Dragon Ball: El Saiyajin Desconocido

Año 742

En un planeta alejado de la Galaxia, donde la gravedad era aún más pesada que en el Planeta Vegeta, con un clima muy cambiante. El alimento no faltaba, pero el verdadero peligro eran las criaturas que ahí habitaban. Hace 5 años llegó una nave, que contenía a 2 sobrevivientes de la raza Saiyajin, recientemente traída al borde de la extinción por un tirano intergaláctico.

Estos 2 sobrevivientes eran una madre y su hijo. La madre, una mujer de unos 155 cm de altura, con una complexión delicada y pelo largo de color negro contenido en una cola de cabello. Su armadura de combate de color azul, empezó a escanear la zona de su nuevo hogar. Su niño, un bebé de apenas unos días ya empezaba a quejarse por el pesado ambiente, pero su madre le susurraba que se fortaleciera aquí. El bebé dejo de llorar y guardó silencio, envolviéndose a si mismo con su cola de mono, mientras que la de su madre estaba envuelta alrededor de su cintura. La madre suspiró al darse cuenta lo duro que sería vivir en este planeta, denominado Musak como lo reveló la nave espacial. La media de poder era de unos 5500. La simple tarea de sobrevivir y no ser asesinados sería una proeza.

5 años habían pasado, la madre guardaba una cicatriz en su mejilla y había perdido un brazo. Pero seguía su vida normalmente, en una casa pequeña que había construido para ella y su hijo. Estaba cocinando y había enviado al pequeño Saiyajin a buscar comida. El niño, de cabello corto y armadura polvorienta, fue a buscar alguna criatura que asesinar, dado que la mayoría de ellos eran comestibles y matarlos servía de entrenamiento.

Caminando por un tramo lleno de cráteres, el niño buscaba el nido de algún pobre diablo que se atreviera a enfrentarlo. Y con ese fin, fingía estar perdido. Los resultados no demoraron, una criatura similar a un tigre, de un color muy similar a su alrededor que le facilitaba el camuflaje empezó a acechar al joven Saiyajin, saboreando desde ya la carne del pequeño y frágil niño. Pero sus planes se verían frustrados cuando una manada de caninos de 6 patas salieron de la nada, rodeando al niño de 5 años.

Pronto se colocó en una pose de combate, no mediando palabra alguna. Sabía que sería un desafío, porque hasta ahora solo se había enfrentado a 2 criaturas a la vez, no una manada completa de ellos. Pero tenía que hacerlo. Recordando cada paso del entrenamiento que pasó junto a su madre, identificó cada movimiento de cada musculo de las criaturas, sabiendo quien iba a atacar primero. Y cuando ocurrió, le propinó un golpe certero, rompiéndole 3 costillas y lanzándola lejos, prosiguiendo a derrotar y matar al resto de sus compañeros antes de que se dispusieran a correr. Cuando por fin se detuvo el asedio, se sentía muy cansado pero feliz. Se alegró de su cacería, dado que significaba que su poder había crecido bastante y que él y su mamá comerían bastante hoy. Se sentía más que orgulloso.

Mientras juntaba sus presas sobre su hombro, falló al detectar el par de ojos verdes que lo acechaban. Como los músculos de la criatura parecida a un tigre se tensaban, listo para asesinar al pequeño Saiyajin y reclamar tanto su carne como sus presas para él.

Y cuando el niño se disponía a irse, la criatura hizo su movimiento, más rápido de lo que el niño podría reaccionar, pero fue asesinado en pleno salto de cacería por un haz de ki que lo atravesó. El niño se volteó sorprendido y confundido y se dio cuenta que era su madre, de pie sobre una montaña y mirándolo con decepción. Se dio cuenta que estaba siendo vigilado todo este tiempo y no solo por la criatura. Sabía que había sido probado y había fallado. Miró al suelo con vergüenza y se dirigió al tigre para cargarlo también por la cola y llevarlo de regreso al hogar que compartía con su madre.

Una vez dejó todas sus presas cerca de la fogata que usaban para cocinar, recibió un golpe que lo mandó a volar lejos. Provenía de su madre, que lo miraba con enojo. "¿Cómo se supone que asesinarás a Freezer si puedes ser atacado por la espalda con tanta facilidad?" Le preguntó con ira en su voz. "Si no estuviera aquí habrías muerto hace tanto tiempo. Dime, ¿Hubiera sido mejor que hubiéramos muerto con nuestra raza?" Añade, dirigiéndole una esfera de ki con el fin de castigarlo.

El niño comenzaba a llorar ante el castigo que le daba su madre, sintiendo como la amabilidad e inocencia que se contenía en su interior moría cada vez. Su madre ni siquiera lo llamaba por su nombre. De acuerdo a ella, lo haría el día que fuera un Saiyajin que la enorgulleciera. Se sentía desesperanzado. Sin importar lo mucho que parecía mejorar, siempre fallaba en algo.

"Todo tu poder, toda tu fuerza no valdrá nada si no estás consciente del campo de batalla y de tus enemigos en todo momento. ¡Pelea contra mí! ¡Cobarde!" Le grita su progenitora, mientras él se intenta recuperar desde su posición de derrota en el suelo. El pequeño la miraba con ira e impotencia, levantándose a duras penas y colocándose en pose de batalla.

"¿Qué, vas a luchar contra mí? ¿De nuevo? Te lo advierto, no me pienso contener. Si me vas a atacar más te vale que me mates." Le dice, sabiendo que sin importar que le faltara un brazo, ella tenía mucho más experiencia que su hijo en el combate y lo podría vencer con mucha facilidad. Pero su hijo, impulsado por la ira, saltó hacia ella e intentó golpearla. Ella simplemente esquivó hacia el lado y trajo su rodilla hacia el estómago del niño, dándole una patada certera que lo dejó sin aire. El joven Saiyajin se arrodilló en el suelo, donde su madre colocó su bota en su cabeza para mayor humillación.

"Eres patético. Recuerda esta sensación ¿Me oíste? La sensación de derrota. La sensación de saber que sin importar lo que hagas, no puedes vencer. Vuélvete fuerte, o la próxima vez te matare yo misma."

Esas palabras quedaron grabadas en la mente del joven Saiyajin. Empezó a gruñir y temblar de la ira producida por la sensación de impotencia. Arañaba la tierra intentando escapar del yugo de su madre sobre su cabeza, pero pronto empezó a sentir como su fuerza comenzaba a surgir. Se volvía más fuerte y empezaba a levantarse. Pronto estaba de pie, luchando contra la fuerza de su madre que lo miraba confundida. Y luego, sin soportarlo más, dejo salir un grito de ira, expulsando su poder en un aura que lanzó a su madre lejos.

Desde el piso, su madre lo observó con sorpresa pero una sonrisa se formó en su rostro. Era la luz de esperanza que necesitaba. Era la prueba de que su hijo se había vuelto más fuerte de lo que imaginaba. Que su poder estaba oculto, que necesitaba enseñarle a controlarlo y aumentarlo. Era prueba de que todo valía la pena. Con felicidad recibió la paliza que le dio su hijo producto de la ira, hasta que consiguió darle un particularmente fuerte golpe que lo dejó inconsciente. Escupió sangre y dejo que su hijo descansara mientras ella cocinaba, ignorando como su cuerpo dolía y le pedía que se tomara un respiro. Pero se negó, sabiendo que su hijo necesitaba todas sus fuerzas para volverse aún más fuerte.