Prologo
Entró a la habitación y estaba completamente en penumbras. Sólo era iluminada por los leves rayos de la luna que se filtraban por el gran ventanal y gracias a ellos pudo distinguir la figura de su esposa. Ella estaba recargada de espaldas en uno de los postes de la cama, justo en la zona donde los rayos de la luna alcanzaban a iluminar uno de sus brazos.
¿Se había cambiado el vestido de novia por uno más simple? O era un producto de su imaginación causado por los efectos de la oscuridad.
Pero aun así no le dio mucha importancia. Esbozó una media sonrisa y avanzó lentamente hacía ella.
— ¿Por qué ocultas tu hermoso rostro? — preguntó con voz ronca.
Él también estaba nervioso y ansioso por la noche que les aguardaba. Por la vida que les esperaba.
— Acércate a mí que quiero ver a mi esposa. —extendió un brazo hacía ella.
Pero la figura femenina dudaba un poco, se podía ver que miraba a su alrededor como si esperara alguien que llegara a salvarla justo en ese preciso instante. Su mayor ventaja era la oscuridad y él jamás podría notar la diferencia, al menos que encendiera una vela y ahí sí que estaría en serios problemas.
Se acercó a él, lo suficiente como para que él alcanzara a rodearla entre los brazos.
Él exhaló un suspiro al sentir el cuerpo nervioso de su esposa. Debía comprenderla, era virgen después de todo y tenía que ser paciente con ella si quería que esto fuera más allá de simples besos y caricias.
—La celebración aún no termina. Pero eso no quiere decir que nos esperemos hasta que se vaya el último invitado ¿O sí?
Ella negó sin decir una palabra, sólo deseaba que esto terminara de una vez por todas.
—Te veías tan hermosa con ese vestido de novia — esbozó otra media sonrisa recorriendo con la mirada el cuerpo de su mujer y le pareció que los senos de ella habían aumentado un poco pero importancia — Vestido que esta misma noche te quitaré. ¿Me permites besar a mi esposa?
Ella volvió a dudar, pero asintió lentamente.
Pero antes de que ella o él dieran el primer paso, alguien más se le había adelantado golpeándolo a en la nunca y derribándolo al instante. La mujer dejó escapar un suspiró largo y se llevó las manos al pecho para controlar los latidos frenéticos de su corazón.
—Tardaste una eternidad en aparecer — dijo ella. Reclamándole al individuo que estaba amarrando de pies y manos al recién casado.
—La espera vale la pena — respondió sin verla — Tu trabajo será recompensado querida— Siempre y cuando usted cumpla su palabra.
Ella lanzó un bufido y se cruzó de brazos — ¿Por diez mil libras quien no sería capaz ser cómplice de un secuestro?
—Espero que no digas nada. Ya conoces lo que le pasa a los traidores— advirtió el hombre con voz fría y haciendo estremecer a la mujer. — Salgamos por el ahí. Nadie nos vera — le había dicho a otro hombre que se había acercado a ellos.
Salieron de la habitación por un pasadizo secreto él conocía muy bien y después dejaron de la mansión sin que nadie se hubiese dado cuenta de que estaban raptando al novio.
La principal fuente que orquestó todo esto, le entregó un pequeño costal de cuero marrón a la mujer que había sido su cómplice aquella noche.
―Por tus servicios – pero antes de que ella lo tomara, lo quitó de vista – Y por tu silencio.
―No te preocupes – dijo ella arrebatándole el costal – Jamás sabrán nada de mí. Pero espero mi pago durante los próximos años.
―Y ten por seguro que así va hacer.
La mujer simplemente se quedó ahí en el camino, contemplando como los dos hombres subían a un carruaje y emprendían su huida. Llegaron hasta un acantilado donde pretendían arrojar el cuerpo del hombre. Lo dejaron en la tierra y antes de aventarlo por el acantilado, el primer hombre se puso de rodillas y contemplo el rostro del hombre inconsciente.
—Antes de que te vayas al infierno y de que me quede con todo lo que es tuyo. Te dejaré un recuerdo. — Sacó una daga de su bolsillo y le hizo una herida en la mejilla derecha — Para que nunca olvides esto.
Y sin más que decir, él tuvo el placer de arrojarlo por aquel acantilado.
Esbozó una sonrisa al ver como su cuerpo se perdía entre las olas. Por fin la fortuna le iba a sonreír, se quedaría con todo lo que le pertenecía desde un principio, pero sobre todo se quedaría con la mujer de aquel pobre hombre.
Hola chicas.
Es una profunda alegría volver a retomar éste fic del cual dejé inconcluso y no era por carencia de imaginación.
Hay una historia triste de tras de él que sólo saben unos cuantos de aquí. Verán, como saben en cada fic que escribí les fui comentando que tenía dos bebés. Bueno, resulta que cuando nace el segundo de mis hijos a los diez días el mayor, que en ese momento tenía un año y cinco meses se me enfermó muy grave.
Le daba temperatura de hasta 40 grados, lo llevábamos a consultar y nos decían que era un pequeño resfriado, que se le quitaría con un antibiótico y nada, el tratamiento no hacía efecto. Hasta que lo llevamos con un pediatra y nos dijo que el niño tenía "siéndome de Kawasaki" que había que llevarlo a un hospital para que le administraran un tratamiento especial.
En ese momento mis estimadas lectoras, se me fue el mundo.
Por un lado, mi bebé de días de nacido me necesitaba, por el otro mi niño mayor también.
Mis familiares eran los únicos que podían ir al hospital, a mí me lo prohibieron, recién parida y lactando entenderán que las defensas de la mujer son vulnerables. Yo estaba como león enjaulado, lista para salir corriendo en busca de mi niño, pero sabía que había otro que me necesitaba más.
Me deprimí, ya no quise volver a escribir y perdonen si las abandoné todo este tiempo hasta ahora.
El síndrome de Kawasaki es una enfermedad muy peligrosa, de la cual si no se administra el tratamiento a tiempo puede causar mucho daño.
Hoy en día ellos están bien y eso para mí es suficiente.
No me deja anexar el link, pero pueden buscarlo en Google o internet explorer.
