Dragon Ball: El Saiyajin Desconocido
Año 754
Hacía ya 4 años que el joven Saiyajin, Aikon, se había separado de su grupo. En sus viajes, decidió trabajar de forma independiente, con el fin de aprender nuevas técnicas y fortalecerse aún más, mientras seguía buscando a los sobrevivientes, Turles y Kakaroto.
Mientras que en la tierra, el hijo de Bardock había derrotado al temible Rey Demonio Pikoro hace unos meses, con lo último de sus fuerzas y después de una gran y sangrienta batalla, que amenazaba el bienestar y la paz de la Tierra. Acto seguido usó unos orbes místicos, Las 7 Esferas del Dragón, que habían sido motivo de muchas de sus aventuras, para revivir a sus amigos que habían perecido gracias a las perversas acciones del llamado Rey Demonio. Antes de morir, este ser expulsó por su boca un último descendiente, una reencarnación suya como último recurso para la venganza. Un hijo que estaría destinado a vengar a su padre, matando al llamado Goku.
Pero es en este momento donde la historia cambia, y la vida de Kakaroto está a punto de cambiar drásticamente.
El espacio, vacío infinito. El joven guerrero de ya 17 años se retorcía de manera algo incomoda, debido a que su capsula ya le comenzaba a quedar apretada, dado que su cuerpo había cambiado desde la última vez que lo vimos. Ahora era un joven Saiyajin crecido, con mayor musculatura y madurez mental. Su poder, fuerza y habilidades habían aumentado de gran manera gracias a sus viajes, pero en el fondo sabía que necesitaba algo más para poder estar seguro de poder acabar con Freezer.
Mientras se dirigía a su próximo objetivo, la nave se activó al pasar cerca de un planeta muy vivo y colorido, que le recordó al joven Aikon de Katz, el planeta en el cual vivió 1 año junto a sus camaradas Saiyajin. Detuvo la nave y pidió una identificación junto con un escaneo de aquel curioso planeta.
Y pronto se enteró que ese planeta era La Tierra. Lo cual activó la memoria del Saiyajin, recordando que Raditz le mencionó algo importante. "Mi madre me informó que antes de que el Planeta Vegeta fuera destruido, mi hermano Kakaroto fue enviado a un planeta llamado La Tierra. No sé dónde queda, se supone que sería fácil para él."
Lo cual lo llevo a darse cuenta que estaba frente al planeta de Kakaroto. Y se extrañó al escanear el planeta que la media de poder era de 200 y no más. Pero a pesar de eso seguía en perfectas condiciones y se veía lleno de vida. Esto le extrañaba. Kakaroto era un bebé Saiyajin con un muy bajo poder de pelea, eso hasta Aikon lo sabía. Pero hasta para él conquistar este planeta hubiera sido fácil. No tenía sentido. Aikon observa el planeta por un momento más antes de darle nuevas órdenes a su nave, ordenándole que aterrice.
Mientras tanto, en la atalaya del Guardián de la Tierra, Kami-sama…
Un niño pequeño, que aparentaba no más de 12 años que poseía una cola de mono vestido en un gi rojo, junto con un báculo rojo atado a su espalda se preparaba para luchar, de pie frente a cierta persona con la piel de color totalmente negro, que vestía un turbante blanco, junto con chaleco y pantalones similares al estilo de vestimenta hindú, con la escena siendo vigilada por cierto anciano de piel verde con antenas pequeñas en su cabeza, sosteniendo un largo bastón de madera. Éste anciano era el llamado Dios de la Tierra, Kami-sama. Y el hombre de piel negra era Mr. Popo, su sirviente personal, que se disponía a entrenar al pequeño niño salvador de la Tierra, Goku.
Y su enfrentamiento hubiera dado comienzo si cierto suceso extraño no hubiera pasado. Kami-sama notó un objeto raro entrando en la atmósfera, que le hizo apartar su vista del pequeño luchador para intentar identificar de qué se trataba. ¿Qué era? ¿Quién era? Jamás había visto algo similar, pero por lo que podía sentir, era alguien.
Goku y Mr. Popo también notaron aquel objeto extraño llegando a la Tierra, justo antes de empezar a pelear, y se quedaron observándolo, la preocupación reflejada en los ojos de todos.
El anciano se acercó a Goku, sabiendo cuál sería su primer instinto. "Tranquilo. No sabemos de qué se trata. Esperemos un poco y analicemos la situación." Le aconseja al pequeño luchador de artes marciales. Pero su sangre hervía ante la promesa de un fuerte peleador desconocido, pero también le producía un mal presentimiento. La lucha con Pikoro le había creado un sentimiento de desconfianza hacía cualquier amenaza, dado que se había enfrentado a un enemigo totalmente descomunal y sin remordimiento alguno. Ahora que conocía como era el verdadero mal, no bajaría la guardia tan fácilmente.
La nave aterrizó en un bosque, creando un gran cráter humeante. Pronto se abrió, lentamente, para revelar al Saiyajin que se encontraba en su interior, levantándose para escanear su alrededor con su rastreador adornando su ojo izquierdo. En la cercanía, muchos animales escapaban producto del temor de aquel extraño sujeto que llegó para hacer temblar la tierra.
"Efectivamente, este es un planeta muy, muy débil." Susurra para sí mismo el joven guerrero, elevándose en el aire. "La gravedad también es muy ligera, siento que podría darle 50 vueltas con facilidad." Añade antes de cruzar los brazos. "¿Qué habrás hecho Kakaroto?" Se pregunta con una sonrisa. "¿Siquiera seguirás vivo? Bueno, hay que averiguarlo." Termina de hablar, antes de despegar a velocidades supersónicas, teniendo dificultad para contenerse debido a lo ligero que se sentía. Su cuerpo ya se había acostumbrado a gravedades mucho más pesadas.
Confiando en su rastreador, comenzó a rastrear los poderes más altos del planeta a fin de encontrar el más fuerte. Y por definición, a Kakaroto. Se encontró con un anciano que usaba gafas de sol que sostenía un bastón de madera. En otro lugar, a un enano monje que aparentemente no tenía nariz. Cerca de una cascada, a un humano con 3 ojos. Ese le pareció peculiar, pero no era Kakaroto, claramente. Nadie superaba los 200 de nivel de poder. Ya se sentía decepcionado. "Nada más que basuras." Murmura para sí mismo, despegando hacia otro lugar.
En la atalaya de Kami-sama, el Dios de la Tierra observaba cuidadosamente el planeta, aliviado de que por ahora no había hecho ningún mal aparente, aquel extraño ser. Pero le pareció confuso el observar que aquella persona también poseía una cola de mono, similar a Goku. El mencionado niño luchador se encontraba luchando contra Mr. Popo, debido que no podía hacer nada más y se sentía bastante ansioso.
Aikon revisó otro lugar, una gran urbe donde encontró a una joven de pelo azul y a un humano que lucía algo tonto. Tampoco era Kakaroto. Todos los peleadores que encontró lo miraron con preocupación y confusión en sus ojos. Y con facilidad podría haberlos aniquilado, terminando el trabajo de Kakaroto. Pero no era necesario aún.
Su rastreador se activa al detectar otro nivel de poder. Este era el mayor que había encontrado hasta ahora, 272. Si este no era Kakaroto, significaba que estaría muerto. Algo extraño era que ese nivel de poder estaba muy arriba en el cielo. Y no había montañas tan altas en este planeta. ¿Estaba flotando? ¿Había una plataforma a esa altura? Era extraño, pero valía averiguarlo. "¡Oye! ¿Quién eres?" Le pregunta aquel humano de tonto aspecto, colocándose en una pose de batalla. El Saiyajin volteó a verlo y no le dijo nada. "Escoria." Le insultó antes de volar hacia la localización de aquel poder, esperando no haber desperdiciado tanto tiempo para nada.
"¡Nos encontró!" Exclamó Kami-sama, haciendo que Goku y Mr. Popo dejaran su entrenamiento, preparándose para la llegada de este extraño ser. Pronto apareció en la atalaya, con una rapidez sorprendente. El Guardián tomó unos pasos hacia atrás al contemplarlo, ahora que podía sentir su poder, era abismal. Muy superior a absolutamente todo lo que había sentido en sus más de 300 años de vida. Vestía una armadura muy extraña, probablemente alienígena. ¿Quién rayos era?
"¡Oye tú! ¡¿Quién eres?!" Le pregunta el imprudente Goku, saltando delante de Kami-sama dispuesto a pelear y defenderlo. Sabía que sin Kami-sama, las Esferas del Dragón desaparecerían. Y ellas eran vitales para que cualquier daño que hiciera este sujeto fuera arreglado. Su cola se sacudía violentamente ante la amenaza de este extraño. El mal presentimiento que tenía antes se había multiplicado varias veces.
El sujeto extraño, Aikon, observó al pequeño niño. Él era la fuente de aquel poder. Y su peculiar cabello junto con la cola de mono evidenciaban que él era quien estaba buscando. El joven aterrizó en el extraño lugar, la atalaya, y sonrió. "Kakaroto. ¿No reconoces a un camarada de tu propia raza?" Le pregunta cruzándose de brazos.
Tanto el niño como Kami-sama se extrañaron ante aquella pregunta. "¿Raza? ¿Camarada?" Pregunta el denominado Dios. "Qué estás diciendo. ¡Yo soy un terrícola y me llamo Goku!" El niño respondió. Aquella respuesta confundió al joven Saiyajin. "¿Goku? Por favor, no me digas que perdiste tu memoria."
Le dice, incrédulo ante la situación que se le presentaba. "No te habrás golpeado la cabeza cuando eras más pequeño. ¿Verdad?" Le pregunta, sabiendo por parte de su madre que un golpe en esas condiciones podría afectar la memoria de un Saiyajin. Era muy extraño, pero se sabía que era posible. La cara de Goku mostró preocupación al oír la pregunta. Él sabía que eso si había pasado gracias al reencuentro que tuvo con su abuelito, pero ¿Qué significaba? "¿Y qué si lo hice? No cambia el hecho que soy un terrícola." Le responde, ahora sacando su báculo, más que listo para pelear. El Saiyajin se rió aún más ante esto, pero ahora fijo su mirada en el anciano. "Vaya, un namekusein. ¿Qué hace uno aquí?" Se pregunta moviendo su cabeza hacia un lado en gesto de curiosidad. Conocía de su existencia dado que era un planeta y raza conocidos en el universo, al menos en apariencia. Como los Saiyajin. Pero nunca había visto uno en persona. Por lo que encontrarse con uno en un planeta tan lejano era muy curioso. "Soy el guardián de la Tierra, forastero. Explica cuál es tu objetivo aquí." Responde Kami-sama.
"Supongo que lo averiguaré luego." Murmura Aikon, encogiéndose de hombros. Luego dirige la mirada nuevamente al pequeño artista marcial, Goku. "Kakaroto, déjame explicarte. Eres un Saiyajin. Parte de una orgullosa raza de guerreros conocida en todo el universo. Fuiste enviado aquí de bebé por tus padres, con el fin de conquistar este planeta. Para ti hubiera sido fácil, pero me doy cuenta que fallaste miserablemente." Le explica e informa, riéndose mientras miraba a su alrededor. "En fin, yo también soy un Saiyajin. Me llamo Aikon, y nuestro planeta fue destruido hace 17 años. Quedamos muy pocos de nuestra especie, pero no estamos extintos. Entre ellos está tu hermano, Raditz. Nos estamos entrenando alrededor de la galaxia para vengarnos del maldito que traicionó y destruyó a nuestro planeta. Freezer." Añade, su rostro tomando una enojada expresión ante la mención del tiránico emperador.
Goku, llamado Kakaroto al nacer, intentaba procesar toda la información que había recibido. ¿Podría ser cierto? Jamás había escuchado algo similar, y él tenía una cola igual que él, a diferencia de absolutamente todas las personas que había conocido en sus viajes. No conocía a sus padres biológicos, solo a su abuelito Gohan. Quizás podría llegar a ser cierto… No. Él era Goku, de la Tierra. Un Terrícola, nacido y criado en este planeta y pertenecía a este. No era algún alienígena extraño y no tenía nada contra este tal Freezer. "¡Yo jamás me uniría a alguien tan sospechoso y extraño como tú! ¡Me llamo Son Goku, de la Tierra!" Le gruñe, listo para atacar al amenazante pero mentiroso extraño. Aikon, en respuesta, suspiró sobre esta respuesta. "Escúchame Kakaroto. En cualquier otra circunstancia, respetaría tu elección. Pero tu memoria fue borrada y no recuerdas quien eres en realidad. Lo siento, pero tendré que demostrarte que no miento y quienes somos en verdad." Le explica, y en un parpadear de ojos, Aikon le da un rodillazo a Goku, haciendo que cada pizca de aire fuera expulsado de sus pulmones, incapacitándolo y haciendo que se arrodillara.
Tosiendo un par de veces, Goku fue golpeado con una fuerza que jamás sintió en su vida. Mucho mayor a la de Pikoro. Era otro mundo. Luego se sintió terriblemente débil, sintiendo como su debilidad, su cola, era tomada por el Saiyajin, levantándolo del suelo. "Esto es una debilidad de los Saiyajin Kakaroto, le ocurre a todos. Pero también es clave para una transformación importante, nuestra arma secreta." Empieza Aikon, sonriéndole al niño en sus manos.
"Podría hacer que te transformes ahora mismo, pero no es necesario." Añade, sacudiendo su cabeza. "Mira, te daré una oportunidad. Me quedaré aquí un día. Podrás despedirte de quien desees y hacer lo que quieras en este planeta. Pero luego tendrás que venir a por mí y nos iremos de este mundo. Si no lo haces, te buscaré y te obligaré. Y tú sabes que te puedo rastrear. Por tu bien, te sugiero que vengas tranquilamente Kakaroto." Le explica, antes de lanzarlo lejos con fuerza, dejándolo lastimado y débil, no sin antes tomar el objeto que estaba en su cinturón. Una extraña esfera naranja con 4 estrellas en su interior. Ante esto, Kami-sama se alertó. "El recuerdo de mi abuelito…" Murmura Goku, observando la Esfera del Dragón en su mano.
"¡Oye! Por favor… Devuelve eso…" Intenta razonar el Guardián de la Tierra al darse cuenta de la diferencia de poderes de este sujeto y cualquiera que esté en la Tierra. Aikon se voltea hacia él y sube una ceja curiosa. "¿Y por qué? ¿Esta esfera es valiosa o algo?" Le pregunta, y en un principio Kami-sama suda de manera nerviosa y guarda silencio. Ante su respuesta muda, el Saiyajin se enojó y se dispuso a lanzarle un haz de ki, pero ante el miedo de perder a Kami-sama, Mr. Popo sucumbió ante la presión y reveló la peor información posible en esta situación. "Es una Esferas del Dragón. Existen 7 en este mundo, y al reunirlas todas se puede invocar a Shen-Long, quien te concederá cualquier deseos que puedas imaginar." Kami-sama volteó hacia su sirviente, pálido ante el error que acaba de cometer. Pero ya era muy tarde.
El interés había sido despertado dentro del Saiyajin. ¿Era posible? Observó la esfera con detenimiento. Cualquier deseo… ¿Inmortalidad? ¿Poder? ¿Resucitar a los Saiyajin? Las posibilidades eran casi infinitas. Tenía que comprobarlo. "Muchas gracias por la información. Sólo por eso, no mataré a nadie. Hasta mañana." Se despide con una sonrisa el guerrero Saiyajin antes de despegar para ahora buscar el resto de las esferas para comprobar que la información que recibió era cierta. Valía la pena comprobar si lo era.
Goku se levantó con demasiada dificultad del suelo, siendo ayudado por Kami-sama y Mr. Popo. Intentaba pensar en algo, pero se encontraba sobrecargado y perdido. Por la fuerza de ese rodillazo sabía que no había posibilidad de ganarle, y no había nadie que se acercara a esa fuerza. No tenía idea de qué hacer. ¿Tendría que aceptar su supuesta verdadera identidad? ¿Su nombre en verdad era Kakaroto? ¿Un Saiyajin?
Mientras tanto, Aikon volaba a tremendas velocidades toda la Tierra, buscando las Esferas del Dragón con mucha rapidez, encontrando otras 3 con facilidad antes de que se pusiera el sol. La leyenda empezaba a tomar sentido. Pero pronto tuvo que recurrir a preguntarle a la gente para saber si alguien sabía de la localización de las otras. Y cuando lo hizo recibió miradas extrañas y era tachado como loco. Evidentemente nadie sabía de su existencia. Pero cuando decidió volver a la isla de aquel anciano para revisar si había alguna ahí, aprovechó de preguntarle a aquel viejo. Y él si conocía a que se refería, pero se requirieron algunos golpes para sacarle la verdad. Existía un radar que podía rastrear aquellas esferas, en posesión de una chica llamada Bulma en una ciudad llamada 'Capital del Oeste'. Le agradeció al anciano y lo dejó ahí, herido, pero vivo, dejando la isla y dirigiéndose a las ciudades para buscar aquella mencionada por el maestro, como lo descubrió cuando se intentó defender por todo medio posible y con varias técnicas extrañas.
No sabía que pedir con exactitud aún, pero sabía que una vez reunidas, si era cierto, sería capaz de muchas cosas. Por ahora Kakaroto no era prioridad. Las Esferas del Dragón si lo eran. No había sido mala elección venir a este planeta y no cometer genocidio masivo. Aún.
