Capítulo 5
Esbozó una sonrisa al ver su reflejo en el espejo. Llevaba un precioso vestido blanco de cuello alto con encaje. Sus manos temblorosas acariciaban la fina tela de satín. Era el vestido más hermoso con el que una novia hubiese soñado. La tela había sido adquirida en Francia y para eso el propio Bankotsu había viajado para adquirirla en compañía de su madre. Mientras que Kagome se quedaba en Cornwall para terminar de organizar todo.
La boda se planeó en tan solo tres meses, pues Inuyasha alegaba que no deseaba pasar otro mes sin ella a lo que Kagome estaba de acuerdo. El banquete sería en la propiedad Taisho, la mayoría de Cornwall fue invitada a excepción de los duques Percival por lo que la duquesa lo recibió como a un insulto a su persona y sobre todo a su familia, a lo cual tanto a Inuyasha como a Kagome no les quitaba el sueño.
Sentía como su corazón latía desbocado, como si un varios caballos arrastraran un carruaje a toda velocidad, incluso hasta podía escuchar sus latidos. Estaba a punto de dar varios pasos de vida, los mismos que la conducirían hacia el altar donde Inuyasha la esperaría. No pudo evitar ruborizarse, amaba a ese hombre y había ganado su corazón en tan poco tiempo. Su decisión de irse al convento había quedado enterrada bajo eses ojos dorados que la miraban con profundo amor.
Su dama le ayudaba a colocarse el velo, después los guantes de encaje y por ultimo le entregó un hermoso ramo hecho de lirios y azahares.
―Ha quedado usted muy hermosa, milady – comentó la joven con profunda admiración.
―Gracias Melissa – respondió con una tímida sonrisa.
Salió de la habitación seguida de su dama quien cerró la puerta tras de ella. Kagome bajó las escaleras lentamente. Sus padres la esperaban en la sala al igual que Bankotsu, quien por los nervios bebía una copa de whisky pero en cuanto vio a su hermana aparecer por la puerta, no pudo evitar admirar su resplandeciente sonrisa y su hermosura. Dejó la copa a en una mesita y avanzó hacia ella.
―Ese cabrón es un cabrón con suerte. Más vale que te haga feliz – en su voz había un destello de advertencia.
―Bankotsu no molestes a tu hermana ― intervino el padre.
Bankotsu esbozó una media sonrisa y tomó a su hermana del brazo para conducirla más al interior de la sala.
― Si sientes el más mínimo impulso de salir corriendo de la iglesia tendré listo un carruaje esperándote. – pero en su comentario no había ninguna señal de broma.
Kagome esbozó una sonrisa.
―Bankotsu ― volvió a intervenir el padre y tomó a Kagome del brazo, la miró sonreír y él se contagió de esa sonrisa ― Si sientes el más mínimo impulso de salir corriendo yo personalmente te ayudaré.
Lady Flora estaba en completo silencio contemplando a su hija, quien se veía muy bella con ese vestido. Unas lágrimas amenazaban con salir, pero supo disimular. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Era Inuyasha Taisho el candidato perfecto, aun y con su interminable fortuna? Muchas de las veces el dinero no era lo más importante y justamente este día tenía esos pensamientos, cuando fue ella prácticamente la que empujó a su hija a los brazos de Taisho. Algo en ella, ese instinto de madre le decía que su hija no sería feliz para siempre.
―!Suficiente¡ ― dijo ella, levantándose de su asiento ― Vamos a llegar tarde a la iglesia ― comentó mientras cruzaba la sala y se detenía en medio del vestíbulo ― Si sientes el más mínimo impulso de salir corriendo solo danos una señal. Estornuda, tose o lo que quieras. Tu padre te escoltara hasta el carruaje de Bankotsu, mientras que yo fingiré desmayarme para que ganes tiempo.
Tras estas palabras la familia completa salió de la casa, Kagome y sus padres subieron al carruaje de la novia, mientras que Bankotsu se iba en otro a parte y tal como lo había prometido, lo dejaría atrás de la iglesia.
La iglesia estaba a rebosar con toda la crema y nata de Cornwall pero esto a él le importaba muy poco. Era la décima vez que se pasaba la mano por el cabello, los nervios no lograban calmarlo y por más que consultara su inservible reloj no podían calmarlo y aunque tan solo pasaron dos minutos desde la última vez que lo consultó sentía que una eternidad había pasado.
Koga frunció el cejo y de mala gana se levantó de su asiento y se detuvo a lado de él.
―He de decirte primo que estas poniendo nerviosos a todos en la iglesia – colocó una mano en su hombro y lo miró con una sonrisa tranquila – Relájate ¿Quieres? Tu prometida vendrá.
Inuyasha esbozó una sonrisa al ver a su primo Koga junto de él, al menos no estaría solo en tan importante evento de su vida ya que Sesshomaru se había ido de "viaje" pocos días antes de la boda y no había tenido ninguna noticia de él.
―Es bueno que estés aquí ― dijo Inuyasha, tocándolo del hombro. ― Eres como mi hermano.
―Y tú el mío... tú el mío.
―Al menos no estaré solo, ese desgraciado de Sesshomaru desapareció.
Koga no respondió y en cambio mostró una media sonrisa, pero no una de felicidad sino una de quien sabe que las cosas van a salir conforme a lo esperado. El plan era sencillo, fácil si se seguía al pie de la letra, entonces nada iba porqué salir mal.
En ese momento la figura de Kagome se detuvo en medio de la puerta, no pudo evitar recorrerla de arriba abajo con la boca abierta.
―Tu novia ha llegado ―comentó Koga al tiempo que se retiraba a ocupar su lugar en primera fila.
Pero Inuyasha no le había hecho ni el menor caso en cuanto sus ojos se concentraron en Kagome que avanzaba hacia él agarrada del brazo de su padre. Tuvo que aclararse la garganta y mantener la calma para no ir tras ella y acabar con los pocos metros que los separaban.
Kagome avanzaba por el pasillo que la conducía hacía el altar del brazo de su padre y lo hacía con la más espléndida y maravillosa sonrisa de una mujer enamorado que sabía que al final del pasillo el hombre perfecto la esperaba con los brazos abiertos para jura amor eterno. Y ahí estaba, parado en el altar, con un traje negro y su cabello alborotado, debió haberse pasado las manos por el cabello una decena de veces. Podría notar su impaciencia, en la forma en que golpeaba sutilmente el suelo podía jurar que estaba a punto de cortar la distancia entre los dos para tomar el lugar de su padre y caminar con ella (o arrastrarla) hacia el altar.
― ¿Segura no quieres salir huyendo? ― preguntó su padre ― Aun tenemos tiempo, Bankotsu dejó el carruaje atrás de la iglesia y tu madre fingirá un desmayo.
Ante esto, el señor Higurashi no pudo más que inclinar la cabeza de arriba abajo en señal aceptación.
Mientras la veía avanzar, con esa resplandeciente sonrisa y ese hermoso vestido no pudo imaginarse un sin fin de pensamientos. Primero el cómo le quitaría ese vestido, era una tarea que disfrutaría y que además lo haría lentamente mientras la hacía delirar con sus besos. Dos... ¿Acaso había pensado lo hermosa que era? ¿Lo bien que olía? Era sin duda la mujer de su vida, con quien pasaría toda una eternidad y con la que tendría muchos hijos.
Llegaron hasta el altar, antes de entregarla a Inuyasha, el señor Higurashi le dio un beso en la frente sobre el velo de novia. Sentía un leve cosquilleo de que esto no iba a salir bien, había una aura oscura que rodeaba la felicidad de su pequeña hija y por más que deseará tomarla del brazo y llevársela lejos, no podía hacerlo ya que verla feliz era lo único que lo ataba.
―Te amo ― le dijo dándole otro beso.
―Y yo a ti papá ― Kagome lo abrazo con el amor de una hija.
El señor Higurashi le entregó la mano de hija a Inuyasha no sin antes hacerlo prometer que la cuidaría y amaría siempre.
―Le prometo que pase lo que pase cuidaré de ella. Nada le faltara, la amaré siempre y si algún día llego a hacerla sufrir o que por mi culpa ese bello rostro este empapado de lágrimas. ―Miró atentamente al padre de Kagome ―… lo dejaré que me mate sin poner resistencia.
―No hace falta. Sólo hazla feliz.
La ceremonia dio inicio, el sacerdote hizo la clásica pregunta de quien se oponía al enlace de la pareja presente, no había quien deseara levantarse de su banco y expresar sus motivos por los cuales se debía evitar esa boda. Pero uno en particular estaba más deseoso porque se llevara a cabo y ese era el "hermano" del novio.
Lady Flora observaba detenidamente la ceremonia, y con cada palabra de "si, acepto" sentía que estaba sentenciando a su hija a la desdicha total. Era la primera que se hubiese deseado levantarse para oponerse, pero la sonrisa de felicidad que irradiaba su hija se lo impedía.
―Lo has hecho bien.
Ella desvió la vista del altar hacia su marido, quien la tomaba de la mano.
―Has elegido al pretendiente perfecto. Estoy seguro que serán muy felices.
Un suspiro pesado se escapó por sus labios.
―Eso espero ―dijo, volviendo su atención hacia la pareja ―Realmente lo espero
La ceremonia duró una hora y cuando el padre le dijo a Inuyasha que ya podía besar a su novia, éste sonrió, tomó a Kagome de la cintura y la atrajo hacia si para besarla y en cuanto lo hizo todos los presentes aplaudieron a los recién casados.
Se trasladaron a la mansión de los ahora duques, cada invitado le había sido asignado una mesa y era agradable ya que el sol se había ocultado y la noche era fresca. Todo era risas, bromas entre bebida y comida.
Pero antes del banquete era hora de que los novios bailaran juntos y lo hicieron en medio de la pista bajo la mirada de trescientas personas. Kagome se recargo en el hombro de Inuyasha mientras dejaba que la música los envolviera en una burbuja. El la guiaba con maestría por toda la pista siendo observados por todos los invitados. Aunque francamente eso le valía poco. Lo que su mente recreaba una y otra vez era como tomaba a Kagome entre sus brazos y se le llevaba a la habitación principal, imaginando como le quitaría ese maldito vestido y la hacía suya.
― ¿En qué piensas?
Él buscó sus ojos color chocolate y sonrió al ver esa mirada tierna.
―En que ahora mismo quisiera que toda esa gente se fuera. Y así llevarte a la cama de una maldita vez.
Kagome se puso de todos los colores posibles, solo esas palabras bastaron para lograr que su piel ardiera en llamas.
―Inuyasha... no creo que...
― ¿Que no debería decir eso, con todo Cornwall viéndonos? ― preguntó.
Ella asintió e Inuyasha estalló en una risa.
―No ― respondió serio ― Me importa muy poco lo que digan. Es más, apuesto que la mitad de ellos están pensando lo mismo que yo. Que cuando pienso llevarte a la cama.
La música terminó e Inuyasha tomó del brazo a Kagome para llevarla a la mesa de los novios.
Era inevitable no dejar de contemplar a su alrededor y por ultimo a ella misma. Se las había ingeniado para entrar a la recepción vestida de empleada de servicio, además llevaba una peluca rubia para evitar ser reconocida por varios caballeros a los que les había ofrecido sus servicios en el pasado ya que si alguien la reconociera el plan se echaría a perder.
No era lo que esperaba para ganarse esas diez mil libras que le había prometido el imbécil de Koga. Pero de donde estaba podía contemplar a los recién casados; estaban felices y no paraban de intercambiarse sonrisas, él le daba besos de vez en cuando en la mejilla y ella sonreía con un destello de rubor en sus mejillas. El hombre era demasiado atractivo, con esos ojos dorados, cabello negro. Sin duda la esposa era muy afortunada y desdichada a la vez.
―Es tu turno.
Se giró en redondo y se encontró con Hakudoshi, quien sacó un frasco del bolsillo de su pantalón y puso dos gotas en una de las copas con vino que ella llevaba sobre una bandeja. Al verlo hacer esto, ella frunció el cejo.
―Es un potente narcótico–explicó al ver la expresión de la mujer – Se vierten dos gotitas de él en agua y el paciente cae dormido. Las indicaciones dicen que no se deben mezclar con alcohol – una sonrisa irónica se escapó de sus labios.
Ella asintió ante la información proporcionada.
―Está copa se la debe tomar la duquesa y después…
―Y después subiré a su habitación, aguardaré a que llegue el marido a "consumar" el matrimonio para que tú lo ataques por la espalda ¿Es correcto?
Hakudoshi miró hacia todas las direcciones esperando a que nadie la hubiese escuchado.
―Mucho cuidado al abrir la boca. Después de que lo haya bebido cuenta hasta diez. Vienes conmigo para guiarte a las habitaciones.
Avanzó tranquilamente, alguien le llamó pero hizo caso omiso. Justo en el momento en que Koga se detuvo junto a los novios, ella ofreció la bandeja con las copas. Intercambiaron miradas, ella le hizo saber cuál de las dos copas contenía el narcótico que dormiría a la duquesa.
―Espero que no sea mucho beber una copa con los recién casados.
Tomó dos copas y le entregó una a cada uno y después él cogió la suya.
―Desde luego que no ― dijo Inuyasha, aceptando la copa.
―Será un placer ― respondió Kagome.
― ¿Y por qué brindamos? ― Preguntó Inuyasha.
Koga esbozó una media sonrisa.
―Por el deseo de vivir, por las mujeres, por el amor... por la lealtad.
―Por la lealtad ― Inuyasha alzó su copa y se la bebió de golpe.
Koga esbozó una sonrisa por el borde de la copa al ver como ambos se bebían de un solo trago el líquido. Solo faltaba muy poco para que su plan se llegara a concretar y todo con lo que siempre soñó sería suyo incluida la mujer que tenía en frente suyo.
Desde que la había visto por primera vez quedó prendado de ella, pero sabía que tenía muy poco que ofrecerle y entonces apareció su primo y toda su incalculable fortuna para terminar robándosela, por ella y sobre todo por lo que le correspondía era que idealizó ese plan. Sólo tuvo que atar unos cabos sueltos, cabos que estaban ocultos en una mazmorra.
Kikyo se había apartado y en cuanto la duquesa bebió todo comenzó a contar…uno…dos….cinco….nueve.
―Ven.
Hakudoshi la tomó del hombre y la guio hasta el otro lado de la casa. Alejado de la luz y de las miradas curiosas de los invitados. Y ahí, oculto tras unos arbustos hacía una especie de puerta hecha de concreto, la cual empujó con fuerza y un viento helado los golpeó en la cara.
El hombre encendió una antorcha y entraron por el pasadizo.
― ¿A dónde vamos? – preguntó ella curiosa.
―Iremos a la habitación de la duquesa.
― ¿Y cómo diste con este pasadizo?
―Koga me hizo aprender un maldito plano de esta casa. Cada pasadizo me lo sé de memoria.
―Vaya, Koga no dejó ningún cabo suelto.
―Cierra la boca, nos pueden oír.
La madre de Kagome se acercó justo en ese momento en que los tres hablaban, intercambiaban cortesías, felicitaba a los recién casados. Kagome no había visto a su hermano después de la ceremonia y le preguntó a su madre por él.
—Bankotsu me pidió que lo disculparas, ya que le surgió un asunto pendiente.
Pero en ese momento, Kagome comenzó a marearse, seguramente habría sido el vino el causante ya que no dejaba de brindar con los presentes por su nuevo enlace.
― ¿Estás bien? – preguntaron al mismo tiempo Inuyasha y Lady Flora.
―Si ― Kagome– le susurró discretamente a su marido. –Debo irme a preparar – le susurró a Inuyasha
Inuyasha asintió ya que comenzaban a retirarse los invitados y la noche comenzaba para ellos.
— ¿Quieres que te acompañe? – preguntó su madre
Esto a Koga lo alertó, si esa mujer entrometida la acompañaba mandaba a volar todo y quedarían expuestos esa noche.
—No es necesario madre – Kagome negó – Ve con papá, seguramente te necesita más que yo.
Koga simplemente observó el trayecto de la joven recién casada rogando al cielo que la estúpida de Kikyo hiciera su trabajo.
Primera parte del plan completada.
Kagome no aceptó la ayuda de su dama de compañía ya que ella podía arreglárselas sola, en cuanto entró a la habitación todo se volvió negro y unos brazos la sujetaron con fuerza antes de caer desmayada al piso.
Kikyo observó a la joven que yacía en los brazos de Hakudoshi, era una mujer muy bonita y por un momento sintió remordimiento. Probablemente ella no tenía culpa en todo esto por la ambición de otra persona. Si todo esto saldría de acuerdo al plan la única que se vería como sospechosa sería esa joven.
―Será mejor que te vayas preparando. Seguramente Taisho no tardará en subir a la habitación.
― ¿Qué va a pasar con ella?
―Estará bien, no te preocupes por eso. Tú procura que Inuyasha no sé dé cuenta quien eres realmente. No fracases por el bien de todos.
Se humedeció los labios y contempló como Hakudoshi desaparecía por un pasadizo donde entraron hace unos minutos. Así que sin pensarlo dos veces, se recargó en el único lugar donde no le daba la luz de la luna. Si lograba ver que no era su esposa quien lo esperaba todo sería un completo y absoluto fracaso.
Todos los invitados comenzaban a retirase, Inuyasha no veía la hora de subir a la habitación de Kagome y poder estar solos al fin. Pero lo que más le preocupaba era la forma en como se había ido. Se veía mareada aunque tal vez hubiese sido por tanto vino que habían tomado.
―Todo estuvo exquisito excelencia – dijo una mujer despidiéndose de él – Espero tenga buena noche – y con una sonrisa maliciosa, se retiró bajo la compañía de su esposo.
Era hora de su retirada, pasó a lado de una empelada de servicio, ella al verlo hizo una reverencia y continuó su camino. Mientras subía las escaleras comenzaba a quitarse el desatar el nudo de su pañuelo pensando en una y varias veces en todas las formas que haría suya a su ahora esposa.
Llamó a la puerta pero no recibió contestación y esbozó una media sonrisa, probablemente lo estaba esperando y quería darle una sorpresa.
Giró la manilla de la puerta y entró a la habitación, ésta estaba en penumbras y sólo la iluminaban los rayos de la luna que se filtraban por el gran ventanal. Y atreves de ellos fue como pudo distinguir la figura de su esposa. Ella estaba recargada de espalda en uno de los postes de madera de la gran cama.
No le dio mucha importancia. Esbozó una sonrisa y avanzó lentamente hacía ella.
— ¿Por qué ocultas tu hermoso rostro? — preguntó con voz ronca. Él también estaba nervioso y ansioso por la noche que les aguardaba. Por la vida que les esperaba — Acércate a mí que quiero ver a mi esposa.
Kikyo dudaba un poco, miraba a su alrededor como si esperara algo que llegara a salvarla en ese preciso instante. Su mayor ventaja era la oscuridad y el jamás podría notar la diferencia, al menos que encendiera una vela y sí que estaría en serios problemas.
Se acercó a él más no lo suficiente como para que la rodeara entre los brazos.
—Por fin todos los invitados se han ido ¿Te agrado el banquete?
Ella asintió sin decir una palabra, sólo deseaba que esto terminara de una vez por todas.
—Te veías tan hermosa con ese vestido de novia — esbozó otra media sonrisa recorriendo con la mirada el cuerpo de su mujer y le pareció que era mucho más ancho del estómago de lo que recordaba, pero siguió sin darle importancia — Vestido que esta misma noche te quitaré. ¿Me permites besar a mi esposa?
Ella volvió a dudar, pero asintió lentamente.
—Bien. Entonces acercarte a mi o yo lo haré por ti.
Pero antes de que ella o él dieran el primer paso, Hakudoshi se le había adelantado golpeándolo a él en la nunca y derribándolo al instante. La mujer dejó escapar un suspiró largo y se llevó las manos al pecho para controlar los latidos frenéticos de su corazón.
―¡Te tardaste una maldita eternidad! – exclamó Kikyo en cuanto vio aparecer a Koga y a Hakudoshi.
—La espera vale la pena — respondió Koga sin verla — Tu trabajo será recompensado. Siempre y cuando cumplas tu palabra de no decir nada.
Ella lanzó un bufido y se cruzó de brazos — ¿Por diez mil libras al año, quien no sería capaz de cometer un secuestro?
Pero antes de que Koga se perdiera en el cuerpo inconsciente de su primo, Kikyo lo tomó del brazo y con voz amenazadora dijo:
―Sólo espero que también cumplas tu parte y me des lo que acordamos.
Koga esbozó una media sonrisa y acarició una de las mejillas de la joven.
―Mi querida Kikyo, lo que prometo lo cumplo – después deslizó un dedo por su barbilla – Solo es cuestión de que la ahora viuda Taisho me acepte. Ahora sí, dices algo ya sabes lo que le pasa a los traidores.
Kikyo asintió ante su amenaza, no pudo evitar contemplar el rostro del tal Inuyasha, se le removió la conciencia, había jugado con los sentimientos de un hombre enamorado que esperaba ansioso su noche de bodas. Contempló esos labios carnosos que había estado a punto de besar, era realmente atractivo, poseía los rasgos varoniles bien definidos. Seguramente era todo un hombre en la cama y había estado a punto de besarlo.
Antes de irse, Hakudoshi entró por el mismo pasadizo pero esta vez llevaba a Kagome entre sus brazos, aún estaba durmiendo profundamente debido al narcótico que había bebido desde su copa.
—No te preocupes. Solo duerme. Es hora. –explicó Koga tras de ella.
Hakudoshi se echó al hombro a Inuyasha y todos salieron de la habitación, una vez lejos de la mansión o para ser exactos a la fuera de todo espectador. Koga le entregó una pequeña suma de dinero a Kikyo.
―Por tus servicios – pero antes de que ella lo tomara, lo quitó de vista – Y por tu silencio.
―Eso quedó claro en aquella mansión ― respondió mientras le arrebataba el costal – Jamás sabrán nada de mí. Pero espero mi pago durante los próximos años.
―Y ten por seguro que así va hacer.
Kikyo se quedó en mitad del camino, mientras contemplaba como el carruaje emprendía su huida para nunca más volver. Suspiró, se metió el costal entre el corpiño y se dispuso a retirarse.
Hakudoshi y Koga detuvieron el carruaje en medio del camino, a esta hora nadie los vería por lo que no representaba ningún problema a la hora de sacar el cuerpo de Inuyasha. Sabía de sobra que estaba inconsciente. No quería matarlo en ese momento, al contrario deseaba que su muerte fuera lenta y dolorosa y que mejor que mientras estuviera sin razón su cuerpo se ahogara en las profundidades del mar.
Bajaron el cuerpo de Inuyasha entre los dos y los arrastraron hasta la orilla del acantilado. Lo dejaron caer en la tierra y antes de arrojarlo, Koga se puso de canclillas para despedirse de su primo.
—Antes de que te vayas al infierno y de que me quede con todo lo que es tuyo. Te dejaré un recuerdo. — Sacó una daga de su bolsillo y le hizo una herida en la mejilla derecha — Para que nunca olvides esto, si es que despiertas algún día – estalló en una carcajada y después suspiró – Pero descuida, ella estará bien. La sabré cuidar, te lo prometo.
Y sin más que decir, él tuvo el placer de arrojarlo por aquel acantilado.
Esbozó una sonrisa al ver como su cuerpo se perdía entre la oscuridad y el mar. Por fin la fortuna le iba a sonreír, se quedaría con todo lo que le pertenecía desde un principio, pero sobre todo se quedaría con la mujer que siempre debió ser suya.
Abrió lentamente los ojos, pero en cuanto vio la habitación completamente iluminada tuvo que cerrarlos para después abrirlos lentamente y esperar a que su vista se acostumbrara. Todo le daba vueltas, su cuerpo lo sentía demasiado pesado, como si hubiese cargado muchos costales de papas. El intenso sabor de algo amargo era demasiado intenso en su boca, sus labios estaban completamente resecos y el un dolor agudo le martillaba la cabeza.
¿Se supone que una despierta vestida y con dolor de cabeza el día después de su boda?
¿Dónde estaba Inuyasha?
Lo cierto es que no recordaba nada de lo que había sucedido, sólo en el momento justo cuando entró a la habitación, lo demás eran destellos, flashes que aprecian repentinamente.
Se incorporó lentamente en la cama y escuchó una exclamación, era la voz de su madre.
―Miren, ha despertado.
Kagome contempló a sus padres y a su hermano, quienes la miraban con absoluta alegría.
―Kagome – dijo Bankotsu quien la abrazaba – Por fin.
―¿Q―――qué pasó? – preguntó preocupada.
Los tres se miraron unos a los otros sin saber que decir o más bien como lo iban a decir. Su madre se inclinó a un lado de la cama y tomó algo del suelo, algo que Kagome identificó perfectamente.
―Kagome…―comenzó su padre.
Su padre estaba nervioso, su hija llevaba dos días inconsciente. Cuando el mayordomo de Inuyasha, Totosai le había informado de la situación, lo primero que hicieron fue ir a comprobar el estado de su hija, después desplegaron todo un operativo para buscar a Inuyasha, pero ese mismo día en la tarde encontraron a la orilla del mar el sacó que había usado en la boda.
Por lo que se le había dado por muerto.
―Hija – su madre le colocó el saco entre sus piernas – Inuyasha está muerto.
Kagome abrió los ojos de golpe, no daba crédito a lo que ella decía.
―No es cierto – miró a sus padres y ellos asintieron – Bankotsu, diles que no es cierto.
Pero Bankotsu no era un mentiroso y el asintió.
―Es cierto cariño – respondió ante un suspiro, odiaba verla sufrir – Encontraron su saco a la orilla del mar, lo que se presume se echó a nadar o se arrojó por un acantilado.
―No – negó – estas mintiendo. No es verdad.
Sus gritos eran desgarradores, tuvieron que controlarla entre su padre y hermano, mientras que el medicó intervenía para aplicarle un relajante, el cual no la durmió pero si la tranquilizó. Pero ella incluso deseaba que la durmiera por completo, odiaba ese sentimiento de vacío, de soledad.
Las lágrimas comenzaron a brota una tras otra sin cesar.
¿Qué iba hacer sin él?
¿Qué haría en una casa grande y sola?
Aunque tuviera a los empleados de servicio, siempre se sentiría sola.
Hola!
Ya ven por qué no podía explicar lo del prologo? Ese Koga tenía su as bajo la manga y por ahí tiene otro oculto muy bien!
Esto es lo que pasó realmente, pero... ¿Habrá muerto realmente Inuyasha?
No sé, tengo mis teorías.
Nos vemos en el siguiente capítulo.
Besos y abrazos!
BPB
