Prólogo

-Año 737-

El espacio del Planeta Vegeta. Una nave de gran tamaño orbita el hogar de la raza guerrera, donde se respira un aire de muerte. El tirano intergaláctico observa la escena que se desarrolla ante sus ojos con disgusto, observando aquella roca de simios insubordinados por última vez. Un Saiyajin solitario se alza contra un cruel tirano. Bardock, el padre de un peculiar bebé de clase baja, con una cicatriz en su rostro y su armadura y cuerpo dañados, lucha con todas sus fuerzas contra el ejército del alienígena más cruel que haya conocido la Galaxia. Freezer.

"¡Freezer! ¡Sal de tu nave! ¡Cobarde, jamás te perdonaré!" Exclamó el lastimado guerrero, último defensor de la amenaza que se cierne sobre su planeta y su raza. Rodeado en todas direcciones por soldados de bajo poder bajo las órdenes de Freezer, Bardock se defiende con la esperanza de poder acabar con el tirano él mismo y cambiar el futuro. La impotencia lo invadía rápidamente, pues en el fondo sabía que todo estaba siendo igual que en sus visiones. Nada había cambiado. Estaba en la misma posición que sus premoniciones le revelaron. Sentía que el destino de su planeta iba a ser el mismo sin importar lo que haga. Y no estaba equivocado.

"¡Señor Freezer!" Todo soldado detuvo su ataque al escuchar como las compuertas de la nave de Freezer se abrían, para revelar al tirano en su silla con una mirada seria enfrentándose a Bardock.

Este último, en cambio, se alegró al ver a Freezer. Esa alegría producida por la ira de por fin ver a su enemigo mortal. Aquel que había explotado a su raza, aquel que ahora decidía destruirlos a todos por culpa de una estúpida leyenda. No le importaba el genocidio que iba a cometer contra sus fieles soldados. Bardock lo detestaba con cada célula de su cuerpo. Por lo tanto el ver aquella oportunidad de cambiarlo todo, de acabar con él por muy minúscula que fuera, le trajo una sonrisa a su rostro. Mientras que a cada soldado que ahí se encontraba le producía un terror descomunal al saber la amenaza que estaba ante ellos, la figura de muerte y respeto que era el Gran Freezer.

"Je." Rió Bardock. "Esta será una oportunidad de cambiar… el destino del Planeta Vegeta."

Freezer estaba menos que impresionado por estas palabras. Ya se disponía a acabar con toda esta molestia, como lo indicaba aquella pequeña bola de ki que apareció en su dedo, lo cual hizo que todos sus soldados ahí presentes comenzaran a temblar del miedo y dudar si en verdad los iba a matar junto con los Saiyajin.

"Y también cambiar mi destino. El destino de Kakaroto…" Prosiguió Bardock, mientras comenzaba a concentrar cada pizca de fuerza y energía que le quedaba en su mano derecha. Este sería el último ataque de Bardock, el último intento posible de cambiarlo todo y acabar con Freezer.

"Y obviamente…" Pausó el padre de Goku. "¡También tu miserable destino!" Gritó con fuerzas mientras aparecía en su mano su último ataque, que contenía toda la esperanza de Bardock, toda su impotencia e ira acumuladas contra el tirano.

Con un gruñido y un grito de guerra, Bardock gritó "¡Será tu fin!" mientras lanzaba su ataque contra Freezer, el cual no le causaba ningún temor.

No, en vez de temor, su rostro expresó una alegría sádica al empezar a expandir aquella esfera de ki desde la punta de su dedo. Empezó a crecer y a crecer, revelando el aterrador poder del tirano y la diferencia abismal entre su poder y el del Saiyajin.

"¿¡Qué?!" Preguntó Bardock al ver como sus esperanzas eran erradicadas con rapidez. Su ataque colisiona con el de Freezer, pero desaparece sin dejar rastro, anulado por la esfera de destrucción nacida del poder de aquel aterrador alienígena. No paraba de crecer, y cuando por fin alcanzó el tamaño de un colosal meteorito, Freezer se detuvo por un momento. Hasta que con un movimiento de su dedo, la lanzó contra el Saiyajin y su planeta.

Bardock vio a la muerte a los ojos. Vio como toda esperanza se derrumbaba. Como su visión se hacía realidad. Como había fallado en cambiarlo todo. Como su muerte, la de su esposa y la de todo su planeta se avecinaba. Jamás se había sentido tan impotente en toda su vida. Al ser envuelto en aquella bola de energía y su cuerpo y lo que quedaba de su armadura comenzaron a ser destruidos, Bardock no se podía mover ante el shock de darse cuenta de la gran diferencia que había entre él y Freezer. Que nunca hubo esperanza alguna. Pero sus pensamientos pronto se desviaron hacia su hijo, Kakaroto. Aquel bebé de clase baja que había sido enviado por él hacia la Tierra, un planeta lejano donde él podría sobrevivir. Su mente le reveló una última visión. Su hijo, ya crecido, de pie frente al tirano en un planeta extraño de pasto azul y cielos verdes. Era todo un guerrero Saiyajin, dispuesto a derrotar al tirano y vengar a toda su raza. Aquella visión le trajo una sonrisa a su moribundo rostro. Se dio cuenta que todos los guerreros traicionados por Freezer iban a ser vengados por su hijo. Y con ese pensamiento, Bardock se dispuso a morir feliz. Y con las últimas de sus fuerzas gritó

"¡KAKAROTO!" Mientras se consumía en la destrucción de su planeta y moría, confiándole todo a su hijo y atormentado por la risa desquiciada del tirano intergaláctico al observar como el Planeta Vegeta era destruido por su mano.

Y mientras tanto, en una cápsula espacial lejana, un bebé comenzaba a llorar mientras su nave era alumbrada por una explosión lejana. Pero este bebé, no era Kakaroto. Su nave no se dirigía a la Tierra. En esta capsula se encontraban 2 Saiyajin que decidieron escapar también al ver como Bardock rescataba a su hijo por miedo ante la inusual ocasión de que todos los Saiyajin hayan sido convocados al Planeta ese día. Eran una madre y su hijo, los cuales se encontraban en pleno llanto. La madre, desconsolada ante la pérdida de su esposo y su planeta. El niño, sintiendo la pena de la madre lloraba también a fin de que concentrara su atención en él. Ante esto, ella, con lágrimas en los ojos empezó a arrullarlo, susurrándole "Algún día hijo mío, Freezer pagará por lo que ha hecho. Te lo prometo." Y tranquilizándolo mientras su capsula se alejaba de la destrucción del hogar de los Saiyajin.

Así comienza una historia desconocida. La historia de otro joven guerrero, nacido de la raza de los Saiyajin, cuyo destino aún es incierto.