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Londres — Inglaterra

Emilo, estaba a punto de un colapso nervioso, la nueva portada de la revista Aphrodite aún era un bosquejo y él no entendía en que momento había contratado a semejante grupo de inútiles.

Él era un hombre alto de tez blanca y cabellos celestes, se encontraba en una reunión que llevaba más de dos horas y aun no se ponían de acuerdo en que elegir para la próxima edición, sin contar que unos días antes, su hermana, le había dicho muy emocionada que iría a la boda como lo había planeado y que su muy querido novio la acompañaría.

Y no es que Emilio le molestara Camus, era solo que Laila había sufrido las consecuencias del amor, las cuales solo dejaron un sabor amargo, y lo peor es que aun ella no había podido deshacerse del último hombre que entro a su vida, pues un pequeño retoño que nació en entre los dos, era la excusa perfecta para que Roberto no dejara en paz a la joven sueca, lo único bueno que había hecho ese idiota era a su adorable sobrino Tage.

Emilio también tenía problemas en el amor, o más bien de un odio sobreprotector de un hermano demente.

Se había enamorado de una hermosa chica de cabellera castaña y bastante dulce, pero su hermano menor era una auténtica pesadilla, Seiya era su nombre, un joven japonés que había nacido única y exclusivamente para soliviantar a la gente.

Lo que más le irritaba al joven oriental, era saber que su querida hermana salía con un hombre seis años mayor que ella, lo cual Emilio consideraba estaba en el rango de lo normal, sobre todo porque la chica no era una niña ni mucho menos.

Llevaba poco saliendo con Seika, pero moría por ella, su dulzura y entusiasmo lo habían embelesado completamente, tan así, que el mismo le había conseguido a Seiya un trabajo, justo en la revista Aphrodite, una de las más prestigiosas en el mundo de la moda.

Emilio era su fundador, debido a que siempre se apasiono por ese tema, junto a su mejor amigo habían formado el más revolucionario mundo de publicidad, moda y farándula, eso era Aphrodite, un nombre que solo inspiraba belleza.

La reunión parecía no terminar y él no lograba sacar tanta cosa de su cabeza, Laila, Camus, Seika, Seiya, todo era una enredo completo, a eso se sumaba la dichosa boda por la cual todo estaba hecho un caos, pues Marín la beatífica afortunada, era como una madre para Seiya, siempre pendiente de él, por lo que el dichoso Seiya ira a la boda con su hermana y él por salir con la Seika tenía que ir también.

El tipo de compromisos que hay que cumplir cuando se es pareja de alguien, por lo menos su amigo Ángelo iría también, pues Marín y Aioria le habían contratado para tomar las fotos del matrimonio, pues el joven italiano era uno de los mejores fotógrafos y su trabajo era admirable.

La reunión dio finalización y Emilio sentía el aura de una migraña segura, caminaba por los largos pasillos del edificio en busca de un poco de paz, hasta que un joven de piel morena, alto y acuerpado se cruzó en su camino.

El sueco no esperaba tener que ver a ese hombre, a pesar de ser uno de sus mejores columnistas, no soportaba la prepotencia del joven japonés que se hallaba en frente de él con esa mirada soberbia y sonrisa triunfal.

— ¿Tan terrible estuvo la reunión Emilio? — Pregunto el joven irónicamente.

— No, ¿necesitas algo Ikki?

Ikki era un joven escritor apasionado que había encontrado el lugar perfecto para hacer lo que tanto le gustaba, incomodar a las personas, gracias a su lengua viperina, era muy aclamado por los lectores

— Seiya me invito a la boda — Emilio se quedó pasmado, eso seguro no era algo bueno, Seiya e Ikki compartiendo el mismo espacio solo era una alerta de peligro inminente — estaba pensando en aceptar esa invitación, y no sé, distraer al idiota para que tú y Seika puedan estar tranquilos

— Aja… ¿Qué quieres a cambio Ikki?

— Quiero dos secciones de la revista para mí

— ¿Quieres más admiradores?

— Oye tengo que hacerme notar

— Te haces notar demasiado Ikki

— Bueno ¿te ayudo o no?

Emilio lo pensó por un momento, de seguro el comité no estaría muy conforme, Ikki tenía varios seguidores, gracias a su ayuda la revista se había vuelto más popular, pero darle más espacio no era algo sensato.

Al fin de cuentas él era el jefe y no estaba precisamente allí arriba por su sensatez, y si podía lograr estar un poco tranquilo sin preocuparse por Seiya lo haría

— De acuerdo

— Bien, es un placer hacer negocios contigo Emilio

— Si como sea

Sala de fotografía

Un chico moreno de cabello azul se encontraba concentrado en su trabajo, llevaba una hora en una sesión de fotografía, su modelo era una hermosa francesa de largos cabellos rojos, ojos grandes y azules, cuerpo delgado y muy bien formado, llevaba puesto un pequeño bikini y le sonreía a la cámara con absoluta picarda, se paraba o se sentaba de acuerdo a lo que inspiraba sin dejar de sonreír.

Definitivamente Ángelo, amaba su trabajo, podía tener el placer de disfrutar la figura femenina de una forma casi celestial y sin ningún recato.

Se había iniciado como fotógrafo desde la universidad, retrataba cualquier cosa que le pareciera inspiradora y se había hecho famoso por el gran talento y su perfección en su trabajo.

Cuando Emilio le propuso trabajar en lo que hoy era la revista Aphrodite no se negó por un momento, no solo podría estar al lado de quien fuera su amigo de toda la vida, sino que también podía hacer lo que le vinera en gana disfrutando de su ocupación de varias maneras.

— Belisima — Dijo dando por terminada la sesión — estupendo, excelente trabajo ¿Vas hacer algo ahora linda? — Comento pícaramente

— No pierdes tu tiempo ¿verdad Ángelo? — le interrumpió Emilio entrando al estudio de fotografía.

— Gajes del oficio — contesto el moreno guardando las cosas de su cámara mientras la joven se despedía y salía del lugar.

— ¿Adivina quién más ira a la boda?

— No me hables de esa boda, estoy harto, la tal Marín, no me ha dejado en paz desde que me contrato, se queja por todo y molesta por todo, quiere que le tome una fotografía a cada invitado del matricidio ese, pobre el tipo que se casa con ella, esta demente.

— Sí — continuo el sueco intentado no reír — Seika me contó que está un poco loca con todo esto.

— En fin, ¿Quién más ira a la boda?

— Ikki

— ¿Ikki?

— Sí, Seiya le invito

— ¿Sera su pareja? Ya decía yo que el idiota era medio raro, pero no lo imagine del engreído del Ikki.

— Sera su acompañante, nada más, así empiezan los chismes

— Claro

— Ikki va ir a cambio de que le dé otra columna en la revista, quedo en mantener a Seiya lejos de Seika y de mí.

— Así que el viperino tendrá dos secciones en la revista, estamos jodidos, tienes que ser más duro amigo, esos dos se aprovechan de ti.

— Lo sé, pero no quiero discutir con Seika, estamos muy bien, Seiya finalmente fue el que trajo a Ikki a la revista, y no vas a negar que él hace un buen trabajo.

— No me quejo del trabajo de Ikki, pero ¿en serio crees que Seika te mandara al diablo, si pones en su lugar a su hermano y compañía?

— No lo sé, estamos empezando y no quiero que nada salga mal

— Pues allá tu

— Bueno ¿de qué es lo que quieres hablar?

— De Conny— comento el italiano un poco abrumado

— ¿Qué hiciste Ángelo?

— Bueno digamos que le fui un poco infiel — contesto con total descaro

— ¿Un poco infiel? — Pregunto Emilo con ingenuidad — Por favor Ángelo, le haces una prueba de calidad a cada modelo que pone un pie en esta revista

— No a cada modelo, solo han sido como tres — acoto, Emilio lo miraba con indignación — bueno, bueno, le he sido muy infiel

— Lo comprobó por ella misma ¿cierto? Ella jamás creyó los rumores que se contaban sobre ti, siempre ha estado de tu lado.

— Así es y me descubrió de la forma más humillante, justo en el acto, sin justificación, en nuestra cama, saco a la chica desnuda a la calle y boto todas mis cosas por la ventana, mientras me recordó a mi madre, a mi abuela, tatarabuela y maldijo a toda mi descendencia, jamás en los tres años que llevo con ella, la había visto tan molesta, ni siquiera se puso así el día que me emborrache y olvide el cumpleaños de su madre.

— Eres un cabrón, Conny es una buena chica, inteligente y hermosa, tú nunca la has valorado, te ganaste la lotería con ella.

— Gracias Emilo eso era lo que necesitaba para sentirme mejor, amigo en este momento lo que menos necesito son reprimendas

— ¿Que necesitas? — Pregunto el peli celeste viendo la abrumadora expresión en su amigo

— ¿Puedo quedarme un par de días contigo? mientras busco a donde ir

— ¿Que van hacer? pagan el apartamento entre ambos ¿Cómo van a definir eso?

— No lo sé, por lo pronto ella no quiere verme, así que, ¿Puedo quedarme?

— Claro que sí, pero nada de engañarme — bromeo

— No es gracioso...ay viejo, en verdad lamento todo esto, jamás me imagine poder perder a Conny, y nunca me había dado cuenta de lo mucho que la quiero, fue tan definitivo, sus ojos, su expresión, sus palabras, ahora si la perdí, la perdí para siempre.

— ¿Pero qué demonios te pasa? si la quieres ¿porque la engañas?

— Porque nadie me puede asegurar que ella no haga lo mismo, o lo más probable, es que soy un cabrón — Ángelo bajo la mirada.

— Yo creo que sí es la segunda. Pero no está todo perdido, intenta buscarla, empezar desde cero, ya sabes, una salida, una cena, conquístala, vuélvela a enamorar, y si ella vuelve, por favor, por favor, no la engañes nuevamente.

— No creo que sea tan fácil recuperarla

— Obvio que no va hacer fácil y con esa actitud mucho menos, solo inténtalo

— No quiero que me odie.

— Creme ya te odia

— No contesta mis llamadas

— ¿Y qué? sabes donde vive, búscala, ve con la excusa de que se te quedó algo, o que necesitas saber que se va hacer en cuanto al apartamento.

— Es buena idea

— De acuerdo, toma las llaves de mi apartamento, nos veremos allá, iré a cenar a la casa de Seika, ella intenta que Seiya y yo nos llevemos bien.

— Suerte con eso.

— Suerte con Conny.

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Seika preparaba con sumo cuidado la cena, era muy delicada en cada detalle, siempre tenía cuidado en todo lo que hacía, igual que en su trabajo, pues este no era muy sencillo, más sin embargo hacia lo mejor que podía.

Era profesora en una primaria, amaba a los niños, y hacia todo lo posible por darles la mejor educación que podía, se había enamorado de un hombre muy guapo, jefe de su hermano, pero no lograba que los dos se llevaran bien, pues el joven japonés se encargaba de hacerle la vida difícil a Emilio.

Puso los platos en la mesa y espero a que su hermano se sentara, le sonrió dulcemente como solo ella podía hacerlo

— Seiya, por favor se amable con Emilio ¿Quieres?

— Ese tipo no te merece hermana

— ¿Por qué no?

— Su amigo Ángelo, se la pasa coqueteándole a las chicas de la revista

— Sí, Ángelo ¿Qué tiene eso que ver con Emilio?

— Que de seguro Emilio es igual — acoto cruzándose de brazos y mirando hacia la pared

— Emilio no es así, él es decente

— ¿Cómo lo sabes?

— Suficiente Seiya — corto molesta — soy bastante grande para tomar mis decisiones, no quiero tu opinión respecto a Emilio y tampoco me interesa saberla, es mi vida, soy mayor que tú, y no necesito que me digas o me reclames por con quien salgo, quiero que seas amable con Emilio o tendré que pedirte que te marches

— ¿Prefieres a ese imbécil que a mí?

— No voy a escoger entre ninguno de los dos si así lo desean, prefiero mandarlos a ambos al carajo, pero Emilio ha hecho todo lo posible por llevarse bien contigo, demostrando que es capaz de hacer cualquier cosa por mí, hasta aguantarte, lo cual es algo imposible, así que por esta noche él merece estar más aquí, que tú que solo te has comportado como un niño

A pesar de la obstinación de Seiya sabía que su hermana tenía razón, era una mujer madura y responsable, él no te tenía nada que cuidarle, pero no lograba crear una confianza por el sueco.

El castaño trabaja en la revista como fotógrafo, muy novato para participar en la alguna edición, admiraba el trabajo de Ángelo, pero no sentía simpatía por este, no le gustaba para nada la amistad que el italiano compartía con las modelos, aquellas chicas bellas y sensuales, no eran más que una distracción y aunque el mismo se había involucrado con un par de ellas, no le parecían buena candidatas para una relación.

Pero el problema en sí, no era el que el hombre que admiraba tonteara con las chicas, sino que tenía entendido que el aquel señor tenía una novia y le parecía bastante bajo que anduviera por ahí buscando lo que no se le había perdido, era poco profesional y ético, y si ese hombre, que él una vez creyó era un ídolo tenía semejantes resbalones ¿por qué no los iba a tener el tal Emilio?

El timbre sonó sacándolo de sus pensamientos, Seika se levantó enseguida, y el castaño pudo notar como las mejillas de su hermana se ruborizaban mientras se acercaba más a la puerta, definitivamente estaba bastante enamorada de aquel hombre.

— Emilio, ¿Cómo estás? — saludo la joven mientras depositaba un beso en los labios del sueco.

— Bien ¿y tú? — contesto algo incómodo, viendo los ojos de Seiya encima suyo.

— Muy bien, Sigue

— Buenas noches Seiya

— Buenas noches jefe

La pareja respiro profundo, esa sería una noche larga. Emilio se sentía muy arduo con la presencia de Seiya, sin contar que el chico no perdía la oportunidad de molestarle.

Seika había tratado de mantener la conversación al margen, pero con toda la paciencia que la caracterizaba se había visto obligada a reprender a su pariente en diversas ocasiones.

La cena termino más rápido de lo que todos esperaban, aparentemente los tres se tomaron la molestia de terminar su comida como si de una maratón se tratara, todo con tal de no seguir compartiendo el mismo espacio.

— ¿Seguro que no quieres quedarte? — Pregunto la chica mientras acompañaba al peli celeste a la salida

— Seguro, dudo mucho que tu hermanito nos deje en paz, en verdad estoy intentando hacer bien las cosas, pero tu hermano es una pesadilla, ni todos los dioses juntos podrían acabar con él.

— Lo sé, tal vez deberías aumentarle el sueldo, para que se largue de aquí

— Si con eso lo espantamos, encantando de hacerlo — menciono mientras tomaba a la chica por la cintura y la traía hacia él.

— Era una broma, ni con todo el oro del mundo me desharé de Seiya, y menos si estás tú por aquí

Emilio y Seika se despidieron con un cálido beso, la noche había llegado a su punto más frio, era hora de partir a casa.

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Ángelo llevaba horas parado al frente de la puerta de su apartamento, sabía que Conny no lo recibiría de la mejor manera, pero tenía que intentarlo, toco el timbre esperando a que su chica apareciera pronto, odiaba esperar, quería que todo pasara rápido, estaba ansioso, pero cuando escucho el girar de la perilla del otro lado intento parecer calmado.

Conny era una mujer hermosa de cabellos rubios y ojos verdes, su mirada era penetrante y demandante característico de su nacionalidad inglesa, trabaja en la bolsa de valores más prestigiosa de Inglaterra, había conocido Ángelo en una fiesta universitaria, donde habían tenido una pequeña aventura, y después de algunos años coincidieron en una fiesta de reencuentro.

Decidiendo así formar pareja, al principio Ángelo no la tuvo fácil pues conquistar a la inglesa fue una tarea tedioso pero lo logro, cuando las cosas estuvieron un poco más avanzadas decidieron comprar un apartamento e ir a vivir juntos, pero Ángelo siempre tan rebelde había echado todo a perder y lo que menos quería Conny, era verlo.

— ¿Qué quieres Ángelo? — acoto molesta.

— Hola... eh...vine por unas cosas que se me quedaron

— Ya no hay nada tuyo aquí, y lo poco que quedo lo deseche — prosiguió sin siquiera inmutarse.

— Eso no es cierto Conny

— Pues lo que tú dices tampoco es cierto, ¿Qué es lo que quieres?

— Bueno yo...

— Ah ya sé, vienes a explicarme como es que una joven inocente término desnuda sobre ti, y en nuestra propia casa — sarcasmo, típico de Conny.

— No, yo solo quiero pedirte perdón...

— Claro, te Perdono, ahora lárgate — intento cerrar la puerta pero Ángelo se lo impidió.

— En serio Conny, lo lamento, sé que soy un completo idiota y que merezco esto y mucho más, pero en serio te necesito, haré todo lo que quieras, lo que me pidas, solo pídelo.

— ¿En serio? por qué no empiezas por irte al diablo, me harías muy feliz

— Por favor Conny, te invito a salir

— ¿Qué? — pregunto la Inglesa molesta

— Vamos a cine mañana, te veo allá a las 8 — término alejándose por las escaleras

— No voy a ir Ángelo

— No escucho — acoto mientras desaparecía por la calle

Continuara

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Personajes que aparecen en este capítulo:

Emilio Pettersson 38 años, Suecia, Fundador de la revista Aphrodite, vive actualmente en Inglaterra

Seiya Uchida 28 años, Japón, fotógrafo. Vive actualmente en Inglaterra

Ikki Daishi 31 años, Japón, periodista. Vive actualmente en Inglaterra

Angelo Tabilio 39 años, Italia, fotógrafo, vive actualmente en Inglaterra

Conny Tyler Economista 33 años inglesa

Seika Uchida profesora de preescolar 32 años japonesa. Actualmente vive en Inglaterra