Hola, hola, sí, volví, después de un largo tiempo de ausencia, y supongo que ya perdí a muchos lectores

Pero aquí estoy nuevamente para todos aquellos que siguen esperando y para los nuevos lectores también.

La verdad mi propósito de este año (sí sé que ya casi se acaba) es continuar con esta historia, porque, como les he mencionado anteriormente, sé cómo la voy a terminar.

Hace poco la iba a retomar, pero me distraje y termine escribiendo dos fic que nada que ver con esta. Perdón es que soy distraída.

Pero si se quieren pasar a leer las otras dos, se llaman "Estarás a Salvo" y "No Te Voy a Olvidar" y les digo que son muy hot…lemon, lemon

Quiero darle un agradecimiento muy especial a beauty-amazon quien me animo y me motivo aún más a continuar con este relato y a Nyan-mx quien me apoyo con sus comentarios y sugerencias para mejorar en mis escritos.


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Indonesia – Halmahera – Monte Ibu

El fuego se extendía hasta donde la vista alcanzaba.

Él estaba levitando sobre el Monte Ibu como si de un dios se tratara, su cabello rojizo se revoloteaba por el aire, inundando sus fosas nasales del dulce aroma de la madera quemada.

Aquel hombre aparentaba tener unos cuarenta años, lucía una armadura color zafiro, bastante antigua.

Una catana en la espalda y sus grandes músculos lo hacían ver como una especie de héroe mitológico.

Fayna, era su nombre, guerrero de la luz y el fuego, protegido de Némesis.

Sonreí, con una mueca maquiavélica siendo muy consciente del daño prominente que estaba ocasionando en los bellos paisajes de Halmahera. Miles de vida se habían perdido aquel día, y otros luchaban con todas sus fuerzas para no morir.

Los arboles ardían, el cielo estaba en completa penumbra por las cenizas, el Monte Ibu rugía con mucha intensidad, todo a su alrededor había desaparecido y la lava seguía su paso destruyendo con crueldad todo lo que alcanzaba.

Fayna estaba feliz de su acto, de su mordaz contrataque, no había espacios para débiles, al final todos morirían.

Una mueca de discuto se dibujó en su rostro severo, sus ojos inexpresivos miraron hacia el horizonte y noto como un haz de luz dorada impedía débilmente el paso de la lava ardiente, era Athena que intentaba inútilmente detener su avance.

Volvió a sonreír, la ingenuidad de la diosa no tenía límites.

Concentro su cosmos, con más intensidad, no dejaría que una mujer incompetente se metería en sus asuntos, cerró los ojos.

Pasaron un par de minutos, y el aire se empezó a enfriar, frunció el ceño.

Una capa de hielo grueso se formó sobre la erupción deteniendo su paso, apagando su llama.

Fayna no estaba contento, más incompetentes se mentían en su camino.

— Santos de Athena — pronuncio con una mediana sonrisa. Por fin habían llegado

Estados Unidos – Texas

André se asomó por la ventana, era apenas medio día y el cielo estaba completamente oscuro, encendió el televisor, pendiente de si había algún detalle en las noticas. Tal vez alguna tormenta de la que no estaba enterado.

Mas sin embargo se llevó una gran sorpresa al escuchar que en muchas partes del mundo, había grandes catástrofes como si del fin del mundo se tratara.

Apago el televisor y tomo nota mental para seguir el protocolo que se había puesto para sobrevivir a la cantidad de tragedias que pasaban seguido en su país.

Miro por la ventana nuevamente, el cielo se había puesto furioso y André fue consciente de que sus extremidades le temblaban, quiso ir por el teléfono, quería llamar a su madre, pero se detuvo; ahí afuera, bajo esas nubes que amenazaban por lo peor, un hombre se encontraba.

Aquel hombre parecía un príncipe de cuentos de hadas, con cabello largo y ojos grandes, de un color purpura penetrante, llevaba puesta una armadura verde, con una capa larga blanca que lo cubría completamente, pero lo que más llamo la atención de André era la espada gigante que el extraño llevaba en su mano derecha.

Él príncipe de cuentos, se detuvo frente a su casa y sonrió bellamente, tan pura era su sonrisa que André sintió que desfallecía, y por un momento se cuestionó su sexualidad, pero su encantamiento se desplomo cuando la mirada de aquel sujeto tan fascínate se tornó oscura.

Y lo último que vio André, fue a aquel hombre de mirada mágica levantar la mano con su espada hacia el cielo, un rayo se concentró en la hoja de metal y de un momento a otro el viento empezó a soplar con fuerza.

— Un huracán — pronuncio angustiado.

Afuera todo se fue volando.

Portugal – Lisboa

Un joven apuesto corría a toda velocidad por las calles de Lisboa. Su pelo celeste era mecido por el viento, mientras su mirada azul se ubicó frente al gran río Tajo, una sonrisa pícara se dibujó en su delicado rostro y la gente del lugar fue testigo de cómo el joven voló sobre la superficie del agua.

Se detuvo a mitad del río, sonrió hacia el cielo y unas pequeñas gotas de lluvia emparon su rostro.

Las personas no podían creer lo que veían, el chico allí levitando sobre el agua, levanto las manos hacia los lados y el río amenazo con desbordarse.

El muchacho los miro, y el agua a su alrededor empezó a moverse con mucha brusquedad.

— Este es el fin — se hizo escuchar por gran parte de la ciudad — yo Barcha, guerrero guardián del agua, purificare esta tierra.

El agua se levantó como una gran ola, pasando por encima del joven y arrasando todo a su paso, las personas intentaron correr, pero la fuerza de la corriente era abrumadora.

Barcha sonrió, deleitándose con el sonido de los gritos angustiantes de los lugareños, movió sus manos como si dirigiera una orquesta.

El fin del mundo estaba cerca, miles morirían, miles ya habían muerto.

Un haz de luz dorado, lo hizo divagar por unos escasos minutos, la diosa de la guerra intentaba inútilmente impedir su propósito, Barcha no pudo evitar carcajearse.

Contra su poder y el de su diosa, no existía nada que una frágil deidad pudiera hacer.

Una luz rojiza, sumamente candente e impresiónate se materializo frente a sus ojos, una figura imponente se vislumbró entre las llamas, el agua parecía no tocarlo, al contrario esta se evaporaba a su alrededor.

— No te saldrás con la tuya, maldito — le dijo aquel sujeto.

Barcha lo miro fascinado.

Tanzania — Arusha

La tarde era hermosa, el sol estaba en su máximo esplendor, los niños reían y el turismo no podía haber estado más apropiado en aquel mes.

Las ventas y el comercio se habían visto bastante prometedoras en aquellos tiempos.

Todos estaban muy sonrientes, las parejas estaban juntas, y las familias unidas.

Para Ila señora de la tierra, todo eso no era más que alboroto, bullicio y destrucción ocasionado por los hombres que solo buscan su propio beneficio.

Bufo molesta viendo tanta algarabía y se alejó del lugar a paso ligero, ya, a una sana distancia de tantos gritos y risas, golpeo su báculo contra el suelo y este se estremeció bajo su poder.

La tierra crujió con potencia y como si del filo de una espada se tratara, la superficie se abrió, dando paso al horror.

Las casas y los edificios se vinieron abajo y todo lo que fue por un instante tranquilidad, fue rápidamente reemplazado por los gritos y la sangre de la gente.

Ila sonrió a lo lejos, vio a la gente correr despavorida de lado a lado y observo como otros desfallecían bajo las pesadas rocas de la bella arquitectura de la ciudad de Arusha.

Pasó sus dedos largos, sobre su abundante cabellera castaña, mientras su capota de color negro se levantó con el viento, sobre su cuerpo una armadura oscura, le cubría solo el pecho y en la zona baja terminada en una falda con dos grandes aberturas de cada lado, dejando al descubierto sus muslos.

Un grito más adelante la saco de su meditación, estaba siendo lenta, había gente bastante astuta que estaba encontrando forma de escaparse, por lo que se maldijo internamente.

Empuño su báculo con más fuerza, en la punta de este el símbolo de tierra reposaba.

Lo agito alrededor de su cuerpo, y el suelo nuevamente volvió a crujir, el terremoto se hizo más intenso, al igual que los gritos y la angustia.

Y otra vez se perdió en los bellos sonidos de los humanos corriendo por sobrevivir.

Santuario

Miro a lo lejos los doce templos, se dejó deleitar por el aroma del lugar, ese aroma le traía viejos recuerdos.

Para ella fueron buenos recuerdos, en algún momento. Pero después todo se convirtió en oscuridad.

Una de las personas que más amo se había ido ese día, su vida y todo lo que una vez soñó se escapaba por sus dedos como el agua.

Sonrió con melancolía, recordando como su inocencia le nublo la razón por un escaso momento, y se acordó también como ella con tanto esfuerzo se había preparado para ser la esposa del Patriarca.

Grave error, no pudo ser más estúpida, su padre no pude ser más ingenuo, y aquello le costó la vida de su querido hermano, su único y adorado hermano.

Era hora de que pagaran. El Santuario tenía que pagar sus lágrimas.

Una suave brisa hizo volar su oscura cabellera, a su lado su padre se encontraba con una sonrisa maquiavélica, era hora de acabar con todo y tomar por lo que derecho les correspondía.

— El Santuario es frágil — le dijo Gigas a la comitiva que los acompañaba — no hay más que un puñado de santos débiles protegiendo el camino para llegar a Athena, cuando todos estén muertos, ella no tendrá más alternativa que ceder.

Silencio, aquellos guerreros solo eran asesinos, querían sangre y no estaban allí para frases de aliento ni mucho menos, Gigas prefirió quedarse callado.

Silvia por su parte prefirió continuar con su recorrido, lucía un vestido brillante negro, muy marcado a su figura, llevaba un cetro que brillaba bajo la luz del sol que ya empezaba a ocultarse.

Sintió el cosmos de Athena viajar por todos los alrededores del mundo y no pudo evitar sonreír con cinismo.

— Es solo una débil diosa — pronuncio más para sí misma que para los demás — ¿mi padre tiene razón? El Santuario es débil, sus guerreros y su deidad son patéticos.

Siguió bajando las sinuosas murallas que separaban a los simples mortales del Santuario, hasta que llegaron justo al frente de las escalerillas que llevaban al templo del carnero. Se detuvo por un momento apreciando el silencio.

— Las mujeres están por allá — señalo a su izquierda — puedo sentir el cosmos de esa odiosa mujer. Quiero que las maten — prosiguió con voz pausada — pero a Shaina, llévenla a mí con vida, yo me encargare de ella

No olvidaría jamás que fue Shaina la mujer que traiciono a su hermano. Teo se enamoró de ella, confió en ella y murió por ello.

Jamás perdonaría a Shaina de Ofiuco, a Saga a Kanon ni Athena, todos pagarían.

Continuara

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Muchas gracias por leerme, sé que este capítulo me quedo muy corto, pero no es más que el preámbulo para lo que viene.

No se me da bien la narración de las batallas y es realmente por eso que me eh tomando tanto tiempo, sí también un poco de pereza mental.

Espero que muchos sigan por acá.

Beauty-amazon linda, aquí está la continuación, no me he ido, aquí sigo.

Nyan-mx espero verte por estos lares.

A todos los demás gracias, muchas gracias.

Espero tener el próximo capitulo para la siguiente semana (ya tengo una buena parte de él) y también estaré corrigiendo los capítulos anteriores.

Nos estamos leyendo.

Si notan algún error de continuidad, solo recuerden que un hechicero lo hizo.

Perdón si no conteste algunos de sus comentarios, es que no sé exactamente donde me quede, y no quiero se invasiva contestándoles una segunda y hasta tercera vez.

Gracias….