La muerte no la entendemos, nos quita a quienes amamos, nos amarga la vida, nos causa una herida y una cicatriz que duele para toda la vida.
La muerte llega sin ser invitada y apaga nuestra sonrisa y pone triste nuestra mirada, ella es el peor dolor y más cuando no hubo tiempo de decir adiós, ella hace llorar al más fuerte y su dolor queda por siempre.
Anónimo
En memoria a Edward y a los padres de una queridísima amiga en México.
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Estados Unidos – Texas
Caminaba por inercia por un sendero de casas destruidas, la fuerza de Nassem fue detenida con gran éxito pero el daño causado era irreparable, muchas vidas se habían perdido y ahora muchas personas se encontraban sin un lugar a donde ir.
Kanon caminaba con cansancio, cada paso era como una fuerte oleada de dolor que recorría todo su cuerpo, observo la cara de muchos, algunos sobrevivientes a su paso se hallaban desplegados a su alrededor, noto rostros llenos de angustias, rostros de dolor, habían llantos, gritos. Cerro los ojos con fuerza y se maldijo por no haber sido lo suficientemente fuerte y rápido para haber impedido semejante tragedia.
Tropezó torpemente contra algunos escombros y estuvo a punto de terminar de bruces contra el suelo, pero una mano cansada lo tomo antes de que recibiera el impacto, levanto sus ojos esmeralda y se encontró con un rostro joven, sucio y angustiado, su cabello enmarañado y el rastro de lágrimas secas en su cara, reflejaban el miedo y dolor del que fue víctima aquel salvador.
— Tenga cuidado — le dijo en un tono suave y tranquilo — está muy mal herido ¿necesita ayuda? — Kanon negó con un gesto — ¿seguro? Tenga, beba un poco de agua, se ve usted muy mal
— Estoy bien — logro pronunciar, mas sin embargo recibo gustoso el líquido cristalino que le ofrecían tan amablemente y no pudo evitar conmoverse por ese acto generoso de aquel extraño que en medio de una catástrofe aún tenía el corazón para ayudar a quien lo necesitaba y recordó, que era esa la razón, por la que él y sus compañeros luchaban con tanta tenacidad — es usted muy amable, le prometo que todo estará bien
— Lo sé — le contesto él con una ligera sonrisa
Cuando el extraño se hubo alejado para ayudar a otros, Kanon, quien hubiera querido quedarse también ayudar, recordó que su propósito y su misión iba más allá de ofrecer un poco de agua o subir el ánimo a las víctimas, se incorporó con dificultad y emprendió su marcha.
Camino con paso ligero, no había tiempo que perder, en su condición era difícil continuar una batalla pero si tenía fe en sus habilidades probablemente podría lograr que el antiguo maestro y el dragón llegaran al Santuario para ayudar a la diosa Athena.
Cuando por fin Kanon encontró los cuerpos decaídos de sus compañeros no se imaginó lo lejos que estaban estos de él, en aquel lugar, donde el daño estuvo más marcado, no había posibilidad de que hubieran sobrevivientes, si alguien estuviera aún vivo en ese lugar, sería realmente un milagro. Se acercó con cuidado hasta el cuerpo del santo de libra sorprendiéndose así mismo de que el antiguo maestro aún se encontrara con vida, no esperaba menos, pero cuando vislumbro todo ese desastre que causo el poder de Nassem e incluso el poder de los santos, no pudo evitar pensar lo peor, para su alivio, ambos compañeros estaban vivos, débiles, pero vivos.
Suspiro cansadamente, estaba tan abstraído en su deber de encontrar a sus colegas que había olvidado el dolor del que era víctima en ese momento, respiro profundo intentado no perder la conciencia y elevo su cosmos tanto como pudo, a su lado un adormilado Dohko pronuncio su nombre.
— No te afanes viejo — le dijo, no estaba seguro si su camarada podía oírle — los llevare al Santuario, tengo que hacerlo — se detuvo intentado no devolver el poco alimento que había probado ese día antes de salir a la batalla — confió en que tú, y tu intrépido alumno hagan lo que yo no puedo…ayudar a Athena — elevo más su cosmos, siendo consiente que ese acto lo debilitaba más — solo espero…solo espero que no terminemos perdidos entre dimensiones. Vamos viejo — continuo mientras posaba su mano sobre el brazo de santo del libra — abre los ojos, si esto no sale bien, necesito de tu ayuda, o sino vagaremos por siempre — por toda respuesta lo único que recibió fue un pequeño y débil movimiento por parte del chino — ¡Vamos viejo! ¡Despierta! — elevo más su cosmoenergia la cual de una forma u otra hizo que el santo de antaño recobrara poco a poco el conocimiento — bien hecho amigo, ahora vamos, vamos con Athena.
Dohko no supo inmediatamente que estaba pasando, cuando logro abrir los ojos se vio atrapado en un campo dimensional que de alguna forma le cortaba la respiración, a su lado Kanon lo tenía tomado del brazo pero el gemelo había perdido el conocimiento, y unos pocos centímetros más allá un aturdido Shiryu se encontraba, cuando libra fue consciente de lo que estaba pasando a su alrededor, tomo medidas inmediatas y haciendo alarde de su poder, logro llegar al Santuario junto a sus dos compañeros, llovía, llovía demasiado, y el camino era largo, se puso de pie pero antes de poder si quiera dar el primer paso para acercarse a los doce templos cayó pesadamente.
Santuario — Templo de Aries
Con la daga en su cuello Sorrento pudo apreciar más de cerca al guardián de Némesis, sus ojos amarillos parecían los de una bestia y sus garras afiladas, le daban un aire peculiar, el general no supo si aquella persona era humana o una bestia, sin dejarse amedrentar y viéndose superado, uso su ilusión de una sirena alada de color morado y dientes afilados.
Erick se alejó instintivamente, más preocupado por un posible ataque sorpresa que por la imagen que acababa de ver; ya a una distancia prudente de su oponente noto como el general llevaba peligrosamente su flauta a la boca y con tanta fascinación entonaba una melodía bella, suave y profunda, el guerrero de la violencia sintió sus músculos tensarse, aquella melodía aunque bella le estaba desgarrando cada neurona, se llevó a las manos a los orejas intentado inútilmente evitar que las notas entraran en su cabeza, pero fue infructífero, levanto la vista, vio al general de Poseidón levantar su mano derecha y liberar un poder de color plata que se dirigió en línea recta directo hacia él.
Debido al aturdimiento de la flauta de Sorrento, Erick no fue capaz de evitar aquel impacto, recibiendo de lleno aquel hercúleo golpe. El general vio a su enemigo caer pesadamente unos cuantos escalones abajo, y espero por un momento que aquel hombre se pusiera de pie, pero nada paso, así que se dispuso a subir las escalinatas, su trabajo en el templo del carnero había terminado, sus habilidades y su ayuda eran mucho más necesarias unas casas más arriba.
Apenas y dio la vuelta, un frio recorrió su cuerpo y una ráfaga paso tan cerca de su rostro que casi termina hecho pedazos, de no haber sido por su extraordinario poder, en ese momento, en aquel preciso momento Sorrento de Sirena estaría muerto.
Alejado unos cuantos metros de lo que estuvo a punto de matarlo el general vio al imponente Erick delante suyo, con su sable afilado, aquel mismo sable que casi le arranca el corazón, el peliblanco tenia dibujada una sonrisa casi demencial, era claro que su pelea no había terminado y que su oponente era mucho más fuerte de lo que se imaginó, sin perder tiempo llevo su flauta nuevamente hacia su boca, pero Erick quien no quería ser víctima nuevamente de tan horrible sensación lanzo un contra golpe.
Asgard
Gheiro se llevó una gran sorpresa al ver a los dos guerreros de Odín parados delante suyo sin mayor problema, aunque sus armaduras se habían visto comprometidas por el golpe y tenían algunas lecciones, ambos hombres se mantenían de pie como si nada hubiera pasado. Los miro con recelo y se sonrió para sus adentros reconociendo la fuerza de sus oponentes, pero no volvería a fallar, y nuevamente elevo su poder y lo arrojo contra los asgardianos quienes con gran agilidad lograron esquivarlo.
— ¡Excelente guerreros! — Reconoció — me sorprende su resistencia, en realidad creí que no me darían problema, de hecho pensé que los atenienses serían más duros de aniquilar que ustedes, pensé ingenuamente que los aplastaría con facilidad, tanto a ustedes como a su dios.
— Nos subestimaste y ese será tu error — reto Frodi
— Como quieran — contesto restándole importancia al tono del dios guerrero — solo no me limitare la próxima vez, para mí siguen siendo insignificantes, solo tengo que aplicar un poco más de presión — ¡Destello Infernal!
— ¡Estallido del Jabalí!
— ¡Paard Briller!
Las técnicas chocaron entre sí, ocasionado que todo el campo se colapsara, los tres hombres tuvieron que saltar por aires para evitar ser engullidos por la espesa tierra y la avalancha que se desplego producto del impacto. Sigmund observo la torrencial caída de nieve sobre la montaña, afortunadamente esta no causo destrozo, se detuvo fácilmente antes de alcanzar el primer pueblo, suspiro aliviado, pero su descuido le costó; con gran agilidad Gheiro se lanzó contra su cuerpo impactándolo fuertemente contra la marea blanca de nieve.
Frodi quien estaba un poco más lejos no podía permitir que su amigo y compañero fuera derrotado tan fácilmente, así que se arrojó contra el guerrero para golpearlo de igual manera que este lo hiciera con Sigmund, pero Gheiro lo intercepto rápidamente y con gran habilidad logro acertare un gran golpe en el rostro arrojándolo al mismo lugar donde había caído segundos antes el otro dios guerrero.
— ¡Patéticos! — Observo a lo lejos el pueblo por el que Sigmund se había descuidado — interesante — levanto una mano y con ella una gran capa de nieve se levantó, su propósito enterrar el pueblo bajo ese manto blanquizco, pero antes de poder hacer algo una flecha se clavó fuertemente en su mano derecha — ¡Maldición! — Bramo, buscando a quien le había herido — ¿Dónde estás, maldito?
Villa Rodorio
El galope de unicornio impacto con fuerza en la dura cabeza de león del Amameit, la criatura aunque mareada continuo con su embestida, esta vez más enfurecida, y con la brutalidad característica de los hipopótamo se llevó al pobre japonés por delante, dejándolo estampado contra la tierra y derribando las pocas columnas que aún se hallaban de pie.
Jabu levanto la vista adolorido, un rastro de sangre resbalo por su frente y aun con la visión nublada vio algunos pueblerinos correr aterrados en diferentes direcciones — ¡Corran hacia puerto! — les grito, viendo caras desorientadas y aterradas, e inclusive había personas que se encontraban paradas a la mitad de la calle completamente inmóviles — ¡Ahora! — rugió con más fuerza para despabilar aquellos que se encontraban en shock. Sonrió ligeramente al ver que al menos algunos si lo escucharon, pero nuevamente se encontró con los dientes afilados del Amameit muy delante de sus ojos — ¡Maldición! — bramo, dando un fuerte salto antes de ser mordido de nuevo por aquella cosa. La criatura mordía duro — ¡Miserable bestia ¿Por qué no te mueres?!
La bestia resoplo molesta y movió las patas delanteras como si se trata de un toro y nuevamente emprendió carrera hacia el maltrecho hombre que no estaba muy seguro de poder esquivar un nuevo golpe, más sin embargo, no supo si por inercia o supervivencia se elevó por los aires para evitar aquella embestida, pero ya a una distancia prudente, el Amameit lo enrollo con su cola y lo estrello fuertemente contra el suelo, logrando abrirle la cabeza en dos, sin soltarlo, la criatura volvió a elevarlo y esta vez lo arrojo contra una casa derruida y entre los escombros y la nube de polvo Jabu desapareció.
Santuario — Templo de Aries
Antes de que Sorrento pudiera hacer algo para atacar a su enemigo, se vio inmerso en un poder inimaginable que lo rodeaba, al principio uso su flauta como escudo y a pesar de poder repeler varias embestidas se vio atrapado, el poder del guerrero de Némesis supero sus expectativas y logro impactarlo fuertemente arrojándolo contra las columnas.
— Me gusta tu forma de pelear — pronuncio Erick — eres fuerte general, sin tanto drama, has demostrado ser un digno adversario
— ¿Te parece? — le dijo mientras intentaba ponerse de pie, aquel golpe le había roto gran parte de su armadura, mientras que la del Erick estaba un poco agrietada, excepto por su corana, la cual ya estaba hecha añicos sobre el suelo — ¿Acaso debería sentirme alagado? Porque la verdad yo me siento asqueado al ver que estoy perdiendo tanto el tiempo con un adversario tan insignificante como tu
Aquellas palabras las soltó con soberbia, esperaba que aquel que se hacía llamar el guerrero de la violencia actuara como tal y a que aquello le hiciera equivocarse, y le otorgara la victoria al general, pero por más que espero un acto alebrestado por parte de su oponente, lo único que recibió fue una cínica sonrisa.
Se sostuvieron la mirada por algunos minutos, pendientes de los movimientos del otro, Erick esperaba el momento adecuado para dejar fuera de combate al general, y Sorrento calculaba la situación intentado ser más rápido que su adversario, pues si lograba entonar nuevamente su canción, el guerrero de Némesis estaría en desventaja.
Como espécimen sobre una mesa de laboratorio, cada uno observaba al otro con atención, si alguno daba un paso hacia adelante el otro lo daba hacia atrás, era como si estuvieran bailando al compás de una vieja melodía y tuvieran la mejor sincronización el uno con el otro.
Una fuerte elevación de cosmoenergia en el templo principal llamo la atención de ambos, ah Erick aquella situación le causo gracia mientras a Sorrento le produjo desazón.
— Pronto, todo eso que dicen proteger desaparecerá. Mi diosa acabara con los tuyos — señalo el guerrero de armadura plateada
Sorrento que no salía de su asombro se angustió realmente al saber a su dios en peligro, Némesis estaba en el Templo principal, Némesis peleaba contra Athena y por alguna extraña razón, el cosmos de Poseidón estaba sellado ¿Qué estaba pasando? Tenía a como dé lugar llegar hasta los aposentos de la diosa, no podía perder más el tiempo.
— ¡Dulce Melodía de Réquiem! — anuncio, aprovechando el alarde del Erick.
El peliblanco se vio nuevamente atrapado entre el cantico he intentado no darle ventaja a su oponente, se arrojó con fuerza hacia este; el dolor se hacía más fuerte, y su velocidad bajo significativamente, pero tenía como fuera llegar hasta el general y acertarle el golpe final, de esa forma él estaría al lado de Némesis apreciando la inevitable derrota del dios de los mares y la diosa de la guerra.
Sorrento quien no podía dejar de sentirse angustiado y desorientado por lo que estaba pasando en el templo principal, se aferró a su flauta y entono su melodía con todo el poder y decisión que como nunca antes en su vida había logrado manifestar. Vio a Erick dirigirse hacia él, no tan veloz como antes, pero aun con su poder imparable e intacto, si el guerrero llegaba hasta él antes de poder eliminarlo sería su derrota, así que se esmeró más, su canto se escuchó con más potencia, Erick tastabillo un par de pasos, pero nuevamente emprendió la embestida.
Asgard
— Aquí estoy — pronuncio un hombre de cabellera de un rojo muy oscuro que contrastaba con el azul claro de sus ojos — nunca me oculte de ti — le espeto burlándose del guerrero. El extraño llevaba puesto una trusa de color verde y en su espalda arco y flecha le acompañaba, a un costado de su cintura, se veía la empuñadora dorada de una espada perfectamente guardada en su funda — Soy Thingol — pronuncio con mucha suavidad — rey de los Teleri, un elfo de las tierras medias.
— ¿Un elfo? — susurro, no estaba seguro si aquel enemigo podía ser temible, poco se sabía de aquellos seres inmortales diestros con el arco. Sonrió — solo alguien como tú podía lograr esto — señalo la flecha en su mano — Fui descuidado, lo acepto — continuo retirando con dificultad la saeta — pero también hay que reconocer tu gran talento y tu poderosa vista ¿Por qué quieres interferir en esta batalla?
— Ya en otros tiempos nos hemos mantenido al margen de la guerra de los hombres, pero hoy me es imposible permanecer apacible ante mal que tú y tu diosa ejercen contra el mundo. Eh vivido durante muchos años — pronunció con la misma tranquilidad con la que se había expresado todo ese tiempo — pero nunca había sido testigo de tanta crueldad, hombres han muerto, y eh visto perecer a varios de los míos, casi hasta su extinción. Pero el genocidio que se está llevando a cabo en estos momentos va más allá de mi compresión y es mi deber como rey defender estas tierras, destruir el mal es mi único propósito ¡Así que desaparece, espirito del maligno! — termino dejando escapar otra de sus flechas
— Tonterías — soltó el otro, escapando del camino de la saeta y apareciendo a un costado de Thingol.
Para el rey, aquello no fue sorpresa, como un elfo que ha vivido tanto tiempo era lógico tener la habilidad suficiente para enfrentarse a guerreros como ese, y como un ser de extraordinario poder, poder que solo el tiempo le podía otorgar, tomo otra flecha y apenas Gheiro apareció frente a sus ojos una nueva sagita lo atravesó, estaba vez en el pecho.
— ¡Maldición! — manifestó rompiendo la flecha pero sin sacarla de su herida
— No poseo las habilidades de un dios guerrero, ni la de un general marino, ni mucho menos de un santo de Athena, pero tengo sabiduría, eh peleado en muchas guerras y aunque llevo tiempo oculto entre mis tierras, aún persiste en mí la sangre de un guerrero. ¡Gheiro, tu error ha sido el subestimarnos! ¡Eso te está costando la vida! — le señalo
— ¡Cállate hombrecito de pacotilla! — vocifero, no podía creer estar perdiendo ante un solo hombre que le había lanzado un par de flechas, flechas que no había logrado esquivar, flechas que habían impactado directamente en su cuerpo, flechas que de alguna manera le estaban debilitando — ¡Maldito!
— Dices eso mucho — le dijo — esas flechas, llevan el poder impregnado de mis ancestros, tienen la habilidad de sellar el cosmos, es por ello que te sientes débil — le explico como si pudiera leerle la mente
— ¡Maldito! — volvió a bramar estaba vez con más potencia — ¡Maldito elfo! ¡Un insignificante ser como tú no me derrotara! ¡Muere! — manifestó lanzado una gran bola de energía contra el pelirrojo, la cual fue rápidamente interceptada por Sigmund.
— Muchas gracias, su majestad — pronuncio Frodi llegando ante el rey junto con su compañero — ha sido de gran ayuda
— Pensé que era hora de intervenir — pronuncio con su voz tranquila
— No debería exponerse — dijo Sigmund — su pueblo lo necesita
— No habrá un pueblo si este hombre destruye Asgard, es el único lugar en el mundo, donde mi gente ha podido encontrar paz y es mi deber al igual que ustedes, protegerlo, así que no me pidan que me vaya, porque no lo hare
— Pero que grupo más interesante — expuso Gheiro — ¿cuánto aguantaran? — Pronuncio, mientras el viento cobraba más fuerza — ¡Escúchenme seres insignificantes, yo destruiré estas tierras, elfos y hombres caerán ante el gran poder de Némesis! — Gheiro se elevó por los aires, el viento cobro un poder inimaginable, la tierra se estremeció y la nieve cayó con potencia — ¡Todos morirán este día! — musito
Frodi vio el poder de su adversario cobrar fuerza, sintió la tierra crujir y aquel frio al que se había acostumbrado desde muy pequeño, le estaba calando los huesos, como viejos tiempos, cuando apenas y entendía el mundo y la vida en la que había nacido, sentía frio, estaba congelado de pies a cabeza, ni su cosmos podía darle calor. Miro por encima de su cabeza, Gheiro, hombre malicioso revolvía el viento y la nieve a su alrededor, entonces lo entendió. Él dejaría caer aquella fuerza magnánima sobre Asgard, y Asgard desaparecería con aquel impacto.
— No puede ser, no lo permitiré — elevo su cosmos a niveles insospechados, si tenía que morir lo haría, pero no permitiría que aquel hombre se llevara su tierra.
— No nos amedrentaras — interrumpió Thingol apuntando con su arco y flecha a Gheiro
La flecha salió despedida surcando el cielo a gran velocidad, el guerrero de Némesis elevo su mano y la saeta se cubrió de hielo y cayo sin ningún reparo sobre el suelo blanco.
— Tus flechas son inútiles elfo — se burló el peli azul
— Es sin duda un manipular del hielo, igual que el santo de acuario — hizo ver Sigmund
— No, no es así — advirtió el elfo, los dos guerreros de Asgard se quedaron mirándole — el no congelo la flecha — señalo — la cubrió de nieve nada más
— ¿A qué te refieres? ¿Acaso le atacaste para observar su poder? — quiso saber Frodi
— Sí, observen bien, el no manipula el hielo, no está haciendo nevar a placer, la nieve no viene del cielo, viene del suelo, está levantando los copos a su alrededor y con su poder está creando esa tormenta
— ¿Telequinesis? — apunto Sigmund
— No tan poderosa para manipular a seres vivos, pero si lo suficiente para mover cualquier objeto a su alrededor
— Todo Asgard está sumergido en una fuerte tormenta de nieve — hizo ver Frodi
— Te equivocas — volvió a explicar el elfo — es una ilusión — los otros dos se quedaron sorprendidos — Una ilusión tan poderosa que engaña hasta los dioses, pero una ilusión nada más. Es un engaño, nos hace creer que Asgard se está yendo al infierno, es su estrategia. Si tu enemigo esta aterrado — miro de un lado a lado los rostros de sus aliados — será fácil vencerlo, nos saca de quicio, nos desespera con sus técnicas, el frio que sentimos no es real — Frodi frunció el ceño — si viéramos fuego en vez de nieve, sentiríamos calor — explico — así funciona la mente
— Según tú, no deberíamos preocuparnos por ese ataque — aspecto con amargura Frodi
— Sí, debemos preocuparnos por ese ataque. Nos matara a los tres y destruirá el pueblo que está más adelante y su poder se llevara por delante muchas vidas. No lo subestimes Frodi — expuso con calma — es un enemigo peligroso — le advirtió mirándolo a los ojos — nos engaña, pero es poderoso, su estrategia, es desestabilizarnos mentalmente para luego acabar con nosotros
— Cualquiera que sea su cuchicheo — advirtió Gheiro — déjenlo en este momento ¿es que acaso no ven, que todo Asgard está en riesgo? — No obtuvo respuesta, tres pares de ojos se le quedaron viendo — parece que tiene miedo, no teman más y mueran bajo mi magnánimo poder ¡Avalancha Infinita!
— ¡Estallido del Jabalí!
— ¡Paard Orkaan!
Villa Rodorio
El Amameit rugió con fuerza festejando su victoria, con aquel oponente tan molesto fuera de combate, la bestia se sintió libre para seguir devorando a todo el que encontrara a su paso, y como la criatura con más suerte del mundo, se encontró de frente a unos ojos violetas muertos de miedo, su bocado era menudo y delgado, pero se imaginó que más adelante encontraría más comida deliciosa como la que ya había logrado engullir antes de que llegarán tan molestos humanos a interrumpir su alimentación. Sin perder más tiempo se fue hacia el pequeño y frágil aldeano, con la boca bien abierta para tragárselo de un solo bocado, pero antes de lograr siquiera saborear a su víctima, un nuevo golpe lo saco del camino y lo tumbo de costado unos metros lejos de su cena.
— ¡No lo harás maldita bestia! — Rugió Jabu con su armadura agrietada y su cabeza ensangrentada — ¡largo de acá! — le grito al aldeano que seguía parado en el mismo lado, quien a escuchar al santo volvió en sí y emprendió la huida.
La bestia se puso de pie rápidamente y sacudió la cabeza haciendo caer varios escombros de su melena, Jabu trago saliva al ver al Amameit más molesto que antes, y noto como ahora la criatura se dirigía a él con más violencia. Intento saltar por los aires, pero por más que quiso moverse sus piernas no le respondieron, elevo su cosmos y no supo porque se arrojó contra la criatura con el puño bien extendido, como fuera tenía que eliminar aquella grotesca amenaza.
El ataque del unicornio golpe con alevosía el rostro de la bestia la cual rugió producto del dolor, pero como una fiera salvaje se recuperó rápidamente y esta vez atrapo al pequeño santo entre sus fauces. Jabu sintió el filo de los dientes de su oponente atravesarle la piel, escucho un par de huesos romperse producto de la presión de aquella apestosa dentadura, y no entendió como obtuvo la fuerza, para concentrar su cosmos en su puño y salir de aquella boca putrefacta.
Se dejó caer sobre el suelo completamente agitado y con varias mordeduras en su cuerpo, la sangre caía como cascada y su brazo izquierdo estaba totalmente roto. La bestia rugía de dolor y con su pata derecha intentaba sobarse la boca, el poder de Jabu le había ocasionado una gran quemadura en todo el hocico y la criatura, no podía dejar de sufrir por aquel ataque.
Ambos estaban heridos, pero unicornio sabía que la criatura aguantaría más que él y cuando se recuperara le atacaría con más fuerza y de seguro esta vez se lo tragaría entero. Nuevamente se puso de pie con más ganas de echarse sobre la tierra y esperar la muerte que de seguir peleando, una gota de lluvia rodo por su mejilla y el frio hizo que su heridas ardieran, despejando el dolor, el japonés elevo su cosmoenergia dispuesto a no darse por vencido, pensó en lo que diría Seiya si lo vieran en tan lamentable estado y perdiendo ante un ser de escasa inteligencia. Así que se concentró tanto como pudo y antes del que el Amameit lograra reincorporarse, Jabu ya estaba sobre él haciendo gala de su gran poder.
El de cabeza de león vio venir a su oponente y sin querer recibir más golpes por parte de este, se arrojó con determinación con la boca abierta para podérselo tragar entero, sus dientes afilados brillaron y su embocadura se vio inclusive más peligrosa, pero Jabu continuo con su embaste.
— ¡Galope de Unicornio! — grito con fuerza adentrándose en la embocadura del Amameit, el cual brillo con un destello morado.
Jabu salió al otro lado del de cuerpo de hipopótamo completamente ennegrecido por la sangre de aquella cosa, le había atravesado partiendo el poderoso dorso del Amameit en dos, la criatura rugió con más potencia y luego cayó vigorosamente sobre el suelo húmedo. Unicornio se llevó las manos a las cara completamente asqueado y se dejó caer sobre el suelo sobre sus rodillas intentado lavar su cara con el agua que caí del cielo.
Lo había conseguido, el Amameit estaba fuera de combate, pero la diosa, la diosa Athena tenía una batalla contra Némesis, levanto sus ojos en dirección del santuario ¿Cómo llegar hasta allá? ¿Cómo ayudar a su diosa? Suspiro.
Asgard
Las técnicas chocaron entre sí, el poder de los tres hombres combinado creo un remolino alrededor de los cuatro guerreros, Thingol salió despedido por los aires, dando volteretas, logro empuñar su espada y clavarla en suelo para no ser empujado más lejos. Frodi y Sigmund mantenía con fuerza el impacto del golpe de Gheiro, que se formaba con más resistencia y los empujaba con más precisión.
— ¡No lo olviden! — Rugió el rey por encima de la tormenta — ¡Parte de su estrategia es una ilusión! ¡No crean en todo lo que ven sus ojos!
Frodi y Sigmund se miraron entre sí, difícilmente podían creer que el poder de Gheiro fueran meras fantasías, la fuerza ejercida se sentía real, el dolor en sus extremidades era genuino ¿Qué parte del poder de Gheiro no era una ilusión? ¿Cómo saberlo? Un zumbido se escuchó cerca de los dos guerreros de Odín, una flecha cruzo en medio de ambos clavándose entre ellos y su temible oponente, un aura verdosa se extendió alrededor cuando la flecha penetro el frio suelo cubierto de nieve, aquel poder les permitió a los dioses guerreros ver la técnica de Gheiro con precisión. El poder de Thingol desvaneció la ilusión de peli azul, permitiéndole a Frodi y Sigmund ver la esencia real de su adversario
— ¡Es ahora! — grito Frodi y ambos hombres elevaron su cosmos mucho más arriba ocasionando con ello una poderosa explosión, que formo una avalancha que se llevó a los cuatro hombres con ella — ¡Sigmund! ¡Thingol! ¿Dónde están? — pregunto emergiendo por encima de la nieve, siendo aún arrastrado por esta — ¡no puede ser! — susurro al ver la gran velocidad que llevaba el manto blanco y que se dirigía con gran impetuosidad hacia el pueblo más cercano
El dios guerrero de Gullinbursti tomo su espada Siegschwert para lograr salir a flote de la marea nevada, corriendo con gran velocidad, intentaba ganarle al flujo de nieve, y así poder llegar primero y detenerla a como dé lugar, antes de que las personas a unos cuantos kilómetros de ahí quedaran atrapadas bajo la avalancha. Un fuerte golpe en su pierna derecha le hizo caer de bruces sobre el alud siendo arrastrado nuevamente, cuando alzo la vista vio a un colérico Gheiro intentado darle alance.
— ¡Maldito! — dijo intentando no morir ahogado bajo la ventisca
— ¡Muere guerrero de Odín! — una gran bola de energía salió despedida hacia Frodi, pero antes de que esta le alcanzara fue levantado por los aires, por Sigmund. El dios guerrero de Gullinbursti miro de soslayo y vio la cara desencajada de Gheiro — ¡Malditos guerreros! — Elevo nuevamente su poder persiguiendo ambos hombres, pero antes de hacer nada sintió el impacto de una flecha en su torso — ¡Elfo! — atino a decir al tiempo que sentía su vista nublada
— ¡Paard Briller! — expuso Sigmund y Gheiro no fue capaz de esquivarlo, recibiendo el golpe de lleno
A pesar de que los tres guerreros lograron salir de avalancha, y a pesar de haber logrado derrotar a Gheiro, ninguno de los tres fue lo suficientemente rápido ni hábil para evitar que el alud continuara su recorrido y arrasara con todo el pueblo a su paso. Frodi estrello su puño contra el frio suelo logrando que la nieve a su alrededor se levantara sobre él. Su esfuerzo había sido en vano ahora que mucha gente había muerto producto de su batalla.
— Vamos — consoló Sigmund, a su lado un melancólico Thingol les observaba — debemos ir con nuestras señoras, ahora solo depende que Athena y sus santos logren vencer a Némesis — Frodi no dijo nada, solo se puso de pie y con paso firme emprendió el camino
Santuario — Templo de Aries
Ambos guerreros estaban muy cerca el uno del otro, Erick acercaba su sable plateado contra el pecho del general, y este a su vez levantaba su mano para insertar el golpe final. La sangre cayó ligeramente sobre el mármol frio del templo de Aries, el corazón de Sorrento fue alcanzado por la daga afilada de guerrero de la violencia, y a su vez, el corazón de Erick fue alcanzado por el puño de Sorrento. Ambos hombres se miraron uno al otro, con su pecho perforado y la vista nublada, ninguno de los dos caía, más sin embargo, ambos seguían haciendo presión en la herida del otro, el sable entraba más en el cuerpo del guerrero de Poseidón y el puño del general se adentraba más en el dorso de su oponente.
El dolor se hizo presente en toda la anatomía de ambos guerreros, al mismo tiempo retiraron daga y puño del otro, sus cuerpos empezaron a sangrar con un flujo tremendo, Erick incoó una rodilla en el suelo, mientras intentaba con su mano detener el sangrado, miro a Sorrento parado delante suyo, con la vista perdida en el firmamento y sintió una gota de agua caer sobre su piel pálida, intento decir algo, pero las palabras no acudieron, el daño hecho por Sorrento había sido significativo, su corazón estaba comprometido, perforado, realmente herido, más gotas de agua empezaron a caer sobre ellos, la lluvia los empapo en cuestión de segundos, y un último suspiro se llevó con el viento de aquella tormenta que empezaba a formarse el cuerpo de Erick.
Sorrento sintió a Erick desvanecerse entre la lluvia, con la cabeza hacia arriba se había visto en la obligación de cerrar sus ojos para que el agua no lo lastimara, la sangre en su pecho caía como una cascada y el agua arrastraba el líquido escarlata escaleras abajo, tanto su sangre como la de su enemigo se habían mezclado gracias al líquido cristalino que le regalaba el cielo, ahora, estaba oscuro, no supo si era por las nubes negras que deberían estar adornado ese cielo griego, o porque en algún punto él perdió la conciencia.
Indonesia – Halmahera
Su blanquísima piel contrastaba con el verdoso de aquella pradera, su pie descalzo se posaba con finura sobre el césped bañado por el roció, sus movimientos eran suaves, tranquilos, pausados, cada paso era como si estuviera danzando; no ejercía presión cada vez que posaba su pie sobre el suave suelo, al contrario, parecía como si de cierta forma estuviera volando, caminaba con agilidad y a pesar de no llevar prisa, su andar era rápido, su cabellera castaña volaba con el viento, y sus vestidos blancos ondeaban con la brisa.
Finalmente se detuvo, lo que buscaba había sido encontrado, tres hombres, dos con armadura dorada y uno de armadura de bronce estaban inconscientes sobre el suelo, su respiración era débil, sus vestiduras estaban dañadas, la protección que estas ofrecían ya no eran de gran ayuda. Miro de en uno en uno, sus cuerpos quemados y sus cosmos reducidos, de seguro serían las victimas perfectas, en su condición, el trio de guerreros fácilmente seria aniquilado.
Elevo su mano hacia el cielo, un destello grisáceo se formó alrededor de los cuatro, una luz poderosa envolvió aquél lugar por un pequeño segundo y luego el resplandor desapareció y con este, las cuatro figuras también desaparecieron.
Continuara
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Hola todos, espero que estén bien en sus hogares, no olviden cuidarse en estos tiempos. Si tengo algún lector colombiano espero que todo esté bien y los últimos eventos del país no les hayan afectado directamente en sus casas.
Pido nuevamente disculpas por la demora, este capítulo me costó mucho porque no sabía cómo recrear ninguna de las tres peleas que aparecen en este capítulo (sin contar que tenía lastimada la muñeca izquierda y me era tortuoso digitar así) Tengo buenas ideas para algunas batallas, mientras que para otras no y son esas las que están atrasando el flujo de la historia, pero considero que más o menos en cinco capítulos estaremos llegando al final de Sin Escape. Así que no se vayan y acompáñenme hasta el final.
Nuevamente muchas gracias a mis lectores, especialmente a Shaina Cobra, Nyan-mx, Ikazeshini y beauty-amazon gracias realmente por su apoyo y comentarios.
Nos estamos leyendo.
