El segundo cap. Awn, boi, nos espera más de un mes de esto.


II

Sus ropajes son viejos y gastados, pero no como los de Aziraphale —que más que «gastados» podrían denominarse, según él, «bien amados»—, sino… como si no le importara qué viste en tanto su indumentaria cumpla con la función básica de cubrir su cuerpo.

No obstante, Aziraphale no la juzga por esto.

Como tampoco lo hace cuando la mujer le solicita secamente «un sombrero de moscas».

¡Un sombrero de moscas!, se dice Aziraphale. ¡Qué ocurrencia!

Pero ni siquiera entonces la juzga, ni mientras le dedica más tiempo del habitual a este pedido en particular (después de todo, es la primera vez que ha recibido un pedido así).

Cuando finalmente finaliza el encargo, han pasado tres días. Aziraphale coloca el sombrero en el mostrador, y espera pacientemente a que sean las siete de la tarde: la hora en la que su clienta vendrá a por su sombrero.

O eso es lo que él piensa que pasará, hasta que él aparece.


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-Pekea