Capítulo 2

A medida que Lady Flora iba leyendo la invitación que había recibido por parte del duque Taisho su rostro comenzaba a cambiar de expresión. Primero mostraba incredulidad, pero cuando leyó la parte donde decía que estaban cordialmente invitados a un baile que ofrecería él joven Lord en su mansión un gritó de efusivo hizo resonar en toda la casa.

En ese momento, su esposo, quien se encontraba en la biblioteca al escuchar los gritos de su mujer salió disparado y fue a su encuentro. La encontró dando saltitos de alegría por toda la sala, una gran sonrisa se dibujaba en sus arrugados labios.

— ¿Qué ocurre? – Preguntó alarmado – ¡Tus gritos se escuchan por toda la casa, mujer!

Ella dejó de saltar, su mirada iba de su marido al pedazo de papel que tenía entre sus manos.

—Hemos recibido una invitación – explicó mientras agitaba en el aire el papel.

— ¿No me digas? – Dijo fingiendo estar interesado – Me supongo que enviaras tus agradecimientos, pero que no podemos ir – comentó él – Con lo que pasó en el baile de Lady Percival dudo que…

—Lo que pasó aquella noche, está olvidado – comentó de forma seria, pero después esbozó una sonrisa al recordar de dónde provenía la invitación. Está invitación es de otra persona.

Su marido negó la cabeza y fue directo al sofá a tomar asiento seguido de su esposa, quien lo miraba con los ojos más iluminados que nunca.

— ¿No quieres sabes quien la ha mandado? – preguntó su esposa.

Él esbozó una media sonrisa, conocía a esa mujer desde hace mucho tiempo y aunque a menudo escapara de sus chismes, siempre terminaba encontrándolo para contarle los acontecimientos que sucedían en la alta sociedad.

Suspiró y respondió:

—Supongo que me lo dirás aunque no quiera – una sonrisa irónica se asomó en su rostro – Porque si me ocultó de ti, eres capaz de buscarme para contarme todo el chisme.

—Oh querido – le dio un pequeño golpe en el hombro – Yo no soy así.

— ¿Segura, querida? – él arqueó una ceja.

—Bueno… — guiñó el ojo e hizo una seña con el dedo índice y pequeño – Tal vez un poco.

— ¿Tal vez un poco? — ante esa pregunta su tono fue sarcástico.

—Bueno ya – su esposa estaba impaciente por contarle los acontecimientos de esa mañana y sus comentarios no la iban a desviar de su objetivo – Quien nos invitó a un baile es nada más ni nada menos que el duque Taisho. – su alegría volvió y era eminente poderla ocultar – Ese joven del que todo Cornwall habla.

El marido hizo una mueca en los labios.

—No entiendo porque eligió venir a Cornwall en lugar de Londres. Si quiere conocer jovencitas bonitas las encuentra en Londres.

—Kagome es hermosa.

—Ella es especial, diferente a cualquier jovencita estúpida que pestañea a cualquier idiota con tal de atraparlo– interrumpió el marido – Cualquier caballero sería afortunado de tener una joven como ella. Pero usted, señora mía, se empeña en casarla con un hombre rico.

—Por qué así lo he decidido.

— ¿Lo has decidido? – Preguntó arqueando una ceja – Escucha bien, si ese Lord no pone interés en nuestra hija, yo personalmente le diré que a Kagome que tomé las riendas de su vida.

—Pero…

—Pero nada, lo tomas o lo dejas.

Su mujer abría y cerraba la boca para protestar, pero ante la mirada intensa de su marido terminó por aceptar la propuesta de su marido.

— ¿Supongo que iremos los tres como siempre?

—Por supuesto — ella asintió — De todos modos Bankotsu nunca va a los eventos sociales. Cuando logre casar a Kagome con el lord Taisho me dedicaré en cuerpo y alma a casarlo. — Se levantó del sofá y volvió a caminar de un lado a otro — Esta vez necesitaremos mandar a confeccionar los vestidos de Kagome y el mío. No debemos ir con vestidos remendados. Ella debe dar la mejor impresión.

—No tienes limites – reprobó el comentario de su esposa.

—Nunca, en especial si se trata de nuestros hijos – se levantó del sofá – Y de mi te acordaras cuando Kagome terminé casada con ese Lord. Si me disculpas querido – dijo dándole un beso en la mejilla – Debo buscar a nuestra hija.

Inuyasha Taisho, décimo octavo duque de Lexington había dejado Italia hace un mes para reclamar el título ya que la disputa estaba entre él y más próximo de la familia, su primo Koga. Aunque eran primos no iba a permitir que su título acabara en manos de alguien más.

Si por él fuera, se la pasaría toda su vida en Toscana, ocupado de sus propios negocios de día y por la noche con la hermosa Sabina, pero esa era antes de conocer a Lady Higurashi.

Golpeaba la mesa de su escritorio con los dedos mientras que con la otra bebía un poco de whisky. Impaciente, aguardaba el regreso de fiel sirviente, a quien había enviado a la casa de los Higurashi para hacerles llegar la invitación a su próximo baile. Fue una locura haberlo organizado en una sola noche, pero gracias a su ama de llaves todo pudo salir con forme a lo planeado. De las invitaciones se había encargado personalmente él. Había mandado unas cuantas, pero entre su lista tachó el nombre de los duques de Percival.

Sabía que se iba a ganar el repudió y odio de la duquesa, pero es que simplemente era una mujer insoportable a la que muy a duras penas la podía tolerar. Maldecía el día en que su primo Sesshomaru se la presentó, alegando que su hija era una candidata perfecta a ocupar el título de duquesa a su lado y cuando la conoció no sintió absolutamente nada, si, era bella y poseía una gran variedad de cualidades, pero no tenía los ojos color chocolate de Lady Higurashi.

Llevándose la copa a sus labios, se recargó en el respaldo de su asiento y se permitió pensar en ella y como sería verla sin antifaz. Ver esos pómulos resaltados, su piel rosada y aquellos labios carnosos que habían sido su delirio en tan solo dos días.

El sonido de alguien tocando la puerta lo sacó de sus pensamientos, dio autorización de entrar y fue su sirviente, Totosai.

El hombre era alto, anciano y calvo.

— ¿Y? – a pesar de estar impaciente, su tono de voz fue tranquilo.

—Su excelencia – saludó haciendo una reverencia – En estos momentos estoy seguro que Lady Flora ha leído la invitación. Sólo es cuestión de esperar su confirmación al baile.

—Bien – asintió – Puedes ir a descansar. Recuerda que hay que tener todo listo para el próximo sábado.

Aquel hombre hizo una reverencia y salió del estudio dejándolo nuevamente solo.

De nuevo solo y más tranquilo al saber que los Higurashi habían recibido su invitación, comenzó a imaginarse como sería aquel día en que se verían. Primero le diría unos cuantos halagos a Lady Flora, posteriormente invitaría a Angus Higurashi a fumar un puro o beber algún whisky en dado caso que no fumase. Y por último, le pediría a Lady Kagome el primer baile.

Se abrió nuevamente la puerta, pero esta vez entró el primo de Inuyasha, Koga.

— ¿Qué es eso de que se rumora que estas organizando un baile? — preguntó mientras tomaba asiento en una silla que quedaba frente a su primo.

Inuyasha se encogió de hombros — Pues sí, es cierto y no pienso mandarle una invitación a Lady Percival, por más que se haya mostrado atenta.

—Uy — Koga roló los ojos — Estará furiosa por no recibir una invitación. Ten cuidado, esa mujer es demasiado influyente en todo Cornwall y no la querrás como enemiga.

—Me importa un bledo lo que diga esa mujer. Suficiente tuve con soportarla a ella y a su hija en toda la noche. Nunca había conocido una mujer tan insoportable como esa.

Koga esbozó una media sonrisa — Te aseguro que la mitad de las mujeres casaderas son así de insoportables. Todo con el afán de conseguir marido para sus hijas y si es un buen partido como un marques o un duque mucho mejor.

Coincidía con su primo, pero la única mujer que deseaba que lo persiguiera para que se casara con su hija era Lady Flora, pero jamás lo admitiría ante su primo.

Se había prendado de esos ojos color chocolate desde el momento en que la vio y supo que esa sería la mujer de su vida, la que le entregaría su corazón – si es que ya se lo había entregado sin saber — y la que amaría por el resto de su vida.

Kagome y Bankotsu llegaron a casa después de una hermosa mañana de paseo. En cuanto entraron fueron recibidos inmediatamente por su madre, quien tomó a Kagome del brazo y se la llevó escaleras arriba. Los hermanos se miraron uno al otro y sólo Bankotsu se encogió de hombros.

Fue hasta el despacho donde encontró a su padre observando un mapa de navegación.

— ¿Qué se trae madre esta vez? — preguntó, apoyándose en la chimenea y cruzándose de brazos.

—Esta mañana tu madre ha recibido una invitación por parte del duque Taisho – explicó sin dejar de observar sus mapas — Esta emocionada, ya sabes, sus intenciones son de casar a Kagome con un hombre rico y si es con ese duque mucho mejor para ella.

Bankotsu suspiró, llevándose los dedos a la cabeza y deteniéndolos en la nuca.

—La obsesión de ella no tiene límites. Prefiere ver a sus hijos casados con personas ricas sin importar si somos felices o no – comentó.

—Debes comprenderla. Nuestra situación económica no es muy respetada que digamos.

—Sí. Pero me daría igual si me caso con una mujer rica o una mujer humilde.

—Haces eso y ella jamás te lo perdonaría – le advirtió mirando fijamente.

—Lo sé. Pero me quedaría con la satisfacción de ver su cara de estupefacción

En cuanto entraron a la habitación, Kagome pudo ser testigo de cómo su madre organizaba y desorganizaba su armario. Iba sacando vestido por vestido, los miraba y negaba con la cabeza, los que no eran de su agrado fueron apilados en una montaña a lado de ella, los que les parecía bien los regresaba nuevamente al armario.

— ¿Se puede saber qué haces con mis vestidos, madre?

—Selecciono lo mejor de tu guarda ropa. Por cierto, mañana iremos con la modesta.

La joven abrió la boca de par en par. Habían ido con la modista la semana pasada, antes del baile que organizó Lady Percival.

—Pero si fuimos la semana pasada — protestó la joven.

—Iremos nuevamente y esta vez no será para que remiende nuestros vestidos. Sino para que nos confeccione unos. Aun me sobra dinero del que me dio tu hermano y créeme que es más que suficiente.

—No entiendo. — Ella arqueó una ceja confundida. – Mis vestidos son perfectos.

—Tus vestidos eran viejos – explicó ella – Además ésta mañana hemos recibido una invitación al baile que organiza el lord Taisho. Es un honor que nos haya seleccionado entre sus invitados, así que debemos ir lo más presentable posible.

— ¿Dónde quedó tu promesa de no volver a asistir a un baile después de lo sucedido en casa de los duques Percival?

Lady Flora se le quedó viendo a uno de los vestidos y los recuerdos de la noche de baile vinieron en su mente. Lady Percival había pasado de ser persona grata a no grata. La mejor venganza contra ella sería que la viera en el baile del duque Taisho y le devolvería el golpe tal y como lo había hecho ella.

—Pero este baile no tiene nada que ver con Lady Percival — se apresuró a decir ella.

Una vez que seleccionó los vestidos, los recogió y se dirigió a la puerta.

—Será mejor que descanses toda la tarde. Mañana en la mañana iremos con la modista.

Kagome se mordió el labio inferior, la invitación venía del duque Taisho, ese hombre del que todos hablaban, ella lo único que deseaba era volver a encontrarse con esos ojos dorados.

Y aún seguía su pregunta en el aire ¿Quién era ese hombre misterioso de ojos dorados?

Aunque tenía una ligera sospecha, podría ser aquel hombre del cual Lady Percival nunca se despegó ni por un segundo.

A la mañana siguiente, la modista se encontraba tomándole las medidas a Kagome bajo la estricta mirada de su madre, mientras ella observaba las telas y elegía la indicada.

—Lo quiero en esta tela — dijo. Mostrando una tela de raso en color verde olivo — Te verías fantástica en él querida.

—Oh sí, ese color combina con sus ojos señorita Higurashi.

En ese momento las campañillas de la entrada principal sonaron. Lady Flora se dio la vuelta para ver quien había ingresado a la tienda de modas. Esbozó una media sonrisa al ver a Lady Percival con su hija y tres mujeres de la alta sociedad de Cornwall.

—No sabía que a este lugar acudía cualquier clase de gente — dijo Lady Percival — Flora, que gusto verte por aquí ¿Qué haces? — su hipocresía no tenía limites después de lo sucedido en el baile.

—Nos preparamos con anticipación para el baile que organiza su excelencia el lord Taisho.

Lady Percival frunció el cejo, muy confundida y volteó a ver a sus acompañantes y éstas reaccionaron de igual manera.

— ¿Un baile, dijiste? — preguntó de manera sutil.

—Si querida. Hemos recibido una invitación por parte él. ¿No me digas que no te hizo llegar una a ti?

Lady Percival la miró aún más enfadada y fingió una sonrisa.

—Seguramente lo hará en estos días — miró a su hija y a sus amigas — Vamos, creo que necesito aire fresco.

Una vez se hubiesen ido de la tienda, la modista no pudo reprimir una risa y estalló en una carcajada muy sonora.

—Estoy segura que acaba de poner en su lugar a esa dama, Lady Flora. Aunque tener como de enemiga a Lady Percival no le conviene, recuerde que conoce a todo Cornwall, incluso en Londres.

—Solo porque es duque no quiera decir que tenga privilegios y por su expresión pude comprobar que Lord Taisho no la ha invitado aún al baile.

—Aún — repitió la modista.

Prosiguieron con las medidas y el diseño. En todo momento siempre intervenía Flora, diciendo como quería el vestido de su hija. Kagome se tuvo que morder el labio inferior, no le gustaba que su opinión quedara excluida, pero conocía a su madre y no había forma de hacerle cambiar de parecer. Su único consuelo era que cuando ese tal Lord Taisho la viera quedara decepcionado de ella por no tener un buen estatus económico y con un poco de suerte se iría a un convento alejada de su madre y de su obsesión por casarla con un hombre rico.

—Me voy a ver como una mujer ansiosa por casarse, madre — dijo Kagome una vez saliendo de la modista.

—De ninguna manera. Simplemente te verás hermosa.

—Pero…

—Kagome será mejor que no digas nada. Ese vestido se te vera bien y punto. Y por favor, cuando llegue el día del baile espero verte accesible con el lord Taisho, recuerda que esta es nuestra oportunidad de oro para conseguir que se enamore de ti y te pida matrimonio.

Kagome se paró en seco y cruzo los brazos.

— ¿Y ahora qué? – preguntó desesperada su madre.

—Solo te falta ponerme desnuda en una bandeja y ofrecerme a él.

—Kagome no digas tonterías. Ese hombre te conviene. Podría salvarte de la ruina en la que nos encontramos.

—Tengo una condición.

Lady Flora se llevó ambos dedos a la cien, de tal palo tal astilla. Su hija era la viva imagen de su esposo, hasta para sacar sus condiciones en eso eran idénticos.

—No estás en posición de hacer condiciones — dijo su madre. — Ahora camina y vamos de regreso a casa.

Al ver que su hija no hacia ni el menor esfuerzo por moverse se giró y la vio.

—Si no me escuchas no iré al baile.

Su madre suspiró resignada y asintió.

—De acuerdo ¿Cuál es tu condición?

—Si el Lord Taisho no hace el menor gesto de interés hacia mí. Tú me dejaras de acosar con visitas a la modista, bailes y todos los eventos sociales que estén por venir. Pero sobre todo, deberás aceptar mi deseo de irme a un convento.

Al escuchar la palabra "convento" Lady Flora abrió los ojos de par en par ¿Cómo era posible que si hija pensara en ingresar a un convento? ¿Se había vuelto loca por completo?

— ¿A caso has perdido el juicio, jovencita? ¿Cómo piensas que voy aceptar que vayas a un convento?

—Tómalo o déjalo madre. Aceptas mi condición o de lo contrario no iré al dicho baile.

Flora esbozó una sonrisa, esto era ridículo. Por supuesto que Inuyasha Taisho estaba interesado en su hija y la prueba de ello era que los había invitado a su baile sin que fueran presentados oficialmente.

Así qué ¿Quién perdería? ¿Su hija o ella? Desde luego que ella y si para eso tenía que meterle por los ojos a ese Lord su hija, así lo haría.

—Muy bien — asintió — Si ese lord no presta el más mínimo interés hacía ti, yo te prometo no molestarte más y aceptar tu deseo de ir a un convento.

Kagome esbozó una sonrisa de victoria, había logrado convencerá de la manera más rápida que había imaginado.

—Pero…

Oh… esa sonrisa se había borrado tan rápido como lo era parpadear.

—Ahora me toca decir mis condiciones. Si él presta cualquier pisca de interés en ti, tú jovencita — la señaló con el dedo — Te quitaras esa idea absurda de ir a un convento y dejaras que te corteje, en dado caso que él le pida autorización a tu padre.

—Pero… — quería protestar.

—Pero nada. Acepté tus condiciones, ahora tú acepta las mías.

Bueno, ella tenía razón. Kagome le había hecho varias condiciones y no esperaba que su madre le fuera a girar los acontecimientos.

—Muy bien — asintió ella — Que gane la mejor.

Lady Flora esbozó una media sonrisa de una manera arrogante — Ya lo tengo ganado hija

Debía reconocer que era el vestido más hermoso que hubiera tenido. Era verde olivo, su madre le había especificado a la modista que deseaba un escote atrevido pero que no se pasara de vulgar. Así que ahí estaba, mostrando un poco sus senos, algo que la hizo sonrojar de pies a cabeza. Su dama de compañía le había hecho un sencillo peinado, sólo iba recogido por horquillas a la mitad y adornado con flores blancas. Solo faltaban los últimos toques, los guantes de encaje blanco

Lady Flora la observó y esbozó una sonrisa.

—No cabe duda que serás la más hermosa del baile. Estoy segura que cierto lord quedará prendado de ti al verte.

Kagome esbozó una sonrisa y asintió y siguiendo a sus padres subió al carruaje que los conduciría a la mansión Taisho. Su consuelo sería que jamás el marqués Taisho prestaría atención en ella, así que podría pasar una velada tranquila y pasar por desapercibida —siempre y cuando su madre no la persiguiera por todos los rincones.

Inuyasha observaba impaciente su reloj de cadena. No habían llegado aún. El baile había iniciado apenas quince minutos y no había rastro de la familia Higurashi. Sus nervios comenzaban hacer acto de presencia y ni el más fuerte y delicioso brandy podía calmarlos.

— ¿Aun no llegan? — le preguntó a su fiel sirviente.

—No señor — éste negó — No se desespere. Además, Lady Flora agradeció su invitación diciendo que asistiría puntal.

Puntual.

Él lanzó un bufido, era todo menos puntal. Esa familia llevaba retrasada… volvió a ver su reloj. Llevaba retrasada veinte minutos. Uno más y tendría que ir por ellos en persona.

Pero no haría falta de eso, pues en cuanto volvió a fijar su mirada en la puerta principal ahí estaba la razón de todos sus nervios. Primero entraba el señor Higurashi, tomado del brazo de su esposa y atrás de ellos…

Tuvo que sostenerse de uno de los muros de la mansión. La recorrió lentamente con la mirada. Aquel vestido había sido diseñado con el único propósito de captar las miradas de cualquier caballero. Echó un vistazo rápido por todo el salón para comprobar que nadie estuviese mirando a su futura prometida y sí, pero eran caballeros sin importancia.

Si se quedaba ahí observándola toda la noche perdería el tiempo. Lo mejor que podría ser era acercarse a los recién llegados y presentarse ante ellos de manera formal.

Así que salió del rincón de donde se encontraba y fue a su encuentro.

Lady Flora estaba tan entusiasmada admirando tanto lujo.

— ¿Alguna vez has visto tanto lujo como éste, querido? Apuesto que las copas son de oro — dijo admirando un candelabro que colgaba del techo. — Es incomparable con los bailes que ofrece la duquesa Percival.

—Querida, será mejor que avancemos. Podremos llamar aún más la atención.

—No somos nosotros quien llama la atención. Es Kagome que luce preciosa ésta noche.

En ese instante, un hombre alto y de cabello negro se había interpuesto en su camino. Llevaba un reluciente traje color marino y una camisa blanca, su cabello peinado hacia atrás.

—Lord, Lady Higurashi sean bienvenidos a mi humilde morada.

Ambos se quedaron mirando el uno al otro sin llegar a reconocer al hombre que tenían en frente de él. Entonces, Inuyasha hizo una reverencia y se presentó ante ellos.

—Soy el duque Inuyasha Taisho — dijo de manera educada. Haciendo uso de sus modales.

Lady Flora esbozó una amplia sonrisa y con toda la confianza, como si hubiesen sido viejos amigos, lo tomó del brazo.

—Oh lord Taisho. Debo decirle que tiene un gusto exquisito. Permítame presentarle a mi esposo. Angus Higurashi y a mi hija… — pero en cuanto vio más allá de su esposo, Kagome había desaparecido — Disculpe — esbozó una sonrisa nerviosa — Mi hija debe andar por ahí.

Inuyasha esbozó una media sonrisa de insatisfacción.

—Seguramente tendré oportunidad de encontrarme con ella. Si es una dama tan bella como usted Lady Higurashi, estoy seguro que la reconoceré.

La mujer esbozó una sonrisa de júbilo ante la mirada atónita de su marido.

—Lord Higurashi ¿Le permitiría a su esposa bailar conmigo?

Él analizó la posibilidad de decirle que sí, que le enfadaría mucho. Pero con tal de estar lejos de su esposa y dejar de escucharla se quedaría satisfecho.

—Adelante. Disfruten el baile. Yo iré en busca de mi hija.

Inuyasha guio a la mujer hasta el salón de baile, donde llegaban justo a tiempo de que iniciara una pieza.

—Muy bien señor Taisho. Iremos directo al grano — dijo Lady Flora, rompiendo el hielo entre los dos — Quiero que me explique por qué nos invitó a su baile, aun sin ser presentados de manera oficial.

Vaya, era una mujer demasiado directa. Pensó él mientras la hacía girar sutilmente por toda la pista.

—Es usted una mujer demasiado directa Lady Flora.

—Un poco, diría yo –comentó con una pequeña sonrisa — Así que dígame ¿Cuál es el motivo de éste baile y nuestra presencia?

—Creo que usted sabe la respuesta — dijo él mirando a las demás parejas que los rodeaban — Cuando Lady Percival organizó su fiesta, tuve la oportunidad de conocer a su hija. La señorita Kagome. Y créame, su hija me fascinó desde aquel día.

En ese instante ella quería gritar y saltar de felicidad. No sólo le había ganado a su hija, sino que estaba a punto de ganar al mejor partido de Cornwall. Si lograba casarlos, se lo restregaría por el resto de su vida a la duquesa Percival.

— ¿Cuáles son sus intenciones para con ella?

—Estoy dispuesto pasar por un cortejo y después el matrimonio. Pero créame, soy demasiado persistente. Si algo me gusta, lucho hasta el fin para hacerlo mío y su hija me gusta demasiado.

—Por mi tiene mi autorización lord Taisho. Pero quien debe otorgar ese permiso es mi marido — no se quiso mostrar impaciente, así que metió a su marido como pretexto y aunque éste se llegara a negar, sabía que con una palabra de ella bastaría para hacerlo cambiar de opinión.

Al terminar el baile, Inuyasha llevó a lady Flora hacia un rincón donde se encontraba Kagome y su padre. El señor Higurashi al verlo frunció el cejo y se aclaró la garganta una vez que estaban a lado de ellos.

El corazón de Kagome bombeaba al ver a ese hombre impresionantemente alto acercarse a ellos. Reconoció esos hermosos ojos dorados, los mismos que había visto hace varias noches atrás y por fin lo había visto sin una máscara y era realmente atractivo.

Sentía como la recorría de arriba abajo con esa imponente mirada. Maldijo por sus adentros ante la condición que le impuso a su madre de irse a un convento, si la volvía a ver de esa manera terminaría por aceptar casarse con él.

—Hija, Inuyasha me ha pedido que el siguiente baile sea contigo. Le he dicho que sí, espero que no le hayas prometido tu primer baile a alguien más.

Ella se mordió el labio inferior. ¿Desde cuanto su madre le hablaba sin formalismos a alguien que apenas ni conocía?

Alzó aún más la vista para ver a su padre en espera de su aprobación y éste asintió.

—Claro — asintió, fingiendo una sonrisa — Será un placer — aceptando la mano de Inuyasha.

—Lord Higurashi. En seguida estoy con usted. En mi estudio tengo uno habanos exquisitos.

—Gracias joven pero no fumo.

— ¿En ese caso no podrá negarse a beber un brandy?

El padre de Kagome sentía la mirada de su esposa carcomiéndolo.

—Desde luego — asintió — Un brandy vendría bien.

Inuyasha guio Kagome hasta el centro de la pista. Todas las madres casaderas e incluyendo sus hijas contemplaban la escena. Se sentían ofendidas ya que entre ellas había duquesas, marquesas y condesas. Que eligieran a una de inferior rango suponía la humillación total. Por eso, todo lo que ocurriría esa noche mañana todo Cornwall estaría enterado. Y eso él bien lo sabía, pero no le importaba, ya que la mujer que tenía a su lado valía más que un chisme de sociedad barato.

La música comenzó lenta, Inuyasha pasó su brazo alrededor de la cintura de Kagome atrayéndola hacia él. Sus alientos chocaron y sus miradas se mesclaron. Entonces el esbozó una sonrisa.

Kagome por otro lado, no podía parar a sus nervios. Toda ella era un manojo completo y no sabía si lo producían esos ojos dorados, su sonrisa o su exquisito aroma. Pero esa sonrisa podría ser su perdición.

— ¿Se encuentra bien, señorita Higurashi? — preguntó para romper el silencio entre los dos.

Inuyasha la sentía tan tensa, toda ella transpiraba nervios.

—Si milord — asintió — ¿Y qué le parece Cornwall? — preguntó ella, para que no los sepultara el silencio.

Inuyasha se encogió de hombros — Llevo tanto tiempo fuera de Cornwall que cuando regreso encuentro algunas cosas cambiadas.

—Escuché que vivía en Italia. ¿Cómo es?

—Maravillosa. Algún día, si me permite, la llevaré.

Él sabía que ese comentario no encajaba, pero una vez que fuera su esposa la llevaría a recorrer el mundo solo ellos dos.

Del otro lado, la madre de Kagome observaba con satisfacción los resultados de esa velada, no le diría a su marido de lo que había hablado con el duque. Eso, lo dejaría como sorpresa cuando él fuera a pedir cortejar a Kagome.

—Un cortejo, unas cuantas visitas y Kagome se convertirá en duquesa. — le comentó a su esposo.

—Tu ambición no tiene límites — su esposo la reprendió — Si él no muestra interés, yo mismo le doy a Kagome su libertad.

— ¿Interés? — La mujer arqueó una ceja — Observa cómo la ve. Él está demasiado interesado en ella. Y espero que cuando te pida autorización para cortejarla se lo des. Al igual de casarse con ella.

No quería discutir con ella, así que guardó silencio y decidió mirar a su hija.

Una sombra que estaba de tras de ellos había escuchado todo y esbozando una malévola sonrisa se volvió a ocultar. Había encontrado la forma de lograr su plan, solo faltaba llevarlo a cabo.

Ella podría ser quien me guíe hacia tu ruina.

Tras las agonizantes notas de la música, Inuyasha tuvo que hacer un esfuerzo por soltar a Kagome, pero en lugar de que la llevara de regreso con sus padres, ella hizo una reverencia y le agradeció el baile para después dar media vuelta y alejarse de él.

En todo el baile Inuyasha no trató de acercarse a ella por más que lo estuviese deseando, incluso no invitó a su padre a su estudio. Y sin embrago, así estaba, fumando un puro y bebiendo brandy solo en penumbras.

La puerta se abrió ligeramente y entraba su primo Koga.

—Eres el anfitrión ¿Qué haces encerrado aquí?

—Los bailes no son para mí — comentó, llevándose la copa y bebiendo un poco del brandy.

— ¿Quién era la dama con quien bailaste la segunda pieza?

Inuyasha alzó una ceja y esbozó una media sonrisa.

—Esa, mi buen primo. Es la futura lady Taisho. Mi duquesa. —corrigió. —Sólo que aún no lo sabe.

—Primo, es hermosa.

—Lo es—Una parte posesiva de había apoderado de él. — ¿Aún siguen aquí?

—No — Koga negó — Acaban de irse.

Inuyasha no dijo nada más. Mañana temprano les haría una visita disculpando su ausencia durante el baile y de paso comenzar con su cortejo.

Al día siguiente.

Todos desayunaban en el comedor, menos Bankotsu, ya que era raro cuando iba a visitarlos para desayunar en familia. Una de las empleadas había llevado el periódico al señor Higurashi, pero este antes de que lo tomara su esposa se lo había arrebatado buscando rápido la sección de sociales.

Lady Flora fruncía el cejo a leer el periódico. Donde hablaban del baile, los vestidos. Kagome destacaba, pero no por su belleza ni por haber bailado con Inuyasha Taisho. Si no la inferioridad de su cuna y de cómo era posible que alguien se mezclara con gente de la alta sociedad.

Arrojó molesta el periódico en una esquina, seguramente le habían contado los detalles a Lady Percival y ella había manipulado al editor para que despotricara con su hija de esa manera. Pero el que ríe al último ríe mejor y esa iba a ser ella cuando su hija se convirtiera en una marquesa.

—Si no lo querías me lo hubieras dado. — comentó su marido.

Pero ya era demasiado tarde para recuperarlo porque "Deisy" un gran danés de color blanco y con una mancha negra en el ojo izquierdo se había acostado encima de él.

—Demasiado tarde — dijo ella, bebiendo una taza de café — Deisy lo ha hecho trizas.

El mayordomo entró al comedor e interrumpió el desayunado.

—Disculpe milord — dijo el anciano, haciendo una reverencia — En el despacho lo está esperando una persona.

— ¿Te dijo su nombre?

—Si señor — asintiendo el hombre — Se trata del duque Taisho.

Angus Higurashi asintió — Dile que en seguida estoy con él.

Cuando el mayordomo se retiró, el señor Higurashi iba hacer lo propio para reunirse con el lord Taisho.

—Iré contigo — dijo su esposa pero antes de que se pusiera de pie, su marido ya la había detenido.

—Tú querida, te quedaras aquí a terminar tu desayuno y hacerle compañía a Kagome. Yo, iré hablar con ese hombre y preguntarle qué es lo que desea.

Una vez que su padre se hubiese ido, Kagome miró a su madre.

— ¿De qué crees que el lord Taisho quiera hablar con papá? — preguntó mientras acariciaba el lomo de Deisy y le daba un poco de fruta.

—Eso es obvio — su madre sonrió, tomando una tostada de un plato —Viene a pedirle autorización para cortejarte, estoy segura de eso.