IX

Cuando abre los ojos, está empapada en sudor. Sus ropajes se pegan a su piel, el calor agobiante amenazando con hacerle perder la conciencia nuevamente.

Y todo a su alrededor arde.

—N-no…

Al instante, el humo le provoca una tos imparable, por lo que se apresura a cubrir su boca con una de las mangas del saco ridículamente grande que lleva puesto.

Es entonces cuando la puerta se abre de golpe y ve a un hombre con anteojos negros irrumpiendo en la habitación.


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-Pekea