Santuario Templo Principal

Sus ojos se clavaron en el cielo, y la esperanza de contener al mal seguía presente en su mente, elevo más sus cosmos. Sabía de antemano que aquel esfuerzo significaba mucho, y que no lograría poder frenar la devastación que en ese momento se estaba llevando en el mundo entero, pero de no ser por su cosmos, el planeta hubiera colapsado antes de tiempo, así que sus esfuerzos no eran en vano.

El enemigo ya había ingresado en su territorio, confiaba en sus santos para detener el mal y poder vencer, ella por ahora haría lo mejor que pudiera para frenar el fin del mundo. Pero se sentía agotada y extrañamente a ajena, y sin duda estaba triste como nunca antes lo estuvo. Una nueva batalla había comenzado y a pesar de sus esfuerzos, de su lucha y de sus suplicas nuevamente estaban ellos peleando a su lado.

Definitivamente el mundo estaba lleno de crueldad, y la pesadilla jamás acabaría, sus amigos nunca serían liberados y en cada época debían pelear, pelear y morir. A eso se enfrentaba un santo de Athena, a la muerte, no había nada más para ellos, siempre iba a ser así.

Una lagrima rodo por su mejilla, ojala ella hubiera sido tan fuerte para detener ese cruel destino, pero como siempre había fallado y en cada era, en vez de ser más fuerte como sus santos, ella se debilitaba, en cada rencarnación ella perdía su esencia divina. Cada vez era más una humana; eso ya no importaba, pero en momentos así, de poder ser tan fuerte como sus antepasados, de un solo movimiento hubiera acabado con todo. Tal vez.

Julián observaba con calma el esfuerzo de Saori, pendiente a cualquier ataque, y por primera vez se sintió inútil, por más que le pido a su igual dejarle ayudarle con aquella barrera no logro convencerla. El joven Solo no podía evitar pensar en lo inocente, ingenua e incluso estúpida que podía llegar a ser la diosa de la guerra.

Sin embargo…

Flashback

Julián y Sorrento caminaban pausadamente por el pasillo directo al trono de Athena, está por su parte estaba tan distraída que en sus propios pensamientos que no había notado el objeto que el General Marino traía entre sus manos.

— Sé que estas preocupada y que hubieras querido un mejor futuro para tus santos, pero si luchamos juntos, como debe ser, tal vez logremos lo mejor para todos — musito Julián

— Ya entiendo — pronuncio Saori suavemente al levantar la vista — quieres que libere tu alma de esa vasija — continuo dirigiéndose hacia al objeto que Sorrento cuidaba con recelo — ¿Cómo es que la tienes contigo?

— Lo recupere antes de que templo submarino cayese — explico el general — mientras todos ustedes volvían a la superficie y antes de presentarme con el señor Julián, traje esto conmigo

— Parte de la esencia divina de Poseidón está en mí ser, pero su poder es mermado debido a tu sello, si mi poder fuera absoluto no hubiéramos tenido tantos problemas con tus santos a la hora de protegerlos del agua de la vida.

— Al liberte — expuso Athena — te estaría otorgando la oportunidad de destruirme

— Sí que eres testaruda mujer — espeto Julián — no es mi intención enfrentarte, no tengo la fuerza, ni el ejército para ello, amo esta tierra tanto como tú, no apoyo tu forma de protegerla al cuidar tanto a los humanos que la destruyen, pero si estoy dispuesto a luchar por aquellos que aman y defienden el planeta, una guerra sin sentido entre nosotros no tiene valides, lo mejor que podes hacer es luchar juntos del mismo lado

— Si me traicionas — le miro detenidamente — te arrancare el corazón

— No espero menos de ti — acepto gustoso

Saori poso sus manos sombre la vasija que contenía el alma de Poseidón, levanto levemente su cosmos y el sello se esfumo — Si tus intenciones son nobles, no me sirve el poder que poses en este momento, es por eso que te libero, confió en tu palabra y acepto tu apoyo, así que no me falles Poseidón, dios de los mares.

— Cuenta conmigo Sobrina.

Fin del Flashback

El plan era sencillo mientras la diosa intentaba flaquear la fuerza del enemigo él estaría plenamente preparado para acabar cualquier amenaza que osara acercarse a la deidad. Él lucharía, porque al igual que Athena él era poderoso y al igual que ella defendería su lugar y el mundo.

Sin embargo no podía evitar sentirse angustiado por Sorrento y por Kanon, incluso por todos los demás guerreros y por una fracción de segundo pudo sentir el dolor de Athena y entendió porque ella quiso evitar aquella batalla.

Templo de Aries

Cuando Sorrento vio la cantidad de enemigos que tenía enfrente se sorprendió. Aquellos hombres y mujeres que acompañaban a Némesis poseían un poder destructivo realmente atemorizante. Eran cinco, o eso parecía ya que el general podía jurar que habían otros que estaban ahí, pero que él no podía ver. Eran guerreros poderosos y parecían demonios sacados de las mismas fauces del infierno.

Miro con orgullo a sus visitantes dispuesto a que no dejarse vencer, detener a todos era casi imposible, pero se aseguraría de acabar con todos los que pudiera, el Santuario era frágil, por eso tenían que jugarse el todo por el todo en esa batalla.

— Déjanos pasar General de Poseidón — exclamo con suavidad Silvia — esta no es tu guerra, si te haces a un lado y no nos das problemas, tal vez perdonemos tu miserable vida.

— Esta sí es mi guerra, estas destruyendo mi mundo, mi hogar, y es mi deber luchar contra el mal, al igual que lo hacen todos los santos y hombres en este mundo ¿acaso crees que solo nosotros guerreros somos tus enemigos? No conoces la tenacidad del ser humano, cada hombre, mujer y niño se levantara y peleara ante ti, diosa del mal.

Silvia sonrió al ver la tenacidad del general, y se sintió satisfecha al saber que el primero en morir iba ser un protegido de Poseidón, todos aquellos que se habían aliado a la diosa de la guerra merecían el mismo final.

— Yo me encargo de este insolente mi señora — le dijo un hombre bastante peculiar.

Sorrento lo miro detenidamente, era un hombre alto y muy delgado, de pelo exageradamente largo y blanco, tenía puesta una armadura plateada, sobre su cabeza una corona de puntas se veía.

— No dejare pasar a ninguno, ya se los había dicho — explico mientras llevaba su flautín hacia su boca — Flauta Traversa — pero antes de poder siguiera entonar la primera nota, una espada alfanje presiono su garganta.

El instrumento musical de Sorrento fue levemente separada de sus labios, no fue consiente en que momento el guerrero de armadura plateada se había acercado tanto a él, para poner tan cerca de su rostro aquella daga filosa que empezaba a cortar suavemente su pálida piel.

— No lograras nada niño — le enfrento el del cabellos blancos — tu ingenuidad no tiene límites, estas del lado equivocado, te uniste al bando perdedor.

— Encárgate de él, nosotros continuaremos nuestro camino — anuncio Silvia alejándose con la comitiva mientras Sorrento seguía con la mirada fija en su oponente — no pierdas tu tiempo

— ¿Que decías guerrero? — Pregunto el peli blanco — creo que te escuche decir que no dejarías a ninguno pasar por este templo, más sin embargo mi diosa y compañeros ya cruzaron sin mayor problema

— Soy consciente de mis palabras, las escuche con claridad cuando las dije — espeto el general acercándose más al filo de la navaja — sé que me equivoque, pero eso no se compara al error que están cometiendo tus acompañantes, los cuales sucumbirán ante el gran poder de los santos de Athena.

— De verdad eres ingenuo general ¿Cómo te llaman? ¿Sorrento? — El general sonrió débilmente — Yo soy Erick el guerrero de la Violencia.

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Silvia y sus guerreros continuaron su recorrido por el templo del carnero, atrás se había quedado Sorrento haciéndole frente a uno de sus más despiadados guerreros, la joven se sintió satisfecha con su plan sobre el haber estado dentro del santuario para poder sacar tanta información como podía, y por eso sabía que tenía mucha ventaja, como el poder entrar por los túneles para aligerar el paso y como una sombra se adentraron en aquellos reducidos espacios.

Silvia no era ingenua y era de esperarse que los santos tuvieran resguardada cada parte de los templos, cerró sus ojos, agudizando sus sentidos he intentado descubrir cualquier presencia que pudiera atacarlos, pero nada ocurrió, así que continuaron su recorrido como si nada.

Pero por alguna extraña razón su camino se le estaba haciendo extremadamente largo, si sus cálculos no fallaban ya deberían estar pasando por el templo de tauro, pero ella podría jurar que seguían junto a la entrada del primer templo, empezó a sentirse inquieta y lo hizo mucho más cuando a su lado el cosmos de sus guerreros empezó a alterarse.

— Se supone que estos caminos nos harían llegar más rápido a nuestro destino — se pronunció una potente mujer de armadura amarilla — pero simplemente no avanzamos, creo que no soy la única que lo ha notado

— Parece que no tendremos de otra que cruzar por los doce templos, alguien no nos dejara avanzar por estos túneles — pronuncio un guerrero de armadura oscura

— Es una ilusión — se escuchó decir a una voz, el dueño de esta no estaba por ningún lado — es una trampa, los túneles no son seguros mi señora, en cualquier momento los destruirán con nosotros adentro — se dejó escuchar nuevamente.

— Entonces tenemos que salir — se alertó Gigas — ¿dónde está la salida?

— No la encontraremos mientras la ilusión siga, miren — les explico la voz, al tiempo que todos los presentes observaban la gran figura de Buda materializarse frente a ellos — están en la mano de Buda. No se preocupen, yo me encargare de ese interesante sujeto — continuo la voz — Eilaine, tu acaba con el que los quiere aplastar

— Encantada, pero tendras que llevarme con él — contesto con diversión la de armadura amarilla

— Claro — se escuchó decir nuevamente a la misteriosa voz y su presencia y el cuerpo de Eilaine desaparecieron de la vista de todos

— El Santuario caerá más rápido de lo que pensábamos — dijo Gigas — con Eilaine y Okon quitándonos los problemas de enfrente llegaremos rápido a Athena

— ¿Cuántos santos hay en el Santuario? — quiso saber Silvia

— No los suficientes, algunos están fuera de Grecia y otros pelean en el pueblo, el Santuario es inofensivo

— No menosprecies a los hombres señor Gigas — comento una mujer de cabellos muy largos — recuerda que casi caes en su trampa, de no ser por Okon, ahora estaríamos bajo los escombros de estos túneles

— ¿Seguiremos caminando en este reducido espació? — Pregunto el guerrero de armadura oscura — Okon dijo que era peligroso

— Con la amenaza a raya, podemos continuar nuestro recorrido, alguno de los templos deben de estar vacíos, así que solo adelantemos camino y veamos hasta donde podemos llegar — expuso Gigas — tengo una ligera idea de a quienes se fueron enfrentar nuestros amigos — soltó con un carcajada

Templo de Géminis

Saga había ideado un excelente plan con Shaka, sabían que Silvia intentaría usar los túneles para llegar tan rápido como pudiera a Athena, es por eso, que mientras el sexto guardián creaba una ilusión suficientemente poderosa para retener a los enemigos, Saga aumentaría al máximo su nivel para de un solo golpe destruir los pasajes y con ellos a toda fuerza maligna de Némesis.

Pero su enemigo era astuto y poderoso, sin mayor inconveniente una linda joven de cabellos negro y plateado, se encontraba frente a él, a Saga le pareció que aquella mujer había llegado hasta allí gracias a una fuerza extraña y desconocida, alguien se ocultaba entre las sombras, y se movía por el santuario sin verse afectado por el cosmos de Athena y ahora aquella sombra iba directo hacia el templo de virgo.

— Con que tú eres Saga — comento la mujer de armadura amarilla mirando con detenimiento al santo frente a ella — ibas a matarnos a todos, que cobarde eres

— ¿Cobarde yo? — Contesto incrédulo el santo — es sorprendente que digas semejante estupidez, cuando son ustedes los que se escabullen por el Santuario

— El tiempo apremia Santo, lo único que queremos es la cabeza de Athena

— Eso estará difícil

Eilaine sonrió, su cabello se ondeó con la brisa que entraba a la casa de géminis con mucha brusquedad, a pesar de que este estaba atado en un coleta. Saga observo con más detalle a su enemiga, era una mujer alta, de rasgos suaves, tenía puesta una máscara que cubría parte de su cara, sus ojos naranja se veían por debajo del metal y su boca roja era la única parte que la mascarilla no envolvía.

Su armadura estaba compuesta por una especie de corcel de color negro, mientras sobre sus caderas una falda de color amarillo muy intenso caía pesadamente, la guerrera estiro sus manos hacia los lados, y en cada lado apareció una catana.

— Soy Eilaine, señora de la luz — se presentó mientras tras ella miles de luces rojas aparecieron — este será tu fin santo — finalizo arrojándose sobre el guerrero

Templo de Virgo

La meditación de Shaka fue abruptamente interrumpida, sin embargo el santo del sexto templo sigo inamovible, esperando la aparición de su adversario.

— Santo eres poderoso — escucho una voz, pero no logro distinguir a nadie — de haber sido más rápido, nos hubieras puesto en gran apuro. No eres tan fuerte como hace dieciséis años, pero sigues siendo igual de peligroso que en aquellos tiempos, sin embargo siento que podre destruirte fácilmente.

— No te equivoques conmigo ser despreciable — manifestó el santo sin tan siquiera moverse — no me subestimes, da la cara si crees tener el valor y la fuerza para enfrentarme

— Que osadía la tuya — expuso la voz — Okon señor de la noche — se presento

Una oscura esfera se formó en el suelo del templo de virgo, y de esta surgió un hombre muy alto y musculoso, de tez oscura, cabeza rapada, sus ojos era de un color rojo muy intenso, mientras su rostro estaba completamente marcado por diferentes tatuajes. A diferencia de los demás guerreros de Némesis el hombre no poseía una armadura, su torso estaba desnudo y sobre su cuello y cintura varios cráneos colgaban, de su espalda dos grandes protuberancias parecidas a las astas de los ciervos sobresalía. Tenía puesto un pantalón color marrón con pergaminos a los lados y empuñaba un báculo en su mano derecha.

Shaka no dijo nada ante el ser de violento poder que tenía enfrente, continuo sentado en la clásica posición de loto, sin tan siquiera inmutarse, pero sabía que aquel extraño sujeto no era normal.

— ¿Cómo es que pudiste moverte de un templo a otro? Para nosotros los santos no es posible semejante hazaña, ni siquiera aquellos diestros en la telequinesis pueden hacerlo

— Es porque yo no soy como ninguno de ustedes, guerreros inútiles, el poder de Athena no es nada para mí, estoy por encima de todo y todos.

— Eso lo veremos

Túneles

Cuando la ilusión de Buda desapareció de su vista, Némesis y su ejército pudieron continuar su recorrido sin ningún problema, Shaka y Saga ya no representaban una amenaza en ese momento y los túneles sin duda daban una gran ventaja si se quería tomar un atajo, pronto estarían frente a la puerta principal de los aposentos de Athena.

Gigas podía apreciar la victoria, el haber mandado a los guerreros de Némesis a diferentes partes de mundo, fue su mejor plan, sabía que los santos de Athena no se quedarían inmutables ante la destrucción de su mundo y más de uno saldría a enfrentarse a la amenaza. De haber tenido a todo el ejerció de la diosa de la guerra en el Santuario, la tarea se le hubiera dificultado mucho.

Un carraspeo de garganta lo saco de sus pensamientos frente a ellos el más sádico de los santos se encontraba — Mascara de Muerte

— Así que me recuerdas anciano — pronuncio el aludido con una sonrisa perversa — ¿Acaso pensaron que llegarían a Athena tan fácilmente? Creí que eras más astuto viejo, es una lástima que hayas hecho toda esta parafernalia solo para morir en mis manos

— Pero que santo más interesante tenemos acá — anuncio el guerrero de armadura oscura y Ángelo no supo si se trataba de una mujer o un hombre — yo me encargo de él, es delicioso — termino mientras el guardián del cuarto templo no sabía si sentirse alagado o hastiado.

— No los dejare pasar — recobro la postura sin quitarle la vista al ser de dudoso sexo — no tienen escapatoria

— No pelaremos en estos pasajes — pronuncio su rival antes de arrojarse contra el santo, llevándolo unos metros por delante

— Que demonios — expuso Mascara de Muerte deteniendo la embestida — ¿Qué eres?

— Soy Asmodeo guerrero de la Pasión, no soy hombre, tampoco soy mujer — explico expulsando un gran poder de su mano lanzado al santo fuera de los pasadizos — mi señora — prosiguió cuando los demás lo alcanzaron — siga su camino yo detengo a este hombre aquí

Ángelo abrió sus ojos inmediatamente para dirigirlos hacia el gran agujero que se había formado en la pared, justo por donde él salió, vio a cuatro sombras cruzar por enfrente de sus ojos, correspondientes a Némesis, Gigas y dos guerreros más, pero el santo podía jurar que alguien más se encontraba entre ellos, alguien que él no podía ver. Frente suyo Asmodeo lo miraba con fascinación.

— ¿Qué quieres hacer santo? ¿Correr tras mi señora? — le observo

— No hay necesidad de eso — explico poniéndose de pie — mis compañeros detendrán a tu señora — manifestó observando que se encontraban dentro del templo de sagitario — la salida de los túneles los lleva directo a la casa de piscis y de ahí no pasaran

— ¿En serio crees que tus inútiles amigos nos detendrán?

— ¿Acaso piensas que no? ¿Cuántos eran al llegar y cuantos quedan ahora?

— Solo se han retrasado, es cuestión de tiempo para que tus camaradas empiecen a perecer ante el poder de mis colegas

— No mi amigo, es cuestión de tiempo para que uno a uno de ustedes empiece a caer.

El ser frente a Ángelo tenía una extraña apariencia y estaba cubierto por una armadura escarlata, sus cabellos eran de color violeta, al igual que sus ojos los cuales era ligeramente cubiertos por su pelo, tenía una cara delicada y detallada como las más hermosas de las mujeres, pero su cuerpo varonil contrastaba con sus facciones femeninas.

— Has sido un hombre muy malo, mí querido Ángelo — comento con voz sensual mientras un ligero frio recorría por el cuerpo del santo — jugaste con diferentes mujeres, engañando y manipulando así, a quien dices amar ¿quieres ve algo santo? — quiso saber mientras de sus manos surgía un delicado espejo

— No es cierto — soltó inquieto Ángelo al ver la imagen que se reflejaba en aquel objeto — Conny

— Es tu novia ¿cierto? ¿La amas? — Pregunto mientras se acercaba más al santo — ¿en serio te preocupa? ¿Pensabas en ella cuando la engañabas? ¿Cuándo tu lujuria te llevaba a dormir con una y otra mujer? Mírala Ángelo — continuo mientras acercaba más el espejo hacia el rostro de cáncer — observa como muere poco a poco la mujer que supuestamente amas

En el objeto, Ángelo pudo apreciar a una Conny bastante abrumaba, amarrada a una columna completamente fuera de sí, su cara desencajada y sus ojos desorbitados le causaron escalofríos.

— ¿Qué le estás haciendo? ¿Es una broma, cierto? — pregunto intentando no quebrarse, ver así a Conny le rompía inmensamente el corazón

— Yo no le estoy haciendo nada y lo que ves es real — le expuso — tu novia está siendo manipulada, y pronto perderá la conciencia, morirá eso es seguro ¿sabes lo que está sintiendo en este momento? Está sintiendo una y otra vez tu traición, está siendo llevada a la locura, cada parte de su alma se está quebrando y de su mente no encontraras absolutamente nada, son ustedes los que perderán

— No — contesto con fuerza — no me vencerás, acabare contigo e iré con ella, no me la quitaras, no me quitaran nada nunca más, Ondas Infernales

Templo de Piscis

— Llegar hasta aquí fue lo más sencillo — comento una tierna niña de cabellos rubios muy lisos — pronto habremos ganado — giro haciendo volar su vestido pulcramente blanco, debajo de su armadura de igual color — no hay nada que temer — pronuncio al sentir la fuerza de sus aliados a lo lejos — uno a uno caerá y…

— Que lastima que no sea así — le interrumpió una voz a sus espaldas

— ¿Quién te crees que eres? — pregunto molesta

— Es Afrodita de Piscis mi pequeña Luz — le contesto Gigas a su lado — debes estar muy molesta por su descaro

— Claro que sí — expuso la joven — lo hare pagar por su osadía

— Estoy segura que así será — le comento Némesis alejándose de ellos

— ¿A dónde crees que vas Silvia? — pregunto el santo

— Pero que guerrero más atrevido — expuso Luz abriendo unas alas blancas — te matare — expuso con maldad mientras volaba sobre el santo — Aleto Demoniaco

Una centella de luces blancas y negras cayeron sobre el guerrero de la doceava casa, quien instintivamente se llevó las manos hacia la cara para protegerse. Los proyectiles caían con fuerza destruyendo todo a su paso y levantando el polvo.

Silvia vio el poder de su pequeña guerra desbordarse sobre el santo y se dirigió junto con los que quedaban hacia las salidas del décimo templo.

— ¿Estás muerto? — Pregunto la pequeña niña mientras el polvo se disipaba — parece que no — continuo intentado enfocar su mirada, pero se llevó una gran sorpresa a no ver solo a una, sino a dos personas delante suyo — ¿Quién eres? — Pregunto molesta al guerrero que apareció de la nada — ¿Por qué interrumpes una pelea?

— Porque eres una tramposa — contesto el intruso de cabellera castaña parado justo al lado del pisciano

— No soy ninguna tramposa

— Tiene razón, Seiya — comento Afrodita a su compañero que prácticamente lo salvo de una muerte segura — no es tramposa — prosiguió mientras la rubia sonreía — ya que son dos, así que la forma correcta de decirlo es tramposas — finalizo

— Pero que astutos son — se manifestó una joven muy parecida a la primera, pero a diferencia de la otra, ella tenía el cabello muy ondulado de color café, su vestuario era del mismo tono y sus ojos eran de un cobrizo muy oscuro, al igual que su hermana tenia alas, pero mientras la de Luz eran como las de los ángeles, las de ella se asemejaban más a las de los murciélagos — yo soy Oscuridad

— ¿Oscuridad es tu nombre? — pregunto Pegaso haciendo una mueca mientras cruzaba miradas con Emilio

— Sí ¿algún problema Santo?

— Que no habían nombres de verdad, yo soy Seiya de Pegaso, esto sí es un nombre — al finalizar la frase las dos jóvenes delante de ellos se echaron a reír — ¿Qué les pasa? — Pregunto molesto, a su lado el doceavo guardián no pudo evitar reír también — ¿Las apoyas Afrodita?

— ¡Oye! Su risa es contagiosa, nada más — intento defenderse

— Ya basta de juegos — acoto Luz con una mirada perversa — morirán

Escalerillas al Templo Principal

Como era de esperarse, Afrodita de Piscis había formado una barrera de rosas envenenas por el camino que llevaba al templo principal. Y de seguro había sido justamente eso, lo que en cierta medida había debilitado al santo quien de un solo golpe de Luz estaría muerto en ese momento.

Seiya se había quedado entre las escalinatas para esperar a sus adversarios por si lograban destruir el campo de rosas, pero al detectar no solo uno, sino dos cosmos atacando sin precedentes al santo de piscis, se dirigió a ayudarle, aunque Emilio no le caía del todo bien, era un aliado después de todo.

Némesis observo con disgusto el camino de rosas rojas que le impedían el paso y con mucha potencia arrojo su energía destruyendo cada pétalo de aquellas majestuosas flores.

— Insensatos mortales, hasta el último momento piensan interponerse — maldijo entre dientes

— Hay un hombre bastante poderoso esperándonos a la entrada del templo patriarcal — le dijo el último guerrero que la acompañaba, una mujer de extraordinaria melena larga

— Debe ser el patriarca Shion — expuso Gigas sosteniendo con fuerza su bastón — ese hombre nos dará problemas

— Mi señora permítame encargarme de él — pidió la mujer mientras se elevaba para volar directamente hacia el templo principal

— Confió en ti — musito Némesis mientras subía las escaleras

Templo Principal

— Llegaron más rápido de lo que pensé

— Tu Santuario es débil Patriarca — una mujer madura de pelo negro y muy largo se encontraba delante suyo — ¿piensas oponerte? — su armadura cristalina brillo tenuemente mientras su capa de color negro intenso se ondeó con la brisa fría que desprendía su cuerpo

— Claro que lo hare — contesto con soberbia viendo los ojos ausentes de aquella mujer de rasgos sensuales, unas marcas en forma de garras cubrían su rostro y opacaban débilmente su belleza

— No poses armadura alguna, estas en desventaja — pronuncio mientras elevaba su mano para dirigirla frente al santo quien pudo notar que la mujer tenía unas uñas largas y afiladas

— No me subestimes, solo por no poseer armadura alguna, soy el Patriarca del Santuario, antiguo santo de Aries y en mis manos encontraras tu fin.

Continuara

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Nota aclaratoria: Quise tener en cuenta el tema de los túneles como una forma de llegar más rápido de un lado a otro, y supongo que sí debe de haber alguna manera de que los santos se muevan entre los templos, tal como lo hizo Mu en la saga de Hades cuando llego antes que Aioria y Seiya al templo de virgo. Así que yo supongo que estos túneles deben acortar significativamente el camino.

También infiero que como una medida de protección dichos pasajes deben tener su entrada dentro del templo de Aries y la salida dentro del templo de Piscis.

No siendo más, espero que el capítulo haya sido de su agrado, y como siempre nos estamos leyendo.

Gracias a beauty- amazon y Nyan-mx por sus bellísimos comentarios. Y mi nuevo lector Aquila no Asuka bienvenido.

Nos estamos leyendo.