Encuentro
Tanto Twilight como Spike tenían prisa por volver a casa después de terminar la jornada en el castillo de las dos hermanas. Habían estado desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, y pese a que con el equipo avanzaban mucho más deprisa que ellos solos, aún iba demasiado lento, especialmente cuando tenían una lectura que seguir. Nada más entrar, Spike salto al suelo y salio corriendo escaleras arriba.
- ¡Vamos Twilight, estamos llegando a la mejor parte!
Negando la cabeza divertida, Twilight subió por las escaleras del castillo hasta donde tenía el libro. Ya estaba segura de que era real, después de todo, había investigado varios mitos. Solaris y Selena eran fáciles, era la religión dominante de Ecuestria, en cuanto a sus hijos... Estaban más en el terreno de lo mitologico que en una religión, y tenía sentido si lo pensaba. De todos los dioses, los que más parecían inmiscuirse en el mundo mortal eran ellos, aunque aún no había leído lo suficiente para corroborarlo. Los supuestos hermanos de Discord habían aparecido a lo largo de la historia en infinidad de mitos, a excepción de Ares, algo que no era de extrañar. Después de todo, se supone que ese hermano llevaba encerrado desde antes de la creación de su planeta. Sacudiendo la cabeza, avanzó hasta su biblioteca personal, tenía un libro que leer.
Los Primeros no fueron los únicos en construir su casa en ese nuevo plano. Generando planos propios, los cinco hermanos crearon sus hogares a corde con sus personalidades. Discord creo una dimensión de caos puro, nada tenía sentido allí, Harmony construyó un castillo en una isla paradisíaca, en el medio de un lago rodeado de montañas, Crono se decanto por un castillo en mitad del infinito desde donde podría observar el tiempo, Gea creo un bosque sin fin y lleno de vida inmortal, mientras que Hades hizo su hogar en el limbo entre el Edén y el Tártaro, lugar por el que pasarían todas las almas para su juicio.
Con el tiempo, Harmony dio a luz a las seis diosas que esparcirían cada aspecto de la armonía entre los mortales, Hécate, diosa de la magia, Atenea, diosa de la lealtad, Hestia, diosa de la honestidad, Perséfone, diosa de la amabilidad, Amet, diosa de la risa y Share, diosa de la generosidad. Y con esto hecho, todos los dioses se dedicaron a ver a la vida en Equs crecer y evolucionar con el paso de los milenios.
Pero algo no les gustó en Equs, los kirins aborrecieron su mitad oscura en vez de abrazarla y vivir en armonía con esta, los changelings rechazaron la segunda forma, convirtiéndose en depredadores terroríficos y dejando en el olvido su metamorfosis, los grifos se volvían cada vez más orgullosos... Pero lo peor eran los ponis, mientras el resto de razas seguían juntos, los ponis empezaron a rechazar a sus hermanos. Terrestres con terrestres, pegasos con pegasos, unicornios con unicornios, y cualquier unión entre razas era herejía. ¿Por qué solo la muerte les hacía ver que eran iguales a ojos de los dioses?
Decididos, Solaris y Selena se decidieron a cambiar esto, descendiendo al mundo, haciendo algo impensable, se volvieron mortales. Si, su vida seguía siendo eterna, si, seguían siendo alicornios y dioses y, si, su inmenso poder seguía con ellos. Pero ahora podrían ser dañados, ahora necesitaban comer, beber, podrían morir, si hubiera algo lo suficientemente poderoso para matarlos, por supuesto. Vagaron por las tierras poni y trataron de unir a sus creaciones, pero nada resultó, seguían en su camino de odio. Y cuando veían a Los Primeros, la repugnancia y el miedo se apoderaban de ellos. Durante meses viajaron sin rumbo, siendo rechazados por todos, salvo por un único granjero. Ignorando a sus hijos, el anciano terrestre les dio cobijo y comida a los extraños, tratándolos como a iguales.
Ni siquiera Discord supo que pasó allí, pero al salir, Los Primeros tenían ya un plan para tratar de unir a los ponis. Usando su magia, hicieron que en todo territorio donde vivieran las tres razas de ponis juntas, el clima dejara de generarse por si sólo, así como las estaciones se quedaron estáticas. A través de sueños, Selena guió a los pegasos para que fueran ellos quienes se encargaran de controlar el clima. Pero para evitar que se lo guardaran para ellos, hicieron que sólo los terrestres pudieran producir comida con bastante facilidad, haciendo que para otras razas fuera infinitamente más difícil. Y queriendo evitar que excluyeran a los unicornios, Solaris y Selena, con dolor, dejaron de subir el sol y la luna todos los días.
El mundo se sumió en el terror al ver que el orbe celestial no avanzaba, pero Selena les mostró el camino a los unicornios más versados en la magia. Pronto, ellos fueron los encargados de traer el día y la noche, y la colaboración entre razas empezó. Ambos dioses guiaron a través de los sueños a los terrestres, unicornios y pegasos en el camino de cambiar las estaciones del año. Los dos se retiraron a un hogar en las montañas, observando como evolucionaba todo. Casi 200 años después, se toparon con una triste realidad, los ponis seguían odiándose entre ellos, colaborando por pura necesidad. ¿Qué harían entonces? ¿Los guiarían ellos mismos a la armonía? No podían, sabían que un día tendrían que volver al Olimpo, no podían quedarse para siempre. No obstante, pese a la tristeza, una alegría surgió, pues encontraron en esa forma mortal una nueva manera de amarse, creo que no hace falta que diga cual es, ¿no?
Y así, tras nueve meses de embarazo, los cinco hermanos y sus hijos asistieron al nacimiento del sexto, una potra alicornio de pelaje blanco y crin y ojos rosas. Pese a tener el poder de un dios, algo que todos sentían, era como un mortal, vida eterna, si, pero capaz de morir. Con gran felicidad, Los Primeros llamaron a su hija, Celestia, aunque no sabían de qué era diosa. Al contrario que sus hermanos, ella tendría que descubrir su destino como el resto de los ponis. Así, Solaris y Selena pudieron disfrutar de la felicidad de ver crecer a su hija, pues con el resto de sus hijos no fue posible. De todos sus hermanos, Discord fue el único que pasó todos y cada uno de sus días junto a la pequeña potra, y así fue durante cuatro años, en el que una nueva alegría vino al mundo. La nueva hija tenía un pelaje azul oscuro, crin azul celeste y ojos verdes, y sus padres la nombraron Luna, en honor al satélite que gobernaba la noche a la que se parecía la pequeña.
Desgraciadamente, la felicidad se acabó, pues Los Primeros sabían que tenían que irse, y sus hijas no podían ir con ellos, pues al ser mitad mortales, estaban ancladas a Equs. Pero sabían que ellas serían las que guiarán a la ponidad, así que se decidieron a buscarles un hogar, pero Discord, dios y señor del caos, el Primogénito de los dioses, se negó en redondo. ¿Sabrían los mortales cuidar a un dios? ¿Querrían a sus hermanas? ¿Serían rechazadas el resto de sus vidas? Eso podría acabar con ellas siendo corrompidas, y no estaba dispuesto a eso. Al final, con gran tristeza, Solaris y Selena decidieron permitir que su hijo cuidara a sus hermanas, sabiendo que no lo verían por mucho tiempo. Cuando Los Primeros volvieron a su plano divino, Discord se llevó a las niñas lejos de las tierras poni, dispuesto a enseñarles el preciado equilibrio entre armonía y caos, así como reinar con sabiduría y compasión, sin dejar de lado la diversión, por supuesto.
Llegó al primer bosque del planeta, cercano a la montaña de la que salió el primer río, creando un castillo inmenso para el y sus hermanas, pero no acabo ahí. Para asegurarse de que ningún mortal osara a internarse ahí, y si lo hacían, que no salieran con vida, creo seres monstruosos que mantendrían alejados a los extraños, puso a las hidras, manticoras, parasipes y demás seres a su mando para proteger a las pequeñas alicornios. Para acabar, hizo que el clima sobre esa zona se librara del hechizo de sus padres, por tanto, aún si un día las tres razas llegaran a esas tierras, el bosque, bautizado como Everfree, se mantendría con su propio clima, algo que sabía que aterraría a los ponis, ya acostumbrados a manejar el clima. Y aquí, querido lector, es donde entro yo.
Había estado vagando durante tres meses, y estaba confusa y enfadada. Para que puedas hacerte una imagen mental de quien soy, soy una yegua unicornio de pelaje vainilla y crin rosada, con una cutie mark de un pastelito. Esto último resultó ser una deshonra para mis padres, pues, como estoy segura de que sabrás, en esa época era inaceptable que un unicornio tuviera un trabajo digno de un terrestre. Por eso me negaron el derecho a cambiar mi nombre al ver que mi cutie mark no coincidía con el mío o a siquiera ejercer mi talento, tratando de forzarme a cambiarlo. Volviendo al tema, no paraba de observar un mapa que me habían dado en un pueblo de terrestres, uno que me guiaría hacia las tierras kirin, así que si era así...
- ¡¿Dónde diablos está?!- grite de frustración.
Estaba en mitad de un prado gigantesco, siguiendo el curso de un río, que venía fluyendo desde una montaña a la que había pasado hace unos días. El estúpido mapa se suponía que me llevaría a las tierras kirin, supuestamente al sur de Ecuestria, a dos meses de viaje, pero ahí estaba, en mitad de la nada, con mis provisiones casi agotadas y sin tener ni idea de adonde iba. Sentándome en la orilla del río, observe el mapa, y por primera vez desde que lo conseguí, me fije en un detalle en el que no había caído, la tinta en la que se leía "Tierras Kirin" parecía de un color más oscuro que en el resto del pergamino.
- ¡Oh, vamos!- gemi en frustración.
Ese estúpido terrestre me había dado un mapa falso, no podía creerlo. ¿Tanto odiaba a otras razas poni como para hacer tal acto? Mirando a mi alrededor, llegué a una conclusión lógica, no podía quedarme ahí, la comida se me acabaría tarde o temprano. Por lo tanto, el bosque a la distancia era mi única opción, así que me dispuse a llegar hasta los árboles. El sol ya caía en el horizonte mientras me adentraba más en la espesura, increíblemente profunda. Me preparé un pequeño campamento, con una hoguera y me dispuse a pasar la noche y disfrutar de mis últimos restos de comida.
Si al otro lado no había algún pueblo, bien podría quedarme en el bosque, hacerme una cabaña, vivir de los frutos de la tierra. Cuando estaba por dormirme, escuche un gruñido que heló mi sangre, y cuando gire mi cabeza, vi unos ojos dorados en la oscuridad. El ser al que pertenecía estos ojos era un lobo enorme, hecho de lo que parecía ser madera, y me miraba con ojos hambrientos.
- E... ey...- dije mientras me levantaba lentamente, sin hacer movimientos bruscos.- Dime que eres un ser pensante y podemos resolver esto de forma pacífica- el lobo gruñó aún más.- Vale... eres un dulce animalito que quiere hacer un amigo, ¿no?- a medida que yo me alejaba, más se acercaba el.- Vale, por desgracia estoy ocupada... ¡Adiós!
Salí corriendo lo más rápido que pude, dejando mis alforjas atrás, y adentrándome entre los árboles. Estaba aterrada, y eso solo aumento al escuchar más gruñidos detrás. Era en esos momentos que deseaba ser un terrestre con una gran capacidad física o un pegaso para salir volando. Pero como no era ninguna de esas razas, pronto tropecé y caí en medio de un claro. Al girarme, vi a seis lobos de madera acercarse lentamente, y yo cerré mis ojos lista para asumir mi muerte.
- Hola, ¿quién eres?
Mis ojos se abrieron como platos y vi a una potra unicornio blanca con unos ojos y una crin rosas mirándome con curiosidad. Yo solo volví a mirar a los lobos, que parecían haberse detenido confundidos. La potra los miró con el ceño fruncido antes de acercarse.
- ¿Se puede saber qué hacéis? ¡La estáis asustando!
El que iba más adelantado miro a sus compañeros y luego se adelanto un poco, gruñendo ligeramente. La potra solo negó con la cabeza furiosamente.
- ¡Ni siquiera necesitáis comerla, os alimentais a través de la fotosíntesis! Venga, fuera.
La niña agitó su casco y alas, tratando de que los lobos se fueran, y al final lo hicieron, dándome una última mirada. Fue cuando caí en un detalle, ¿una unicornio con alas? ¿Cómo se llamaba eso? ¿Pegacornio? Satisfecha, la niña se giro y me miró con una gran sonrisa, acercándose y extendiendo un casco para que lo estrechara.
- Siento lo de los timberwolves. Soy Celestia, encantada.
Mire el casco unos segundos, antes de sonreír débilmente mientras extendía el mío. Pero antes de poder estrecharlo, un fuego voraz de color rojo sangre me rodeo en un anillo. En el centro, se formaron grandes ojos amarillos, que crearon una cabeza y un cuerpo que ya debes conocer. Se mostró en todo su esplendor, mirándome como si observara mi alma, y pude sentir ramas negras y con espinas rodearme y elevarme, apretándose alrededor de mi cuello.
- ¡¿CÓMO OSAS ENTRAR A ESTE BOSQUE, MORTAL?!
- S... solo bus... buscaba refugio...
- ¡¡MIENTES!! ¡TE ALEJARÁS DE AQUÍ Y NO TOCARÁS A CELESTIA NI...!
- ¡Discord!- grito la voz de la niña, y cuando el ser divino giro la cabeza, vio a la potra mirarlo con enfado.- Déjala en el suelo, no ha echo nada.
- Sabes bien que los mortales no tienen permitido entrar aquí.
- ¿Y cómo esperas que mi hermana y yo guiemos a los ponis un día sin conocerlos?
- Lo harás cuando estéis listas, y hoy no es ese día.
- Muy bien, si no la sueltas, no te volveré a hablar jamás.
Eso puso a pensar al tal Discord, quien me observo detenidamente antes de soltarme. Floto en el aire y se tumbó sobre una hamaca, o eso lo llama el, que apareció de repente, aún sin apartar los ojos de mi.
- Por padre, eres como tu hermana Harmony, siempre tan... amigable.
La niña lo ignoro y se acerco a mi, volviendo a extender su casco, que yo estreche temblorosamente mientras observaba al llamado Discord.
- Disculpa a mi hermano, es muy protector. ¿Dijiste que buscabas refugio?- yo asentí débilmente.- ¡Genial! Tenemos mucho sitio y...
- No- dijo Discord sin ceremonias, mirándose las uñas de su pata de grifo.
- Pero Discord... Esta sola en el bosque.
- Dije que no, ningún mortal puede...- se interrumpió al ver los ojos de cachorro que le dio Celestia, dando una mueca de asco.- Agggh, está bien.
- ¡Yey! ¡Te va a encantar!
La niña me agarró el casco y trato de llevarme, pero fue envuelta en una especie de asiento dorado que se envolvió alrededor del pecho de Discord. Con el rostro rojo, Celestia trato de escapar.
- ¡Discord! ¡No soy una niña!
- Primero, tener 8 años te hace una niña, segundo, esto es porque te escapaste de tu cama... otra vez.
- ¡No puedes obligarme a acostarme tan temprano!
- Asume las consecuencias de robarle el postre a tu hermana. ¿Vienes o qué, Cake?
- ¿P... perdón?- dije, completamente sacada de mi asombro.
- Cake, tu cutie mark es un pastelito, así que Cake te quedas, ni te molestes en intentar cambiarlo.
- No... de echo, esta bien.
Por primera vez, sonreí, siguiendo al draconequs que flotaba y a la niña que demandaba que podía ir sola. Y así, querido lector, es como entre en la vida de tres dioses, y créeme, no había hecho más que empezar.
- ¡TWILIGHT!- grito la viz de Pinkie Pie, sacando a la alicornio de la lectura con un sobresalto.
Spike estaba a su lado, riendo ligeramente, mientras que la poni rosa miraba a su amiga con una sonrisa.
- Por Celestia, si que debe ser una lectura apasionante.
- S... si, lo es- dijo Twilight, aún tratando de recuperar el aliento.
- ¿Vas a venir a la fiesta o no?
- ¿Qué?
- La fiesta de la Celebración del Sol de Verano, ¿es que ya lo olvidaste? ¡No parabas de mencionarla!
Twilight abrió sus ojos como platos, había estado tan enfrascada en esa lectura durante varios días que se había olvidado de que Celestia y Luna venían a Ponyville para la Celebración del Sol de Verano.
- Claro, enseguida vamos, Pinkie.
La poni fiestera asintió y salió de la habitación dando saltitos. Con un suspiro, Twilight se levantó y cogió el libro en su magia, lista para guardarlo. Spike la miró con una ceja alzada.
- ¿No se lo daremos a Celestia? Algo me dice que no se acuerda de nada de esto.
- Por eso quiero terminar de leerlo primero, quiero saber porque las princesas actúan como si jamás hubieran conocido a Discord antes de encerrarlo en piedra o porque él las traicionó así.
Al guardarlo, se dirigió a la fiesta, que empezaría tras la primera parte de la celebración, la salida de la luna. Era algo que se añadió tras el regreso de la princesa Luna, algo que a la alicornio oscura le encantó. La plaza donde se realizaría el espectáculo y la fiesta posterior estaba llena de ponis, todos atentos al gran momento de su princesa. Twilight, mientras observaba en una zona vip junto a sus amigas y la princesa Celestia, vio a un poni particular, un pegaso marrón, crin negra, una barba de chivo gris y, lo más extraño, una cutie mark consistente un rombo con cuatro triángulos de color rojo, y la alicornio lavanda sabía que la había visto en algún sitio.
Y como un flechazo, lo recordó, era el símbolo que había tenido el trono de Discord en su primer encuentro. Twilight no pudo apartar sus ojos de ese pegaso, sabiendo bien quien era, y al verlo sonreír, las sospechas de que lo narrado en ese libro era real aumentaron.
- ¿Ocurre algo, Twilight?- dijo la voz de su antigua maestra, sobresaltándo a la yegua.
- N... no... Solo... pensaba en un libro interesante que estaba leyendo.
Celestia alzo una ceja, sabiendo por experiencia que estaba ocultando algo, peor prefirió no decir nada, ya lo hablaría si era necesario. Cuando la ceremonia acabó, Luna fue recibida con cientos de aplausos, y no se pudo sentir más feliz, al fin disfrutaba del amor de sus súbditos, negado en el pasado. La princesa se reunió a su hermana y los elementos de la armonía, viendo a la alicornio del sol recibirla con una sonrisa feliz.
- Ha sido un gran espectáculo, querida hermana.
- ¡Por supuesto que lo fue!
- Que confianza tienes, eso es bueno- dijo una voz que todos conocían bien.
La mayoría de las mane six fruncierin el ceño, Luna puso una cara de fastidio, Pinkie Pie y Fluttershy, más la poni rosada, mostraron una gran sonrisa, Celestia mantuvo un rostro imperturbable y Twilight... se dispuso a tratar de reunir cualquier pista que corroborara la historia que estaba leyendo. Discord asomo por la oreja izquierda de la princesa lunar con una sonrisa gigantesca.
- ¡Hola a todos, un placer veros!
- ¡Sal de mi oreja!- dijo Luna, harta del señor del caos.
- Por los creadores, no hace falta ser tan exigente, ¿dónde ha ido la educación?- Discord se hundió nuevamente en la oreja para luego aparecer desde la melena de Celestia, empezando a flotar como si estuviera en una hamaca, zumo con pajita incluido.- En fin, que fue asombroso eso, un poco aburrido, pero estuvo bien para ser tu- dijo mientras sorbia ruidosamente de su bebida.
Twilight, hace unas semanas, sólo habría visto a Discord meterse con ellas por diversión sin más motivos ocultos. Ahora, después de leer lo leído, no podía evitar darse cuenta de que era muy parecido a como Shining la molestaba muchas veces. ¿Por qué no se había dado cuenta antes? A las princesas siempre las trato de forma distinta que al resto, más... amigable, y ahora creía saber porque. E incluso en esa burla sobre la actuación de Luna, ahora que se fijaba más en el, pudo apreciar algo de orgullo en sus ojos. La alicornio lavanda, mientras observaba la pequeña pelea entre draconequs y princesa lunar que se estaba desarrollando, sólo pensó en volver y seguir leyendo.
