—. Un amigo silencioso . —
Zafiro no entendía cómo fue que todo se salió de control tan pronto, todo estaba perfecto no hacía más de 30 minutos, las lágrimas empapaban el pelaje de sus mejillas color acqua, se sentía muy mal, el pecho le ardía y la ansiedad que descargaba espasmos en su cuerpo no terminaban, también se sentía aterrada.
No sabía que pasaría con ella ahora que había roto una regla importante, sabía que pasaba y hubiera estado más tranquila si solo la hubieran encontrado a ella descansando, pero ese dragón, el señor D, los había atrapado a Zogos y Zenith tratando de ayudarla, lo que significaba que estaba distrayendo el trabajo de los otros esclavos a parte de estar de "holgazana". Esta no era a la celda que llevaban a los que atrapaban sin descansar, sinceramente no conocía este lugar. Este camino era nuevo para ella, sabía que la mina tenía muchos túneles en lo bajo de la superficie, incluso mucho más allá de donde ella había alcanzado a conocer en lo largo de su estadía ¿Pero este lugar? Aquí hacía más calor que en la zona donde acostumbraba a vivir prisionera, era sofocante, estaba sudando sin siquiera hacer el mínimo esfuerzo físico.
Tenía suerte de haber bebido la botella de agua que tenía Zenith. Al recordarlo nuevamente se frunció el ceño en su cara recordando al intrépido y valiente unicornio, solo deseaba que tanto a él como a Zogos no les hubiera pasado nada malo. 12,300 entendía que no podía permitirse seguir llorando o pasaría un mal rato pronto, no podía desperdiciar más líquido de forma innecesaria o sufriría nuevamente una deshidratación, ya le había pasado en anteriores ocasiones, por ahora no podía hacer nada mas que sentarse y esperar a que las cosas siguieran su rumbo.
Abrazó su cola rosada a sus piernas y agachó sus orejas, sus pies descalzos y cubiertos de pelaje se sumergían ligeramente en el barro bajo ella, sus ojos se enfocaron distantes en la nada, mientras que pensaba y pensaba recordando cosas, buenos momentos que había vivido con el resto de esclavos de la mina, los que llegaban a este infierno y los que se iban a una mejor existencia, los números de aquellos estaban quemados en su mente y jamás los olvidaría, su estómago se encogió pensando en qué era de aquellos a los que solo había visto una vez ¿seguían vivos? Probablemente no.
Un sonido diferente la sacó de sus pensamientos, giró su atención al lugar de donde provenía, ese sonido era muy diferente aquellos que producía naturalmente la mina, era el goteo del agua que chocaba contra una superficie de metal como el acero. Sus ojos fueron a parar en aquella extraña figura arrumbada contra un muro de roca al fondo de la celda y la curiosidad la invadió nuevamente, era cierto que ya había visto aquel "poni terrestre" cuando llegó, pero no lo había analizado bien. Se puso de pie y se acercó a pasos cuidadosos para analizar al gigante de hierro color verde con negro, trató de buscar en sus recuerdos algo similar que haya visto en su vida pero nada venía a la mente, lo más cercano era esas armaduras que usaban los guardias reales sobre sus hombros y pecho, pero aun así estaba muy alejado del concepto que presentaba este gigante tumbado contra la pared.
Infería que era un poni terrestre porque no tenía cuerno que sobresaliera sobre su cabeza ni alas de su espalda, que de seguro si tuviera estarían cubiertas de ese mismo material de color verde, pensó. Pero esta cosa… incluso si fuera un poni terrestre sería uno muy raro. Se subió con cuidado sobre lo que pensó sería el pecho del gigante, la extraña armadura que cubría al poni se encontraba algo caliente y era muy dura, tan dura como los cristales que extraían de la mina.
De inmediato recordó el cristal de aumento que le había dado Zenith para observar, recordando culpablemente que ahora lo tenía ella y posiblemente había arruinado el plan del unicornio para poder escapar de ese lugar. Agitó su cabeza y borró todos esos pensamientos negativos de su mente, ya habría otro momento para ellos. Sacó el cristal de una bolsa de su vestido trozado, el cual pulsaba y brillaba de un color morado intenso, podía sentir la poderosa energía mágica que corría por él, su pelaje se alzaba en punta al tenerlo en su mano. Era justo lo que necesitaba para iluminar bien al gigante de hierro.
Se sentó sobre el pecho del cuerpo inmóvil y comenzó a iluminarlo por completo, las formas de la armadura eran muy extrañas y cautivadoras, no parecían de ese mundo, cuadros, círculos, líneas y demás formas iban y venían por todo el cuerpo del "poni" debajo de ella, mientras que debajo de las partes verdes había otros patrones de figuras diferentes, dibujadas sobre el metal negro que era protegido por la capa verde de encima. Se detuvo repentinamente al analizar la parte izquierda del pecho del gigante y en el pudo ver algo que la dejó totalmente impresionada. Había un número grabado de color blanco en él.
—086… —Murmuró aún perpleja, observando los tres números una y otra vez mientras que los pensamientos corrían a mil por su joven mente.
¿El también era un esclavo en este lugar? Frunció el ceño y apuñó sus pequeñas manos con impotencia. Claro que él también lo era. Todos aquí lo eran y siempre sería así, las especies fuertes dominaban a las débiles, ese era el cruel destino que le tocó vivir.
La luz del cristal revotó en la parte amarilla de la armadura que protegía la cara del poni gigante, cegándola repentinamente, provocando que soltara el cristal de aumento y cayera en el lado derecho de lo que se suponía era el cuello de este, la pequeña se talló los ojos rápidamente y agitó la cabeza, borrando esa luz de sus retinas y ajustándolas nuevamente a la luz que producía la piedra preciosa en la celda.
La pequeña potra se quedó observando de nuevo al gigante enigmático que tantas dudas sembraba en su mente. ¿Por qué seguía aquí? ¿Por qué los dueños no lo llevaban arriba a trabajar en la búsqueda de más cristales? ¿Siquiera estaba vivo? Eran muchos las posibles causas y ninguna tenía más sentido que la otra, el por qué de la existencia del ser bajo ella desafiada el entendimiento que había adquirido en este lugar durante el tiempo que llevaba siendo esclava.
Había pasado tanto tiempo pensando que olvidó que ya era la hora de irse a dormir, no lo sabía del todo si no que su reloj metabólico le estaba provocando bostezos y cada vez el cansancio parecía apoderarse de ella, lentamente recostó su cabeza sobre el pecho duro y verde de aquel ser tan extraño, apoyo sus dos manos debajo de su frente simulando una almohada y cerró los ojos, su ritmo cardiaco calmándose poco a poco a la vez que su respiración, las preocupaciones y el temor se desvanecían a la vez que sus ojos se cerraban hasta que finalmente entró en el mundo de los sueños, de forma inconsciente se acurrucó en el calor que emitía la armadura del extraño ser, colocando sus brazos uno encima de otro en forma de cruz, para apoyar su cabeza en ellos simulando una almohada.
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Su cabellera color magenta quemado ondeaba al son de las cálidas corrientes de viento, acariciando sus mejillas en el vaivén de las olas gaseosas que abrazaban su cuerpo, se encontraba sentada en una colina de gran altura que podía acceder sin temor alguno por una cuesta creciente en forma de espiral, de ahí podía ver todo su pueblo, la tonalidad rojiza del atardecer que hacia rebotar los rayos del sol sobre el heno que saturaba los amplios campos que se perdían en la lejanía de los ríos y las montañas le brindaban un espectáculo de maravilla.
—¿Te vas a quedar ahí todo el resto del día, Zafiro?. —Escuchó la voz de uno de sus amigos a sus espaldas, giró la mirada por encima de su hombro para verla, una unicornio casi de su misma edad. Ojos llenos de vida y curiosidad, sonrisa tierna y voz juguetona, un poco mas alta que ella. —Vamos, aún tenemos que encontrar a los demás o si no perderemos el juego. —Anunció la amiga, echándose a correr de nuevo, perdiéndose entre los árboles que llenaban el relieve de color café y verde.
—¡Está bien! ¡oye espérame!. —Exclamó Zafiro, siguiendo las marcas de las sandalias que habían dejado los pies de su amiga detrás.
Estos eran los días de Zafiro, llenos de calma y tranquilidad, humildes pero siempre lectores de algo nuevo, comenzaba al despertarse, desayunar con su familia, ir a la escuela con sus amigos, volver a casa, comer, hacer tareas para después jugar con sus amigos, bañarse, cenar y dormir. Era simple pero encantador para ella.
—Vamos, ustedes siempre hacen trampa ¿Cómo es que nos encuentran tan rápido?. —Se quejaba uno de los potrillos, un pony terrestre al igual que ella, mientras yacía recostado contra el tronco de un árbol, seguido de él una pegaso y un unicornio.
—Pues es sencillo, no saben esconderse bien. —Respondió la amiga mayor de Zafiro, colocando las manos en su cadera y agitando su cola de un lado a otro de forma pícara, sonrisa que solo hizo irritar al potro que solo robó los ojos en señal de molestia.
—No es verdad, no te creo, de Zafiro si pero de ti no, usas magia para detectarnos. —Aseguró el pequeño, mirándola de forma recelosa, inflando el pecho en un acto de seguridad.
—¿Detectarlos con magia? No creo que algo así sea posible, y si lo es no podría hacerlo, apenas puedo levitar cosas y no muy pesadas, no se usar bien mi magia, Bronze Hooves. —Exclamó en su defensa la unicornio.
—Insisto, creo que mientes, Shine Star, pero está bien no quiero discutir mas eso, tengo hambre, ya es hora de cenar y pa y ma estarán molestos si no vuelvo pronto. —Aseguró el potro terrestre, poniéndose de pie y observando a los que reposaban a su lado con una ceja arqueada, observando al unicornio y a la pegaso. —¿Qué hay de ustedes? ¿Se quedarán aquí? Ya casi es de noche y recuerden que hay brujas y monstruos que merodean este bosque en la noche. —Aseguró, haciendo que los dos se pusieran de pie con reflejos felinos.
—Aw, siempre de aguafiestas Bronze, ya me había quedado cómodo en ese lugar. —Exclamó el unicornio en protesta.
—Pues a mi no me da miedo, no creo en esas cosas. —Respondió la pegaso, sacudiendo sus alas y su ropa para ponerse a su lado con el ceño ligeramente fruncido.
—Bro, no puedo creer que tu hermana sea más valiente que tú. —Exclamó el potro a terrestre de forma pícara al unicornio, dándole ligeros codazos en el costado, provocando que este agachara las orejas y se sonrojara por la vergüenza.
—Ya basta Bronze, todos debemos volver juntos o no nos dejarán jugar aquí de nuevo. —Exclamó Shine Star, comenzando a caminar a la cuesta. —Andando, falta poco para que se nos acabe la luz del día.
—Desde cuando es ella la líder del grupo, siempre nos está dando órdenes. —Murmuró con ligera molestia el unicornio, sintiendo el azote de un ala de su hermana en la cabeza en respuesta. —¡Oye!.
—Quizás sea porque Star es la mas inteligente y valiente de todos nosotros. —Respondió la potrilla, mirando de reojo a su amiga terrestre. —¿Verdad que si Zafiro?.
—Sí, ella es asombrosa. —Contestó la potrilla de pelaje color menta, observando a la unicornio que caminaba frente a ellos con una sonrisa de ensueño y ojos llenos de brillo, era evidente para todos que tenía gran admiración por la unicornio.
Resumieron su camino al pueblo, cada vez se veía mas cerca, en el paso se encontraban con los tres tipos de razas, volando, caminando, demostrando su magia alegremente en convivencia, Zafiro miraba los alrededores y no podía evitar sonreír contangiandose de aquél sentimiento tan tranquilo que le trasmitía su alrededor, para ella esto era un paraíso digno de los dioses, todos lo días parecía la misma rutina y sin embargo jamás se cansaba.
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—Oigan, qué les parece si nos sentamos en el tronco del centro y platicamos historias de terror ¿Después de comer?. —Ofreció Bronze, colocando la mando alrededor de su amigo unicornio, quien parecía encogerse de hombros con cierta incertidumbre. —Mi papá me ha contado algunas cosas nuevas que me gustaría compartirles.
—No veo por qué no, está bien. —Contestó Shine, mirando a la pegaso detrás de ella. —¿Qué hay de ti, Whirlwind?. —Esta se encogió de hombros, asintiendo con una sonrisa ladeada.
—Eh… creo que me faltó terminar un poco de tarea. —Anunció tímidamente el unicornio, recibiendo otro alazo de su hermana pero en la espalda, de forma alentadora.
—Vamos, Dazer Spark, no seas mentiroso, terminaste al tiempo que yo tu tarea. —Lo delató la pegaso, mirándolo con una sonrisa pícara. —¿Acaso tienes miedo de escuchar esas historias?. —Preguntó, provocando la sonrisa de Bronze y Star, Zafiro miraba la escena con una sonrisa.
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—Soy muy afortunada de tenerlos como amigos, chicos. — aseguró Zafiro, mientras se encontraban sentados en circulo frente una lámpara de Kerosene, recostados sobre un conjunto circulas de troncos secos que habían sido cortados y colocados ahí para el descanso de los ponys que transitaban en el día por la cercanía. —De verdad.
—Aww, qué tierna eres, Zafiro. —Exclamó Star, abrazando a la potra terrestre de forma cariñosa.
—Claro, no encontrarás a nadie tan cool como yo en otro lugar. —Aseguró Bronze cruzándose de brazos con una sonrisa pícara, Whirlwind se sonrojó al mirarlo y trató de esconderlo lo mejor que pudo, detalle que no pasó por alto en los ojos de Zafiro y Star.
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—¿Estaremos siempre juntos?. —Preguntó Zafiro, ya habían terminado de contar sus anécdotas de terror y Dazer Spark estaba que se echaba a correr a su casa en cualquier momento.
—Sí, siempre seremos los mejores amigos. —Aseguró Bronze, alzando su mano y colocándola al frente del círculo de amigos.
—Por supuesto, sin duda alguna. —Contestó Star, colocando su mano sobre la del potro terrestre.
El resto de amigos sonrió e hizo lo mismo.
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Los ojos de la pequeña se abrieron de golpe ante el incesante golpeteo de las puertas de hierro que la mantenían aprisionada en la celda, el miedo y la adrenalina se disparó en su cuerpo y se puso de pie de inmediato, perdiendo el efecto somnoliento al instante, su corazón se agitó rápidamente, por instinto caminó hacia atrás hasta atraparse contra la pared de roca sólida, al hacerlo sintió que el piso debajo de ella se había movido, como si hubiera bajado un escalón sin saberlo, no pudo evitar gritar ante el suceso pero luego recordó al gigante de hierro color verde en el que se había dormido, agachó su mirada para encontrárselo en la misma pose que lo había visto antes de quedarse dormida, luego miró el cristal de aumento pero este ya había perdido su color, se había apagado completamente, iba a tomarlo pero las puertas de su celda se azotaron de golpe, tomando su atención nuevamente, el terror la invadía de nuevo.
—¡Pequeña basura! ¡¿Dónde demonios te metisteeee?! . —Rugió con furia el extraño que había perpetrado en la celda, la poni terrestre reconoció la voz de inmediato y sintió como la sangre se le helaba, era el señor M. —¡Sal de donde estés maldita sabandija o cuando te encuentre te asesinaré!. —Exclamó con rabia en aumento.
La lámpara que el minotauro cargaba en su mano iluminaba cada vez el fondo de la celda a cada paso que daba, la pequeña se pegó lo más que pudo a la pared, tratando de unirse a ella si fuese posible, pero fue en vano, pronto la luz intensa del fuego iluminó su cuerpo frágil y mallugado, la pequeña pudo ver la ira resplandeciente en los ojos rojos del minotauro.
—Me hiciste pasar una vergüenza enorme ante los demás, pequeña basura. —Gruñó el Minotauro, dando un paso tras otro lentamente, ignorando por completo al gigante de acero que se encontraba tumbado a sus pies. —Lo que provocaste es algo imperdonable, no podrías pagarlo ni siquiera con tu mísera vida. —Confesó, dando otro paso, sacando detrás de su cintura un maso enorme, con enormes rastros de sangre seca impregnados en él. —Así que, estoy pensando en la mejor forma de hacerlo durar.
Los ojos de la potra se llenaron de lágrimas de horror, temblando de forma descontrolada, sentía que el corazón le iba estallar en cualquier momento, este era, el momento de su fin. El Minotauro alzó el maso a lo más alto que su brazo estiraba, mirando con odio profundo a la poni.
—Vas a sufrir, basura. —Murmuró con voz demoniaca, para dejar caer el enorme cuerpo de madera contra ella, quien sólo cerró los ojos esperando recibir el impacto.
Escuchó el sonido de choque, pero el dolor nunca vino ¿Será que ya estaba muerta? De ser así sintió un enorme alivio repentino, todo el sufrimiento había terminado para ella, la imagen de sus padres vino a su mente, quizás podría verlos ahora. Abrió los ojos con cuidado para observar el paraíso que ella imaginaba, pero cual fue su sorpresa al ver que el maso del minotauro había chocado contra el casco del ser misterioso cubierto de armadura verde que ahora se encontraba sentado frente a ella, la cabeza cubierta de armadura del extraño "poni terrestre" había absorbido el impacto que ella debió recibir.
Los ojos tanto de la poni como del minotauro se abrieron enormemente, con diferentes sentimientos pero un mismo pensamiento.
Ese ser cubierto de metal se había despertado.
—Qu-Qu-Qu-Qué-Qué de-demonios está pasan-… —El minotauro no terminó de hablar puesto que fue impactado de lleno en la cara por el puño del extraño ser cubierto en armadura.
La pequeña estaba mirando todo en primera fila y sin embargo no pudo ver cuando fue que el gigante de hierro había lanzado su puño contra el rostro del señor M, ni siquiera había parpadeado, fue como si la mano de ese extraño había aparecido de la nada en la cara del dueño. El impacto del golpe disparó hacia atrás al maligno minotauro, haciéndolo estrellar contra una de las paredes de roca de la celda, la potrilla lo pudo ver, la cara del minotauro ahora se encontraba deformada, había chorros de sangre saliendo de su boca, nariz, incluso de los oídos y los ojos. Ya no se movía ¿Acaso estaba muerto? Observó que no había movimiento de respiración en el pecho de este, no podía creerlo, el extraño ser había acabado con la vida del señor M de un solo puñetazo, ni siquiera los ponis terrestres mas fuertes que había conocido en la mina podían hacerle rasguños a ese dueño, su piel era muy dura y resistente.
El gigante de hierro se puso de pie rápidamente, quedando en una posición perfectamente erguida, la pequeña observaba, se tapó la boca y trató de quedarse lo mayormente quieta posible, pero el temblor del miedo que acaba de pasar aún no se desvanecía del todo de su cuerpo. Observó como el gigante aún le daba la espalda y vio como este alzó su mano derecha y la colocó a un lado de su cara, cerca de donde debería ir el oído, supuso.
—UNSC, este es Sierra 086 ¿Me copian? Sierra 086 llamando a la UNSC ¿Me copian?. —Exclamó el gigante.
La voz que podía notar, era masculina, cautivó completamente a la pequeña potrilla a sus espaldas, y cada palabra que él decía la llenaba de confusión ¿UNSC? ¿Sierra? Parecía que este prisionero tenía alguna especie de palabra secreta para identificarse… pero ¿realmente era un esclavo como ella y los demás? Escuchó que él dijo su número, el que tenía grabado en su pecho como todos los esclavos tenían ordenado hacerlo pero, él no parecía un esclavo ¿por qué un esclavo mataría a un amo con tanta facilidad? ¿no era que ellos eran escogidos por ser los más débiles y manipulables? Estaba muy confundida, realmente no entendía para nada a esta armadura de hierro andante.
El Spartan no recibió señal alguna de la SCARLET MOTION, o de alguna tropa de choque o pelicans que pudieran están en rango, miró a su alrededor y entendió que estaba en alguna cueva con una profundidad considerable, si es que la señal de su transmisor no lograba llegar a las radios de algún elemento de la UNSC, observó en su pantalla de información digital (HUD) que aparecía en su visor de triple grafeno Ionizado la información que la inteligencia integrada del MJOLNIR MARK GEN 1.5 lanzaba. Cálculos de la densidad del aire donde se encontraba, el tipo de suelo de las paredes, la humedad y por último la temperatura, para calcular con un margen de porcentaje de error de 0.15 la profundidad a la que se encontraba.
La información que arrojó el HUD expresaba que el super soldado se encontraba a una profundidad de 950 metros, dejándolo un poco confundido. Apuñó sus manos cubiertas por la armadura base de color negro y encendió los faros de luz led que permanecían a los costados de su cara a la vez que le daba importancia al ser que se encontraba a sus espaldas, el radar en su HUD mostraba un punto blanco con distancia de 10 centímetros en ángulo de 270°, se dio media vuelta para observar al espécimen que lo acompañaba, lo cual hizo detenidamente.
¿Covenant? No, muy improbable, densidad muscular y ósea incompatibles con la de las condiciones de todo tipo de vida que servía bajo el Covenant, el Spartan escaneó la fisiología del pequeño ser a más profundidad, el HUD lanzaba otros datos importantes como la necesidad del espécimen para respirar CO2, otro dato que descartaba la posibilidad de que fuera del Covenant. Terminó su análisis rápidamente.
La pequeña observaba con los ojos entrecerrados por la intensidad de la luz que estaba siendo enfocada en su cara al gigante que ahora la miraba directamente ¿Cómo estaba produciendo esa luz? se preguntaba con enorme curiosidad, era tan intensa como la luz del sol, nada similar a las llamas de una antorcha o lámpara.
—Identifícate. —La voz fría y masculina del gigante la sacó de sus pensamientos, la pequeña potra comenzó a temblar de nuevo, la figura de ese ser era muy imponente.
—¿I-iden-dentificarme?. —Preguntó con voz temblorosa la pequeña, sin entender una pizca de a lo que el enorme ser de metal se refería.
—¿Qué eres?. —Preguntó de nuevo el Spartan, esperando de forma inmutable la respuesta. La pequeña entendió rápidamente.
—So-soy una poni… una poni terrestre, mi nombre es Zafiro. —Respondió con enorme confusión la pequeña. —¿Acaso tú no eres un poni terrestre?. —Preguntó con valentía desconocida por ella misma.
¿Poni terrestre? Poni, una raza de equino que los humanos usaban para múltiples tareas, un animal sin consciencia, cuadrúpedo, obviamente un animal terrestre. Lo que estaba enfrente de él no se veía para nada como un poni. El super soldado no entendía nada, sus conclusiones lo dejaban aún más confundido.
—Conozco a esa raza de equinos, y no te ves para nada como uno de ellos. —Respondió el Spartan, la pequeña podía jurar que la presencia del gigante se había hecho mucho más intimidante. —Los ponis son cuadrúpedos y carecen de inteligencia y consciencia, no son humanos con pelaje y rasgos faciales de animales, dime la verdad. —Ordenó severamente, haciendo que la pequeña cayera sentada sobre su retaguardia temblando con más intensidad.
—Pe-pero es es es la ve-verdad señor. —Respondió casi balbuceando por temor. —Soy una po-poni te-rrestre-tre, u-una de las 4 ra-razas de ponis, las o-otras 3 son pe-pegasos, u-unicornios y y alicornios. —Confesó, quizás si decía todo eso evitaría ser asesinada por este extraño ser.
¿Pegaso? ¿unicornio y alicornio? El Spartan no terminaba de comprender lo que el pequeño ser, ahora identificado como Poni, le estaba diciendo, esos seres eran mitológicos, incluso en el covenant no se veía nada similar, pero la humanidad pensaba que era la única especie inteligente, hasta que conoció a esos bastardos lavados del cerebro por una religión condenada, la posibilidad de que hubiera otras especies inteligentes mas allá de la galaxia era firme.
—Eso que acabo de matar no se ve como tú, ni como un unicornio o pegaso que me pueda imaginar ¿Qué es?. —Preguntó el Spartan, mirando de reojo al cuerpo inerte detrás de él que seguía desangrándose.
—Ese es un minotauro. —Respondió la pequeña potra. Se puso de pie lentamente, algo dentro de ella le decía que este extraño ser no le haría nada malo si acataba todas sus órdenes a la primera. —Señor, si usted no es un poni ¿Qué es?. —Preguntó con enorme curiosidad, el gigante no dejaba de enfocar su cara de color amarillo en ella.
El Spartan 086 se quedó estático, pensando en qué demonios había pasado y por qué se encontraba en ese lugar, su última memoria era entrando en la cámara de criogenización al haber abatido una fragata espacial del covenant en compañía del resto de su equipo designado, el equipo verde. Había escuchado a la pequeña alienígena pero no le prestó mucha atención, ya había identificado que no era una amenaza alguna para él, incluso en el estado desarmado en el que se encontraba.
—¿Señor?. —Preguntó de nuevo Zafiro.
—¿Dónde estamos?. —Preguntó de nuevo el Spartan, apoyando su atención en la salida de la celda que era iluminada por sus luces laterales y lo que quedaba de la antorcha del minotauro. —¿Qué es este lugar?.
—Estamos en una mina de cristales, una mina de esclavos para extraer todo tipo de cristales útiles para la venta. —Respondió la potra, observando aún maravillada cada movimiento que hacía el gigante frente a ella, ya de cerca podía apreciar que apenas y le llegaba al comienzo de lo que suponía era la rodilla de aquél ser bípedo. El Spartan analizó la información detenidamente, observó la vestimenta y los manchones de sangre seca, raspones y demás maltrato físico sobre el pelaje de la criatura frente a él, infirió rápido que no lo estaba engañando, además parecía ser muy dócil, sin igual al comportamiento hostil de los Covenant.
—¿Qué planeta es este?. —Preguntó el acorazado de color verde y negro.
—¿Planeta?... —La pequeña se quedó en silencio, contemplando esa pregunta sin apartar su vista del gigante, llena de extrañeza y confusión, no era común que alguien preguntara seriamente el nombre del planeta que habitaban, estaba segura, pero temiendo a que hubiera represalias contra ella si no respondía asintió rápidamente. —Este planeta se llama Equus. —Respondió, recordando las lecciones que su maestra impartía en la escuela.
El super soldado asintió lentamente, descifró que la pequeña criatura no podría responder todas sus preguntas, estaba en sus primeros años de vida a juzgar por su apariencia y fisiología, tendría que obtener más información fuera de ese lugar.
—¿Qué edad tienes y cual es tu nombre?. —Preguntó el Spartan. Sus censores comenzaron a detectar puntos que provenían por el camino de la entrada a la celda, se estaban acercando, las vibraciones que emitían se hacían cada vez más fuertes.
—Soy Zafiro, tengo 12 años. —Contestó la pequeña, sus orejas se movieron en la dirección de lo que parecían ser pisadas aproximándose rápidamente. El Spartan observó ese detalle con interés, al parecer las orejas de estas… estos ponis eran muy sensibles.
—Retrocede. —Ordenó el Spartan, dándole la espalda a la potra, quien asintió rápidamente y se pegó lo mejor que pudo a la pared.
—¡Ese minotauro estúpido cree que tenemos todo el tiempo del mundo!. —Exclamó una voz gruesa y ronca, las pisadas se hacían más fuertes.
—¡Esperemos que ya haya terminado de matar a esa asquerosa poni! ¡no quiero lidear con gritos de mocosos en este momento!. —Bufó otra voz menos ronca, pero con aparente molestia reflejada.
De pronto un Changeling y un Griffin aparecieron en la puerta, portando una vestimenta similar a la del ahora cadáver del minotauro que cada vez formaba un charco más grande sangre, mezclándolo con el barro del piso. Los dos depredadores se quedaron inmutados al ver al gigante cubierto de metal de pie, apuntando esas luces brillantes en sus caras obligándoles a entrecerrar los ojos.
—¿Qué demonios?. —Preguntó el Griffin, su vista se desvió ligeramente al cadáver del minotauro con la cara invertida hacia adentro bañado en su propia sangre. El Changeling se percató un segundo después.
086 Se puso en una forma de combate militar ajena a todos los que lo estaban mirando, alzando ambos puños a la altura de sus hombros y encorvándose sobre sus dos piernas ligeramente separadas.
—Tú lo mataste maldito fenómeno. —Habló con impresión el Changeling, observando al gigante frente a él.
El Griffin se lanzó al ataque, sacando un cuchillo de combate reforzado con un mango de cuero de su cintura, lanzó el primer zarpazo al pecho del Spartan, pero el supersoldado fue más veloz, esquivando el ataque con un movimiento rápido de cadera y aprovechando su momento enterró su puño izquierdo en el costado derecho del enemigo, el impacto fue tan rápido que nadie, nuevamente ni la potra pudo percatarse de nada, y la magnitud fue tan grande que la colisión del puño destruyó las costillas, hígado y el pulmón derecho del Griffin, batiéndolos en un remolino de carne, sangre y huesos. La inercia del impacto se hizo presente y el alado ser con cabeza de águila liberó un torbellino a presión de sangre por su boca, nariz y oídos. La muerte fue instantánea, el cuerpo inerte del señor G cayó tendido en el piso.
El changeling no tuvo tiempo de reaccionar cuando el super soldado apareció enfrente de él, tomándolo por la cabeza y apoyándose sobre uno de sus pies lanzó por sobre su hombro al alienígena de piel gris con negro, dio un salto y aprovechando que el cuerpo de su enemigo se encontraba girando en el aire en contra de las manecillas del reloj lanzó una patada justo en la columna vertebral de este a la altura de su espalda en un movimiento giratorio opuesto, el impacto del ataque destruyó por completo la médula espinal del changeling, apagando su sistema nervioso de inmediato por la resonancia de la colisión dentro de su cuerpo, tocó de nuevo el suelo ya sin vida. El Spartan cayó al suelo en un movimiento giratorio elegante y recobró rápidamente la compostura.
Zafiro no podía creer lo que sus ojos acaban de ver, apenas y logró ver borrones de color verde cuando el gigante se movía, y solo pudo apreciar como los dos dueños morían casi instantáneamente al momento de que este extraño ser los combatía, jamás había visto algo tan horrible e increíble, ni siquiera recordaba que los guardias reales que visitaban alguna vez su pueblo se movieran de esa forma.
—Necesitamos salir de aquí niña, si esta es una mina debe haber muchos caminos que pueden llevar a cualquier parte ¿conoces el correcto para salir de aquí?. —Preguntó el guerrero de metal, la pequeña salió de su trance y asintió rápidamente, mirando al visor amarillo de este. —Andando. —Ordenó, tomando el cuchillo que había tirado el Griffin.
El Spartan tenía que detenerse a cada momento para esperar a que la pequeña potra lo alcanzara, aprovechada dichos periodos para revisar el movimiento de los enemigos y ver que no fueran emboscados en algún momento de su eterno ascenso a la superficie, aún faltaba bastante qué recorrer. Notaba como la poni tardaba cada vez más en recuperar el aliento, estaba quedándose sin energía y tenía principios de deshidratación, ella era una esclava de esta mina, era más que evidente, las marcas de tortura y el grillete en su cuello lo dejaban en claro.
—No tardarán en venir a buscarlos, debemos ascender más rápido. —Observó el Spartan, mirando como la pequeña poni caía sobre sus rodillas temblorosas.
—¡Eeeep!. —Exclamó Zafiro al sentir como la tomaban detrás del cuello de su vestido, alzándola hasta quedar a la altura del visor amarillo del guerrero acorazado, metió la cola entre sus piernas por reflejo y temor. —¿S-Señor?. —Preguntó débilmente.
—Sujétate fuerte, marca el camino. —Ordenó el Spartan, abrazando contra su costado izquierdo a la poni terrestre, quien asintió rápidamente.
Comenzaron a ascender 10 veces más rápido que antes, la potrilla observaba que él no estaba corriendo, sus pasos agigantados se hundían en la roca y el barro como si pesaran cientos de kilos, para dar saltos enormes de un punto a otro, estaba impresionada, apenas y podía señalar que ruta debería tomar con lo rápido que se movía entre los barrancos y los caminos espirales que seguían ascendiendo, su cola, melena y vestido se agitaban de forma agresiva por el viento que azotaba contra su cuerpo. La pequeña rápidamente observo que ya se encontraban en terreno conocido, donde los demás prisioneros trabajaban extrayendo cristales. Recordó de inmediato a 150 y 724, sólo esperaba que la zebra y el unicornio estuvieran bien, con suerte podrían salvarlos antes de salir de intentar salir de ese infierno, aunque la fe de la potrilla no era muy grande.
—Cuántos de esos enemigos hay en esta mina. —Preguntó el Spartan, colocando en el piso a la pequeña, ambos protegiéndose de la vista de los prisioneros y los dueños detrás de una enorme roca que se encontraba justo en la subida que tomaron.
—Sólo he visto a unos 30 de esos dueños en lo que he estado aquí. —Contestó la pequeña, tratando de mirar a los demás, pero el guerrero tomó su cabeza y la escondió de nuevo en la sombra de la roca.
—¿Qué tipo de armamento tienen?. —Inquirió el super soldado, tratando de encontrar un patrón en el flujo de los enemigos que iban a y traían esclavos. El radar en su HUD se encontraba tapizado de puntos rojos, la información ahora decía que estaban a 320 metros de la superficie.
—Sólo he visto espadas y cuchillos pequeños. —Respondió la potrilla.
—¿Hay otro tipo de armas mas fuertes que esas?. —Preguntó cuidadosamente el Spartan, la pequeña lo miró con confusión.
—¿Lanzas y catapultas?. —Respondió algo insegura, el gigante acorazado asintió lentamente, el camino se había despejado un poco.
—Hay que movernos, quédate detrás de mi. —Ordenó el Spartan.
La pequeña lo siguió a pasos lentos, tratando de imitar los movimientos sigilosos del gigante frente a ella ¿cómo era posible que alguien tan enorme no hiciera ruido al caminar? Se preguntaba, observó que el guerrero se detuvo en seco y ella se quedó petrificada detrás de él, observando con cautela y suma atención, doblando en la esquina donde se escondían apareció otro grupo de esclavos de diferentes razas, los ojos de la pequeña se abrieron de par en par, en ese grupo iban Zogos y Zenith, se veía a simple vista que habían recibido una paliza, el unicornio tenía un ojo morado y manchones de sangre seca en el pelaje de su hocico y nariz, lo mismo con Zogos y los labios reventados.
El Spartan esperó hasta que el enemigo saliera, un minotauro casi de su mismo tamaño, sin contar los cuernos, sujetando la cadena de los esclavos. El super soldado fue rápido tomó de la cabeza al ser mitad hombre mitad equino y tapó su boca evitando que gritara, este soltó la cadena por acto de reflejo, lo cual extrañó a los esclavos quieres se giraron para ver qué estaba pasando y se quedaron con los ojos enormes, al ver como el minotauro trataba de zafarse del agarre sin aval. 086 sintió que su enemigo estaba perdiendo fuerzas y aprovechó el momento, quebrando su cuello en un movimiento fugaz y certezo, el cadáver del opresor cayó al suelo sin vida. Hubo unos segundos en silencio, el spartan observaba detenidamente a los esclavos.
—¡Zogos! ¡Zenith!. —Exclamó Zafiro, corriendo hacia ellos.
El unicornio y la zebra salieron de su trance y reaccionaron acercándose a la pequeña, jalando al resto de esclavos con ellos por inercia, respondieron los afectos de la potrilla con abrazos y caricias.
—Estaba horriblemente preocupada por ti, pequeña. —Murmuró 150, enterrando su hocico en la cabellera, mientras dos lágrimas escapaban de sus ojos.
—¿Te encuentras bien hermosa?. —Preguntó el unicornio, frotándole la cabeza con una mano, dedicándole una sonrisa suave.
—Estoy bien, él me salvó, nos salvará a todos. —Anunció la potrilla, apartándose de los afectos de ambos y mirando de nuevo al gigante acorazado de color verde, quien aún los seguía observando casi como una estatua. La zebra y el unicornio miraban maravillados y confundidos al gigante cubierto de metal, no sabían si estaban más impresionados por la facilidad con la que mató a un minotauro o por el hecho de su apariencia.
—Se nos acaba el tiempo, andando. —Ordenó el Spartan, lanzando un par de llaves hacia ellos, el unicornio las atrapó con su mano y las miró por unos segundo, para después asentir y liberarse tanto él como al resto de esclavos.
Habría tiempo para hablar y cuestionar después, pensaron tanto ellos como el Spartan. Siguieron ascendiendo, obedeciendo las órdenes que les daba el gigante de metal para evadir a enemigos numerosos, querían protestar y intentar salvar al resto de esclavos que se atravesaban en el camino, pero sabían que sería un movimiento estúpido y serían atrapados, lo prioritario era salir de ese maldito lugar lo antes posible. El Spartan observó en el HUD que ya solo faltaban 70 metros para la superficie, podía sentir el cambio de temperatura y los caminos ya no estaban tan empinados.
—¿Qué tipo de armamento tienen los enemigos?. —Preguntó el Spartan nuevamente, esperando una respuesta más acertada de los adultos.
—Sólo espadas y lanzas, no he visto que tengan escudos. —Respondió el unicornio, a la vez que Zafiro, Zogos y el resto de esclavos, que consistían en 15 seres más asintieron. El super soldado asintió para mirar de forma sigilosa a un conjunto de 6 objetivos, su radar detectaba 3 más a lo lejos.
—Esperen aquí, no salgan o me estorbarán. —Ordenó el Spartan, rescatados asintieron lentamente, quedándose en las sombras que le brindaban las estalagmitas donde se escondían.
Zenith se quedó al frente del grupo, observando los movimientos del gigante, mientras Zogos abrazaba a Zenith contra su cuerpo, rostros de preocupación y temor aparentes en ellas.
086 se movía con elegancia y profunda sigiles entre las rocas y las sombras, el radar marcaba que sus enemigos ahora estaban a tan solo 8 metros, justo detrás de una roca donde se escondía. Tomó el cuchillo que le robó al Griffin y con una puntería de ensueño lanzó el arma blanca contra la cabeza del más alejado, solo dejando ver un borrón blanco, el unicornio observó maravillado la escena, observando la fuerza y precisión tan enorme de ese sujeto al ver como la cuchilla se clavaba en la frente de un Felino, atravesando su cráneo y cerebro como metal caliente en mantequilla. Los otros 5 apenas se dieron vuelta a observar a su amigo caído cuando el super soldado ya se encontraba a su lado, tomó la espada de uno y la lanzó contra el segundo más alejado a la vez que le rompía el cuello a ese. 3 abatidos, solo faltaba la mitad, pensó el Spartan, los otros alcanzaron a reaccionar y desenfundaron sus respectivas hojas de hierro forjado, lanzando tajazos contra el gigante de verde y negro, mientras que este lograba bloquearlos o esquivarlos con destreza y agilidad, aprovechando la apertura que dejaban en cada tajada para asesinarlos rompiéndoles el cuello. Sólo quedaba uno de pie, temblando con confusión y desesperación, solo sintió como el puño del super soldado impactaba contra su pecho, rompiendo sus costillas y haciendo estallar su corazón, una muerte inmediata.
Zenith tenía la boca hasta el suelo, no podía creer lo que acababa de ver, ese sujeto los había matado a todos con una rapidez de horror, como si fueran hojas de un árbol, fácilmente quebrantables.
—Andando, aún quedan 2, falta poco para salir de aquí. —Ordenó el Spartan, el unicornio asintió ligeramente.
Al cabo de unos minutos y con la guía de todos los esclavos, el Spartan ya se encontraba en la salida de la mina con sus rescatados, estaba por caer la noche, se podía observar un enorme panorama lleno de verde, el relieve testado de zona boscosa. Los esclavos miraban cautivados la naturaleza, habían pasado tanto tiempo bajo tierra que ya ni recordaban cómo era, lágrimas de felicidad y esperanza colmada resbalaban por sus mejillas. Pero el super soldado sabía que aún no terminaban, tenían que tomar la mayor distancia posible de ese lugar y acampar antes de que cayera la noche.
—¿Por qué trajiste a uno de los dueños contigo?. —Preguntó Zafiro, robándole el turno a Zenith y a Zogos, observando como el gigante de hierro cargaba en su hombro a una dragona inconsciente, se había asegurado de no matarla.
—Necesita responder unas preguntas. —Contestó secamente el Spartan, retomando su paso veloz de nuevo. —Andando, se acerca la noche. —Ordenó, los demás lo siguieron en silencio.
Lograron evadir los campamentos que había cerca de la mina, probablemente con más "dueños" y caminaron al menos 7 kilómetros en la zona boscosa, alejándose bastante de ese infierno bajo tierra, el super soldado notó que sus protegidos ya se encontraba muy cansados pero para su suerte habían encontrado un buen lugar para acampar, donde justo corría un río en la cercanía, donde por primera vez en mucho tiempo los esclavos pudieron refrescarse y beber agua hasta saciarse, en ese momento se sentían los más afortunados del mundo, el agua simplemente les sabía al elixir de los dioses para después buscar frutos en los árboles de la cercanía, entre otras cosas.
El Spartan mientras tanto se había quedado en lo que sería el campamento de descanso por la noche, este les había ordenado que no se alejaran mucho y que no provocaran fuegos muy grandes porque delatarían su posición, solo usarlo en caso de ser necesario. Se ocupó amarrando los brazos de su prisionera con ramas y trozos de madera gruesos por detrás de su espalda, asegurando un buen amarre para evitar que se liberara, para después seguir con sus pies, sujetándolos junto a su cola. Sin duda estos seres alienígenas eran interesantes, pensó el super soldado, a la vez que terminaba su labor.
Los ahora liberados "civiles" habían hecho una fogata pequeña para alumbrarlos, mientras que comían de los frutos que habían logrado recoger en su búsqueda, sentándose en círculo frente a las llamas, el acorazado de color verde se acercó a ellos, tomando asiento a una distancia prudente, ellos lo miraban con muchas dudas y agradecimiento por haberlos liberado. El Spartan también tenía sus preguntas y tenía prisa porque fuesen respondidas, debía volver a la SCARLET MOTION y averiguar la situación, volver al campo de batalla en el menor tiempo posible, pero sabía que el primer paso para eso yacía en su rehén inconsciente.
—Mañana temprano hablaremos, ahora duerman, necesitarán sus fuerzas. —Ordenó el Spartan, para levantarse y desaparecer entre la oscuridad, dejando a todos aún llenos de curiosidad y confusión.
—UNSC este es SIERRA 086 ¿me copias? UNSC SIERRA 086 llamando a SCARLET MOTION ¿Me reciben?. —Intentó nuevamente comunicarse a través de su radio, pero sin aval alguno, su HUD le indicaba que no había señal ni siquiera en la cercanía del planeta, había perdido contacto con las otras fragatas espaciales, quizás estaba más alejado de la galaxia y las colonias de la humanidad, pudo ser un mal salto en el desliespacio.
No resolvería nada especulando, volvió rápidamente al campamento para encontrarse a todos dormidos, tendría que hacer guardia toda la noche asegurándose de que ningún enemigo se acercada, apagó el fuego y se sentó sobre el tronco caído de un árbol, cerca de su rehén.
