Londres – Inglaterra
En un edificio de la calle Buckland Crescent, se encontraban varias personas, distribuidas en los 15 pisos de la construcción, mujeres, hombres y niños pasaban un día tranquilo en sus viviendas.
Un hombre cano de aproximadamente 72 años vivía solo en el apartamento 701, el calor de ese verano lo estaba sofocando, le gustaba sentarse frente a la televisión y observar series con el volumen muy alto, pues a su edad, no escuchaba bien, y a pesar de quedarse dormido frente al aparato, nunca se despertaba ni por el ruido de la ciudad, ni por los constantes golpes en su puerta, provocados por su vecino Adam.
Adam por el contrario era un hombre empresario, de cabellos cafés y ojos oscuros, exasperado por su trabajo, solo pensaba en llegar a casa para poder tomar un merecido descanso, pero en tardes como esas, sus expectativas se hacían añicos.
No solo tenía que soportar el bullicio de su vecina Alexa y sus tres hijos que no paraban de gritar, sino que tenía que aguantar el estruendoso ruido del aparato televisivo de su octogenario compañero de edificio.
Después de durar casi veinte minutos golpeando a la puerta del anciano, sin recibir respuesta alguna se dirigió totalmente histérico a su apartamento, donde en el lado derecho se filtraba los llantos de los infantes y su lado izquierdo el ensordecedor ruido del televisor.
Adam estaba a punto de estallar, quería gritarle a ambos unas cuantas verdades, sellarles la boca a esos tormentosos niños y estallar el aparato infernal de la televisión para lograr un poco de paz, golpeo en ambas paredes con todo su fuerza y vocifero un par de malas palabras, sin conseguir que ninguna de las dos partes dejara el escándalo.
Harto, decidió prender un cigarrillo y fumar mientras curioseaba por la venta. Las suplicas de paz para Adam fueron escuchadas, no de la forma en la que se imaginaba, pero bastante satisfactorias de por si, al frente de su edificio una hermosa morena se ejercitaba.
El castaño no pudo más que observar la fantástica imagen, embelesado dejo caer su cigarro al piso de abajo, justo encima de unos trapos colgados en el barandal que la señora Adele del apartamento 602, dejo para que se secaran después de que uno de sus hijos regara un frasco de aceite.
Adam se retiró de la ventana cuando su sensual vecina desapareció de su vista, abrumado y estresado se dirigió al estero, dispuesto a poner el edificio patas arriba con su volumen.
La melodía empezó a sonar inundando así el recinto, Adam dejo de escuchar los llantos, la serie de la tarde y se dedicó a percibir las letras de su artista favorito. Debido a esto, el empresario no escucho cuando las alarmas del edificio empezaron a sonar.
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Aioros era un hombre realmente guapo y excitante, su cabello castaño y ojos oscuros le daban un toque de sensualidad que no pasaba desapercibido por nadie, metido en su uniforme a medio poner de Bombero, esperaba con sus compañeros alerta a cualquier alarma.
Mientras eso pasaba, disfrutaban con unos juegos de poker y unas cuantas botanas. Aioros era un joven de nacionalidad griega, y en aquel momento tenía una fuerte jaqueca provocada por las constantes llamadas de su hermano menor.
— Sí Aioria, les preguntare a todos por décimo tercera vez — La alarma se disparó de inmediato y todos los integrantes de la fuerza dejaron sus cosas a un lado para fundar sus trajes completos y correr a sus vehículos – Aioria tengo que irme, te llamare luego – finalizo la llamada y se deslizo por el tubo de emergencia — ¿Dónde es la suceso? — pregunto por la radio subiendo a uno de los camiones.
— En la calle Buckland Crescent — contesto una chica al otro lado de la línea — un incendio, las personas de los primeros pisos lograron evacuar, pero los que se encuentran arriba del piso sexto aún siguen atrapadas
Los vehículos emprendieron la marcha a todo lo que daba, sus sirenas avisaban a los trasuntes y conductores despejar el camino.
La calle Buckland Crescent estaba alborotada de personas, uno de los edificios más grande de esa zona, ardía en llamas. Los bomberos empezaron hacer su trabajo, tenía que despejar el área para poder ingresar y sacar a las personas que aún se encontraban atrapadas.
— ¿Cuantas personas hay adentro? — pregunto el griego a un hombre quien parecía ser el dueño del lugar.
— Hay tres apartamentos por cada piso, ignoro cuanta gente estaba en sus casas a esta hora.
— ¿Quién pude decirme cuantas personas hay el interior? — pregunto Aioros molesto
— Tal vez nueve — contesto una anciana — seis en el séptimo piso, tres niños, un anciano — se detuvo para pensar por un momento — en el noveno dos chicas, no las vi salir esta mañana, no recuerdo haber visto tampoco al señor Gibbs, él está en el onceavo piso.
— Muchas gracias señora — termino Aioros mientras se dirigía a su equipo — Chicos, necesito a uno de ustedes en el noveno piso, tal vez hayan dos chicas allí; otros dos en el piso once, como es uno de los más altos necesito que estén muy atentos, y de ser posible revisar los tres pisos restantes… Liam, Arnold, ustedes dos vienen conmigo, en el séptimo piso hay tres niños, un anciano y dos personas más, Harold tu revisa los piso del primero al sexto, escuchen chicos a la menor alerta de peligro, no duden en evacuar el edificio. Vamos.
Los miembros del equipo acataron como se les ordeno, Aioros llego al séptimo piso donde pudo escuchar un llanto infantil. Un hombre de cabellera castaña intentaba inútilmente tumbar una puerta a patadas.
— Señor tiene que salir de aquí — le indico Aioros
— Hay tres niños en ese apartamento, tenemos que sacarlos
— ¿Cuál es su nombre?
— Adam
— Adam, ha hecho usted un buen trabajo, ahora tiene que retirarse, estamos acá para ayudar ¿De acuerdo?
— De acuerdo — comento el hombre mientras era escoltado por Liam — escuche, también hay un hombre de edad en el otro cuarto, esta sordo.
— Los sacaremos a todos, no se preocupe — se despidió el griego mientras se cercioraba que era seguro abrir la puerta — Arnold encárgate del anciano, yo saco a los niños.
— Pero Aioros, dicen que son tres, no podrás con todos — protesto su compañero
— No discutas, solo hazlo
Aioros logro tumbar la puerta mientras que Arnold hacia lo mismo del otro lado. El lugar estaba completamente en llamas y ennegrecido por el humo, por lo que Aioros no podía ver a ninguna persona dentro
— ¿Hay alguien aquí?
— Por favor ayudemos — grito una voz de mujer proveniente del baño
Cuando Aioros entro pudo ver a una joven de cabellos negros sumergida en una bañera con sus tres pequeños a quienes aferraba con todas sus fuerzas.
— Tenemos que salir de aquí — demando el griego y la mujer asintió, Tomo a dos de los niños y le pido a la joven levantar al más pequeño y caminar delante de él — Tenga mucho cuidado el suelo pude colapsar — un fuerte crujido se escuchó por toda la habitación, Aioros empujo a la mujer lejos de una columna que se vino abajo, quedando él del otro lado — Tiene que salir de aquí ahora – Grito
— No sin mis hijos — acato la peli negra
— Aioros — llamo Arnold — El anciano ya está a salvo, yo te ayudo con los niños
— Sí — contesto el griego aliviado.
Arnold hizo a un lado a la mujer para recibir a uno de los menores, cuando quiso recibir al segundo el suelo se vino abajo llevando a Aioros y pequeño en el camino.
— Aioros — grito Arnold, mientras la mujer se ponía totalmente histérica temiendo lo peor.
— Estoy bien — comento el griego, quien se sostenía de una de las partes del suelo que no se desplomo — necesito que recibas al niño.
— Sí — Arnold se subió sobre la columna para poder contemplar a su compañero quien se sostenía de una mano y con la otra sujetaba al infante, cuando Arnold logro atrapar al pequeño, Aioros cayó — No — Arnold tomo a los chiquillos y saco a la mujer del apartamento, debido al humo no pudo ver si Aioros estaba bien, bajo lo más rápido que pudo y le grito a su compañero – Harold, Aioros cayó, está en el sexto piso, búscalo
— Sí — contesto esté
Harold era un chico de 27 años, quien se había unido a los bomberos apenas seis meses, cuando Arnold le informo sobre el incidente de Aioros no dudo en ni un segundo en irlo a buscar.
— Aioros ¿dónde estás? — grito
— Por acá — escucho decir, corrió de inmediato y vio al joven griego acurrucado a un lado del apartamento — creo que me enterré un pequeño clavo
— Oh cielo santo, eso se ve horrible — exclamo alarmado el más joven, viendo como una escarpia bastante grande había atravesado el guante y la mano del Aioros
— Creo que voy a morir, vete déjame aquí voy a morir — exagero
— Solo es un pequeño hueco, se curara rápido, vamos hay que salir
— No vale la pena vivir, no seré el mismo después de esto — exagero aún mas
— Ya deja el escándalo Aioros vas a estar bien
Harold y Aioros fueron los últimos en salir del edificio, mientras los otros intentaban apaciguar el fuego, más de una hora estuvieron en la engorrosa tarea hasta que por fin el incendio ceso, mientras los heridos fueron llevados para ser atendidos.
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Una joven rubia de ojos azules se encontraba sentada frente a un escritorio de un consultorio realizando algunas modificaciones en la agenda de su jefe. Fue interrumpida por un hombre alto y apuesto.
June, dejo a un lado su trabajo para prestar atención en aquel caballero.
— Señor Vranjes, que alegría verlo por acá — saludo la chica maravillada
— Hola June, ¿cómo vas?
— Bien ¿está muy lastimado? el doctor Céng está ahora con un paciente, lo atenderá de inmediato ¿Es muy urgente? — El hombre levanto la mano para mostrar una horrible alcayata atravesada de lado a lado, la chica se hizo para atrás — Señor, esa herida esta horrible.
— Lo sé, voy a morir
— No exagere señor Vranjes, el doctor lo dejara como nuevo, ya lo vera ¿Que paso esta vez?
— Un incendio, intentaba rescatar a tres niños, el piso se vino abajo y aterrice sobre esto, no sé ni de donde salió, esta cosa me dejara un gran hoyo en mi mano
— Estará bien, no se preocupe, es usted un verdadero héroe
— ¿En serio lo crees? — acoto con total galantería
— Bueno yo — titubeo June sonrojada
— Aioros ¿Que me traes hoy? — un hombre de cabellos lilas salió de un consultorio, llevaba puesta una bata blanca ligeramente abierta que dejaba al descubierto un suéter verde y un pantalón negro
— Mu — exclamo el griego — creo que voy a morir, mira
— Que feo Aioros
— Pues tú no eres muy lindo que digamos Mu, no tienes cejas
— Me refiero a la herida, y solo por eso voy a dejar que mueras
— No Mu, por favor
— Bueno, bueno, entra ya – le invito a seguir — Déjame ver esa herida
— ¿Voy a morir Mu?
— No, pero si tendremos que amputar — comento el doctor revisando la herida, mientras Aioros palidecía
— ¿Es enserio Mu? — quiso saber, ya se encontraba algo mareado
— No — carcajeo — pero si tengo que inyectarte para evitar infecciones
— Prefiero la amputación
— Igual tendría que inyectarte
June vio a los hombres adentrarse en el despacho mientras reía por las ocurrencias de ambos.
Aioros era un hombre realmente fascinante, le gustaba que Mu lo atendiera cuando se le presentaba cualquier emergencia.
Pues el joven tibetano era el hermano menor de uno de sus mejores amigos de juerga, Saga, le había recomendado a Mu ampliamente, y este era altamente profesional, por ello Aioros solo permitía que él y nadie más le atendiera.
— ¿Ese es el tal Aioros? — quiso saber un joven de cabellera verde que se acercó a la joven
— Sí, es él
— Interesante
— ¿Estas celoso Shun?
— Celoso yo — manifestó indiferente — ¿Por qué debería estar celoso? Es un tipo fuerte, del que mi novia no deja de hablar todo el tiempo, no hay razón para estar celoso.
— Amor, solo es un paciente del doctor Céng, está lejos de mi alcance, así que no te preocupes
— Vaya eso me deja más tranquilo
— Hola chicos ¿cómo están? – interrumpió una mujer de cabellera negra
—Doctora Bejarano ¿cómo está usted? – saludo la rubia
—No también como ustedes ¿Mu les paga por coquetear? — ironizo
—Doctora, no, como cree — titubeo el japonés
—Está bromeando Shun — acoto June — a la doctora le encanta incomodar a las personas
—Ya te acostumbraras Shun — dijo la mujer — pero tú tampoco tomes todo tan a ligera June ¿Mu está muy ocupado?
—Esta con el señor Vranjes, una herida bastante importante — contesto la joven
—No creo que les moleste si entro un momento
—Tranquila doc, por favor siga — correspondió June
—Gracias, por favor chicos no descuiden sus deberes
— Claro que no doctora — menciono Shun mientras June reía
La doctora Alejandra Bejarano era una joven psicóloga especializada en el comportamiento humano, era alta, de piel trigueña y cabello negro, de nacionalidad Colombiana, lleva poco tiempo viviendo en Inglaterra junto con su esposo, y había formado una sociedad con el tibetano para la apertura de un consultorio que no solo ofrecía un servicio médico, sino también un servicio psicológico, lo cual hacía sentir mucho más confortable a sus pacientes.
—Quédate quieto Aioros, o no lograre sacarla, es muy grande
— ¿Qué es eso tan grande que no puedes sacar Mu? — Bromeo la morena entrando al consultorio — Puedo volver después si les parece
— Esto es lo grande que no puedo sacar — se defendió Mu, mostrando la mano del joven griego aun con la puntilla adentro
— Que feo Aioros — comento la joven
— Lo sé, me quedara un horrible hueco — se escuchó acongojado — pero Aleja, que alegría verte
— También me alegra verte, aunque, sin hoyos en las manos
— ¿Que te trae por estos lares Aleja? — pregunto Mu
— El señor Shulda
— ¿Que tiene esta vez? — quiso saber el Lemuriano, mientras Aioros miraba de uno a otro sin entender
— Toxoplasmosis
— ¿Otra vez entro un gato a su casa? — indago nuevamente Mu
— No, hace tres días comió una manzana inmediatamente después de cortar una carne para la cena, olvido lavar sus manos, y esta mañana leyó que la toxoplasmosis también se puede contraer por comer alimentos en mal estado o manipular carne cruda
— ¿Acaso hablan de un hipocondriaco? — pregunto el griego
— Sí — contesto la morena – estas familiarizado con el trastorno
— Sí, en mi profesión se tratan muchas cosas, entre esas, estados de ansiedad producidos por la hipocondría. El señor del que hablan no es ingles ¿cierto? bueno lo pregunto por el apellido
— Es suizo, se casó con una inglesa y lleva muchos años viviendo acá — contesto la colombiana
— Pero si es un trastorno mental ¿Por qué no lo atiendes tú, en lugar de Mu?
— Yo lo atiendo como una medida de aseguramiento — explico Mu, logrando sacar el clavo. Aioros se retorció un poco — Cuando el señor Shulda no está del todo tranquilo con la charla que le da Aleja, lo examino yo, para descartar su posible enfermedad, ya sabes, yo soy medico
— En pocas palabras, él cree más en tu criterio que en el de ella
—Ocasionalmente sí, el señor Shulda sabe que padece un trastorno, por ello está en terapia conmigo, pero cuando su caso es muy extremo prefiera el diagnostico de Mu, Es la idea de nuestra sociedad, brindar un apoyo completo a nuestros pacientes
—Eso es genial, yo creo que voy a quedar traumado por esto — comento el griego, cuando sintió un ardor producto de la limpieza que le hacía Mu — Oye eso duele
—Lo siento – mintió el peli lila
—No lo siente, es mentira y lo sabes, en fin, Alejita quieres atenderme después de esta curación tan cruel, eh oído que cuando se pierde una parte del cuerpo anímicamente se queda muy mal
—No has perdido ninguna parte de tu cuerpo Aioros — comento la chica
— ¿Como que no? que tal toque amputar
—No exageres — interrumpió Mu
— Estoy segura de que sobrevivirás — bromeo la chica — Mu ¿Le digo al señor Shulda que te espere?
— Si Aleja, termino de suturar a Aioros y le atiendo
— Perfecto — comento la chica dirigiéndose a la salida
— No, espera Aleja, una pregunta, ya que están los dos aquí — pronuncio el castaño, mientras Alejandra se devolvía — van a ir a la boda ¿cierto?
— Aioros tú sabes que yo estoy más que comprometida
— Y si me vuelves a preguntar, yo no iré – amenazo el lemuriano
— Por favor Mu, no digas eso — se quejó el griego — tres personas de las que invite, me cancelaron y Marín casi me mata cuando se lo dije, luego gracias a Shura conseguí ocupar uno de esos puesto, e igual Marín casi me mata cuando se lo comente, y si alguien más falta estoy seguro de que esta vez esa mujer me matara, ustedes no entienden, ella es el diablo
— Solo quiere que su boda sea perfecta — explico la morena
— Pues está loca
—Sí Aioros, yo iré, no te preocupes — le tranquilizo el doctor
— ¿Quién te cancelo? — quiso saber la joven
— Alicia — contesto Aioros con un dejo de tristeza
— ¿Y eso? — pregunto Mu
— Se va a un concierto, uno de esos donde cantan un grupo de niños tontos — indignación se escuchó en sus palabras — el idiota de Phillip le compro entradas a ella y a su amiga, y Grace está de acuerdo con eso, los invite a ellos dos para poder pasar tiempo con Alicia, pero no les importo, a ninguno le importo
— Aioros, es una adolescente, prefiere pasar tiempo con sus amigos — explico la psicóloga
— ¿Y su familia dónde queda? es un evento importante, es su tío quien se casa
— Sí pero ella no lo ve así — intento calmarlo Alejandra — estoy segura que ni Aioria le molestara
— No me gusta que mi hija vaya a ese tipo de eventos — se quejó — donde solo niños pubertos con las hormonas alborotadas buscan una oportunidad, no puedo creer que Grace lo apruebe y que ese idiota de Phillip lo acolite.
— Por favor Aioros, le has enseñado bien — comento Mu — Alicia es una chica inteligente, solo ira a escuchar música sanamente con su amiga, ya lo veras, confía en ella
— Confió en mi hija, en los que no confió en esos niños idiotas
— Aioros, no es fácil dejar ir a los hijos, pero ellos siempre querrán hacer millares de cosas — explico la colombiana — y si se lo prohíbes, solo lograras que lo haga a escondidas, y que cuando tenga un problema, no vaya contigo sino con alguien más, alguien que no la aconseje bien, no la cohíbas.
— ¿Entonces la dejo hacer lo quiera? — Alego
— Todo tiene un límite, no te pases, las cosas en exceso no son buenas — aconsejo Mu
— Pues no tengo de otra, si no la dejo ir, Phillip quedara como el padrastro del año y yo como el papá más malo del planeta
— Aioros, el drama no es lo tuyo — se burló la morena
…
Mu termino la curación con Aioros, quien después tuvo que pasar a ser inyectado por Shun, Aioros se preocupó un poco por el tema, más cuando se percató de que el joven japonés no lo miro con mucha gracia, pero a pesar de sus suposiciones, no sintió la aguja.
— Oye Mu, ese chico Shun ¿Es profesional? – Indago el griego
— Es un practicante
— Dejaste que me inyectara un practicante – fingió indignación — eso no es profesional Mu
— Shun está altamente calificado para realizar ese tipo de actividades, está aquí para aprender
— Y dejas que practique conmigo
— Fue una simple inyección, no una operación ¿Te dolió?
— Pues no mucho
— ¿Entonces por qué te quejas?
— Porque a leguas se nota que el chico no me quiere ¿Yo que le hecho?
— Ah, eso...June es su novia, y ella no deja de hablar de tus grandes hazañas
— Así que es él, creí que lo conocería hasta en la boda...oye eso quiere decir que el hombre esta celoso conmigo, pudo matarme Mu, él me odia.
— Pues no te odia, y eso demuestra lo profesional que es, ya que pudo separar lo personal de lo laboral — termino extendiendo una receta — es tu medicamento, no olvides tomarlo con juicio, y cambiar el vendeja para aplicar la crema
— Si señor, dale mi saludos a Gloria
— Lo haré
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Mu manejaba muy rápido, sus pacientes le habían quitado mucho más tiempo del que quería, estaba de aniversario y tenía una cena con su esposa en un restaurante lejos de su lugar trabajo.
Llevaba 15 minutos de retraso, y a pesar de que le informo a Gloria que llegaría tarde, pudo notar la voz molesta de su compañera, no quería hacerla enojar en un día tan especial como ese.
Bajo rápido del auto, llevaba unos girasoles en la mano, los favoritos de su esposa, la distinguió en la mesa mirando hacia afuera, siempre que la notaba tan distraída, recordaba cuando la vio por primera vez en aquel café leyendo a Max Brooks, mucho más joven, que ahora, pero no tan bella como esa noche.
El tiempo que había vivido en Colombia le había dejado el mejor de los tesoros.
Quien iba a imaginar, que tanto él como su mejor amigo terminaran enredados con un par de mujeres que más que ser amigas, eran como hermanas y habían arrastrado a los dos hombres con ellas en un matrimonio, pues Alejandra y Gloria, había logrado lo que ninguna otra había conseguido nunca.
Aunque Mu, se preguntaba ¿quién había atrapado a quién? ya que ellas dos era un par de almas muy complicadas.
Se dirigió a su esposa con una grata sonrisa que ella acepto con gusto, le dio un beso en la boca, haciéndola sonreír, y le entrego las flores que llevaba para ella.
Gloria era una chica muy inteligente y hermosa, su cabello de color caoba lo llevaba por debajo de los hombros y sus ojos verdes irradiaban mucha curiosidad, ella era economista y trabajaba en la bolsa de valores en el London Stock Exchage.
— Lamento la tardanza — se disculpó el hombre tomando asiento
— Vale, pero que no se te vuelva costumbre — se burló ella
— ¿Qué tal tu día hoy, hermosa?
—Agitado
— ¿Cómo sigue Conny?
— No muy bien, imagínate que Ángelo, no solo la engaña, sino que, con todo el descaro del mundo, la invita a salir y lo peor es que ella piensa ir
— Sé que es una buena amiga tuya, pero no deberías molestarte tanto, son sus problemas
— Me siento culpable — comento molesta
— ¿Por qué?
— Porque gracias a mí, Conny conoció a Ángelo
— Entonces la culpa, realmente es de Aleja
— ¿Por qué de ella?
— Porque ella te presente a Ángelo, y luego tú se lo presentaste a Conny
— En ese orden de ideas, la culpa vendría siendo de Laila, por ser amiga de Aleja, y hermana del mejor amigo de Ángelo – Concluyo la pelirroja
— He ahí el origen del caos — ambos rieron — pero dejemos los problemas de los demás, hoy solo somos, tú y yo.
— Es verdad. Me encanta pasar tiempo contigo
Continuara
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Muchas gracias a todos los que me siguen leyendo, pido mil disculpas por la tardanza, y es que a pesar de que ya tengo estos primeros capítulos pre escritos, los estoy revisando una y otra vez, agregando nuevos personajes (espero no volverme loca con tanta gente) y cambiando algunos roles (Aioros iba hacer un odontólogo, y no era padre, pero al final me decidí por que fuera bombero y tuviera una bella hija)
Personajes que aparecen en este capítulo:
Mu Céng: Tíbet. Doctor, 36 años, actualmente vive en Inglaterra
Aioros Vranjes: Grecia. Bombero, 42 años, actualmente vive en Inglaterra.
Shun Daishi: Japón. Pasante de medicina, 29 años, actualmente vive en Inglaterra
Gloria Díaz: Colombia. Economista 34 años, vive en Inglaterra
Alejandra Bejarano: Colombia. Psicóloga 34 años, vive en Inglaterra
June Kamdem: Etiopía. Asistente, 30 años, vive en Inglaterra
