Niñera de diosas
Llegamos a un castillo inmenso colocado en el borde de un barranco, al que se accedía por un puente de madera colgante. La verdad era que la estructura imponía bastante, pero no me deje intimidar mucho, ya había tenido bastantes sorpresas por un día. Pero al entrar al vestíbulo, lo que vi, si que me dejo un poco... ¿Cuál sería la palabra correcta? Aa, si, loca. Ahí, con los brazos en las caderas, y con una cara de enfado, estaba otro Discord, este con una peluca para simular ser una mujer. Tenía otro de esos asientos, pero en este tenía a una potra azul oscuro con crin celeste y también con alas y cuerno, quien dio una sonrisa adorable a la que supuse era su hermana mayor, quien sólo suspiro.
- ¿Se puede saber dónde estaba esa reboltosa?- dijo la Discord femenina.
- Un poco más y sale del bosque, ay, ¿qué haremos con ella?
- ¡No lo sé! ¡Yo ya estoy desesperada!- gimio la otra Discord.
- Odio cuando te pones así- susurro Celestia con sus patas cruzadas, resignada a su destino hacia mucho.
- Lo que tu digas. Cake, espera aquí mientras llevo a estas pequeñas a la cama, y por cierto- el draconequs se giro hacia mi con una mirada firme en su rostro.- No... toques... nada. ¿Estamos?
Asentí furiosamente y Discord pareció satisfecho, marchándose de allí, las dos versiones. Antes de que desaparecieran por las escaleras, escuche un lejano "buenas noches, Cake", que supuse era de Celestia. Me quedé allí observando la decoración simple, nada fuera de lo normal, exceptuando algunas antorchas del revés o en horizontal en vez de vertical, pero fuera de eso, nada mal. Tras unos cuantos minutos, sentí a alguien teletransportarse a mi lado, sobresaltándome, viendo al dueño de ese castillo. Me dio una mirada larga e indicó que le siguiera, cosa que hice sin rechistar.
Tras unos minutos de andar por pasillos y escaleras, llegamos a una sala acogedora, aunque extraña. La chimenea estaba del revés, los sillones flotaban en el aire, las ventanas estaban en posición horizontal y un taburete se movía como un perro. Tras acariciar al mueble perruno, Discord se sento en uno de sus asientos y me indicó que hiciera lo mismo. Observe la altura, pensando en como diablos llegaría, hasta que sentí algo moverme por mi. Caí en el asiento de cara, y me costó un poco ponerme correctamente, y cuando lo hice, tenía una taza humeante ante mi.
- Un poco de leche con chocolate, que no se diga que soy un mal anfitrión- dijo Discord mientras daba un sorbo, sin quitarme la vista de encima.
Un poco abrumada ante la perspectiva de estar ante un, aparentemente, dios, di un sorbo de la bebida ofrecida, abriendo mis ojos como platos. ¡Era la leche con chocolate más deliciosa que había probado en toda mi vida! Con una sonrisa feliz, di unos cuantos sorbos más, alegrandome al ver el vaso rellenarse, como si no hubiera bebido nada.
- Me alegro que lo disfrutes, pero si te vas a quedar aquí, quiero hacerte unas preguntas. Y no te molestes en mentir, huelo las mentiras- dijo mientras hacía brillar sus pupilas de color rojo.- ¿Por qué estas tan lejos de las tierras poni? ¿Y sola?
- Yo... yo...- ¿debía contárselo? Si fuera otro, me mantendría callada, esperaría a agarrar más confianza, pero por los dioses, era un maldito dios, valga la redundancia. Hacer eso equivalía a tentar mi suerte.- Huía de mi familia.
- ¿Tú familia? ¿Qué hiciste para tener que huir?- dijo, teniendo claro lo que quería saber, ¿era alguien peligrosa?
- Enamorarme de un terrestre, eso hice- aparte mi mirada del dios, centrándome en el fuego boca abajo, recordando lo que me había llevado allí.- Era alguien tan atento y amable, nuestro jardinero privado. Pensamos en escaparnos juntos pero... pero...
- Tu familia te encontró primero.
- Si... a mi me castigaron con encerrarme y a él...- en ese punto estaba llorando, suplicando en silencio que no me obligara a recordarlo, agarrando mi taza con fuerza.
Discord observo el fuego mientras pensaba, antes de extender su cola y acariciarme la cabeza, calmándome.
- Te mostraré tu habitación. Más te vale no traicionar mi hospitalidad.
Asentí lentamente y seguí al draconequs a través del castillo, llegando a una habitación bastante simple. Un armario, un escritorio, una ventana y una cama, en la que estaban mis cosas. Mis ojos se abrieron y mire al llamado Discord, que solo sonrió.
- Dios del caos, no busques lógica en mi. Buenas noches, señorita Cake.
- B... buenas noches.
El dios desapareció por la puerta y me dejó sola, por lo que me acerque a mi alforja y saque lo único de valor que tenía, un poema escrito por mi antiguo amor antes de... Lo coloque sobre una mesilla al lado de la cama y me acosté, dispuesta a dormir un poco.
Desperté con la sensación de algo tocando mi cara sin parar, una y otra vez. Trate de espantar a lo que seguro era una mosca, pero de nada sirvió, y con un suspiro resignado, abrí mis ojos, encontrando a la misma potra de la noche anterior, mirándome con una sonrisa.
- ¡Buenos días Cake!
- B... buenos días...
Aún un poco descolocada, seguí a la niña emocionada fuera de la enorme habitación. Durante casi un minuto completo, vagamos por los pasillos del castillo inmensamente grande, llegando al fin a un comedor enorme. La mesa era grande, lo suficientemente grande como para tener a 20 ponis sin problemas ,y en la cabecera estaba Discord, sentado en un trono rojo, con un respaldo gris, dos rombos rodeados por cuatro triángulos grabados y astas de ciervo saliendo de la cabecera, con varios símbolos arcanos recorriendo todo el asiento, sosteniendo en su garra de grifo una copa llena de leche con chocolate. A un lado, estaba la misma potra azul, sentada en una silla para niños pequeños, siendo alimentada a través de dos manos flotantes, para ser exactas, las que poseía el señor del caos. Celestia se sentó en su sitio y me indicó que me sentara a su lado, su sonrisa radiante no la abandono nunca.
- ¡Siéntate aquí!
No queriendo enfadar a su terrorífico hermano mayor, me sente en el sitio indicado, y al momento, un banquete se presentó ante nosotras. Pastelitos, leche con chocolate, frutas, café... este último solo para mi, por supuesto. Mi boca babeo, y no era para menos, hacia meses que me alimentaba con comida no muy deliciosa que digamos. Pero un recuerdo de mis clases de magia básica me asaltaron, y me vi reacia.
- ¿Pasa algo, Cake?- dijo Discord con indiferencia, dando un sorbo a su bebida.
- Yo... ¿Esta comida se puede comer? Tengo entendido que la magia no puede crear comida.
- Por favor- dijo Discord estallando en una carcajada.- El caos existió antes de la magia, y yo soy el caos. Las reglas de la magia no se aplican en mi, puedes comer tranquila.
Decidiendo que no era buena idea contradecir a un dios, decidí dar un bocado a uno de los pastelitos. En seguida, mis ojos se abrieron como platos, ¡era el dulce más delicioso que había probado jamás! Tanto Discord como Celestia me miraron divertidos, en cuanto a la pequeña potra, estaba más ocupada tratando de alcanzar uno de los dulces, cosa que su hermano noto.
- ¿Quieres un dulce, Luna?
- ¡Ulce!- grito la niña sonriente, a lo que Discord respondió con una risita.
- Aquí tienes, pequeña- uno de los dulces desarrollo un par de piernas y corrieron hacia la niña, todo ante mi asombrada mirada. Cuando la llamada Luna estuvo devorando con avidez el pastelito, Discord me miró.- Bueno, te diré cual va a ser tu trabajo, Cake.
- ¿Tr... trabajo?
- Si, trabajo, a menos que quieras vivir en el bosque Everfree.
- No, no, estaré encantada de hacer cualquier cosa- mientras no tuviera que volver al bosque, mejor.
- Bien, serás la niñera de Luna mientras le doy su clase habitual a Celestia.
- ¿De verdad tengo que hacerlo?- gimio Celestia en protesta.
- Si no querías estudiar hoy, no deberías haber salido de casa ayer noche- el rostro de Discord, pese a su tono serio, tenía una sonrisa de oreja a oreja.- En cuanto a usted, señorita Cake, también me gustaría probar los dulces que haces.
- ¿En serio?- dije insegura.
Debido a la negativa de mis padres a usar mi talento, no tenía la experiencia necesaria, y tenía miedo de desagradar al señor del castillo.
- Si, es tu talento especial, después de todo. Si lo haces bien, tal vez los dulces que se sirvan en este castillo sean los tuyos.
- H... haré mi mejor esfuerzo, señor.
- Bien, empezarás después del almuerzo, hasta entonces, cuidaras a Luna. Ten tu traje protector.
- ¿Traje pro...?
Me vi interrumpida cuando una armadura completa cubrió mi cuerpo con un sonoro "pop". Discord se giro a su hermana más pequeña, quien tenía toda la boca manchada del glaseado del dulce.
- Vas a tener una niñera, ¿no estás emocionada, Lulú?
Por primera vez, la niña me observo curiosa, frunciendo el ceño y señalándome con un casco regordete.
- ¿Ien e?
- Tu niñera, te quedarás con ella mientras enseño a tu hermana.
- ¡No! ¡YO IERO IR ON ISOR!- grito al tiempo que expulsaba un rayo de energía que destrozo el techo y dejó caer el candelabro sobre la mesa.
- Ya van dos esta semana- dijo Discord con diversión, antes de mirarme, que estaba completamente aterrorizada, ¿tenía que cuidar a ESA potra?- Y por eso tienes traje protector, las alicornios no controlan bien su magia hasta los cinco años y medio, y esta pequeña aún tiene cuatro. Te guiare a la sala de juegos, tú quédate aquí- eso lo dijo mirando a Celestia, quien solo sonrió con una sonrisa traviesa mientras asentia.
No confiando nada en la pequeña alicornio (al menos ya sabía cómo se llamaba su raza), la metió en una silla para niñas pequeñas, haciendo que gritara de indignación. Discord silbo alegremente, ignorando las protestas de su hermana, agarrando a la llamada Luna y cogiéndola en brazos. Después de unos minutos, llegamos a una habitación llena de juguetes, en la que dejó a la niña, que salió corriendo en sus pequeñas patitas hasta una montaña de piezas de construcción.
- Bien- dijo Discord mirándome.- Regla número uno, a menos que se acerque por si misma, no intentes jugar con ella, debe acostumbrarse a ti. Regla número dos, no te preocupes por su seguridad, todo este castillo está encantado para asegurarse de que no se haga daño. Tú trabajo es vigilarla y hacerle compañía, si se decide a jugar contigo, mucho mejor. ¿Alguna pregunta?
Negué con mi cabeza y Discord asintió satisfecho, despidiéndose de la niña, quien se giro y, al ver que su hermano se iba, salió corriendo, pero llegó tarde y se topo con la puerta cerrada.
- ¡ISOR!
Trato de abrir la puerta, pero no funcionó, y cuando tuvo claro que no se abriría, se sento en el suelo y cruzó sus patas delanteras haciendo un puchero. No pude evitar reírme un poco, deteniendome al verla mirarme con enfado, aunque no deje de sonreír. Refunfuñando, se fue hacia sus bloques de construcción, decidida a crear. Durante un tiempo, me quedé sentada, esperando a que la niña decidiera que me uniera a ella o no, tampoco me enfadaría si me quería lejos. Después de un minuto, fue hacia mi con cautela, mirandome antes de extenderme un pequeño bloque triangular.
- Gracias- dije sonriendo, a lo que Luna imitó.- Soy Cake, ¿cómo te llamas tu?
- ¡Luna! ¿Ieres juar conmio?- la sonrisa de la niña era demasiado adorable como para decir no.
Me llevó hasta lo que estaba construyendo, una base cuadrada con algunos muros ya hechos, y supe que quería hacer. Juntas, empezamos a construir un castillo, y en un arrebato de originalidad, hice un foso con una línea de bloques que rodeaban la estructura, un río usando una manta que había por ahí y un puente levadizo con un libro. Luna estaba más que encantada, corriendo y dando saltos alrededor del castillo, que ante mis asombrados ojos, empezó a cobrar verdadera vida. Las "ventanas" se iluminaron como si hubiera luz dentro, el "río" fluyo como uno de verdad y el puente subio y cerro la entrada. Corriendo a una caja de juguetes, la pequeña alicornio me instó a seguirla.
- ¡Los solaos ienen hoar!- dijo mientras buscaba varios muñecos.
Suponiendo que estaba buscando soldados para el castillo, busque junto a la niña los juguetes necesarios. Ahí dentro encontré un surtido de guardias bastante completo, todas las razas poni con armaduras, y Luna las quería a todas en su guardia. Sintiendo alegría por ver que al menos aquí no había esa estúpida discriminación, lleve a los muñecos hasta el castillo, colocándolos en la formación que me indicó la pequeña. Una vez hecho, empezaron a moverse por si solos al castillo, llenando sus recovecos. Tras llenarse, seguí a la niña a la caja de juguetes nuevamente, curiosa de saber que sería lo siguiente.
- ¡Atae al castio!- dijo con alegría sacando muñecos que representaban a más ponis, grifos, minotauros y dragones.
Mire con los ojos bien abiertos la cocina que se me presentaba, una bastante inmensa, una decena de hornos, sartenes, parrillas y una mesa gigantesca en medio de todo para cortar ingredientes y colocar o preparar los platos. En el fondo vi un a gran puerta que supuse era la despensa, además de varios cajones y armarios por todo el lugar. Discord, colocado en la puerta junto a mi, chasqueo sus dedos e hizo aparecer los artículos necesarios para la elaboración de dulces en la sección de la mesa cercana al horno que yo usaría.
- Ahí tienes, te espero para la merienda, que te diviertas.
Sintiendo al draconequs salir de la cocina, respire profundamente, tratando de calmarme. La comida había ido bien, al menos hasta que el señor del caos me comunico que era hora de mostrar mi talento para esa misma tarde. "Tranquilizate, Cake, solo vas a hacerle dulces a un dios y a sus hermanas, seguramente otras diosas, ¿qué podría ir mal?". Sacudiendo mi cabeza, avance a mi zona de trabajo, tratando de recordar las esporádicas lecciones de cocina que tomaba a escondidas de mis padres.
- Vale, necesito harina, huevos y leche, ¿dónde esta...?
Antes de poder terminar, la puerta de la despensa se abrió con fuerza, y vi, para mí completo asombro, un saco de harina venir hacia mi dando saltitos, los huevos flotando al ritmo de una música salida de vete tú a saber donde y dos tarros de leche rodando en mi dirección. "Señor del caos, Cake, no trates de pensar con lógica", me dije, tratando de poner en marcha a mi cerebro nuevamente. Una vez hecho, me concentre y me dispuse a hacer los mejores pastelitos que pudiera, aunque jamás igualaría a los de Discord, todo sea dicho.
Tras casi dos horas de trabajo, termine con una tanda de veinte pasteles, viendo todo mi trabajo con algo de duda. "¿Quizás hice demasiado?". Tarde para pensar, todas las bandejas donde descansaban los pastelitos empezaron a flotar y a dirigirse fuera de la cocina. Sabiendo que seguramente se dirigían junto a Discord y las dos niñas, me dispuse a seguirlas, rezando para que fueran de su agrado. Terminamos en el comedor, donde los habitantes del castillo esperaban en sus sitios, con Celestia apoyando sus patas delanteras en la mesa y mirando espectante los pasteles. Una vez en la mesa, me coloque a un lado, mirando con una sonrisa nerviosa al dios del caos.
- Que aproveche- dije, recordando lo que solían decir los mayordomos de mi antiguo hogar.
- Primero siéntate- dijo Discord señalando una silla junto a Celestia.- También son tus pasteles.
Un poco sorprendida, hice lo que me pedían, normalmente, los criados no se sentaban junto a los señores de la casa. Un poco nerviosa, tome asiento y les vi agarrar un dulce cada uno, el de Luna llendo hacia ella. Trage saliva cuando vi a Discord morder un trozo, y verme con una pequeña sonrisa.
- Para ser un pastelito hecho por un mortal, no esta mal.
- ¡Esta buenísimo!- grito Celestia, cogiendo otro pastelito de inmediato.
En cuanto a Luna, a juzgar por como se manchaba la boca de dulce, le gustaba bastante. Dando un profundo suspiro de alivio, cogí un pastel y di un mordisco, sonriendo al notar el buen sabor. ¡Ja! ¡Toma esa mamá! Observando a los tres habitantes del castillo, pensé que la vida allí no sería tan mala como podría haber pensado, definitivamente, sería mejor que vivir en un mundo de prejuicios y donde el amor y la amistad tenían tantas trabas.
- ¿Y si no lo hago bien?
- Lo harás bien- dije con una sonrisa a la pequeña Celestia.
Caminábamos por uno de los pasillos hacia un gran balcón, y es que Discord pensaba que era hora de que su pequeña hermanita tratara de conseguir su cutie mark, alzando el Sol. Según sus propias palabras, el notaba el vínculo existente entre el astro solar y Celestia, y se estaba fortaleciendo. Así que pensó que era buena idea que intentara levantar el orbe celestial esa mañana. En cuanto a mi, ya había pasado un mes completo, y me estaba adaptando increíblemente bien, el señor del caos confiaba cada vez más en mi y las dos niñas me cogían cariño, por mi parte, estaba muy agradecida, pues tenía un verdadero hogar.
Pronto, llegamos al balcón, y ahí vimos a Discord, acostado plácidamente con la pequeña Luna a su espalda. Se giro y dio una sonrisa alentadora a su hermana, quien respiro profundamente antes de acercarce. Aún era de noche, pero se podía ver la luna bajar lentamente, y pronto se ocultaría, todo por obra de los grandes unicornios. Celestia miró al horizonte por el que debería salir el Sol, notablemente nerviosa.
- Lo harás bien- dijo Discord de forma tranquilizadora, pasando su cola alrededor de la alicornio para abrazarla.- Confía en ti.
Celestia asintió, tratando de tranquilizarse, en cuanto a Discord, observo la luna, listo para impedir desde ahí que los unicornios alzaran el Sol. Cuando el orbe lunar desapareció, el señor del caos chasqueo sus dedos, señal de que estaba reteniendo a los encargados de alzar el astro solar, asintiendo a la niña poco después, que centro su vista en el horizonte y cerró sus ojos. Su cuerno empezó a iluminarse, expulsando una gran cantidad de magia, pero aún así, la noche permaneció ahí, sin luna, y así estuvo por dos minutos completos. Pero pronto, la luz empezó a aparecer, los primeros rayos solares, y a estos lo siguio el mismo sol, que se elevó poco a poco.
Cuando estuvo completamente fuera y en su curso natural, que lo seguiría hasta el atardecer, momento en el que habría que bajarlo, un pequeño destello iluminó los flancos de Celestia, demasiado agotada para darse cuenta. La alicornio se desplomo, respirando con dificultad, pero apenas tuvo tiempo de recuperarse cuando una ronda gigantesca de aplausos resonó en todo el castillo, obviamente salidos de la nada. Tanto Discord como yo teníamos grandes sonrisas en nuestros rostros.
- Sabía que lo harías bien- dijo Discord orgulloso.
- G... gracias, por un momento pensé, que no lo lograría- dijo Celestia levantándose con una pequeña sonrisa.
- Por supuesto que lo lograrías, es tu destino, después de todo- comento su hermano con una mirada traviesa.
Confusa, Celestia miró a su hermano buscando una respuesta, hasta que los puntos se conectaron en su mente y observo sus flancos. Allí, estaba la imagen de un Sol brillante, demostrando, no sólo su talento especial, sino también su destino como la diosa del Sol. Con una sonrisa gigantesca, empezó a dar saltos de alegría en un pequeño círculo, a la que su pequeña hermana se unió rápidamente, animada por la felicidad de la alicornio blanca. Con gran felicidad, observe a las pequeñas niñas, sintiendo un gran orgullo por las dos, es increíble lo que uno puede llegar a sentir en apenas un mes.
Ya tenía más cariño por esas dos y por el dios del caos que por mis padres en toda mi infancia, y ese cariño era devuelto con creces, al menos, por parte de las niñas. Solo el tiempo diría si Discord también sentía eso hacia mi.
