CAPITULO I
FANTASMAS DEL PASADO
La agitación se podía sentir por todo el lugar. La casa era un hervidero con gente en movimiento caminando por todos lados. Alrededor de cinco personas iban y venían sin parar, cargando maletas y cajas en plataforma trasera de una camioneta grande que estaba estacionada frente a la puerta principal de la mansión. Otras tres personas más bajaban objetos y trastes por las escaleras. Al mando de aquella afanada cuadrilla se encontraba una hermosa mujer rubia, de una mirada azul profundo y cuerpo gentil, que en apariencia parecía una joven en los últimos años de su veintena, aunque en realidad ya bordeaba los 35 años. Su rostro denotaba algo de cansancio, pero sin duda estaba muy feliz.
Eleanor Andley, esposa de Joseph Michael Andley, trataba de coordinar la mudanza de su familia. Su esposo había partido desde hacía un mes y medio para tener todo preparado al arribo de sus hijos y esposa. Se mudarían a Chicago, ciudad donde residirían al menos por los próximos 5 años, ya que el clan Andley había decidido que Michael apoyara más de cerca las actividades llevadas a cabo por su cuñado George White -esposo de la hermana menor de Michael, Pauna- en el manejo de los negocios familiares.
En un inicio, la noticia no había sido nada agradable para Eleanor… habían transcurrido trece largos años desde que la pareja había "huido" de Chicago para refugiarse en la apacible Mansión de las Rosas en Lakewood, y hasta ese momento no habían tenido la necesidad de volver a poner un pie en la ciudad… y así pasaran 100 años, Eleanor pensaba que nunca sería tiempo suficiente para mantenerse alejada de ese lugar que guardaba tantos dolorosos recuerdos.
– No creo que sea buena idea, Michael- le comentó tímidamente a su esposo el día que él le comunicó de la mudanza –Aún creo que es muy pronto…
– ¡Oh, Ely!… ¿En serio crees eso?– le respondió su esposo en un tono cariñoso, abrazándola y depositando un casto beso en la cabeza a la mujer – Si ya han pasado trece años… y muchos de los que nos conocieron en aquella época o se han mudado o están muertos… ¿Crees que alguien al vernos sospeche algo?… recuerda que nos fuimos apenas nos casamos… nadie pudo enterarse de nada…– el hombre hizo una pausa y deslizó su mano por los sedosos cabellos de su esposa – Salvo por George, Pauna, Stear y Patty, las circunstancias de lo que en realidad sucedió siguen siendo un secreto para todos–
– No estoy tan segura de eso, Cielo– el tono en la voz de la rubia se escuchó preocupado. Eleanor apoyó la cabeza contra el pecho de su marido –Creo que dejamos muchos cabos sueltos…–
Eleanor sintió el peso de la mirada de su esposo sobre ella, y levantó el rostro… pudo verse reflejada en los ojos claros de Michael, que la miraban con amor y devoción infinita… mirada color cielo y cabello como el sol…. el sello indiscutible de la familia Andley. Lentamente sus labios se acercaron, y se dieron un corto pero tierno beso. Michael rodeó completamente a su mujer con sus brazos, atrayéndola aún más hacia su cuerpo, abrazándola con fuerza, como queriendo protegerla.
– No te preocupes, Princesa– le susurró con dulzura al oído –Porque mientras Dios me dé vida, nada ni nadie les hará daño ni a ti ni a nuestra familia–
Eleanor creyó fielmente en las palabras de Michael, como siempre lo había hecho desde que decidió unir su destino al de él. Y por eso a partir del día uno, se había dedicado a organizar el viaje de 50 minutos en tren que separaban a Lakewood de Chicago…
No resultaba nada fácil coordinar la mudanza de toda su familia que consistían en cinco niños, dos perros, un gato y tres mucamas… era una tarea titánica y la estaba llevando con bastante éxito… al menos hasta ese momento…
– ¡Archie, Terry y Anthony, apresúrense que se nos hace tarde! El tren saldrá en una hora, y si no se apuran lo vamos a perder– habló desde las escaleras en un tono suave pero firme, mientras le entregaba algunos paquetes pequeños a una de las jóvenes de servicio.
– ¡Ya estoy aquí, Mamá!– Un niño rubio y de ojos azul celeste y de aproximadamente 10 años, llegó corriendo desde el patio sosteniendo en sus manos una rosa – ¡Esto es para ti!– El pequeño le entregó la flor a su madre, con una sonrisa encantadora y dándole un beso en la frente.
– ¡Anthony, mi amor, es muy hermosa… muchas gracias, cariño! Ahora corre y ve al auto que ya nos vamos– vio la mirada inquisitiva de su pequeño y sonriéndole se apuró en contestar la muda pregunta que bailaba en sus ojos – No te preocupes, Susana ya está en el auto junto con Tom.–
El chico sonrió ampliamente y salió corriendo por la puerta principal. La joven madre soltó una suave risa al ver lo inseparable que era el niño de su hermana gemela.
– Bien, listo el primero... ahora solo me falta arriar a los otros dos… dónde se habrán metido esos mocosos…–
Después de pensar por unos minutos, decidió empezar su búsqueda en el salón de juegos. Había dado dos pasos apenas, cuando una voz a sus espaldas la sobresaltó.
– ¿A quien buscas, Mamá?– La mujer brincó del susto y luego se giró. Frente a ella estaba un jovencito de unos catorce años, con ojos color miel y cabello rubio castaño, comiendo una manzana con un aire de elegancia y distinción que lo hacía sobresalir entre un millón. " Igual a su padre" pensó la mujer.
– ¿Dónde has estado, Archie? ¿No te has dado cuenta de la hora que es?- le recriminó a su hijo fingiendo un enojo que estaba lejos de sentir.
–Estaba buscando algo que comer, señora… ¿o es que acaso esperas que tanta belleza se mantenga sola? – Archie le contestó mientras se señalaba a él mismo de cuerpo entero, con un gesto de divertida prepotencia que hizo a su madre reír a carcajadas –Que va, señora, a esta obra de arte hay que darle mantenimiento, recuerda que soy un niño en crecimiento– finalizó con un guiño dando una nueva mordida a la fruta en sus manos.
– Sí claro, lo que tu digas, cariño– río su madre mientras despeinaba su cabello –Anda ya, señor Modestia es mi segundo nombre, y vete al auto con tus hermanos.–
Archie comenzó a caminar hacia la puerta aún con su manzana en la mano, cuando su madre carraspeó. El chico la miró y frunció los labios en una mueca de fastidio, regresando sobre sus pasos hasta quedar de frente a la mujer que lo trajo al mundo, para entregarle la fruta a medio comer.
– Sabes las reglas, hijo… nada de comida en el auto. Ya comerás algo cuando estés en el tren-
– Claro, si no muero de inanición antes– el menor le dio una mirada traviesa y sonrió con picardía –Te voy acusar con las autoridades por abuso y maltrato infantil, Eleanor.–
Eleanor lo miró con los ojos entrecerrados y Archie empezó a reír escandalosamente, caminando de prisa hacia la puerta. Sus hijos mayores solían llamarla por su nombre de pila o decirle Sra. Andley cuando querían embromarla.
– De acuerdo, Sra. Andley, usted manda, ya me voy... te espero en el auto–
– Espera, Archie– el joven se detuvo en el marco de la puerta y volteó a ver a su madre – ¿Has visto a Terry? –
Archie arrugó el ceño… no era que no quisiera a su hermano... era solo que el menor le resultaba bastante insoportable... entre ellos dos siempre había existido una rivalidad innata, que se había acrecentado ahora que eran ambos adolescentes… ambos tenían personalidades muy fuertes y solían discutir a cada rato... sin embargo, a la hora de defenderse mutuamente en contra de otros, hacía un equipo fabuloso... cosas inexplicables de hermanos.
Archie no hizo ningún esfuerzo por disimular su molestia, y contestó en un tono seco y cortante.
– ¿Acaso soy su niñera para saber donde se encuentran ese tonto malcriado? –
La mirada de Eleanor fue fulminante.
– ¡Archibald! – dijo seriamente y sin alzar mucho la voz, a manera de advertencia… amaba a sus hijos pero a ninguno le iba a soportar groserías ni faltas de respeto. Archie bajó los ojos avergonzado.
– Lo siento, Mamá, discúlpame por favor– musitó con real arrepentimiento para luego suspirar hondamente y responder con tranquilidad –Terry está en su habitación…– el joven se volteó y ya de espaldas a su madre, continuó –Y creo que no tiene la más mínima intención de salir de allí, al menos no en las próximas horas– agregó para salir finalmente por la puerta de la mansión.
Eleanor se preocupó. No era normal que su hijo estuviera recluido en su habitación cuando él era el más entusiasmado por el viaje… aunque si lo pensaba mejor, sí había notado un sutil cambio en la actitud de su hijo en los últimos días: estaba más taciturno que de costumbre, rehuía de su presencia, discutía más seguido con Archie, y hasta había dejado de cenar en las últimas noches… Aun así, no pensó que su emoción hubiese menguado, pues Terry era el que más ganas tenía de reencontrarse con su padre… después de mes y medio de ausencia y siendo su favorito, era más que comprensible...
Bastante consternada, dejó la manzana mordida y la rosa que le dio Anthony sobre una repisa, y se dirigió a la habitación de su testarudo hijo.
Al llegar dio tres toques suaves a la puerta. No hubo respuesta. Volvió a tocar pero el resultado fue el mismo.
– Terry… – llamó con suavidad – ¿Estás ahí?... ¿puedo pasar? –
No se escuchó nada... ni una queja, ni una aceptación. Eleanor se alarmó. Lentamente giró el pomo de la cerradura y abrió la puerta, asomado su rubia cabeza con sigilo.
– ¿Terry…?– volvió a preguntar recorriendo con su vista toda la habitación. Y entonces los vio... el chico de largo cabello castaño oscuro y profundos ojos azules, yacía acostado de espaldas en la cama, los brazos doblados detrás de la cabeza, vistiendo únicamente unos jeans y una delgada franela.
Encontrar a su hijo en ese estado realmente le molestó. Entrado por completo a la recámara, la joven madre caminó con paso decidido hasta quedar al pie de la cama donde descansaba su hijo.
–¡Terrence Andley, se puede saber por qué aún no estás listo! –
El tono en la voz de la rubia era de total indignación. Volvió a recorrer la habitación con la mirada, deteniéndola en el armario de su hijo… ahí, tiradas y todavía sin cerrar estaban las maletas del chico. Soltando un bufido de frustración, caminó hacia el mueble, mientras continuaba su reprimenda.
– ¡Esto es inaudito, tampoco has terminado de empacar… es el colmo, Terry! –
Eleanor comenzó a recoger de mala gana las prendas desperdigadas por doquier y colocarlas dentro de la maleta de su hijo … no entendía la actitud de Terry… si bien era cierto que su hijo del medio tenía un carácter dominante y de todos siempre fue el más rebelde y voluntarioso, seguía siendo un muchacho gentil y obediente, sobre todo si se trataba de complacer a Michael… su padre era el ídolo del castaño…
– No te comprendo, Terry – dijo luego de unos minutos, guardando el último enser y cerrando finalmente la valija – Tú eras el más emocionado con la idea de mudarnos–
Terry permaneció en silencio viendo a su madre acomodar el equipaje cerca de la puerta del dormitorio. Eleanor lucía cansada y confundida, mientras revisaba por última vez las gavetas del armario, para cerciorarse que no se quedaba nada. Una vez terminada la inspección, se giró para enfrentar a su hijo y reprocharle su actitud.
– ¿Es que acaso no quieres reunirte nuevamente con tu pa..? –
Las palabras murieron en sus labios… una mirada tan fría como el hielo impactó de lleno contra su pecho, atravesándola sin piedad… los azules ojos de su hijo, tan azules como los de ella misma, despedían dardos filosos; podía hasta sentir como se hincaban dolorosamente en su carne, intimidándola al grado de enmudecerla.
– ¿Hasta cuando me vas a seguir mintiendo, Eleanor?–
La voz de Terry retumbó por toda la habitación haciendo que su madre se estremeciera. Había una gran carga de rencor en sus palabras. Eleanor lo miró pasmada, sintiendo otra fuerte y potente punzada que le penetraba hasta el alma... reconoció la sensación de inmediato... era miedo.
– ¿De qué estás hablando, Terry? –
Terry se levantó de repente y con dos zancadas quedó frente a su madre. A pesar de tener tan solo doce años, siempre había sido bastante alto para su edad, y estaba a un palmo de alcanzar la estatura de su progenitora.
Terry permaneció varios minutos con los ojos clavados en los de su madre, como queriendo analizar cada reacción de la mujer frente a él. El joven sintió su propia respiración acelerarse y crispó los puños. Finalmente, y con la mirada todavía fija en aquellos irises idénticos a los suyos, Terry extendió un brazo hacia Eleanor. En sus manos, algo arrugada y rota en algunos lados, se encontraba una vieja foto.
Un grito ahogado se escapó de los labios de la rubia al reconocer lo que su hijo le estaba entregando… la mujer palideció súbitamente, y dio dos pasos hacia atrás para alejarse mientras observaba al chico con ojos desorbitados.
– ¿De dónde sacaste esto, Terry? – dijo con voz trémula sosteniendo el retrato entre sus manos – ¡Habla de una vez, Terrence!- ordenó con temor.
Terry la observó sin mostrar ninguna inflexión en su rostro. Luego le dio la espalda y caminó hasta el ventanal… desde ahí pudo ver a sus cuatro hermano, todos en el patio esperando por la hora en que saldrían rumbo a la estación del tren. Susana y Anthony corrían de un lado al otro jugando sin preocupaciones. Archie, por su parte, lucía sumamente aburrido mientras comía una manzana apoyado contra la puerta del auto. Y finalmente observó Tom, quien terminaba de dar instrucciones al personal, al tiempo que ayudaba al capataz de la hacienda a poner la última maleta en la cajuela del auto. Terry logró ver como su hermano mayor se despedía del empleado y cerraba el maletero, para luego dirigir su mirada hacia el ventanal donde él se encontraba…el castaño sonrío al reconocer lo mucho que su hermano Tom parecía conocerlo.
– ¡Terry, por favor responde!– la voz de su madre sonó desesperada – ¿De dónde sacaste esta fotografía? –
– El nombre de Sarah Leegan te suena familiar?– la respuesta ácida y mordaz salió sin reparo de la boca del adolescente que todavía le daba la espalda. Terry podría jurar que escuchó el corazón de su madre detenerse – Me topé con su familia en el pueblo hace unos días…vinieron desde Chicago a Lakewood para ver una propiedad... ¡Y qué te parece que la gentil señora Leegan me reconoció inmediatamente, a pesar de que yo no recuerdo haberla visto jamás! … ¡Ah, y de paso, me contó unas cosas muy interesantes de mi propia vida, que ni yo mismo conocía…! –
Antes de terminar de lanzar aquellas duras palabras, Terry se había volteado para encarar a su madre. El violento sarcasmo con que el que le habló solo fue un leve reflejo del verdadero infierno que ardía en su interior. Una irónica sonrisa se desdibujó en sus labios al ver el desastre que auguraba el semblante demudado de su madre. Cerró los ojos dejando las emociones fluir… furia, dolor, tristeza, decepción… todo un caos que amenazaba con romperlo y llevarlo al límite de su cordura.
Eleanor pudo sentir como su mundo de ensueño empezaba a derrumbarse… los cabos sueltos de su pasado al parecer no la dejarían tranquila nunca. Respirando con dificultad y con el corazón a punto de estallarle, trató de acercarse a su hijo, pero éste no se lo permitió.
– Cariño… yo… necesito explicarte…– el castaño la interrumpió
– No vale la pena, Madre– espetó con amargura –Ya tu rostro me lo dijo todo…. Ahora sé que lo que me dijo esa mujer es verdad–
– Hijo, por favor… no sé qué pudo haberte dicho esa mujer, pero no debes escucharla ni mucho menos creer en sus palabras– Eleanor se abalanzó sobre su hijo para estrecharlo entre sus brazos – Mira, espera que lleguemos a Chicago y te prometo que tu padre y yo…–
Terry no permitió que su madre finalizara la frase. Bruscamente se zafó del abrazo de la mujer, volteando a mirarla con fiereza.
– ¿Mi padre?… ¿De quién estás hablando, Eleanor? –Terry siseó apretando los dientes, casi escupiendo las palabras –¿Te refieres al desgraciado que te engañó y se fue dejándote embarazada, o al estúpido que manipulaste para que te aceptara con tus hijos y le diera un apellido al bastardo?–
La mano de su madre le cruzó el rostro… Terry sintió como su mejilla ardía por la fuerza de ese golpe imprevisto… y sin embargo, un dolor mucho más fuerte le oprimía el corazón.
– ¡No vuelva nunca más a hablarme de esa forma! ¡Soy tu madre y me debes respeto, Terrence Michael Andley!–
El chico fue testigo del doloroso cuadro que ofrecía una exaltada Eleanor, al borde del llanto y que temblaba sin control. Una punzada de culpa se instaló en su pecho, pero se desvaneció casi inmediatamente al escuchar la forma en la que su madre lo había nombrado.
– ¡Y tú jamás vuelvas a llamarme así!– aquel grito desgarrador se escuchó por toda la casa. Los ojos de Terry brillaban como furiosas llamas –¡Yo no soy un Andley, maldita sea… soy el hijo bastardo de Richard Grandchester! –
Y diciendo esto, el joven castaño salió corriendo de la habitación, azotando la puerta al paso.
– ¡Terry, hijo…. por favor, no te vayas! –
Eleanor quiso correr detrás de su hijo, pero las piernas no le respondieron… Hecha un mar de lágrimas se dejó caer lentamente sobre el piso…. No era posible que después de tantos años tratando de evitarlo, el fantasma de Richard Grandchetser volviera para torturarla… a ella y a su hijo...
Llorando desconsolada, dando puños contra una foto tirada en el suelo, el cabello desordenado y el vestido hecho girones… en ese estado la encontraron sus dos hijos mayores, quienes la llevaron a su habitación. Mientras el mayordomo iba por un médico, y Archie llamaba a Michael para contarle lo ocurrido, Tom salió de la casa en busca de Terrence.
El viaje a Chicago no había sido una buena idea, después de todo.
Hola a todos. He aquí el primer capítulo de la primera parte de la historia. Creo que lo mencioné anteriormente: la historia está dividida en dos partes, una que narrará los hechos del pasado, y otra que se centrará en las consecuencias de ese pasado en el presente. Como pudieron notar, está ubicada en un universo alterno y no sigue la secuencia de los hechos mostrados en el anime. La época no está realmente establecida, pero definitivamente es a finales del siglo XX. Si gustan, este capitulo pueden situarlo a inicios de los años ochenta. Lo que si les puedo afirmar es que ocurre 20 años antes de los hechos contados en el prólogo.
Este es el inicio de la tormenta. Les mostré un Terry pre-adolescente, que empieza a vivir momentos difíciles y que tendrán un seguro impacto en las decisiones a futuro de nuestro amada rebelde.
Como pudieron leer, decidí jugar un poco con los personajes y mezclar las relaciones que todos conocemos. En mi historia, Patty y Stear son contemporáneos con Eleanor, mientras que Terry como ya vieron, es el tercero de 5 hermanos. Tom tiene 15, Archie 14, Terry 12, y los gemelos Anthony y Susana de 10. Y Joseph Michael Andley, mejor conocido como Michael, es un personaje de mi más pura invención. Espero que lo acepten, porque es un ser muy noble, ya lo verán.
Aquí también mencioné a los otros dos amigos de Eleanor: Pauna, que es la hermana de Michael, y su esposo George White... que si bien usé el nombre del asistente de la familia Andley en el anime, físicamente no guardará 100% el parecido.
Espero que este arranque haya sido de su agrado. En el próximo capitulo ahondaremos aún más en ese pasado que tanto perturba a Eleanor.
Cuídense mucho... nos leemos pronto!
