Windigos

Si me lo permites, querido lector, me saltare varios años, en concreto, cuatro, para saltar a cosas más importantes, la primera de ellas, Luna, en el día que consiguió su cutie mark. Estábamos en su habitación, peinando su crin, mientras esperábamos a la hora indicada en la que tendría que alzar la luna, a la que, según Discord, tenía una gran conexión. Aunque la pequeña alicornio no es que estuviera muy confiada de eso.

- ¿Y si fallo?

- No lo harás, Luna- dije con una pequeña sonrisa, aún peinando la larga crin azulada.- Esta en tus genes.

- Pero... ¿y si no es mi destino?

- ¡Por supuesto que lo es!- dijo una voz desde la puerta, perteciente a una Celestia de ya 12 años, y con una sonrisa medio arrogante.- Eres mi hermana, después de todo, no tan genial como yo, pero lo eres. Y si fracasas, bueno... ¡Yo levantaré la luna por ti hasta que lo consigas!

- ¿Alguna vez podrás hablar sin parecer una maldita arrogante?- dijo Luna mirándola con el ceño fruncido. "Allá vamos otra vez", pensé para mí misma mientras me centraba en peinar la crin.

- ¡Oye, sin insultar! Encima que vengo a apoyarte- dijo la alicornio solar alzando su hocico.

- Podrías hacerlo sin hacerme ver como una inútil, señorita doña perfecta- contesto Luna alejándose de mi y encarando a su hermana.

- Tampoco me hace falta, lo haces tú solita- comento Celestia, con su ceño fruncido también, molesta porque su hermana pequeña le hablara así, y pegándose a la cara de Luna.

- ¡Al menos yo no me paso el día en el bosque, como más pasteles de los permitidos y escapo de las clases de Discord, vaga!

- ¡Empollona!

- ¡Devora pasteles!

- ¡Ratón de biblio...!

- ¡BASTA!- grite con fuerza, levantándome de mi sitio y acercándome a las niñas, que se separaron de inmediato y me miraron con miedo en sus ojos, casi pude escuchar su "oh, oh" mental.- ¿Qué os he dicho de discutir entre vosotras?- silencio, pues las niñas prefirieron mirar al suelo que contestar.- He hecho una pregunta, jovencitas.

- No debemos pelear pues somos hermanas- dijeron a la vez, en un tono sincronizado, pero sin alzar la vista.

- ¿Y sobre los insultos?- nada, y yo empezaba a impacientemente, como mostraba mi casco derecho delantero que golpeaba el suelo repetidamente.- ¿Y bien?

- Esta mal...- dijo Celestia.

-... y aún más entre la familia- término Luna.

- Bueno, al menos recordáis eso- dije con una ceja alzada, antes de centrarme en Luna.

- Luna, no deberías haberle hablado así a tu hermana cuando solo te estaba dando apoyo.

- ¡Pero...!- dijo alzando su cabeza, pero se calló al ver mi mirada severa.

- ¡Sin peros, no quiero escuchar ni una sola palabra!- mi mirada se giro rápidamente a Celestia, quien trataba de disimular sus risitas.- ¿Qué te hace tanta gracia, señorita?

- ¡N... nada!- dijo, pillada por sorpresa.

- Aaa, ya decía yo... En cuanto a ti, tu hermana tiene razón, existe una manera de apoyar a tu hermana sin parecer que te estes riendo de ella, y mucho menos sin insultarla.

- Ella también lo hizo...- dijo en un susurro.

- ¿Ves que le haya felicitado por eso? No estuvo bien por ninguna de las dos, pero tu eres la mayor, ya va siendo hora de que lo demuestres. Ahora, voy a ir a avisar a Discord, quedaos aquí.

- ¡¿Vas a decírselo a Discord?!- gritaron las dos al unísono, asustadas, viéndome avanzar a la puerta.

- Si- dije girando mi cabeza, ya habiendo abierto la puerta.- Tengo que explicarle porque os voy a prohibir mis dulces por una semana, empezando a partir de mañana pues hoy es muy importante, pero no tenteis vuestra suerte, ¿capitto?- al verlas asentir furiosamente, sonreí con alegría.- Bien, os dejo para que os disculpéis. Celestia, no termine de peinar su crin, hazlo tú, no queremos que este mal peinada en su momento de gloria. Oh, y si cuando vuelva estáis en otra pelea, estaréis en más problemas aún, ¿queda claro?

- Si señorita Cake- dijeron las dos al unísono, mirando al suelo.

Satisfecha con esas palabras, salí de la habitación y me dirigí al estudio de Discord, rezando para que esas dos no se mataran mientras estaba fuera. Tras un minuto de caminar, llegué a la puerta indicada, tocando en la misma y entrando al escuchar el adelante proveniente del interior. Dentro, encontré al señor del caos sentado en su sillón favorito mientras bebía una taza de leche con chocolate y comía uno de mis pastelitos a la vez que leía uno de los libros de la biblioteca.

- ¿Qué ha pasado esta vez?- dijo, no pudiendo evitar ocultar el tono divertido en su voz.

- Lo de siempre- dije mientras me acercaba al otro sillón y subía los escalones invisibles (señor del caos, no preguntéis) y me sentaba, soltando un largo suspiro.- En serio, esas niñas van a matarme un día de estos. ¿No se supone que los dioses son más calmados en sus relaciones?

- Aa, la idea infundada de que somos perfectos, ¿no te conté ya sobre Ares?- dijo Discord mientras pasaba una página de su lectura.

- Si, lo hiciste.

- Ahí lo tienes, los dioses no somos perfectos. Cometemos errores y sentimos, te sorprenderías las peleas que tuve con mis hermanos en el pasado.

- Parece que es un decreto divino que siempre haya peleas entre hermanos- dije recordando las que yo misma tuve en el pasado, la única diferencia, era que al menos Celestia y Luna se querían.

- Si es así, te juro que yo no fui el dios que dictó esa ley- dijo Discord sonriente, antes de mirar por la ventana y ver el sol poniente, cada vez más cerca del horizonte.- Ve a buscar a las niñas, se acerca el momento.

- Eso sí no se han matado ya- dije con un suspiro antes de bajar de mi asiento y dirigirme a la puerta.

Mientras caminaba, pensé en algún castigo adicional si me las encontraba en medio de una batalla de insultos o de, los Primeros no lo quieran, golpes. ¿Prohibirles salir de su habitación? Es una opción, la verdad, pero no sería necesario, pues al abrir la puerta, me las encontré hablando pacíficamente mientras Celestia terminaba de preparar la melena de su pequeña hermanita. Con una sonrisa, vi la tierna escena, recordando como esas pequeñas alicornios cambiaron mi vida, antes de decidir intervenir.

- Bueno, veo que seguís vivas, es un logro.

Al momento, las dos se giraron a verme, dándome una mirada alegre.

- ¿Eso significa que podremos tener postre mañana?- pregunto Celestia, la más aficionada a los dulces.

- Nop, aún estáis castigadas con eso. Ahora, vamos, tenéis trabajo que hacer.

Las dos abandonaron la habitación y se dirigieron junto a mi al balcón usado para las puestas de sol y ver el alzamiento de la luna, que hasta ese momento, lo habían hecho los unicornios sin demora, hasta hoy. Allí, estaba Discord, sentado en una tumbona mientras esperaba, dándole una sonrisa enorme a su hermana más pequeña antes de darle un abrazo.

- ¿Estas lista, Lulú?

- E... eso creo.

- Lo harás bien- dijo su hermano de forma tranquilizadora.- Esta en ti.

Luna asintió, aún muy nerviosa, viendo a su hermana caminar hacia el balcón y prepararse para hacer su tarea. Antes de cumplirla, Celestia giro su cabeza para darle una mirada destinada a tranquilizar y dar ánimo a su hermanita, está vez, sin arrogancia de por medio, antes de dirigir su mirada al sol, a punto de bajarlo. Pero, antes de hacerlo, se volvió y miró a la alicornio oscura con una idea en su mente.

- ¿Quieres venir aquí? Lo haremos juntas, así no estarás tan nerviosa.

Con una pequeña sonrisa, Luna avanzó hasta estar al lado de su hermana, quien se giro al sol, ya al borde del horizonte, y cerró sus ojos. Al contrario que cuando era pequeña, la estrella se oculto sin problema alguno, y sus rayos dejaron de iluminar el mundo, aunque aún no estaba oscuro. Antes de que los unicornios en el Imperio Unicornio usaran su magia para traer la noche, Discord chasqueo sus dedos, impidiendo que pudieran hacerlo y dando tiempo a su hermanita de hacerlo ella misma. Cerrando sus ojos con fuerza, se centro en buscar la conexión con el astro lunar, así como su hermana le había dicho que ella lo hacía con el sol. Tras unos dos minutos, lo encontró, y obligó al mismo a salir poco a poco y mostrar su esplendor, iluminando la noche mucho más que otras veces.

Cuando hubo terminado todo, Luna se derrumbó agotada, sin percatarse del flash blanco que cubrieron sus flancos. Celestia avanzó para sentarse a su lado con una gigantesca sonrisa en su rostro.

- Te dije que podrías, enana.

- Gracias, Tia- dijo Luna con una pequeña sonrisa, agradecida.

- Ya sabía yo que era tu destino- comente tranquilamente, recibiendo la mirada de la pequeña alicornio.- Lo dicta tu cutie mark.

Con los ojos bien abiertos, Luna miró sus flancos, viendo la cutie mark que simbolizaba su conexión con la luna y su papel como diosa de la noche. Con gran alegría, empezó a dar saltos por todo el balcón, completamente alegre, antes de ser elevada por Discord, quien la colocó sobre sus hombros mientras se dirigía al comedor.

- ¡Esto merece un banquete!

Con una sonrisa, seguí a los que consideraba una familia, lista para celebrar la cutie mark de la pequeña Luna, símbolo de como estaba creciendo.


Una vez asegurada de que esas niñas estuvieran dormidas después de estar dos horas de fiesta, fui hasta la sala privada de Discord. La fiesta había ido relativamente bien, y sabiendo que ese sería el último día en el que podrían comer dulces, al menos durante una semana, ambas alicornios comieron todos los posibles, casi me daba miedo que se ahogaran. Tras unos minutos, llegué a la puerta, tocando antes de entrar. En la ventana encontré al señor del caos, con sus brazos cruzados a su espalda, observando, no el paisaje nocturno o el bosque, sino una proyección que se estaba desarrollando en el cristal.

- ¿Algo interesante, señor?- dije mientras me acercaba.

- Más que interesante, es triste y decepcionante.

Con una ceja alzada, observe la ventana, viendo lo que parecía ser un mercado terrestre, pero la visión se enfoco en un puesto en concreto. Una pegaso, a la que se le veía hambrienta y tenía entre sus patas a un potro, trataba de conseguir que el mercader terrestre le vendiera algunas verduras de las que vendía. Cosa, por cierto, que no parecía funcionar.

- Pensé que los terrestres estaban obligados a compartir su comida con las otras razas- dije confusa.

- Y lo están, al menos con los grandes comerciantes, pegasos y unicornios, pero en lo que respecta al resto... se reservan el derecho de negar sus productos o de venderlos demasiado altos.

- Se por donde va eso- dije con un suspiro, recordando como me vendieron un mapa por casi 1000 bits, y encima era falso.

- Dos siglos, y aún no han aprendido a vivir en paz- dijo Discord con un suspiro decepcionado, alejándose de la ventaja, que volvió a mostrar su paisaje común, y se acerco al fuego.- Si esto sigue así, mis hermanas jamás podrán guiarlos.

- Si puedo comentar algo- dije mientras me acercaba.- Los mortales tendemos a aprender a golpes. A menos que nos enfrentemos a la extinción, dudo que las tres razas ponis se unan.

- Extinción...- dijo Discord, pareciendo meditar esas palabras, antes de que una sonrisa cruzara su rostro.- Cake, eres un genio.

- Espera... ¿qué?

Con un chasquido de sus dedos, nos transportamos a la torre más alta del castillo, donde muchas veces íbamos a ver las estrellas. El cielo nocturno se veía sobre nuestras cabezas, sin techo alguno que dificultara la vista de la bóveda estelar, y en el centro, normalmente vacío, Discord hizo aparecer un caldero gigantesco, al que se acerco.

- Ya se como encaminar a los ponis fuera de su estado actual de odio y caos.

- Curioso que el señor del caos quiera evitar... bueno... caos- dije mientras me acercaba, deteniéndome al ver su rostro serio.

- Cake, seré el dios del caos, pero también soy uno... el Guardián del equilibrio entre caos y armonía- dijo con un deje de tristeza.

- ¿De la armonía no se encargaban tus sobrinas?- dije con cautela.

- Ellas mantienen la armonía viva, cierto, pero yo mantengo el equilibrio, y si los ponis siguen así, se romperá.

- ¿Y qué planeas hacer para evitarlo?

- Hacerles ver que su camino actual sólo los llevará a la perdición. Así que... probaré lo que tu me dijiste, Cake- al decirlo, extendió su garra de águila sobre el caldero, que se lleno rápidamente de agua, antes de girar la palma hacia el cielo y, entre su índice y su pulgar, generar una bola roja y amarilla.- Una pizca de caos- dejó caer la gota, y el agua burbujeo y se comportó como un mar en cólera, las gotas ascendieron para empezar a girar en diferentes sentidos, y el color se volvió rojizo y amarillento. Después, la cola de Discord se colocó sobre el caldero, agarrando una bola negra entre sus pliegues.- Un pelin de odio, amargura y tristeza- la bola cayó, volviendo las aguas de un color negro profundo al tiempo que un grito lastimero salió de las mismas, haciendo que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Para terminar, alzó su garra de león hacia su rostro, con la palma hacia arriba.- Y un poco... de frío.

Soplo, y una neblina blanca salió y cayó en las aguas, volviéndolas del mismo color, y un segundo después, tres figuras fantasmales salieron disparadas al cielo. Parecían ponis, pero sus cabezas eran más afiladas, su parte inferior acababa en una larga cola, y sus ojos parecían contener toda la maldad del mundo. Tres gritos lastimero se escucharon, y no se detuvieron hasta que las figuras desaparecieron en la noche.

- ¿Q... qué e... era eso?- dije con el miedo en mi cuerpo.

- Espíritus del caos, alimentados por los malos sentimientos, y cuanto más haya, más frío habrá.

Trage saliva, pensando en los tiempos oscuros que se le avecinaban a los ponis, rezando para que no tardaran en descubrir lo que tenían que hacer.


Durante un año, tanto Discord como yo estuvimos observando los avances de los ponis con los Windigos, bautizados así por ellos, y no eran muchos. El frío avanzaba, creando una ventisca de nieve que no podía ser controlada por nadie, ni siquiera por los pegasos. Con el corazón destrozado, vi como cientos de terrestres, pegasos y unicornios morían a causa del frío, del hambre o por ataques en busca de comida. Aunque al señor del caos parecía afectarle, no estaba dispuesto a detener nada de esto, pues, según el, era el único método para evitar su propia destrucción. Esa noche llegue a la sala donde veíamos todo, el lugar de creación de esos espíritus, observando el caldero lleno de agua, y para mí asombro, vi algo que no esperaba ver.

- ¿Esto está pasando?- dije incrédula.

- Si, lo está- comento Discord sin despegar su vista del caldero.

Nos estaba mostrando una reunión entre los tres líderes de las tres razas, algo que no sucedía desde el día en que el sol y la luna dejaron de moverse por si mismos. Aún más impresionante que eso era el echo de que el canciller terrestre hubiera ofrecido su casa como lugar de reunión, y más aún que los orgullosos unicornios y pegasos hubieran aceptado. Una sonrisa cruzó mi rostro, contenta por lo que veía, antes de sentarme y estando dispuesta a ver la asamblea.

- Al fin arreglaran sus diferencias.

- Sólo se reuniran para debatir que hacer, no para aliarse- comento Discord sin ceremonias.

- Desconfiado- dije con el ceño fruncido.

Por respuesta, Discord se encogió de hombros y siguió observando, haciendo yo lo mismo. Al principio, todo iba bien, debatiendo las posibles soluciones, pero todo se fua al traste cuando empezaron a acusarse unos a otros de lo ocurrido. Tras una hora de insultos y acusaciones, los tres líderes se separaron, sin ninguna intención de volver a colaborar. Yo no pude hacer otra cosa que suspirar derrotada, en cambio, el draconequs a mi lado solo se llevó su mano de águila a la barbilla, pareciendo debatir consigo mismo.

- ¿Pasa algo, señor?

- No, Cake, puedes irte tranquila. Buenas noches.

No estando muy segura, abandone la estancia y me dirigí a mi habitación, preguntándome que tendría en mente Discord.


Cuando desperté, a causa de mi alarma consistente en un gallo con una martillo de goma, me prepare para ir a despertar a las alicornios, quienes tenían que ocultar la luna y alzar el sol. Mi primer objetivo fue la más dormilona, Celestia, entrando en su cuarto y viéndola, como me esperaba, dormida a pierna suelta en su cama. Me acerque a su cama y trate de despertarla suavemente.

- Vamos, Celestia, tienes trabajo que hacer.

- Cinco minutos más...- dijo aún adormilada.

- Ni lo sueñes, la última vez te retrasaste veinte minutos. Levántate.

- No- y con eso, se subió su gruesa manta y se tapo el rostro, ignorándome por completo.

- No me obligues a levantarte por las malas- se giro, aún dentro de la manta, para darme la espalda, haciendo que suspirara, ¿no podía haber ni una mañana normal?- Voy a contar hasta tres, Celestia, y más te vale levantarte tu sola, uno- nada-, dos- la alicornio dejo salir un ronquido, y estaba segurisima de que solo era para desafiarme-, tres.

Agarre la manta con mi magia y se la arranque de sus cascos, y antes de que pudiera quejarse, levante el colchón y la deje caer al suelo. Mientras volvía a colocar la cama, Celestia apareció por el otro lado, con su melena rosa despeinada y con una cara de sueño de campeonato, mirándome con reproche. Pareció estar a punto de decir algo, pero al ver mi típica mirada de "calla o castigo", se decidió por gemir de frustración y caminar hasta su tocador, lista para peinarse y arreglarse un poco. Tras terminar de arreglar la cama, asentí satisfecha y me dirigí a la salida, no sin mirar a la niña antes.

- Iré a despertar a Luna, más te vale estar preparada cuando termine.

- Si, mamá- dijo en un tono cansado y sarcástico, aunque ambas sabíamos que ese "mamá" sarcástico encerraba mucho más significado.

Saliendo por la puerta, fui a la habitación de Luna, justo al lado de la de Celestia, abriendo cuidadosamente y viéndola en su cama, aún durmiendo plácidamente. Como la alicornio lunar era más propensa a despertarse sin problemas, me acerque sin hacer mucho ruido, colocándome junto a su cabeza y agachándome para susurrarle al oído.

- Luna, vamos, despierta.

Poco a poco, la pequeña despertó, dando un gran bostezo antes de sentarse en la cama. Con algo de sueño, se puso de pie y se dirigió a su tocador, esperando pacientemente a que yo hiciera su cama antes de realizar nuestra rutina matutina. Tras terminar, me acerque a Luna, empezando a peinar su crin, y conforme avanzaban los minutos, más despierta estaba ella.

- ¿Qué tal dormiste?

- Bien- contestó Luna, aún sacándose los restos de sueño.- ¿Y tú?

- Como un bebé, igualita que tu a los cuatro años- dije con una pequeña risa, siendo seguida por Luna.

Tras unos minutos, termine de peinar su crin, saliendo al pasillo y dirigiéndome al balcón destinado al amanecer. Como me temía, Celestia no estaba allí, obligándonos a esperarla, como siempre. De vez en cuando, observaba el reloj colocado junto a la entrada a la terraza, colocado allí por petición mía, para asegurarme de que la joven diosa solar llegara a tiempo. Dos minutos después de la hora de sacar el sol, y justo cuando estaba por entrar y sacar a rastras a esa tardona, Celestia apareció de repente, casi asfixiada.

- ¡Ya era hora!- dije enfadada.- Al menos no llegaste cinco minutos tarde como la semana pasada.

- Lo siento, me tope con un nudo revelde- dijo mientras se peinaba su crin con su casco derecho, dando una ligera risa, que murió tan pronto como me vio.

- ¡Si ves que vas a llegar tarde, te encargas del nudo después de levantar el sol!

- Luna podría haber empezado sin mi- dijo la alicornio encogiéndose un poco.

- ¿Y dejar al mundo en vilo, en un estado de oscuridad sin luna, y sin ver salir el sol? Muy buena idea, si señor.

- Bueno, visto así...

- ¡Qué te pongas en tu sitio!

Saltando ante mi grito, se colocó junto a la barandilla, uniéndose Luna poco después. Esta cerró sus ojos e inclino su cabeza, haciendo bajar a su preciosa luna, y cuando esta desapareció, Celestia se preparo para sacar el astro rey, trayendo al mundo un nuevo día. Asenti satisfecha al verlo, asombrándome de lo mucho que habían crecido, pues ya no les costaba nada hacer ese trabajo. Una vez hecho, las guíe al comedor, donde ya se había servido el desayuno, entre este, los dulces que prepare el día anterior, pero contrario a otros momentos, Discord no estaba allí. Un tanto confusa, me senté en mi sitio, decidiendo esperar a que llegara, o ir a buscarlo después. En cuanto a las chicas, no parecieron percatarse de la ausencia de su hermano, empezando a comer sin pausa, en especial Celestia, que solo se digno a comer los dulces.

- Celestia- dije mientras agarraba una manzana, lista para comerla-, ¿quieres hacer el favor de comer algo más aparte de los dulces?

- A Funa no Fe Giges nafa- dijo en tono de reproche, mientras tenía la boca llena de un pastelito.

- ¿Qué hemos dicho de hablar con la boca llena?- cuando la vi tragar, me digne a responder.- Luna esta comiendo de forma civilizada, y también come algo más aparte de dulces.

- Ugg, está bien- dijo la niña mientras agarraba una pera y le daba un gran mordisco y me miraba como diciendo "¿contenta?".

Tras el desayuno, y mandar a las chicas a hacer sus tareas y luego jugar, me dirigí a donde sabía que estaría Discord, en la sala donde tenía su caldero. Y efectivamente, allí estaba, observando el mismo, que mostraba a la canciller terrestre Puddinghead hablando con su consejero de máxima confianza, Smart Cookie .

- ¿Pasa algo?- pregunte mientras me sentaba a su lado.

- Los primeros frutos de mi plan- dijo el señor del caos mientras chasqueaba sus dedos y mostraba al rey unicornio hablando con su hija, la princesa Platinum, y esa aprendiz de Star Swirl, Clover the Clever.

- ¿Y ese plan es...?

- Ir en busca de nuevas tierras, les induje esa idea en su mente anoche- dijo mientras volvía a chasquear sus dedos, mostrando esta vez al líder pegaso, el comandante Hurricane, y a su subalterno directo, la capitana Private Pansy.- Prepárate, pues en dos meses, tres como máximo, estarán aquí.

- ¿En el Everfree?- dije completamente confundida.

- No, en los terrenos cercanos al Everfree.

- ¿Por qué tan cerca, señor?

- Mis hermanas tendrán que guiarlos un día de estos, y es mejor que estén cerca, ¿no crees?

No pude hacer otra cosa que asentir, observando al líder pegaso discutiendo los detalles para su próxima expedición. Internamente, me pregunte como diablos acabaría todo esto.

Tras casi cuatro meses de viaje, tres grupos de terrestres, pegasos y unicornios, con doscientos ponis en cada uno, llegaron a la base de la montaña del primer río (estaba deseando que le pusieran un nombre de una vez a esa cosa), decidiendo escalarla, cada raza por un lugar distinto, para poder reclamarla como suya. Y es que, incluso desde la distancia, se podía ver claramente la gran explanada cerca de la cima, y cada líder la quería por un motivo distinto. El comandante Hurricane por su altura, ya que así los pegasos podrían construir algunas casas allí en lo que construían una ciudad a la altura de su raza sin alejarse tanto, la canciller Puddinghead porque así tendrían una vista estratégica de todo y poder ver a posibles enemigos desde lejos, mientras que la princesa Platinum la quería para empezar a construir ahí un castillo que representara la grandeza de los unicornios.

Por desgracia para ellos, se encontraron en la cima, provocando una gran disputa que estuvo a punto de llegar a una batalla. No obstante, los Windigos llegaron primero, atraídos por el odio ahí presente, aunque sospecho que la cercanía de su creador y fuente de todo caos tenía mucho que ver. Cuando la nieve empezó a cubrir el lugar, los ponis tuvieron que avanzar más y más arriba, llegando a una caverna gigantesca. Por desgracia, muchos de ellos murieron congelados de inmediato, quedando apenas una docena en los tres grupos. Mientras los soldados y los subalternos de los líderes trataban de mantenerse calientes, la canciller, el comandante y la princesa empezaron a pelear sin tregua alguna, provocando que los llamados por los ponis como espíritus del invierno pudieran entrar en la cueva y congelaran a los mismos, aunque Discord se encargó de mantenerlos vivos, puesto que aún si los ponis restantes descubrieran como sobrevivir, necesitarían a esos idiotas para que los ponis no vieran ese hecho como herejía.

Una vez los líderes congelados, los grupos empezaron a juntarse más, en un vano intento por calentarse, pero sin hacer esfuerzos por convivir en armonía. No fue hasta que Clover the Clever, Private Pansy y Smart Cookie empezaron a hablar y conocerse, como un último acto antes de morir, que no se dieron cuenta del efecto que tenía eso mismo. La nieve y el hielo parecían huir de los tres ponis, y los mismísimos Windigos huían de ellos, incapaces de soportar la armonía y amistad. Siguiendo el ejemplo, el resto empezaron a hablar entre ellos, no sólo entre su misma raza, sino con cualquiera a su lado, ya sea pegaso, terrestre o unicornio. Durante toda la noche, siguieron hablando sin detenerse, contando historias, anectodas, y más que ponis encerrados, parecían estar disfrutando de una hermosa fiesta. Cuando el amanecer trajo la luz del sol, los tres líderes se descongelaron y vieron todo lo que había ocurrido a su alrededor.

Aunque al principio consideraron a sus subordinados como traidores, pronto vieron que lo que decian era cierto. Y tras mucho deliberar, se llegó a una conclusión, las tierras descubiertas no serían para una sola raza, sería para las tres, pues ya no eran parte del Reino Unicornio, del Imperio Pegaso o de la República Terrestre, eran los nuevos líderes y fundadores de Ecuestria, un lugar donde todos los ponis vivirían en armonía. Aún así, hubo problemas, pues muchos en las tierras que dejaron atrás no estaban dispuestos a esto, pero como la alternativa era morir del frío, decidieron emigrar a este nuevo país. Al menos, así fue la mayoría, pues tras casi un año en el que las antiguas tierras poni fueron abandonadas, un pueblo de ponis terrestres se negó a marchar, arriesgándose a morir de frío.

Pero Discord no estaba dispuesto a eso, por lo que, usando su poder, creo un artefacto que espantaría al frío y mantendría su hogar a salvo, uno que se alimentaría del amor y los buenos sentimientos de sus habitantes. Colocándolo en el hogar del regente del mismo, le indico a través de sueños como usar el objeto bautizado como corazón de cristal, y así, fue como El Imperio de Cristal nació.