Sentía que había logrado una catarsis en su vida. Ya no tenía pensamientos negativos en su mente, por fin había logrado dejar ir todo ese odio y amargura que guardaba celosamente en su corazón, durante años. Miró hacia el lado y vio a la persona que lo había hecho posible. Su amigo de la nación del fuego. Un ex heredero del trono y su ex enemigo, Zuko

-Gracias-le sonrió sinceramente. Podía volver a confiar en aquel hombre que le había traicionado. Después de aquel viaje, se había ganado su total confianza.

-No hay de que, tenías que hacerlo- El entendía el sentimiento de venganza más que nadie, por lo que no dudó en ayudarle.

-Pero no era necesario que me ayudaras-

-Sí, lo era-el viento cálido movía sus cabellos al vaivén de este. El sol se estaba escondiendo detrás de las pequeñas olas que se formaban en el lago delante de ellos. Todo era paz, tranquilidad como el corazón de la morena y del pelinegro.

-¿Por qué lo dices?-por primera vez desde que aterrizaron en el lugar donde se hospedaban, se miraron a los ojos. Azul contra ámbar. Ambos ojos brillaban ante los últimos rayos de sol, conteniendo las emociones que ocultaban en sus almas.

-Porque te traicioné y quería remediarlo. Ese día en las cavernas de cristal sentí…sentí una conexión-admitió en un susurro. Sonaba bien en su cabeza, pero al momento de decir aquellas palabras, supo lo vergonzoso que sonaban., pero eran ciertas. Había sentido como un pequeño lazo se había empezado a formar entre ellos, como aquella mano morena había tocado una fibra en su ser.

-Lo sé-Katara se sonrojo levemente al admitir aquel sentimiento. Aquella conexión que experimentaron al momento de hablar de su pasado tan parecido, fue real. Pasados tristes, tragedias, tristeza y odio.

-Por eso debía ir. Te entiendo, mi madre también se la llevó la nación del fuego-dentro del joven había una disyuntiva. Por una parte el amor a su patria, a sus raíces y por otra el odio a su padre y todo lo que el significaba.

-Aunque nada nos devolverá a nuestras madres-la mirada azulina se entristeció, liberando unas pequeñas lágrimas. Necesitaba sacar todo lo que llevaba en su pecho, por lo que rompió a llorar, de pena y felicidad porque "al fin se acabó todo" Zuko al verla solo atinó a abrazarla. Sintió su menudo cuerpo, que estaba frio ya que la noche había caído entre ellos. Sintió la delicadeza femenina que desprendía Katara, a pesar de ser una guerrera excelente y habilidosa. Su corazón empezó a acelerarse y sus mejillas se tornaron carmines. Elevo un tanto su temperatura corporal para brindar calor a la castaña. Katara se lo agradeció en silencio, correspondiéndole el abrazo. Se quedaron allí, bajo la luz de la luna, solo los dos, sintiendo la proximidad contraria. En el ambiente flotaba la incomodidad, la vergüenza y las ganas de no separarse. Zuko había descubierto que se sentía bien entre esos brazos protectores y maternales, pero sobre todos femeninos. Katara sentía el bien trabajado cuerpo del maestro fuego. ¿Cómo tenía una compulsión delgada, pero fibrosa? Seguramente surcada de más cicatrices de guerras y batallas pasadas. Le causaba curiosidad, pero también un sentimiento de seguridad indescriptible.

Se separaron y se miraron a los ojos, como lo habían hecho en la caverna de cristales. Ella puso su mano alrededor de la cicatriz, pensando en lo mal que lo había pasado en su pasado—Mi padre lo hizo—le explicó aquella terrible historia—y desde ahí me condenaron en busca del avatar y mi honor. Todo por mi impertinencia y la ira de mi padre—contó en un momento de sinceridad. Muy pocas personas sabían aquella historia porque le avergonzaba su actuar inmaduro y le entristecía que su padre fuera tan cruel. Porque después de años entendía que no fue su culpa, que el tan solo era un niño que tenía ideales. Ahora todo era distinto, lo veía todo desde una perspectiva más madura.

-Ahora entiendo porque nos buscabas con tanto ahínco- Zuko sentía como Katara no lo juzgaba, en más intentaba ponerse dentro de sus zapatos y entenderle.

-No era nada personal-sonrió restándole seriedad al ambiente. Los jóvenes rieron.

-Pero no se ve mal…-dijo al aire. Después cayó en cuenta que es lo que había dicho. Su cara se volvió roja como los tomates y se alejó de Zuko avergonzada por aquellas palabras- Lo…lo siento yo…-

-Tú tampoco te ves mal-dijo con una leve sonrisa. Debía admitir que la maestra agua era preciosa. Aquella piel color oliva, su largo cabello sedoso color castaño, sus ojos brillantes y amables. Contrarrestaban perfectamente con aquella personalidad, tan maternal y luchadora. La maestra agua levanto la vista azulina hacia el joven y admiró su belleza. Cabello color ónix, piel blanca como la nieve, ojos resplandecientes color oro. Debía admitir que es bastante guapo.

-Gracias- se quedaron mirando a los ojos. Poco a poco se acercaban, estaban hipnotizados por la mirada contraria. Sus cuerpos ya no respondían a la mente. Solo seguían su instinto y sus deseos. El deseo de estar cerca del otro, de compartir el calor, de tocar las pieles y juntar sus labios. Se besaron. No fue el primer beso para ninguno, pero si fue especial. Trasmitía todo aquel deseo, todos aquellos sentimientos que tenían a flor de piel después de aquella peligrosa aventura. La castaña rodeó el cuello del mayor con sus brazos. El maestro fuego tomó la delicada cintura de la maestra agua acercando su cuerpo hacia ella. Esa conexión que habían sentido en las cavernas era un lazo poderoso que incitaba a saber más del otro, a desearse. Sus pieles quemaban, el rose entre ellos era candente y exquisito.

Era una batalla acalorada. Sus lenguas se movían, exploraban aquella cavidad. La respiración estaba agitada, solo se separaban para tomar aire y seguir en aquel vaivén delicioso. Pero la realidad les cayó encima. Se separaron y se miraron avergonzados sin saber que decir ni hacer. Fueron donde el grupo sin decir palabras y nadie notó la incomodidad creciente que había entre los dos. Excepto Aang que notaba que algo había pasado. Observaba que las miradas de los chicos no se encontraban y trataban de rehuirse como si el otro quemara. Por supuesto no perdía detalle de su enamorada. Notaba cada gesto, cada cambio en Katara por lo que este no fue la excepción. Pero no le dio importancia—debía ser algo de lo que pasó al buscar al asesino de la madre de Katara—se quedó tranquilo y más aún saber que la chica no había tomado represalias contra el soldado. Orgulloso de la maestra agua fue a su encuentro en un abrazo que la chica correspondió, no sin antes mirar a Zuko. Este le sonrió de lado y se alejó en dirección a los demás que preguntaban cada detalle del viaje.

Jamás volvieron a hablar de aquel beso, pero la conexión especial que tenían perduró en el tiempo. Por ello los dos pelearon contra Azula aquel fatídico día y Zuko arriesgó su vida para salvar a la de Katara y esta arriesgo la suya para derrotar a la hermana desquiciada. Seguían siendo amigos y a veces iban a tomar un té a escondidas de sus actuales novios, porque nadie iba a entender lo que había entre ellos.

FIN.