Título: Cien días NaruHina

Sumary: Cien mini historias por cien días seguidos. Reto especial NaruHina. ¡Que viva la OTP!

Advertencias: Posible OoC.

Disclaimer: Naruto no me pertenece.

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Consultorio dental

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Naruto refunfuñó molesto, mirando la puerta de entrada al consultorio del dentista como a un enemigo mucho más grande que Sasuke, su rival de la escuela. A su lado, una pequeña niña que se veía cercana a su edad esperaba tranquilamente a la mujer que parecía ser su madre, que se había ido junto a la suya a confirmar su cita.

—Oye niña, ¿tienes dulces? —preguntó a la desconocida. Ella le miró nerviosamente unos segundos antes de responder en un tono muy bajo.

—No —respondió tímidamente, sintiéndose mal por la mirada de decepción del chico.—Pero mi mamá dice que los besos de Hinata son dulces...—agregó pensativa.

—¡Oh! Mi mamá dice algo parecido...—exclamó el rubio, asintiendo ligeramente, como si considerara bastante lógico su argumento. —Muy bien, lo he decidido, ¡entonces quiero uno cuando salga! —comentó emocionado por su aparente gran idea.

—Pero...—clamó vagamente la pequeña de cabello azulado, sin saber si aquello era correcto.—Mamá dijo que no debería besar a desconocidos.

—¡Soy Naruto! —se presentó, tendiéndole la mano y sonriendo como un sol, haciendo latir furiosamente su corazón.

—S-Soy Hinata —tartamudeó, apenas logrando corresponder su saludo.

—Ahora ya no somos desconocidos —señaló triunfante el rubio.

—Bueno —aceptó ella, sin encontrar como debatir ese punto.

—Por favor...—suplicó, poniendo aquella carita de lástima que siempre funcionaba con sus abuelos. —Mamá dice que me porté mal, y prometió que me dejaría tanto tiempo sin dulces que incluso olvidaría lo que son. ¡Por eso necesito uno, de veras!

La pequeña Hinata sintió mucha pena por el niño, ella amaba los dulces, en especial los rollos de canela, y sentía que su castigo era demasiado cruel.

—Oh, eso es muy malo. Bien, te lo daré —prometió.

La hermosa mujer pelirroja que lo había traído regresó pronto y llevó al niño rubio que caminaba a regañadientes directo al consultorio, comentando que a pesar de todo al menos hoy no estaba haciendo un escándalo.

La madre de la pequeña regresó al poco tiempo y se sentó junto a ella, esperando su turno de entrar. No mucho después de quince minutos y algunos extraños gritos de terror, finalmente el chico rubio y la mujer salieron, con ella luciendo bastante feliz.

—Estoy orgullosa de ti, Naruto. Es la primera vez que no intentas morder al doctor y correr por toda la habitación gritando como loco. O sea, si gritaste, ttebane, pero esta vez no ha venido la policía...

Aunque estaba siendo felicitado, el chico no parecía muy feliz. Continuo caminando, ignorando a la mujer y se paró frente a la niña de antes.

—Quiero mi dulce, ¡dattebayo!

La pequeña asintió.

Bajó de su asiento ante la mirada curiosa de las dos mujeres que no entendían de lo que hablaban y besó la mejilla de Naruto con un sonoro gesto cariñoso. Aunque al principio el pequeño lució ligeramente conmocionado, reaccionó muy rápido, sonrojado y emocionado, aceptando felizmente su regalo.

—¡Tenías razón, es dulce! —exclamó con una sonrisa.

Las madres de ambos les observaron en silencio, asombradas, para luego mirarse entre sí y luego soltarse a reír a carcajadas.

—¿Intercambiamos números? Podría necesitar otro "dulce" para que mi Naruto se comporte.

—Por supuesto, Soy Hana Hyuuga.

—¡Lo siento, ttebane! Olvide decir mi nombre, soy Kushina Uzumaki.

OoOoO

Notas de Kou: Estuve tentada a partilo en dos partes, pero mejor no. No estoy segura si agregar toda al descripción que le puse haya arruinado lo lindo y sencillo que era la micro idea original.