Era una mujer, una buena y dedicada mujer, al menos, se lo repetía mentalmente. Que era dedicada, responsable, que llevaba una vida sana y jamás tenía pensamientos impuros. Entonces, por todo eso, por todos sus valores… ¡no podía entenderlo! Al estar con Tsunade, sólo se podía pasar mirando sus pechos. Malditos pechos enormes.
Incluso, a pesar de todo el entrenamiento ¡su mirada se enfocaba en sus pechos! Se decía que era una maldita pervertida, pero después de un rato de insultarse y de sentirse horriblemente miserable, salían a flote sus verdaderos sentimientos: ¡ella quería pechos así!
No era pervertida, no era impura, ni ninguna otra de las cosas que se imaginaba: era una maldita tabla de planchar y ella lo sabía bien ¡hasta su inner lo sabía bien!
¿Sería todo el sake que tomaba que se iba a sus pechos? Sakura quería saber su secreto, que al menos, quería tener un pecho destacable… quizá no las sandías que tenía Tsunade, pero unos modestos limones… ¡al carajo! Ella quería lo mismo. Si Tsunade podía tenerlos, ella también.
E hizo lo impensable: fue a buscar un método para tener más pechos. Sabía que la cirugía estaba descartada, no iba a poder entrenar y quién sabe qué dirían de ella si se enteraban de lo que había hecho… pero tenía la idea de que alguna manera natural podía hallar. Y encontró el sitio donde podían "ayudarla".
En la botica, ofrecían mil y un método milagroso, desde bajar ocho tallas en una semana hasta volverse más alto al llegar a fin de mes. Y entre ellos, había una de esas cremas milagrosas que podrían salvar la planicie que Sakura llevaba en el pecho: una crema que aumentaba hasta tres tallas de busto ¡Sakura estaba en a gloria! Finalmente, iba a tener pechos que lucir y un generoso escote que mostrar, no esos cuellos altos horribles que usaba porque ningún escote quedaba bien siendo plana. Y ni hablar de los sostenes ¡vergüenza le daba ir a la tienda y pedir el casi A! ¡Casi!
La compró sin dudarlo y fue a su casa dispuesta a probarla.
—Te juro que si no sales ahora voy a tirar la puerta abajo —gritó la quinta desde el otro lado. Sakura no se había presentado al entrenamiento y cuando la quinta fue a verla, su madre le contó que estaba decidida a no salir de su habitación. Y Tsunade no estaba dispuesta a permitir que una genin la plantara.
Cansada de obtener por respuesta el "déjenme sola" que gritaba Sakura cada vez que la quinta hablaba, la legendaria sannin no tuvo piedad con la puerta que, de una patada la tiró abajo.
Encendió la luz y vio a su estudiante antes de que se cubriera con las sabanas y no pudo más que intentar, con mucho énfasis en intentar, sofocar una risa. Pero no le duró demasiado.
La Hokage se acercó y le quitó la sabana examinando a la muchacha. No sólo le había crecido el pecho tres tallas, ¡le había dado una reacción alérgica hasta en la cara! Y Sakura estaba avergonzada de verse de esa manera.
No tardó nada en volver a correrla y esconderse una vez, sin embargo, la quinta lejos de hacerlo, se puso a revisar la habitación hasta que lo encontró. La crema milagrosa que había usado la joven el día anterior.
Tsunade la examinó y sin mucho cuidado con su alumna, la descubrió e hizo que la mirara, de la misma manera, tocó uno de sus pechos haciendo que Sakura gritara entre vergüenza y dolor: su maestra era una desgraciada. Pero gracias a eso, sabía que además de la alergia, tenía una fuerte inflamación en las glándulas mamarias… y eso la había llevado a su exorbitante crecimiento en tan poco tiempo.
—Volveré en media hora —le dijo devolviéndole la crema— entrenar es más productivo.
Sakura no dijo nada, adolorida, avergonzada, se sentía completamente humillada ¡y todo había sido su culpa!
Nunca pensó decir esto, pero… jamás deseó tanto no tener pechos.
¡Hola! ¿Cómo están? Espero que de maravillas. Les traigo un relato en tono de comedia, parodia que hice para un reto. Tenía que usar el pecado de la Envidia y con Sakura ¡jo! Fue una combinación que me costó horrores desarrollar, pero aquí tienen el resultado final de esto.
Espero que lo hayan disfrutado.
¡Un abrazo!
