Indonesia – Halmahera – Monte Ibu
Los santos de Athena habían llegado tan rápido como se les permitió, pero el daño causado por Némesis era irreparable. Muchas vidas se perdieron, dolor y sufrimiento fue lo primero que percibieron aquellos hombres cuando llegaron a Indonesia y no pudieron sentirse más impotentes.
Tenía, debían parar toda esa tragedia, aun había vidas más adelante, aun había esperanza, ellos eran los santos de la esperanza y estaban nuevamente en el campo de batalla para evitar más muertes sin sentido.
Camus, Hyoga y Milo estaban a una distancia prudente del magma, la tierra quemada y el olor penetraba fuertemente por sus narices, y sus cabellos se hallaban de un color grisáceo gracias a la ceniza.
Corrieron con cuanta persona encontraron en el camino, aun habían sobrevivientes, el ser humano peleaba con fuerza por no dejarse vencer ante la amenaza de la naturaleza.
Pero era momento de luchar, sino paraban desde su origen aquel mal, aquel acto de atrocidad, las pocas vidas que habían logrado salvar, perecerían pronto. Pero eran hombres, y era de esperarse que la lava los consumiera, que los quemara hasta desaparecer cada rastro de ellos.
Hyoga y Camus tuvieron que esforzarse demasiado, lograr un frio absoluto que el fuego del volcán no lograra evaporar, no fue tarea sencilla, tenían que llegar hasta la persona, el ser que estaba ocasionando todo aquello, porque era más que obvió que ese acto de la naturaleza, no lo había producido la tierra por si misma, alguien lo manipulaba, alguien se movía en cada rincón del mundo, causando catástrofes.
Aquello era apocalíptico, por lo tanto era divino, el fin del mundo estaba cerca.
Una gruesa capa de hielo se formó sobre el magma amenazante, después de mucho esfuerzo y de haber intentado una y otra vez, por fin lo habían logrado, la lava se había detenido, aquello daría tiempo a que más personas escaparan, a que se marcharan lejos, e intentaran permanecer con vida.
Milo miro por encima de la capa blanca, puso un pie sobre esta y pudo sentir como crujía bajo su peso, de igual forma pudo sentir como su pie se deslizaba debido a la humedad, el magma era imparable, debajo del hielo esta, intentaba resurgir y seguir con su camino de destrucción, tenían que ser rápidos.
Sin preámbulos, se aventuraron sobre la capa fría y emprendieron el camino hacia el centro del volcán, pues allí se sentía con mayor fuerza el cosmos poderoso del ser que ocasionaba tanto caos, aquel que había cobrado innumerables vidas.
— No me malentienda pero esta camino se está derritiendo poco a poco — advirtió Milo recorriendo el sendero de hielo que se desquebrajaba bajo sus pies con cada paso que daban, a su lado Hyoga y Camus intentaban soportar el peso de su cosmos para evitar que las suposiciones de Milo se hicieran ciertas antes de tiempo — ¿señores cómo vamos a pelear parados sobre el fuego?
— Nos preocuparemos de eso cuando estemos allá — le calló Camus.
No era un secreto para ninguno que aquel recorrido era una sentencia de muerte, pero confiaba que el piso de hielo formado por él y su discípulo resistiera lo suficiente hasta lograr derrotar a su enemigo.
Una pequeña esperanza se dibujó en sus mentes, cuando por fin distinguieron la falda del volcán frente a ellos, habían llegado.
— Son valientes caballeros — una voz poderosa se escuchó encima del volcán.
Un hombre de cabellos tan rojos como el fuego les observaba con una sonrisa perversa. Sus ojos inexpresivos transmitían temor, sus músculos y su gran postura le hacían ver como un guerrero despiadado, de esos que solo se lee en los libros, eran grande, mucha más que el santo de tauro.
— No cualquiera utiliza una técnica tan mediocre para llegar hasta a mí y se sale con la suya — anunció, mientras se ubicaba frente a los santos y justo cuando puso los pies sobre la tierra, la lava se abrió dándole paso, dejando una parte del camino libre para todos.
— Esto es bueno — se dijo así mismo Milo, viendo que el magma los rodeaba, pero si la pelea los hacia retroceder, no vivirían para contarlo
— Les doy esta ventaja para que puedan luchar contra mi sin problema — anuncio el hombre viendo la cara de los santos, quienes no estaban seguro de que aquello y aquel reducido espació fuera una ventaja para ellos.
— ¿Nos das esta ventaja para que podamos luchar contra ti o para distraernos del ataque al Santuario? — pregunto con sarcasmo Camus
— Da igual — contesto el extraño — de todas formas allá o acá morirán — sonrió — yo soy Fayna guerrero de la luz y el fuego y esta, será su tumba, santos de Athena
Estados Unidos – Texas
El viento soplaba con fuerza, las casas y los edificios se hallaban destruidos, aquel huracán parecía no tener fin, los de servicio metrológico no lograban entender aquel suceso extraño, el huracán iba y venía, se movía a voluntad, como si poseyera inteligencia, aquello nunca antes se había visto.
Para Dohko, Shiryu y Kanon fue una tarea difícil mantenerse sobre el firmamento, salvar vidas, lo fue aún más, varios murieron entre sus brazos, sí aun habían rastro de vida en aquel lugar, nunca lo sabrían, no con el viento embravecido, y no si seguían sin encontrar al dueño de aquel cosmos maligno.
Aquel ser misterioso, era ágil y como el viento se movía de aquí allá sin dejar rastro alguno ¿Cómo vencer lo que no ves?
Andaban, corrían, se movían de aquí allá escapando de los torbellinos, e intentando detectar aunque sea por un momento aquella fuerza extraña que arrasaba con tanta agresividad todo.
— No vamos a lograrlo — manifestó Kanon, quien con mucha habilidad había logrado llevar muy lejos los pocos sobrevivientes que encontraron — de seguir así, moriremos antes de hacer nada
— No te desanimes — le anime Dohko — tenemos que encontrar aquella persona que manipula el viento con tanta precisión, el cosmos de Athena se debilita
Era verdad, desde hacía unos minutos, la luz que habían mantenido a raya aquella catástrofe se estaba extinguiendo, para la diosa no estaba siendo sencillo poder controlar desde la distancia el fin del mundo, y de seguir así, si ellos no daban y destruían al que hacia todo eso, la diosa, Saori, morirá antes de poder enfrentarse a Némesis.
Caminar y mantenerse en pie era difícil, se sentían agotados y exhaustos ante la fuerza que tenían que ejercer para no salir volando, no era fácil controlar el peso del viento, que como nunca antes habían sentido azotar contra su cara, los huesos, dolían, sentían que aquella brisa cortaba como un cuchillo cada parte de su piel. Morirían sin tan siquiera haber peleado.
Un torbellino un poco más pequeño que todos aquellos que con gran agilidad habían logrado evitar, se materializo frente a ellos, y de este un joven apuesto de cabellos negros logro distinguirse.
— ¿Me buscan caballeros? — Pronuncio con suavidad aquella mágica criatura de ojos purpuras, su armadura verde, tintino con la brisa del viento, él parecía no tener dificultades para moverse bajo esa oleado de brisas hostiles que les rodeaba con tanta agresividad — Mi nombre es Nassem — continuo inclinando su cabeza tenuemente — el guerrero que manipula el viento
— Así que por fin das la cara hijo de puta — le enfrento Kanon — pero hasta aquí llegaste desgraciado
Indonesia – Halmahera – Monte Ibu
Milo había fallado miserablemente intentando insertar al menos una aguja a su enemigo, por otro lado tanto Camus como Hyoga sufrían quemaduras recibidas tanto por Fayna como por el magma que los rodeaba, la capa de hielo que hacía unos minutos habían formado se había evaporado, y el curso de la lava continuaba arremetiendo contra todo.
Su deber era vencer a Fayna, costara lo que costara, mientras este continuara con vida, el fuego se seguirá extendiendo y las vidas humanas se seguirán apagando. Pero el guerrero los estaba superando, su fuerza era tal que Milo se sintió como un pequeño indefenso sin escapatoria, justo como le paso en el castillo de Hades cuando se enfrentó a Radamanthys.
Estaba en desventaja como en aquel entonces, y como en aquel entonces estaba perdiendo, sacudió su cabeza con fuerza espantando esos malos y humillantes recuerdos. Visualizo a Shaina, y se prometió así mismo volver a ella, volver con su familia, con su hijo, no los dejaría, no se darían por vencido.
Elevo su cosmos tanto como pudo, si él lograba acertar aunque sea un golpe se sentirá satisfecho y le daría la oportunidad a sus colegas de pelear con la misma tenacidad y vencer la amenaza que los acompañaba.
Su armadura brillo bajo la luz del fuego y Fayna retrocedió instintivamente al sentir el cosmos de su adversario crecer con tanta violencia.
— Aguja Escarlata — pronuncio con furia, acercándose con gran velocidad hacia el guerrero
Fayna por su parte contrataco, elevando el magma contra Milo y haciéndolo impactarse contra este. Fayna sonrió al ver a Milo tumbado sobre el suelo intentado respirar
— Tu técnica es basura — le espetó, pero Milo sonrió con cinismo, cuando el pelirrojo se percató de que era lo que tenía tan contento al griego, ya era tarde, tres agujas lograron penetrarle — ¿Cómo es posible?
— La redición o la muerte — pronuncio el griego con dificultad — la Aguja Escarlata es una técnica piadosa…
— ¿Crees que con esto vas a detenerme? — le interrumpió el guerrero, Milo bufo molesto, hablar sobre su técnica era parte de la magia del ataque.
— Puede que no — contesto omitiendo la explicación de la Aguja Escarlata, su momento ya había pasado — paro tal vez eso sí te detenga — pronuncio apuntando con su dedo donde los santos del hielo se encontraban
Hyoga y Camus estaban detrás Fayna, parados con sus piernas abiertas, y levantando sus manos al cielo formando con ellas la forma de un ánfora.
— Ejecución de Aurora — gritaron ambos en unísono y Fayna no fue capaz de contener aquel impacto, salió volando por los aires, siendo controlado por la gran ola de hielo que se expulsó de la mano de los santos atenienses.
Ambos se dejaron caer pesadamente sobre el suelo, cuando el cuerpo de guerrero de la luz cayó con fuerza sobre la tierra quemada, respiraron profundo y dejaron escapar una sonrisita al saberse victoriosos. Pero sus ojos se nublaron, al ver a Fayna levantarse sin un solo rasguño.
No habían terminado.
— Este imbécil no se muere — anuncio Milo acercándose a los santos del hielo — ¿Qué vamos hacer Camus? O lo congelan o nos chamusca
La batalla estaba siendo por lo demás difícil, los santos estaban tan agotados que sentían que tenían prácticamente un pie en el más allá. Además el cosmos de Athena se estaba extinguiendo lentamente, para la diosa estaba siendo muy extenuante mantener la barrera que protegía al mundo entero, si seguían así, ellos, la diosa y la tierra serian eliminados.
El cosmos de Fayna se elevó con suma potencia, la lava a su alrededor empezó a arder con más rudeza, el calor se hizo más intenso, y los ojos de aquel guerrero se inyectaron de sangre.
— Ola flameante — pronuncio el pelirrojo.
Una fuerte capa de lava rodeo a los santos de Athena, engulléndolos en su interior, y elevándolos por los aires, hasta dejarlos caer sobre el magma, Camus fue el más rápido de todos, antes que quedaran sumergidos dentro el mar ardiente, el francés logro ejecutar el polvo de diamantes, dándole así a los tres la oportunidad de sobrevivir.
Tan pronto la fina capa de hielo se manifestó bajo ellos, los tres hombres se apoyaron sobre ella para dar un fuerte brinco y caer otra vez sobre la tierra infértil.
— Gracias amigo — susurro Milo cansado, a su lado Hyoga asintió — ¿Qué no hay nada que podamos hacer? No vamos a durar mucho
Camus miro sobre su hombro, donde hacía unos momentos casi cayeron, de no haber sido por su habilidad con el frio de seguro ya no habría ningún rastro de ellos en ese preciso momento.
El magma seguía su camino, a lo lejos se podía apreciar las capas gruesas de humo y Camus pudo jurar que aun a esa distancia escuchaba los gritos de las personas que estaban cerca a ese rio de sangre.
— ¿Creen que él sea capaz de soportar su propio elemento? — pregunto, los otros dos lo miraron extrañados.
— ¿En qué piensa maestro?
— En que si logramos hacerlo caer en dentro del volcán o en la lava que nos rodea, tal vez, podamos deshacernos de él
— Es una mala idea, el tipo manipula todo este magma — advirtió el griego, pero por otra lado pensaba que no tenían más alternativa — pero que importa, debemos intentarlo
Estados Unidos – Texas
Kanon se arrojó con toda su fuerza hacia el muchacho de extraña apariencia, su puño estaba tan cerca de su cara, que casi pudo saborear la victoria, una capa de viento muy gruesa se materializo entre él y su enemigo, su puño fue engullido por las espesas brisas y Kanon no pudo sentirse más aterrado.
Nassem solo movió un dedo y el general marino fue expulsado por los aires con tanta agresividad, que tanto Dohko como Shiryu tuvieron dificultad para saber dónde exactamente habían terminado el griego.
— Maldición — mascullo libra — esto no puede estar pasando
Nassem los miro tiernamente, aquel sujeto se veía incluso más noble que Shun, aunque su mirada era penetrante, su imagen angelical no permitían pensar que aquel sujeto fuero el causante de semejante mal.
Seguramente así debió verse Shun cuando el alma de Hades lo poseyó, con facciones delicadas y nobles, pero por dentro destruyendo el mundo entero.
Dohko intento inútilmente percibir el cosmos de Kanon, no lo logro, este había desaparecido, pero era imposible que estuviera muerto, Kanon no podía morir así, no de esa forma y no contra ese ser y mucho menos en esa guerra, él al igual que todos los muchachos tenía que volver, y tener su vida de regreso.
Miro por encima de su hombro y pudo ver a Shiryu tan abrumado como él, buscando insistentemente con su vista el cuerpo de Kanon. Por lo que se prometió así mismo, por lo menos salvar a Shiryu, para que al menos él volviera, volviera con Shunrei, con su hija, con esa luz de vida que por años de soledad le acompaño.
Elevo su cosmos tan alto como pudo, a diferencia de los otros, él sí se había mantenido en completo entrenamiento, tenía ventaja y no la iba a desaprovechar.
Shiryu sintió el cosmos de su maestro elevarse majestuosamente y recordó la guerra santa en la que por primera vez sintió y fue testigo del poder del anciano de los cinco picos, el santo de libra.
— Dragón Ascendente del Rozan — expulso con fuerza
Nassem quien solo se había quedado divertido viendo la cara de desconcierto de los dos hombres que tenía adelante, se sorprendió mucho al ver el fuerte poder emanando del aquel pequeño sujeto.
Sintió la fuerza de la técnica de libra fuerte y cerca, y fue consciente de que si la recibía de frente, saldría gravemente herido.
— Vientos del oeste, llévate a mis enemigos, otórgales una tumba para que puedan dormir en paz. Susurro Celestial — grito
Los dragones de Ronza y la técnica devastadora de Nassem impactaron la una contra la otra de una forma impresionante, Shiryu se vio obligado a taparse y los ojos y sintió como poco a poco era arrojado hacia atrás.
El santo de libra y el guerrero de Némesis habían logrado con bastante habilidad mantener sus técnicas e impedir recibir de lleno la fuerza de estas.
Dohko se apresuró a elevar más su cosmos y la fuerza de Nassem empezó a flaquear — no me ganaras Santo
El viento rodeo con más fuerza a los hombres, Nassem expulso su poder y los torbellinos empezaron a formarse alrededor de los santos. El poder de Dohko fue consumido por el aire.
Nassem desfundo su espada apenas vio los dragones de libra esfumarse, la agito con fuerza, logrando provocar una ráfaga certera que se llevó por delante a los dos hombres, Nassem sonrió al ver que los dos cuerpos de los santos desaparecían ante sus ojos.
Asgard
Las tierras nórdicas de Asgard eran realmente impresionantes, pero esta magia era opacada cada día por el frio descomunal que caracterizaba aquel lugar.
Los lugareños no habían visto la luz de sol durante muchos años, solo aquella vez en la época de Andreas, pero aquel suceso aunque novedoso y hasta en cierto sentido esperanzador, había dejado más heridas y muerte que recuerdos felices.
Ese día no era la excepción a la regla del frio adyacente en aquel lejano lugar, lamentablemente aunque para los ojos de otros pareciera un día normal, todo estaba alejado de la realidad. Para los más sabio y viejos, ese fuerte viento que invadía las tierras asgardianas, no era común, aquello solo podía significar una sola cosa.
El fin del Asgard, el fin del mundo
Lyfia, Hilda y unos cuantos sacerdotes más se encontraban frente la imponente estatua del dios emperador de Asgard, el gran Odín, pero por más que ambas doncellas intentaban impedir que los glaciares se derritieran, estos seguían derrumbándose ante los ojos de los hombres.
No era normal aquel fenómeno, Lyfia sabia y era consciente de que ella no quedaría libre de la ira de los dioses, al igual que Athena y Poseidón también había cometido una falta. Lyfia con gusto hubiera aceptado el castigo impuesto por las deidades, pero no permitiría por ningún motivo que su pueblo pagara por su afrenta.
Los dioses de Odín comandados por Frodi aún eran muy novatos para la guerra, a excepción de Sigmund y él, no había más guerreros capaces de afrontar esa situación y el caos que se avecinaba.
Alguien muy bien escondido entre las tierras nórdicas estaba desatando esa inimaginable destrucción en Asgard, y debían encontrarlo, antes de que la fuerza de Hilda y de la misma Lyfia fuera consumida.
Por lo que su objetivo fue investigar en cada recóndito lugar de aquellas tierras congeladas el paradero de su enemigo, antes de que fuera el fin de todo, confiaban en su dios, eh incluso confiaban en Athena, ellos al igual que los santos, lucharían para preservar no solo su hogar, sino el mundo entero.
— Guerreros de Asgard, no lograran nada en contra mía. Dejen de luchar y esperen tranquilamente por el final.
Continuara
.
.
.
Hola, hola. Como les había comentado anteriormente no se me da para nada bien, redactar batallas, es que tengo un alma tan pacifica que no se me ocurren escenas de violencia (esa basura no me la creo ni yo misma jajaja)
No, simplemente no se me da, no me fluye, así que estoy haciendo mi mayor esfuerzo por hacer algo medianamente decente.
Si por alguna causa, motivo, razón o circunstancia no fui clara, por favor no duden en preguntar, tratare de darles una respuesta satisfactoria.
Quería concluir cada una de las batallas en un solo capitulo, pero me queda demasiado largo, así que más bien voy con calma.
Bueno espero lo hayan disfrutado, y como siempre nos seguimos leyendo.
Gracias a beauty-amazon, Shaina Cobra y a mi nueva lectora Nyam-mx
