Santuario — Templo Principal

Shion observaba detenidamente a la mujer delante suyo, una mujer alta, de piel canela, pelo negro de un oscuro muy intenso, sus ojos casi blancos le generaban cierta incomodidad. Pero por más que aquella dama pareciera una bruja de épocas antiguas, el Patriarca no se daría por vencido.

— ¿Quién eres mujer? — pregunto intentando retener esa mirada ausente

— Soy Inna — contesto ella con tranquilidad, mientras un aire frio recorria su cuerpo, a Shion le parecio que la temperatura en el salón patriarcal había bajado de forma abrupta — Señora de los Hielos — finalizo elvando sus brazos para remover dentro de aquella gran abitación un frio descomunal

— ¿Qué pasa? — quiso saber el lemuriano al sentir su cuerpo inmóvil

El aire frio recorrio toda la recamara, este se arremolinaba alrededor de Inna, su cabello negro volaba violentamente producto de las gélidas brisas que en ese momento inundaban el recinto; por su parte Shion, elevo su cosmos intentando en un gesto inútil darse calor así mismo, pero aquel frio desmedido calaba los huesos y ni la llama más ardiente hubiera podido reconfortar al indefenso guerrero.

Rápidamente cada estructura del salón patriarca se fue congelando, el piso bajo sus pies adquirió un tono blanquizco y resbaloso, el cabello verde el lemuriano fue tornándose blanco, debido a la cantidad de copos de nieve que caían sobre su cuerpo, el trono patriarcal perdió su brillo dorado y aquel lugar parecía más el pueblo de Oymyakon* que el recinto cálido de Athena. De no haber sido por su cosmos, de seguro él, ya estaría convertido en tempano al igual que todo a su alrededor.

Los ojos rosáceos de antiguo santo de aires se posaron sobre dos figuras que llegaban detrás de Inna. Los reconoció a ambos.

Silvia la mujer de cabellos negros y taciturna que había llegado a su santuario, no era la pisca de la persona que se hallaba en ese momento delante de sus ojos, ella, tenía una mirada profunda, y manifestaba con mucha naturaleza el porte de una diosa, a su lado el viejo Gigas sonreía, el ojo de vidrio de su cuenca vacía brillo levemente, se veía mucho más anciano de lo que él recordaba, pero su mirada maquiavélica y su sonrisa desencajada seguían adornando su severo rostro.

— ¡No los dejare pasar! — amenazo intentando no ser engullido por la tempestad de la que era víctima el templo principal.

Cuadro fustes de hielo cayeron en forma de cruz sobre el santo, dos delante de él y los otros dos detrás suyo, la prisión improvisada atrapo el cuerpo del guerrero de Athena impidiendo así sus movimientos, aquellas astas le cortaban la respiración, estaba aún más indefenso.

— No te moverás Santo — expuso Inna flotando muy cerca al rostro de patriarca, ubico sus mano derecha sobre pecho del hombre y el frio consumió lentamente al antiguo guerrero, hasta dejar de él solo una estatua helada e inerte — puede seguir mi señora — continuo, apreciando su magnífica escultura — la diosa de la guerra esta tras esa cortina pasando el trono — Némesis emprendió su camino — me quedare aquí, este hombre es persistente, intenta reventar mi poder con su senil cosmos

— No te fíes mujer — musito Gigas pasando a su lado junto con Silvia — el antigua Patriarca es fuerte, y debe tener un as bajo la manga. ¡Mucha suerte señora de los hielos! — finalizo mientras desaparecía detrás de la cortina.

Indonesia – Halmahera – Monte Ibu

Los tres hombres miraron a su imponente enemigo.

Fayna el señor del fuego era increíblemente fuerte y a pesar de haber recibo tres aguijones de la Aguja Escarlata y el poder combinado de Hyoga y Camus, el hombre seguía ahí parado delante de ellos sin el menor daño.

Por su parte, los santos de Athena se sentían agotados, sus armaduras estaban levemente destrozadas y varias partes de sus cuerpos ardían por el impacto del fuego en su piel, el magma estaba cada vez más denso y el calor había aumentado considerablemente, por lo que se sentían asfixiados, les costaba respirar y sus gargantas dolían.

Y todo esto se debía a que el poder de Athena había dejado de fluir por cada rincón del mundo, aquel aura que purificaba sus cuerpos, y de cierta forma reducía la destrucción de sus enemigos, ya no les protegía, a lo lejos podían aun sentir el cosmos de su diosa amenazante debido a que la deidad de la guerra peleaba con todas sus fuerzas.

Depender de su diosa ya no era una opción, cuando el cosmos de Athena dejo de cubrir el mundo, los desastres naturales cobraron más fuerza, así que no tenían más alternativa que destruir cuanto antes aquel hombre de gran estatura que hacía que el volcán rugiera con tanta rudeza. De no apresurarse, Halmahera y toda Indonesia quedarían completamente consumidas por el fuego.

— ¿Se rendirán santos? — rugió el hombre de armadura color zafiro

— ¡Nunca! — expuso Milo dispuesto a dar toda la pelea que pudiera

— No existe nada que puedan hacer ante mi poder magnánimo, soy mucho más fuerte que ustedes, quienes están más muertos que vivos, ahora solo son simples cadáveres andantes

— Te mostraremos de lo que somos capaces, porque jamás nos rendiremos — soltó Hyoga — ¡nosotros te venceremos!

El poder del Cisne empezó a aumentar de una forma impresionante, a su lado tanto Camus como Milo quedaron asombrados ante la gran fuerza del santo de bronce, su determinación y valor impregno el cosmos de los dos guerreros de oro, quienes al no poderse quedar atrás hicieron exactamente lo mismo.

Pelearían por cada persona en el mundo, pelearían por sus familiares y amigos.

— Arde — grito Camus

— Ruge — espeto Milo

— Explota — Bramo Hyoga

— ¡Cosmos! — exclamaron los tres en unísono

Estados Unidos – Texas

Cuando los dos hombres delante de Nassem se esfumaron con el aire, no pudo evitar sonreír de manera cínica. Con su enemigo inmovilizado, el guerrero del viento podía seguir con su trabajo, y terminar su camino de destrucción.

Una suave brisa llamo su atención antes de poder desaparecer entre los torbellinos, y cuando giro su vista hacia la dirección donde escucho ese suave murmullo, recibo un fuerte golpe en la cara que lo hizo caer pesadamente sobre el suelo. Tirado sobre la tierra levanto su mano para tocar la parte afectada de su rostro y vio con asombro la sangre que ahora salía de su boca, levanto los ojos y frente a él un hombre de mirada soberbia lo retaba.

— ¿Qué paso hombre? — le dijo

— Eres fuerte guerrero — se levantó mirando a su oponente — creí que te había destruido bajo mi tormenta, pero aquí estas nuevamente

— Soy complicado — expuso el hombre con cinismo — no es tan fácil deshacerse de mí. ¡Yo soy Kanon, general marino de Poseidón! Tu arrogancia y tu maldad terminan aquí y ahora. ¡Triángulo Dorado!

La técnica de Kanon logro devorar al guerrero del viento, permitiendo así que el general sonriera satisfecho, y que esta alegría creciera aún más cuando percibió a su adversario manifestarse lentamente a su lado derecho sin ninguno rasguño.

— Supongo que fue gracias a esta técnica que mi torbellino no te mato, viajaste atreves de las dimensiones para llegar nuevamente a mí. Pero ¿De qué te ríes guerrero? — Quiso saber el pelinegro — tu técnica es débil y fácil de desarticular

— Un antiguo enemigo, ahora amigo ya me lo había hecho notar

— ¿Entonces? ¿Cuál era tu intención al atacarme con ella, sabiendo lo mediocre de su fuerza?

— Que no era para ti

— ¿Qué?

Dos fuerzas extraordinarias se posaron a cada lado del guerrero de Némesis, quien solo se vio rodeado por los tres santos que se suponía había vencido minutos antes.

— ¡Ahora Shiryu! — grito el santo de libra

— Si maestro

— ¡Dragón Ascendente del Rozan! — expusieron maestro y discípulo en unísono

Tanzania — Arusha

Cuando el báculo de la guerra de la tierra quedo destrozado sobre el firmamento, los santos de Athena supusieron que habían vencido, pero jamás se imaginaron que aquella bella dama ocupara un poder semejante al que en ese momento ellos estaban enfrentando.

Sin el artefacto en su mano, Ila elevo sus cosmos e hizo vibrar la tierra de una forma nunca antes vista, los guerreros atenienses por su parte se habían visto en la necesidad de saltar de un lado a lado, evitando ser engullidos por las grietas que empezaban a notarse sobre el firmamento.

La dama de armadura negra estaba en el centro de la ciudad de Arusha manifestado su fuerza descomunal sobre cada estructura aun de pie en aquel lugar. Su poder se extendía inmensamente en cada rincón y pocos eran los sectores seguros que quedaban para ponerse en pie.

— ¡Cadena de Andrómeda! — exclamo Shun en un intento desesperado por atrapar con los hierros a la guerrera, pero estos se impactaron contra un escudo invisible — ¡no puede ser!

— Debemos detenerla — expuso seriamente Mu — a este paso todo el continente será destruido

— Además — musito Aldebarán quien al ser el más pesado de todos, se le dificulta mantener el equilibrio sobre las frágiles estructuras — el cosmos de nuestra diosa dejo de cubrir el mundo, está peleando en el santuario, debemos llegar con ella

— Eh intentando acercarme a esa mujer con mi telequinesis, pero esa barrera que mantienen sobre ella no me lo permite.

— Debemos romper su defensa — se hizo escuchar el gran toro dorado — Reducirla a escombros, quebrarla tanto que le sea imposible volver a usarla, así que, yo me encargo de ello

— Son hábiles santos, pero eso no servirá en contra mía — pronuncio la castaña — si creen que podrán vencerme están realmente equivocados. ¡Este, es su fin! ¡Devastación Infernal!

Ila extendió su poder sin clemencia, levantando a su paso cada tramo de suelo, el sonido producido por la tierra desquebrajada se escuchó como la de una fiera sucumbiendo ante la muerte. Los santos no fueron la excepción y como si se tratara de simples pedazos de papel fueron levantados por los aires, junto con cada parte de la superficie.

Indonesia – Halmahera – Monte Ibu

El polvo de diamante y la Aguja Escarlata de los tres guerreros se unieron en un solo golpe, creando así un aura de color rojo y blanco, que iba a una velocidad impresionante. Fayna no fue capaz de detener el impacto y salió volando por los cielos a punto de caer dentro de las fauces del volcán del monte Ibu.

Cuando el guerrero del fuego se dio cuenta de que había bajado la guardia y que aquel poder de los tres santos combinado lo estaba superando, ya era demasiado tarde, el trayecto era imposible de detener, caería sin inconvenientes dentro del magma, y con la velocidad que iba y su cosmos seriamente mermado por el poder de los santos, no sobreviviría al sumergirse dentro de lava ardiente.

Como pudo elevo sus cosmos al máximo logrando así evitar su indiscutible fin, se postro sobre el borde de la boca del volcán, jadeando y siendo consiente que aquellos hombres lo habían superado de forma alarmante, su armadura color zafiro se cuarteo por el impacto y sus músculos dolieron como nunca antes, a la vez que sus sentidos se estaban apagando uno a uno. Su cuerpo se entumeció y la sangre brotaba de sus heridas de manera impresionante, once agujas más lo habían penetrado, y ahora también, parte de su anatomía estaba congelada.

Miro desafiante al trio de guerreros bajo la falda de la montaña, dispuesto a no ceder en esa batalla, si iba a morir se los llevaría consigo, levanto su mano hacia al cielo aun parado sobre el borde de la embocadura del volcán y una espada de fuego se materializo en su mano.

— ¡Es su fin santos de Athena! — se dejó escuchar mientras les apuntaba con su espada — ¡Marea Ardiente!

— ¡Ejecución de Aurora! — vociferaron los dos santos de hielo, logrando que así las dos fuerzas impactaran una contra la otra

— Es inútil guerreros — expuso Fayna desde las alturas manteniendo la fuerza de su golpe — no me vencerán, su poder no es nada en contra del mío

— ¡Te equivocas! — Expreso Camus sin perder la concentración de su energía, si uno de los dos lados cedía seria el fin de quien bajara la guardia — nosotros, estamos aquí para detener el mal y cualquier amenaza que aflija al mundo, ¡no nos rendiremos! — finalizando aumentando más su poder.

— ¿Y cómo harán eso, si prácticamente los estoy acabando? — Expuso el del fuego, haciendo que el volcán erupcionará con más fuerza, su poder inimaginable parecía como si intentara hacer estallar la montaña con todo lo que estuviera en ella — ¡morirán!

— ¡Eso lo veremos!

Bajo el descuido de Fayna y el plan bien elaborado de los santos, Milo apareció de la nada, el guerrero del fuego observo asombrado al hombre acercarse a él, con su poder ejecutado hacia los otros dos hombres, poco o nada podía hacer para defenderse de la embestida del escorpio dorado.

Tanzania — Arusha

Gran parte de Arusha desapareció ante los ojos de aquellos que fueron capaces de presenciar aquel acto devastador, lo que había sido una bella y rozagante ciudad y el pueblo más importante al norte de Tanzania ahora era un cráter gigante, y solo tierra inerte se veía a kilómetros.

— Es increíble que sigan con vida — manifestó Ila caminando lentamente por aquella lastimera región — son fuertes santos — musito mientras veía los tres cuerpos de sus oponentes tirados por el suelo gravemente heridos — no creo que puedan levantarse, he de felicitarlos por haber soportado semejante impacto — continuo mientras los guerreros intentaban desesperadamente tomar bocanadas de aire — y como un acto generoso de mi parte, acabare de una vez con sus miserables vidas.

Una nueva ráfaga de cosmos se elevó del cuerpo de la guerrera, quien estaba dispuesta a ejecutar una última técnica para acabar con los atenienses.

Sin embargo. Ila se llevó una gran sorpresa al ver a los tres guerreros levantarse en lamentable estado y posicionarse delante de ella con el mayor descaro posible.

— Espero Mu, que hayas alcanzado a llevar a los sobrevivientes lejos de esta destrucción

— No te preocupes mi querido Aldebarán, me costó trabajo encontrarles, pero todos están a salvo

La guerrera de Némesis miro a los hombres delante de ella, entendiendo a la perfección la conversación que tenían los dorados y no pudo evitar sentirse desilusionada al saber que no se había podido llevar todas las vidas que había querido.

— Así que ustedes en un intento desesperado, lograron sacar a los habitantes para que no murieran bajo mi poder, es de admiración su tenacidad santos, pero no volverá a pasar, en el estado en el que están, apenas y podrán hacer nada, ¡esta vez me llevare a todo Tanzania con mi técnica! ¡No tendrán ninguno lugar a donde escapar! — El cosmos inmortal de Ila se dejó sentir nuevamente, la mujer exploto su poder de forma tan gradual que los hombres delante de ella entendieron que ese seria sin lugar a dudas su final — ¡Devastación Infernal!

— ¡Muro de Cristal! — Cuando Ila entendió lo que estaba pasando se vio atrapada dentro de una cárcel gigantesca creada por el muro del ariano — la misma técnica no funciona dos veces contra un santo de Athena — explico — ¡No te permitiré destruir más estas tierras! Pagaras por tu crueldad. ¡Ahora Aldebarán!

— ¡Supernova Titánica! — ejecuto tauro canalizando todo su poder en su puño derecho para luego impactarlo sobre el suelo en un golpe realmente fuerte

El poder del segundo guardián, viajo por debajo de la tierra a una velocidad impresionante directo hacia la guerrera, quien al verse atrapada dentro de aquella jaula de cristal no tuvo más alternativa que levantar su protección para evitar ser alcanzada por aquella mortal embestida. Pero apenas, pudo levantar su defensa, esta fue rápidamente destruida por la fuerza del taurino, sin embargo aquel impacto no logro tocarla. Tauro cayó pesadamente sobre sus rodillas, mientras que Mu a su lado intentaba mantener la fuerza del cosmos de Ila dentro del muro del cristal.

— No volverás a levantar esa protección — manifestó Aldebarán, el ataque había neutralizado esa habilidad — es inútil que lo intentes, estas indefensa — musito con la respiración entrecortada

— ¿Y eso que? Están acabados guerreros — expreso la mujer aun con su poder alrededor de los cuatro — No importa que ya no pueda defenderme, aun soy superior a ustedes, quienes ya no tienen fuerza para pelear — explico mirando los cuerpos maltrechos de los hombres — en cuanto este muro caiga, todo este país perecerá y ustedes morirán con él. El mundo será un lugar mejor cuando todos los humanos desaparezcan

— No lo permitiremos — Shun quien se había quedado a raya de aquel combate estaba demostrando una gran fuerza en aquel momento — estas equivocada si piensas que con este genocidio purificaras la tierra, no permitiré que vagues por ahí destruyendo todo a tu paso… ¡te has llevado muchas vidas este día! ¡Tú pecado no tiene perdón! ¡Pagaras por cada persona que has matado, guerrera maligna! ¡Tormenta Nebular!

Una ráfaga rosácea impregno todo lugar, la fuerza del más joven envolvió a la guerrera de forma violenta, impidiéndole su movimiento. Ila se vio superada por aquel poder que empezaba a destrozarle con gran rapidez su armadura, al tiempo que su vida se iba apagando ante la fuerza de la tempestad.

Estados Unidos – Texas

La fuerza combinada de libra y dragón, envolvieron a Nassem como una fortaleza, este por su parte creo una ráfaga de viento a su alrededor para protegerse. Desde los lejos, solo se podía apreciar a los dragones luchar incansablemente contra el aire.

— No me vencerán santos ¡Tormenta Infernal! — Exclamo el enemigo y el viento se tornó tan severo que se llevó a los tres guerreros por delante — son frágiles y débiles — expuso mientras caminaba con delicada solemnidad, mientras el aire a su alrededor seguían danzando con violencia — no tienen oportunidad — levanto su espada para ponerla sobre el rostro de Dohko quien intentaba inultamente ponerse de pie — de los tres, eres el más peligroso, por lo tanto te matare a ti primero, y te ahorrare el dolor de ver a tus amigos morir

— ¡No lo permitiré! — Grito Shiryu desde el otro lado, su armadura estaba quebrada y su cuerpo se encontraba severamente lastimado, pero eso no importo para arremeter contra su enemigo — ¡La Furia del Dragón!

— No me vencerán con un poder tan absurdo — musito el del viento, mientras saltaba sobre los aires, fuera del alcance del dragón

— Tal vez yo pueda derrotarte ¡Explosión de Galaxia!

Nassem no pudo esquivar la técnica desbastadora del general y a pasar de haber levantado una capa gruesa de aire delante de él, el impacto fue recibo de lleno en todo su cuerpo, pero gracias a su gran habilidad en la manipulación del viento sobrevivió al fuerte golpe, dejándose caer unos metros lejos de sus oponentes.

— "Los tres son fuertes — reflexiono — de seguir así, me mataran en cualquier momento, no puedo permitirlo…pero — se detuvo al sentir el cosmos de Athena desaparecer de su entorno — es mi oportunidad"

Los tres guerreros aún pendientes del poder de su adversario no pudieron evitar sentirse angustiado al percibir el cosmos de la diosa de la guerra desaparecer de aquellas tierras tan abruptamente.

— La diosa tuvo que detener su meditación de retener este insano poder a raya — explico Dohko, los otros dos solo asintieron

— Parece ser, que una verdadera batalla en el Santuario ha empezado — expuso Kanon

— Debemos acabar rápido con este guerrero y volver con la diosa — aconsejo Shiryu, los otros dos estuvieron de acuerdo

— Es una pena que no puedan ayudar a su señora — explico el enemigo, incorporándose con dificultad — yo por mi parte ayudare a la mía ¡Tornado Devastador!"

Un fuerte remolino se manifestó ante los ojos de los hombres, su velocidad impresionante devoro a los tres santos, engulléndolos en sus entrañas, levantándolos por los aires y haciéndolos girar alrededor del torbellino, su fuerza abismal no les permito moverse y cada vez estaban más atrapados dentro de aquel tornado.

….

Los tres guerreros dentro del torbellino luchaban con todas su fuerzas para lograr escapar de aquella marea, pero cada que intentaban moverse fuertes ráfagas cortaban su cuerpo como espadas afiladas, no podían respirar, sus pulmones estaban saturados de aire y de no ser por su armaduras habrían muerto hacía tiempo.

— Dohko — llamo por medio su cosmos Kanon — creo que puedo usar la Otra Dimensión para sacarlos de acá, la aprendí de mi hermano y es mucho mejor que el Triángulo Dorado, aun no es perfecta, pero sé que puedo ejecutarla.

— ¿Y qué hay de ti? — pregunto el otro tratando de no morir dentro del torbellino — Cada que elevamos nuestro cosmos, el tornado se hace más fuerte, debe haber otra manera, si me aseguras que los tres saldremos vivos de acá, puedes hacerlo

— No te estoy pidiendo permiso — manifestó el gemelo — dile a mi hermano que todo estará bien

— ¡No Kanon, no lo hagas! — grito fuertemente Dragón al descubrir el plan del geminiano

— ¡Otra Dimensión!

— ¡Kanon! — exclamaron los otros dos fuertemente, que incluso aquel grito se dejó escuchar por encima de la tormenta

.

Nassem sonrió al ver como su tornado empezaba a cobrar más fuerza, al sentir que uno de los guerreros exploto su poder, esto desencadeno una furia incontrolable y debido al magnánimo cosmos proveniente del general de Poseidón, el torbellino exploto desapareciendo con todo lo que había dentro de él.

Dohko y Shiryu lograron salir de la dimensión a la que fueron arrojados por el poder de Kanon, y gracias a la gran concentración y buena manipulación de los espacios del gemelo, cayeron muy cerca de su campo de batalla.

— ¡Maldición! — vocifero Shiryu tirándose sobre el suelo eh impactando su puño sobre el piso abriendo un gran cráter debajo del él

— No es tiempo para lamentaciones, hijo — le consoló Dohko sintiendo aun el poder del viento arremeter a su entorno, a lo lejos poso sus ojos sobre la estruendosa explosión que el poder de Kanon y Nassem genero dentro de aquel inmenso tornado — debemos seguir, acabar con este mal y no desaprovechar el sacrificio de nuestro hermano

— Estoy con usted maestro — manifestó el moreno reponiéndose de su perdida — vamos por él

Indonesia – Halmahera – Monte Ibu

Cuando Fayna arrojo su técnica sobre los santos, no se percató que al ser esta interceptada por los guerreros de hielo, Milo simplemente había desaparecido de su vista, y ahora ese error le costaría la vida, escorpio había aprovechado la distracción de su oponente para atacar de sorpresa.

— ¡Recibe el ataque definitivo de la Aguja Escarlata! ¡Antares! — grito con fuerza su última técnica.

El impacto de la habilidad de Milo penetro directamente en el cuerpo del guerrero del fuego, quien no pudo evitar la embestida, el dolor en su ser era tal, que su fuerza se esfumo y el volcán de la montaña Ibu dejo de rugir, deteniendo así su camino de destrucción.

"No moriré así" — pensó el del fuego, tambaleándose a la orilla de la montaña — No moriré solo — levanto su mirada hacia el santo de escorpio — ¡vendrás conmigo! — exclamo tomando a Milo del brazo y lanzándose con él a las fauces del volcán.

— ¡Milo!

El de escorpio escucho la voz de Camus fuertemente, pero se sentía tan cansado, que no fue capaz de soltarse del agarre de su enemigo y junto a él cayó dentro del cráter. Aquel llamado fue tan desgarradora que lo único que atino hacer el santo de la octava casa fue sonreír sinceramente

— Gracias amigo — se despidió el griego.

Las lágrimas en los ojos de Camus fueron imposibles de evitar, Milo su amigo de toda la vida había sido devorado por la lava de aquel furioso volcán, y el magma que hasta hacia unos segundos estaba solo a su alrededor empezaba cerrarse para quemarlo entre sus entrañas a él también. No podía moverse, estaba agotado, y bastante lejos de una superficie segura.

Cerró los ojos, los tres perecerían en aquel fuego interminable, pues a pesar de que el volcán había detenido su erupción, la lava cerca de ellos aún estaba en todo su esplendor, y solo un milagro lo apagaría. El francés hubiera querido aunque sea salvar a su querido alumno, pero no podía, no tenía la fuerza para hacerlo, ese error de cálculo, los estaba matando a todos.

Un poder muy frio se sintió a su alrededor, sin querer abrir los ojos apreció como si su cuerpo se moviera por los aires, un aura muy sobrecogedora lo envolvió, y sin más remedio se dejó llevar por un profundo sueño — Adiós Laila

Estados Unidos – Texas

El guerrero del Némesis bailo bajo la presión del viento al sentir que había acabado con sus oponentes, como un príncipe danzaba bajo las ráfagas y con cada paso que daba, la brisa se volvía cada vez más violenta, sin el cosmos de Athena mermando su fuerza destructiva, podía moverse libremente y así lograría acabar con cada ciudad de aquel país, incluso todo el continente americano seria borrado del mapa.

— Te ves muy feliz Nassem — le susurro una voz conocida

— Libra sigues con vida — expreso borrando su gélida sonrisa — ¿Cómo es posible?

— ¡No sucumbiremos ante el mal! — Espeto Shiryu a su lado — ¡no nos vencerás, triunfáremos por encima de todo, este mundo no morirá, nosotros los santos de Athena pelearemos hasta el final! ¡Nassem, guerrero de Némesis es hora que tú y tu diosa paguen por cada vida que han arrebatado! ¡Maestro Dohko acabemos con él!

— Si

— ¡Los Cien Dragones del Rozan! — expresaron ambos guerreros

Cientos de dragones surcaron el cielo. Nassem intento defenderse de aquel poder destructivo pero su esfuerzo fue en vano, la técnica demoledora de los dos santos alcanzo de lleno el cuerpo del guerrero quien sin poder hacer nada sucumbió ante la fuerza de ambos hombres.

— Esta es la razón — intento hablar con la vista nublada el manipulador del viento — por la que los dioses…les…temen — finalizo evaporándose en el aire

Dohko sintió una suave brisa sobre su rostro, los torbellinos que amenazaban con tanta fuerza aquella ciudad se habían disipado, trayendo consigo un sol radiante que intentaba curar las heridas de Texas, estaba cansado, aquel último vestigio de fuerza sumado a los golpes recibidos empezaba a manifestarse sobre su cuerpo.

— Maestro — escucho decir a su discípulo — fue un honor pelear a su lado. Seiya te encomiendo a Athena — finalizo antes de caer sobre el firmamento.

— El honor fue mío, mi querido Shiryu ¡por Athena, hasta el final! — Dijo Dohko quien también se desplomo producto del esfuerzo.

Indonesia – Halmahera – Monte Ibu

Cuando Hyoga vio el cuerpo de Milo caer sin miramientos dentro del volcán, no pudo evitar sentirse sumamente angustiado, a su lado su maestro exclamo el nombre el octavo guardián con tanto dolor, que algo dentro del cisne despertó, su fuerza evoluciono a límites insospechados y su armadura se transformó de la misma forma que lo hizo en la batalla contra Hades.

Cuando la armadura divina del cisne despertó y su esplendor inundo el lugar, las alas de la panoplia se abrieron para permitirle a Hyoga volar por los aires, así que se arrojó con tanta velocidad ante aquel monstruo que se había llevado a su amigo y como un rayo lo atrapo antes de que fuera devorado por la lava y pudo ver el último suspiro de Fayna dentro de aquel infierno, con un Milo desmayado se lanzó hacia su maestro que estaba a punto de correr la misma suerte que el guerrero del fuego y como pudo levanto a los dos santos de oro, para luego alejarse lo suficiente y caer sobre tierra segura.

Y mientras volaba por los aires, su aire frio apagaba el rastro de lava que había dejado aquel volcán, pero esa acción se llevó sus últimas fuerzas. Con los dos santos a salvo y su adversario derrotado el guerrero de cisne se dejó caer pesadamente sobre el suelo; exhausto por su última proeza, no pudo mantener sus ojos abiertos, y los tres guerreros quedaron tumbados en la tierra, cerca de los brazos de la muerte.

Tanzania — Arusha

Ila cerró los ojos aceptando su derrota, su cuerpo empezó a despedazarse y con el viento fue levantado vuelo mientras desaparecía cada rastro de su vida, observo por última vez a sus verdugos, y no pudo evitar sonreír al verlos caer pesadamente sobre el suelo.

— Después de todo, no moriré sola — termino ante de apagarse su vida por completo.

Estados Unidos – Texas

Kanon abrió los ojos minuciosamente, el sol quemo sus pupilas, por lo que se vio obligado a cerrarlos de nuevo, la brisa del viento se sentía suave y a la vez acogedora, sonrió, ya no habían torbellinos, la paz había regresado a Texas, el cielo estaba despejado, por fin la batalla había terminado, sus amigos lograron la victoria, y él sobrevivió a aquella explosión desbastadora, pero no sabía si al llegar la noche aun seguiría con vida, y otra vez se quedó profundamente dormido, esperando que al despertar ya fuera en la tierra o en el infierno, se encontrara con la noticia de que su diosa había vencido.

Continuara

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*Oymyakon, es un pueblo de Siberia que ostenta el record del lugar con la temperatura más baja en una zona habitada.

Hola a todos, gracias por seguir leyéndome, espero no haber sido muy rápida con estas batallas. Pero teniendo en cuenta que en la serie, la mitad de los capítulos es pura conversación y recuerdos del pasado, entonces no esta tan mal.

Como una nota especial quiero dejar claro que no voy hacer uso continuo sobre el tema de las armaduras Divinas, sé que estoy siguiendo la línea de SoG y en esta todos los dorados despertaron este poder, pero en mi fic no todos evolucionaran estos ropajes, esto debido a que se me hace bastante predecible (Siendo una historia predecible de por sí) y tal vez en ciertas batallas ni siquiera se necesite, de ser imperativo las agregare o no, eso lo veremos con el paso de la historia.

No habiendo más, me despido por hoy, agradeciendo como siempre a mis lectores, por mantener viva esta historia, especialmente aquellos que me comentan, me agregan entre sus favoritos y me tienen entre sus alertas.

Nos estamos leyendo.