Capítulo 8

Cinco años atrás:

El mismo día de la boda, en otro punto del Cornwall…

Estaba en su camarote, es anoche iban a dejar un cargamento para Bankotsu H., si fuera por él, dejaría a ese perro sin nada. La última vez que se habían visto el muy bastardo les había jugado una mala pasada con esos malditos oficiales.

¿Cómo carajos iba a saber que tenía contacto con oficiales?

Debía andarse con cuidado de él, un día de estos seguramente les tendería una trampa y ahora sí que se les acabaría el negocio.

—Señor – escuchó a Hoyo

Pero él simplemente estaba en otro sitio que no fuera ahí.

—Señor – volvió a repetir el joven.

— ¿Qué pasó, Hoyo?

—Hemos llegado al punto – informó – Ya se envió un bote al encuentro.

El capitán asintió.

— ¿Y?

—Me informan que aún no llega Bankotsu H. señor.

El hombre frunció el entre cejo, a aparte de traer su cargamento debían esperar a que apareciera ese imbécil.

—Que alisten todo en cuanto llegue.

Cinco minutos más tarde estaban reunidos todos.

—Sabes que detesto la impuntualidad, Bankotsu.

Esbozó una media sonrisa al escuchar a su comerciante, bajó del caballo y estrechó su mano.

—Lo siento Menomaru. Mi hermana hoy se ha casado.

—En hora buena, pero tenemos negocios que terminar.

El encuentro se llevó a cabo como en otras ocasiones, comprobaron la mercancía y las cajas que habían sido pactadas y pagaron lo acordado. Esta vez habían sido treinta cajas que se habían ordenado y las fueron subiendo una a una carreta y Hitem subió en ella.

—Como siempre es un gusto hacer negocios contigo, Menomaru – dijo Bankotsu.

—Deberíamos tener cuidado, un día de estos nos van a descubrir como la vez pasada.

—Descuida, la marina me conoce. Con tal de darles algo a cambio no dirán nada esos infelices.

Menomaru simplemente frunció los ojos y subió al bote. Si no fuera porque pagaba bien ya no haría negocios con ese bastardo. Exponía a su gente y sobre todo a él mismo. Estaba reflexionando seriamente en como deshacer los negocios que tenía con ese idiota de Bankotsu por más que pagara bien.

—Capitán.

Alguien lo saco de su estado reflexivo y vio al joven que le hablaba.

— ¿Qué quieres, Hoyo?

—Señor…

El joven susurró para evitar que alguien los escuchara. Cosa estúpida, porque estaban en el mar y nadie los podía oír.

—Dime niño.

—Me parece ver que dos tipos tiraban a alguien de un acantilado.

Menomaru miró a su alrededor y vio dos hombres parados en un acantilado.

—No es nuestro asunto Hoyo – dijo el hombre – Sigamos adelante. Deben ser tipos peligrosos.

Hoyo se cuadro de hombros ¿Y que eran ellos? Y tal parece que su capitán leyó su pensamiento. Miró una vez más y vio que los hombres ya no estaban, pero antes de que pudiera dar alguna seña, Hoyo ya se había lanzado al mar. De todos los hombres que tenía él era el más veloz y en cuestión de minutos ya había llegado hacia el objetivo. Menomaru y otro hombre remaron juntos para llegar hacia donde estaba Hoyo, quien sostenía a un hombre que parecía ser muy acaudalado.

—Tiene una herida muy grande en la mejilla – explicó Hoyo.

Los tres hombres subieron el cuerpo de aquel extraño y lo vieron inconsciente.

— ¿Está vivo? – preguntó Menomaru.

Hoyo acercó su oreja al pecho de aquel hombre y asintió, mientras le daba masajes en el pecho para que expulsara el agua.

El hombre por fin tosió mientras toda el agua que había bebido la iba sacando una por una.

—Kag…

Susurró algo que no pudieron distinguir.

—Se pondrá bien – asintió Hoyo.

Habían pasado dos días y él seguía inconsciente. Pero al tercero cuando Hoyo iba a comprobar su estado, encontró a su huésped sentado al borde de la cama. Mientras acariciaba su herida vendada.

— ¿Cómo llegué aquí? – preguntó.

No quería decirle como lo habían encontrado o más bien cuando él había presenciado el momento en que lo arrojaron por aquel acantilado.

—Alguien lo arrojó por un acantilado señor – explicó – Cuando lo encontramos estaba inconsciente y con esa herida en la mejilla.

Inuyasha comenzó a armar su rompecabezas, todo era confuso. Estaba a punto de consumar el matrimonio cuando alguien lo había golpeado por la espalda. Fue haciéndose poco a poco de una nota mental de las personas que faltaron a la ceremonia religiosa, al banquete y que incluso se habían ido temprano y entre tantos surgió un nombre…Bankotsu.

El muy desgraciado no se había despedido de su hermana sino que había mandado a su madre a hacerlo, pero le alertó la forma en que Kagome cambió de estado, se sentía tensa como su algo pasara en su interior. Por eso fingió sentirse mal y que lo esperaba en la habitación.

Seguramente la muy maldita se había puesto de acuerdo con su hermano para acabarlo aquella noche, pero no habían contado con la suerte que él tenía.

Se los haría pagar el doble, primero debía ir a Toscana donde meditaría y formularía su plan de venganza en contra de esa maldita mujer.

— ¿Quiénes son ustedes? – preguntó con un intenso dolor de cabeza.

—Somos un barco mercantil, señor – respondió Hoyo.

—O sea que son contrabandistas – aclaró Inuyasha.

—Si – asintió finalmente el joven – Somos contrabandistas.

—Necesito hablar con tu capitán, si es que se puede.

Más tarde Menomaru le ofrecía una copa de brandy a su invitado. Por la ropa que llevaba el día que lo encontraron dedujo que era un hombre muy rico y poderoso. Tal vez les pagaría muy bien por rescatarlo de una muerte segura.

Inuyasha como pudo tomó asiento, todo su cuerpo estaba entumecido y eso era a causa de haber estado acostado durante tres días. Alertaba un acento italiano en aquel hombre, seguramente eran de Italia y eso le vendría como anillo al dedo.

— ¿De dónde son ustedes? – preguntó con cautela.

—Un grupo humilde de comerciantes italianos, lord – explicó con una media sonrisa.

Inuyasha hizo una mueca de dolor cuando intento respirar, probablemente tenía una costilla rota.

—No hace falta mentir – comentó Inuyasha – Sé que estoy en un barco de contrabandistas. Necesito un favor y te pagaré muy bien.

Le brillaron los ojos a Menomaru al escuchar que aquel hombre les pagaría bien si intentaban ayudarlo.

— ¿Usted quién es? – Preguntó Menomaru – Perdone mi desconfianza lord, pero a un hombre que intentan matar es por varias razones. Una porque es ladrón – alzó un dedo – Y dos porque es un hombre muy importante del que querían deshacerse.

— ¿Tengo finta de ladrón? – preguntó Inuyasha.

—No – Menomaru negó – Tiene finta de…

Analizó su apariencia y la ropa sucia, se imaginaba que antes de rescatarlo esos trapos estaban perfectamente pulcros, fácil podía distinguir que las costuras de su saco estaban hechas de hilo de oro.

—De ser un lord muy rico. –concluyó.

—Soy un duque, confórmate con saber eso – bebió el trago de brandy que había estado renuente en beber – Y que les pagaré bien.

—De acuerdo su excelencia – una sonrisa burlona y de júbilo apareció en su rostro — ¿Dónde desea que lo llevemos?

—Necesito ir a Toscana para reunirme con mis hombres.

—Nosotros llegaremos a Livorno, si quiere podemos custodiarlo hasta llegar a Toscana.

Inuyasha asintió y salió del camarote, fue directo hasta cubierta y el aire salino le dio la bienvenida a una nueva vida. Vida que aprovecharía para vengarse de la mujer que amaba y que le había hecho esto.

En el tiempo que permaneció ahí con esos contrabandistas alcanzó a escuchar una conversación entre el tan Menomaru y el joven Hoyo. Hablando de Cornwall y el tal Bankotsu H. había mucha coincidencia en el nombre, pero era el único que conocía.

Sus sospechas habían sido confirmadas cuando descubrió que eran la misma persona y su plan comenzó a tomar forma. Utilizaría a esos hombres como punto a su beneficio, les daría lo doble que les pagará Bankotsu con tal de que le subieran los intereses. Pero eso sería poco a poco, cuando estuviera a punto de regresar más fuerte y menos imbécil que antes.

En cuanto a su amada esposa, bueno… tendría planes muy reservados para ella.

Cuando llego a Toscana y se encontraba en su estudio fue recibido por una morena de ojos verdes, está se sentó entre sus piernas y le dio un ardiente beso en la curva de su cuello.

—Creí no volverte a ver.

—Mi hermosa Sabina – acarició su melena – Tú siempre tan dispuesta.

— ¿Qué se puede decir? – Dijo con una sonrisa coqueta en los labios – Siempre has sido mi amante favorito.

Sin previo aviso la tomó de la cintura para subirla al escritorio y tener acceso a todas las partes de su cuerpo.


Hola chicas!

Bueno, esto es lo que pasó hace tres años, si por ahí se me fue y dicen "cinco años" no hagan caso, en un principio pretendía que la espera durara eso pero se me hizo mucho tiempo.

Lamento si éste capitulo fue corto, es un pree de lo que se viene...advertencia: TENDREMOS LEMMON! así que si por aquí tenemos una menor de edad espérense hasta el capítulo 10! (jaja como si lo fueran hacer). El capítulo si está largo.

Procuraré subir cada Lunes o Martes.

Cuídense mucho y nos vemos.

Saludos.

BPB