Capítulo 1
Cornwall…
Un par de meses atrás
—Es lo que se rumora. Lady Hadley me ha dicho que es muy acaudalado. Te imaginas — sus ojos se iluminaron al ver un posible futuro entre su hija y del lord de quien hablaba — Además, en dos semanas Lady Percival ofrecerá un baile en honor al Duque. ¡Baile al que estamos invitados! – añadió con sumo entusiasmo.
—Qué interesante — dijo su esposo, con evidente aburrimiento pues nunca estaba ni estará interesado en los chismes de sociedad. — Le haré llegar mis saludos de parte de la familia.
— ¡De ninguna manera! — Negó la mujer de melena azabache — Iremos a ese baile y le presentaremos a Kagome. Algo me dice que esta vez encontrará marido.
—Pero mujer, eso dijiste el año pasado y no fue así. Además dudo mucho que encuentre marido a estas alturas. Si nuestra hija sigue soltera es gracias a ti, que le has espantado cada pretendiente.
Estaba en lo cierto, su esposa se había empeñado en rechazar a más de un candidato. Si no era por su economía era porque no era atractivo y si era atractivo el pobre candidato no tenía suficientes propiedades.
Lo que su mujer buscaba era un hombre con solvencia económica que los ayudaría a salir de la ruina en la que se encontraban. Algo así como un duque con una cuantiosa fortuna. Esbozó una sonrisa de ambición, eso era lo que buscaba como para esposo idea de su hija y no iba a salirse del renglón hasta obtenerlo, aun si a su hija se le pasaba la edad casadera.
—Si no ha encontrado uno es porque no son lo suficientemente convenientes para ella. —Explicó de manera tajante – Vamos a ir al baile, lo conocerá y de mi te acuerdas cuando él te pida autorización para cortejarla.
—Eso estará por verse.
—De mi te acuerdas. — repitió, mientras bebía un trago de su té con leche.
Esbozó una sonrisa al ver a su hermano. Estaba sentado en una banca bajo la sombra de un árbol. Muy tranquilo y leyendo un libro. Tal vez un sustito no le iba a venir mal y así fue como se acercó poco a poco a él.
—Si haces eso te juro que lo vas a lamentar por el resto de tu vida.
Y esa sonrisa se desvaneció bajo su cabello azabache.
— ¿Cómo supiste que era yo? —dijo la joven, sentándose a lado de él y regalándole la mejor de sus sonrisas.
—No fue nada difícil. Escuché tus sigilosos pasos —Respondió su hermano bajo sus gafas. Cerró su libro y le dedicó toda la atención a su hermana.
Veía algo en ella, en su mirada se podía percibir algo de inquietud.
—Muy bien. ¿Puedo saber qué es lo que acongoja a ese pequeño corazón tuyo? — La vio rolar los ojos y de nuevo insistió — Vamos Kagome, puedes confiar en mí.
Kagome Higurashi se mordía de vez en cuando su labio inferior y jugaba con los dedos de sus manos.
—Esta mañana escuché una conversación sin querer de nuestros padres. Madre dice que ha llegado a Cornwall un Lord muy acaudalado y quiere que me corteje.
—Madre quiere que hasta todo Londres te corteje querida, con tal de salir de esta miseria.
—Bankotsu ¿Cómo haces para soportarla?
Eran un poco similares, sólo que Bankotsu tenía ojos azules y ella había heredado los ojos del color de su padre, café casi chocolate.
—A diferencia de ti hermanita. Yo no uso vestido y ando de baile en baile conociendo a lores — giñó un ojo y esbozó una media sonrisa —Yo sí quiero me caso y si no, no lo hago. Y créeme, casarme no está en mis planes. Pero… — hizo una pausa — Tendrás que soportar a madre hasta que logre casarte con un hombre rico.
Kagome agachó la cabeza y exhaló un largo suspiro. Ella sólo pedía algo, un matrimonio por amor y no por ambición. Pero su madre muy a menudo destrozaba cualquier tipo de esperanza diciéndole que su deber era casarse con un hombre de acuerdo a su posición social— posición que habían perdido hace mucho tiempo—. Lo único que tenían como propiedad era una modesta casa en el condado de Kent que era custodiada por la tía Kaede.
Su primera presentación en sociedad toda la familia, incluida la tía Kaede se habían reunido en Londres y para ese momento una larga lista de pretendientes desfilaba por la puerta de su casa y así como entraban así salían.
El primero de ellos fue el Vizconde Auteberrey que era diez años mayor que ella, pero se rumoraba que había perdido toda su fortuna en apuestas y sólo conservaba su título así que fue el primero en ser retirado de la lista de su madre.
El segundo había sido un artista que se había declarado locamente enamorado de ella. Aun recordaba la humillación a la que su madre lo expuso.
Flash Back
—Así que… ¿Locamente enamorado?
—Si milady— dijo él, inclinándose de rodillas ante la señora de la casa y mirando a la joven de los Higurashi —Si me concede su mano le prometo que la haré feliz.
— ¿Y de que van a vivir? Tengo entendido que los artistas sobreviven de sus obras. Pero sólo los que son muy conocidos en Londres y usted no lo es tanto.
—Cuento con una modesta casita a las afueras de la ciudad. Ella…
—Eso es justamente lo que no quiero para mi hija, joven. Una modesta casita. — miró a su hija.
Kagome negaba con la cabeza al ver al pobre hombre arrodillado ante su madre y esperando a que ella le concediera su mano.
—No pierda su tiempo hijo. Un artista de inferior nivel no es lo que busco para mi hija. Así que váyase y evite más humillaciones de la que ya ha pasado.
El artista se levantó y con su cabeza agachada salió del salón sin voltear a ver a nadie.
Kagome estuvo tentada en ir tras él, pero su madre leyó sus pensamientos.
—De ninguna manera iras tras él. Tú te quedas aquí y de una vez date por enterada. No te daré en matrimonio hasta que no llegue el indicado para ti.
—Querrás decir…. El adecuado para ti.
—Dilo como quieras. Pero si, si no es rico, no saldrás de esta casa vestida de blanco.
Poco tiempo después aquel pobre enamorado se había convertido en el más célebre de los artistas. Sus obras eran reconocidas por todo Londres y su pequeña y modesta casa había sido sustituida por una mansión. Para el desconcierto de la madre de Kagome, él ya estaba casado.
Fin flash back.
—Ella suele ser exagerada. Pero no pierdas el ánimo, tal vez éste nuevo lord no llene sus expectativas. — su hermano le guiñó el ojo dándole esperanzas a la joven.
—Kagome! Kagome! Kagome!
Era su madre quien la llamaba, acercándose cada vez más a ellos.
Kagome volteó y se encontró con su madre.
—Hija debemos ir a visitar a la modista.
La joven entendía por visitar a la modista no era para encargarle vestidos, sino para remendarlos ya que no contaban con suficiente solvencia económica y muy apenas habían logrado entrar en sociedad. Por eso su madre se esmeraba tanto en cada baile, para lograr que ella ocasionara un impacto ante un lord acaudalado. Casándola con un rico, no más ropa remendada era lo que solía decir.
—Pero hace dos días fuimos — dijo la joven.
Al ver que era una conversación de mujeres, Bankotsu se levantó y se despidió de las dos mujeres, dispuesto a emprender la huida y ser el blanco de ella.
—Si…huye, pero no vas a escapar. He conocido a un par de damas encantadoras que seguramente no podrás eludir.
—No tienes idea de lo ansioso que estoy por conocerlas. – fingió una sonrisa.
— ¿En serio? — preguntó emocionada.
—No madre. Fue sarcasmo. – respondió haciendo una negación con la cabeza y sin dejar de sonreír.
Pero antes de irse, Bankotsu sacó un costal del bolsillo de su pantalón y se lo entregó a su madre.
―Haz que luzca hermosa.
Al abrirlo sus ojos se agrandaron de la impresión. Había más de veinte monedas de oro, con esto fácilmente podría remodelar todo el guardarropa de Kagome y el suyo.
― ¿Dónde lo has conseguido? – preguntó ella.
―Oye – Bankotsu alzó un dedo – Sin preguntas. Digamos que es fruto de un negocio que he estado haciendo y qué ha dado resultados.
Y antes de que pudiera ser entretenido por su madre más de lo que no deseaba salió huyendo por la primera puerta que vio.
La madre de Kagome esperó a que su hijo se fuera para comenzar a discutir con su hija. Su postura era soberbia. La divina perfección en persona.
—En dos semanas iremos al baile de máscaras que organiza Lady Percival. Debes estar impactante ante el nuevo Lord que ha llegado a Cornwall y con el dinero que nos dio tu hermano podremos diseñarte no un vestido, sino varios.
—Madre ¿Podemos desistir por esta vez?
La mujer arqueó una ceja ante el comentario de su hija y por poco le faltaba para reír.
—De ninguna manera. Debemos ir e iremos. Ese Lord tendrá que fijarse en ti sea por las buenas o las malas. Además, no podemos dejarle el camino abierto a la hija de la duquesa.
Kagome sabía de quien hablaba, era ni más ni menos que Elizabeth Percival, la nueva debutante en Cornwall y por quienes todos hablaban. La hija de los duques era una joven exquisitamente hermosa, de cabello rojizo y ojos verdes, piel blanca y unas diminutas pecas que sobresalían de su perfecto rostro de porcelana.
Ante ella y su juventud no había nada que hacer, no podía competir y seguramente encontraría alguien de su nivel económico.
—Y es mejor que muestres tu mejor sonrisa.
Y así, con aire de grandeza giraba sobre sus talones y se marchaba en dirección hacia la casa.
Así era su familia, un padre sumiso atado a su esposa, una madre que tomaba las decisiones sin importar a quien arrastraba sobre sus pies, un hermano que constantemente huía de su propia madre y cuyos negocios seguían siendo un misterio y ella, cumpliendo el mismo rol que el de su padre.
Las dos semanas habían transcurrido muy lentamente para su madre, en cambio para ella pasaron demasiado rápido. A estas alturas, Kagome desconocía el nombre de aquel lord por el que su madre se la pasaba hablando durante horas sin siquiera conocerlo, lo cual resultaba incluso a veces demasiado estúpido, pero jamás se atrevería a decirlo en frente de ella.
En el almuerzo, en la hora del té y en la cena. Sus constantes ataques sobre que debía conseguir que se fijara en ella, le hacían pensar que escapar era lo mejor. Tal y como lo hacía Bankotsu. No sé, irse a Kent y fingir ser una institutriz, esa sería una buena opción.
Sin embargo aquí estaba, en un carruaje alquilado que los conduciría hasta la mansión de los duques de Percival. Debía admitir que lo único bonito era su vestido, color amarillo con encaje bordado y una máscara en forma de mariposa.
El carruaje se detuvo justo ante la entrada principal de la enorme mansión de los duques Percival. Lady Flora Higurashi asomó su pequeño rostro por la ventana, pero al ver la elegancia con la que se había esmerado la duquesa la obligó hacer una mueca. Una alfombra roja cubría las escaleras desde la entrada principal hasta el patio donde recibían a los invitados. En cada uno de los escalones había unos enormes floreros con rosas de distintos colores entre ellas rojas, blancas y rosas. Y varias antorchas intercaladas entre los escalones para no ocasionar un tipo de accidente con los floreros.
—Lady Percival siempre ha tenido un gusto exquisito. — comentó mientras bajaba del carruaje ayudada por su esposo y espero a que su hija bajara del carruaje.― Bien, ya sabes que hacer. Primero es saber la identidad de ese lord, segundo hacer que se fije en ti.
―Lo que tú digas madre.
Subieron las escaleras y dijeron sus nombres a un mozo que estaba en la entrada y este anunció su llegada.
Inmediatamente el señor Higurashi se separó de ellas a fumar y a conversar con los demás lores que se encontraban en el siguiente salón.
Lady Higurashi tomó la mano de su hija y la arrastró por todo el salón de baile. Buscaba algo y era evidente que era. Aunque no le habían dicho quién era el nuevo Lord con un rápido escaneo ella sabría a la perfección quien sería.
Pero lo que vio no le gustó.
Ahí estaba él, en la pista de baile, brindándole su atención a la joven Elizabeth Percival y a la misma duquesa.
—La duquesa no lo ha dejado ni un instante solo — comentó una mujer de mediana edad que estaba a un lado de ella — Y ha insistido en que baile con su hija. Sin duda está muy interesada en que el recién llegado duque la corteje.
— ¿Cómo se llama el duque ese? — preguntó Lady Higurashi con desinterés mal disimulado.
—Su nombre es Inuyasha Taisho. Es un hombre muy rico. Posee muchas propiedades. Sin duda es un buen partido para todas las casaderas. Guapo y muy rico.
La mujer examinó aún más a su futuro yerno. Si, evidentemente era atractivo. A pesar por el antifaz negro que llevaba pudo ver sus atributos físicos. Alto, de cabello negro y ojos dorados. Cuando se agachó para escuchar algo que le dijo Lady Percival y que lo hizo sonreír, evidentemente supo que había llegado el indicado para su hija.
Para cuando quiso decirle algo a su hija, ella ya no estaba a su lado, había desaparecido. Pero la ubico con mucha rapidez, se encontraba en un rincón tomando un refresco y platicando con una de sus amigas.
—Sango, mi madre cada día está más sobre de mí. Por lo menos espero quedarme soltera hasta que se me pase la edad casadera para que sus expectativas se disuelvan.
—No estés tan segura de ella. No va dejar de perseguirte. Por lo menos eso hace mi madre, aunque sabe reconocer los límites y está completamente segura que ese recién llegado duque no es para mí, por eso no ha insistido en presentarnos.
—Qué suerte tener una madre así—comentó ella.
Su amiga miró a través de sus hombros — Te sugiero que te prepares, porque tu madre viene en dirección nuestra.
Antes de que Kagome pudiera reaccionar, la madre de ésta ya la tenía del brazo y la arrastraba a una dirección desconocida.
Cuando logró recuperar su autocontrol, vio que la guiaba directo hacia un hombre que le daba la espalda, pero justo en ese momento el señor Higurashi se interponía en su camino obligándola a pararse en seco.
— ¿Qué haces? — preguntó Lady Flora.
— ¿No puedo bailar esta pieza con mi bella esposa?
Lady Flora no supo que decir y en ese instante su padre le guiñó un ojo a Kagome.
Ella sabía lo que significaba ese gesto: "Huye mientras yo la distraigo"
Y así lo hizo, se fue soltando poco a poco del agarre de su madre mientras los veía a ella y a su padre caminar hacia el salón de baile. Dio otro paso hacia atrás y cuando giró sobre sus talones para ir en busca de su amiga chocó con algo duro.
Al instante pensó que había chocado con los muros de la mansión, o con un mesero y a su vez había tirado todas las copas de vino, pero cuando abrió los ojos lo primero que vio fue un traje negro, después el chaleco negro de un hombre. Miró hacia arriba y lo que vio la dejó completamente muda.
Era el hombre más atractivo que había visto en esta fiesta o en otra.
Alto, hombros anchos, piel bronceada, cabello negro y unos ojos intensamente dorados que se posaban en los de ella, pero que eran ocultos por una máscara.
—Le ruego que me disculpe, milord. No lo vi.
Hasta su voz era muy masculina. Normalmente ella siempre tenía una respuesta para éste tipo de situaciones pero ahora las palabras no fluían por su boca; limitándose a abrir y a cerrarla de vez en cuando.
Pero antes de que pudiera articular su respuesta, la anfitriona se había acercado a ellos.
—Oh, aquí esta excelencia — dijo con una amplia sonrisa y al ver con quien estaba el caballero, esa sonrisa se borró — Venga, quiero presentarle a algún.
El Lord misterioso regresó su mirada hacía la de Kagome, le hizo una reverencia y se fue con Lady Percival.
— ¿Quién era esa joven? — preguntó Inuyasha Taisho.
—Es…— No podía decirle quien era, estaba segura que iría tras ella y eso no le convenía, éste Lord sería esposo de su hija así tendría que dejar de ser duquesa — Es nadie sin importancia querido — respondió con una sonrisa.
Lo llevó con un grupo de hombres y mujeres a los que les fue presentado uno por uno. Hablaban de todo un poco y él nada más seguía el ritmo de la conversación con un asentimiento de cabeza y una sonrisa.
Pero su mente estaba en otra parte. Vagando por cada esquina de la mansión. Reviviendo algo o un encuentro y ahí estaba ella. Piel blanca como la nieve, labios rojos acompañados por esos grandes ojos color chocolate y ese cabello, negro azabache. Debía saber cómo se llamaba, tenía que averiguarlo a como diera lugar.
Simplemente Lady Percival no lo dejaba ni un minuto. Había insistido mucho en que bailara con su hija, después con sus sobrinas y de ahí le presentaba a medio Cornwall, sólo cuando tuvo un minuto para él solo, fue cuando encontró a esa hermosa joven.
Le hizo una seña a su lacayo, éste al verlo se acercó a él y se apartaron del grupo.
—Dígame amo.
—Necesito que averigües algo por mí.
Una vez que le dio las características de la joven, en lacayo asintió y se retiró e Inuyasha regresó al grupo.
— ¿Sucede algo, milord? — preguntó la duquesa Percival.
—No, todo marcha estupendamente bien— respondió él con una sonrisa — Instrucciones personales que le daba a mi sirviente. Eso es todo.
No había podido acercarse a esa bella dama como él hubiese deseado ya que Lady Percival acaparaba toda su atención. Había visto a la misteriosa dama bailar con varios caballeros, desde ancianos, hombres jóvenes que para él eran unos simples niños y con cada uno de ellos nunca paraba de sonreír, era su sonrisa natural o era falsa ya que nadie podría sonreír tanto en una sola noche.
No prestaba atención lo que decía el grupo en el que estaba, escuchó de tras de él a su lacayo aclarar la garganta. Como buen caballero se disculpó con las damas y caballeros, giró sobre sus talones y esperó el informe de éste.
Si se quedaban otra hora más ella no lo iba a poder soportar. Llevaba toda la noche fingiendo esa sonrisa. Si tuviera un espejo donde mirarse seguramente se vería estúpido.
Su padre se acercó a ella. Era el único con quien no había bailado aún.
— Será mejor que sonrías con más naturalidad — sugirió él — De lo contrario todos pensarán que deseas estar en otro lugar menos aquí.
— ¿Se nota tanto? — preguntó la joven, mirando tímidamente a su padre.
Él al verla dejó escapar una pequeña risa que sólo escuchó Kagome.
—Hija mía, es más que evidente.
Kagome se mordió el labio inferior y siguió a su padre en la danza.
—La verdad si padre. Prefiero estar en otro sitio que no sea éste. Siento como si Lady Percival no deseara que estuviésemos aquí.
Su padre alzó la mirada y se encontró con los ojos inquisidores de la susodicha.
—Para ella toda señorita hermosa supone una competencia para su hija.
Al otro extremo del salón, lady Percival aprovechó la oportunidad que estaba esperando. Ahí, frente a ella se encontraba Flora Higurashi; si no la conociera diría que era agradable, pero más allá de su apariencia se escondía una mujer ambiciosa que daría todo por dinero, que aparentaba ser uno de ellos cuando en realidad estaban en la ruina. De no ser porque Angus Higurashi era hermano de lady Kaede, no serían bien recibidos en su círculo.
Conocía las intenciones de ella, esa mujer no se cansaba de vender a su hija al mejor postor, pero éste duque no se lo quitaría ya que estaba dispuesta a todo con tal de que Inuyasha Taisho se casara con su hija.
— ¿Me concede unas palabras en privado, lady Flora?— dijo una vez que hubo llegado a su objetivo.
— Por supuesto excelencia.
Lady Percival la guio por un estrecho pasillo donde salieron a un pequeño balcón y la luz de la luz de agosto las recibió.
Ambas mujeres se miraban de una manera desafiante, jugando a ese juego de miradas en la que si una cometía el error de bajar la vista seria la perdedora.
La tensión entre ellas era tan palpable que hasta el aire resultaba ser tan asfixiante.
— Tú dirás — dijo Lady Flora, rompiendo ese silencio tan incómodo entre ellas.
— Será mejor que tu familia y tú se retiren — la duquesa había ido directo al asunto — Así que evita más humillaciones. ¿Acaso no es obvio que a muchas personas les incómoda tu presencia? Haz el favor de irte junto con tu ambiciosa hija.
—Te prohíbo que...
— Tú no me prohíbe nada y menos en mi casa— la duquesa había perdido todo su nivel social, su educación. — Intentas en vano que alguien como el duque se fije en la pobre de tu hija. — Ella asintió al ver a Lady Flora enarcar una ceja — Claro querida, todo Cornwall está enterado de la posición económica de tu marido y créeme, no desposaran a tu hija por nada del mundo.
― ¿Entonces para que nos has invitado?
Lady Percival cuadro los hombros y dijo todo lo que en su interior deseaba:
―Para humillarlos. Para demostrar lo inferior que son tú y tu familia ante nosotros y para que no tengas esperanzas con el futuro esposo de mi hija.
Lady Flora estuvo a punto de abofetearla, pero en cambio de eso tomó su dignidad y su orgullo y regresó al salón de baile. No le costó mucho visualizar a su esposo, el cual comprendió su mirada y asintió, buscó a su hija y cuando la vio fue tras ella.
— Debemos irnos — dijo agarrando a del brazo y prácticamente arrastrando a hacia la salida.
— Pero deseo despedirme de Sango— protestó la joven.
— Ahora no. Mañana a primera hora puedes enviarle una nota disculpándote.
Como Kagome no quiso seguir discutiendo con su madre no dijo más y se limitó a seguirla.
Una vez cuando Lady Flora tomó asiento en un sofá de la sala de estar de su casa, explotó con furia.
—Nunca me habían insultado de esa manera — se había llevado una mano en la cabeza mientras que con la otra se echaba aire con su abanico —La duquesa Percival es… — se mordió el labio inferior para no tener que despotricar en contra de ella delante de su familia. —Creo que lo conveniente es ir a descansar — se levantó y salió de la sala de estar.
Tanto Kagome como su padre se miraron. Éste encogió los hombros y siguió a su esposa no sin antes de darle un beso en la frente a su hija y desearle una buena noche.
Ella sin embargo, se quedó un momento ahí, bajo la luz tenue de las velas. Se acercó a la ventana y contemplo la fría noche. Eran raros los carruajes que pasaban por la calle y si eran, lo más probable serían invitados que habían abandonado el baile de los Percival.
Se sorprendió al ver como sus pensamientos tomaban otro rumbo distinto y se encontraban con esos ojos dorados que la habían visto intensamente.
¿Quién había sido ese caballero?
Eso era lo que se había estado preguntando en todo el baile. No había tenido oportunidad de volverlo a ver ni de encontrarse con él. Poco estuvo tentada en preguntarle a su amiga Sango por él, pero eso no sería apropiado de una dama.
— ¿Quién serás, ojos misteriosos?
Inuyasha entró a su despacho esa noche, seguido de su fiel lacayo. Fue hasta una pequeña cantina que se encontraba en un rincón y sirvió dos copas de brandy y una se la ofreció al hombre que había tomado asiento en una silla junto al escritorio. Él ocupó la silla principal e hizo a un lado unos papeles que estaban apilados ahí y depositó su copa.
—Supongo has averiguado algo — ni siquiera había sido una pregunta.
—Así es señor. No pude darle el informe porque usted estaba ocupado toda la velada.
—Bien. Dime lo que sepas sobre ella y su familia.
Él asintió y escuchó con atención el informe de su amigo.
Estaba decidido de que mañana le haría una visita formal al señor Higurashi y así conocer más de cerca a esa joven que lo había cautivado durante aquel baile y que Lady Percival no había tenido ni el más mínimo interés en presentársela.
Hola Chicas!
Muchas gracias por sus lindos comentarios, en verdad que alegran a esta humilde escritora.
Tengo que hacer una advertencia….ay! es que de la nada comenzaron a surgir ideas en este fic que tenía super en el abandono, pero debo decirles que vamos a odiar mucho a Inuyasha, me van a pedir que lo haga sufrir….créanme que yo lo estoy odiando un buen!
Probablemente quieran odiar a dos tanto a Inuyasha como a la escritora, luego sabrán porque.
Besos!
