CAPITULO II

UN SECRETO A VOCES


Eleonor Louise Baker era considerada una de las mujeres más hermosas de todo Chicago. Única heredera de la familia Baker, sus padres murieron cuando ella tenía seis años, y a partir de ese momento vivió con sus tíos maternos, Martha y Leonard O'Brien y la hija de ambos Patricia. Patty y Elly se hicieron muy unidas, y junto con Pauna Andley, a quien conocían desde preescolar, forjaron una amistad única, de esas que solo se encuentra una vez en la vida.

A la edad de 16 años, Eleanor se enamoró perdidamente de Thomas Archibald Cornwell, un joven estudiante a punto de graduarse de arquitectura y heredero de una prominente familia de origen inglés dedicada a los bienes raíces. Fue una relación de cuentos de hadas; Thomas vivía por y para Eleonor y se sentía el hombre más afortunado del mundo al saberse amado por ella. Para nadie fue sorpresa entonces que, luego de tres años de noviazgo y con una carrera ya cimentada, Thomas pidiera la mano de Elly en matrimonio, casándose seis meses después del compromiso.

Un año después nació Thomas Henry Cornwell, Tom como cariñosamente lo apodaron, un niño risueño de hermosos cabellos y ojos castaños. Y solo ocho meses después de haber dado a luz, Eleonor contaba la feliz noticia a su esposo: tenía seis semanas de embarazo ¡serían padres nuevamente! La vida no podía ser más bondadosa… la rubia se sentía la mujer más dichosa y bendecida del mundo.

Lamentablemente la felicidad no dura para siempre… la vida puede dar un giro inesperado y mostrar su lado más despiadado…

Una noche de marzo, Thomas iba de camino a casa después de un largo día de trabajo, cuando su auto fue embestido por otro vehículo que se pasó la luz roja. Falleció en el acto. Y de pronto, con apenas 22 años recién cumplidos, Eleanor quedó viuda, con un niño de apenas un año y embarazada de seis meses, sin saber qué hacer desde ese momento en adelante. Su esposo era su roca y su fortaleza; sin él se sentía a la deriva, incapaz de avanzar si él no estaba para tomar su mano…

Sus amigas del alma salieron en su ayuda. Por insistencia de ambas, Elly se mudó temporalmente a la casa de su prima desde el día uno después del accidente. Para Patty y Pauna era indispensable que su amiga y casi hermana estuviera lo más tranquila dentro de lo que fuera posible, dado su avanzado estado de gravidez. Por azares y coincidencias del destino, Patricia recién se había casado con Alistear Cornwall, hermano menor de Thomas, por lo que no hubo problema alguno para la mudanza, ni mucho menos preocupaciones por los trámites legales y funerarios respectivos; tanto Alistear como George- el esposo de Pauna- se ocuparon de todo. Sentir el cariño y preocupación de su familia, le brindó a Eleanor la paz y el sosiego que tanto necesitaba…

Y entonces conoció al que sería el peor error de su vida…

Richard Grandchester llegó a la vida de Eleonor el día del funeral de Thomas. Heredero de un ducado en Inglaterra, había conocido a Thomas durante su época de estudiante en el Colegio Real San Pablo en Londres y se hicieron muy buenos amigos, por lo que, al enterarse de la noticia de su fallecimiento de Thomas, no dudó en viajar a América y darle la despedida que se merecía un hombre tan bueno y correcto… era lo menos que podía hacer por quien consideraba su mejor amigo.

Alto, de cabello castaño oscuro, porte elegante y mirada enigmática, Richard era uno de los solteros más cotizados de toda Europa, algo de lo que el joven heredero tenía plena conciencia… y de lo que sacaba total provecho. Conociendo las cualidades de casanova de su vástago y preocupado por la posibilidad de que apareciera algún bastardo en la línea sucesoria de los Grandchester, el Duque había obligado a su hijo a aceptar el compromiso matrimonial que le había arreglado con la hija de un noble inglés, dándole un plazo máximo de un año y medio para formalizar y sellar el matrimonio. De esta manera, el Duque ponía un límite a las andanzas de Richard, pues era justo el tiempo que restaba para que el joven finalizara su doctorado universitario con miras a completar su preparación para su ingreso a la Cámara de los Lores.

Con lo que el Duque de Grandchester no contaba era con la aparición de Eleanor en la ecuación…

Cuando Richard conoció a la viuda de su amigo quedó prendado de ella… jamás había visto una mujer más hermosa en toda su vida. Sin pensarlo dos veces, decidió prolongar por tiempo indefinido su estadía en la ciudad, convalidar los créditos y realizar los trámites respectivos para finalizar sus estudios en la Universidad de Chicago, y pasar la mayor parte del tiempo junto a Eleanor.

De esta manera, Richard Grandchester se convirtió en asiduo visitante de la casa Cornwell-O´Brian, siempre al pendiente de la salud de Elly en su último trimestre de embarazo, consintiendo a Tom y aun acompañándola como parte de la familia el día del nacimiento del pequeño Archibald Laurent Cornwell, tres meses después del fallecimiento de su padre.

En un inicio, Eleonor había rehuido el contacto con el joven Richard; el aristócrata inglés no le era nada agradable con sus aires de prepotencia, altivez y superioridad, creyéndose el hombre más deseable del mundo. Pero con el trato continuo, comprendió que esa pose no era otra cosa que una fachada para enmascarar a un hombre que, si bien era un poco vanidoso, también era muy cálido y sensible, con un porte innato de distinción pero que en nada opacaba la belleza de su alma y corazón.

Sin saber cómo, se fue enamorando del orgulloso inglés… quizás fue la soledad y la necesidad de sentirse querida, pero al cabo de unos meses se vio envuelta en una relación febril y apasionada con Richard, quien, si bien le pidió que se mantuviera en secreto por un tiempo debido a su reciente estado de viudez, no dejaba de prometerle que dentro de poco la haría de conocimiento público su compromiso, solicitando la mano de Eleanor en matrimonio.

Y así pasó un año entero de relación clandestina, en la que fueron muy discretos.

Eleanor había vendido la mansión que compartió con su difunto esposo, comprándose una casa más modesta donde se mudó con sus hijos y dos asistentes domésticas de confianza. En su nuevo hogar, Eleanor recibía las visitas de todas sus amistades, que incluía a Joseph Michael Andley, el hermano mayor de su amiga Pauna, quien había estado enamorado de Eleonor desde niños. Eleonor y Michael habían entablado una hermosa relación de amistad, y aunque la joven dama sabía cuáles eran los sentimientos del hombre hacia ella, siempre le fue clara acerca de los suyos propios, lamentando no poder corresponderle de la misma manera. Michael ya sospechaba que parte del rechazo tenía como origen la amistad de Elly con cierto inglés, y aunque los celos lo mataban no dejaba de manifestarle a Eleanor que con que le brindara su amistad le bastaba… él siempre estaría allí para ella, y si tenía que esperar diez vidas más para que lo mirara como algo más que un amigo, no importaba… el infinito era el límite y la esperaría una eternidad de ser necesario.

El mismo día que Richard y Eleonor habían acordado como la fecha en la cual el hombre se presentaría ante la familia de la joven y solicitaría su mano en matrimonio, el noble inglés desapareció…. así súbita e inesperadamente… sin una pista de su paradero ni nada que avisara de su partida imprevista.

Eleonor quedó devastada, pero sabía disimular muy bien frente a la gente… no podía darse el lujo de verse derrotada frente a sus hijos, eso era imperdonable... las únicas que conocían las cuitas de la hermosa mujer eran sus amigas de toda la vida, Pauna y Patty que no la abandonaron ni a sol ni sombra.

Tres semanas después de la desaparición de Richard, la noticia llegó… desde Londres recibió una carta, escueta y simple donde el heredero de los Grandchester le pedía disculpas por no poder cumplir su palabra, ya que sus deberes como futuro duque reclamaron su atención… debía casarse con la que desde hacía dos años era su prometida. La misiva finalizaba con unas simples palabras de agradecimiento por todo lo que le Eleanor le brindó durante esos meses de relación…

Eleonor lloró, y lloró toda la tarde encerrada en su habitación… no aceptaba que nadie entrara, ni sus pequeños, ni la servidumbre, ni siquiera sus amigas de siempre… nadie podía verla en ese estado. El mismo día en que recibió la carta, la rubia se había enterado de algo que sin duda alteraba todos sus planes de olvidar y seguir adelante …

Estaba embarazada...

Inicialmente sus amigas le recriminaron su torpeza e insensatez… apenas cumplía los 2 años de haber enviudado y toda la ciudad la miraría con ojos de reprobación, calificándola como una mujerzuela más de la calle. Pero al ver lo desvalida que se veía la joven, se compadecieron y juraron ayudarla a resolver el problema… sin embargo, le advirtieron que, para poder resolverlo, debían contar con la ayuda también de sus respectivos esposos… quienes debían ser informados al detalle de la situación.

Al principio Stear se mostró muy molesto por lo que consideraba una falta de respeto por parte de su cuñada a la memoria de su hermano… sin embargo, al analizar de fondo la difícil situación por la que atravesaba Eleonor, y sabiendo lo mucho que todo esto afectaría no solo a la mujer sino también a sus sobrinos, pero por sobre todas las cosas, por el gran y genuino cariño que sentía por Eleonor como su amiga y casi hermana, Stear decidió ignorar esos sentimientos de traición y se comprometió en la búsqueda de la solución más viable dentro de una situación tan grave.

George, por su parte, no puso objeción alguna en cuanto Pauna le contó lo sucedido… no juzgó ni emitió una opinión a favor o en contra respecto a las acciones de Eleonor… Lo único que entendió fue que una de sus mejores amigas estaba pasando por un mal momento y que necesitaba de su apoyo incondicional.

Eleonor tenía emociones encontradas… por un lado se moría de vergüenza al reconocer la grave falta que cometió al mantener una relación marital con un hombre que no era su esposo, y lo menos que quería era enfrentar a sus amigos, y sobre todo a su cuñado, bajo esas circunstancias. Pero por otro lado, sintió un gran alivio y resguardo al saber de qué, pese a todo, la continuarían queriendo y apoyando en todo…. Ellos eran su familia y la certeza de que nunca la abandonarían le dio un remanso de calma en medio de la tormenta que se avecinaba…

Después de mucho cavilar, la única solución que encontraron era que Eleonor y sus hijos se fueran a otro lugar, lejos de la ciudad y de los ojos maliciosos y ávidos de la desgracia ajena. En consenso acordaron que todos los negocios de los Cornwell, herencia de Thomas para sus hijos con Eleonor, fueran administrados por Stear, quien mensualmente les haría depósitos puntuales para cubrir todos los gastos de los niños, inclusive del que venía en camino, cosa que una avergonzada Eleonor agradeció infinitamente.

No obstante, el verdadero problema era cómo justificarían la partida de Eleonor frente a la sociedad… sería algo evidente que ella se marchaba de la noche a la mañana, de la misma forma en que desapareció Richard Grandchester, y no serían pocos los que empezarían a verlo sospechoso, a especular y asociar situaciones. Sin embargo, también era evidente que no podían esperar mucho tiempo para que la joven se mudara a otro lugar, pues dentro de unos pocos meses su estado sería de por sí notorio… se encontraban en medio de una encrucijada…

La solución llegó de la mano de la persona menos esperada, una que no estaba incluida en el "complot para eliminar sospechas" y a quien no consideraban parte de los custodios del secreto… Joseph Michael Andley, el eterno enamorado de Eleonor, se hizo presente una tarde en la casa de Eleonor cuando los cinco jóvenes se había nuevamente reunido para definir la mejor manera de salir del problema que los agobiaba.

Sin ser llamado ni anunciado por nadie, Michael entró al salón con paso decidido, saludó a todos los presentes para finalmente postrarse ante Eleonor, mostrando en sus manos una caja con un anillo.

Elly, vengo para reiterarte la promesa que te hice de estar siempre para ti… Cásate conmigo, princesa, y te juro que nada ni nadie te herirá jamás… Yo sabré cuidar de tus hijos, y seré un padre devoto para ellos y un esposo fiel para contigo. No temas por el pequeño que crece en tu vientre, yo lo reconoceré como mi hijo y lo amaré y cuidaré tanto e igual como a tus otros dos hijos... porque a mis ojos, ellos son una extensión de tu propio ser… y eso es suficiente para amarlos también. –

La vehemencia con que Michael pronunció esas palabras sorprendió a todos… sobre todo, de que estuviera al tanto de la delicada situación de Eleanor y el nuevo bebé. Elly estaba a punto de hiperventilar y los demás casi en estado de shock. Como si de un imán se tratara, cuatro pares de ojos se fijaron al mismo tiempo en Pauna, tratando de encontrar alguna explicación… La joven lucía tan impactada como el resto de las personas en el salón, y solo hizo un gesto de negación con la cabeza dando a entender que en ningún momento comentó con su hermano sobre el problema por el que atravesaba Eleonor…

Nadie se explicaba como Michael se había enterado de todo. Tiempo después, Michael le confesaría a Eleanor que fue ella misma la que le había revelado todo aún sin decir una palabra… sus ojos la delataron… había tanto dolor y desesperación acumulados en su mirada desde la desaparición del infeliz de Grandchester, que Michael no tardó en comprenderlo todo… conocía tan bien a Eleonor, que aún en su esfuerzo de no hacer obvio lo evidente, no pudo ocultarle la verdad… para él, esos ojos tan azules como el mar eran al mismo tiempo, guardianes y delatores de su secreto a voces.

Eleonor vio aquel joven rubio y hermoso como un dios postrado a sus pies, mirándola con total veneración… y algo en su interior se rompió. Ella realmente estimaba mucho a Michael, y no creía justo que él tuviera que cargar con un problema del cual no era culpable, solo por amor a ella. Buscó en el fondo de su alma y quiso con todas sus fuerzas poder sentir algo más por ese hombre que no fuera afecto, cariño y admiración… pero no lo encontró. No, definitivamente no era justo pedir ese sacrificio a un hombre tan bueno como él… por mucho que eso se vislumbrara como su única salvación.

Adivinando el rumbo de los pensamientos de la rubia, Michael tomó sus manos entre las suyas y depositó un suave beso sobre ellas.

Yo sé que no me amas, EllyPero el amor que te tengo es suficiente para los dos– Michael volvió a clavar sus ojos suplicantes en los de ella… expectantes, anhelantes…

Michael.. yo…– la rubia no conseguía hilar un pensamiento cuerdo, las palabras no acudían a su boca… no quería lastimarlo, pero tampoco quería hacerse castillos en el aire… estaba confundida, sin saber qué pensar, ni qué decir, ni qué hacer…

Solo di acepto– el joven le brindó una sonrisa que quitaba el aliento – Yo me encargaré de todo lo demás… Y esperé así sea una eternidad para lograr algún día que me ames, aunque sea solo un tercio de lo que yo te amo a ti– Con el dorso de su mano acarició la mejilla de la rubia, acomodando un mechón dorado y rebelde detrás de la oreja de la mujer

Patty se acercó a la silla donde estaba sentada Eleonor, con Michael aún de rodillas frente a ella. La joven colocó su mano sobre el hombro de su prima, con una gran tranquilidad reflejada en sus grandes ojos chocolates. Eleonor la miró de vuelta y pudo leer claramente lo que le estaba diciendo Patricia en su mirada. Volteó a ver al resto de los presentes y en todos encontró el mismo gesto de genuina y total aprobación… al parecer habían encontrado una solución en consenso.

La rubia depositó entonces su mirada en la cristalina que estaba frente a ella. Tomando ahora ella las manos del joven rubio, buscó las palabras correctas para expresar su sentir a su amigo.

No sé cómo te enteraste de mi estado y mi situación, pero mentiría si te digo que lo que me estás planteando no representa un gran alivio para mi… me brindas la oportunidad de salir airosa después de mi precipitada caída, y eso es algo sin duda invaluable…– tomando un poco de aire prosiguió – Sin embargo, no creo que sea correcto de mi parte arruinar tu vida de esta manera… tú te mereces algo mejor de lo que yo te puedo ofrecer… atarte a una mujer que no te ama, con dos hijos de su matrimonio anterior y que encima espera un hijo ilegítimo de otro hombre… simplemente no es justo para ti…

Michael iba a refutarle, pero ella levantó su mano como una silente solicitud de que le permitiera continuar.

No obstante… No creo que en ningún otro lugar del mundo logre encontrar a alguien que me llene de tanta paz y confianza como lo haces tú– Eleanor bajó desvió momentáneamente la vista hacia el suelo, para luego clavarla directamente en los ojos del rubio – No quiero aprovecharme de tu amor para lograr una salida fácil y encubrir mi estupidez, más bien quiero hacer lo correcto porque, aunque no te ame, te quiero mucho y eres muy importante para mí… Por lo que te propongo lo siguiente: si tú me aceptas aun a pesar de mi errores, y estás dispuesto a amar a mis hijos como si fueran tuyos, y me perdonas por no ser la mujer que tú te mereces, y me das tiempo para crecer junto a ti... si puedes hacer todo eso, entonces sí… sí acepto ser tu esposa, Michael... No puedo prometerte que lograré darte ese tercio que me pides, pero sí que pondré todo mi esfuerzo y empeño en amarte y darte lo que realmente te mereces… en un 100%

Los ojos de Michael brillaron de felicidad… jamás creyó que ese momento pudiese llegar. Abrazó con fuerza a Eleonor sin dejar de repetirle lo mucho que la amaba. Las otras personas en el lugar que presenciaban la escena sonrieron con beneplácito y complacencia… aun a pesar de que parecía un mero arreglo para salir del enorme problema que los aquejaba, estaban convencidos de que la pareja iba a ser muy feliz…

Y no se equivocaron…

La boda se efectuó dos meses después. La excusa que se dio a todos los familiares y no familiares para justificar la premura del tiempo era que Michael había sido solicitado por el clan Andley para llevar las riendas de los negocios ganaderos en Lakewood, lugar donde se mudaría la pareja con los hijos de la mujer una vez casados. Aunque aún no había indicios evidentes del estado de Eleonor, no faltaron los que especularon que posiblemente el joven Andley había embarazado a la viuda, y de ahí la rapidez con que tuvieron que darse las cosas. Los únicos que realmente sabían la verdad obviaron todos los comentarios, sin llegar a desmentirlos pero tampoco a asegurarlos… después de todo, si la gente creía que Eleonor estaba embarazada de Michael les daba una ventaja… al menos el nombre de Richard Grandchester no figuraba por ningún lado.

Los ahora esposos, junto con los pequeños Tom y Archie, se mudaron a la Mansión De Las Rosas en Lakewood. La propiedad era de los Andley, herencia del abuelo de Pauna y Michael. El nombre se debía a que la abuela de los jóvenes, Rose Marie, era muy aficionada a la jardinería y las rosas eran su fascinación, por lo que había plantado un hermoso jardín con estas flores que se extendía desde el portón principal hasta llegar a la entrada de la casa.

Seis meses después de su llegada a Lakewood, nació un hermoso niño a quien bautizaron como Terrence Michael Andley. Michael se veía feliz… haber compartido el embarazo con su esposa y ver nacer al que sentía como su propio hijo, fue la mejor experiencia de toda su vida… solo opacada por lo que sentiría casi un año después, cuando escuchó el primer te amo de la boca de Eleonor y pudo por fin amarla y hacerla su mujer en todo el sentido de la palabra.

Con el nacimiento de los gemelos Susannah Elizabeth y Joseph Anthony Andley, su dicha fue completa.

Michael era un padre ejemplar. Amaba por igual a sus cinco hijos, jamás demostrando preferencia por ninguno ni haciendo diferencias en el trato. Era un padre protector pero a la vez consentidor, que en ocasiones encubría las travesuras para librarlos de las medidas disciplinarias de su madre, pero que sin duda enfundaba respeto y obediencia en los menores. Procuraba mantener siempre vivo en las mentes de Tom y Archie el recuerdo de su verdadero progenitor, pero sin que olvidaran que ahora él era su padre y que los amaba aunque no llevaran su sangre; mimaba en extremo a Susie "su pequeña princesa" como le decía; acompañaba a Anthony en su labor de cuidar las rosas del jardín, devoción que había heredado de su bisabuela Rose… pero, sin lugar a duda, era el pequeño Terry quien disputaba el lugar de favorito... le apadrinaba todas las correrías e inventos que pasaban por la cabeza de aquel niño de castaños cabellos y sonrisa pícara, con unos ojos idénticos a los mares que despertaban todos los días a su lado, y de los que estaba irremediablemente enamorado.

Eleonor por su parte había logrado lo que en un inicio pensó que jamás iba a ocurrir, después de tanto sufrimiento… enamorarse de su esposo y tener una vida tranquila y feliz. Lejos de la ciudad que le había dejado un sabor amargo en la boca, poco a poco y con constancia logró descubrir la dicha al lado del hombre que la amaba incondicionalmente y al cual ahora podía decir que ella también amaba… Michael con paciencia y amor logró no solo el tercio de amor que pedía de su esposa, sino tres veces más que eso… Eleonor jamás pensó que pudiera sentir tanto amor por una persona… no era el amor ilusionado e infantil que sintió por Thomas, ni el amor volcánico y apasionado que la llevo a los brazos de Richard… el amor de Michael era apacible, pero constante, como la lluvia en primavera… ligera, suave y refrescante…

A partir de entonces la vida de la familia Andley-Baker estuvo llena de risas y felicidad. Como cualquier familia, pasaron por momentos muy buenos y algunos no tanto, pero siempre con la vista fija hacia delante y la fe y confianza ciega que se tenían mutuamente. No les hizo falta regresar a Chicago, pues los White y los Cornwell los visitaban frecuentemente junto con sus hijos, incluso pasaban días festivos y vacaciones en Lakewood. La vida era hermosa, y no había nada que pudiera alterarla… habían erradicado todos los posibles problemas que pudieran enturbiar su felicidad…

O al menos eso creían todos...

Sarah Wilson era miembro de una de las más respetables familias de la sociedad chicagüense. Bella, de ojos castaños claro y cabello rojizo, fue en su juventud una de las solteras más cotizadas de la ciudad, solo por debajo de Pauna Andley y Eleonor Baker. Había estudiado en el mismo colegio que Pauna y Elly durante la secundaria, pero nunca pasaron de ser meras conocidas… es más, internamente Sarah envidiaba al trío de amigas Andley-Baker-O'Brien por la espontaneidad de su carácter y la peculiaridad de su belleza que las hacía ser adoradas por todos y sobresalir siempre.

Sarah había amado en secreto a Michael toda una vida… era su amor platónico desde que estaba en 1ero de secundaria y soñaba con el día en que se casara con él…. un día que nunca llegó. La noticia del imprevisto matrimonio de Michael con la viuda Cornwell fue un golpe mortal para la joven. Despechada, aceptó la primera propuesta de matrimonio que recibió, la cual llegó de la mano de un rico banquero que le doblaba la edad: Charles Leegan. Y aunque su esposo la amaba con locura y complacía todos sus caprichos, ella nunca pudo arrancar de su corazón ese amor que nació en los primeros años de su adolescencia cuando apenas era una colegiala… por eso odiaba a Eleonor y quería destruirla a como diera lugar.

La boda y precipitada salida del nuevo matrimonio siempre le llamó la atención, generando dudas en ella sobre los verdaderos motivos que los obligaron a eso. No se creyó del todo el cuento ese de que Michael tenían que atender los negocios agrícolas de la familia… y por trece largos años guardó esas dudas en su corazón.

La respuesta le llegó como caída del cielo una tarde de verano, cuando tuvo que viajar a Lakewood junto su marido quien estaba interesado en invertir en una finca agrícola de la localidad. Mientras acompañaba a sus hijos a la fuente de soda cercana, Sarah pudo distinguir a lo lejos una figura que recocería así fuera a mil kilómetros de distancia, tal era el odio que le profesaba. A dos cuadras de donde estaba, Sarah vio a Eleanor que caminaba junto a un niño rubio y un chico castaño un poco mayor.

El niño rubio llamó su atención de inmediato… era el retrato perfecto de su adorado Michael… luego dirigió su mirada hacia el otro muchacho, que debía tener no más de doce años…. Y fue como si un rayo de pronto iluminara su mente.

Ella había conocido a Richard Grandchester cuando estuvo de paso por Chicago, hacía aproximadamente 14 años atrás… y sabía perfectamente que el inglés visitaba con frecuencia la casa de la viuda Cornwell en aquella época… y aunque el chico era idéntico a su madre, el color de su cabello, su forma de caminar, sus ademanes al hablar... todo… todas y cada una de las partes de su cuerpo delataban a leguas su verdadero origen…

Sarah Wilson, ahora Sarah Leegan, sonrío con malicia… por fin cobraría su venganza


Buenas noches a todos. Antes que nada, mil disculpas por la tardanza en postear este capítulo... entre el trabajo que me tiene agotada y mis hijos que secuestraron las computadoras para la entrega de trabajos finales del colegio, quedé sin recursos técnicos. Tengo un par de días libres y aproveché para publicar la continuación de la historia. Espero sea de su agrado.

Estoy trabajando en un OS que espero publicar mañana como mi disculpa por demorar tanto en actualizar.

Cuídense mucho y que tengan una linda semana

XOXO