Dragon Ball: El Saiyajin Desconocido
Año 743
Un año después de la repentina muestra de poder del niño Saiyajin, el niño había crecido, tanto físicamente como mentalmente. El constante entrenamiento, enseñanzas de su madre y la caza por supervivencia en el planeta Musak lo mantenían ocupado constantemente, lo que resultaba en un crecimiento exponencial en su poder, aunque su madre no se quedaba atrás, habiéndose vuelto más fuerte también gracias a las luchas con su hijo. Pero cierta noche, un incidente ocurrió.
Era bastante tarde. La madre se encontraba durmiendo y descansando, cubierta en una manta hecha de la piel de un animal felino que ella misma confeccionó. Pero el niño se encontraba despierto. Usualmente dormiría pacíficamente, pero una luz brillante y blanca entraba por la ventana, que parecía llamarle. Jamás había visto algo parecido, dado que las noches de Musak eran totalmente oscuras.
El joven Saiyajin se levantó se su pequeña cama y se asomó, para encontrar una enorme luna adornando el cielo y alumbrando todo el paisaje del planeta árido. Le pareció lo más bello que había visto en su vida, un pasaje hipnótico y totalmente distinto a la cruel realidad que vivían a diario. Dirigió su mirada de nuevo a la luna y de repente algo en su interior despertó. Se encontró incapaz de apartar la mirada de la luna. Su cola empezó a moverse con violencia, y sus ojos se tornaron rojos. Su pulso se aceleró y su cuerpo comenzaba a cambiar.
El poder en su interior empezaba a multiplicarse exponencialmente, lo cual hizo despertar a su madre, que a esta altura aprendió a dejar de depender de su periscopio rastreador vigía. Se dio cuenta de que su hijo tenía la capacidad de expulsar y reprimir su poder de pelea, y en secreto entrenaba para adquirir la misma capacidad. Este aumento en su poder la preocupó, y cuando se dio cuenta la situación, ya era muy tarde. El cuerpo del niño estaba cubierto de pelo, su boca se expandía y se convertía en una de mono, al igual que el resto de su cuerpo. Y pronto comenzó a crecer mientras el niño rugía y se convertía en un monstruo, perdiendo su cordura y control, destrozando el techo y la casa que habían construido, pero no sus ropas, dado que el traje de combate que llevaba era adaptado a la biología Saiyajin, estirándose exponencialmente junto el crecimiento de su cuerpo. La madre escapó y observó sorprendida la luna causante de la transformación de su hijo. Pero no por mucho tiempo, dado que no quería transformarse. El ahora monstruo empezó a atacar todo a su alrededor, destrozando unas montañas cercanas e incluso lanzando un haz de ki muy potente por su boca, causando una explosión lejana, donde se escuchaban las criaturas ahora alertadas escapando del peligro de este monstruo.
"Maldición…" Murmuró su madre. "¿Por qué tenía que transformarse en Oozaru justo ahora? Creí que Musak no tenía luna. Tal parece que su ciclo lunar junto con su clima toman varios años para hacer un ciclo." Ella concluye, esquivando escombros que fueron lanzados en su dirección. Ella intentaba pensar en qué hacer. No podría vencer a su hijo en ese estado dado que su poder se vio multiplicado 10 veces. Tenía 2 opciones, o cortarle la cola y hacer que perdiera esa opción para alguna futura pelea para siempre, o transformarse ella misma e intentar detenerlo por su cuenta.
Prefirió tomar el riesgo, y ocultándose para transformarse tranquila, miró a la luna y dejó que el cambio ocurriera. Su cuerpo sufrió los mismos cambios que el de su hijo, pero su brazo perdido no fue recuperado, dado que la transformación no podía regenerar su miembro perdido. Eso era su desventaja. Pero su ventaja era de que, a diferencia de su hijo ella no perdía su cordura. Por lo que podía luchar a su máxima capacidad.
El niño transformado se dio cuenta del nuevo desafío que se alzaba ante él. Y su primera reacción fue gruñir y lanzar un ataque de ki desde su boca hacia su madre. Ella lo esquivó con facilidad dado que predecía que esa sería su primera reacción y se apresuró a golpearlo y lanzarlo lejos. Los 2 gigantes comenzaron a pelear, causando grandes estragos a su alrededor, aplastando algunas criaturas y causando pequeños incendios. Uno de los ataques del Saiyajin más joven casi destruye la nave en la que habían llegado, la cual era la única esperanza de algún día salir de ese planeta. Pero la madre reaccionó a tiempo y lo desvió. Enojada ante esto, habló con una voz profunda y agravada. "Maldito estúpido. ¡Ya detente!" Le gritó antes de golpear su estómago, haciendo que su hijo se retuerza de dolor y se arrodille. Ahora sabiendo que su hijo no retomaría el control y no se detendría, tuvo que tomar una decisión, disponiéndose a cortar la cola de su hijo y acabar con su transformación. Pero las palabras de la madre despertaron un trauma en el gigante niño. Gruñiendo de ira e impotencia, su poder se amplificó de manera similar que hace un año, que lo hizo golpear a su madre y lanzarla lejos, canalizando una cantidad masiva de ki en su hocico antes de lanzar el ataque a su madre, lastimándola severamente. El daño fue tan grave, que causó que su transformación se revirtiera y quedara inconsciente, además de malherida.
El niño rugió a la noche, golpeando su pecho en señal de victoria, lanzando más ataques de ki hacia el aire, pero antes de que pudiera causar más daños, la luna se ocultó, señalando el fin de la noche y gracias a eso, el niño volvió a su forma normal, quedando inconsciente de igual manera.
A la mañana siguiente, el niño despertó confundido y adolorido ante la batalla que tuvo pero no la recordaba. Se vió sorprendido y horrorizado ante toda la destrucción y el caos que había a su alrededor. ¿Dónde estaba su hogar? ¿Dónde estaba su madre? Pronto empezó a explorar, y cuando por fin encontró a su malherida madre, el pánico invadió su cuerpo, mezclado con confusión. "¡Mamá! ¡¿Qué ocurrió?! ¡No te mueras!" Le rogó tomando su mano con miedo en sus ojos.
La madre, muy débil lo miro a los ojos con una sonrisa orgullosa. "Estúpido…" Le susurra. "Ni siquiera recuerdas que te transformaste en Oozaru." Añade, y el niño se sorprende ante esto, habiendo escuchado que los Saiyajin tenían la capacidad de transformarse pero nunca habiendo imaginado que mirar aquella luna podía causar esa transformación. Y la culpa y arrepentimiento invadieron su conciencia al darse cuenta que había luchado con su madre y le terminó causando ese daño.
"Tranquilo muchacho. No te podías controlar. Al menos me mostraste lo fuerte que puedes llegar a ser." Le susurra riéndose débilmente. Su mirada se dirigió al cielo verdoso de Musak, preguntándose si iba a morir de esta manera. Pensó en su planeta, en su raza y en su esposo. Pensó en como la venganza hacia Freezer estaba muy lejos y llegó a dudar si se podría concretar. Pero después se tranquilizó al saber que ella se podría reunir con sus seres queridos y le confiaría todo a su hijo. "Sé que he sido una bruja contigo. Que me odias. Pero… Me enorgulleces. Te has vuelto tan fuerte y a tan temprana edad. Tu potencial es de locura… Puedes llegar a donde nadie ha llegado. Sé que eres quien vengará a todos los Saiyajin… A…" Pero su hijo detuvo su discurso.
"¡No! ¡No puedes morir así, no lo permitiré!" Le reclamó, sabiendo que estaba a punto de decir su nombre dado que mencionó que estaba orgullosa de él y luego se iba a rendir para morir. Él no estaba listo, y mucho menos iba a dejar que su mamá muriera por su culpa. Se levantó con rapidez y fue a buscar hierbas medicinales, hojas con que hacer vendajes y cualquier cosa que sirviera para sanar a su madre y mantenerla viva. Volvió con ella y empezó a usar todo conocimiento médico que tenía, de nuevo, gracias a su progenitora. Ella no tenía la fuerza para moverse. "¿Qué haces muchacho? Tan solo déjame morir y unirme a nuestros camaradas…" Le susurra observando como su hijo hacía todo lo que estuviera en su poder para mantenerla viva.
"¡No!" Gritó antes de mirarla a los ojos. "¡Eres una orgullosa guerrera Saiyajin! ¿Vas a simplemente morir por un ataque de tu propio hijo? ¿Te vas a rendir sin siquiera observar como asesino a Freezer? ¡No avergüences el orgullo de la raza guerrera!" Le reclama con ira, golpeando el piso antes de resumir su tarea. Su madre guardó silencio y no pudo evitar reír al darse cuenta de que había formado a un noble pero orgulloso guerrero Saiyajin. Su propio orgullo como madre creció ante sus palabras y se aferró a la vida, pensando "Lo siento amigos míos. Querido… Tendrán que esperarme unos años. Aikon no quiere que me vaya todavía." Con los rostros de sus camaradas Saiyajin en su imaginación. Sonrió antes de perder la conciencia. Aikon, su hijo, siguió sanando a su madre lo mejor que pudo y le transfería parte de su energía de vez en cuando para mantenerla con vida hasta que se estabilizó y solo necesitaba descansar.
Ahora el pequeño Saiyajin se dedicó a cazar, cocinar, cuidar e incluso alimentar a su madre hasta que recuperó su salud, ahora con mucha más fuerza y poder gracias a la característica única de los Saiyajin de volverse mucho más fuertes cada vez que se recuperan del borde de la muerte.
El futuro aún era incierto para ambos, pero era casi seguro que enfrentarían cualquier desafío que se atravesara en su camino juntos.
Nota del Autor: Bueno, espero que les esté gustando la historia hasta ahora. Elegí el nombre Aikon porque sinceramente no se me ocurría algún nombre propio para un Saiyajin, así que recurrí a un generador de nombres jajaja. Aún no se me ocurre uno para la madre, pero de todas formas no será revelado hasta algunos capítulos futuros.
Bueno de cualquier forma, déjenme saber si les gusta la historia y siéntanse libres de informarme en que puedo mejorarla. ¡Eso es todo! TheShadowOkami.
