Hola a todas las chicas. Debido a lo que esta pasando alrededor del mundo en este tiempo y como se que en el sur hay varias chicas que ya se encuentran en cuarentena, pues les vengo a adelantar el capitulo correspondiente. se que no es mucho pero al menos contribuyo a que olviden por un momento todo lo que esta pasando. Ahora, hablando ya como lo que soy, Enfermera... solo quiero recordarles que no hay que salir de casa ni para el chisme, ni para ir a fiestas, ni que un amigo hizo una reunión y van pocas personas, nada de eso. Se que es aburrido para muchos estar dentro de casa pero mientras pase esta contingencia es lo mejor. Tal vez ustedes no se enfermen y no desarrollen el virus pero son portadores de este, y mejor no pasarlo a alguien de la familia. Dos, si puede desarrollarse en gente joven aunque el foco principal son los adultos mayores. Laven sus manos frecuentemente con agua y jabon, porque de esta manera si el virus se quedo en las manos destruyen la membrana que lo mantiene vivo. Traten de tomar mucha vitamina C, comer citricos si tienen a la mano como limones, mandarinas, naranjas, sino, pues no hay problema, solo no salgan. Recuerden que los animales no propagan el virus, ellos gracias a Dios son libres de esta enfermedad de humanos, ellos tienen su propio COVID-19 pero es muy diferente al que esta ahora. Y asi me puedo pasar escribiendo todas las recomendaciones que me se, pero lo mejor, sobre todo para las que me leen en México, no salgan, soportemos este encierro para no enfermarnos y no enfermar a los demás.
~ 1 ~
Te encontrabas asustada pero también sorprendida de que el más poderosos de los dioses del Olimpo se encontrara en tus aposentos, ahora tenías una duda a pesar de todo lo que estaba pasando en ese instante… ¿era el Zeus real o acaso era una reencarnación de él?
Después de que te intercambiaron esas mínimas palabras ambos callaron, únicamente se había formado un silencio incomodo y una batalla de miradas, solo esperabas que hiciera un movimiento en falso para poder invocar a Niké y defenderte de él. Le viste que se comenzó a acercar a ti, tú te mantenías quieta, al pendiente de cualquier movimiento peligroso para poder evocar tu arma.
-Baja la guardia Athena- te pidió, pero no respondiste -Athena… no voy a hacerte daño, baja la guardia. Solo quiero hablar contigo
-¿Qué quieres?- le preguntaste –¿A qué viene Zeus a mis aposentos? Digo… si es que eres Zeus
Viste que se molesto o eso creías, comenzó a caminar hacia atrás hasta alejarse de ti a una distancia prudente, de pronto sentiste que el tiempo se detuvo, había algo mal en ese instante; podías sentirlo. Todo paso en un momento, una luz se esparció en toda la habitación, la intensidad comenzó a cegarte hasta el punto en que tapaste tus ojos con tus manos, escuchaste que te llamo una vez más y abriste lentamente tus ojos, al principio apareció una mancha borrosa hasta que todo tomo forma delante de ti.
Por todo el lugar se alzaban hermosos y frondosos arboles con cientos de flores de todos los colores, todo el sitio se encontraba lleno de pasto verde y muchos arbustos, un gran lago con varios cisnes se encontraba en ese lugar, el cielo se encontraba despejado y el sol que se encontraba en lo más alto era cálido y tibio.
-Acompáñame- te ordeno y comenzaste a seguirlo -hablaremos en mis aposentos
Pronto llegaron a un sitio enorme, una hermosa edificación arquitectónica que sobrepasaba todo lo que habías visto en tu vida, el color blanco del mármol era lo que predominaba, era un color tan brillante que sentías que lastimaba tu retina, el pasillo que recorrieron se encontraba adornado con bellas rosas que desprendían un perfume agradable a tus sentidos. Te detuviste en cuanto atravesaron una gran puerta y viste que Zeus se había sentado en un gran trono, de inmediato aparecieron varias doncellas de hermoso ver con varias charolas llenas de frutas y unas más llevaban una ánfora en la cual llevaba vino que sirvieron en una copa y se la ofrecieron al dios presente ahí.
-No gracias, no bebo- respondiste cuanto una copa te fue ofrecida -no gracias, no tengo hambre- volviste a responder al negarte a tomar algo de fruta
-Estas a la defensiva aun Athena
Solo le miraste, una vez mas se sumieron en un duelo de miradas. Ninguno de los dos quería dar su brazo a torcer, la duda te consumía porque no sabias la razón por la cual Zeus se había atrevido a mostrarse ante ti y mucho menos que era lo que quería conseguir con llevarte a donde te había llevado… ¿su casa tal vez?
De pronto sentiste que su mirada se encontraba mucho más escudriñadora; al punto que te hizo sentir incomoda, miraste para otros lados para poder sentir que la tensión bajaba un poco más.
-De todas las reencarnaciones que ha pasado el alma de mi hija, sin duda tú… eres la que mas se parece a ella. Es como si mi hija hubiera vuelto de nuevo al Olimpo, a mi lado
-¿Olimpo?- pensaste para ti -¿de verdad estamos en el Olimpo?- te atreviste a preguntarle con sorpresa, él asintió -¿ahora como me regreso a la tierra?
-¿Te quieres ir ya?- te pregunto con sorpresa
-Obvio- respondiste mientras volvías a mirar a todos lados ahora en busca de una salida rápida
-Antes que nada- te llamo -debes de saber por qué estás aquí hija mía
-Si es por que una guerra se avecina desde ahora te digo que no lo haré- te adelantaste
-Escucha primero hija
-No quiero- te mantuviste -ahora, regrésame a mi mundo
-No lo haré, no hasta que escuches el porque te traje hasta aquí
-Y yo te dije que no, no voy a participar en mas guerras o en lo que sea que estés pensando
-¿Cómo es que osas siquiera en responderme de esa manera? ¿a mí? ¿a tu propio padre?
-¿Mi propio padre?- le respondiste sínicamente mientras se dibujaba una sonrisa en tu rostro -no me vengas con idioteces
-Te guste o no… yo el gran Zeus, soy tu padre
-Ahora resulta que el padre de todo…. Ah no, ese es Odín… perdón, mitología equivocada
-¡Athena!- te grito, en ese momento un destello apareció en ese sitio, el hombre sentado en ese trono se puso solamente de pie sin mover algún otro musculo mientras que tú lo señalabas con el báculo de Nike, preparada para liberar algún ataque de ser necesario
-Que esta sea la primera y ultima vez que te atreves a gritarme- le amenazaste -que te quede bien en claro… yo no soy tu hija
-Baja tu arma- te pidió tranquilamente -por favor Athena, hija…- le miraste fijamente -solo baja el arma
-¿Qué quieres de mí?- le preguntaste aun apuntándolo con Niké
-Te lo diré, pero baja esa arma
-Habla- ordenaste mientras bajabas a Niké
-Veraz, hace muchos siglos atrás yo y mis hermanos encerramos a los titanes…
-Ahórrate la historia, ya la conozco. Cronos se comió a tus hermanos, tu sobreviviste porque te escondió tu madre y bla bla bla- dejaste salir un suspiro de cansancio -dime la historia corta
-Eres idéntica a ella, como te dije… es como si estuviera hablando con mi hermosa hija Athena
-Tampoco te vengas a hacer que eras un padre dedicado- volviste a interrumpir -yo hablo muy seguido con ella, con su esencia… me ha contado mucho de su vida pasada y en ella usted mi querido dios del rayo no hace un buen papel de padre
-¿Te ha hablado solo de nuestros problemas?- te dijo
-¿A que me trajo señor del rayo?- volviste a preguntar, le viste molesto y algo murmuro en voz inaudible para ti
-El sello de Cronos esta por romperse, aquel que ha renacido como Hades no ha despertado como dios del Inframundo; eso se traduce a que su poder hace que el sello se debilite- te dijo y tu solo escuchaste -en el momento en que mi padre se libere de esa prisión despertara el resto de los Titanes. La tierra en la que vives se verá destruida para después continuar con el Olimpo
-¿Y eso en que me afecta a mi?- preguntaste sin una pisca de consideración
-¿Qué quieres decir?
-A mi no me afecta en nada que ellos despierten, si la tierra caerá a manos de los titanes así será, ya te dije… no voy a pelear, no voy a arriesgar a las personas que quedan en el Santuario para pelear una guerra que no es mía. Si era todo, entonces me retiro.
Comenzaste a caminar hacia la única puerta que había en esa gran habitación, no sabias a donde te ibas a dirigir pero ya habría alguna especie de salida de ese lugar, cualquier cosa era buena menos tener que arrojarte de una gran altura. Apenas ibas llegando a las puertas, estas se cerraron de golpe impidiéndote continuar con tu camino, miraste hacia atrás y viste que Zeus se encontraba de pie observándote fijamente, tal parecía que su Cosmo estaba en aumento, de pronto varios rayos comenzaron a rodear su cuerpo ¿o salían de este?
El ambiente se volvió muy tenso y para cuando te diste cuenta un fuerte rayo se impacto en tu cuerpo, este te estrello contra la puerta, te levantaste casi de inmediato para poder esquivar un rayo mas, una mancha negra se quedo marcada en la puerta. Elevaste tu escudo para detener uno más, pero este lo hizo añicos, un impacto de otro rayo mas se estrello en tu cuerpo, esta vez fue mucho mas poderoso que el primero que te impacto. Zeus se acerco a ti con paso firme, alzaste la mirada para encararlo.
-¿Qué esperas?- le retaste -acaba conmigo
-Eres terca, nunca se te ha quitado eso- te dijo, pero te disté cuenta de que no te lo decía a ti… no, lo mas seguro era que en ese momento estaba viendo a su hija real, a la verdadera Athena y no a la reencarnación -jamás me has hecho caso, te consentí demasiado y estas son las consecuencias
-No sé de qué me estás hablando- aun así, le respondiste -yo solo tengo tres personas que considero como a mis padres
-Que estupideces hablas- te dijo mientras se encaminaba de nuevo a su trono, te pusiste de pie con mucha dificultad -debes de respetarme cuando hablo… soy tu padre
-El que me engendro… mi padre de sangre, el cual jamás supe si me amo… no; nunca supe siquiera si me quiso un poco. De él solo escuche críticas, regaños, humillaciones… solo eso- comenzaste a caminar con algo de dificultad, sentías el cuerpo entumido -el segundo, es un gran Caballero Dorado; sobreviviente de una Guerra Santa. De él solo recibí elogios, consejos, cuidados y amor… fue uno de mis mejores amigos y confidentes, el que me consentía en todo- ahora te encontrabas de nuevo frente al trono de Zeus y le mirabas con decisión -y el tercero… el Gran Patriarca del Santuario, el hombre mas confiable de Athena, aquel que siempre fue estricto conmigo, el que me educo en toda esta madre de las guerras y reencarnaciones, el que siempre estuvo para mí, el que siempre me recibía de cada batalla con un abrazo y palabras en un idioma raro que hacían que volviera a tener calma, el que siempre me dijo cuan orgulloso estaba de mí, el que defendió a su hija de un chico que la rondaba, porque para él no hay nadie en esta tierra que me merezca… ese hombre se llamaba Shion… ellos son mis padres… pero tu… tú te apareciste así como si nada y ahora reclamas respeto y que te llame padre cuando no lo mereces
De nuevo cayeron en un profundo silencio, te dolía mucho el cuerpo y no soportaste más, caíste de rodillas al suelo; pero aún le mantenías la mirada fija en la de él, solo habían sido dos ataques y te había dejado en muy mal estado. Le viste que suspiro.
-Entonces… no me llames padre sino deseas hacerlo- te respondió, rodaste los ojos… tal parecía que no había escuchado nada de lo que habías estado diciendo momentos atrás -entonces Athena… la guerra ya esta en puerta y tienes que preparar a tus tropas para pelear…
-¡Que no lo voy a hacer! ¡¿Qué tienes en esa cabeza que no procesa lo que te estoy diciendo?!
-Es tu deber, como diosa reencarnada…
-¡Que no lo voy a hacer!- respondiste y con mucha dificultad te pusiste de pie
-Tienes que hacerlo
-Entonces toma mi vida ahora mismo- le retaste -porque no te voy a ayudar en nada, eres Zeus, el mas poderoso de todos los dioses… acaba con ellos tu solo
-No puedo- te dijo -yo jamás he tenido la necesidad de ocupar un cuerpo humano para poder reencarnar, eso no va conmigo… no soy como Hades ni Poseidón que se obsesionaron con la tierra de los humanos
-Entonces ese es tu problema
-No solo la tierra que habitas sino también el Olimpo desaparecerá, al igual que todos los dioses que viven aquí y los que han reencarnado
-No lo voy a hacer. No me importa que el mismo Olimpo desaparezca, total yo no vivo aquí. Si la tierra terminara a manos de esos Titanes a los que tanto temes que así sea- te observo fijamente -además; si no has reencarnado jamás debes de tener todo tu poder, no esta limitado a un cuerpo humano… arréglatelas tu solo
Comenzaste a caminar de nuevo hacia la puerta que te llevaría a salir de ese sitio, escuchaste que te estuvo llamando un par de veces pero lo único que le respondiste fue un amable "Púdrete en lo más profundo del infierno y quédate ahí maldito estúpido". Lo que sentiste después fue un gran rayo impactando todo tu ser para después escuchar unos pasos alejándose de ahí y unas palabras en un griego demasiado antiguo que además se escuchaban muy molestas.
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~ 2 ~
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Apenas viste otra columna mas que se encontraba ahí te acercaste lo más rápido que pudiste para no perder el equilibrio. Después de ese ultimo ataque te habías quedado en el suelo, había sido demasiado poderoso, pero al menos no perdiste la conciencia, luchaste por ello. Cuando por fin te pudiste levantar te apoyabas en las paredes, caíste algunas veces pero aun así continuabas; no querías permanecer más tiempo en ese lugar.
Pero caminabas por todos lados sin llegar a ningún lugar hasta que viste un gran quiosco en medio de todo ese sitio, no había nada ahí; más que una fuente en medio de esa estructura, no te quedo de otra mas que ir hacia ese sitio para poder descansar un poco.
-Athena- escuchaste una voz, en esta ocasión femenina, frente a ti se apareció una mujer alta y delgada, de cabellos largos ondulados de color anaranjado, parecían que danzaban con su caminar. Su piel era clara, como la porcelana y su rostro hermoso, como si hubiese sido esculpido a mano
-¿Quién eres?- preguntaste seriamente mientras tratabas de ponerte de pie pues te habías sentado en el suelo a recuperar aire
-Hera, la reina de los dioses- te respondió secamente
-Si vienes a convencerme de que acepté lo que me dice tu esposo déjame decirte que estas perdiendo el tiempo, así como le dije a ese dios de quinta que no voy a cooperar con sus problemas lo mismo te digo a ti
-Sigues igual de terca que siempre, eso lo heredaste de tu padre- te dijo seriamente
-Él no es mi padre- le respondiste -yo no soy esa Athena que piensan
-Eres una de las reencarnaciones de ella, la mas parecida no solo físicamente sino mentalmente… eres la esencia de ella- te quedaste callada escuchándola -pero tienes razón, ciertamente no es tu padre y yo no soy tu madre
-Athena nació de la cabeza de Zeus, eso lo sé- respondiste -ciertamente me da escalofrió pensar como fue ese nacimiento- pensaste para ti
-Eres muy inteligente, como debe de ser una diosa- le miraste y callaste para que ella continuara -lo mejor, como le dije a Zeus; es hablar entre mujeres… sin hombres cerca
-Ya le dije que no- respondiste -no voy a arriesgar a aquellos que aun me sobreviven, no voy a separar a personas que se aman, a familias… no dejare a hijos sin padres o al revés
-Me agrada como piensas- te dijo -pero como sabrás, por lo inteligente y astuta que eres… soy la diosa de la fertilidad
-Y del matrimonio- completaste
-¿Sabias que también soy conocida por llevar como símbolo… una granada que significa la sangre fértil y la muerte?- tal vez tu rostro demostraba sorpresa, eso si no lo sabias -veo que no, al menos hay algo que la reencarnación de la joven Athena no sabia
-No me gusta su sarcasmo- respondiste molesta
-No es sarcasmo, es sorpresa mía- te dijo de manera sincera. Cruzaron sus miradas en un corto tiempo, hasta que de nuevo hablo ella una vez mas -Athena, en verdad necesitamos de tu ayuda
-Ya le dije mis razones a…- ni siquiera te dejo terminar
-Mis razones Athena son las siguientes… no quiero perder el sitio donde vivo y tampoco quiero que la tierra perezca. Y no, no es por amor a sus habitantes; sino que es el único lugar donde a pesar de ya no creen en nuestra existencia ni nos veneran, aun saben quién soy
-Ya no se como decirles que no quiero participar…
-Dime tu precio- te soltó de golpe -dímelo, cuanto es que cuesta tu ayuda. ¿Qué es lo que quieres? ¿Oro? ¿Joyas? ¿Ser la mas hermosa y amada? ¿Quieres al hombre mas hermoso rendido a tus pies? Dímelo, no importa lo que sea yo te lo daré, con solo chasquear mis dedos todos tus deseos se harán realidad
-Jamás me podrán dar lo que yo mas deseo- le escupiste con odio
Se acerco lentamente a donde te encontrabas, su vestido largo y rosado danzaba con su caminar, te extendió ambas manos dispuesta a ayudarte a ponerte de pie. lo pensaste un poco y aun con desconfianza aceptaste su gesto, pronto un aura rosada la ilumino y está paso hacia tu persona, el dolor que sentías en ese momento fue mitigado, ella te había curado. Cerro los ojos mientras aún mantenía tus manos entre las de ella, no sabias porque, pero algo te decía que no debías de interrumpirla. De pronto abrió los ojos, te sonrió y te soltó; la viste que chasqueo los dedos de su mano derecha.
-Esta listo, tu deseo ha sido cumplido- te dijo como si nada -vivirán como siempre, como si nunca hubieran caído en el sueño eterno de la muerte
-¿De que me estas hablando?- le preguntaste
-Ahora sígueme- te dijo, con duda la seguiste.
-¿Qué fue lo que hiciste? ¿A dónde vamos?- insistías pero ella solo te ignoraba y caminaba a paso veloz, en algunos tramos tenias que correr para poder alcanzarla
-Esas ropas que traes puestas no son dignas para este lugar
-Estaba a punto de dormirme, tu esposo me secuestro- te excusaste, la viste chasquear de nuevo los dedos y una luz te rodeo. Ahora estabas ataviada con un vestido blanco y largo, tu hombro izquierdo se encontraba libre mientras que la tela se encontraba detenida en tu hombro derecho, una cinturilla de fino hilo de bronce se ceñía en tu cintura, tus cabellos se encontraban totalmente recogidos y una corona de guirnaldas adornaba tu cabeza.
-Ese estilo de vestido era el favorito de ella- te dijo
-Ya me cansé de decirles que no soy ella, soy su rencarnación. Punto final
Después de eso callaron, el resto del camino te la pasaste admirando ese vestido, se sentía ligero y se veía muy lindo. Miraste a la mujer que se encontraba delante de ti; pensaste en lo que te dijo, que ahora se encontraban con vida y ya no estarían en el sueño de la muerte. ¿Acaso se había dado la tarea de revivir a tu Orden Dorada? ¿Ella tiene el poder de hacerlo? ¿De verdad ese era el poder de los dioses que tenían el poder sobre la vida y la muerte? Te morías de ganas por regresar y comprobarlo y de ser así… ¿Cómo reaccionarias? ¿Ellos serian los mismos? ¿Seria como antes de esa guerra?
-Athena- te saco de tus pensamientos -sea lo que sea que estas pensado lo comprobaras hasta que regreses a tu mundo; pero hasta que ese momento llegue te voy a pedir que me pongas atención, lo que te voy a mostrar es importante
-Pero ya te dije que no me interesa participar…
-Después de conceder tu deseo, lo mínimo que espero es que nos ayudes
La miraste y ya no respondiste. No sabias si creerle o no, así que mejor era quedarte callada hasta que ella dijera algo mas o que hiciera algo. La seguiste hasta una habitación la cual se encontraba totalmente oscura, las puertas se cerraron y esa habitación paso a estar iluminada con miles y miles de estrellas. La viste caminar hasta el centro de ese lugar y comenzar a orar o hablar… no sabias muy bien, el griego que manejaba era demasiado antiguo, como si fuera de miles de años atrás. Comenzaste a mirar el cielo, buscando desesperadamente las Constelaciones de tu Orden Dorada, las encontraste de inmediato, tan brillantes como siempre habían estado, a lado de estas comenzaron a aparecer el resto de las constelaciones de los demás Caballeros. De pronto comenzaste a ver como varias estrellas fugaces se comenzaban a dirigir a cierto punto, ese punto se llamaba Hera, ella se mantenía con los brazos elevados hacia el cielo y las estrellas se quedaban estáticas encima de sus manos, de pronto estas comenzaron a danzar alrededor de ella y una a una fueron atrapas por sus finos dedos hasta que no quedo ninguna.
Camino hacia donde te encontrabas y te mostro sus manos, en ellas había muchas piedras que se encontraban rebosantes de luz. Las miraste atentamente y te diste cuenta de que parecía un líquido que se encontraba danzando dentro de un contenedor de cristal, parecía que cada una de ellas tenia una galaxia. Te insistió a que tomaras una de ellas, pero había de varios colores; tomaste la que mas te gusto, una de color celeste. La miraste más de cerca, parecía que tenía vida propia.
-¿Qué es esto?- preguntaste en susurro, pero ella no te respondió; en cambio salió de ahí y tu la seguiste de cerca. Ella no te dijo en nada en todo el camino, solo la viste caminar por varios pasillos y meterse en una habitación, busco entre muchos objetos hasta dar con una pequeña caja de oro con varias joyas adornadas en el, la abrió y observaste que el interior de esa caja se encontraba revestido con tela roja y en el fondo un pequeño cojín del mismo color, ahí coloco todas las joyas que había en su mano, las contaste conforme las iba colocando dando un total de 11.
Cerro la caja y te la entrego en las manos, la tomaste y continuaste siguiéndola. No sabias a donde iba, y también parecía que ya no quería hablar mas contigo, miraste la caja y la abriste, ahí se encontraban radiantes aquellas joyas, metiste la que tenias en la mano y volviste a cerrarlo. Preguntaste una vez mas a donde se dirigían pero ella te volvió a ignorar, el largo camino las llevo a una especie de casa, templo… no sabias como describirlo. Había dos guardias que se encontraban resguardando la entrada de ese sitio, ellos dejaron pasar a Hera sin problema alguno pero cuando llego tu turno, te bloquearon el paso y te miraron de arriba hacia abajo, Hera les dijo que venias con ella y solo así te dejaron pasar, les dedicaste unas "lindas palabras" y pasaste con ella.
-¿Una biblioteca?- dijiste al ver que se encontraba llena de libros, miraste hacia el techo y viste que había un mapa con varias estrellas -que linda
-No es solo es una biblioteca Athena- te dijo -es una puerta, la que te llevara a tu hogar.
-¿Este lugar?- dijiste con algo de burla -no veo de donde- pero te callaste cuando observaste que te miraba con algo de enojo -ah… ¿Qué es lo que tengo que hacer?
-Todo tiene un precio Athena- te dijo y le miraste con sorpresa -tu regreso a tu mundo, el que halla realizado tu deseo, esas piedras que tienes en tus manos
-Ah no, eso si que no- le respondiste y le entregaste la caja que ella no tomo -yo no quiero nada de eso, yo no pedí que me trajeran aquí- dejaste caer la caja al suelo, de nuevo estabas comenzando a ponerte furiosa -No haré nada de lo que me están pidiendo
-Escúchame bien niña estúpida, vas a pelear una batalla más; porque si de algún modo llegaras a sobrevivir a esta posible extinción humana y de dioses, habrá más guerras, tendrás que pelear quieras o no
-No lo haré, ya no puedo pelear mas
-Lo harás, una vez más- te miro fijamente, de algún modo esa mirada te intimidaba demasiado -no lo harás sola, esas piedras que acabas de tirar en el suelo son un aditamento para sus armas
-¿Para sus armas?- preguntaste -¿Cómo que para sus armas? ¿crees que voy a pelear acompañada de mis Caballeros?
-Tonta- te dijo y tu respingaste ante tal atrevimiento que ella se estaba tomando contigo -esas doce piedras representan a los doce Olímpicos, una de ellas; la que tomaste es la tuya, ya nadie más la puede tener
-Si dices que es de los doce Olímpicos, quiere decir que son de las personas que han reencarnado como dioses, ¿o me equivoco?- ella asintió a tu respuesta -pero si Zeus nunca a reencarnado como humano, ¿Dónde queda el puesto de él?
-Las reencarnaciones de dioses han estado vigentes durante muchos siglos, cada uno de ellos renace cuando debe de renacer, se debe de mantener un balance- te comenzó a explicar mientras tu te encontrabas cruzada de brazos -además de ti y los demás dioses con los que has hecho conexión, hay más. Recuerda que no solo hay dioses principales; sino también menores, que son los que mas abundan, solo algunos te ayudaran a llevar a cabo esta guerra
-¿Y porque no se lo pides a ellos? Es más… ¿Por qué mejor no se lo pides a Poseidón o Hades? Ellos están a la par de Zeus, deberían ser ellos los que estén aquí y no yo
-Porque tu eres la diosa de la tierra, la guerra que se aproxima es en tus dominios, no en los de ellos
-Lo siento… pero no lo haré- continuaste con la negativa, ella dejo salir un suspiro de cansancio -así me tenga que quedar aquí los días que sean necesarios hasta que me pueda ir lo haré- comenzaste a elevar tu Cosmo y adoptaste posición de batalla -así tenga que pelear en tu contra
Te abalanzaste de inmediato en contra de ella, pero Hera se mantuvo sin moverse ni un milímetro, preparaste uno de tus golpes pero jamás la toco, te quedaste sin poder mover un solo musculo, imprimiste mucha energía para recuperar el movimiento pero no pasaba nada, de nuevo la viste chasquear los dedos, de esa manera volviste a moverte pero caíste al suelo. La seguiste con la mirada, ella te observo y sentiste un poderoso Cosmos a su alrededor, te pusiste de pie e invocaste a Nike, esta arma apareció y de inmediato se transformó en esa bella espada que blandías.
-Es la primera vez que veo que el Cetro que ella porta desde la era del mito cambia a otra arma diferente- te dijo -sin duda alguna eres la reencarnación mas poderosa, debes de tener casi los mismos poderes de ella
-Encantada de demostrarte lo que se hacer- le amenazaste, ella toco con la punta de su dedo la hoja de la espada y esta de inmediato regreso a ser un báculo, te encontrabas sorprendida ante tal acto
-¿Cuánto tiempo más estarás aquí?- te pregunto -el tiempo en este sitio no corre de la misma manera que en tu mundo, mientras que aquí tienes un poco mas de 4 horas en tu mundo ya ha pasado 7 días
-¡¿Cómo que 7 días?!- preguntaste con sorpresa
-Deben de estar buscándote como locos- tomo la caja que estaba en el suelo, te la volvió a entregar -te enviare de nuevo, con una condición
-Ya se cual es, pero no lo voy a hacer
-Lo harás, cuando te des cuenta de que yo he cumplido con mi parte
-En el hipotético caso que así sea, que me hallas devuelto a mi familia… podría considerarlo- le respondiste -pero en ese caso seria solo yo, quien pelee. Nadie mas
-No podrás hacerlo sola- te dijo -necesitas de los otros dioses
-Solo podría contar con dos de ellos, pero tampoco quiero arriesgar la vida de ninguno de los dos
-Tendrás que buscar mas ayuda- te dijo -si es que quieres hacerlo sola
-Tranquila- respondiste -ni siquiera se si es verdad que me has regresado a mi Orden Dorada, porque donde solo estés jugando con mi luto por ellos… te juro que regresare a este sitio; no tengo idea de como lo haré, pero cuando llegue ese momento, voy a acabar no solo contigo sino con el patán de Zeus así tenga que morir
Tal vez dentro de ti te encontrabas aterrada, podías sentir que el Cosmos de ella y de Zeus eran inmensamente gigantes, ya lo habías comprobado con el simple ataque que te había proporcionado el dios del trueno; pero aun así no podías mostrarlo, tenias que dejarle en claro que no te ibas a dejar intimidar en ningún momento. Ella solo sonrió, tal parecía que esa actitud rebelde, de no ser domada en ningún momento a pesar de estar en clara desventaja le llamaba la atención.
-Athena- te llamo -baja la guardia, ambas somos diosas y no debemos rebajarnos, no somos como los hombres
-En eso, estoy de acuerdo- respondiste
-Te lo pediré una ultima vez- te dijo y le miraste -regresaras a tu mundo, en el momento en que llegues y compruebes que tu deseo, que tu familia te está esperando… tendrás que aceptar
-¿Ayudarlos?- preguntaste con duda -¿a ustedes?- ella asintió -siguen en la misma- te tendió la mano y pensaste en tomarla, después de unos segundos elevaste tu mano pero solo quedo ahí -lo hare con una sola condición
-¿Cuál?- te pregunto, estabas tratando de tomar el control de la situación
-Me has estado diciendo una y otra vez que necesitan de mi porque soy la que domina la tierra, a los humanos- ella asintió -que también necesito unir fuerzas junto a otros dioses, no solo con quien he firmado; por así decirlo, un acuerdo de paz en esta era
-Efectivamente- te volvió a responder
-Que esta famosa guerra; según ustedes, sus predicciones… es contra los famosos Titanes, inclusive creo que con el más famoso de todos… Chronos
-Así es- te volvió a decir
-Si es verdad, si en realidad me devolviste a mi Orden mas amada…- suspiraste, no querías hacerte una falsa ilusión, no querías mas dolor en tu corazón, no querías despertar en tu cama y que todo lo que te había prometido esta diosa fuese producto de un sueño -si es verdad lo que mas dicho, yo misma liderare el ataque en contra de ellos, será la primera en la fila de la batalla
-¿Cuál es tu condición para que crea en tu ayuda?- te pregunto
-Que peleare solo yo, ninguno de mis Caballeros… incluyo a todas las ordenes, a los aspirantes, a los soldados…. Nadie de ellos se vera involucrado en esta estúpida pelea que ustedes tienen con los titanes
-¿Estas dispuesta a pelear sola, sin ayuda de tu armada?- asentiste
Viste que ella estaba pensando en todo lo que le habías dicho, algo dentro de ella estaba buscando una falla, alguna mentira que hayas dicho y se encontrara escondía entre todas las palabras que le habías mencionado; pero nadie mejor que tu sabía que no había falsedad en ellas, sabias que si en verdad podías estar de nuevo con ellos, no los ibas a volver a arriesgar, no ibas a permitir que ninguno de ellos volviera a irse de tu lado, ninguno. Ella volvió a extender su mano hacia tu persona y ahora sin pensarlo la tomaste, viste que encendió su Cosmos y un halo de energía rosada la envolvió, esta pasó a tu persona y de pronto sentías algo que quemaba tu brazo izquierdo, desviaste la mirada y comenzaste a ver como aparecía una marca.
Esa marca solo se asimilaba a una gran S, a lado de esta había dos puntos y encima de esta había una línea mientras que la parte baja había un diseño de una guirnalda que casi encerraba aquella letra algo deforme, la miraste y ella soltó tu mano, de inmediato pasaste tu mano derecha encima de esa marca pero ya no ardía, ya no dolía… era como si siempre hubiera estado en ese sitio.
-¿Qué es esto Hera?- preguntaste sorprendida y asustada -¡¿Qué chingados es esto?!
-Esa marca te obligara a realizar la tarea que me acabas de prometer, que te enfrentaras a ellos
-¡Pero ya te lo había dicho!- gritaste
-Necesito garantías- te dijo y la miraste colérica -creo tus palabras, pero no tus acciones. Si no llegas a cumplir tu palabra, si a la hora decisiva no te acudes al campo de batalla… esa marca tomara tu vida
-¿Mi vida?- preguntaste temerosa, esta vez tu voz te traiciono
-Solo la tuya, la de tus Caballeros quedara intacta. Seguirán viviendo después de que tu mueras
-¡Estas loca!- le gritaste -¡Yo siempre cumplo lo que digo!
-Si lo haces, esa marca desaparece cuando la batalla halla llegado a su fin, hasta entonces la mantendrás en tu cuerpo
-Está bien- le respondiste aun molesta -regrésame a mi mundo
Te llevo hasta el centro de aquel lugar, la viste que comenzó a rezar y de pronto toda la habitación se lleno de luz, cerraste los ojos y dejaste salir una larga exhalación.
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~ 3 ~
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Hera se mantuvo ahí hasta que la luz dejo la habitación y esta regresó a la normalidad, pronto sintió una presencia que se acercaba a ella, pero no se coloco a su lado, al contrario; camino hasta donde momentos antes la joven reencarnación de su hija se puso para poder regresar a la tierra en la que vivía. Zeus desvió la mirada hacia Hera, ella se encontraba seria, con la vista fija en su marido.
-¿Por qué dejaste que volviera?- le pregunto
-Ella no pertenece al Olimpo, debes de entender que no es tu hija… ella es solo su reencarnación- el dios del trueno solo la observo, quería que lo convenciera de que estaba mal de querer que la joven se quedara ahí, la diosa solo dejo salir un suspiro -se parece tanto físico como mentalmente pero no es tu hija, además después de los ataques a su persona no creo que haya nacido amor
-Ella se lo busco, yo trate de hacerla entrar en razón
-Pero no lo hiciste- le reclamo -tuve que hablar yo con ella para convencerla de que nos preste su ayuda
-La ataste- le corrigió
-Solo es una medida de seguridad- le dijo -¿acaso no te diste cuenta Zeus?- se acercó hasta quedar frente al hombre que la superaba en altura -¿te diste cuenta?
-¿De qué?- trato de desviar el tema
-Esa mujer tiene mas poder de lo que ella sabe- le dijo -esa mujer que ha reencarnado como tu hija tiene un poder similar al de ella, al de tu verdadera hija
-Lo es- respondió
-Si ella lo deseara, podría acabar con la vida de nosotros
-No tienes por que pensar eso- le comento -no lo hará, no será capaz- le aseguro -no mientras lo que le has prometido sea real
-Es real- le respondió
-Reviviste a unos mortales sin mi autorización… debe de haber una razón Hera
-A pesar de que ella persiste en luchar sola, sin que ninguno de ellos la ayude yo sé que no será así- la diosa dio la vuelta y salió de ahí seguida de su esposo -ellos la aman tanto que si ella va a la batalla ellos la van a seguir y no importa que ella no quiera inmiscuirlos… ellos no van a preguntar
-Me recuerda a esos primeros reyes de hombres que ella conoció… cuando decidió dejarnos- comenzó a recordar -todos ellos la amaron, unos simples mortales se enamoraron de una diosa… patético- sonrió amargamente -por culpa de ellos mi amada hija murió
-Te recuerdo que fuiste tu quien tomo la vida de ella con tus propias manos- le dijo y Zeus dejo de caminar -ella se negó a volver, tu enviaste a tu guardia… era imposible que aquellos que la protegían iban a dejar que la tocaras, para eso estaban ellos, pero en el corazón de ella había amor… amor hacia esos jóvenes guerreros… por eso prefirió dar su vida en lugar de volver contigo- su esposo se había quedado callado ante ese recuerdo
Él sabia mejor que nadie que su hija se había atravesado en su ataque final, deseaba acabar con la vida de esos hombres que se habían atrevido a alejar a su hija de su lado, pero ella… su terquedad fue la que hizo que ella se pusiera en medio de ese ataque, prefirió salvar a aquellos humanos con lo ultimo de su fuerza en lugar de curarse a si misma. Lloro la muerte de su hija como jamás pensó que lloraría, incluso declaro en el Olimpo 180 días de luto, paso de largo a su esposa y se encamino a sus aposentos.
-Ellos son la reencarnación de esa antigua armada de reyes de hombres, así como ella es la reencarnación mas fiel de tu hija- le dijo en voz alta -por eso pelearan hombro con hombro.
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Zeus ya no quiso escuchar nada mas del veneno que salía de Hera, sabia muy bien que jamás había visto con ojos de amor a Athena, que en lo mas profundo de su ser le tenia odio, pero ella no era estúpida; si de algo presumía Hera es que todo lo que hacia lo pensaba muy bien. Y como ella le había dicho, que mejor que ella para convencer a la reencarnación de Athena de pelear por ellos. Cumplió, a pesar de tomarse muchas libertades consiguió que la humana cooperara con ellos.
Durante su camino hacia sus aposentos, jamás quito de su mente las últimas palabras que le había mencionado su esposa antes de dejarla en el Salón Terrestre. Y sus memorias pasadas, de ese maldito día volvieron a él como un fuerte golpe.
-Todos ustedes, se atrevieron a alejar a mi amada hija de mi lado- les dijo a todos aquellos hombres que se encontraban tirados en el suelo -y no les basto eso, no… claro que no… inclusive se atrevieron a posar sus ojos en ella, como si se tratara de una simple humana… como si se tratara de uno de los suyos
Los jóvenes que se encontraban tirados en el suelo de los Campos Elíseos estaban ensangrentados, sus armaduras desechas y con sus vidas peligrando, apenas y tenían la fuerza para continuar respirando. Zeus se acerco a uno de ellos y lo tomo de los cabellos para que le mirara fijamente. Sabia de antemano quien era ese hombre… sabia que le había ofrecido todo su reino a su joven hija como también sabia que el corazón de ella le pertenecía a él.
Koren le sostuvo la mirada, no se iba a dejar intimidar por ese dios, habían vencido a varios de los suyos, la tierra que pertenecía a los humanos se encontraba en paz, Athena se había convertido en la diosa protectora de ellos… simplemente por el capricho del dios del trueno, por la insistencia de querer que ella volviera al Olimpo… no… era algo que ni él ni los demás iban a permitir, para eso ellos se habían convertido en Caballeros de la diosa Athena, para eso ellos había jurado cuidar de ella aun a costa de su propia vida.
-Déjalo en paz- escucho la voz de su hija, el cerro los ojos esperando a que solo fuera una ilusión -¡te dije que lo dejes en paz!- le volvió a gritar
-Athena, hija- le llamo y dejo caer al suelo al hombre -mira en que condiciones estas, eres una diosa… no puedes estar así
La joven que se había presentado ante él se encontraba lastimada, apenas y se podía mantener en pie. La sangre cubría el rostro de ella ocultando sus bellos rasgos. Zeus se acerco para poder tomar entre sus manos el rostro de su hija, sin embargo ella se alejó de ese tacto. Si previo aviso elevo su espada y comenzó a pelear en su contra, él no deseaba lastimarla, ya sus guerreros habían hecho lo necesario… acabar con sus caballeros más leales, acabar con su guardia personal, con aquellos que la amaron… con aquellos que ella amo.
Los golpes de ambas espadas resonaban en todo el lugar, los Caballeros de su hija querían volver a levantarse una vez mas al observar que la diosa a la que protegían aún seguía de pie; pero estaban demasiado heridos y sin energía alguna como para poder ponerse de pie una vez más. Eso solo le dio más fuerza de voluntad a su hija quien no paraba de luchar.
Así que sin más, en una oportunidad que el mismo dios forjo una oportunidad y golpeo a su hija con la empuñadura de su espada en la cabeza haciéndola perder por unos segundos el conocimiento. Zeus invoco todo su Cosmo y un gran rayo de energía pura se formo en su mano derecha, los jóvenes humanos sentían el peligro cerca, sentían que su vida estaba a punto de terminar, pero si así le podían comprar algo de tiempo a su joven diosa, a su compañera de batallas… lo harían.
Zeus lanzo su ataque, ellos esperaron su destino final que iba a ser pagado con la vida de ellos mismos. Pero con lo que el padre de todos los dioses no contó fue que ese rayo quedo impactado en el cuerpo de su hija mientras que el cuerpo de los humanos se encontraba protegidos con unas esferas de Cosmos que poco a poco los estaba comenzaban a curar. La joven cayó de rodillas al suelo aun con el rayo de energía incrustado en su cuerpo, la sangre no tardo en aparecer por medio de sus labios.
La escucho susurrar algo y los humanos desaparecieron de ahí, no sin antes gritar el nombre de la joven. Cuando se dio cuenta de que sus Caballeros ya no se encontraban ahí, ella cayo al suelo sin vida. Zeus se acerco a ella y la acuno en su pecho, soltó un grito de dolor al darse cuenta de que había tomado la vida de su hija con sus propias manos. El cielo de los Campos Elíseos se torno oscuro y una fuerte tormenta eléctrica se desato.
Los funerales de la joven se hicieron con lo mejor que el Olimpo podía otorgar. Jamás se iba a perdonar la falla que había tenido al haber errado ese ataque.
-Han pasado tantos siglos… y aun es un recuerdo que llevo muy grabado. Y ahora que has reencarnado me odias, y no solo tu; sino también ellos… también él.
Bueno, veamos como sigue continuando esta Pandemia, pero si de alguna manera puedo sacarlas de su aburrimiento durante 15 minutos, cuenten con eso. Díganme, escríbanme que les pareció la continuación y nos seguimos leyendo. Cuídense mucho y nos vemos para la otra.
