Nuevo episodio, espero que lo disfruten, tengan todos salud y les deseo lo mejor, juntos superaremos esta pandemia, manténganse fuertes, les mando un saludo y un abrazo.

Las 500 horas, el sol comenzaba a mostrarse en el horizonte como un destello creciente de luz dorada, el ángulo de los rayos del sol traspasando el campo electromagnético del planeta tomaban un tono ligeramente carmesí, eso concluyó el Spartan, el gigante acorazado con una gruesa armadura de las aleaciones más resistentes de metales color negro, revestido con una coraza de color verde selva. El super soldado se encontraba sentado contra el tronco de un árbol, la luz del sol que comenzaba a filtrarse por entre la densa área boscosa revotaban como destellos luminosos en su visor ionizado de grafeno, altamente resistente contra impactos de proyectiles calibre 7.62x51 mm. El HUD de su visor marcaba grandes cantidades de movimiento en un área circular de 30 metros de radio, la UNSC y la doctora Halsey habían logrado desarrollar mucho la tecnología de los trajes Mjolnir en muy poco tiempo, sin duda la madre de todos los Spartan II's como él era una mujer muy brillante. El acorazado no parecía prestarle importancia a dichos puntos que no dejaban de aparecer en su radar por el simple hecho de que se trataba de vida silvestre, aves, mamíferos, insectos, no había de qué preocuparse.

A unos cuantos pasos se encontraba su rehen, la dragona de escamas violetas con blanco y cuernos de color rojo aún se encontraba inconsciente, atada firmemente de patas y garras con gruesas ramas que el Spartan había cortado de sus alrededores, le echó un rápido vistazo, sus signos vitales parecían estar bien, no tardaría mucho en despertar. Devolvió su mirada a lo que se encontraba haciendo, según los locales y por la poca información que había logrado de recabar en el tiempo que llevaba en contacto con los nativos, la tecnología de este mundo era muy primitiva, sus mejores armas tenían el avance tecnológico de la era de bronce, arcos con flechas de madera para ataques de larga distancia, espadas, lanzas y escudos para media y corta distancia, el escudo de energía de su Mjolnir ni siquiera sentiría cosquillas en un posible enfrentamiento, aunque estaría preparado para enfrentar riesgos potenciales, así fue como lo adoctrinaron. Debido a esos detalles se encontraba elaborando flechas con uno de los cuchillos que le había quitado a esos esclavizadores, esta era la octava docena de flechas de madera que llevaba hechas, estuvo toda la noche haciéndolas pero su trabajo rindió fruto, logró hacer arcos de madera de la misma forma.

Iban a necesitarlos, necesitaban moverse pronto, el campamento de esas criaturas estaba muy cerca de su posición, sería un riesgo permanecer en el mismo lugar tanto tiempo, estos nativos tendrían más oportunidad de defenderse con esas armas.

De pronto escuchó el ligero movimiento de esa pequeña equina humana comenzando a moverse, estaba despertando, el resto del campamento que consistía en 17 miembros más parecía hacer lo mismo, eso cautivó su atención, parecían moverse como manada incluso en sus horarios de sueño como una autentica sociedad de equinos.

Pasaron algunos minutos en los que el Spartan seguía apoyado contra el tronco del árbol, afilando la última docena de flechas con su cuchillo que comenzaba a perder el filo, los ponis, observó, era realmente como esa pequeña decía, en el grupo estaba ese unicornio, Zenith, recordó que la pequeña mencionó, un cuerno con espirales y punta redondeada se escondía entre su melena negra, también observó a una pegaso que por su fisiología dedujo que se trataba de una adolescente, en su brazo de forma cicatrizada el número 10,321. Pudo notar que todos habían ido a beber agua al rio, se habían refrescado y habían comido lo que había sobrado de su colecta el día anterior y ahora se encontraban a unos metros alejados de él, estaban charlando en voz baja y de vez en cuando cada uno de los adultos le dedicaban miradas fugaces.

Estaban esperando a que él indicara el siguiente movimiento. Miró más a la izquierda para encontrarse con la pequeña pony de pelaje menta con cabellera rosada, Zafiro era su nombre, aún se encontraba dormida sobre una cama de hojas que la zebra adulta había construido improvisadamente para ella.

El unicornio caminaba hacia él junto a lo que parecía ser un Kirin hembra, observando el lenguaje corporal de ambos era evidente que habían tomado la decisión de acercarse de forma insegura.

El acorazado de color verde y negro se puso de pie rápidamente, provocando que estos se frenaran casi en seco y que el resto de criaturas bípedas le miraran de forma atenta.

—Hola… —Comenzó el unicornio, su tono de voz apagado y con gran inseguridad, algunas palabras muriendo de forma instantánea en su garganta al ver que el gigante que le pasaba por más de medio metro enfocaba su vista en él a través de esa pieza de metal tan resplandeciente como un espejo de color naranja carmesí.

El super soldado asintió levemente, comenzando a caminar hacia su rehén, pasándoles de lado, dejándolos con la boca abierta y confundidos. La dragona comenzaba a despertar lentamente, abriendo sus ojos de pupilas rasgadas con iris de color naranja, su visión permanecía borrosa comenzando a tomar enfoque lentamente. Logró ver que se encontraba sobre el suelo, entre roca, tierra y vegetación, se giró sobre un costado, alzando la mirada para encontrase con una enorme figura parada frente a ella, cubierta de hierro de color verde con negro ¿Qué clase de armadura era esa? Se veía muy impráctica para poder moverse en esa clase de protección; Pudo notar que que no podía mover sus brazos, tampoco sus piernas, siquiera su cola y a la vez de eso un dolor creciente comenzó apoderarse de su cabeza ¿qué estaba haciendo en este lugar? ¿no debería estar en la guardia de la mina? ¿por qué no podía moverse? Esas y muchas preguntas más merodeaban en su cabeza.

—Ha despertado… —escuchó un murmuro en la cercanía, enfocó su vista para encontrarse con un grupo de esclavos y… no tenían los grilletes puestos ¿qué demonios estaba sucediendo?

—Te voy hacer unas preguntas y está en tu mejor interés responderlas. —Escuchó una voz masculina muy cerca, enfocó de nuevo su vista en aquella figura de metal gigante, que más bien parecía una estatua viviente.

La dragona habría recobrado parcialmente la consciencia, al menos todos sus sentidos estaban al 100% pero aún trataba de encontrarle el sentido a lo que estaba viendo a la vez que trataba de recordar lo último que había hecho antes de aparecer en este lugar, logró reincorporarse lentamente hasta quedar en una posición de sentada, apoyando su peso contra el tronco de un árbol.

—¿Dónde me encontraron antes de llevarme a esa mina?. —Preguntó el Spartan con voz autoritaria, mirándola cual depredador miraría a su presa, tan estático como una piedra.

—No entiendo qué está pasando, por qué estoy aquí, por qué esos esclavos están sin sus caden-… —La dragona no terminó de hablar al sentir una enorme presión de impacto en el estómago, sus ojos se abrieron como platos y el aire abandonó su cuerpo junto a su aliento, el dolor se esparció rápido por el resto de sus extremidades como si de ondas se tratase.

El resto de creaturas observaron con enorme impresión como ese gigante cubierto de armadura había pateado el estómago de esa dueña, el grito ahogado de dolor de la draconiana despertó de su sueño a la pequeña Zafiro, quien sin entender alguna cosa fue aferrada al pecho de Zogos, acariciando su melena color magenta.

—No lo repetiré de nuevo, está en tu mejores intereses responder mis preguntas, ahora ¿dónde me encontraron antes de que terminara dentro de esa mina?. —Preguntó el Spartan de nuevo, observando a la dragona, quien escupía saliva espesa mezclada con sangre en el piso, recobrando lo mejor que podía el aliento.

—Yo… no se… no sé de que … —Los ojos de la bípeda con escamas de ojos naranjas enfocó la vista en su agresor, y al reconocerlo no pudo mas que abrir enormemente los ojos, como si un milagro hubiese sucedido frente a ella. —Tú… imposible… pero cómo… no. —Alcanzó a titubear, a la vez que la impresión dejaba de caber en su existencia.

La respuesta física y verbal de la dueña extrañó mucho a los ponis y demás creaturas rescatadas, los dragones eran creaturas sin temor a nada, sagaces, muy astutas, nobles y feroces, ver a esta draconiana actuando como si un dios había aparecido frente a ella chocaba mucho con la personalidad que usualmente llevaba dentro de la mina, arrogante cruel y despiadada.

—Imposible, eres una armadura, cómo es posible que puedas hablar, no deberías siquiera poder moverte, las armaduras no hacen eso… —Mascullaba entre dientes, tratando de darle sentido a lo que sus ojos apreciaban.

—Dónde me encontraron. —Preguntó el super soldado con un tono de voz serio y siniestro, tanto que les produjo en leve escalofrio a sus rescatados.

—Esto debe de ser un sueño, es imposible que una armadura me esté hablando, y es más imposible aún que esas miserables escorias. —Mencionó, observando con odio y desprecio a los ex esclavos quienes sintieron algo de temor al instante. —estén libres sin sus grilletes, me aseguraré de matarlos de forma lenta y dolorosa. —Rugió con la boca cerrada, mientras humo comenzaba a salir de sus fosas nasales, tratando de liberarse con todas sus fuerzas pero las ramas parecían ceder poco.

El Spartan ignoró lo que sucedía a sus espaldas, se inclinó sobre su pierna izquierda, provocando que la dragona dejara de mirar a sus presas y enfocara su vista en el visor carmesí de este.

—Esto es real, como el dolor que acabas de sentir y no se detendrá hasta que respondas mis preguntas. —Amenazó con frialdad, sacando el cuchillo que estaba magnéticamente pegado a su cintura, poniendo el filo contra la garganta de la draconiana, pero esta solo sonrió frunciendo el ceño con arrogancia.

—Olvidaste algo muy importante ¡los dragones podemos lanzar fuego!. —Exclamó la fémina escamosa, abriendo rápidamente su boca, mostrando sus enormes colmillos, mientras una enorme tormenta de fuego salía disparada a través de su garganta contra aquél acorazado de color verde.

086 no se esperaba un ataque como ese, apenas alcanzó a cubrirse el rostro con un antebrazo y dar un pequeño salto hacia atrás, antes de ser consumido por completo en la llamarada escarlata de la dragona, quien seguía lanzando su ataque de forma brutal y desenfrenada, hasta que la última pizca de aliento abandonó sus pulmones, las llamas seguían ardiendo en un pequeño perímetro alrededor del super soldado, momento que ella aprovechó para liberarse de sus ataduras quemándolas rápidamente, destruyendo parte de su vestimenta en el proceso.

Los rescatados miraban con horror como su única esperanza de salir con vida había sido consumido por las llamas salvajes de la dueña, los ojos enormes de impresión de Zafiro se llenaron de lágrimas de tristeza y frustración, Zogos hizo lo mejor que pudo para atraerla contra su pecho, tratando de protegerla, aunque no podía detener el temblor de sus piernas.

—Ahora siguen ustedes, pequeñas basuras, me los voy a comer a todos. —Exclamó con ira la dragona, caminando de forma amenazante hacia ellos.

Su caminar se detuvo en seco al sentir una punzada, un inmenso dolor en su espalda, muy cerca de su columna, creciendo de forma exponencial, no pudo evitar soltar un rugido de dolor, rápidamente tomó el objeto con su cola y lo extrajo violentamente, dejando una herida abierta por la cual comenzaba a desangrarse, era el cuchillo que esa gigante armadura tenía en su mano cuando la amenazaba, rápidamente se dio media vuelta para encontrarse cara a cara con el puño del acorazado de color verde.

El impacto del golpe casi le voltea la cara 180 grados, el mundo se le puso de cabeza mientras que salía empujaba hacia atrás cayendo sobre su espalda, la potencia del golpe casi la dejaba en un estado catatónico, escupió una gran cantidad de sangre con los ojos enormes, no podía creer lo que había pasado, sus escamas podían resistir mucho daño pero ese golpe que recibió sintió que por poco la mataba. Trató de reincorporarse pero sintió otro impacto, esta vez más fuerte en el costado izquierdo, el dolor era insoportable, la fuerza del golpe la hizo girar varias veces en el suelo, más sangre comenzaba a salir por su boca y fosas nasales, cómo era posible que esa cosa fuera más fuerte que ella, nadie era más fuerte que ella en la mina, era el ápex predator entre sus colegas, nadie podía provocarle el mínimo daño.

—Pero esta cosa… esta armadura viviente… con solo dos golpes… no… —Pensó la dragona, apoyándose con sus brazos y rodillas, tosiendo más sangre afuera de su boca, tratando de recuperar el aliento, su vista borrosa se enfocó en su contrincante, observando que se acercaba a paso tranquilo hacia ella.

Salió de su navío de pensamientos al sentir el pie del gigante en su cara con una fuerte potencia que casi juraba haber escuchado parte de su cráneo crujir, la fuerza del impacto la hizo girar nuevamente sobre el suelo varios metros más, levantando una pequeña nube de polvo. Los ponis, hipogrifos, kirines y demás creaturas observaban con total asombro como el acorazado de color verde y negro lidiaba fácilmente con la señora D, un ser que incluso a muchos de ellos juntos les tomaba trabajo siquiera llevar la contraria en la fuerza de jaloneo. Zafiro miraba con enorme asombro, ya había visto de cerca lo que el gigante podía hacer y sin embargo no dejaba de cautivarle la velocidad y destreza con la que lanzaba sus ataques, lo hacía ver como un simple juego para él.

—Estoy a un golpe de romperte el cráneo y provocarte un derrame cerebral que eventualmente te llevará a la muerte de una forma muy dolorosa. —Comenzó el Spartan, arrodillándose frente a ella para mirarla más de cerca, su cuerpo estaba muy lastimado por la paliza que le acababa de dar así que no sería problema responder a una posible agresión, incluso desde esa distancia tan corta. —Esta es tu última oportunidad para responder mis preguntas, hazlo y no te eliminaré. —Aseguró, quedándose quieto como una estatua, observando cada uno de sus movimientos a través de su visor carmesí.

Los ojos de la dragona se abrieron como platos y sus pupilas rasgadas casi desaparecían, por primera vez una sensación de terror invadía su pecho ¿es así como se sentían las presas? Aquellos en los que ella solía cazar.

—¿Dónde me encontraron? Cómo llegué a lo profundo de esa mina. —Preguntó el Spartan, tomándola rápidamente del cuello con la suficiente fuerza para hacerse notar, no estaba jugando.

—Eh-eh… t-te encontramos en e-esa mina, en lo más profundo de ella. —Respondió titubeante la draconiana de ojos carmesí, observando su reflejo en el visor carmesí de su agresor.

—Exactamente dónde, no encontraron algo más que se asemejara ¿ a mi?. — Preguntó de nuevo el Spartan, observando como su sometida negaba rápidamente con la cabeza.

—En el fondo de esa mina hay cristales de gran tamaño, el jefe nos ordenó que extendiéramos las excavaciones 500 metros más abajo ya que sospechaba que ahí encontraríamos más cristales de aumento, los más valiosos de todos. —Respondió, tragando saliva con dificultad.

Zogos y Zenith, así como varios de los que se encontraban a unos pasos del encuentro escuchaban atentos, pensando en la posibilidad de tal cosa, incluso Zafiro entendía que esos cristales eran muy escasos, casi imposibles de encontrar, por lo tanto su valor era mucho mayor al de todos los demás combinados.

—Nosotros preparamos el terreno y pronto llevaríamos esclavos a trabajar en esas zonas, ese era nuestro límite, no podríamos descender más, el ambiente ya se volvía muy insoportable. —Prosiguió la dragona mientras que el gigante de hierro la soltaba, sin moverse un centímetro de su posición, invitándola silenciosamente a que siguiera explicando. —Pero tú sucediste.

—¿De qué hablas?. —Preguntó 086.

—Al estar excavando en esa profundidad encontramos un enorme cristal amarillo, esos que son casi inservibles y se usan como herramientas, era de un tamaño enorme, dentro de él te encontrabas tú, al principio pensamos… pensé que solo se trataba de una especie de armadura muy extraña. —Sonrió ligeramente, mientras se limpiaba la sangre de sus labios y fosas nasales elegantemente con una garra. —Sacarte de ahí fue un problema, es como si pesaras cientos de kilos, fue difícil transportarte a otra zona.

—740 kilos. —Explicó rápidamente el Spartan, provocando que todos los que le escuchaban abrieran enormemente los ojos ¿realmente era tan pesado?

—Imposible, nadie se puede mover a esa velocidad y con tanta destreza pesando tanto, no lo creo. —Murmuró la dragona, sin salir de su impresión.

—Continua. —Le ordenó el Spartan, a lo que la dragona asintió casi de forma temblorosa.

—El jefe estaba impresionado e intrigado con el hallazgo, quiso probarse la armadura de inmediato, ya que pareces algo muy intimidante, pero no pudimos separarte, intentamos de todo, palas, picos y otras herramientas, pero ni siquiera pudimos separarte el casco, así que procedimos a dejarte en ese lugar que estabas, hasta encontrar una forma de como usarte. —Concluyó la draconiana, observando con incertidumbre al gigante.

—¿No encontraron nada más en donde estaba? Una caja de acero u otras piezas de metal dentro de ese lugar. —Preguntó el super soldado.

—¿Metal? ¿Acero?. —Preguntó la dragona confundida.

—Sí, material similar a este. —Respondió el gigante, señalando su armadura.

—¿Eso no es hierro? Pensé que era algo así. —Mencionó la dragona confundida.

El Spartan lo comprendió, alzó la mirada para observar al resto de nativos que también parecían estar muy confundidos con lo que acababa de decir, los habitantes de este planeta eran tan primitivos tecnológicamente que aún no trabajaban las aleaciones más simples de los metales, como el acero o el metal galvanizado, comenzaba a comprenderlo y tenía sentido que sus mejores armas solo fueran aquellas pertenecientes a la era de bronce, como espadas, dagas simples, escudos y demás.

—El acero es un material derivado del hierro, un metal mucho más resistente y deformable. —Explicó el Spartan, poniéndose de pie. —Pero es evidente que ustedes aún no saben trabajar con aleaciones de metales. —La dragona y las demás creaturas lo miraban muy confundidos.

—Hablas como si no pertenecieras a este mundo. —Comentó sarcásticamente la dragona. —¿O es que todos los ponis como tu son así de fantasiosos?. —Prosiguió, con ligera burla.

—No soy un poni y no pertenezco a este mundo. —Respondió tajantemente el super soldado.

Algo en su brutal honestidad y seriedad de sus palabras les hizo quedarse a todos callados, hablaba muy enserio para ser una broma, Zafiro comenzaba a comprenderlo y ahora tenía sentido aquellas preguntas que le hizo en la cueva pero aún así bailaba la ligera duda en su mente. ¿Realmente no pertenecía a Equus?.

—Vas acompañarme a la mina y me guiarás hasta el punto donde me encontraste, andando, no hay tiempo que perder. —Ordenó 086, comenzando su andar, dándole la espalda.

—¿Qué te hace pensar que hare lo que digas?. —Gruñó con ferocidad la dragona, poniéndose de pie y limpiando su hocico lleno de sangre con una garra, giró rápidamente la vista al grupo de esclavos y rápidamente identificó a una yegua de pelaje café claro, una unicornio de melena castaña y ojos azul cielo, sonrió de forma siniestra, pronunciando sus colmillos y demás dentadura de sierra.

Corrió rápidamente hacia ellos, Zenith, al igual que el resto reaccionaron muy tarde, el unicornio de pelaje azul apenas logró alzar una barrera de magia alrededor de ellos con su cuerno, pero la draconiana embistió dicho campo de protección mágico con sus cuernos, haciéndolo estallar en miles de pedazos, Zenith cayó sentado sobre el pasto, casi inconsciente, el shock que había provocado en su cerebro fue duro y repentino. El Spartan se giró sobre su eje dando media vuelta, para encontrarse con la escamosa de color morado, quien aprisionaba entre sus garras a la unicornio de pelaje café claro, mirándolo a él de forma desafiante, la unicornio estaba temblando y balbuceando, pidiéndole ayuda entre murmuros. De entre sus piernas temblorosas y su cola comenzó a descender un líquido amarillezco, orina detectó rápidamente el super soldado, mojando su pelaje y su vestido tan maltratado, el resto de ex esclavos se separó rápidamente de la dragona y su rehen, mirando la escena con impotencia.

—¡Señor haga algo!. —Exclamó al acorazado la pequeña Zafiro, mirándole con ojos vidriosos y suplicantes en un llanto quebrado y aterrorizado.

—No hará. —Aseguró la dragona. —Si no quiere que esta estúpida poni arda en llamas viva. —Exclamó, soltando una risa maniática, pensó que el control estaba de su lado de nuevo. —Te descuidaste fenómeno, eso lo pagarás muy caro, esta humillación que me diste te la devolveré con creces y en cuanto a esta basura. —Observó con ojos llenos de odio ala unicornio aprisionada entre sus garras. — Me la voy a comer, justo como lo hice con su hijo. —La revelación tan abrumadora dejó a todos en silencio, incluso el sonido del ambiente pareció haberse detenido por un momento.

El Spartan permanecía inmóvil, como si de una estatua se tratase observando a su enemiga de escamas moradas, el rostro de horror y realización de los rescatados no parecía caber en sus caras, Zenith se puso de pie como pudo, mirándola con el ceño fruncido, lleno de terror.

—¿De qué demonios hablas? ¿A qué te refieres con eso?. —Preguntó casi titubeando, dedicándole una mirada de presa a su depredador, la unicornio rehen lloraba en silencio, mientras que el temblor de sus extremidades iba en aumento, estaba por desvanecerse.

—Mi bebé… qué le hiciste a mi bebé… —Murmuró, miedo y dolor mezclados en su tono de voz.

—Como los voy a matar a todos no tiene caso ocultárselos mas. —Exclamó la dragona, soltando otra risa maliciosa. —Les hemos mentido todo este tiempo cuando les decimos que movemos a los menores a una zona de excavación diferente, hace tiempo que descubrimos que las basuras más pequeñas estorbaban más de lo que aportaban a la extracción de cristales, el jefe decidió que mantenerlos era simplemente incosteable. —Comenzó, mientras mordía el cuello de su rehén y lamía la sangre que comenzaba a brotar con su lengua reptiliana. —Optamos ahorrarnos tiempo y bits simplemente comiéndolos, la carne de los más pequeños es blanda y jugosa, todo un deleite. —Aseguró, mirando directamente a los esclavos.

Observó que todos estaban paralizados de terror, algunos con lágrimas en los ojos, mirar sus rostros llenos de desolación le brindaba un placer enorme, una gran excitación sexual, su mente enferma y depravaba se llenaba de júbilo con el sufrimiento de estas escorias, era la manera de la naturaleza así que lo que hacía simplemente era el curso de la vida, el fuerte domina al débil, solo hay depredadores y presas y ella era la culminación de los depredadores, el destino había servido este regalo en su regazo y no iba perder un solo segundo desperdiciándolo.

Giró su vista hacia donde estaba el gigante de armadura, solo para toparse con que ya no había nadie, su sonrisa y gesto macabro rápidamente se transformaron a uno confuso, para últimamente cambiar a uno serio y preocupado, comenzó a observar en todas las direcciones, mientras aferraba más sus garras a la unicornio al grado de enterrarlas en su carne, no podía olerlo con su olfato sensible y tampoco podía escucharlo.

—¿Dónde demonios est… —No terminó de gritar la pregunta cuando sintió un enorme dolor en el centro de su espalda.

Los esclavos miraron entre lágrimas de tristeza y dolor cómo el gigante acorazado se encontraba con su puño enterrado en la espalda de la dragona. El impacto del golpe hizo eco en toda la cercanía, ni las gruesas escamas moradas pudieron amortiguar el impacto tan severo por lo que el dolor endemoniado comenzó a expandirse por todo el cuerpo de la draconiana como si de electricidad se tratase, esta por su parte soltó un alarido infernal de dolor, soltando por reflejo a su rehen quien al no sentir las garras sobre ella salió corriendo con el resto de rescatados.

El Spartan no desaprovechó el momento y tomó del cuello con su mano izquierda asegurándola con fuerza, giró con una velocidad bestial sobre su eje 180 grados, estrellando a su enemigo contra el suelo, el impacto agrietó ligeramente la tierra y el estruendo resonó con fuerza. La cara de la escamosa color morado se encontraba sumergida parcialmente en la tierra, al igual que el resto de su cuerpo, pero el acorazado no había terminado con ella, tomándola de la cola y sujetándola con fuerza comenzó a girar sobre su eje, dando vueltas hasta verse casi verse como borrones la soltó, lanzándola contra una enorme roca que fácilmente era del tamaño de una casa.

La dragona se estrelló de contra la superficie dura de la piedra gigante, agrietándola por completo y lanzando pedazos de esta al aire y al suelo. El impacto fue letal, los cuernos de la dragona se hicieron pedazos y su cráneo se agrietó totalmente como rompecabezas, su cerebro había recibido un gran daño, como el Spartan había calculado que sucediese, sangre comenzaba a brotar con fluidez por sus fosas nasales, hocico y orejas.

—Q-qué pa-pa-pasó… —Preguntó debilemente la dragona, abriendo sus ojos inyectados en venas con dificultad, sufriendo espasmos en todas sus extremidades, su cerebro estaba comenzando a colapsar, enfocó su vista borrosa lo mejor que pudo en el gigante de metal frente a ella, y sonrió como pudo. —Como la naturaleza lo ha mandado, hoy fui la presa y tú el depredador. —Quiso reír pero solo logró sacar una toz, sentía la boca seca y un frio apoderándose de ella rápidamente en todo su cuerpo, cada vez veía más borroso, cerró los ojos ya que sentía los párpados muy pesados. —Nos veremos después, fenómeno. —Finalizó con su último aliento, sobre un charco de su propia sangre.

El acorazado de color verde y negro permaneció observándola un par de segundos más asegurándose de que estuviera muerta, para después abandonar el cadáver y dirigirse hacia sus rescatados, quienes observaron todo con impresión, aunque aún era visible y dolor y aflicción en sus ojos.

—Habrá tiempo para el pesar después, deben moverse. —Ordenó con voz firme, observando a Zafiro quien se encontraba entre los brazos de Zogos, llorando en silencio contra su pecho. —Aún se encuentran muy cerca de la mina, esta posición no es favorable para ustedes, pueden ser emboscados en cualquier momento.

—E-espera un momento, lo dices como si fuera algo difícil pero ya has demostrado que puedes acabar con el más fuerte de ellos como si nada, no sé por qué te preocupa. —Exclamó Zenith, siendo la voz de todos en el grupo.

—Yo no me quedaré, debo volver a la mina, ustedes deben seguir hacia el norte, alejados de este lugar. —Anunció el Spartan, mirándolo a través de su visor.

—¡¿Queee?!. —Exclamaron todos al unísono, creyeron no haber escuchado bien.

—Pero no nos puedes hacer esto, si nos abandonas volveremos a ser presa fácil para ellos, nos matarán. —Gritó casi con histeria Zogos, mientras que Zafiro se apegaba más a su pecho.

—Mi misión no es protegerlos. —Respondió de forma cortante 086, dándose media vuelta dedicándoles su espalda. —Debo volver a ese lugar para encontrar mi nave, ustedes no son mi prioridad, debo proteger a mis semejantes, no a ustedes, para eso hice esas flechas y arcos, desde ahora están por su cuenta. —Finalizó, comenzando a caminar en dirección a la mina.

—¡Espera! ¡esperaaaaa por favor! ¡te lo suplico!... te lo suplicamos. — Escuchó la voz perteneciente ala unicornio de pelaje café, la madre cual hijo había sido devorado por la dragona que acababa de asesinar, esta se interpuso en su camino, haciéndole frenar, observando sus ojos llenos de lágrimas y terror. —Te lo suplico, no nos abandones… no quiero saber, ver o escuchar que otro potro como mi hijo o potrilla muera brutalmente por ellos… te lo suplico. —Murmuró, cayendo de rodillas frente a él, mezclando sus lágrimas con la tierra que comenzaba a pegarse en su rostro como barro. —Pobre de mi hijo… lo siento, Amber Dawn… —la pobre yegua estaba destrozada. —Eres nuestra última esperanza… —

El Spartan la observó algunos segundos para después levantar la vista, rodear su forma y reanudar su camino como si nada hubiese pasado, perdiéndose entre los arboles y densa vegetación, ignorando por completo las miradas afligidas y llantos de dolor y temor a sus espaldas.