Capítulo 4
Era la décima vez que miraba su reflejo en el espejo de cuerpo completo. Trataba de encontrar algún defecto en su vestuario. Comprobó que el peinado estaba en perfecto estado y no hubiese un mechón rebelde.
Dio media vuelta para contemplar su vestuario, llevaba un traje montar color crema y un sombrero en negro con una banda color blanco atado alrededor de él.
Entonces por qué si se estaba perfecto ¿los nervios la estaban consumiendo por dentro? Podía incluso sentir como bombeaba su corazón y como sus latidos acelerados retumbaban en sus oídos. Incluso un ligero sudor comenzaba brotar de su frente y tuvo que retirarlo con un pañuelo.
Tomó asiento en una orilla de la cama y su mente comenzó a divagar un poco. Temía por ella misma, sabía que en fondo si aceptaba ese cortejo iba a perder su libertad y no era que deseaba frenéticamente ir a un convento. Sino el principal temor que comenzaba a sentir era que durante ese cortejo era probable que perdiera el corazón.
Haciendo a un lado que el duque….Inuyasha ―se corrigió así mismo― es un hombre rico, era demasiado atractivo que más de una dama podría enamorarse fácilmente de él, de esa sonrisa deslumbrante y enigmática.
¿Conservaba una amante en Italia? Un hombre con ese porte no solo podría tener una, sino varias. Frunció el cejo cuando esos pensamientos se centraron eso.
Pero… ¿Cómo sería ser besada por él?
Automáticamente se llevó una mano a la baca. Si su madre no hubiese interrumpido en ese momento al entrar a su habitación de manera acelerada, seguramente ya se lo habría imaginado. Automáticamente apartó la mano de sus labios y le prestó toda la atención que podría.
Se detuvo delante de ella y comprobó el atuendo que llevaba puesto, en una señal de aprobación asintió.
―Muy bien, vamos a repasar cada uno de los detalles a seguir.
Comentó mientras arrastraba una silla hasta donde estaba su hija y tomó asiento.
Kagome suspiró, lo cierto es que no quería recibir ningún consejo y sobre todo "detalles a seguir" de ella. Ya que estaría pensando durante el paseo en ello y no podría disfrutar de la compañía de él.
Quería ser ella misma con él y era lo que prendería hacer.
―Madre ¿Podrías dejármelo a mí?
Tal como si hubiese dicho algo que la ofendiera, ella abrió los ojos de manera sorprendida, después frunció el cejo y respondió a su hija:
― Recuerda que no podemos darnos el lujo dejando escapar un partido como Lord Taisho. No hemos invertido tanto en ti para que te cases con el primer hombre que te pida matrimonio. No, tiene que ser él y si no lo es yo misma te meto al convento como tantas veces me lo has pedido.
―Prefiero eso a ser vendida al mejor postor.
―Será mejor que cuides esa boca señorita―alzó un dedo delante de ella― No olvides que soy tu madre.
Mientras pasaban los detalles a seguir, una empleada del servicio llamó a la puerta anunciando que Lord Taisho aguardaba en la sala de estar por ella.
Su madre la miró fijamente a los ojos. Era extraño, pero Kagome sintió como si fuera una leona, lista para acabar con su presa.
―No nos defraudes hija y has un buen papel.
Ella no dijo nada y salió de la habitación para encontrarse con él.
Inuyasha observaba su reloj de bolsillo y tal parecía que el tiempo pasaba lento cuando una empleada de servicio había ido en busca de su futura esposa. Esbozó una sonrisa por más tonto que se escuchara, le gustaba decirle así. Era el primer día que comenzaría a cortejarla y ya le estaba llamando "su futura esposa" pero por dentro así lo sentía. Solo esperaba que fuese correspondiendo de la misma forma o más dicho, que fuera correspondido muy pronto.
Estaba seguro que así sería, tan seguro como desde la primera vez que la vio en aquel baile de máscaras.
Soltó un fuerte estornudo que sólo podía ser originado por Deisy, el gran danés entraba a la sala de estar y se sentó justo en frente de él. Inuyasha tuvo que arrugar la nariz al sentir una pequeña punzada y unos cosquilleos.
Deisy levantó una pata y la colocó en la rodilla de él.
Ese acto le arrancó una sonrisa.
― ¿Así es siempre ella? ― Le preguntó, acariciando una oreja ― ¿Crees que me acepte? ¿Seré correspondido como quiero? ¿Cuántos más intentaron cortejarla y fallaron en su intento?
Eran muchas preguntas que le había hecho al animal y para su sorpresa le había lamido los dedos de su mano.
Kagome se detuvo justo en la entrada, Inuyasha no se había dado cuenta de su presencia. Frunció ligeramente el cejo, era raro que Deisy mostrara interés con los extraños. Siempre era cautelosa y si alguien no le agradaba o lo correteaba por todo el jardín o le soltaba una mordida. Pero parecía como si ella lo conocía desde hace mucho, sin duda podría ser una señal del destino.
En la posición donde se encontraba pudo observarlo mucho mejor, llevaba un saco en color negro, pantalones marrón y unas negras. Asintió, debía admitir que era demasiado atractivo y eso era peligro.
―Eres...muy…
De pronto él ya no pudo contener más, se cubrió la nariz con el pañuelo y volvió a estornudar.
―Salud.
Cuando él escuchó la dulce voz de la joven, levantó la cabeza y se encontró con su resplandeciente sonrisa. Deisy pasó a segundo término y se levantó rápido, avanzó unos cuantos pasos para estar a su lado.
Hizo una pequeña reverencia, tomó su mano y deposito un suave beso.
―Normalmente Deisy no recibe visitas muy temprano – comentó ella al ver al danés.
Inuyasha notó una pizca de humor en ella, esbozó una media sonrisa y decidió seguirle la broma.
― ¿Y crees que ella acepte ir a la opera conmigo el viernes?
Ese comentario hizo que ella alzara una ceja, nunca se atrevió a pensar que le seguiría el juego. Tal vez un poco de humor vendría bien para olvidar el mal rato que había pasado hace unos momentos con su madre.
Con una sonrisa en los labios ella respondió:
―Si lo que quieres es que los echen del teatro, adelante, invítala. ― No podía barrar esa sonrisa de sus labios y el causante era él ― Pero te aseguro que Deisy no es una buena compañía. No le agradan los bailes y se aburre con facilidad en los teatros.
Inuyasha cerró los ojos y negó con la cabeza en un gesto cómico.
―El secreto para que una dama nunca se agobie está en tener una buena compañía. Todo depende de la compañía, señorita Higurashi.
En ese momento Deisy se levantó y salió por otra puerta, como si la plática de esos dos la hubiese aburrido por completo.
―Creo que su acompañante ya se fue, Lord compañía – señaló con la cabeza la dirección donde se había ido el animal.
Inuyasha esbozó una media sonrisa y negó para sí mismo.
―Vaya, creo que ha sido la primera dama a quien he aburrido en mi vida.
Ante ese comentario, Kagome alzó una ceja ¿Cómo que la primera?
― ¿Nos vamos, Lady compañía? – preguntó mientras le ofrecía su brazo.
Ella asintió y entrelazo su brazo con el de él y ambos salieron de la casa.
Una vez que se hubiesen ido, su madre bajó corriendo las escaleras para asomarse por una de las ventanas que daban en dirección hacia la calle.
―Pronto tendremos boda.
El día era perfecto como para dar un paseo los primeros rayos del sol y el cantar de los pajarillos le daban un tono romántico. Kagome de vez en cuando se permitía observar a Inuyasha ampliamente, tenía una espectacular, el suave viento se dejó sentir y jugueteó con varios de sus mechones negros. Podía pasar durante horas contemplándolo, ver esos ojos dorados tan intensos, la manera de sonreír, de cómo alzaba sus cejas.
¿Qué era lo que él tenía, para que pusiera su corazón a latir desbocadamente?
Inuyasha siguió mirando de frente, pero era inevitable permanecer serio y una sonrisa se dibujó en sus labios. Claro que había notado a la joven como lo observaba, si él tampoco había perdido la oportunidad. Lo cierto era que la señorita Higurashi poseía unos labios que fácilmente lo podían llevar a su perdición.
— ¿Ya has terminado de analizarme tan detenidamente?
Al escuchar es pregunta, Kagome respingó y se ruborizo de inmediato, maldiciendo a su piel blanca por delatarla tan fácilmente. Apartó, de manera avergonzada la vista para concentrase disimuladamente hacía el frente.
Controló su respiración sus nervios y sobre todo su piel ruborizada y cuando ya estuvo todo en orden, dijo con voz suave pero segura:
―Te ofrezco una disculpa ― dijo mientras se mordía el labio inferior de manera simulada.
Inuyasha gachó la cabeza y después contempló a la joven y negó.
―Disculpa aceptada, aunque debo admitir que yo no le pido disculpas – comentaba mientras seguían avanzando – Es usted demasiado hermosa como para evitar no perderme sus ojos. Me pasaría todo el día entero observándola.
Kagome no añadió nada más pero una sonrisa se reflejó en sus labios, mientras que su corazón comenzaba a mandarle alerta a todo su ser de que pronto estarían perdidos tanto él, como ella y caerían rendidos ante el hombre que estaba a su lado.
―En el baile que ofreció comentó que vivía en Italia – prefirió cambiar de tema para volver a tomar el control de sus emociones ― ¿La extraña?
Inuyasha la miró y después negó.
―No si estoy con usted.
Pum, otra punzada.
― ¿Por qué dejó Italia? – preguntó, ignorando ese comentario.
Lo cierto era que había dejado Italia para tomar posesión de su título, primero había viajado a Londres para contemplar la propiedad que tenía ahí su padre, después se trasladó a Cornwall para hacer posesión de la casa de campo.
Desde que había muró su madre no había vuelto a verlo desde hace años y cuando le anunciaron el fallecimiento y que el titulo estaba en juego no pudo evitar tener que regresas.
―En resumen…― mi padre murió hace un mes y tuve que hacerme posesión de él.
Kagome al escuchar que su padre tenía poco de haber fallecido le ofreció sus condolencias a lo que él las aceptó, pero él muy en el fondo no lo extraña.
― ¿Pretende regresar alguna vez?
― ¿Cuándo quiere conocer Toscana, Lady compañía?
Pero antes de que ella pudiera responder a ese comentario se escucharon varios cacos de caballos acercándose a ellos. Ambos siguieron el sonido del animal y Kagome tuvo que borrar la sonrisa de sus labios al ver quienes se acercaban a ellos. No había forma de escapar, solo debía ser cautelosa.
―Vaya excelencia, nunca imaginé encontrarlo aquí.
La voz de la duquesa de Percival invadió el espacio de los dos. Inuyasha la vio tensarse, la miró y la obligó con un gesto a mantener la cabeza en alto. Odiaba que esa mujer se sintiera superior por ella.
―De haber sabido que le gustaba tomar paseos, hubiera invitarlo y de paso a mi hija. Con tal de que tuviera…― observó a Kagome – Una compañía más adecuada.
Kagome iba a decir algo pero Inuyasha se le adelantó.
―Le aseguro que mi acompañante es más que "adecuada" milady.
Una ligera risa se escapó de los labios de la duquesa y después adquirió un tono serio.
―Por cierto, sigo esperando sus disculpas milord. – lo vio fruncir el cejo y antes de que la interrumpiera se le adelantó – No invitó a mi marido al baile que organizó hace varias noches. Estoy un poco decepcionada de eso. Recuerde que la mayoría busca mi aporbac…
―Yo no busco ni la aprobación ni la admiración de nadie milady – esta vez si la interrumpió – Y para ser honesto, no la quería en el baile – sin ver a Kagome le dijo: ― Señorita Higurashi, vámonos.
Se apartaron dejando a Lady Percival con su acompañante con la boca abierta. Cuando estaban un poco apartados Kagome no pudo contener más y se echó a reír al recordar el rosto inexplicable de la duquesa.
― ¿Sabes que te acaba de poner en su lista negra? – Comentó ella – Dicen que tiene una lista extensa de las personas no gratas.
―Me importa poco – respondió – No pienso tolerar que alguien te insulte delante de mi presencia – hizo una pausa y añadió ― ¿Qué lugar ocupa tu familia en la lista negra?
― ¡Somos los primeros! – respondió como si fuera un alago, aunque al decir verdad lo era.
― ¿A qué se debe el odio hacia ustedes?
Habían llegado a una especie de lago se bajaron de los caballos y los acercaron a él para que tomaran agua. Kagome dejó de reír, lo cierto es que concernía a su madre y a ellas dos.
―Mi madre…― se aclaró la garganta – Iba a ser su primera temporada, el duque se había acercado a ella para bailar su primera pieza. Decía mi abuela que ella y el duque se habían enamorado a primera vista, pero la duquesa se le adelantó. Cuentan que lo drogó para meterse…– se ruborizo un poco, pero continuó ―… en su cama y el resto ya te lo imaginaras.
― ¿Tu madre iba casarse con él? – preguntó sorprendió.
Kagome asintió.
― Por eso cada vez que ve a mi madre le recuerda que es y será el único amor de su marido. Incluso el mismo día de la boda el duque se presentó en casa de mi madre, rogándole que no lo dejara casarse, pero ella simplemente se negó. Claro que después de convertirse en duquesa, utilizó todo el poder de su marido para acallar cualquier tipo de rumor. Después ella todo eso, conoció a mi padre y aquí estamos.
Kagome guardó silencio no quiso seguir añadiendo más, la historia terminaba en que no siempre su familia andaba mal económicamente, de hecho su padre tenía una compañía naviera y que gracias a la duquesa lo perdió tordo quedándose con algo que mantener.
De hecho estaban a punto de perder la casa, pero gracias a la intervención de su tía Kaede, quien generosamente la había comprado con el afán de que la conservaran. Pero en gran parte podría comprender sus motivos en casarla con un caballero acaudalado y ese era para que nadie le hiciera ver lo inferior de su posición.
Inuyasha permaneció serio por unos minutos maldiciendo a Lady Percival que se había vuelto "persona no grata" en su vida. Si ella lo tenía en una lista negro con más razón el también l tendría.
Pero después analizando a Kagome, si su madre se hubiese casado con el duque y negó, probablemente ella sería pelirroja de ojos verdes o probablemente no habría llegado a este mundo y no, negó para sí mismo. El universo se perdería de una hermosa mujer, así era perfecta, con su cabello azabache y esos ojos color chocolate líquido.
―Debemos agradecerle, si tu madre se hubiese casado con él serías pelirroja de ojos verdes y así eres perfecta.
Ella esbozó una sonrisa, asintió y aceptó su alago.
―Gracias.
Después de un rato meditarlo añadió:
―Ven conmigo al teatro éste viernes.
Kagome volteó y arqueó una ceja.
― ¿Disculpa?
―Sí, asiste conmigo al teatro, no era broma lo que le comentaba a "Deisy". Así la distinguida alta sociedad tendrá algo de qué hablar y más al saber que estoy en la lista negra de la duquesa Percival.
―Yo….
―Si va a declinar mi invitación, debo decirle que no la aceptó. Si se preocupan por el que puedan decir bueno, es muy nuestro asunto, además ¿No me ha dado su autorización para cortejarla?
Ella esbozó una débil sonrisa y con una inclinación de cabeza, aceptó la invitación de Inuyasha para asistir al teatro. Iba girarse en redondo para volver con su caballo pero piso mal y estuvo a punto de caer si no hubiese sido por él, que la sostuvo de un brazo y la atrajo hacia él.
Los latidos de sus corazón de sincronizaron, Inuyasha recorría su espalda con la otra mano para atraerla más hacía él. Kagome pasó saliva con dificultad mientras se perdía en las profundidades de sus ojos dorados.
Él deseaba besarla, perderse en la suavidad de sus labios, de su cabello de su piel. Poco a poco como si ella fuese na especie de imán para él fue atrayéndolo hacia él, cerró sus ojos ante el delicioso aroma de su cuerpo y cuando por fin la tuvo cerca para besarla, sólo fue capaz de rozar sus labios con los de ella.
No quería asustarla y romper la magia que habían creado media hora antes.
―Ten cuidado cuando camines – comentó, dándole un último beso en la mejilla.
Y de mala gana la soltó para contemplar como la joven se iba a ver a su caballo.
Después de su paseo por el campo Inuyasha acompaño a Kagome hasta la sala de estar, saludó brevemente a sus padres y tras varios minutos de permanecer ahí se despidió.
Su madre abordó a su hija pregunta tras pregunta en cuanto el duque se fue, pero cuando le comentó su percance con Lady Percival hizo una mueca y prefirió cambiar de tema. No sólo la había humillado en público más de una ocasión, sino que también le había arrebatado el amor. Pero aun así era más feliz con su padre de lo que pudría haber sido.
El viernes por la noche el teatro estaba a rebosar con toda la crema y nata de la alta sociedad. Para no sentirse incomoda de estar a solas con él en un balcón durante la función, Inuyasha había extendido su invitación a los padres de Kagome, pero la única que aceptó fue su madre.
Tras bajar del carruaje Inuyasha les ofreció ambos brazos a las damas y las guio por un pasillo hasta encontrar su palco. Cabe destacar que en el trayecto volvieron a encontrarse con los duques y que por extraño que pareciera intercambiaron cortesías de manera pacífica por así decirlo, pero Lady Percival ardía por dentro al ver al duque acompañado de su ex rival y de su retoño. Si por ella fuera, habría hecho lo que hizo con su marido a Inuyasha, habría metido a Elizabeth en la cama de ese hombre y fingir una tragedia que lo obligara a responder con su honor de caballero.
Pero por lo que se veía el duque era demasiado listo como para caer en esa trampa.
Quien rompió primero contacto fue ella, quien se llevó a su hija al palco, dejando a su marido intercambiando unas cuantas palabras con el duque y su compañía. Cuando estaban a punto de irse, el duque observó a flora y no pudo evitar decirle:
― Espero que disfrute la función, Lady Higurashi.
―Gracias, excelencia – la cortesía de ella fue fría per cortes.
Pero Lady Flora comenzó a sentirse incomoda no era por las palabras del duque, sino porque al otro lado del balcón tenía a la mismísima duquesa de Percival.
―Creo que no me siento bien – dijo ella – Regresaré a casa.
―Iré contigo – Kagome se levantó.
―Oh no te preocupes por mí, me las arreglare.
Pero Inuyasha se había levantado y le ofreció su carruaje, le dijo a Kagome que lo esperara en el balcón mientras él llevaba a su madre y la ayudaba a subir para después darle la orden a su cochero que la llevara de vuelta a casa de los Higurashi.
Inuyasha regresó y ocupó su lugar a lado de ella. Aún faltaban varios minutos para que Iniciara la función y antes de que las luces se apagaran se permitió maravillarse de su hermoso perfil. Aquella noche llevaba un vestido azul marino con encaje. La mayoría de los vestidos que le había visto siempre eran de ese color, se recordó que cuando fuera su duquesa le compraría todos los diseños de ese color que le favorecía.
No pudo evitar desplazar su mano hacia la de ella y la tomó, llevándosela a los labios para depositar un tierno beso. Ante ese gesto Kagome se ruborizo.
―Está noche luce usted encantadora, señorita Higurashi.
―Gracias, milord – asintió – Usted también.
Él esbozó una media sonrisa, se reclinó un poco hacía ella y le susurró al oído.
―Nadie me había dicho que soy "encantador"
Kagome se quedó con la boca abierta pero cuando iba a decir algo justo en ese momento las luces se apagaron, la función inició y sin soltarse de la mano guardaron silencio para contemplar a la cantante que hacía su aparición en el escenario.
Observaba a la joven que estaba a su lado de hecho le prestaba más atención a ella que se había olvidado de los actores que estaban en escena. Como se moría de deseo por probar de nuevo esos labios pero esta vez sería de una manera distinta. Sabía que no se conformaría con un simple roce, no. Estaba vez se detendría a saborear cada comisura de ellos, cada línea….todo de ellos.
Lo cierto es que deseaba todo de ella y ansiaba que aceptara su propuesta de matrimonio, porque si lo rechazaba tendría que verse en la penosa situación de convertirse en una "Lady Percival" con tal de amarrarla a su lado y a su vida.
Justo en ese instante todo el teatro irrumpió sus pensamientos con unos sonoros aplausos. Las luces iluminaron el recinto y en automático los presentes se habían puesto de pie. Inuyasha también lo hizo, de mala gana mientras aplaudía.
―Fue increíble – comentó Kagome.
―Si – él asintió, mientras le devolvía la sonrisa – Increíble.
Pero ese "Increíble" era más para ella que para la función que se había perdido por estar más al pendiente de ella.
El carruaje se detuvo junto a la fachada de la casa de la joven, Inuyasha fue el primero en bajar y le ayudó a ella hacer lo mismo. Avanzaron por el camino de graba hasta detenerse justo en la puerta principal. Las luces de la casa estaban completamente apagadas.
―Supongo que todos duermen como para que vengan abrir la puerta. – comentó ella mientras buscaba las llaves en su bolso.
Pero como estaba todo en penumbras Kagome no veía bien y el bolso se le cayó al suelo. Por auto reflejo ambos se agacharon al mismo tiempo y cuando sus manos se rozaron sintieron una corriente eléctrica que recorrió por sus venas.
Levantaron la cabeza a la par y sus miradas se encontraron.
Inuyasha alzó la mano para tocar su mejilla ya no podía seguir reprimiendo más el deseo por tocar esa piel aunque fuese ese inocente roce. La dejó ahí por un momento, reconociendo, sintiendo, anhelando.
―Inu…
Pero puso un dedo en sus labios para que guardara silencio, ese momento era de los dos y si alguien diría algo, toda su determinación por besarla se evaporaría en un instante. Así que fue acercándose lentamente hacía ella, su aroma ya le era familiar. Sus labios estaban a centímetros de los de ella y sentía su aliento cálido quemando su piel.
Fue en ese momento cuando supo que la iba besar y cuando lo hizo sintió como si algo explotara liberando miles de sensaciones. El beso fue lento, temía que si lo hiciese mal ella terminaría por asustarse y dejarlo ahí.
En cambio, los latidos frenéticos del corazón de Kagome golpeaban contra su pecho. Dejó la bolsa y llevó sus brazos temblorosos al cuello de Inuyasha, los enredó a su alrededor y lo atrajo más hacia ella, haciendo ese intimo momento más intenso.
―Kagome…― susurró sin dejarla de besar.
Alguien carraspeó a sus espaldas y tuvieron que romper con el contacto.
―Buenas noches.
Se obligaron apartarse de mala gana y Kagome en cuanto vio a Bankotsu tomó su bolso y para ponerse de pie seguida por Inuyasha.
―Buenas noches – volvió a repetir la voz.
―Bankotsu – era lo único que pudo decir ya que aún no recuperaba el aliento.
Inuyasha observó al hermano de su futura esposa y simplemente inclinó la cabeza en señal de saludo, se despidió de los dos y sin más que agregar avanzó por el camino graba, subió a su carruaje y partido.
Todo bajo la atenta mirada del hermano mayor.
― ¿Se puede saber qué haces aquí? – preguntó Kagome sorprendida y a la vez nerviosa.
―Esa pregunta no viene al caso – hizo una mueca ― ¿Por qué te estaba besando en la entrada de la casa? – Su pregunta era sebera, estaba enfadado – Los pudieron haber visto y habrías sido la comidilla de todo el pueblo, Kagome.
Kagome agachó la cabeza, si, él tenía razón en eso pero no lo había pensado hasta que él se hizo presente. Sacó las llaves de su bolso y abrió la puerta.
―En tal caso no me preocupa, te está cortejando y es probable que esto termine en matrimonio.
―Lo siento – se disculpó sin poder – Por mi comportamiento.
Bankotsu la miró por unos segundos y suspiró, caminó hacia ella y la envolvió entre sus brazos, en un abrazo paternal.
―Sólo quiero protegerte. Le rompería el cuello a cualquiera que hablase mal de ti e incluso de nuestra familia – esbozó una sonrisa.
― ¿Ahora me vas a responder que haces aquí?
El semblante de su hermano cambió por completo, optando una postura más seria.
―He olvidado unas cosas en mi antigua habitación.
Kagome asintió pero no le dio mucha importancia, ambos subieron las escaleras y se despidieron en cuanto ella entró a su habitación.
Cuando estuvo a solas en su cuarto, se llevó una mano al corazón y la otra en los labios. Una sonrisa se dibujó en ellos al recordar el beso que le había dado Inuyasha. Y ni el castigo más severo de Bankotsu haría que olvidara ese mágico momento.
Lo cierto era que comenzaba a sentir algo por él, cada día que pasaba en su compañía más se perdía en las profundidades de sus ojos dorados y su sonrisa enigmática. Fue en ese momento que desistió de ir a un convento y convertirse en su esposa, claro, si se lo pedía algún día.
Una semana después…
Habían pasado una semana y para nadie era un secreto que Inuyasha Taisho estaba cortejando a Kagome. Aunque Lady Percival tenía ligeras esperanzas de que no llegara a más que eso, aprovechaba cada ocasión en que se encontraban para hablarle de su hija y de lo maravilloso que tocaba el piano, algo que su cortejada no sabía hacerlo del todo bien.
Tenía la amplía certeza que ella comenzaba a sentir afecto hacía él, se podría decir que más que afecto. Cada vez que la observaba discretamente en varias ocasiones la atrapó viéndolo y podía notar un brillo en sus ojos generado por algún tipo de emoción.
Caminaba de un lado a otro por todo su estudio. Había mandado a su fiel lacayo en busca de la dama, esa noche le pediría matrimonio. Ya lo había organizado todo, una cena romántica en los jardines, bañados por los rayos de la luna.
Se detuvo y sacó del bolsillo de su pantalón una cajita que contenía el anillo de compromiso, sonrió al verlo, una vez que estuviese en la mano de Kagome no había nada ni nadie que pudiera impedir que fuera suya.
Escuchó un carruaje detenerse, corrió hacia la ventana para observar quien había llegado. Un suspiro amargo salió de su boca al ver a su primo Sesshomaru descender de su vehículo. Con mucha tranquilidad tomó asiento en su imperial silla de roble, colocó su copa de brandy en el escritorio y cruzó los brazos.
No espero ni dos segundos cuando las puertas se abrieron de golpe.
―No esperaba tu visita, primo.
Sesshomaru avanzó hacia él con grandes pasos y en un instante estaban frente a frente.
― ¿Entonces ya es un hecho? ― preguntó, entornando los ojos hacia Inuyasha ― ¿Ya le has pedido que se case contigo?
―No tengo porque responder a cada una de tus preguntas ― respondió él, tomándole un trago a su brandy para después colocarlo donde estaba.
―Cometes un error. Esa familia te va a destruir en un abrir y cerrar de ojos.
―En ese caso, es un sacrificio que haré. Y espero que nunca pase por el bien todos.
Sesshomaru se llevó las manos a la cabeza de una forma desesperada.
¿Cómo hacerle entender a ese hombre, que la dama que había elegido no era la adecuada? Probablemente no estaba al pendiente de lo que se rumoraba sobre el hermano de esa mujer, un hombre que podría ser contrabandista. Una madre carente de educación que se aferraba a un buen partido sin importar vender a su hija y sobre todo el padre, bueno él era el más sumiso de todos.
―Si tiene mucho que ver ― lanzó su última as de bajo de su manga ― Su hermano se dedica a…
―No me importa lo que tengas que decir ― lo interrumpió él ― He elegido a Lady Kagome como mi esposa y ésta noche se lo voy a proponer.
―Está bien ― asintió su primo ― Creo que he agotado todos mis recursos en tratar de abrirte los ojos. No es que me importe tu título o que me quiera quedar con él. Eso jamás ha estado en mis planes, sabes que nuestras herencias son muy similares. Lo único que deseo es que estés bien.
Llamaron a la puerta y entro el fiel lacayo de Inuyasha, Totosai.
―Señor ― hizo una reverencia ― La señorita Higurashi ha llegado. Lo espera en la sala.
―Gracias Totosai. En seguida me reuniré con la señorita. Haga que le lleven té.
Totosai asintió e hizo una última reverencia antes de salir del despacho.
―Como veras estoy ocupado y no puedo atenderte.
―Si eso veo.
El tono de Sesshomaru fue frio algo distante, se acercó a la puerta y se fue. Ya en su trayecto hacia la salida, se encontró con Kagome, quien lo saludó con una sonrisa, él en cambio asintió e hizo una rápida reverencia antes de salir por completo de la mansión.
―Veo que el Lord Stone tenía prisa por irse ― Comentó ella en tono casual.
Inuyasha la recibió con una media sonrisa, que ella hubiese presenciado la arrogancia de su primo no le parecía en lo más mínimo agradable.
―Así es. Ha surgido un problema ― respondió él ― El cual lo va a obligar ausentarse un par de semanas fuera de Cornwall.
Le ofreció su brazo a lo que ella lo aceptó con mucho agrado. Ambos salieron por una puerta balcón y la condujo hacia un viñedo.
Al entrar Kagome se quedó asombrada por las inmensas flores que había en su interior, desde lirios, tulipanes –, no pudo evitar contener una sonrisa ya que desde que le llevó el ramo se habían convertido en sus favoritos.
— ¿Lo has cultivado todo desde que llegaste a Cornwall? – preguntó ella.
—No, en su mayoría las he traído desde Italia – explicó.
Y la condujo hacia una mesa que estaba preparada para una cena de solo dos personas, era obvio, pues nadie más estaría presente al momento de que le pidiera su mano.
La cena transcurrió con normalidad, reían, bromeaban sobre cosas sin algún tipo de sentido. Inuyasha esperaba que terminara su postre consistente en un tiramisú y una vez acabado y que los sirvientes recogieran el servicio.
—Gracias – dijo él – Por esta velada que nunca olvidaré.
—Al contrario – respondió ella con una leve sonrisa – Me la he pasado muy bien.
Entonces se acercó a ella lentamente, se hincó para estar a su altura y tomó una de sus manos libres.
—Gracias por aceptar cortejarte durante estas semanas – comenzó a decir – Sin duda eres la mujeres más fascinante y encantadora que he conocido.
— ¿A caso soy la única? – bromeó ella.
E Inuyasha no pudo evitar soltar una pequeña risa. Si, debía admitir que había conocido mujeres, se había acostado con ellas pero nunca se enamoró tanto de la mujer que tenía en frente de él.
—Eres de la única que me he enamorado perdidamente – explicó, sacando la cajita que tenía guardada en su saco – Y me harías el hombre más dichoso si tú, Kagome Higurashi aceptaras ser mi esposa.
Abrió la cajista para revelar un hermoso y discreto anillo de oro con un pequeño diamante.
El corazón de Kagome palpitaba a toda velocidad, si bien se esperaba su propuesta de matrimonio jamás se imaginó que sería de esa forma tan romántica.
Pasaron unos minutos sin recibir respuesta lo que para él había sido una eternidad.
— ¿Kagome? – Interrumpió sus pensamientos — ¿Aceptas?
Kagome se perdió en sus ojos dorados y una lágrima rodó su mejilla. Las semanas en las que había salido con él le bastaron para conocerlo pero sobre todo para enamorarse él. No sólo era el hombre más atractivo, sino que era muy generoso y eso le bastó para quedar flechada.
Ella asintió.
—Sí, acepto.
Inuyasha esbozó una sonrisa, colocó en anillo en uno de sus dedos de la mano izquierda mientras ella lo observaba llena de felicidad. No aceptaba por su madre, la decisión era simplemente ella.
— ¿Puedo besar a mi futura esposa?
Sin previo aviso e invitación Inuyasha invadió los labios de Kagome con suma maestría, pero debía detenerse si no deseaba que la pasión se hiciera cargo de todo. Aunque bueno, iba a ser su esposa, ya había aceptado su propuesta.
—Te amo – ella susurró en su oído.
Inuyasha deslizó una mano por su bello rostro, como si quisiera guardarlo para él en su memoria.
—Dilo otra vez – cerró los ojos y espero a que ella dijera esas palabras que deseaba volver a escuchar.
—Te amo – repitió Kagome.
—Y yo más.
Y sin contenerse más la volvió a besar.
Contemplaba a la mujer desnuda que estaba frente a él, su piel era blanca y sus cabellos rojos como el fuego. Sus ojos verdes le hacían una tentadora invitación de acerarse a ella y poder tocar todo lo que él quisiera. Pero por desgracia él no estaba de humor como para gozar de la piel de su amante.
―Haz estado serio ― explicó ella, viendo que él no mostraba ningún interés. Así que se cubrió el cuerpo con una bata de seda en color rojo ― ¿Puedo saber qué es lo que perturba esos ojos azules?
―Nada y será mejor que no lo sepas ― respondió él, encendiendo un puro.
La pelirroja se acercó a él y extendió su mano.
―Dame tu mano.
― ¿Para qué? ― preguntó con el ceño fruncido.
―Tú solo hazlo.
―Si vas a usar tu poder psíquico en mí, te aseguro que no va a funcionar.
Ella sonrió y aun así insistió en que le diera la mano, él aceptó y extendió su brazo derecho para que la mujer pudiera hacer lo que quisiera con él.
Sus ojos rojos se oscurecieron y comenzó la revelación.
―Veo mucha ambición en tu futuro. Deseas arrebatar un título que nunca te pertenecerá. Tu corazón anhela una mujer, pero ella le será fiel a alguien más hasta la muerte ― dijo ella negando con la cabeza ― Aquí hay una traición que podría ser tu principio y tu final.
Automáticamente él apartó la mano y la joven parpadeó.
― ¿Qué ha pasado? ― preguntó ella, como si hubiera estado ida
Él negó
― ¿Entonces por qué tienes ese semblante pálido?
Éste en cambio esbozó una media sonrisa.
―Porque ahora sí que te deseo.
Poco tiempo después salió de la casa que le había comprado a su fiel amante y se dirigió a una taberna, ahí se encontró con otra mujer de cabello negro y ojos del mismo color. Al verlo se acercó a él y le dio un beso en la mejilla.
―Te vez fatal.
―He venido a proponerte un negocio.
La mujer de asintió y se lo llevó a un cuarto privado, ya una vez ahí, se acercó a una pequeña cantina y sirvió dos copas de whisky.
― ¿Qué clase de negocio? ― preguntó ella, tomando asiento en un sofá que estaba apartado de él. ― Si me ofreces ser tu amante, primero debes deshacerte de tu psíquica loca, Koga. ― dijo en tono cómico ― Y principalmente debo aceptarte como mi protector.
Koga sonrió amargamente, bebiendo de un solo golpe de su copa y observando a la mujer que tenía en frente de él.
―Eres bella y tentadora Kikyo, pero me siento cómodo con Ayame.
―Gracias por lo de tentadora.
Koga inclinó la cabeza en un gesto coqueto.
― ¿Qué te parece recibir diez mil libras por año?
La copa se le resbaló de sus manos como mantequilla. Hacía un cálculo mental de lo que podía hacer con ese monto. Primero compraría su propia casa, vestidos y se haría de un pequeño negocio y dejaría ser una prostituta.
¿Pero a qué precio? ¿Ser su amante?
―Te dije que no me interesaba ser tu amante.
―Y yo te respondí que me siento cómodo con mi loca psíquica.
Hubo un minuto de silencio, la joven evaluaba la situación, lo observaba fijamente como si le fuera a dar una señal de que todo era una trampa. Pero no obtuvo ninguna señal.
―Muy bien ― se recostó en el sofá y cruzó las piernas. La falda de su vestido hizo que descendiera hasta sus rodillas ― Te escucho.
Kikyo salió de la pequeña habitación y lo primero que hizo fue encender un cigarrillo. Alguien le clamaba de sus servicios pero simplemente no tenía cabeza como para atender a borrachos que ni sus mujeres podían complacer en la cama. Salió a la calle y la recibió el aire frio de la noche.
— ¿Y bien? – preguntó Koga reuniéndose a su lado.
Kikyo lo observó, era mucho dinero lo que le estaba dando para lo que iba hacer o más bien, el precio de lo que iba a pagar lo justificaba todo.
—Es mucho dinero para lo que me pides hacer — comentó en un susurró.
—Él es inmensamente rico – explicó, haciendo referencia a su primo para que nadie los pudiera escuchar – Quitarle esa cantidad al año sería como quitar una hebra de tu lindo cabello. Piénsalo, serías una mujer sumamente rica y no tendrías que trabajar como prostituta nunca más.
Lo que Koga le proponía era peligroso, arriesgado. Pero el dinero era más valioso que todo.
―Espero tu respuesta dentro de una semana. No tenemos tiempo.
Lo vio alejarse y cuando vio que estaba a punto de subir a su carruaje corrió hacia él.
―Acepto. Pero debes prometer que si todo esto sale mal no me echaras todo el peso, porque antes te mato o digo la verdad.
―Mi querida Kikyo ― dijo en tono meloso ― Nada malo saldrá, ya tengo todo fríamente calculado.
Ella asintió y lo vio partir. Se había metido en algo peligroso y ella lo sabía perfectamente.
Hola!
Bueno, en vista que los capítulos largos les gustan más, seguimos escribiendo de esa manera.
Debo de confesar que así no era éste capitulo, estaba más "simple" por decirlo de alguna manera, pero es que cada vez que analizo un capitulo las ideas surgen y esas ideas se extienden más.
Después de esto se viene el drama, ya descubrimos quien es el que desea el titulo de Inuyasha y que es lo que hará para quedarse con él.
Nos leemos pronto.
BPB.
