El rey Demonio
NUEVO COMIENZO
«¿Todo esto ha sido un montaje?»
Hinata se lo había advertido en repetidas ocasiones. «Yo siempre tengo un plan —decía. — Conmigo, nada es lo que parece.»
Por fin tenía la oportunidad de matar a Toneri, y mientras cogía la espada que ella le ofrecía, lo único en lo que podía pensar era en si ella habría fingido sus sentimientos hacia él. No. Conocía a aquella mujer y, en lo más profundo de su alma sabía que ella también lo amaba.
—Hinata...
—Primero mátale... ya hablaremos más tarde. Por favor.
Naruto asintió y luego se volvió hacia Hanabi. —Ven, coge a Hinata.
Hanabi corrió hacia allí y cogió a su hermana en brazos. —Si has recuperado tus poderes, entonces cúrala —le dijo Naruto.
—Estoy seca, demonio. No me queda ni una gota. No puedo ayudarla, no podré detener a los demonios del fuego si consiguen derribar la puerta, y tampoco podré inmovilizar a Toneri para que puedas decapitarle. Le he prohibido que usara brujería, pero todavía puede luchar contra ti.
Naruto cogió la espada y la levantó dispuesto a matar al hechicero. Los blanquesinos ojos de éste se desorbitaron al ver el arma.
—¿Cómo has conseguido entrar eso aquí? ¿Hinata? —Durante unos segundos Toneri pareció desolado, pero pronto recuperó su mirada de loco. —La has obligado a hacerlo —le dijo a Naruto. —Ella jamás me traicionaría por voluntad propia. Y desenvainó una espada con una hoja mística de fuego concentrado. —¡Incluso sin mi brujería puedo cortarte la cabeza! Estoy ansioso por enfrentarme a ti de nuevo, y esta vez lucharé por ella.
«Y yo también.»
—En cualquier otra circunstancia, me encantaría ir matándote poco a poco y saborear cada segundo de tu muerte —contestó Naruto avanzando hacia él. —Pero por mucho que haya anhelado este momento, ahora no tengo tiempo. —Jamás se habría imaginado que no se enfrentaría a Toneri, para recuperar su corona, sino para salvar la vida de la mujer que amaba.
Ambos contrincantes empezaron a describir círculos el uno frente al otro. El brujo fue el primero en atacar, pero Naruto se defendió sin problemas y su espada hizo que la del hechicero echara chispas.
—Es cierto que mi hermano Momoshiki ha forjado esa espada —dijo Toneri. —La mía suele partirlas todas en dos. —Se abalanzó de nuevo sobre él a una velocidad sobrehumana.
Naruto bloqueó de nuevo el ataque. Toneri era sorprendentemente bueno, igual que lo había sido mil años atrás. Era rápido, y sus ojos no anticipaban sus movimientos. El hechicero no dejaba entrever nada.
De nuevo, empezaron a moverse en círculos, buscando los puntos débiles del otro. Toneri saltó hacia adelante con la esperanza de apuñalar al demonio por la espalda, pero éste giró sobre sí mismo y detuvo el golpe con la espalda.
El brujo era ágil y tenía una buena técnica, pero Naruto también. Y era más fuerte y rápido que Toneri. Cuando su espada volvió a chocar con la de Toneri, Naruto empujó con todo el peso de su cuerpo hasta conseguir que el pulso del hechicero temblara, y poder darle entonces un golpe certero.
Sus espadas se encontraron una y otra vez. Hasta que Naruto hizo un amago que cogió al brujo completamente desprevenido y le asestó un golpe especialmente acertado. Toneri se tambaleó, y su cuerpo empezó a debilitarse.
Justo cuando se disponía a darle el golpe de gracia, el hechicero se quitó la capa y se la lanzó encima de la cabeza.
Con la visión tapada, Naruto dio un salto hacia atrás, apartándose la tela a tiempo de esquivar el que habría sido el peor ataque de Toneri. La hoja de fuego le desgarró la camisa y le hizo un corte en el pecho.
El brujo iba a atravesarlo con la espada al mismo tiempo que Naruto recuperaba la visión. Naruto se cambió el arma de mano y se dio media vuelta, y luego giró y atacó con la espada en alto. Acertó. La cabeza de Toneri rodó por el suelo. El resto del cuerpo cayó primero de rodillas y luego se desplomó.
«Tengo que ir con Hinata.» Pero no podía a cometer el mismo error que la última vez que se había enfrentado a aquella bestia, y se obligó a esperar unos segundos. Aquellos instantes le parecieron más largos que los novecientos años que había tenido que esperar hasta llegar allí.
El hechicero no se regeneró. El muro del que colgaban todas las tablillas de los pactos se desplomó. Con la muerte de su amo y señor, los zombis empezaron a caer fulminados por todos lados.
Naruto apretó la empuñadura de la espada para darle gracias y corrió hacia Hinata. El arma había cumplido con destino.
—Ya no es el Que no Muere —murmuró Hanabi.
De repente, las puertas del castillo empezaron a temblar bajo el ataque de los demonios del fuego, que querían entrar. Naruto se detuvo y se dio media vuelta, preparándose de nuevo para la batalla.
—¿Sigues sin poder hacer nada por Hinata? —le preguntó a Hanabi de espaldas.
—Nada, pero si salimos de aquí con vida podemos ir a buscar la Bruja...
Las puertas echaron humo y luego empezaron a arder. Los soldados del ejército del Reino que quedaban, casi todos demonios del fuego, no tardaron en entrar. La marea de guerreros se detuvo al ver a Toneri el Que no Muere, decapitado frente a su trono.
Todos gritaron querían hacerse con el castillo. Rodearon a Naruto y levantaron las palmas para mostrarle las llamas que allí ardían. Si lo atacaban a la vez con el fuego, podrían matarlo. «Son demasiados.»
Oyó cómo Hinata volvía a gritar de dolor.
La atención de los demonios del fuego ya no se centraba en Naruto, sino en algo que éste tenía a su espalda.
—¿Necesitas ayuda? —oyó preguntar a Menma.
Cuando se dio la vuelta, se encontró con su hermano y todo su ejército de mercenarios, con aspecto de estar sedientos de sangre.
Entonces, Naruto se dio cuenta de que, al morir Toneri, su hermano había recuperado la habilidad de teletransportarse, y había guiado a sus hombres hasta ahí.
Los mercenarios atacaron en el mismo instante en que Hinata volvía a gritar. Naruto corrió hacia ella, derribando a todo el que se interpuso en su camino. Cuando llegó a su lado, se colgó la espada del cinturón y la cogió en brazos. Había perdido la conciencia.
—¡Tenemos que encontrar a la Bruja! —gritó Hanabi. —Es la única que puede curarla.
El sujetó a Hinata con todas sus fuerzas y cruzó el salón del trono corriendo.
—¡Menma! —gritó a su espalda. —¡Voy a buscar a alguien que pueda ayudarla!
—¡Yo me encargo de esto! —contestó su hermano mientras atravesaba a otro de sus contrincantes. —¡Tengo experiencia con estos bastardos! Y esta noche me apetece derramar sangre de demonios del fuego.
Hanabi iba justo detrás de Naruto, y ambos estaban a punto de alcanzar la puerta.
—Demonio, ve hacia el sótano...
Pero algo la interrumpió de repente. Naruto se dio media vuelta y la vio caer al suelo.
Shion, con los ojos completamente rojos, la había derribado impidiendo que llegara a la puerta.
—¡Tú y tu hermana pagaran por esto!
Hanabi cogió la espada de uno de los zombis que había muertos por allí.
—¡Naruto, llévate a Hinata! ¡Vamos!
El no lo dudó y bajó la escalera a toda velocidad, antes de recordar que él también podía teletransportarse. Llevó a Hinata hasta las entrañas del castillo, pero había habitaciones por todas partes, y todas conectaban con multitud de pasadizos.
—¡Bruja! —gritó, dando una vuelta sobre sí mismo. —¿Dónde diablos estás?
—Aquí —contestó ella.
Naruto siguió el sonido de la voz hasta dar con una habitación que era exactamente como él habría imaginado que sería un laboratorio de pociones. Encima de las mesas había animales disecados, líquidos fermentándose, calderos en ebullición. Alas de murciélagos y patas de rana colgaban del techo.
La Bruja, sin embargo, no era en absoluto como había esperado. En vez de una vieja arrugada, tenía frente a él una bonita elfa de melena castaña. La hembra que había creído ver en aquella ocasión.
Y estaba haciendo las maletas.
—Sálvala... —le rogó entonces con voz ronca. —Tienes que salvarla.
—¿Y por qué tendría que hacerlo? —preguntó ella sin levantar la vista.
—Porque he derrotado a Toneri. Y creo que su muerte te ha liberado.
—Bueno, en eso tienes razón. —Lo miró a los ojos. —Me he pasado quinientos años esperando a que se rompiera la maldición. Tumba a Hinata sobre la mesa. —Buscó dentro de una caja fuerte y sacó dos cofres de madera. Abrió el primero, dentro del que había un vial lleno de un líquido negro.
Cuando la Bruja le ofreció el antídoto, Naruto lo aceptó e incorporó un poco a Hinata para poder dárselo. Pero antes miró de nuevo a la elfa.
—¿Me juras que esto la curará?
—¿Del morsus? Sí, lo juro. Pero no puedo hacer nada con su carácter.
Él enarcó una ceja a modo de advertencia, y acto seguido vació el contenido del vial entre los labios de Hinata. Esperó... Nada...
—¿Por qué no le hace efecto? —preguntó.
La Bruja negó con la cabeza sin saber muy bien qué pasaba.
—Debería haber funcionado. Tal vez sea demasiado tarde.
—¿Se le están sonrosando las mejillas? ¿Se está curando?
Hinata oyó la voz llena de preocupación de Naruto y fue despertándose poco a poco.
—Sí. ¿Aquélla era la Bruja?
—Típico de Hinata, hacernos sufrir hasta el último momento.
Cuando Hinata murmuró el nombre de Naruto, éste suspiró aliviado.
—Por todos los dioses, cwena. Estoy aquí.
Abrió los ojos y vio el fiero rostro de él mirándola con ternura. Naruto le acarició la mejilla con el dorso de los dedos.
—Os dejaré solos —farfulló la Bruja.
—Espera —dijo Hinata. ¿Quién era aquella mujer que tenía la misma voz que la Bruja? ¿Era ella? —¿Dónde está la cura de Hanabi?
—He dejado su vial encima de la mesa, al lado de los testículos de rinoceronte.
—Oh.
«Libres.»
Por fin eran libres de Toneri. Del veneno que él les había inoculado. Y al parecer la Bruja también lo era.
—¿Por qué eres... distinta?
—Toneri me despojó de mi poder de adivinar el futuro y me condenó a vivir en este agujero con aspecto de anciana. Y todo porque le dije que algún día se enamoraría de una hechicera. Hinata, tu hermano no fue a buscarte para atraer al demonio: lo hizo porque a su modo te quería. Pero tan pronto como te vi tuve una visión, y supe que tú y el rey demonio os casaríais y tendríais un hijo que abriría el Pozo de las Almas.
—Pero no del modo en que él me la contó, ¿no es así? —preguntó Hinata preocupada.
—Ni mucho menos. Toneri utilizó esa profecía, la retorció hasta que él mismo empezó a creerse sus propias mentiras. Y ahora, si me disculpáis, tengo que ir a buscar un portal. Llego quinientos años tarde a una cita.
—Espera...
—En el piso de arriba todavía están luchando, hechicera —dijo, y desapareció de la habitación.
—¡Llévame con mi hermana! —le pidió Hinata a Naruto.
Él los teletransportó al instante, pero Hanabi ya había derrotado a Shion y le estaba dando patadas a su cuerpo sin vida.
—¡Me he pasado siglos aguantando tus putadas! ¡Día tras día!
«Ésa es mi hermana.»
Hinata vio que Naruto miraba a su hermano, que luchaba encarnizadamente. Era obvio que Naruto quería estar con ella, y al mismo tiempo necesitaba ir a ayudar a su hermano.
—Tengo que echarle una mano a Menma.
—Ah, no, eso sí que no, Naruto. —Con un furioso movimiento de muñeca, hizo que todos los mercenarios fueran invisibles a los ojos de los demonios del fuego. —Tenemos que hablar.
—¡Esto es genial! —exclamó Menma.
Después de unos minutos observando a su hermano pasándoselo en grande y a Hanabi desquitándose, Naruto dijo: —Creo que lo tienen controlado.
Envainó la espada y se teletransportó junto con Hinata hasta la habitación que ella había ocupado en el castillo, la que tenía una terraza que daba al mar.
—No te habrás creído lo que Toneri ha dicho sobre el Pozo de las Almas ni lo del sacrificio, ¿verdad? —le preguntó Hinata después de que él se asegurara de que ella estaba bien. —Ni que yo formaba parte de todo ese plan...
—Por supuesto que no. Igual que tampoco creo que tuvieras todo esto planeado desde el principio. Lo que ha sucedido entre nosotros a lo largo de la última semana ha sido real.
—¿Como nuestro matrimonio?
La expresión de Hinata era inescrutable, pero los ojos le brillaban cada vez más. Naruto era incapaz de prever cómo reaccionaría a lo de su engaño, no tenía ni idea... Estaba tan cerca de lo que siempre había soñado...
—¿Lo que Toneri ha dicho al respecto es mentira?
Naruto se pasó la mano por los labios.
—Yo... Hinata.
—No puedes contestar, ¿no es así?. Yo no soy tu reina. ¿Qué me juraste aquella noche? ¿Qué me dijiste con tanta solemnidad?
—Que me vengaría de ti.
Ella frunció las cejas, y el labio inferior le empezó a temblar. A Naruto se le rompió el corazón.
—Por todos los dioses, Hinata.
Ella estaba destrozada. Y tenía motivos para estarlo. Mira que portarse como si se hubiera casado con ella...
—Naruto, me siento... —tragó saliva y negó con la cabeza— tan orgullosa de ti... —Los ojos se le llenaron de lágrimas. —Es la primera vez que consigues colarme una mentira.
Él se quedó boquiabierto.
—¿No estás... no estás...? —La cogió en brazos y la abrazó.
—Bueno, al principio sí que me he puesto furiosa. Pero, por suerte para ti, no soy idiota. Cuando veo que alguien está dispuesto a sacrificar su vida por mí, tiendo a perdonarlo.
—Lo haría gustoso, Hinata. Siempre.
—Sí, bueno, y la verdad es que también me he dado cuenta de que puedo echártelo en cara durante toda la eternidad. ¡Imagínate qué ventaja tendré siempre que tengamos que negociar algo, Naruto! —Puso voz de falsete y le explicó lo que quería decir con eso: —¿Qué es eso de no querer institucionalizar el Día de la Minifalda? ¿Acaso no te acuerdas de que me engañaste sobre nuestro matrimonio?
El la cogió por la nuca.
—Hazlo, échamelo en cara durante el resto de nuestros días. Haz que me aburra de oírlo. Lo único que me importa es que te quedes conmigo.
—Al parecer, no tengo elección, y, totalmente sin querer, me he enamorado de ti. Te amo.
La línea que Naruto tenía en la frente se le marcó todavía más.
—Yo también te amo, hechicera. Y quiero solucionar lo de nuestro matrimonio ahora mismo.
Hinata le cogió la cara con las manos.
—Me alegro, porque necesito tener autoridad para hacer algunos cambios por aquí. Ah, y esta vez dímelo en un idioma que entienda.
Fin
