Hyoga un hombre de 30 años de edad caminaba por lo largos pasillos del edificio Fabra, él era un joven talentoso y dinámico, amante de la arquitectura, siempre se apasiono por crear diseños nuevos y darles vida por medio de la piedra y el ladrillo, aunque aún era un novato su interés y entusiasmo no desaparecía.

Termino sus estudios tarde debido a que en sus inicios se había inclinado por la finanzas, grabe error, definitivamente los números no eran lo suyo y a pesar de que hizo cuatro semestres no dudo ni un momento en cambiar de carrera.

Siberia era un lugar muy frío pero con muchas oportunidades, y siendo aún un hombre muy joven y sin ningún tipo de responsabilidad más que el mismo, se aventuró en el mundo buscando nuevas opciones, nuevas formas de crecer, era por ello que ahora había decido vivir en España.

Hyoga recordaba la ocasión en la que navegando en internet vio una foto de un gran edificio, majestuoso, perfecto, al investigar más pudo descubrir el tiempo que llevo en la construcción del aquel lugar y quien se encargó de su diseño, el señor Fabra, el hombre para el cual ahora trabajaba.

Lograr un puesto en el edificio Fabra no fue tarea sencilla, el proceso de selección fue tedioso, para ese entonces él aún vivía en Siberia, así que tuvo que pagar estadía en un hotel mientras finalizo el proceso y después de tanto esfuerzo recibió por fin la gran llamada.

Sabía que aceptar dicho trabajo era algo por lo demás inesperado, significaba dejar muchas cosas atrás, su hogar, sus amigos, su novia, pero nada de esto se comparaba a la gran alegría que le provocaba poder trabajar con aquel que tanto admiraba.

Su hogar estaría donde él estuviera, al igual que el recuerdo de su difunta madre, la tecnología se encargaría de tratar de mantener por el tiempo que fuera, el contacto con sus amigos, con su novia había decidido finalizar la relación, ella tenía también otros planes que involucraban otros países y formar una familia, esto último, no le atraía por el momento y como un muto acuerdo decidieron dejar las cosas hasta ahí.

Sus pasos se habían hecho pausados, a pesar de su entusiasmo y soberbia, aun le causaba mucha ansiedad el encontrarse cara a cara con el señor Fabra.

El señor Fabra era un hombre talentoso, amable, carismático y muy comprometido, nunca se mostró por encima de nadie, y desde que él había ingresado a la compañía le trato como a un igual y se encariño mucho con el muchacho.

Al fin llego a la entrada de la oficina de su jefe, el hombre de adentro tenía su silla de espalda a la puerta mientras conversaba por teléfono con quien parecía era un amigo, Hyoga no quería interrumpir, pero el mismo señor Fabra era que hacía unos minutos le había pedido que fuera hasta su despacho, tampoco era apropiado hacer el esperar al jefe.

Así que, con el nudillo golpeo suavemente a la puerta, el hombre adentro miro sobre su hombro, al ver quien estaba en el umbral se giró de inmediato y con un movimiento de su mano le invito a entrar.

— De acuerdo, te llamare más tarde para saber qué razón me tienes — termino el hombre finalizando la llamada — Hyoga, hijo, que bueno verte, por favor toma asiento.

— Lamento mucho haberlo interrumpido señor Fabra — se disculpó el ruso

— No interrumpiste nada, y deja de llamarme señor Fabra, ya te eh dicho que me haces sentir viejo

— Disculpe señor Shura

— Por favor Hyoga, nada de señor Fabra, ni señor Shura, nada de eso, llámame Shura, solo Shura

— De acuerdo se...Shura

— Mucho mejor ¿Cómo has estado?

— Muy bien

— ¿Sí? ¿Cómo te has sentido aquí en la compañía y en la ciudad?

— Excelente, me siento muy cómodo acá

— Que bueno, estuve revisando los diseños que propusiste para el proyecto de los García

— Señor no era mi intención ser imprudente, yo...

— ¿Cuál es tu problema Hyoga? ¿Por qué insiste en disculparte por todo? no has hecho nada malo

— Señor, es que a mí no me pidieron involucrarme en ese proyecto, y yo...

— Y tu hiciste un excelente trabajo, fue el mejor acto de imprudencia que pudiste cometer muchacho, los diseños son perfectos, muy buenos de hecho, sabía que tenías gran potencial cuando te contrate, y me alegra ver que no me equivoque.

— ¿Entonces no está molesto conmigo, por haberme tomado ese atrevimiento?

— Todo lo contrario hijo, quiero que trabajes en este proyecto, y quiero trabajar con tus planos

— ¿Cree que es lo correcto?

— Por favor hijo, no soy el jefe solo por ser muy bonito, reconozco un buen trabajo a metros.

— En verdad me alaga — comento Hyoga muy emocionado, no esperaba tal cosa

— Pero no contamos con mucho tiempo para sacar este proyecto adelante, iré unos días a Inglaterra, y la verdad no quiero perder nada de tiempo, así que quiero que me acompañes

— ¿Quiere que vaya con usted a Inglaterra?

— Sí, eso dije

— Señor, si gusta, usted puede ir hacer su diligencia y yo con gusto me quedare acá trabajando en el proyecto, adelantare lo más que pueda para que cuando regrese sea muy poco lo que haya que hacer.

— No Hyoga, si trabajamos juntos será lo mejor

— Señor, no quiero incomodarlo a usted ni su esposa

— No te preocupes por Antonia, de seguro ella ni lo notara — Shura se quedó observando al joven Ruso, pues no lo veía muy convencido en tomar una decisión — Hyoga en este trabajo, tienes que viajar e ir a otros lugares, trabajar largas horas y sacrificar cosas, si me dices que no vas a ir a Inglaterra, me darás a entender que no te tomas en serio tu trabajo.

— Claro que tomo en serio mi trabajo, es que sé que usted ira a una boda, no es un viaje de negocios, y la verdad no quiero incomodar.

— Antonia y yo, vamos a la boda por compromiso, es para acompañar al hermano de un gran amigo, pero no puedo descuidar mi trabajo por esto, así que tengo que aprovechar el tiempo libre.

— Si es así…cuente conmigo

— Genial, procura llevar ropa adecuada, también algo formal para la boda

— ¿Quiere que vaya a ese evento?

— Sí, aunque es algo que quedaron en confirmarme, pero debemos estar preparados

— Claro

— Perfecto

Hyoga salió perplejo del despacho, había imaginado cualquier cosa menos que el señor Fabra lo invitara a pasar un tiempo en Inglaterra, cuando ojeo los el proyecto de los García se le ocurrieron infinidad de cosas, y puso su mente y sus habilidades a trabajar.

Pero no contaba que una de las asistente vería su trabajo y se lo llevaría directamente al jefe, por un momento pensó que Shura lo llamaba para reprenderlo por su osadía, aún era un auxiliar y él no tenía por qué haber visto aquel proyecto, pero parecía que el señor Fabra era una caja llena de sorpresas.

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Shura se había quedado revisando algunos planos en su despacho, había perdido la noción del tiempo, estaba muy contento porque después de muchos años podía volver a ver a su amigo de aventuras y contaba con un genio en la arquitectura como era el joven ruso, si Cecilia no le hubiera llevado esos planos de seguro la idea del joven se hubiera quedo en el pergamino.

Miro la hora, ya era demasiado tarde, su trabajo le apasionaba más que cualquier cosa, pero tenía que volver a casa y la sola idea le ponía los nervios de punta, y no es que odiara ir a casa para ver a su esposa, sino que desde hacía ya bástate tiempo él y Antonia no compartía ni se veían como los esposos y amantes que alguna vez fueron.

Subió a su auto y se fue con miles de cosas en la cabeza como siempre lo hacía al regresar a su casa, recordaba viejos momentos y pretendía quedarse ahí, sumergido por aquellos viejos tiempos que siempre fueron mejor, uno de sus recuerdos favoritos era Antonia, a quien había conocido hacia casi siete años, le pareció siempre tan fascinante tan bella, tan delicada que no dudo ni un segundo cuando le propuso matrimonio.

Shura no pudo evitar sonreír al acordarse del desconcierto de los padres de la muchacha que no esperaban que su intachable hija se casara con un completo aparecido y que aparte de todo lo hiciera a escondidas, pues Shura y Antonia se había casado en medio de un parque y su sacerdote había sido un amigo quien consiguió el permiso en un curso de internet.

El español no contaba con mucho dinero, cuando conoció a su esposa aún era un auxiliar, ganaba muy poco y no tenía mucha experiencia, pero aun así reunieron todo lo que pudieron y entre los dos compraron una hermosa casa.

Una casa donde formarían su familia, su hogar, pensaban tener cuatro hijos, dos niñas, dos niños, Santiago, Luis, Anabel e Isabel, pero una tarde todo se esfumo con el aire, un matrimonio quedo hecho añicos y de una familia perfecta no quedo más que fotografías.

Shura había perdido todo en ese día y lo último que le quedaba estaba en casa sin siquiera mirarlo, Antonia solo era un fantasma de la mujer que un día amo.

Llego a su apartamento más entusiasmado en que llegara en nuevo día que en entrar a verla, ver a su esposa le traía recuerdos que se negaban a morir, no había otra persona que él amara más que a su bella esposa, pero al cruzar la puerta era como entrar a un infierno donde los únicos demonios eran ellos dos.

Entro a su reducido apartamento, cerró la puerta tras de sí, y diviso a Antonia tumbada en el sofá de la sala, saludo más por cortesía que por otra cosa y ella le contesto igual. Paso por medio de la sala y se quedó al frente de la chimenea divisando el estante de fotos intentado reprimir una lagrima al ver fotografías que solo reflejaban bellos momentos.

Antonia por su parte se quedó viéndolo en silencio, ella era una pediatra de 32 años Española al igual que su conyugue, tenía el cabello de color miel y de un liso perfecto, era un poco más baja que Shura, de ojos cafés y mirada penetrante.

— Quiero el divorcio — Soltó sin delicadeza la mujer

Shura respiro profundo sin quitar la mirada del estante, había esperado mucho tiempo aquello

— ¿Estas segura? — Pregunto sin mirarla

— Sí, ya tengo los papeles, solo es firmar

— ¿Por qué complicas todo? – indago sin apartar la vista de las fotografías

— Ya no puedo seguir con esto, nuestro matrimonio se acabó hace mucho tiempo.

— No digas eso, estoy intentando arreglar las cosas Antonia — continuo el español sentándose delante de ella para verla a los ojos — yo te amo, ¿tú me amas?

— Claro que te amo — contesto la pediatra con la voz entrecortada – es solo que no…no puedo soportar este dolor, tú no me dejas olvidar, aun no me siento capaz de volver a mi trabajo y este apartamento me asfixia.

— Compramos este apartamento porque no querías estar más en nuestra casa

— En la casa donde perdí todo…incluso a ti.

— No me has perdido, no vas a perderme y yo no quiero perderte.

— Por favor Shura, ¿Por qué quieres seguir con esto?

— Porque nos amamos

— El amor no ha servido de mucho — dijo casi gritando — no somos más que un par de extraños durmiendo en la misma cama, esta es la primera conversación de más de dos palabras que tenemos después de un año, en serio Shura no es fácil para mí

— ¿Y crees que es fácil para mí? — Esta vez fue él que el levanto la voz — yo también perdí mucho en esa casa, a mí también me duele mujer no soy de piedra

— Tú siempre me has culpado por todo.

— Y tú a mí, pero somos culpables ambos, los dos nos encargamos de mandar todo el demonio, los dos nos descuidamos, ¿sabes qué? si quieres el divorcio...firmare

— No hay afán — comento ella entre lágrimas — iremos a la boda de Aioria, quiero ver a Aioros y felicitarlo por su hermano, él no tiene que enterarse de nada de esto, luego podemos hacer lo demás — termino limpiándose las lágrimas — vamos a la cama, estoy muy cansada.

— Dormiré aquí, si no te molesta, igual solo somos dos extraños durmiendo en una cama.

— Me da igual, contigo o sin ti se siente el mismo vacío.

Shura se recostó en el sofá, se había imaginado muchas veces como seria ese momento, pero jamás había pensado que dolería tanto, amaba Antonia más que a nadie, pero ahora lo único que le quedaba, se iba, el amor se le escapaba por segunda vez y él no podía hacer nada para detenerlo.

Continuara

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Muchas gracias a todos por pasarse a leer, sé que este capítulo es un poco nostálgico a comparación de los otros, y no es que me caiga mal hermoso Español, es solo que me pareció una idea genial para esta historia.

Como les comentaba, la idea es ir contado algo de la vida de los chicos, espero no aburrirlos y pronto llegara la boda de la que todo el mundo habla.

Personajes que aparecen en este capítulo:

Shura Fabra Español, 39 años, arquitecto vive actualmente en su tierra natal

Antonia Carvajal pediatra 32 años española.

Hyoga Chéjov Rusia, trabaja actualmente como ayudante de Shura, actualmente vive en España.