El rey Demonio


PERSUASION


«Se le ha parado el jodido corazón... casi se muere.»

Naruto jamás olvidaría lo que sintió cuando volvió a oír el primer débil latido del obstinado corazón de Hinata, luchando por seguir adelante.

Se sentó con la espalda apoyada en la cabecera de la cama, sujetándola en sus brazos, meciéndola mientras ambos sudaban de dolor.

—Estoy contigo, amor. Estoy contigo —le murmuró cuando ella gimió.

Cada vez que la tocaba, Naruto sentía cómo el sufrimiento emanaba de su piel, así que continuamente le acariciaba la frente y la cara con la palma de la mano, con la esperanza de aliviarla.

Había tormenta, y los rayos caían alrededor de la casa, cada trueno resonaba en los cristales. Con el destello de cada relámpago, la cara de Hinata parecía todavía más mortalmente pálida.

Media hora antes, cuando su hermano entró con Mito en el dormitorio, la mirada de la valkiria se clavó en el rostro de Naruto, como si tratara de evaluar su cordura. Sus cuernos estaban enhiestos, y sabía que tenía los ojos rojos, pero seguía aguantando.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó. —Lo único que tu hermano me ha dicho es: ¿has deseado alguna vez asistir a una escena de El Exorcista en persona?

—Está enferma —contestó Naruto. —Me ha dicho que era por un veneno. Tú sabes de venenos. Dime qué debo hacer

En la oscuridad de la habitación, una procesión de leves espejismos empezaron a aparecer, mientras Hinata farfullaba.

Mito se acercó a la cama e inclinó la cabeza.

—Tiene los labios azules. —Cogió el brazo de Hinata y lo levantó.

Al inspeccionar la pálida piel, vio una irregular herida roja, como una quemadura. Seguía por todo el brazo hasta la palma, donde formaba una X.

La valquiria soltó el brazo de golpe y se restregó la mano en los pantalones.

—Ha sido condenada.

—¿Condenada? ¿De qué mierda estás hablando?

—Esto es morsus, el veneno más cruel, porque causa un dolor horroroso cuando se deja de tomar. Seguro que Hinata tomaba una dosis con frecuencia para mantenerlo a raya.

—Ah, por todos los dioses, ella trató de volver a Toneri hace días. Y yo... no la dejé.

—Entonces él es quien le ha hecho esto. Tiene sentido que lo utilizara para tenerla controlada todos estos años.

—¿Y qué le pasará?

—¿Le has tocado la piel? ¿Has sentido ese dolor? —Al ver asentir al demonio, dijo: —Pues has percibido un uno por ciento de lo que ella está sintiendo en estos momentos. Se supone que no hay peor agonía. Es como si te hubieras escaldado, y te estuvieran apuñalando a la vez, mientras te arrancan la piel con pinzas. Demonio, esto irá mil veces a peor. El dolor será tan grande que seguramente su cuerpo entrará en un estado de shock tan intenso que su corazón se parará.

—¡Ya lo ha hecho! —Inhaló profundamente, intentando calmarse. —¿Qué puedo hacer?

Mito negó con la cabeza apenada.

—No puedes hacer absolutamente nada. La única persona que puede salvarla es la que en su día la envenenó. Naruto, tienes que prepararte. Hinata tendrá un ataque al corazón tras otro hasta que...

—¡No! No, alguien tiene que poder ayudarla —la interrumpió él con la voz rota. —Sakura, Temari...

—Sólo te confirmarán lo que te he dicho yo.

—¿Y qué hay de la hermana de Hinata? ¡Ella la ha salvado antes!

—Ah, Hanabi, la potencial Reina de la Persuasión. Curar otra persona es uno de los procesos más difíciles de llevar a cabo. Y su poder es débil, sólo se manifiesta impredeciblemente, cuando tiene ataques de pánico.

Naruto apoyó la frente contra la de Hinata, desesperado por sacarle aquel dolor de dentro.

—Tiene que haber algo que yo pueda hacer. —Levantó la mirada hacia la valkiria, sin avergonzarse de estarle suplicando —Mito, por favor...

—Sí, hay algo que debes hacer, Naruto, si es que ella te importa algo —dijo. —Tienes que matarla.

Entre febriles oleadas de agonía, Hinata oyó que Naruto le hablaba.

Con una voz profunda, le suplicaba:—Cwena, no te des por vencida —le rogaba. —¿Qué voy a hacer sin ti? ¡No me puedes dejar así! Te seguiré hasta la maldita tumba, Hinata.

Cuando ella tuvo el siguiente acceso, él rugió con todo su dolor y su confusión, estrechándola con fuerza, hasta que sus gritos remitieron... A veces, Hinata oía otras voces. su hermano estaba a menudo por allí. Dos mujeres llegaron y se fueron.

Ahora percibía a Naruto sentado a su lado en la cama, tocándole el pelo. Pero otra oleada empezaba a formarse..., a acercarse. .. Y cada una era peor que la anterior.

—Naruto...

—Estoy aquí, Hinata. —Le besó la palma de la mano, y le acarició el rostro con el suyo. —Estoy aquí mismo.

—Mátame —le suplicó mientras el dolor residual le abrasaba todo el cuerpo. —Por favor...

—¡Nunca! —contestó él con unos frenéticos e intensos ojos completamente rojos.

—Dices que... que te importo —susurró. —Pero si fuera así... lo harías.

—¡Tú no sólo me importas, maldita sea! Estoy enamorado de ti, Hinata. Te amo. Me dijiste que te necesitaba. Y te necesito —confesó desesperado. —Lo admito sin tapujos. —Le cogió la cara entre las manos y apretó los dientes por el propio dolor del contacto. —Lucharemos contra esto juntos.

—¿Me... amas? —Ella ya lo sabía; lo había sentido cada minuto que había estado con él. Pero oírselo decir...

—Ah, por todos los dioses, cwena. Tienes mi corazón. Todo lo mío es tuyo. Sólo cúrate. No sientas más dolor.

—Entonces, déjame irme. —Húmedos mechones rodeaban la pálida cara de Hinata. —Por favor..., te lo estoy suplicando...

El no podía escuchar esas palabras. No podía ni imaginar el dolor que tenía que sentir para llegar a decirlas...

Volvió a tener un acceso. Arqueó la espalda y le salió más sangre por una comisura de la boca mientras gritaba de dolor una y otra vez. Mito y su hermano entraron justo cuando el cuerpo de Hinata se desplomaba sin vida.

Tenía los ojos abiertos, pero miraban al vacío.

—No respira, demonio —dijo Mito. —Se ha ido.

—¡No! —bramó él, cogiendo a Hinata por los hombros y sacudiéndola.

—¡Naruto! —Su hermano le cogió el brazo. —Se ha ido, hermano. Ella quiere que la dejes partir.

—¡Nunca! —Continuó sacudiéndola. —¡Vuelve a mí, hechicera!

Los ojos de ella se movieron, sus músculos visiblemente doloridos.

«Vive.»

—No... más no —balbuceó Hinata, desesperada al darse cuenta de que no había muerto. Le lanzó a Naruto una mirada sintiéndose traicionada y seguidamente cayó inconsciente en sus brazos.

—Sólo la has salvado hasta que vuelva a tener otra recaída —dijo Mito. —Demonio, la próxima vez, tienes que dejar que se vaya.

«No, ni hablar.»

—No habrá próxima vez. —Entrecerró los ojos mirando a la valkiria. —Sabías que esto iba a pasar. Lo sabías hace muchos días, cuando me preguntaste que si tuviera que escoger, qué escogería: mi reino o mi reina. Y lo preguntaste por un motivo. Tengo que sacrificar uno para salvar al otro.

—Entonces contestaste «mi reino» sin vacilar ni un instante. Me hizo gracia.

—Un momento, un momento —dijo su hermano. —¿De qué carajo están hablando?

Naruto le preguntó a Mito:

—¿Cómo puedo llegar a Konoha esta misma noche?

—Uh... ya me he encargado de eso.

—Si ya lo has visto todo, dime: ¿Hinata vivirá?

Mito miró al techo, y luego volvió a mirarlo a él.

—No sé nada de ella. Pero sería mejor que hablaras con tu sucesor y le explicaras lo que está a punto de suceder.

Naruto asintió, aceptando la muerte... o algo peor.

—¡Sí, eso, dime qué diablos está pasando! —intervino Menma.

—Voy a ir a buscar a Toneri, a por el antídoto. Es probable que esta vez el brujo consiga matarme. Menma, tú eres mi heredero. Mito dijo que ésta era mi última oportunidad para reclamar el trono, pero ella nunca dijo que tú no tuvieras posibilidades de hacerlo.

—¿Qué... dices? —gritó Menma. —¡Ni hablar! ¡De ninguna de las maneras!

—Es lo que va a pasar —contestó Naruto. —No te lo estaba preguntando: te estaba informando.

—Bien, entonces, convirtamos esta desgracia en una oportunidad —dijo Menma, intentando controlar su genio. —No puedes entrar allí sin un plan de ataque.

—Me dijiste que Momoshiki derribó tus bloqueos mentales como si los golpeara con una maza. Toneri solicitará que deje abierta la mente para explorarme. Debo estar totalmente libre de cualquier conspiración, o pondré en riesgo a Hinata.

Su hermano se pasó las manos por la cara.

—Si lo haces así, te estarás suicidando.

—Lo sé. Pero si así puedo salvarla de este dolor... —«Entonces mi vida habrá valido la pena.»

—¡Mito! Dile a Naruto que eso es una misión suicida.

La valquiria suspiró.

—Si quiere convertirse en mártir, ¿quiénes somos nosotros para impedírselo?

—¡No dejaré que lo hagas!

—Ya está hecho —lo interrumpió Naruto. —Mito, dime cómo puedo llegar a Konoha.

—Tu medio de transporte hacia allí está ya de camino a Nueva Orleans. Y viene muy cabreada.

—¿Cómo te va con Mike Rowe? —preguntó una voz femenina.

Hinata iba recuperando gradualmente la conciencia, presa de nuevas oleadas de dolor, en la angustiosa pausa entre el recuerdo de la agonía y la anticipación de la misma.

—¿Mike Rowe? ¿De quién estás hablando, Tanahi? —respondió otra voz asimismo femenina.

«¿Es Mito la que esta hablando? Sí. ¿Qué está haciendo en mi sueño? ¿O estoy despierta?»

—¿El actor? —preguntó Tanahi lentamente. —El de Dirty Jobs. ¿El que puso una orden de alejamiento contra ti?

Una pausa, y entonces Mito dijo:

—¡Ah! Sí, bueno, Mikey y yo rompimos después de que consiguiera que tonteara conmigo.

—¿La semana después de que yo te viera?

—Sí, la última noche, si no recuerdo mal —dijo la valquiria. —Era bastante ágil para ser un humano, y muy tentador. Pero me tuve que olvidar del número de teléfono que me dio.

Como si no lo pudiera evitar, Tanahi preguntó:—¿Y cómo es eso?

—Porque me acordé de que soy un putón.

Hinata parpadeó al ver la escena y miró disimuladamente a Mito que estaba sentada en una de las sillas de la habitación. Hinata miró la camiseta de la valkiria. Decía: «NACIDA PARA FLORECER, FLORECER PARA MORIR - G. S.».

La otra mujer, la tal Tanahi, llevaba gafas y parecía remilgada. Y, por lo que le parecía estaba... ¿doblando ropa?

—Además —prosiguió Mito, —tenía que romper con Mikey porque dejó la ciudad.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Tanahi, doblando y redoblando la misma toalla. — ¿Todavía no me he instalado en este mundo, y tú ya te vas... otra vez?

—Menma te puede enseñar lo que quieras ver.

—¿Adonde tienes que ir que es tan importante como para que me dejes aquí tirada?

—La tía Mito se coge unas vacaciones. Me dirijo a Budapest, a investigar a esa banda de guerreros inmortales —explicó. —Los llaman los Señores del Inframundo. Si eso no te da ganas de echar un polvo... —Gruñó y levantó las garras. —Sea como sea, se supone que son muy sexys.

—Y cuando dices investigar, te refieres realmente a tirártelos.

La valquiria hizo un sonido burlón.

—Tanahi, ¿de qué otra manera se puede investigar a un hombre? En serio.

Esta hizo un sonido con la boca antes de hablar, pero Mito se adelantó.

—Entre nosotras: si pueden con lo que Mito les va a dar, quizá no me marche nunca de allí... —Su mirada perdida se fijó en la cama, y los ojos se le abrieron como platos. —Esta despierta.

Se acercó al lecho con Tanahi detrás.

—¿Te acuerdas de mí? ¿Mito la Que Todo lo Sabe? Ésta es mi sobrina, Tanahi. —Señaló a la guapa pelinegra, que le hizo un leve saludo. —Es la mujer de Menma.

La valquiria le acercó un vaso de agua a los labios, pero Hinata se volvió para soltar con dificultad unas palabras:

—¿Dónde... está... Naruto?

—Finalmente hemos conseguido que se fuera de tu lado. Nosotras te vigilaremos esta noche. Naruto, Su hermano y miles de demonios han salido a buscar a tu hermana, para así poder colarse en su portal. —Rió de sopetón. —Lo siento, ésta no es una situación graciosa, pero lo de «colarse en su portal» suena un poco obsceno.

Tanahi puso los ojos en blanco.

—Traerá a Hanabi aquí —continuó Mito. —Y entonces tiene intención de llevarte con Toneri y suplicar el antídoto.

El corazón de Hinata hizo un amago de pararse... pero esa vez de emoción.

—¡No puede... seguir con eso!

Mito dijo:

—Ha decidido sacrificarse por ti.

—Toneri lo matará esta vez... Le leerá la mente... descubrirá cualquier plan que tenga para atacarlo...

—No habrá ningún plan —respondió Mito, tranquila. —Naruto considera que es un viaje sólo de ida, hechicera.

Hinata negó con la cabeza rotundamente.

—¡No puedes... dejar que... haga eso!

—Intenta parar a un demonio que está desesperadamente enamorado.

—Mito —murmuró Tanahi. —Hinata necesita sábanas limpias. Estas están sucias de toda la sangre... sangre... —Se tapó la boca con una mano, con la cara cada vez más pálida.

—¿Vuelves a tener ganas de vomitar? —le preguntó su tía. Cuando Tanahi salió corriendo de la habitación, gritó: —¡Por todos los dioses! ¡Qué manera de robarle protagonismo a Hinata! —Y dirigiéndose a Hinata, dijo: —Ahora mismo vuelvo. Grita si necesitas algo. —Cuando la valquiria llegó a la puerta, Hinata la oyó murmurar: —Colarse en su portal. Esto lo pongo en una camiseta.

Se tumbó temblando y aturdida. Naruto había planeado sacrificarlo todo por ella.

Se le ocurrió una idea, una conspiración. ¿Funcionaría? Tenía poco tiempo antes de que le llegara otro ataque... ¿Le quedaba suficientes fuerzas?

Las encontraría porque, si él estaba dispuesto a salvarla, ella iba a protegerlo. O, como mínimo, darle los medios para que se protegiera.

Apretando los dientes, se dejó caer de la cama, desplomándose en la tupida alfombra. Podía oír a Tanahi vomitando en el baño de invitados y a Mito echándole agua por la cabeza. A Hinata no le quedaban fuerzas para ocultarse tras un espejismo, pero mientras las oyera, todo estaría despejado.

Se arrastró por el suelo, clavando a veces las uñas para pode tirar de sí misma. Cuando por fin llegó al pasillo, éste le pareció interminable, y la distancia hasta el despacho, imposible.

«Estoy tan débil...» Pero se armó de coraje y sobrellevó el dolor. Un codo delante del otro, las piernas inútiles detrás de ella.

Escuchando en todo momento a la valkiria, arrastrándose, arrastrándose. Sólo el amor que sentía por Naruto le permitía continuar. Escupió saliva, ahogó un espasmo de tos, se movió otro metro. Sólo unos cuantos más hasta llegar a la puerta de su estudio... y, finalmente, estuvo dentro.

¡Se acercó a la armería! Con mucho esfuerzo, levantó la cabeza para mirar el candado de combinación que tenía que alcanzar. Desde donde estaba, en el suelo, le parecía tan lejos como la luna.

«¡Naruto morirá si no haces esto!»

Con esa idea en mente, se tambaleó hasta ponerse de rodillas, y luego se levantó insegura hasta quedar en pie. «Tengo que llegar.» Estuvo a punto de desplomarse. «No puedo... no puedo hacerlo.»

Una sombra apareció por detrás de ella. Giró la cabeza y maldijo al destino por haber permitido que Mito la descubriera.

—¿Necesitas algo, hechicera? ¿Mmm? —Llevaba unas sábanas sobre el hombro y estaba jugueteando con algo que tenía en el bolsillo. ¿Un arma? —¿Quizá deseas un paracetamol?

Hinata tenía ganas de llorar.

—¿Qué... qué... quieres? —«¡Había estado tan cerca!» Justo en ese momento se oyó la puerta principal abrirse y la valquiria dijo:

—Naruto ha vuelto con tu hermana.

¿Ya había regresado?

—Mito... yo... necesito...

—Y está a punto de encontrarte fuera de la cama...

—¡Hinata! —La voz de Naruto retumbó por toda la casa.

Ella estaba a punto de tener otro ataque y casi se desmayó en el suelo, aturdida.

—¿Quieres la espada, hechicera? ¿Es eso lo que has venido a buscar?

Sin fuerzas, Hinata asintió débilmente a modo de respuesta.

La valquiria se sacó una jeringa gigante del bolsillo, y la sostuvo apuntando hacia arriba, mientras Hinata la miraba sorprendida. Mito parpadeó un par de veces, como si no supiera de dónde había salido aquello.

Se rascó la cabeza con la mano que tenía libre.

—¡Ah! —Sonrió, con la cara iluminada al recordar. —Ya sabía yo que esta noche había venido aquí para hacer algo: o bien te clavaba esto en el corazón o jugaba a la Wii un rato. ¡Y me he dejado la Wii!

Entonces se encogió de hombros... y hundió la jeringa en el corazón de Hinata.

Con mirada enloquecida, Hinata inspiró, desesperada por coger aire, agarrándose a la jeringa que tenía clavada en el pecho, mirando cómo Mito trataba de descubrir la combinación del armario en el que Naruto guardaba las armas.

—La adrenalina te mantendrá consciente durante unos minutos, pero no demasiados.

Justo cuando el cuerpo de Hinata empezaba a recuperar un poco de energía, la valquiria abrió la armería y silbó al ver la espada.

El pánico se apoderó de Naruto al entrar en la habitación y empezó a llamar a Hinata a gritos.

—¿Has perdido a mi hermana? —preguntó Hanabi furiosa, siguiéndolo.

El volvió a respirar cuando vio a Mito en lo alto de la escalera, con Hinata en brazos. La valquiria lo miró sorprendida.

—¿Qué pasa? ¿Es que acaso Hinata no puede ir ni a retocarse el maquillaje?

Naruto estaba a punto de arrancar a Hinata de sus brazos cuando ésta lo detuvo.

—Ve con cuidado, demonio. Le duele mucho. No la aprietes demasiado.

Él asintió y la cogió con mucha delicadeza, casi acunándola. Hinata lo miró a los ojos.

—Naruto, por favor, no...

—Basta ya de quejas —la interrumpió Mito. —Él quiere cogerte en brazos. Considérate afortunada, hechicera.

—¡Ah, por todos los dioses, Hinata! —Hanabi corrió a su lado. Hinata levantó una mano para acariciar a su hermana, pero enseguida la apartó, para no correr el riesgo de pasarle el veneno.

—Hanabi... quédate conmigo... no hagas caso de Toneri.

La joven negó con la cabeza.

—Él me obligará a irme.

—Tú puedes ser... muy... persuasiva.

Por algún motivo, Hanabi abrió los ojos como platos pero Naruto no tuvo tiempo de analizar su reacción, pues Hinata estaba a punto de sufrir otro ataque. Notó cómo se tensaba en sus brazos y cerraba los ojos con fuerza.

—Hanabi, no tenemos tiempo que perder —dijo Naruto. Habían perdido varias horas buscándola, antes de encontrarla merodeando por las calles, esperando a Hinata. —Partimos hacia el portal ahora mismo.

En la puerta principal, Su hermano lo estaba esperando con Tanahi a su lado. Naruto sólo había coincidido una vez con ella, y le tranquilizó ver que ella lo miraba con preocupación y cariño en la mirada.

Menma dio unos pasos para bloquearles la salida.

—Deja que la hermana de Hinata se la lleve. No hay ningún motivo por el que tú tengas que correr tal riesgo.

—No pienso separarme de Hinata —respondió él.

—Mis hombres se reunirán aquí conmigo dentro de unos minutos. Iremos tras de ti.

De repente, Naruto se dio cuenta de que quizá, después aquello, no volvería a ver a su hermano.

—No, Menma. La misión de esta noche no es ésa —le dijo muy serio. —Tú puedes retomar la lucha en el futuro.

—Todo esto podría ser una trampa; Hinata puede hacer que la gente vea cosas. Te está capturando para entregarte Toneri. ¡Otra vez!

—¡Se está muriendo! —gritó Hanabi. —¿No hueles la sangre?

Menma no le hizo ni caso.

—Naruto, dame la combinación de la armería. ¡Utilizare la espada esta misma noche! —Ante la firme expresión de su hermano, dijo: —Entonces llévatela tú. Escóndela...

—No funcionará —intervino Mito, impaciente. —Toneri sabrá si Naruto le está ocultando algo.

—Tiene que haber otro modo. —Menma negó con la cabeza, abatido.

—Ponte en mi lugar —dijo Naruto. —Imagínate que fuera Tanahi la que estuviera a punto de morir con esta agonía.

Al oír eso, su hermano apretó la mandíbula, soltó una maldición y se hizo a un lado, golpeando la pared con el antebrazo de tan frustrado como se sentía.

—Serás un gran rey —le dijo Naruto antes de salir.

Menma lo miró con lágrimas en los ojos.

—¡No quiero ser el rey, joder! Y no quiero perderte justo ahora que las cosas... justo cuando ya no me odias.

—Nunca te he odiado —insistió Naruto, emocionado. —Te quiero, hermano. Y me siento muy orgulloso de ver en qué te has convertido.

Con Hinata en brazos y Hanabi pegada a sus talones, Naruto salió del portal y apareció en mitad de la corte de Konoha.

De inmediato vio a Toneri sentado en el trono.

—¿De qué va todo esto, Hanabi? —preguntó el brujo.

El castillo estaba casi vacío y todavía más repugnante que la vez anterior. Los cadáveres se amontonaban por todas partes, el hedor y las moscas eran insoportables. Los zombis seguían vigilando las murallas.

Naruto se obligó a no fijarse en nada de todo aquello; sólo le importaba una cosa. Sin titubear un segundo se dirigió hacia el estrado. Hinata se movió nerviosa, y apretó los dedos a causa del dolor.

Toneri lo detuvo con un movimiento de la mano, inmovilizándolo donde estaba.

—¿Naruto ha venido a verme? —Sonrió. Tenía los ojos de un loco maníaco. Se dirigió a Hanabi: —¡Tú vete de aquí! ¡Ahora mismo!

—¡Hermano, mírala! —suplicó Hanabi. —Se está muriendo ¡No puedo dejarla así! ¡Por favor!

—Ya se le ha parado el corazón —dijo Naruto. —Morirá en cuestión de minutos...

Desde el trono, Toneri se inclinó hacia delante.

—¡Abre tu mente, demonio! ¡Hazlo ya!

Naruto lo hizo, deseando que el hechicero viera la verdad... que lo único que quería era que Hinata se curara.

—Me han dicho que tienes el antídoto que puede sanarla. Eso es lo único que busco.

—¿De verdad no tienes ningún otro plan? Sé que no me engañas. Lo único que quieres es que tu mujer se ponga bien porque estás enamorado de ella. —Se rió con amargura. —No podría haber encontrado mejor castigo para ti, amar a Hinata sólo te ha traído desgracias.

—Si la quieres, tienes que ayudarla...

—Un momento... hay algo más en tu mente. Hinata, abre los ojos. —Tras unos instantes, Hinata parpadeó y obedeció. —Te ha traicionado el único que juró que jamás lo haría. Naruto te ha engañado. No están casados. Te mintió con lo del juramento. En vez de jurar que te protegería, juró que te haría daño.

Ella, con lágrimas de sangre en los ojos, levantó la vista y miro a Naruto.

—Por tu aspecto, hermanita, se diría que ha cumplido su promesa —añadió el brujo.

Naruto no lo estaba negando.

«¡No! ¡No! Ella quería ser su esposa... y ¿no lo era? ¿Naruto le había mentido? ¡Céntrate, Hinata!»

Más tarde ya se enfrentaría a la tristeza, en aquel momento tenía que seguir adelante con su plan. Cuando se le pasara el efecto de la inyección no podría seguir aguantando el dolor por mucho tiempo.

Sabía que ese ataque sería el último...

Toneri siguió hablando.

—La verdad es que el hecho de que hayas traicionado a Hinata es de lo más apropiado, demonio; al fin y al cabo, ella tenía intención de matar a tu hijo. A su propio hijo. ¿No es así, hermana? Ella y yo teníamos planeado entregárselo al Pozo y así desencadenar su poder. Por eso se esforzó tanto en seducirte.

—No te creo —contestó Naruto. —Y jamás podrás convencerme de nada de lo que estás diciendo.

—Toneri, podemos dejar esto para más tarde —intervino Hanabi. —¡Hinata necesita el morsus ahora mismo!

—¡Se lo daré cuando Naruto esté muerto y tú te largues de aquí! Vete antes de que te mate.

Ella dejó de llorar y lo miró gélida.

—No —dijo.

—¿Qué has dicho? —Cada una de las palabras del brujo destilaba malicia.

—He dicho que... no... hagas... brujería.

Al oír la orden de Hanabi, Hinata suplicó en silencio que funcionara. Todo dependía de eso.

Se quedó tan sorprendida como Toneri al ver que éste levantaba las manos para castigar a Hanabi sin que nada saliera de sus palmas.

Naruto se tensó con ella en brazos.

—¿Qué es esto? —gritó Toneri con una vena latiéndole en la frente. Los ojos se le transformaron hasta adquirir un color blanco metálico alrededor de su pupila y se encaminó furioso hacia su hermana. —¡Arderás Por esto, Hanabi!

—No te acerques más a mí.

El se detuvo de golpe y se quedó atónito, mirándola.

—¡Guardas! —gritó, para que acudieran los estúpidos zombis. Éstos se fueron acercando despacio, y los rodearon con las espadas en alto.

Hanabi se dirigió a ellos con voz firme diciéndoles:

—Pelead unos contra otros, y no contra nosotros.

Cuando los zombis empezaron a hacerlo, Hanabi corrió hacia las puertas de la corte y las atrancó para ganar tiempo.

«Ésa es mi hermana», pensó Hinata.

—¡No! —gritó Toneri. —¡Demonios! —llamó entonces.

—¡No les pidas que vengan! —dijo Hanabi, y Toneri se calló al instante.

Pero Hinata notó que con esa orden, el poder de su hermana había vuelto a agotarse.

Naruto se quedó de piedra cuando Hinata le susurró

—Tengo algo para ti, Naruto. —Y se apartó las sábanas con que la había envuelto Mito, enseñándole la espada que llevaba pegada al cuerpo.

Hinata recordó la escena con la valquiria:

—¿Por qué haces esto? ¿Por tu ejército o por Naruto? —le había preguntado mientras estaban solas.

—Tal vez lo esté haciendo por ti —le respondió Mito.

—Hinata —farfulló Naruto. —Yo, no... ¿no estás enferma?

—Sí, pero Mito me ha puesto una inyección para... para que tuviera las fuerzas necesarias para darte esto. Pero se me está pasando el efecto. Tienes que usarlo para matar a Toneri.

—¿Y quién te dará el antídoto?

—La Bruja... ella me ayudará... pero sólo si él muere. No nos queda mucho tiempo, Naruto. Los poderes de Hanabi son débiles... Shion puede entrar y anular sus órdenes.

—Entonces, si lucho con Toneri te estaré poniendo en peligro. No tenemos tiempo suficiente.

—Puedes hacerlo. Tienes que hacerlo. Destrúyele para siempre. Es tu derecho...

.

.

Continuará...