El rey Demonio
VENENO
—Diría algo bonito —empezó a decir Hinata cuando vio la maltrecha cabaña, —como «seguro que es bonita por dentro», pero entonces la última tablilla se rompería.
—Me pediste que tuviéramos una cita en una taberna de la Tradición —contestó él, regalándole una sonrisa. Aunque cada vez le sonreía más a menudo, todavía la dejaba atontada al hacerlo. —Pues bien, tenemos una cita, y aquí está la taberna.
Ella había querido que fueran a cenar en lo que iba a ser, en realidad, su primera cita. Al fin y al cabo, se habían pasado los últimos cuatro días dentro de la casa, sobre todo en la cama. Pero Hinata también tenía segundas intenciones...
—Esta noche está a reventar —comentó Naruto al pasear su nuevo deportivo por el aparcamiento intentando encontrar un sitio libre.
El lugar estaba fuera de la ciudad, en medio de una ciénaga: ¿cómo podía haber tanta gente allí? Cuando por fin pudo aparcar, ella dijo:—Sigo pensando que tendrías que haberme dejado conducir.
—Ni lo sueñes —contestó él, saliendo del coche. Cuando se despertó a la mañana siguiente de hacer el amor, Naruto tenía una sorpresa para ella. Había comprado un coche nuevo para cada uno. Pero ante el impresionante descapotable rojo, lo único que Hinata pudo hacer fue quedarse perpleja.
—No sé conducir.
—Yo te enseñaré —dijo él confiado.
Pero al final de la lección decretó que Hinata era la conductora más agresiva y peligrosa con la que se había encontrado jamás.
Después de eso, Naruto se encargó de que varios comerciantes de la Tradición fueran a la casa para ofrecerle a Hinata las ropas y las joyas más selectas, así como cualquier cosa que pudiera necesitar.
—¿Estás intentando comprar mi cariño? —le preguntó ella.
—¿Funciona? —replicó él.
En aquel instante, Naruto le abría la puerta del coche y el húmedo aire de la noche inundó sus sentidos, junto con el sonido de música y de risas estridentes.
¡Por todos los dioses, qué guapo estaba! Llevaba unos vaqueros oscuros y una sencilla camisa negra con un cinturón y unas botas de piel muy cara. Su aspecto decía «Tengo dinero y poder y además soy consciente de ello».
Una vez estuvo fuera del coche, Naruto se inclinó y la besó en los labios.
—¿Estás segura de que no quieres volver a la cama? —Su lujurioso demonio parecía insaciable. De hecho, ambos lo eran.
Naruto era tan fascinante... Le encantaba que ella le recorriera la cara a besos para demostrarle sus sentimientos, y se estremecía al instante cuando le pasaba las uñas por la espalda de arriba abajo. Esa misma mañana se lo había encontrado ante espejo, inspeccionando los arañazos.
—El resultado de un trabajo bien hecho —comentó orgulloso, dedicándole una sexy sonrisa que consiguió que a ella se le pusiera la piel de gallina.
Habría estado más que contenta de volver a la cama. Pero la noche anterior tuvo un ligero malestar. No exactamente un dolor, pero sí una sensación fuera de lugar para un inmortal. La vieja Hinata, la que sobrevivía a todo, había regresado. A pesar de que cada vez estaba más convencida de que acabaría venciendo al morsus, por si acaso tenía preparado un plan B.
Esa noche iría en busca de un vampiro que pudiera teletransportarla de vuelta a Villagelina. Sólo por si las cosas se torcían...
—Esta noche estás espectacular —susurró él. —Te lo habría dicho antes, pero me has dejado sin palabras.
—Estaba convencida de que no te gustaría mi modelito.
Hinata llevaba la melena tan salvaje como de costumbre, pero en ella sólo lucía una sencilla diadema, y en honor de Naruto había hecho un esfuerzo para que su sombra de ojos azul marino fuera más conservadora y sólo le llegara a las sienes. Sin embargo, la falda era corta, las botas altas, y el top consistía en una simple cinta hecha de varios tipos de metal, que se mantenían en su sitio mediante unas cadenas sujetas a una gargantilla, dos por delante y dos por detrás.
—Me niego a que me vuelvas a llamar viejo carcamal. —Mientras la repasaba con la mirada, le cogió las manos y le separó los brazos a cada lado. —¿Estaré celoso si otros hombres te ven así? Sin lugar a dudas. Mis cuernos se pondrán bien tiesos a las primeras de cambio. Pero también me siento orgulloso.
La abrazó con fuerza y la acercó a él. Su calor y su olor hicieron que Hinata levantara la mirada para contemplarlo.
—La gente lleva tanto tiempo teniéndome lástima por haber pasado tantos siglos sin encontrar a mi compañera, que ahora quiero presumir de ti. Y quiero que sepan que tú siempre has estado destinada a estar conmigo, que sólo era cuestión de tiempo.
Durante los últimos cuatro días, cada vez que Naruto decía cosas como ésa en aquel tono tan brusco y con aquella mirada tan penetrante, Hinata tenía miedo de que fuera demasiado maravilloso, demasiado guapo, bueno y considerado con ella.
Ese tiempo con Naruto había sido maravilloso. Pero, para ser sincera, tenía que decir que no todo había sido perfecto. Para empezar, había insistido en que aprendiera a nadar, enseñándole en su lujosa piscina. A pesar de que iba mejorando, se pasaba más tiempo pegada a él, con los brazos alrededor de su cuello, que nadando.
Y Naruto seguía bebiendo cerveza demoníaca, comiendo bistecs y chupando unas pequeñas criaturas llamadas cangrejos. Pero se aseguraba de que ella tuviera vegetales para comer y vino dulce para beber. Incluso había llevado una botella consigo en el coche para esa noche, por si no encontraba ninguna bebida que le gustara.
Hinata centró su atención en la destartalada taberna. Un estropeado letrero con luces de neón seguía brillando, pero era ilegible.
—¿Y cómo se llama este sitio? —Estaba situado sobre el agua, rodeado de cipreses, y parecía que se tuviera que derrumbar si soplaba un viento un poco fuerte. Una precaria pasarela conducía adentro. —¿El Cardo Sediento o algo así?
—Todo el mundo lo llama Erol. Escucha: si algo va mal una vez dentro, quédate detrás de mí. Prométemelo.
Era excesivamente protector.
—No te puedo prometer eso; si no, encontraremos el suelo de tu cocina lleno de arcilla.
—De nuestra cocina.
—Demonio, si algo va mal dentro, no necesitaré que te preocupes por mí. Necesitaré que me ayudes a protegernos.
Ese comentario lo descolocó. Hinata dio media vuelta y recorrió despacio la pasarela, dejándolo desconcertado. El gran Naruto tendría que empezar a aprender algunos trucos nuevos si quería seguir con ella.
Cuando la vio caminar de puntillas para que las botas con tacón de aguja no se le quedaran enganchadas entre las tablas, le preguntó:—¿Por qué no llevas zapatos planos y haces que parezcan botas?
—Porque llevándolas me siento sexy.
—¿Y te haría sentir sexy que te llevara en brazos ahora?
—Me las puedo apañar, Rey Encantador —dijo. —Si está tan lleno, ¿crees que habrá alguien a quien conozcas? Quizá una de las miles de diablesas con las que te has acostado, como Hokuto — dijo, provocándolo.
Cuando él no contestó, Hinata lo miró a los ojos.
—Sólo bromeaba, ya sé que no estuviste con ella. Espera, ¿por qué pareces tan culpable? — ¿Por qué Naruto tenía aquella expresión de culpabilidad al oírla nombrar a la diablesa. De golpe, sintió que le faltaba el aire. —No habrás... en el campamento. .. ¿no estarías con ella...?
—¡Por todos los dioses, no! Pero te dije que no me había acostado con Hokuto. Y, al parecer, hace un milenio, más o menos, sí lo hice.
Hinata se sintió aliviada al instante, entonces añadió:
—Pero me dijiste que no lo habías hecho.
Naruto se tocó la nuca con la mano.
—Yo... me había olvidado.
—¿Te lo tuvo que recordar ella? —Cuando él asintió, Hinata se echó a reír a carcajadas.
—No tiene gracia —replicó molesto. —Fue muy incómodo —añadió, como si estuviera haciendo esfuerzos para disimular una sonrisa.
—¡Hubiera pagado por oír esa conversación! —dijo Hinata sin dejar de reír.
—Pensaba que te enfadarías.
Después de otra sonrisa, contestó:—No por las cosas graciosas. ¡Eh, tengo una idea! Quizá podríamos confeccionar una base de datos con todas las hembras con las que te has acostado, y así podrías ponerlas al día...
—¿Eso crees, listilla? —La abrazó. —Lo único que me importa es el último registro.
Continuó por la pasarela, con ella riéndose a su lado.
En la puerta de entrada, hizo que Hinata se quedara a su lado. Al entrar, Naruto llevaba una mano en la cadera de ella y los hombros bien erguidos, con la arrogancia de un rey. A Hinata le encantaba.
El interior estaba poco iluminado y abarrotado. En un rincón había una vieja máquina de discos funcionando. En la pared posterior, unas calaveras enmarcaban un espejo, con luces navideñas en los huecos de los ojos.
El lugar tenía su encanto.
Pasaron junto a la barra, donde estaban sentados un par de gemelos increíblemente atractivos. Hinata supuso que eran licántropos, y al oírlos hablar con un fuerte acento escocés supo que había acertado.
—¡Maldición, Naruto!, ¿de dónde la has sacado? —preguntó uno, acercándole un taburete con el pie. —Y va vestida como una hechicera de las de antes. —Silbó para dar más énfasis a sus palabras.
—¿Tiene una hermana? —añadió el otro. Naruto los saludó con un movimiento de cabeza. —Hinata, éstos son Uilleam y Munro, soldados licántropos —se los presentó.
—Sí, a decir verdad tengo una hermana —les informó Hinata rápidamente. —Os encantaría, y a ella también le gustaríais...
Pero Naruto la apartó antes de que pudiera acabar la frase, continuando hasta la parte de atrás, donde había la única mesa libre. Unas estridentes chicas estaban sentadas al lado, jugando a los dados. Todas parecían borrachas, bien por culpa de la bebida o por hechizos con alcohol.
—Más brujas —murmuró Naruto.
Hinata volvió a curiosear para ver qué poderes tenían. Y, una vez más, no encontró nada por lo que valiera la pena molestarse. Sin embargo, una de ellas no era bruja, sino que tenía orejas puntiagudas y piel brillante.
—Tsunade la Radiante —dijo Naruto, señalándola con la cabeza. —La cómplice habitual de las travesuras de Mito de hecho son familia de sangre, creo que Mito es su abuela.
Hinata se quedo sin habla, pero prefirió no ahondar en el tema. Una vez llegaron a la mesa y él le retiró la silla para que se sentara, fue obvio que no le hacía ninguna gracia dejarla allí para ir en busca de las bebidas.
—Vete, demonio, estaré bien.
El se inclinó y le dijo al oído:—No le digas a nadie tu nombre completo o el título de hechicera que tienes, y todo irá bien.
Cuando Naruto la dejó, Hinata se fijó en cuántas hembras suspiraban al pasar él por su lado, aunque Naruto parecía no darse cuenta. Al llegar a la barra, se volvió hacia ella para comprobar que estaba bien, vigilándola con sus azules ojos.
«¿El equipo de los malos se había marcado un tanto? No, el tanto es para el equipo de Hinata.»
Era tan increíblemente masculino... Un dinamo en la cama, en el sofá o en la parte poco profunda de la piscina. Y además se portaba bien con ella.
Hinata se había esforzado por ser buena con él la mayor parte del tiempo, pero los viejos hábitos costaban mucho de erradicar. Siempre que Naruto abría la armería para contemplar la espada, Hinata se hacía invisible.
Y ahora sabía la combinación...
«Esto podría ponerse peliagudo.» Naruto había llevado Hinata al bar porque tarde o temprano tendría que acostumbrarse a vivir en sociedad. Y la gente de la Tradición también tendría que acostumbrarse a verla por allí.
Pero aquél no era el único motivo. Erol era el sitio perfecto para conseguir información. Y Naruto quería saber por dónde de andaba Sasuke.
Cuando le contó a Hinata los términos del pacto que había hecho con el vampiro, ella, con toda la razón, se empezó a preocupar. Sasuke le podía pedir cualquier cosa. En cualquier momento.
—¿Y si quiere a tu primogénito? ¡Tenemos que matar al vampiro!
—Nuestro primogénito. Y yo me encargaré de ello...
En la barra, Naruto les pidió información a un demonio de tormenta que tenía al lado y al camarero, pero sólo con oír el nombre del Enemigo de lo Antiguo ambos negaron con la cabeza.
Mientras esperaba las bebidas, Naruto volvió a mirar a Hinata. Estaba sentada con una gracia innata, inspeccionan sala con sus ojos color plateado.
«Es tan jodidamente preciosa...» Y por supuesto, no era el único que pensaba así. Los hombres giraban la cabeza para poderla mirar. Tal como había previsto, tenía los cuernos encendidos. Incluso fulminó con la mirada a alguno de esos capullos, haciéndoles saber que la chica era suya.
Pero ¿lo era? Según Hinata, sólo les quedaban dos días, entonces volverían a hacer lo de las tablillas del pacto. Naruto no la había presionado sobre el tema, porque suponía que, manteniéndola allí, conseguiría que ella quisiera quedarse. Hacía todo lo que se le ocurría, pero seguía teniendo la sensación de que Hinata se le escapaba de las manos...
Cuando el camarero le sirvió el vino que había pedido para Hinata y su propia cerveza, Tsunade gritó desde el otro lado del local:
—¡Oye, demonio!, ¿quién es esa fulana?
Naruto suspiró, y se volvió hacia la mesa de las brujas. Vio que algunas de ellas habían estado en la fiesta de la piscina. Debieron de reconocer a Hinata, porque se apresuraron a cerrarle la boca a Tsunade.
A pesar de que le susurraron al oído, la valquiria respondió gritando:
—¿Hinata? ¿Quién diablos es? Para mí sigue siendo una fulana. Cuando ella se volvió lentamente para mirarla, Naruto se dio prisa en acercarse, dejando las bebidas en la primera mesa que encontró por el camino.
—No soy una fulana. Soy la Reina de los Espejismos —respondió Hinata amenazante, con las palmas preparadas.
«Maldición.»
—¿La hermana de Toneri? —Tsunade se puso en pie de golpe y la silla se cayó. Unos relámpagos estallaron en el exterior, y la valkiria sacó dos pequeñas espadas que llevaba en unas fundas a la espalda. —¿Les gustaron los demonios de fuego mancos que Mito y yo les enviamos de vuelta? ¿Leíste su nota?
Al oír el nombre de Toneri, los presentes empezaron a entender a quién había llevado Naruto al local. Éste oía murmullo y susurros sobre Hinata, y la gente comenzó a apelotonarse para salir.
Cuando los licántropos alcanzaron la salida, uno de ellos llamó al demonio.
—¡Joder, Naruto, esa potra todavía no ha sido domada!
El otro añadió:
—¡Hablando de salir y conocer a gente nueva...!
Naruto se colocó entre Hinata y Tsunade.
—Valkiria, ella es mía. Mito no querría que te pelearas con Hinata. —Porque Hinata la destrozaría. Tsunade frunció el cejo, confusa.
—Entonces debe de ser la Hinata que Mito me ha dicho específicamente que dejara en paz esta noche. —Se encogió de hombros, volviendo a guardar las espadas en las fundas con un movimiento. Su ira había desaparecido tan rápido como había empezado, y desvió su atención de Hinata a Naruto. —¡Oye! ¿Adónde se ha ido todo el mundo? ¡Dan Rocky Horror Picture Show en el cine! —Y salió disparada hacia la puerta, con sus amigas detrás.
En pocos minutos, toda la gente de la taberna, incluido el camarero, había desaparecido. Hinata miró el lugar, ahora vacío, con una indescifrable expresión. Detrás de ella, Naruto la abrazó y le tocó la barbilla con los dedos cariñosamente.
—Cariño, lo siento. Es cuestión de tiempo.
—¿Bromeas? Me siento halagada. —Cuando él la miró dubitativo, ella dijo: —Naruto, no olvides que he sido criada considerando igual el miedo que el respeto. Toda esta gente acaba demostrar un enorme respeto hacia mí.
A él no pareció convencerlo el comentario, por lo que añadió:—Yo no he venido aquí para hacer amigos. Así que, dime, ¿sigue siendo esto una cita?
—Por supuesto.
—¿Y seguimos en una taberna de la Tradición?
—Eso es.
Se dirigió entonces a la barra y saltó detrás. —Dime pues, ¿qué vas a tomar? —preguntó con una amplia sonrisa. —Invita la casa.
De vuelta a casa conducían en un agradable silencio, ambos perdidos en sus pensamientos. Naruto le había contado que a los demonios les gustaban los coches bonitos, les fascinaban, y ahora Hinata entendía por qué. El olor a piel nueva la rodeaba, los asientos eran cálidos, y las luces del salpicadero iluminaban el hermoso rostro de Naruto.
Y éste conducía con mucha seguridad. Era bueno al volante, y lo sabía. Por todos los dioses, era muy excitante ver a un macho que conducía tan bien, aunque antes sólo los hubiera visto llevando caballos y carruajes.
Cada vez que encontraba un semáforo en rojo, levantaba la mano que hasta entonces llevaba en el cambio de marchas y la ponía sobre la rodilla de ella, como si no pudiera soportar no tocarla durante unos instantes.
Saber que se dirigían a su casa y que harían el amor toda la noche consiguió que Hinata se olvidara momentáneamente de todas sus preocupaciones. Notaba la fuerza que emanaba de Naruto, que era palpable y reconfortante. Había prometido protegerla, y se lo había prometido porque de verdad quería hacerlo.
Después de hacer el amor, le contaría lo del veneno...
—Estabas preciosa esta noche —dijo, con voz profunda.
—Tú tampoco estabas mal.
—¿He quedado entre los tres primeros?
—Naruto, te habría dado la medalla oro. Me he sentido muy orgullosa de ir de tu brazo. Al menos mientras ha habido gente. —Cuando se quedaron con la taberna para ellos solos Naruto aprovechó para enseñarle a jugar al billar. —Y lo he pasado bien.
Él le sonrió.
—¿A pesar de no haber dejado un reguero de cadáveres a nuestro paso?
—Quizá se me esté pegando algo de ti —replicó ella como si nada, mirando los labios y los intensos ojos azules de Naruto. Hinata volvía a tener aquella sensación, y fue tan intensa que, al comprender lo que significaba, sintió como si le hubieran dado un puñetazo.
«Creo que estoy enamorada de Naruto.»
Esa misma noche, un poco más tarde, Naruto estaba sentado en su despacho, con la mirada fija en una copa de cerveza demoníaca. Había dejado a Hinata durmiendo, después de hacerle el amor más veces de las que lograba recordar.
Ella le había dicho que quería contarle una cosa, pero al final había terminado por quedarse dormida. Vio que estaba pálida, y le preocupó haberla dejado exhausta.
A veces, cuando Hinata le clavaba las uñas en la espalda mientras él le hacía el amor, se olvidaba de que ella no tenía la fuerza de una diablesa.
Naruto tenía la sensación de estar utilizando el sexo para lograr que Hinata sintiera algo por él, quizá porque todo lo demás le estaba fallando. Aunque Hinata parecía realmente feliz a su lado, él percibía su impaciencia. Y sólo faltaban dos días para que su hermana regresara a buscarla.
Naruto necesitaba que Mito lo aconsejara, pero a lo largo de los últimos días le había sido imposible localizarla. Tenía al fin la espada, y se suponía que tenía que estar concentrado, planeando el ataque. Pero era como si no pudiera hacer nada hasta que hubiera resuelto las cosas con Hinata... hasta que no se hubiera casado con ella y la hubiera convertido en su reina. Lo que significaba que había llegado el momento de confesarle la verdad...
Agobiado por las dudas, se sentó y empezó a beber como solía hacer su hermano... muy a pesar del propio Naruto.
Como si ahora eso tuviera alguna importancia. Había sido tan duro con su hermano..., ¿y para qué? La puerta de la casa se abrió. «Hablando del rey de Roma.» Segundos más tarde, su hermano entró en el despacho.
—Sigues estando hecho una mierda, pero al menos tienes mejor aspecto que la última vez.
A pesar de que la relación entre los dos siempre había sido tirante, ahora todo podía ser distinto. El pasado no había sido en realidad tal como ellos siempre habían creído, y Menma se había redimido a sí mismo.
Cuando su hermano se tumbó en el sofá que había delante del que ocupaba Naruto, éste levantó la botella para invitarlo.
—Sólo un poco.
Después de que le sirviera dos dedos en una copa, Menma cogió la bebida, respiró hondo y dio un sorbo.
—Me diste un susto de muerte el otro día.
«Yo también me asusté muchísimo.»
—He tratado de ponerme en contacto contigo varias veces desde entonces —dijo Naruto.
—He estado desaparecido —se limitó a decir Menma. —Pero esta noche he decidido interrumpir mi misión de vigilancia y pasarme a hacerte una visita. —Se quedó observando el rostro de su hermano durante un rato. —Creo que aquí es donde se supone que tengo que preguntarte si quieres hablar del tema.
—Tal vez después de otra botella —contestó Naruto tras reírse con amargura.
—¿Cuándo empezaste a beber cerveza demoníaca? —Preguntó Menma.
—¿Cuándo lo dejaste tú?
Ya no bebo. Ahora soy un hombre responsable, ¿no te has enterado? Me han cazado y bien cazado.
Naruto levantó la copa.
—Felicidades, hermano —le dijo, aliviado porque él y su mujer hubieran solucionado sus problemas.
—Por eso no te cogí el teléfono. He pasado estos días con mi princesa en la casa nueva que le he comprado. Mito me dijo que no podía seguir viviendo con Bee en «mi pisito de soltero junto a la piscina», no si quería tener a Tanahi.
Bee era un demonio de humo, el segundo de a bordo de su hermano, y un gran soldado, excepto por el hecho de que desaparecía constantemente.
—¿Dónde está Bee? No le he visto por aquí.
—Me dijo en plan enigmático que tal vez yo no fuera el único que sentara la cabeza, y luego se esfumó. No le he visto desde entonces.
A Naruto le encantaría ver al ligón de Bee domesticado.
—Quiero presentarte a Tanahi oficialmente —dijo entonces Menma. —Así que se me ha ocurrido pasar y ver si te apetecía tener compañía. Pero me da la impresión de que tienes muchas cosas que resolver tú solo.
«No me digas.»
—¿Por qué no me cuentas lo que pasó mientras yo... mientras yo no estaba?
—Está bien.
Con su entusiasmo habitual, Menma le contó todo lo que le había pasado hasta llegar al escondite secreto de Momoshiki; le explico lo de los puntos de encuentro, y le habló de todas las veces que habían escapado por los pelos. De los enfrentamientos contra zombis y demonios del fuego.
Pero cuando empezó a hablarle de su reciente esposa, su activo cambió radicalmente. La copa de bebida quedó olvidada en la mesa.
—Tú y yo sabíamos ya que era muy lista, pero ¿quién me iba a decir lo sexy que podía llegar a ser una matemática?
—¿Cómo conseguiste la espada?
—Tuve que entregarle Tanahi a Momoshiki. Pensé que te sentirías orgulloso de mí por haber sido capaz de hacer tal sacrificio por primera vez en mi vida. Pensé en ti, en el reino y en nuestra gente. A pesar de todo, estaba decidido a regresar para salvarla, pero el muy bastardo me tendió una trampa...
Después de que su hermano le contara todo lo que había pasado, Naruto no podía ni imaginarse lo doloroso que le tenía que haber resultado sostener la mirada de la mujer a la que había llegado a amar tanto y que, en aquellos instantes, debió de sentirse traicionada por él.
Aunque su hermano había tenido la intención de ir a salvarla, Naruto no podía asegurar que él hubiera sido capaz de entregar a Hinata.
Su hermano le había dicho que, llegado el momento, Tanahi se había echado a llorar.
«Mi hermano es mucho más fuerte que yo.» Le resultó muy difícil asumir la verdad, pero Naruto necesitaba tanto a Hinata que sólo de pensar que pudiera estar un día sin verla le crecían los colmillos.
—¿Tanahi te ha perdonado?
Casi. Más o menos. Pero todavía me lo echa en cara cuando se encuentra mal. Me lo tomo como parte del trabajo de marido.
—¿Se encuentra mal? Me dijiste que ya era del todo inmortal.
—Sí, pero a veces vomita, porque, bueno, la verdad es que... Joder, Naruto, está embarazada.
—¿Vas a ser padre? —Que los dioses protegieran al mundo. —¿Voy a ser tío?
—Sí, bueno, se quedó embarazada a la primera. Mito me llama su hermano, «donde pone el ojo pone la bala».
—Mito siempre ha sido muy sutil. —Un mes atrás, la idea de que su hermano hubiera dejado embarazada a la Vestal lo habría inquietado mucho. Ahora estaba absolutamente convencido de que Tanahi daría a luz al mejor de los guerreros.
—Por eso estoy solo esta noche, porque Mito y Tanahi han ido a comprar espadas para bebés, o algo por el estilo. —Se rascó la cabeza. —La verdad es que espero que lo dijeran en broma, pero con las valquirias uno nunca puede estar seguro, ¿no crees?
—¿Cómo te sientes al saber que vas a tener un hijo?
—Al principio me puse muy contento, porque creía que eso significaba que Tanahi tenía que perdonarme. Pensé que había conseguido meter un aliado dentro de ella, que me ayudaría a conseguir su perdón —explicó Menma con un razonamiento típico de un mercenario. —Luego me inquieté un poco. Si ella considera que yo la vuelvo loca, imagínate lo que harán unos pequeños corriendo de acá para allá.
—Yo tuve experiencia de primera mano con uno. Y fue más que suficiente.
Se hizo un incómodo silencio. Naruto cogió la copa y farfulló algo con los labios pegados al borde.
—Asegúrate de poner protectores en las paredes.
—¿Qué has dicho?
—Nada. —Naruto negó con la cabeza.
—No, vamos, dímelo —insistió su hermano.
—Cuando eras pequeño y te salieron los cuernos, te picaban tanto que los ibas restregando por todas las paredes que encontrabas. A Nagato y a mí nos daba un ataque de risa cada vez que veíamos un desconchón. Todos estaban a la altura de un metro. No dejábamos que nadie los tapara. —Naruto sonrió, hasta que se dio cuenta de la cara con que lo miraba su hermano. —¿Por miras así?
—Estás hablando de mí, y es como... es como si sintieras cariño.
Naruto pensó que no tenía nada que perder y decidió arriesgarse.
—Mandarte lejos casi acabó conmigo.
—Ya —se burló su hermano, —por eso me visitabas tan menudo.
¿Tanto resentimiento sentía hacia él?
—Iba a verte siempre que podía. Al principio, como mínimo una vez a la semana. —Ante la mirada incrédula de su hermano, añadió: —Iba allí para cuidarte, para asegurarme de que tuvieras todo lo que necesitabas, pero me mantenía alejado de ti porque nuestras hermanas me dijeron que era lo mejor, ya que así te integrarías antes en tu nueva familia.
—¿Y qué te hubiera parecido no mandarme a ninguna parte para empezar?
—¿Después de que Nagato y nuestro padre hubieran sido brutalmente asesinados? ¿Sólo por haber desafiado las costumbre demoníacas? Cuando eras pequeño, yo empezaba a ejercer como rey. Acababa de perder a mi hermano mayor, que era además mi mejor amigo. Y también a mi padre. ¿Crees que iba a ponerte a ti también en peligro? No podía ni soportar la idea de pensar que alguien pudiera hacerte daño. Estuve tentado de cogerte a ti y nuestras hermanas y marcharme con vosotros para empezar una nueva vida en otra parte.
Su hermano se quedó boquiabierto.
—¿Te planteaste renunciar a la corona?
—Si hubiera habido un sustituto adecuado, sí. Y, bueno, de todos modos, años después terminé por perder el reino en manos de un psicópata asesino. Solía preguntarme si había luchado lo suficiente, si me había rendido con demasiada facilidad. El sentimiento de culpabilidad era implacable, es implacable.
—Pero la corona lo era todo para ti. Por eso me has odiado durante todos estos años.
—Yo nunca te he odiado. Y la corona no ha tenido nada que ver con cómo te he tratado. —Al ver que el otro enarcaba las cejas, Naruto rectificó: —Está bien, pero sólo en parte. Estaba enfadado contigo por el modo en que vivías la vida. Eras un egoísta y nunca nada ni nadie te importaba lo más mínimo. —Sabía que su hermano no iba a discutírselo. —Hinata me contó que si hubieras regresado a Konoha habrías muerto. Toneri tenía a quinientos soldados esperándote.
—¿Hinata te ha contado eso?
—Me dijo que quería ayudarme a limar asperezas entre tú y yo.
—Es todo un detalle, viniendo de una bruja malvada.
—Mide tus palabras, hermanito, esa mujer se convertirá en tu reina.
Justo cuando Naruto creía que ya iban a volver a las viejas beligerantes costumbres, Su hermano levantó las manos.
—Tienes razón. Lo siento. Pero no te olvides de que ella fue uno de los motivos por los que entregué a Tanahi a Momoshiki. Pensé que, si conseguía la espada, podría ir a Konoha a salvarte. Me carcomía por dentro pensar que estabas preso en esa celda. Mito me dijo que Hinata iba a... utilizarte.
«Y lo había hecho.»
—Te la has terminado —comentó su hermano, señalando la botella vacía con la barbilla, —y eso es algo que no creí llegar a ver jamás. Así que, ¿estás listo para contarme lo que te ha pasado?
Naruto soltó el aire que estaba reteniendo en los pulmones y luego le contó a su hermano toda la historia, exceptuando la parte del falso juramento.
—En lo que se refiere a ella —terminó la confesión—... estoy haciendo tantos progresos como me gustaría. Y sólo me quedan dos días.
—Mira, sé que soy la última persona a la que pedirías consejo pero esto del amor no puede forzarse. No puedes hacer que ella te ame.
—Entonces, ¿qué harías tú?
—Ya sabes, ten detalles. Cómprale cosas. Piensa en lo que verdad le gusta, en lo que la hace feliz, y dáselo. Ya verás cómo la conquistarás. Y si con eso no basta, siempre podrías cortarte los cuernos. Las chicas suelen agradecerlo.
Naruto levantó la vista y vio que, efectivamente, Su hermano se había cortado los suyos.
—¿Por qué diablos hiciste algo así?
—Tanahi quería tener una vida normal, así que traté de darle el máximo de normalidad posible. Pero por suerte me ha prohibido que vuelva a tocar mis «preciosos y atractivos cuernos». Y luego me dijo todo lo que iba a hacerles cuando me volvieran a crecer. Por todos los dioses, hermano, esa valquiria me tiene loco. —De repente, su hermano se quedó pensativo. —Un momento, ¿has dicho que Hinata iba a convertirse en mi reina? ¿Y qué diablos es ahora?
«Una mujer engañada.»
Una tormenta se estaba formando en el exterior de la casa.
Naruto iba a confesarle a Hinata que el juramento que había prestado había sido una farsa. Con el corazón en un puño subió la escalera que conducía a su habitación, y dejó a su hermano a solas para que se terminara su copa.
Con todo lo que Naruto se había esforzado para ganarse la confianza de Hinata, ahora iba a destruirla de un solo golpe, pero no tenía alternativa. Cada vez que ella lo llamaba «mi marido», él sentía una punzada en el corazón.
Se sentó a su lado en la cama.
—Hinata, tengo que confesarte una cosa.
Ella no respondió, no se volvió hacia él, pero tensó los hombros, indicándole con ello que estaba despierta.
—Lo único que te pido es que trates de entenderme. ¿Crees que podrás hacerlo?
Ninguna respuesta. Le puso una mano en el hombro y la volvió hacia él para mirarla. Hinata abrió los ojos.
Los tenía llenos de sangre.
—¿Qué es esto? Hechicera, ¿qué está pasando?
—Ya... está aquí —arrastró cada palabra. Tenía la piel como la cera.
Naruto la cogió en brazos, el corazón de Hinata latía a mil por hora.
Cuando empezaron a sangrarle la nariz y las orejas, el dolor más intenso que hubiera sentido jamás desgarró a Naruto.
—Por todos los dioses, ¿qué te está pasando? ¡Dímelo, cwena!
—Veneno —farfulló ella.
—¿De qué estás hablando? ¿Cómo? ¿Quién te ha hecho esto?
A ella le dolía tanto la espalda que se sujetó a la camisa de Naruto con todas sus fuerzas. Al venirle un acceso de tos le manchó la camisa de sangre. «Tengo que conseguir ayuda...» —¡Menma! —gritó Naruto.
Su hermano subió la escalera a toda velocidad y entró en la habitación espada en mano.
—¿Qué diablos es esto?
—Hinata está enferma. ¿Dónde está Mito?
—Iré a buscarla.
Hazlo, y reúnete conmigo en el aquelarre de las brujas.
—¡Nooo! —gritó ella, moviéndose nerviosa entre los brazos de Naruto. —No... aquelarre.
—Tranquila, cariño, nos quedaremos aquí. Tranquila... —Se dirigió a su hermano y le dijo: —Trae a Mito aquí. Si no puedes encontrarla, entonces ve a por Temari la Esperada. O a por la duende Sakura. Ella sabe de venenos.
Su hermano salió de ahí sin despedirse siquiera. Naruto oyó cómo se cerraba la puerta de la casa y, acto seguido, el todoterreno de su hermano se puso en marcha.
Colocó una mano en la mejilla de Hinata y la retiró confuso al notar que una punzada de dolor le atravesaba todo el cuerpo. Había sido como tocar una llama, la única diferencia era que tanto el camisón de ella como las sábanas estaban helados.
—Aguanta, Hinata, hazlo por mí. En seguida vendrá alguien a ayudarnos.
El dolor la estaba desgarrando por dentro, retorciéndole los músculos. El amargo sabor a sangre le inundaba la garganta. «Es como si miles de espadas me estuvieran cortando las venas, y clavándose en mi corazón al mismo tiempo.»
Naruto seguía preguntándole qué le pasaba, mirando horrorizado toda aquella sangre, acunándola en sus brazos.
Ella gimió de angustia y cerró los ojos. Se había equivocado. No tenía ninguna posibilidad de sobrevivir a aquello. Había sido tan estúpida, tan arrogante al creer que podría superarlo...
Y ahora estaba pagando las consecuencias. «A no ser que Naruto sea capaz de hacer lo que se debe hacer.»
Se enroscó sobre sí misma al notar que la sacudía otra oleada de aquel dolor atroz. Su mente estaba saturada de visiones de sí misma tomándose el veneno. Sí, vaciaba vaso tras vaso... se colocaba los amargos gránulos negros sobre la lengua y se los tragaba enteros.
Ah, ¡por todos los dioses! Podría envenenar a Naruto sin querer a través de la piel, de la sangre. «Tengo que advertírselo.» —No... no me toques.
—Hinata, tengo que llevarte a que te vea alguien.
Ella negó con la cabeza con vehemencia.
—Nadie de aquí... me puede ayudar.
Le sobrevino otro acceso de dolor. Una agonía sobrenatural... indescriptible. Hinata abrió los ojos al notar que el frenético latido de su corazón se detenía. Sus miradas se encontraron.
—¿Hinata?—dijo Naruto sobrecogido, —tu... corazón.
«Punto final.» Su mente quedó en blanco. Los párpados se le cerraron.
El desgarrador grito de Naruto retumbó en la habitación.
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Continuará...
