijo Naruto a Mito al regresar al salón. —Ni yo tampoco. —Se pasó una mano por un cuerno.

Atravesar el portal había sido agotador y, aunque estaba convencido de que la hechicera jamás lo reconocería, estaba seguro que la emotiva despedida de Puck la había afectado. Cuando sucedió, ella se había limitado a decir: «Todo esto es... incómodo. El niño demonio me incomoda».

—¡Sucio Naruto, has dejado agotada a tu hechicera! —La valquiria estaba tan loca como de costumbre. —Ella no es como tus recatadas diablesas, ¿sabes?

—Ya lo sé. —y por todos los dioses que se alegraba muchísimo de que fuera así. —Maldita sea, Mito, algunas de tus invitadas todavía están en la piscina.

—Yo me encargo. —Se dirigió a ellas y gritó: —Eh, brujas, ¿habéis visto a esa pelinegra que estaba aquí antes con esa ropa tan chula?

—¿La que iba vestida como una hechicera? —preguntó una.

—No me importaría acostarme con ella —dijo otra.

—Pues bien, es una hechicera. Es Hinata, la Reina de los Espejismos.

Esa frase consiguió que salieran corriendo.

—¡La muy zorra nos robará los poderes! —gritó una.

—¡Nos volverá locas! —exclamó otra.

—¿Dónde está mi cachimba?

—Me temo que la presentación de Hinata en sociedad estará llena de momentos como éste — dijo Mito con un suspiro de resignación.

—¿Está a salvo en esta casa? ¿Cuándo atacará Toneri?

—Bueno, a decir verdad, no sólo invadimos tu casa por motivos egoístas... Las brujas han hecho un hechizo de protección alrededor. Creo que tenía algo que ver con un agente de la condicional y Samui. —Se encogió de hombros. —En fin, eso ahora da igual. Nadie, excepto los habitantes de la casa, puede entrar en la finca sin previa invitación.

Él había pensado poner algunas trampas, pero eso era mucho mejor.

—¿Hasta cuándo durará el hechizo?

—Hasta que tú canceles la tarjeta de crédito que encontré en uno de los cajones de tu escritorio.

Naruto respiró hondo e hizo acopio de paciencia.

—También he hechizado tu arsenal para que nadie pueda robártelo. Ya sabes, así el armario está listo para cuando guardes en él la espada de Momoshiki.

El demonio tenía en su despacho un armario de cemento en el que guardaba las armas. Siempre lo dejaba cerrado, pero era vidente que no era invulnerable.

—Entonces, mi hermano viene hacia aquí. ¿Está bien?

—Sí, sí, no me des más las gracias, Naruto. Ya sé que mi ayuda no tiene precio, y te agradezco que quieras ponerle mi nombre a tu primogénita. En respuesta a tu pregunta, sí, tu hermano está bien. Corrió un grave peligro para hacerse con la espada. —Se dio unos golpecitos en la barbilla con los dedos. —Y también estrelló tu Veyron de un millón de dólares.

—¿Que ha hecho qué? —El coche era la niña de sus ojos.

Sólo había trescientos en el mundo, y les había prohibido expresamente a su hermano y a Bee que lo tocaran.

—A decir verdad, fue Tanahi, mi sobrina, la que lo estrelló. Lo que, claro está, la convirtió en una heroína entre las valquirias del mundo entero. ¿Destrozar el carísimo coche del rey demonio? Nunca más tendrá que pagar en un bar...

—Vamos por partes: ¿por qué dejaste que Tanahi se fuera con mi hermano?

—¿Porque soy así de mala?

—¿Mi hermano... se la entregó a Momoshiki?

—Sí. tu hermano eligió a su hermanito antes que a su chica. Pero Tanahi, mi pequeña guerrera, consiguió salvarse sola. No pongas esa cara de pasmarote. Es mi sobrina. —Se atusó el pelo. —Y al final Menma se cargó a Momoshiki.

—Así que ahora mi hermano y su pareja están juntos.

—La entregó a un psicópata asesino. Digamos que Tanahi no está especialmente contenta con él. Pero no te preocupes, aflojará una vez que se entere de que tu hermano siempre tuvo intención de regresar y salvarla.

Naruto se sintió muy aliviado al oír eso, pero sus propias circunstancias hacían que todavía estuviera tenso. «Tengo seis días para conquistar a Hinata.» Había conseguido llevarla a su casa, y ahora estaba acostada en su cama. Estaba convencido de que esa noche lo aceptaría.

Y estaba muy nervioso. «Quiero hacer el amor con ella quiero esforzarme, quiero que le guste.» —Vas a hacerlo bien, tigre. Relájate.

Naruto odiaba que Mito pudiera leerle la mente con tanta facilidad.

—¿Me lo dices como adivina?

Ella negó con la cabeza.

—Te lo digo como alguien que ha vivido más de tres mil años. Bueno, me tengo que ir pitando.

—Ven a verme si te enteras de algo más sobre mi hermano.

—De acuerdo. Así lo haré. —Ya de espaldas, murmuró: —Se está formando una tormenta. Una muy mala. Más te vale estar preparado.

Él levantó la cabeza. No se veía ni una sola nube en el cielo.

.

.

—¡Despierta de una vez!

Hinata se levantó de un salto, parpadeando y mirando a su alrededor.

—¿Hay alguien aquí? —murmuró, al no ver a nadie en la lujosa habitación.

¿Cuánto tiempo había estado durmiendo? Ya estaba completamente oscuro fuera.

—¿Ya estás despierta? —dijo una voz, poniendo palabras en la mente de Hinata.

—¿Hanabi?

—¡Ah, por todos los dioses, Hinata, te he buscado por toda la ciudad!

Hinata echó las piernas hacia un lado de la alta cama.

—¿Estás... aquí?

—Recibí tu mensaje en Konoha y he abierto un portal aquí. He estado escaneando este lugar hora tras hora hasta encontrarte.

—Los vrekeners.

—Están por doquier. Pero ¡tienes que volver por tu dosis ahora!¿Dónde estas? Con Naruto. En su casa —«En nuestra casa.»

—¿Puedes escapar de él?

—Las cosas han cambiado entre nosotros —admitió Hinata. —Hemos llegado a un acuerdo de seis días..

—¡Bien! Te abriré otro portal dentro de seis días y puedes volver entonces. Pero ahora, ¡tienes que venir conmigo!

—¿Qué ha pasado?

—Toneri mintió: el morsus te atacará una semana antes de lo que pensabas.

—¿Que ha hecho qué?—¡Maldito bastardo! Cuando se enfrentase a él le haría revivir sus peores pesadillas, le enseñaría escenas que no podría soportar.

—Es verdad. Me lo ha confesado personalmente. Hinata, Konoha está hecho un caos. Los vampiros se han fugado. Los demonios del fuego se han escondido. Y Toneri casi coge mis poderes y me mata.

—Entonces ¡no puedes volver allí!

—Lo convencí de que tú nunca lo aceptarías si me hiciera daño. Toneri sigue pensando que vosotros dos os casaréis. Ahora, sal de la casa y sigue mi voz hasta el portal. No podemos perder ni un minuto.

—No puedo dejar a Naruto sin decirle nada —contestó ella.

—¿Estás de coña? Aunque espero que os funcione lo de los niños, ahora no es el momento adecuado para empezar a confiar en él.

Cuando Hinata oyó abrirse la puerta, rápidamente se hizo invisible y dejó una ilusión de sí misma durmiendo profundamente.

Naruto la miró dormir con una expresión inconfundible de orgullo. Ella intentó leerle la mente... sólo un poquito.

«Mi mujer... en mi cama. Por fin...»

Entonces, su expresión cambió una vez más, y aquella línea entre sus cejas se hizo más profunda.

Oh, dioses, Hanabi. Naruto está viendo una ilusión de mí, y parece que está... enamorado.

—¿Has podido ver su mirada? —Su hermana sonaba melancólica. —¿Dibujaban sus cejas ese sentimiento?

—Sí. Y cuando ha salido de la habitación, se ha tocado un poco el pecho.

—¿Como si le doliera?

—¡Eso sólo lo había visto en la televisión! —dijo Hinata. —Tengo que decírselo; tengo que explicárselo todo.

—¿Para que haga exactamente qué?—preguntó Hanabi. —Y mientras tú le informas de que vas a ir a un lugar al que él nunca dejaría que fueras yo serviré de carnada para los vrekeners.

Era verdad; si le explicaba a Naruto lo del veneno, éste no la dejaría volver con Toneri. Y si le dijera que moriría si no conseguía cruzar el portal, él insistiría en que encontraría ayuda para ella allí. Pero no había nadie en esa dimensión que pudiera evitar que el morsus la atacara.

Aun sabiendo eso, Hinata se mordió el labio, dudando sobre lo que debía hacer.

—Salir a escondidas de su casa está tan mal...

—No cabe duda de que estás completamente enamorada, ¡porque te estás volviendo estúpida! No es razonable ni siquiera considerarlo. Puedes volver dentro de pocos días.

—Podría escribirle una ca...

—Hinata, acabo de oír unas alas.

Hinata se puso de pie en un segundo.

—¡Voy en seguida!

Se puso las botas y cogió la ropa. Dejó el espejismo en la cama manteniéndose invisible, salió de la habitación. Oyó a Naruto caminar por la casa y evitó encontrárselo saliendo por la puerta de atrás. Mientras se afanaba en dejar la propiedad, en la oscuridad de la noche se vistió a toda prisa con el top y la falda.

El demonio la seguiría en cuanto descubriera que no estaba. Sólo pedía poder llegar al portal de su hermana antes que él.

—¿Hanabi?

—Hinata, sigue mi voz. Estoy en un parque, en no sé dónde.

Las calles parecían todas iguales, como un laberinto. Comenzó a llover, suave al principio, pero luego más fuerte. Al rato, los relámpagos empezaron a atravesar el cielo, los truenos a retumbar y el agua a caer como si la lanzaran con cubos.

—¿Hanabi?

—Estoy aquí. Qué asco de tiempo.

Hinata vio un parque en la distancia.

—Háblame.

—Estás cerca.

—Veo un... —Dio un traspié cuando oyó al demonio rugir su nombre; el sonido pareció el de un cañón al dispararse.

Había iniciado su búsqueda. Y sonaba enloquecido.

—¡Hanabi, viene a por mí! —Sin respuesta. —¿Hanabi? ¿Dónde estás?

Cuando su hermana contestó, su voz sonaba más lejana.

—He tenido que desviarme un poco.

—¿Te estás alejando de mí? ¿Qué estás haciendo?

La voz de Hanabi era apenas un susurro.

—En estos momentos estoy escapando de unos monstruos alados. ¿Y tú?

—Escapándome de un furioso demonio...

.

.

Continuará...