Hola a todos. Antes que nada, pido una disculpa por no haber dado el anuncio de las actualizaciones. Como la mayoría de los países están ya volviendo a la normalidad, por así decirlo; retome la idea de estar actualizando cada 15 días, como originalmente lo tenia contemplado. Mi error fue el no haberlo anunciado, así que a partir de hoy los capítulos se estarán actualizando cada 15 días. La única razón por la que me retrasaría seria por exceso de trabajo en el hospital, pero confió en que me podre dar tiempo para poder estar al día con el fic.
Cabe señalar, que soy originaria de México; vivo en uno de los estados donde la cantidad de contagios es de alrededor de 730 infectados por día y +20 muertes diarias, así que la carga de trabajo que tengo junto a mis compañeros es enorme, no están para saberlo pero ha habido días en los que me he quedado en el nosocomio y no veo a mi familia en días. Si; estoy cansada, agotada, muero de sueño. Así que si de repente pasan los 15 días y no he actualizado es por el cansancio, porque saliendo de mi trabajo lo único que quiero es dormir al llegar mi casa.
Este fic se publica no solo aqui, sino que una amiga tiene mi permiso de publicarla en watapadd o como se escriba la vaina esa, así que para las chicas que lo leen solo ahi, lo mismo, no es que abandone la historia, es el cansancio y el sueño que no me dejan tomar la laptop, ver la tele o estar en el celular. Asi que les pido a las chicas de esa plataforma que no bombardeen a la joven preguntando cuando va a pasar mi historia, cuando yo subo el cap, le mando aviso y ella viene y lo copia para esa plataforma.
Segun yo, es todo lo que vengo a aclarar, sin mas les dejo la siguiente parte para que se entretegan un ratito y puedan entretenerse, como siempre... Agradecida con las lecturas de ustedes, que aun les guste el fic y nos vemos la siguiente quincena. Cuidense mucho, laven sus manos cada que sea necesario, usen correctamente el cubrebocas y mantengan su distancia. Sobre todo, sino tienen a que salir, no salgan. Nos vemos.
~ 1 ~
Te encontrabas demasiado agitada, apenas y podías continuar respirando, trataste de tranquilizar tu respiración pues el ruido que hacías al jadear era demasiado fuerte. Paso al menos dos minutos, o eso era lo que creías, te asomaste con mucho cuidado mirando a todos lados, tal parecía que habías perdido de vista a tus oponentes, desviaste la mirada al cielo y te diste cuenta de que esta estaba comenzando a teñirse de colores naranjas y amarillos. Te volviste a meter a la cueva que habías encontrado en aquel bosque y dejaste salir un suspiro y rápidamente tapaste tu boca con tus manos esperando no delatar tu ubicación. Posaste tu mano encima de tu hombro derecho, pronto habría un bonito moretón que adornaría tu cuerpo.
-Puto Sorrento- pensaste, todo con tal de no hacer ninguna clase de ruido que pudiera delatar tu ubicación -pega duro con es pinche flautita, pero en donde se descuide se la voy a romper
Cerraste los ojos, tratando de aumentar tu concentración… no escuchabas nada que fuera sospechoso, pero sabias que ellos estaban ahí, maldita la hora en la que te toco ir con Afrodita, esta bruja te había tomado por sorpresa.
.
.
-Hola- saludaste a una joven que se encontraba sentada en un prado -disculpa que te haya interrumpido
Viste que la chica se puso de pie, cuando se giró hacia dónde estabas tú y los demás chicos te pudiste percatar de que era demasiado hermosa, jamás habías visto a una mujer de tan hermosas facciones. Su piel era clara como la porcelana más refinada, sus ojos azules eran la envidia del mar y del cielo, su cabello rubio hacía que el oro pareciera insignificante, era delgada y con unas hermosas curvas que podían invitar a la lujuria a cualquier hombre que se le presentara en su camino.
Desviaste la mirada hacia atrás, tus acompañantes se habían quedado aún más sorprendidos que tú, incluso Shaka y Milo… pero ni siquiera sentiste celos o coraje, no… ella era demasiado hermosa y no había mujer en esa tierra que se le pudiera comparar. En verdad… la digna representante de la diosa del Amor.
Despertarte de tu ensoñación, de tu distracción de ese momento cuando la viste que se acercó hacia dónde estabas. Te observo de arriba hacia abajo y después miro a los hombres que te acompañaban. Viste que sonrió, volviste a caer hipnotizada por ella, sus labios eran muy bellos y suaves a la vista, incluso podrías decir que el color rosado que los adornaba era natural.
-Eres la diosa de la Sabiduría, Athena- te dijo rompiendo el silencio, incluso su voz parecía que eran el tintinar de hermosas campanillas que eran movidas por el viento -¿Qué te trae hasta aquí?
-Perdón- respondiste de nuevo despertando de tu ensoñación -así es… y tú eres Afrodita
-¿Para qué viene hasta aquí la gran diosa de la Guerra?- te pregunto pero en esta ocasión sentiste algo de hostilidad en ella.
-Unos dioses con los que me he aliado y yo acabamos de entrar en guerra contra los Titanes que Zeus y sus hermanos derrotaron- comenzaste a relatar, pero ella parecía que estaba más ocupada observando a los chicos -y para poder ganar la batalla en contra de ellos, necesitamos la ayuda de los dioses que podamos encontrar
-¿Para qué lo haría?- te volvió a preguntar -no gano nada, a lo mucho lastimaría mi cuerpo y ganaría algunas cicatrices y es algo que no estoy dispuesta a aceptar
-Bueno… pero nos puedes ayudar con algo mas
-¿Ah sí?- pregunto dudosa -¿con que?
-Resulta que tenemos unas piedras, las cuales absorben un poco de Cosmos del portador; si no quieres ir a batalla, lo entiendo- le comentaste -pero te podrías quedar con una de esas piedras y en el momento en que la necesitemos nos la haces llegar
-¿Y cómo sería eso?- su comportamiento estaba comenzando a cambiar demasiado, la forma en la que se movía, su tono de voz… estabas comenzando a dudar
-Con ayuda de mi Cosmo- respondiste -¿podrías prestarnos tu ayuda?
La viste que se puso a pensar, en varias ocasiones la miraste abrir sus labios, pero no decía nada. Después de un corto tiempo que a ti te parecido eterno la viste sonreír
-Lo siento, pero no puedo- soltó fríamente
-Pero… ¿Por qué?
-No quiero saber nada de eso- te dijo arrogantemente -soy Afrodita, la diosa del amor, la más bella de todas… ¿Por qué debería inmiscuirme en una guerra que no me interesa?
-Porque si no lo haces, sino prestas tu ayuda toda la tierra y el universo entero caerá en manos de Chronos
-No me afecta- te dijo y la viste encender su Cosmos, pues sus largos cabellos comenzaron a ondear, sus ojos se iluminaron en un tenue color rosado -además… no creo que a mi guardia personal le guste que yo, su diosa pelee
-¿Guardia?- preguntaste, miraste a todos lados pero desde que habías llegado no habías visto a nadie más, tal vez los estaba llamando -¿De qué hablas Afrodita?
-Si logras derrotarlos, te ayudare- te dijo sonriente -sino… me los quedare. Me hace falta mucha compañía
-¡¿De qué diablos estás hablando mujer?!- preguntaste ya molesta
-Es toda suya, no dejen que se me acerque- escuchaste que ordeno
-Atentos- ordenaste
En una fracción de segundo sentiste que tenías que alejarte de ahí y obedeciendo a tu instinto te moviste, lo siguiente que observaste era una densa nube de polvo que para cuando se dispersó te dejo ver a tus oponentes.
-Imposible- susurraste, los ojos de ellos se encontraban ahora iluminados al igual que como los había tenido Afrodita anteriormente
-Morirás Athena- escuchaste que dijo Aiacos
-No tocaras un solo cabello de nuestra diosa Afrodita- hablo Milo
-Chingada madre- susurraste -hombres tenían que ser- miraste a Afrodita que se encontraba detrás de ellos -¡Maldita zorra!
Después de eso, no pudiste gritarle todo lo que ella se merecía, pues fuiste atacada por esos chicos de inmediato.
.
,
No se podía escuchar nada, sin más te dejaste caer al suelo para poder descansar un poco, dirigiste tu mano hacia la bolsa trasera de tu pantalón para observar la hora, pero tu celular se encontraba totalmente estrellado, dejaste salir un suspiro… te habías quedado sin móvil.
Cerraste los ojos derrotada, no podía ser peor. Algo dentro de ti te impulso a ponerte de pie, apenas tuviste el tiempo de poder esquivar el ataque de Milo, sus agujas habían quedado incrustadas en el suelo, saliste de ahí y comenzaste a correr por todo el bosque. Miraste detrás de ti, entre los árboles se podía observar que Escorpión iba acompañado de Aiacos y Joshua, aceleraste el paso, escuchaste un ruido proveniente de algún lado, tu instinto te obligo a mirar hacia arriba, era Renné que estaba dispuesto a atacarte, frenaste y casi caes al suelo por la velocidad que llevabas, el sonido de un golpe se escuchó en el sitio levantando una nube de polvo, no te quedaste a ver como se encontraba, continuaste con tu carrera ahora desviada hacia el camino de la izquierda.
De pronto un golpe te mando a estrellar tu espalda contra un árbol. El impacto fue demasiado fuerte, pero no tuviste tiempo de quejarte, ya que en el momento en que abriste los ojos tuviste que reaccionar rápido, quitándote de ahí. Un puño quedo incrustado en el tronco de ese árbol.
-¡¿Qué demonios te pasa Shaka?!- le gritaste
-No te atrevas a llamarme por mi nombre, una enemiga de la diosa a la que cuido no tiene ese derecho
-Imbécil- susurraste
Shaka comenzó a atacarte sin darte un segundo a respirar, lo único que podías hacer era esquivar aquellos golpes. Tu cuerpo se movía de izquierda a derecha, de arriba hacia abajo, deteniendo alguno que otro golpe que él te lanzaba, de pronto una patada te mando a besar el suelo, de nuevo te pusiste de pie.
-El que faltaba- te dijiste
Ahora tenías que esquivar los golpes de Virgo y de la Marina de Poseidón, ambos se coordinaban de maravilla y eso si no te lo esperabas. Debido a la dificultad de ambos oponentes ahora si comenzabas a recibir el daño de alguno que otro golpe. Pronto sentiste que los Cosmos de los restantes se estaba acercando a donde se encontraban, observaste una abertura en Sorrento y le diste un fuerte empujón hacia atrás, te volteaste rápidamente y detuviste la patada que estaba a punto de darte Shaka, tomaste su pierna con ambas manos y lo mandaste a estrellarse en contra de Sorrento, apenas te diste cuenta de que ambos cayeron al suelo comenzaste a correr.
El camino ahora se encontraba en bajada; eso aumento tu velocidad, pero sabias que si no la controlabas pronto ibas a caer. No querías pelear, no deseabas hacerlo, era más que evidente que estaban siendo controlados por esa diosa con la que te habías encontrado en la tarde, pero si no hacías nada esos "angelitos" serian capaz de matarte. No te diste cuenta en qué momento cayo la noche, miraste hacia arriba, el cielo se encontraban completamente estrellado, pero de pronto observaste como una sombra aparecía y te apuntaba con la mano.
-¡Muere!- escuchaste que te grito
Apenas tuviste el tiempo de frenar, pero no pudiste evitar salir volando debido a la onda que el ataque formo, en el suelo había un cráter, de pronto observaste unas luces rojas, maldijiste por debajo y trataste de esquivar, pero no pudiste hacerlo por completo, una de las agujas de Milo se había incrustado en tu pierna derecha. El ardor que sentiste en ese momento no sabias como explicarlo, ahora sentías lo que los enemigos de él, te pusiste de pie con mucha dificultad, tus piernas apenas te podían sostener, ya tenías muchas horas corriendo, de pronto te viste rodeaba.
Cada uno de ellos se encontraba observándote, estaban a punto de atacarte con todo lo que tenían. Escuchaste que cada uno de ellos evoco su más poderoso ataque. Pero en esta ocasión ya no te ibas a dejar, dejaste explotar tu cosmo y tu Barrera apareció, esta se encontraba girando fuertemente; habías repelido todos y cada uno de los ataques de ellos, desapareciste aquella barrera y extendiste tus brazos, una onda de energía se dejó sentir en el sitio y estos salieron a estrellarse en contra de lo que hubiera en ese lugar. Caíste de rodillas, el más próximo a ti era Milo que se encontraba algo ido, no podías ir a ver como estaba, no en ese momento; así que con las ultimas fuerzas que te quedaban te pusiste de pie, de nuevo comenzaste a correr.
.
.
Tus ojos ya te pesaban, estabas demasiado cansada como para continuar corriendo y tenías mucho sueño además de hambre y tu cuerpo se encontraba muy adolorido. Después de haber recibido aquel ataque de Milo, el dolor de tu pierna no cesaba, parecía que estuviera quemándose, como si brasas estuvieran amarradas a tu piel.
-Ahora sí, esos dos me las van a pagar y muy caro- susurraste muy molesta
Miraste hacia el cielo, la luna se encontraba en su máximo esplendor lo que significaba que ya casi era media noche o ya pasaba de la media noche y aún se encontraban buscándote, esos sí que no se cansaban. Tenías que ver cómo era que ibas a encargarte de esos 6, maldita la hora en la que esos dioses de quinta te habían dejado a los más fuertes, no podías lastimarlos; eran muy necesarios para ayuda de todos, pero tampoco podías dejar que te siguieran hiriendo de esa manera. Pronto escuchaste el sonido de un rio, ese sonido hizo que tu boca se comenzara a secar, tenías mucha sed, saliste del hueco de un árbol que usaste como escondite mirando atentamente todo el sitio.
Bajaste y caminaste lentamente hacia donde se escuchaba aquel sonido, pronto llegaste a ese rio, continuaste alerta y al no sentir a nadie te pusiste de rodillas y comenzaste a beber con ayuda de tu mano, pero esta no cesaba la sed de querer tomarte toda el agua de ese rio. Así que te agachaste y sumergiste tu rostro, lo sacaste de inmediato y dejaste que el agua resbalara por tu cuello, estabas a punto de volverlo a hacer, pero casi al momento de llegar a tocar el agua con tus labios alguien coloco una mano encima de tu cabeza y comenzó a ahogarte.
Comenzaste a tratar de salir de ahí pero sencillamente no podías, esa persona se había sentado arriba de ti y con ambas manos te estaba ahogando, liberaste tu cosmo para alejarlo de ti y rápidamente sacaste tu cabeza de ahí. Comenzaste a toser y tus pulmones a buscar aire, esa persona te dio una fuerte patada en el centro de tu cuerpo y te alejo de ahí, apenas ibas a ponerte de pie y de nuevo sentiste una patada, pero en esta ocasión en tu rostro. Dirigiste tu mano hacia este y pronto sentiste algo sabor metálico en tus labios, una patada más y te estrellaste en un tronco de un árbol.
-Arriba- escuchaste que te dijo -quiero que me observes, para que sepas quien va a ser el que te va a enviar al infierno- te pateo de nuevo y ahora tu cabeza se golpeó con una roca
-Ahora sí, ya sacaste boleto Aiacos- susurraste y detuviste la patada que iba de nuevo a tu rostro, este te tomo del cabello y te puso de pie
-Así me gusta, que mi oponente no sea débil
-Cállate- le susurraste y explotaste de nuevo tu Cosmo
Comenzaste a golpearlo mientras revestías tus puños de tu Cosmo, estabas furiosa no solo con esa diosa sino con esos que te acompañaban. Aiacos trataba de golpearte pero no podía, habías aumentado tu velocidad, el Espectro solo se pudo dedicar a tratar de detener tus golpes, pero uno que otro se le iba, la mayoría de esos iban dirigidos a su rostro, te dejaste caer y le diste una barrida que lo hizo perder el equilibrio y antes de que cayera al suelo le diste una patada en su rostro, le habías impreso tanta fuerza que su cabeza se golpeó fuertemente en una roca aún más grande que con la que tú te habías golpeado. De inmediato perdió el conocimiento.
Te dejaste caer al suelo, estabas cansada. Miraste tus manos, estas dolían demasiado, siempre que peleabas cuerpo a cuerpo era porque tenías puesta la armadura, pero en esta ocasión no era así. Miraste a tu alrededor, no sabias si dejarlo ahí o llevarlo a un lado en especial. Sabias que ese bosque era un laberinto en ese momento, en cualquier momento podría aparecer uno de ellos. Pensaste mientras lavabas tu rostro para quitar la sangre que brotaba de tu nariz, tanteaste tu cabeza, pero esta se encontraba intacta.
.
.
~ 2 ~
.
.
Los golpes que Sorrento te daban eran prácticamente porque tenía esa maldita flauta entre sus manos, tus brazos ya dolían demasiado pues los usabas de escudo para que este no te golpeara el rostro, el Marina resulto ser aún más veloz de lo que había sido el Espectro, pero como ya habías deducido… debías de quitarle su arma para poder tener un combate justo.
Te distrajiste por tus pensamientos y para cuando te diste cuenta te dio una fuerte patada en el centro de tu abdomen que hizo que te doblaras un poco por el dolor, este aprovecho para tratar de golpear tu nuca pero el golpe te lo llevaste en la espalda, debido al dolor te enderezaste y la flauta golpeo tu rostro, gracias a eso tu misma te mordiste el interior de tu boca, golpeo de nuevo tu hombro izquierdo y la pierna para con una sencilla barrida hacerte perder el equilibrio.
-Ríndete- te ordeno
-En tus sueños- respondiste, tomaste tierra sin que él se diera cuenta
-No me gusta pelear con mujeres, así que evítame la pena de…
Pero no termino de amenazarte, arrojaste la tierra directamente a su rostro, este de inmediato se quejó y aprovechaste para con una patada tratar de quitarle la flauta, la primera no funciono y la segunda tampoco, estaba aún tallándose los ojos cuando le diste un fuerte puñetazo en su rostro que lo hizo dar unos pasos hacia atrás, colocaste tu espalda en el cuerpo de él y por la fuerza le trataste de quitar la flauta, este estiro tus cabellos, le diste un codazo con toda tu fuerza en el centro de su pecho y mordiste su mano.
Este de inmediato te empujo, pero lograste tu objetivo, ahora tenías en tus manos esa flauta, este apenas podía abrir sus ojos, se comenzó a acercar a donde estabas.
-Ahora va la mía- susurraste
Esperaste a que se acercara a donde estabas, este de inmediato preparo sus puños para poder golpearte, tuviste que recibir unos golpes y patadas antes de poder alejarlo un poco con ayuda de tu Cosmos. Ahora tu fuiste la que se acercó a él y tomaste fuertemente la flauta, comenzaste a golpearlo continuamente, Sorrento no podía defenderse de tu ira, le diste una patada que lo hizo estrellarse en contra de un árbol
-Eso no se quedará así- te dijo casi sin aire -mis compañeros vendrán por ti y caerás ante nuestra diosa
-Cállate idiota- le ordenaste mientras acomodabas bien la flauta en tu mano y lo golpeaste fuertemente en su cabeza, este cayó al suelo inconsciente, miraste que le habías roto su ceja pues la sangre broto de inmediato -no se va a morir por eso, duérmete un momento en lo que voy por tus "amiguis"
.
.
Milo y Joshua se encontraban corriendo detrás de ti, apenas podías mantener la velocidad con la que ibas, esos dos si eran muy rápidos, no sabias en qué momento pasar a atacarlos, entre las Agujas Escarlatas de Milo y el dominio del Fuego de Joshua era demasiado difícil, miraste por encima de tu hombro y esos dos venían casi pisándote los talones, Milo lanzo otra vez una de sus Agujas y la esquivaste.
-¡Puta madre!- gritaste al tener que esquivar un fino hilo de agua que había aparecido de la nada y había trozado una parte de la tierra -había olvidado la habilidad de este wey
Corriste un poco más y pronto frente a ti se encontraron varias ramas a muy baja altura, te desviaste hacia ahí.
-¡Detente mujer!- te grito Joshua
-¡Acepta tu derrota!- se unió Milo quien te arrojo otras Agujas que se quedaron incrustadas en el tronco del árbol
Brincaste para tomar una de esas ramas, tomaste impulso para poder dar un giro y quedar detrás de ellos, pasaste entre ambos, estos no pudieron detener su velocidad y ambos se golpearon con los troncos de esos árboles. De nuevo comenzaste a correr, no ibas a salir de ese sitio que te estaba dando un poco de ventaja.
De pronto Joshua apareció detrás de ti, te sonrió y eso te provoco escalofríos, alzo sus manos y de esta viste que aparecieron unas esferas de agua, estas se desintegraron y pronto se convirtieron en finas agujas, las arrojo hacia tu persona, comenzaste a dar marometas hacia atrás, pero una patada freno tus giros casi profesionales de gimnasta olímpica.
-Pinche Milo traidor- pensaste pero de pronto observaste que Joshua se encontraba con sus manos juntas, en sus palmas se podía observar un punto rojo, disparo directamente hacia ti -¡Muro Cósmico!
Apenas pudiste protegerte, de nuevo optaste por correr, esos dos iban detrás de ti, miraste que a unos metros mas el terreno de nuevo se volvía a inclinar, pero mucho más peligroso que antes, no te quedo de otra que ir hacia ese sitio. Apoyaste tu mano en el suelo y comenzaste a resbalar por ahí, la velocidad que ibas era muy rápida, pero tus perseguidores no perdieron el tiempo, comenzaron a atacarte ambos, los ataques de ellos comenzaron a levantar rocas, apenas podías ver por culpa de la nube de polvo que se había alzado, una de esas tantas rocas te golpeo en tu rostro, eso te obligo a comenzar a rodar sin control.
Caíste por un barranco no muy alto; pero encima de unos arbustos llenos de espinas, te pusiste de pie y continuaste corriendo, tu ojo izquierdo te ardía y no podías abrirlo, te escondiste detrás de un tronco grueso. Con algo de temor tocaste la parte afectada de tu rostro, había algo viscoso lleno de tierra.
-Sangre- susurraste muy enojada, trataste de abrirlo, pero te ardió demasiado -aún conservo mi ojo, estos hijos de su madre me la van a pagar
Te quitaste tu blusa transparente que para ese momento ya se encontraba en algunas partes rotas y otras con rasgaduras, limpiaste tu ojo y la herida, pero esta no dejaba de sangrar. Diste unos pasos para ir en busca de ellos, alguien te tomo por la espalda y trato de asfixiarte haciendo una llave, apenas tenías fuerzas para poder romperla. Liberaste tu Cosmo para poder activar tu Barrera giratoria, Joshua salió disparado inmediatamente en contra de un árbol, te acercaste hacia donde estaba y lo tomaste del cuello de la camisa, lo comenzaste a golpear con unos de tus puños en el rostro, el último golpe lo revestiste de tu Cosmo, el impacto fue lo suficientemente fuerte para poder desmayarlo.
Milo te tomo desprevenida y acertó dos Agujas, una en tu espalda y la otra detrás de tu hombro izquierdo. Te cubriste con tus brazos los golpes que te comenzó a dar, sabias de la velocidad con la que este trabajaba, solo se le podía igualar con Aioria, ambos eran los dos más rápidos de la Orden Dorada.
Sus golpes no daban tregua alguna y no solo tenías que batallar con eso, sino también con la sangre que se negaba a dejar de brotar de la herida de tu frente, tenías que dejarlo fuera del juego, así que sin más comenzaste a pelear en su contra, los golpes de ambos eran precisos, fuertes y certeros. Trastabillaste un poco y eso lo aprovecho para poder colocarse cerca de ti y con la ayuda de su antebrazo golpeo tu rostro, te dio una patada fuerte que te obligo a retroceder y de nuevo una patada más. Caíste al suelo, pero en esta ocasión mal… un fuerte dolor te llamo la atención, te habías doblado la muñeca derecha, solo esperabas que no estuviera rota.
-Estoy llegando a los límites de mi paciencia- le advertiste -no te acerques mas
-¿Qué me harías? ¿crees que te tengo miedo?
-Te recordare lo que tenerme miedo… Milo de Escorpión
Elevaste tu Cosmo para aumentar tu velocidad, eso no se lo esperaba aquel hombre que se encontraba sorprendido, comenzaste a golpearlo con todas tus fuerzas, le diste una fuerte patada que lo mando a estrellarse en contra de uno de los árboles, apenas se encontraba tratando de ponerse de pie cuando lo tomaste de los cabellos y le diste un fuerte golpe con tu rodilla en su rostro para después darle una patada en el mismo lugar. Caíste de rodillas, le viste que se movió un poco, de nuevo lo tomaste de los cabellos e ignoraste el dolor punzante de tu mano, le diste un fuerte golpe entre su sien y su oído izquierdo.
-Aun vives- dijiste mientras le tomabas el pulso, colocaste tu mano encima de su espalda -ahora si… duérmete que cuando despiertes te va a llover y no agradecimiento desgraciado infeliz- miraste hacia arriba, ya no sabias que hora era, pero las estrellas estaban comenzando a desaparecer -tengo hambre y tengo sueño, quiero dormir- trataste de ponerte de pie y apenas pudiste mantener el equilibrio -me faltan dos y la perra desgraciada… oh si, será divertido
.
.
Los golpes de Renné y Shaka eran demasiado coordinados, como si se conocieran de toda la vida, apenas podías mantener el combate en contra de esos dos, ya no querías seguir luchando, ya no podías, estabas demasiado cansada y apenas te quedaban fuerzas para poder seguir en pie.
Ese cansancio y agotamiento de tus piernas por estar corriendo desde la tarde anterior, sumando los ataques de Milo y los golpes que habías recibido… se habían convertido en un tercer enemigo. Lograste alejarlos de ti haciendo explotar tu Cosmo, ibas a detener primero a Renné, pero el rosario de Shaka te lo impidió, este se apretó fuertemente a tu cuerpo, tratabas de deshacerte del agarre de ese artefacto; pero sencillamente te faltaba mucha fuerza para poder romperlo, eso lo aprovecho tu otro oponente, este te elevo con una fuerte patada, cuando caíste no solo recibiste el golpe del suelo, sino que aquellas perlas se incrustaron fuertemente en tu cuerpo.
Explotaste una vez más tu Cosmo, el rosario cedió sin necesidad de que se destruyera, al menos una cosa no se había puesto en tu contra, lo tomaste y lo arrojaste lejos del alcance de Virgo.
-¿Cómo fuiste capaz de hacer eso? ¿Por qué pudiste tomar el Rosario?
-¡No mames Shaka!- le gritaste
-¡No te distraigas!- te grito Renné quien te dio una fuerte patada que te mando a rodar unos metros
-Ahora si… me los voy a tronar a los dos
Observaste que ambos corrían hacia dónde estabas, preparando su golpe final, extendiste tu mano y un rayo de energía se estrelló en ambos, Renné… por obra del destino, suerte lo que fuera, se había caído por uno de los barrancos que se encontraban por ahí, ese pensamiento te distrajo un poco que no viste que Shaka te lanzo un ataque que también hizo que cayeras por ese mismo sitio, chocaste contra varias ramas de un árbol que amortiguo tu caída, pero cuando caíste al suelo no pudiste hacerlo bien, se había doblado uno de tus pies.
-¡Chingada madre, esto no me puede estar pasando!- maldijiste, a tu lado se encontraba Renné, sangrando de la cabeza, le checaste de inmediato -puta madre, sigues vivo- confirmaste -ya me cayeron mal todos ustedes
Trataste de ponerte de pie, frente a ti se encontraba el Guardian del Sexto Templo, el sol ya se estaba comenzando a asomar…
-Ríndete
-La última vez casi me matas- dijiste recordando cuando lo enfrentaste en el Sendero de las Doce Casas -pero ahora será muy diferente
-Entrega tu vida- dijo mientras se colocaba en su posición de meditación, este imbécil iba en serio
-De ti depende que te vayas a dormir no al baño… sino a tu puto templo Virgo, última advertencia
-No sé de qué me hablas mujer
-¿Mujer?- respondiste, estabas hirviendo del coraje -última oportunidad, decide tu suerte Shaka
-Invocación de Espíritus
De pronto observaste varios rostros espectrales ir en tu contra, estos te arrojaron unos metros lejos, de pronto Shaka salto para golpearte con su rodilla que afortunadamente se estrelló en el suelo, trataste de ponerte de pie, pero ese tobillo mal herido no te dejaba. Pronto comenzó a golpearte, ahora sabias él porque era considerado uno de los más fuertes de la Orden. No dudaba ni un segundo, sus golpes eran fuertes, certeros, uno de ellos te dio de lleno en el centro de tu pecho y comenzaste a toser fuertemente, Shaka no mostraba clemencia alguna, aunque fueras una mujer… en ese momento eras su enemiga
Había recuperado su Rosario, te comenzó a golpear con su ayuda y con sus puños, apenas podías detenerlo. Sus posiciones de combate, sus golpes, su velocidad, su fuerza… era completamente diferente a cuando practicabas con él en el Santuario, ahora si estaba peleando en serio. Una patada de él te mando a estrellarte en contra de una roca; te tomo de tu cuello y apretó fuertemente, estabas por quedarte sin aire, tratabas de hacerle entrar en razón, pero tal parecía que esa mujer le tenían en control total.
Estabas a punto de perder el conocimiento y te dejo libre, caíste al suelo… de nuevo habías pisado mal y el tobillo te dolió mucho más. Le viste que se encontraba a punto de atacarte nuevamente, te valiste de tu velocidad y con ayuda de tu brazo le diste un golpe en medio de sus piernas, eso le saco el aire y con lo que te quedaba de fuerza te pusiste de pie y repetiste la misma acción, pero ahora en lugar de usar tu brazo usaste tu pie. Inmediatamente le diste una patada de media luna, lo tomaste de los cabellos y apuntaste tu mano a su rostro, liberaste un poco de tu energía y lo mandaste a dormir.
.
.
~ 3 ~
.
.
La verdad no sabias y no te importaba la hora que fuera en ese momento, apenas podías mantenerte en pie, pero sabias exactamente donde se encontraba esa desgraciada mal parida de Afrodita. Ibas caminando a como podías, el dolor de tu tobillo se encontraba desaparecido, no sentías nada en ese momento, pero sabias que en el instante en que se enfriara el golpe no podrías moverlo en mucho tiempo.
Pronto la encontraste, estaba a punto de meterse a un lago que se asemejaba a un espejo debió al sol que apenas estaba asomándose por el cielo. Se encontraba vestida con un simple camisón.
-Ven para acá maldita- le dijiste mientras la tomabas de sus cabellos y la arrojabas hacia el suelo
-Pero… ¿Qué paso?- te dijo muy sorprendida
-Soy una diosa- le dijiste mientras la tomabas de los cabellos y la obligabas a que te viera fijamente -y no me he partido la madre a punta de chingazos por nada
-Suéltame- te dijo mientras trataba de hacer que la soltaras
-Espero que sepas pelear- le dijiste y observaste que te miraba con terror -porque ahora mismo te voy a mostrar de primera mano porque soy la diosa de la Guerra
-Espera… un momento- te pidió con lágrimas en sus ojos
La obligaste a ponerse de pie sin soltar en ningún momento sus cabellos, apenas la colocaste a tu altura le diste un buen puñetazo en el centro de su rostro, ella cayó al suelo.
-Espera por favor- te dijo mientras colocaba una de sus manos sobre su nariz que ya se encontraba sangrando
-Vas a pagar el hecho de que me hayas echo pelear con mis compañeros… con mis amigos… con mi novio- la volviste a tomar de los cabellos -ponte de pie y defiéndete perra desgraciada
-Yo… yo…- pero ya no pudo responder, le habías plantado una fuerte patada que la mando de nuevo al suelo -¡basta por favor!
-Te pedí ayuda y me la negaste- le dijiste mientras caminabas hacia donde estaba, ella continuaba llorando -te pedí que custodiaras una puta piedra que nos podía ayudar y también te negaste- le diste una fuerte patada que la mando a rodar -y todavía me pusiste a pelear con los mejores guerreros de los otros dioses y los míos
-Por favor… detente- te rogo, te colocaste encima de ella y la tomaste de sus cabellos -prometo ayudarte
-Eso espero- le dijiste seriamente, ella te miraba… pudiste ver terror en ellos, pero tu coraje, tu ira era mucho más grande que tu compasión -pero mi puño no piensa lo mismo que yo
La comenzaste a golpear fuertemente, pronto tu puño se encontraba lleno de sangre, ella continuaba llorando y pidiéndote clemencia, que te detuvieras. No duraste mucho, ya te encontrabas cansada por las peleas anteriores.
Como pudiste te pusiste de pie, ella continuaba llorando; diciéndote que eras un monstruo, un ser sin corazón. Te sentaste en el suelo observándola con odio, tal vez te habías pasado un poco pero estabas demasiado encabronada, sobre todo con ella.
-Haremos esto- le llamaste pero no te respondió -¡Oye, te estoy hablando cabrona!
-¡Si!- te respondió asustada
-Tomaras la puta piedra, la traerás contigo para que absorba algo de tu Cosmo- le comenzaste a explicar mientras la veías que se comenzaba a ponerse de pie
-Voy… voy al lago- te dijo como pidiéndote permiso
-Si, haz lo que quieras- le respondiste cansadamente -como te decía, si en verdad necesito de esa piedra la usare; si no, te la puedes quedar.
Cuando por fin termino de lavar su rostro se colocó frente a ti, le ordenaste que tomara asiento y así lo hizo. Los golpes que le habías dado no eran tan alarmantes como pensabas, de verdad te hizo falta imprimir más fuerza; a lo mucho le quedarían uno que otro moretón y un ojo hinchado. Hiciste aparecer aquella caja y la obligaste a tomar una de esas piedras. Ella la tomo con mucho temor; se quedaron un momento en silencio y después te pidió permiso para irse a su casa… la echaste de ahí, cuando ya no la viste te dejaste caer en el pasto.
-Debería de irme a lavar la cara- susurraste y trataste de ponerte de pie -mejor al rato
.
.
-¡Athena!- se podía escuchar a lo lejos
-¡¿En dónde se encuentra señorita Athena?!- se escuchó una voz mas
Pronto los chicos se encontraron en el punto que habían acordado. Renné estaba lavándose su cara, tratando de eliminar el rastro de sangre seca que había. Cada uno de ellos se encontraba demasiado adolorido, no sabían muy bien que era lo que había pasado, lo último que todos recordaban era que Athena se encontraba hablando con la hermosa mujer que habían encontrado en su camino.
-Me duele la cabeza- susurro Milo -demasiado
-No sé porque… pero tengo un mal presentimiento- se unió Shaka -debemos de continuar
-Hay un lago cerca de aquí- dijo Aiacos quien iba bajando de uno de los árboles más altos que encontró -y hay una persona que está ahí, tal vez pueda ser la señorita Athena
-No sé porque demonios se separó de nosotros- se quejó Joshua -¿habrá traído pastillas para el dolor de cabeza? Me duele mucho
-No trajo- respondió de inmediato Shaka -solo para Milo y para mi
.
.
Estabas profundamente dormida hasta que unos ligeros movimientos te despertaron, viste que era de nuevo Afrodita. Esta se asustó por la forma en la que la mirabas, de inmediato se alejó de ti.
-Le traje eso reina Athena- apunto hacia al suelo, donde descansaba una sudadera oscura y una manzana junto a una naranja
-Gracias- respondiste secamente
-De verdad, lo siento- te dijo antes de salir corriendo de ahí
Tomaste la manzana y de inmediato comenzaste a comerla, de verdad traías mucha hambre, miraste tu mano lastimada que ya se encontraba demasiado inflamada y con mucho dolor al igual que tu tobillo derecho. Aun te ardía demasiado las Agujas que había insertado Milo en tu cuerpo.
-Señorita Athena- escuchaste que te llamaron
-¡¿Por qué chingados te desapareces así como si nada?!- te reclamo Shaka
-¡Te estuvimos buscando durante horas!- se unió Milo
-¡Sabes muy bien que no debes de separarte de nosotros, deja de hacer lo que se te da la gana!- te recrimino Renné
-Vaya que tienen los suficientes huevos para atreverse a reclamarme- dijiste de manera fría -en especial ustedes dos
Como pudiste te pusiste de pie, batallaste demasiado, pero al final podía más tu orgullo y tu coraje que el tratar de pedir ayuda. Cuando quedaste frente a ellos pudiste ver su rostro de sorpresa.
-Esto- les ganaste la palabra -me lo hicieron todos ustedes
-Mentira- escuchaste que susurro Milo
-No es mentira, Escorpio- viste que se sorprendió al llamarlo de esa manera -estos golpes me los hicieron ustedes mismos de su propia mano o en el transcurso que trata de huir- te acercaste cojeando hasta quedar frente a ellos -tenían que ser hombres… siempre bajando la guardia cuando su oponente en una mujer
Dicho eso, regresaste para darles la espalda. Sin la más mínima vergüenza te quitaste la blusa de tirantes y te colocaste la sudadera, retomaste el camino de manera lenta, en muchas ocasiones te detenías por el dolor punzante del tobillo y de nuevo el ardor de las Agujas de Milo.
-Deja que te ayude- te dijo Shaka y toco tu hombro, giraste inmediatamente y le empujaste su mano bruscamente
-No me toques, no me tienes muy contenta- miraste a los demás -ni ustedes. Se aguantan, irán a mi paso. Sino les gusta, pueden adelantarse
-Disculpe que la moleste aún más señorita- escuchaste que hablo Aiacos y le miraste fríamente -¿usted fue…?
-Si, ya les dije que fui yo la que me los madree- dijiste sin un atisbo de vergüenza -¿algún problema?
Después de eso, apenas podías dar algunos pasos para después detenerte un momento y recuperar el aliento, era hora de regresar a casa, ya hablarías con esos dos después, te habían dicho que todo regaño debía ser en privado; en privado seria.
.
.
Gracias por su apoyo, espero que sigan hasta el final de la historia. Cuidensen y nos vemos.
