Capítulo 3

Angus Higurashi estaba pensativo. Tenía una mano en la barbilla y con la otra, golpeaba con la yema de los dedos el escritorio. Mientras miraba detenidamente al marques Inuyasha Taisho. Quien esperaba con impaciencia su respuesta.

—Así que se quiere casar con ella — repitió.

—Pasando por un cortejo claro. Aunque siendo sincero, preferiría casarme con ella cuanto antes.

El señor Higurashi esbozó una amarga sonrisa. Si su esposa estuviera aquí con ellos, saltaría de la emoción al escucharlo.

—Lord Taisho ¿Está usted seguro de su decisión? — Preguntó y lo vio asentir de inmediato — Voy a ser sincero con usted — la mano que tenía reposada en la barbilla se la pasó por el cabello y después se cruzó de brazos —Mi hija no tiene dote. Lo único que tenemos es esta casa, que por cierto, no es nuestra. Como lo han hecho circular varias damas de sociedad diciendo que pertenece a mi hermana. Lo único que poseemos es una modesta casa de campo en el condado de Kent. Se lo digo porque no quiero que haya malos entendidos entre nosotros y después vengan los reclamos. Es por eso por el cual mi adorada hija no se ha casado.

Para Inuyasha eso no tenía importancia. Conocía muy bien la posición económica en la que se encontraba la familia y aun así estaba dispuesto a darle su nombre a la hija de los Higurashi. Era hermosa y poseía una radiante sonrisa, seguramente los días con ella no serían nada aburridos, en especial en el dormitorio.

—Si esa es la razón por la cual la han rechazado, le aseguro que conmigo no será así. Cuando vi a su hija supe que había llegado el momento de sentar cabeza y que mejor que con ella. — Se reclinó en la silla y optó una posición más seria — No me quiero casar con un dote o una propiedad. Si no con una mujer.

Ahora Angus fue el que asintió, las palabras del marqués lo habían dejado sin palabras y lo más sensato que pudo hacer es darle su bendición y concederle a ese joven cortejar a su hija.

—Tiene usted mi permiso de cortejarla, siempre y cuando mi hija lo acepte.

Por más que se esforzara en pegar la oreja y escuchar la conversación de su marido con el duque Taisho no podía escuchar nada. Malditas fueran esas puertas de caoba que no dejaban escuchar. Lo único que pudo oír fueron pasos aproximándose hacia la puerta y tuvo que hacerse a un lado. Las puertas se abrieron y el primero en salir fue su marido y por último el joven duque.

—Querida, espero que hayas elegido un buen menú para la cena. El señor Taisho será nuestro invitado.

—Por supuesto. Le diré a nuestra cocinera que prepare el mejor que tiene — dijo ella esbozando una tonta sonrisa al ver al marqués, quien le hizo una reverencia.

—Entonces nos vemos hasta en la noche — dijo Inuyasha dirigiéndose hacia la puerta.

—Deje lo acompaño lord Taisho.

—Oh no se moleste lord Higurashi. Conozco el camino — hizo una reverencia — Hasta en la noche.

Giró sobre sus talones y echó andar hasta la puerta principal, la abrió con suma elegancia y salió, cerrando con mucho cuidado tras de él.

— ¿Ha que ha venido? — preguntó una vez lady Flora.

—Cariño, no hace falta que te diga a que ha venido. Puesto que ya sabes la respuesta. Si, vino a pedir permiso para cortejar a Kagome y si fuera por él, le pediría matrimonio cuanto antes.

Una sonrisa de victoria había aparecido en el rostro de la mujer al escuchar las buenas noticias. Por fin su hija tendría la boda y un marido que se merecía. Sería marquesa y todos sus problemas económicos se irían resolviendo.

— ¡Eso es maravilloso!

Al salir de la casa de los Higurashi, tenía intención de seguir por el camino de graba hasta su carruaje, pero una melodiosa risas que provenía desde el jardín llamó su atención. Así que se desvió del camino siendo guiado por ellas. Y ahí estaba la causante. Kagome se encontraba de espaldas a él, lanzándole una pelota a un gran danés que iba al encuentro de ella.

—Ve tras ella Deisy — decía mientras le lanzaba la pelota.

Era muy cómico ver a ese enorme animal blanco de manchas negras correr ir tras la pelota que la joven había lanzado.

Inuyasha se fue acercando poco a poco a ella, mirando a su alrededor para ver si no había nadie más cerca de ellos. Se detuvo justo detrás de ella y cerró los ojos para respirar su dulce aroma.

—Tiene una risa encantadora señorita Higurashi.

Kagome se estremeció de pies a cabeza con sólo sentir su aliento en la oreja. No tenía que darse la vuelta para ver a quien le pertenecía esa voz y esa fragancia exquisita.

Giró sobre sus talones lentamente y al verlo hizo una reverencia. Se veía tan distinto sin el antifaz, el tono de sus ojos dorados se iluminaban más con la luz del día.

—Lord Taisho. — dijo un poco nerviosa.

—Por favor, no me hable con tanta formalidad. Me llamo Inuyasha, Kagome.

Se puso un poco roja y asintió.

—Inuyasha.

Él esbozó una sonrisa al verla tan roja. Alzó la mirada y volteó a ver al enrome animal que se aproximaba con gran elegancia hacia ellos y con la pelota en el hocico a quien se la entregó a Kagome en la mano.

—Bien hecho pequeña — Kagome la apremió con una caricia y le dio un poco de comida.

Inuyasha arqueó una ceja, ese animal no tenía nada de "pequeña" si se paraba en dos patas fácilmente rebasaría a su dueña. Pero tuvo que cubrirse la nariz y sin poder resistir más, terminó estornudando.

— ¿Se encuentra bien, milord? — Ella al darse cuenta de su error y al ver la expresión de Inuyasha corrigió — Disculpa, Inuyasha.

Él asintió — Si, es sólo que desde que tengo uso de razón he sido alérgico a los perros.

—Oh lo siento.

Entonces, Kagome se llevó al animal y lo ató en un árbol, le dejó la pelota y volvió acariciar su cabeza. Acto seguido regresó con él.

—Lo lamento en serio.

—No tienes por qué sentirlo. No sabías que era alérgico a Deisy.

Ella esbozó una sonrisa y asintió.

—Ella es la única acompañante que tengo después de que mi hermano Bankotsu se fue a vivir solo.

Kagome volteó a ver a su mascota, pero la perra parecía no extrañarla, pues se había echado y dormido al instante.

—No lo vi el resto del baile.

Si ella supiera que toda la noche se la pasó espiándola tras una pintura. Observaba con detenimiento cada uno de sus movimientos. Ella volteaba a ver por todas partes, era como si buscara algo o como si lo buscara a él.

—Te pido una disculpa. Había surgido un problema de negocios, pero no quiero agobiarte con ese tema.

—No tienes por qué pedirme una disculpa.

Se hizo el silencio entre ellos dos. Inuyasha ya contaba con la autorización del padre de la joven para cortejarla, que mejor iniciar mañana mismo, cuanto menos se tardara mucho mejor.

—Kagome…— hizo una pausa antes de continuar y ella lo miró — ¿Te gustaría dar un paseo mañana por el campo?

En un principio quiso negarse, pero su madre nunca se lo iba a perdonar. Así que asintió.

— Por supuesto.

—Bien. En ese caso pasaré muy temprano mañana por ti.

Pero mientras ellos estaban en su plática, alguien los observaba muy feliz desde la ventana. Lady Flora había ido en busca de su hija para darle la nueva notica, pero en cuanto la vio hablando con el duque decidió darles privacidad.

—Espero que esa sonrisa sea por tu hijo favorito.

La mujer giró la cabeza y se encontró con su hijo Bankotsu.

—No – negó mientras volvía a ver hacia el jardín – Kagome por fin tiene pretendiente y es nada más ni menos que el duque Taisho. Está mañana se presentó ante tu padre para pedirle autorización de cortejar a Kagome – explicaba muy entusiasmada — ¿Puedes creerlo? Sólo se han visto un par de veces y ya hasta propuesta de matrimonio va a tener.

Bankotsu entornó los ojos en cuanto escuchó el nombre de aquel Lord, consiente estaba de que no era en candidato adecuado. Además, era muy pronto para una propuesta de matrimonio.

—Es muy pronto, primero deben conocerse – exclamó preocupado.

—Para eso es el cortejo – informó ella.

—Pero debemos saber si no es un mal tipo – volvió a insistir él.

—Es un duque ¡Por el amor de Dios!

Lady Flora giró en redondo y se acercó a su hijo.

—Y además muy rico – susurró para que solo él escuchara – Ahora si me disculpas, les daré privacidad a esos dos. Tengo que ir a la cocina. – Le dio un beso en la mejilla – Hoy está invitado a cenar con nosotros ¿Vienes?

Bankotsu negó, aunque por más que quisiera cenar con su familia, esa noche le era imposible ya que asuntos requerían su presencia aquella noche.

—No puedo – respondió sin dar ninguna explicación.

—Desde que te fuiste de casa nunca puedes.

Bankotsu cerró los ojos, era mejor así.

—Simplemente déjalo así, madre. No puedo y ya, confórmate con mis visitas esporádicas.

Lady Flora asintió y partió hacía la cocina dejando solo a Bankotsu, éste se asomó por la ventana y frunció el cejo. Estaba muy cerca de Kagome y no podía permitirlo

Escucharon que alguien se aclaraba la garganta a sus espaldas y ambos voltearon a ver a la persona que había producido ese sonido. Entonces, Kagome se abalanzó a un hombre de la misma estatura que él y éste la recibió de la misma manera.

— ¿Qué haces tan temprano por aquí? — preguntó ella al finalizar el abrazó.

—Bueno, madre siempre se queja de que casi no procuro convivir con ustedes. — entonces, Bankotsu se percató de la presciencia de Inuyasha.

Pero antes de que él se presentara ante aquel hombre, Kagome se adelantó.

—Bankotsu, te presentó al duque Inuyasha Taisho.

—Señor — dijo su hermano, extendiendo una mano hacia él — Mucho gusto.

Inuyasha lo miró a él y después la mano extendida del hermano de Kagome y terminó por estrecharla. Pero había ocurrido algo. Ambos no se habían agradado en ese instante pues se notaba en su expresión corporal.

—Igual mente — dijo Inuyasha y dando por finalizado el saludo. Miró a Kagome— La veo esta noche.

Bankotsu frunció el cejo y esperó a que el hombre subiera a su carruaje para poder decir lo que pensaba.

—De modo que ya te van a cortejar — comentó con sarcasmo.

—No digas tonterías — ella negó — Simplemente me invitó a dar un paseo a caballo mañana.

—Cortejarte a fin de cuentas — volvió a repetir — No me agrada ese individuo.

—Oh vamos. Es un caballero y además muy amable.

— ¿Mucha casualidad, no? — preguntó arqueando una ceja y sin dejar ver el camino que había tomado el carruaje del marqués — Ten cuidado hermana. Te debes cuidar de todo hombre que sea caballeroso y amable.

Kagome arqueó una ceja — ¿Acaso tú no eres amable ni caballero?

— ¿Quién dijo que lo era? — Respondió tajante — No, nunca lo he sido.

Deisy se había soltado de sus ataduras al ver a Bankotsu y corrió hacia él levantándose en dos patas. Era mucho peso para el hermano de Kagome y terminó rendido en el césped y con la cara llena de baba debido a los lametones del animal.

— ¡Kagome! — Gritó furioso, tratando de apartar a la perra de él — Quítame a este animal de encima.

Kagome no paraba de reír al ver como Bankotsu trataba de salir a salvo de ésta.

—Ya verás cuando logre salir de esta. Me las pagaras.

—Le agradas— explicó ella ayudando a su hermano quitándole a la perra de encima.

—No le digas a nadie lo que ha pasado aquí. Sería demasiado humillante.

Admiraba con determinación la estancia de la biblioteca. Los muebles de caoba que servían como estantería para los libros. El inmenso escritorio que se encontraba en el centro y la pequeña cantinera que estaba a un lado. Fue hacía ella y se sirvió un trago de brandy, después con calma y como si fuera el amo de la casa, tomó asiento en la impresionante silla del escritorio. Todo esto le hubiera pertenecido a él si a su primo no se le hubiera ocurrido a mera hora aparecer y reclamar la herencia.

Inuyasha no le agradaba y nunca le agradaría, por eso estaba tramando un malévolo plan que lo beneficiara a sólo a él y que lo ayudaría a quedarse con todo esto y con él título de marqués.

La puerta se abrió y entró la persona en cuestión.

—No me anunciaron que estabas aquí — dijo él al ver a su primo sentado en su silla.

No le dio importancia y se sirvió de lo mismo que él bebía y fue a tomar asiento en una de las sillas que estaban en frente del escritorio.

—Le dije a tu mayordomo que no mencionara mi presencia. — Le guiñó un ojo — Quería darte una sorpresa.

—Pues vaya que me las has dado.

— ¿Y dime? ¿Cómo siguen los planes de cortejo?

—Veo que estas enterado.

A Inuyasha no le gustaba compartir nada con su primo, a veces podía ser una persona demasiado egoísta y temía que eso podría echarle mala suerte a su ya pequeña relación con Kagome.

Su primo suspiró y se recargó en aun más en la silla, bebiendo el último trago de brandy.

—Es el mayor rumor que circula por todo Cornwall. Además, Koga no deja de mencionarlo. Ten cuidado, esa familia puede resultar ser una chupasangre.

Inuyasha lo observó y terminó por reír.

—Sesshomaru, que cosas dices.

—Sólo es la verdad — él se encogió de hombros — Se dice mucho de la familia Higurashi. Una madre ambiciosa buscando el mejor partido para su hija. Un padre que está en banca rota y un hermano que salta de cama en cama. ¿Es así como piensas manchar tu título?

Inuyasha frunció el cejo. Desde luego no le había gustado el resumen que su primo había hecho de la familia Higurashi, pero no iba a permitir que se expresara de ellos de esa manera.

—Creo que ese no es asunto tuyo. El que lleva el título de duque soy yo y no tú. Tus sugerencias son bien recibidas, pero no voy a permitir que te expreses de esa manera de la familia de mi futura esposa.

Sesshomaru esbozó una sonrisa de amargura. Si algo le pasaba a su primo jamás se lo iba a permitir. Además el título de duque lo ostentaba él, si algo malo llegaba a pasar quien podría ocupar ese puesto sería Koga, siempre y cuando Inuyasha no se hubiese casado.

—Tienes razón. Quien lleva el título aquí eres tú. No Koga ni mucho menos yo. Solo espero que estés en alerta ante todo.

Él se levantó de la silla, se despidió de su primo, pero antes de irse le lanzó una advertencia.

—Cuando te hagan daño luego no digas que te lo advertir.

Y con esas palabras se marchó, dejando a un Inuyasha demasiado molesto. Su primo en ocasiones lo sacaba de quicio, para nadie era un secreto que él deseaba el título que había heredado por parte de su padre, pero no iba a permitir que él amargara su felicidad. Esta noche iría a ver a la familia Higurashi y al día siguiente pasaría por Kagome para dar un paseo.

La mesa ya estaba lista, sólo faltaba que sirvieran la cena. Lady Flora se paseaba de un lado a otro en el vestíbulo esperando a que llegara el invitado de honor.

—Mujer ¿Quieres venir a la sala y esperar ahí? Tus nervios están acabando con mi paciencia. En especial el sonido de tus zapatos tocando el suelo.

—Ya pasan de diez minutos y aun no llega.

—Son solo diez minutos — comentó su marido — Mejor ve por Kagome mientras él llega.

Ella asintió, si eso era una buena idea para calmar sus nervios. Se había esmerado toda la tarde junto con la cocinera en preparar una cena a la altura de un hombre como Inuyasha Taisho y temía que todo podría salir mal. Le había insistido a Bankotsu que asistiera a la cena, pero el simplemente dijo que no le interesaba ser parte de una obra de teatro, que no deseaba ser testigo de cómo ofrecía a su hija ante aquel hombre.

—Sí, tienes razón — dijo al fin — Creo que eso ayudaría con mis nervios.

—Anda ve. Yo aquí lo espero y si llega mandaré a alguien a buscarlas.

Kagome terminaba de afinar los últimos retoques a su peinado cuando la puerta se abría y entraba su madre con unos nervios que se notaban en su cara.

— ¿Ha llegado el lord Taisho?

Ante su madre jamás se dirigiría hacia él por su nombre, no quería emocionarla más de lo que ya estaba al saber que la había invitado a dar un paseo mañana por la mañana.

Ella negó y fue hacía su hija, ayudándola en lo que pudiera hacer.

—No. Tu padre insistió en que viniera a buscarte, según él estoy demasiado nerviosa. — Se puso una mano en el pecho y respiró profundamente para después soltar el aire lentamente — Tal vez tenga razón. Es sólo que estamos muy cerca de que te puedas comprometer con él.

Kagome esbozó una media sonrisa. Cuando se marchó Inuyasha, su padre había anunciado ante ella y su hermano Bankotsu que él había venido con la finalidad de pedir permiso para cortejarla. No se había asombrado, en el fondo lo presentía y estaba emocionada por eso que incluso había olvidado irse a un convento.

—Madre, no olvides que es solo un cortejo y que si quiero puedo rechazar su propuesta de matrimonio.

Ante ese comentario, lady Flora frunció el cejo e hizo girar a Kagome de su asiento para tenerla frente a frente.

—Tú no harías eso. Piensa en nosotros, en tu padre, en mí y sobre todo en Bankotsu. Nuestras deudas nos persiguen Kagome. Y un matrimonio ventajoso con el lord Taisho acabara con todas nuestras preocupaciones. Incluso Bankotsu podría acomodarse con una buena familia. Y tú padre. Él no se encuentra bien de salud y cualquier emoción podría ser catastrófica.

La joven cerró los ojos. Tenía que reconocer que su madre tenía razón. Bankotsu podría ser un buen partido al saber que su hermana era la esposa de un duque y su padre, bueno, nunca podía darle una noticia fuerte porque eso podría ser fulminante para él.

Estaba atada de manos y pies, era la única que podía salvar a la familia en caer en la desgracia y si eso pasaba, su madre se deprimiría demasiado.

—Y si para lograr todo eso tienes que fingirte estar enamorada así lo tendrás que hacer.

Kagome respiraba agitadamente.

— ¿Y que se supone que debo hacer, madre? — preguntó, mientras apretaba los dientes.

—Ríete de sus gracias, hazle ver que estas demasiado interesada en él. — La tomó de la mandíbula — Y si te quiere besar, tú dejaras que lo haga. Pero sobre todo, no olvides sonreírle siempre. ¿Está claro?

Kagome asintió sin emoción alguna. Era increíble cómo había pasado de sonreír a sentirse en una completa arpía.

—Sonreír siempre. Dejar que me bese y reírme de sus gracias. Todo claro, madre.

—Bien — le acarició las mejillas — No debemos dejar escapar a ese hombre.

Llamaron a la puerta y era una de las empleadas del servicio, anunciando que el lord Taisho había llegado.

—Espera aquí unos cinco minutos y después te reúnes con nosotros en la sala.

Ella asintió y observó cómo su madre salía de su habitación. Se miró en el espejo, no le estaba permitido derramar ni una sola lágrima y si lo hacía fácilmente todos lo notarían y le preguntarían la causa, algo que no deseaba decir o simplemente mentir.

Cuando la señora Higurashi entró a la sala de estar, encontró a su marido y a lord Inuyasha conversando animadamente. En cuanto entró los dos caballeros se pusieron de pie e Inuyasha tomó uno de los dos ramos de flores que había traído y que los dejó sobre la mesa.

—Son para usted milady.

Eran tulipanes de varios colores, purpura, amarillos, blancos.

—Muchas gracias milord. No se hubiera molestado. —dijo emocionada.

—No es ninguna molestia. Es un detalle para una mujer hermosa como usted.

Ella esbozó una sonrisa de júbilo ante la mirada de su marido.

— ¿Y la señorita Higurashi? — no quería mostrarse tan ansioso pero no pudo evitarlo.

—Bajará en unos momentos. — Respondió lady Flora — ¿Le apetece un aperitivo antes de cenar? ¿Tal vez un café o un té?

Normalmente Inuyasha seguía las reglas de etiqueta, después de cenar tomaba café o incluso brandy o whisky. Pero jamás bebía algo antes de cenar.

—Es muy amable, pero tal vez un café después de cenar.

— ¿Un brandy, coñac, quizás whisky? — insistió ella.

—Gracias, pero no de momento.

Cuando Kagome entró, se había encontrado con una imagen muy relajante. Su madre se había quitado la máscara de mujer ambiciosa para cambiarla por otra que mostraba a una mujer felizmente casada y dulce.

—Ahí estás — dijo su madre con una sonrisa de oreja a oreja — Justamente iba a subir por ti.

—Lamento la demora — forzó una sonrisa.

Inuyasha fue el primero en levantarse y le entregó el segundo ramo que había llevado. En esta ocasión los tulipanes eran de color rojo y rosa. Kagome esbozó una media sonrisa sincera ante el detalle de aquel caballero. Lo miró a esos ojos dorados y no le parecía justo que fingir enamorarse de él si llegara a cortejarla.

—Las he cortado yo mismo — explicó en silencio — Tengo un invernadero de varios ejemplares. Si desea, algún día se lo podré mostrar.

—Me encantaría. Son hermosas, gracias por el detalle.

Pasaron unos momentos más en la sala hasta que llegó el mayordomo anunciando que la cena ya estaba lista. Lady Flora tomó del brazo a su marido y se fue con él al comedor, seguido por Kagome e Inuyasha, quien la había agarrado del brazo. Los asientos habían sido asignados por la madre de Kagome. Los padres de Kagome ocupaban su lugar de costumbre, el asiento principal y su esposa a lado de él. Mientras que Kagome e Inuyasha les había tocado estar juntos.

La cena transcurrió de lo más normal, hablando de los viajes de Inuyasha antes de convertirse en marques. Deisy, la mascota de Kagome no los acompañaba en el comedor como cada noche debido a la alergia de Inuyasha.

Para cuando llegó la hora del café, prefirieron tomarlo en la sala de estar. En ningún momento Inuyasha y Angus Higurashi se habían retirado para fumar, quien se había retirado alegando sentirse mal era la madre de Kagome y aunque Angus no quería dejar a su hija con Inuyasha, tuvo que dar su brazo a torcer ante la mirada de su esposa.

—Creo que acompañaré a mi esposa.

— ¿No quieres que vaya yo, padre?

—No hija. No te preocupes.

Salió de la sala de estar con el entrecejo fruncido y los labios apretados, se llevó una sorpresa al ver a su esposa platicando en un rincón de las escaleras con el mayordomo.

—Como lo acordamos — dijo Lady Flora al mayordomo — De vez en cuando vigílalos. Está bien que lo quiera como esposo de mi hija pero no le voy a dar tantas libertades.

—Será como usted ordene.

El mayordomo hizo una reverencia ante las órdenes de la patrona, giró sobre sus talones y retiró en cuanto vio al señor de la casa.

— ¿Es esta tu forma de acercar a tu hija a ese hombre?

Ella esbozó una media sonrisa. —Créeme amor, una madre haría todo por sus hijos. En especial si ven ante sus ojos la posibilidad de casar a una de sus hijas con un hombre rico.

—Tu ambición no tiene límite.

—Lo sé. Pero mejor acompáñame arriba ¿No vez que me he sentido mal? — esbozó una sonrisa cómplice y subió las escaleras ante la negativa de su marido.

El silencio había reinado entre los dos. De vez en cuando se miraban y sonreían como dos tontos sin nada que decir. Pero para Inuyasha era la oportunidad perfecta de admirar el perfil de aquella dama y vaya que lo estaba aprovechando. Era hermosa, con ese cabello color azabache y esos ojos chocolate que brillaban bajo la tenue luz.

Entonces, para retomar la conversación recordó a la mascota de la dama, recorrió con la mirada toda la habitación buscando alguna señal de ella pero no estaba.

— ¿Y desde cuando tienes a Deisy?

Kagome sonrió al escuchar el nombre de su mascota en voz de él, jamás se le llegó a pasar por la cabeza que recordara el nombre de su perrita.

—Desde hace tres años. Mi tía tiene crianza y me la regaló con la promesa de cuidarla — lo vio asentir y miró las flores que estaban en la pequeña mesita de en frente — ¿Y usted? ¿Desde cuándo cultiva tulipanes?

Inuyasha roló los ojos, haciendo cuentas desde cuándo comenzó a cultivar flores. Era uno de sus pasatiempos, lo ayudaban a relajarse y a sentirse tranquilo.

— A mi madre le gustaba cultiva flores y siempre estaba pegado a ella. Se podría decir que me heredó la pasión por cultivar. Cuando murió fui yo quien se hizo cargo de sus rosas.

—Lo siento. No quise…

—No se preocupe. Fue hace mucho tiempo.

Ambos se miraron al mismo tiempo, perdiéndose en sus miradas. Inuyasha se levantó de su sillón sin perderla de vista, hasta llegar a ella e inclinarse de rodillas, la tomó de las manos y se las llevó a los labios. El pecho de Kagome subía y bajaba violentamente debido a su frenética respiración. Sentía como la garganta comenzaba a secarse y que el corazón estaba por salírsele del pecho.

— ¿Sabes por qué estoy aquí esta noche? — comentó él, acariciando un mechón de su cabello sedoso.

Kagome estaba a punto de apartar las manos, pero él no se lo permitió.

—No, por favor — le suplicó, volviendo a besarlas — Déjalas.

Ella asintió sin pronunciar una sola palabra.

—No me has respondido a lo que te pregunté. — la miró fijamente a los ojos, con esa mirada llena de fuego.

Kagome articuló algo pero las palabras no salieron de sus labios.

—Creo saber cuál es el motivo de tu visita.

Inuyasha permaneció de rodillas, sin quitarle la vista y sin soltarla de las manos, temía que si hacia eso ella saldría huyendo de la habitación y no podía permitir eso. En cambio, Kagome estaba hipnotizada bajo el hechizo de sus intensos ojos dorados.

— No he podido dejar de pensar en ti desde que te vi en el baile de Lady Percival. Incluso organicé el baile de máscaras con la única finalidad de tenerte cerca y poder contemplar tu hermoso rostro.

Kagome, de haber podido llevarse una mano al corazón lo habría hecho solo para evitar que se le saliera del pecho.

—Y te juro que mis intenciones son honorables. Quiero comenzar cortejándote, para que ambos nos conozcamos. Y si tú te enamoras de mí como yo lo estoy, podrás aceptar ser mi esposa.

Ella lo escuchaba muy seguro de sí mismo, como si fuera aceptar su cortejo y después una unión entre ellos. Si lo rechazaba ahora su madre le dejaría de hablar. Pero algo en ella le decía que no. Que lo aceptara, que era el Lord que venía a salvarla de su madre.

—Milord yo...

—Por favor— él le colocó un dedo en los labios —No digas nada que pudiera acabar con mis esperanzas. Si aceptas sólo asiente.

Y así lo hizo, aun con los dedos de Inuyasha pegados en sus labios ella asintió.

Inuyasha sonrió —Gracias. Me hace feliz tu respuesta. ¿Puedo darte un beso?— preguntó a la vez que le liberaba sus labios.

Ella miró alrededor de la sala de estar y solo estaban ellos dos y volvió a mover la cabeza de arriba abajo, pensando que sólo sería un beso fugaz.

Inuyasha se acercó lentamente y cuando estaba por unir sus labios a los de ella, el mayordomo interrumpió en ese momento lo que hizo que se apartara de ella para retomar su lugar.

— ¿Desean más café, señorita?

Kagome suspiró, aunque no sabía si era de alivio o de decepción por no haber recibido ese beso.

—No, Marcus. Estamos bien, gracias.

El mayordomo hizo una reverencia y salió de la sala de estar.

Inuyasha consultó su reloj de bolsillo. Ya era tarde y ambos debían descansar ya que saldrían de paseo muy temprano.

—Debo irme — dijo, levantándose del sofá y avanzando hacia Kagome para ofrecerle una mano a lo cual ella aceptó —Mañana saldré con una hermosa señorita.

Ella se puso roja como un tomate a causa de la vergüenza y lo simuló con una leve sonrisa.

—Si es que aún no te has arrepentido.

—No. Te veo mañana.

Lo acompañó hacia la puerta pero antes de irse le dio un beso inesperado en la mejilla, haciendo que diera un respingo a causa de la sorpresa.

—Gracias, mi bello ángel.

Giró sobre sus talones y caminó por el pasillo de graba que lo conducía hasta su carruaje, de inmediato el cochero al verlo le abrió la puerta para que el subiera y ya una vez instalado adentro se asomó por la ventanilla y se despidió de ella, que aún estaba en la puerta.

Tras un intercambio de miradas y sonrisas él le ordenó al cochero poner en marcha el carruaje.

Al girar sobre sus talones, Kagome se encontró con su madre, quien estaba cruzada de brazos y con una mirada curiosa.

— ¿Y bien? — preguntó ella.

Kagome frunció el cejo, quería pasar de largo e irse a su habitación ignorándola, pero sería imposible.

—Se ha ido — respondió sin dar detalle.

Pasó a un lado de ella pero su madre la tomó del brazo.

—No los dejé a solas a propósito para que sólo me digas "Se ha ido". ¿Qué pasó? ¿Se quedaron de ver? ¿Te dijo que te cortejaría?

—Descuida madre. Sólo he hecho lo que me has pedido. Sonreírle cuando dijera algo gracioso. Y no, hemos quedado únicamente de ir de paseo mañana temprano — No le reveló las intenciones de Inuyasha ni el beso en la mejilla.

—Más vale que todo salga bien. Esta es tu oportunidad de ascender a la alta sociedad. No la pierdas.

Y si habría sentido una pizca de felicidad por el beso, había desaparecido por la ambición de su madre.

Kagome se soltó del brazo de su madre.

—No te preocupes madre. Ese lord no se me escapa — sus palabras eran frías y carentes de emoción. — Tendrás la boda que siempre has deseado.

—Eso espero.

Bankotsu estaba en su despacho analizando sus libros de cuentas. Esa noche legaría un cargamento procedente del extranjero, todo debía salir de acuerdo al plan y debía estar al pendiente si quería un resultado positivo.

La puerta se abrió lentamente y no tuvo que alzar la vista para ver quién era, pues sabía que Miroku, su mejor amigo siempre lo visitaba a esta hora del día.

— ¿Obsesionado con tus fianzas? — preguntó éste en tono de broma.

Tomó asiento en una de las sillas que estaban perfectamente acomodadas en frente del escritorio de su amigo y fingió quitando una pelusa inexistente de su sombrero.

Por su parte, Bankotsu negó con la cabeza, se quitó sus gafas y observó a su amigo.

—No, mañana en la noche me llega mercancía y quiero que todo esté en perfecto orden.

— ¿Hasta cuándo dejarás ese negocio? Sabes que el contrabando se paga con la horca.

Él hizo una mueca y negó con la cabeza, no podía dejar ese negocio que tantos frutos le había dado. Además con eso lograba sacar a su familia adelante, sobre todo Kagome era quien más necesitaba de él.

—Si quiero tener mi propia compañía naviera es necesario esto. ¿Sabías que el negocio del Whisky es bueno? Deja una buena suma de dinero.

—Pero de manera legal. Hazlo por tu bien o el de tu familia.

— ¿Familia? Mi madre está obsesionada con casar pronto a Kagome, mientras ella sea el objeto de sus caprichos yo pasaré de incógnito, Miroku.

— ¿Aunque la llegue a casar con el duque Taisho?

Bankotsu frunció el cejo, por más que se esforzaba en tratar de que el duque le agradara terminaba por odiarlo y querer retorcerle el cuello con sus propias manos. Se levantó y sirvió dos copas del mejor whisky que ha obtenido y una se la entregó a Miroku.

—Ese imbécil. Por más que me esfuerzo en que me agrade, termino por vomitar. Hay algo — señaló a su amigo — Algo que no me agrada de él.

Miroku se encogió de hombros.

—A las madres casaderas les gusta, dicen que es buen partido.

—Si se llega a casar con mi hermana y la hace desdichada no voy a tener ninguna contemplación ante él. Prefiero ir a prisión por haberlo matado que por contrabando.

—Esperemos que nunca llegue a pasar eso.

—Por su bien que no pase.

Por su familia y más por su hermana sería capaz de todo. Si él le llegara hacer daño se lo haría pagar el triple de lo que ella sufriría.

En una taberna alejada de toda alta social, un hombre con rostro sombrío hablaba con su compañero.

— ¿Y dime, cómo piensas hacerlo? — Preguntó un hombre de ojos negros. Tomando asiento a lado de su jefe con un tarro lleno de cerveza.

El jefe esbozó una media sonrisa, mientras contemplaba las uñas de sus manos.

—Digamos que siempre he tenido buena suerte. Inuyasha Taisho tiene sus días contados y la causante será esa mujer y su familia.

— ¿Crees que ella acepte ayudarte, digo ayudarnos?

— ¿Quién no lo haría por diez mil libras al año? A parte, si nos ayuda. También tú serás beneficiado, no solamente yo.

El segundo hombre esbozó una sonrisa y le dio un trago a su tarro de cerveza, mientras contemplaba la mirada perversa de su jefe.

Todo estaba arreglado, si se casaba con esa doncella estaba marcando su sentencia de muerte muy pronto y él se quedaría con lo que sería suyo.


Hola Chicas espero estén bien.

No quiero dar explicaciones del prólogo y de lo que va pasando ya que cometería spoiler y no es lo mío. Solo aguarden y paciencia, todas sus dudas se despejaran en un par de capítulos más.

Por cierto ¿Para ustedes es tedioso que los capítulos sean largos? ¿Les gusta? ¿No les gusta tanto? Los dos últimos fácilmente fueron 18 hojas cada uno! A veces no quiero modificar un capítulo por temor a extenderlo, lo hice con los dos últimos y miren el resultado.

Háganlo saber y veamos que puedo hacer.

Saludos!