Capítulo 11
Kagome se cruzó de brazos mientras contemplaba esa escena. Esa mujer rubia lo abrazaba de una forma muy cariñosa, aunque no era es apalabra que buscaba, más bien la palabra correcta era "amorosa" como si se tratara del abrazo de dos amantes.
¿Quién era esa mujer y de donde había salido?
¿Por qué se dejaba abrazar de esa manera?
Alzó una ceja mientras un sentimiento extraño comenzó a invadirla. Era esa clase de sentimientos que te hacían odiar, arañar, golpear o incluso agarrar a esa mujer de sus cabellos rubios para apartarlo de su marido.
Pero lo que la había dejado sin habla era la forma de vestir, un poco vulgar y atrevido para su gusto. Llevaba un vestido rojo y con un abrumante escote que realzaba sus enormes senos.
Inuyasha se quedó petrificado sin saber qué hacer. Cuando abandonó a Sabina en Toscana fue muy claro con ella al decirle que esto se había terminado y que se buscara otro amante ya que con fortuna él no podía saber si regresaría o no.
Por más que trataba de apartarlo de él, ella se encajaba aun poco más, haciendo intenso el abrazo. Aunque cuando vio el rostro de Kagome no pudo evitar esbozar una media sonrisa. A juzgar por su reacción ella parecía estar celosa.
¿Y si usaba a Sabina para lastimarla?
Sabina era una mujer hermosa y Kagome podía sentirse amenazada por eso.
— ¿No me extrañaste, amore mio? – preguntó ella
—Sabina…
— ¿Se puede saber que está pasando aquí? – preguntó Kagome, interrumpiendo a Inuyasha.
Sabina, sin dejar de abrazar a Inuyasha se apartó un poco de él para mirar de arriba hacia abajo a la mujer que había interrumpido el momento.
—Yo soy Sabina, la amante de Inuyasha.
Kagome abrió los ojos ante el descaro de esa mujer. Ahora entendía todo, el muy maldito había fingido su muerte para estar con esa mujer, mientras ella de estúpida llorándole todos esos años. Guardando un luto cuando él estaba quien sabe dónde con esa rubia.
— ¿Y tú quién eres? – Preguntó Sabina — ¿Eres su amante? Porque si es así….
—Soy su esposa y quiero que te vayas de mi casa.
—Sabina se queda – interrumpió Inuyasha.
— ¿Disculpa? – exclamó sorprendida por su comentario.
—Como lo escuchas. Será mi invitada, incluso podrá disponer de todos los empleados, si algo no le parece podrá dar órdenes y tú, no podrás impedirlo ¿Fui claro?
Sabina, que aún estaba bajo los brazos de Inuyasha esbozó una sonrisa al ver el rostro de frustración de la esposa de Inuyasha.
¿Así que por esa mujer desabrida la había dejado?
A simple vista no era más mujer que ella, no era digna de estar con Inuyasha y haría todo lo que fuera para quedárselo para ella misma. Por eso se había escondido en el barco donde Inuyasha viajaba, pelearía por lo que era suyo y nada ni nadie se lo iba a arrebatar.
En ese momento quiso que un agujero negro se abría por debajo de sus pies y la absorbiera por completo, incluso llegó a sentir otra grieta mucho más grande se abría paso entre su corazón, pero en está ocasión llegó a sentir un inmenso dolor.
El ver como la defendía, como la tenía abrazada la hicieron salir huyendo de ahí antes de que la vieran llorar. No podía permitirse que ambos la vieran derramar lágrimas ya eso sería un muy humillante. Llorar delante de la amante de su marido no era un lujo que les permitiría ver.
Cerró la puerta tras de ella y está vez con llave por si se le ocurría a su marido – no, negó para sí misma—. El hombre que estaba ahí abajo no era su marido, era otro. Era como si hubiese tenido un gemelo que lo hubiera remplazado. Si era así ¿Dónde estaba el verdadero Inuyasha con quien se había casado?
Se dejó caer en la cama mientras las lágrimas que tanto le costó contener salían involuntariamente empapando su rostro.
¿Dónde estaba ese hombre que había amado?
Había esperado a que él se pusiera de su parte, pero en cambio a eso su reacción fue inesperada, lo que más le dolía era el hecho de que en ningún momento desmintió a esa mujer, sino todo lo contrario. La defendió incluso por delante de ella.
Si así era como pretendía vengarse, preferiría salir huyendo de aquí para dejar que su odio lo consumiera así mismo. Era evidente que hablar con él resultaría en vano, pues había dejado las cartas sobre la mesa expresando cuales eran sus deseos.
Una venganza que podría consumirlos a los dos y llevarlos a la desdicha.
Inuyasha aguardó a que Kagome se fuera, tomó a Sabina del brazo y prácticamente la llevó arrastrando hasta su estudio. Una vez adentro la soltó sin delicadeza y cerró la puerta con llave.
— ¿Qué demonios haces aquí? ¿Cómo llegaste?
Sabina esbozó una sonrisa, adoraba cuando él se ponía de mal genio, incluso cuando la hacía suya en ese estado de mal genio.
— ¿No te alegras verme? – preguntó agitando las pestañas de arriba abajo.
—Sabina fui claro contigo.
—Nunca debiste hacer eso – comenzó a caminar por todos lados del estudio – Debiste suponer que no iba a dejarte tan fácilmente.
Él movió la cabeza hacia ambos lados en un claro gesto de desaprobación.
— ¿Cómo es que dejaste Toscana?
Sabina esbozó una sonrisa y tomó asiento sobre el amplio escritorio y abrió ligeramente las piernas.
—Me escondí en el barco donde viajaste. Hasta hoy me digne a salir, anduve dando un paseo por las calles, vi a Shippo y lo seguí hasta aquí.
—No debiste haber hecho tal cosa.
—No iba a permitir que te volvieras a ir. Además te extrañe mucho – abrió mucho más las piernas — ¿Tú a mí no?
Podía haber regresado a Cornwall para vengarse de su mujer, pero jamás sería capaz de tomar otra mujer bajo el mismo techo donde se encontraba Kagome.7
—Escúchame Sabina, no va pasar nada de lo que estás pensando. Si te hablé de ese modo delante de ella, era para hacerla sentir mal. ¿Queda claro?
Pero la rubia esbozó aún más su sonrisa coqueta u suspiró.
—Me queda claro Inuyasha – suspiró – Pero tarde o temprano buscaras mis brazos y mi calor y de eso puedes estar seguro amore mio.
—De eso nada – Inuyasha negó – Ya te dije que no habrá nada entre tú y yo mientras vivas aquí. Te harás pasar por mi sobrina. En esta ciudad los chimes circulan muy rápido.
Aunque sin duda eso no le agradó del todo a la rubia, pero mejor estar cerca de él a que se apartara una vez más de su lado.
Bankotsu no se había quedado con la duda sobre el regreso de Inuyasha Taisho y debía verlo por sus propios ojos, aunque mientras iba de camino a visitar a su hermana escuchaba los cotilleos de la gente sobre ese acontecimiento que había dejado sorprendidos a todos en Cornwall.
Incluso llegó a ser interceptado por varios caballeros que iban acompañados de sus esposas para ver si se le sacaban alguna información, pero lo cierto era que también estaba igual de impresionado que ellos. Si el muy maldito se hizo pasar por muerto para hacer sufrir a su hermana se lo haría pagar el doble.
Pero ¿Por qué? ¿Cuáles habían sido sus motivos para hacer tal bajeza? Jamás se olvidaría el día en que su hermana lloró por su supuesta muerte, sumiéndola en un sufrimiento y confinándola a la soledad.
En cuanto entró por el amplio camino de grava que conducía a la casa, vio varios hombres que custodiaban la entrada. Se detuvo al ver que ellos se interponían en su camino. Esto le pareció un poco inusual y un presentimiento malo nació en su interior.
—¿Se le ofrece algo señor? – preguntó uno de ellos.
Bankotsu notó un extraño acento en el hombre que le hablaba pero no tan extraño como para no reconocerlo.
—Soy hermano de la duquesa Taisho. Vengo a verla.
Y el hombre que lo interrogó buscó a su acompañante y éste asintió.
—¿Posee algún tipo de arma?
—¿Disculpa? – Bankotsu arqueó una ceja.
—Sí, un arma.
La verdad es que siempre iba armado pero esta ocasión no. Sólo poseía dos pistolas y una daga.
—No – respondió en tono irritado – Si llevara una ¿No me dejarían pasar? Su pregunta me ofende caballero.
—No era nuestra intención hacer tal cosa – explicó el segundo hombre – Es por seguridad de los duques.
¿Qué clase de hombres eran estos? Inuyasha Taisho siempre mostró un bajo perfil, que se rodeara de gente como de ese tipo le sorprendía. La verdad creía que era un completo y rotundo idiota.
—Ya veo – asintió Bankotsu — ¿Puedo pasar o me negaran el paso?
—Adelante.
Ambos hombres se hicieron a un lado dándole el paso, Bankotsu llamó a la puerta y en seguida la abrió el mayordomo Totosai, quien lo llevó a la sala y le indicó que esperara a la duquesa ahí.
Bankotsu tomó asiento en un sofá mientras analizaba toda la situación, el ambiente dentro de la casa lo podía percibir tenso, algo no andaba bien y podía sentirlo. Pero sus sospechas se hicieron ciertas cuando vio aparecer a Inuyasha y se detuvo al verlo.
Ambos se miraron fijamente, Inuyasha se cruzó de brazos, Bankotsu se puso de pie y contempló la cicatriz de su mejilla.
¿Qué le había pasado? ¿Los hombres de la entrada tenían algo que ver en esto?
—Pero Inuyas…
Una mujer rubia apareció de tras de él y se guardó silencio al verlo.
Bankotsu frunció el cejo al ver a aquella dama, era la clase de putas con las que solía enredarse cuando necesitaba la compañía de una mujer. El hecho de que estuviera en ahí le resultaba algo extraño.
—Bankotsu – arrastró las palabras en un fino rencor.
—Taisho – él inclinó levemente la cabeza.
Ambos se desafiaban en un duelo de miradas y si las miradas mataban, las de ellos dos fulminaba a todo aquel que estuviese cerca de ellos.
—Cuanto tiempo – comentó Inuyasha.
Bankotsu inclinó levente la cabeza.
—Lo mismo digo.
—Hola, soy Sabina – interrumpió ella con una alegre sonrisa.
Bankotsu ignoró el saludo de la mujer que lo miraba con una sonrisa coqueta. La recorrió de pies a cabeza y su forma de vestir le confirmó todo. Si, efectivamente era una puta. Tal vez ese maldito se hizo pasar por muerto para estar con esa zorra, si Kagome salía lastimada en todo esto jamás se lo iba a perdonar. De hecho si, se lo perdonaría en cuanto acabara con su existencia.
—Interesante – fue lo único capaz de decir.
—Sabina es mi sobrina – explicó Inuyasha.
Pero Bankotsu no era estúpido, sabía que el duque era hijo único y decir que era su sobrina era la peor mentira que había escuchado. Una mujer enamorada probablemente caería en esa mentira, pero no él.
—Creí que eras hijo único, Taisho.
Nunca se había referido a él por su nombre ni mucho menos por su título, lo odiaba y era evidente en la forma por como lo miraba.
—No tengo porque darte más explicaciones, Bankotsu – dijo él irritado – Ni a ti ni a nadie.
—¿Y por está…— guardó silencio antes de formular su pregunta. Palabras como "puta" "mujerzuela" estaban en su vocabulario –…señorita dejaste a mi hermana por tres años?
—Te dije que no doy explicaciones – repitió.
—¿Quién te hizo esa horrible cicatriz, por cierto? ¿Fue el esposo de ella?
Inuyasha perdió los estribos y estaba a punto de partirle la cara pero la voz de Kagome lo detuvo.
—Bankotsu, que alergia.
Kagome entró a la sala de estar sin hacerle ni el menor caso a Inuyasha y compañía. En cambio a tomó a su hermano del brazo y lo sacó al jardín. Pero antes de irse con ella, con una última mirada hacia Taisho, juró que si algo le hacía, lo iba a matar.
Las ganas que sentía Bankotsu de partirle la cara eran inmensas, apretaba los nudillos de las manos y de tanta fuerza se le pusieron blancos de inmediato. Su hermana lo veía caminar de un lado a otro, mientras a él le invadían unos temblores ocasionados por el coraje.
—¿Quién es esa puta? – se detuvo delante de ella –Por qué dudo que sea su sobrina.
¿Sobrina? Así que le había mentido a su hermano explicándole que esa mujer poseía algún parentesco con él.
—Bankotsu…
—Kagome – se puso de rodillas delante de ella — ¿Estás bien? Si no es así, dímelo y te llevo conmigo. Ya has sufrido mucho como para que de la noche a la mañana descubras que ese maldito está vivo y que además trajo a su amante.
—Si te dijo que es su sobrina, lo es.
Bankotsu se apartó de ella y se puso de pie.
—Sabes tan bien como yo que esa no es su sobrina – señaló la puerta por la que habían salido – Tiene la maldita "P" de puta escrita en la frente.
—Es su sobrina, confórmate con saber eso.
Pero en realidad lo que Kagome pretendía era cuidar a su hermano, ya bastantes problemas tenía con el regreso de Inuyasha e involucrar a Bankotsu era muy arriesgado. Su hermano poseía un mal carácter, para él la familia era primordial y si alguno de sus seres queridos salía mal herido, él sería incluso mancharse las manos de sangre.
Eso no podía permitirlo, primo se arriesgaría ella, a que su hermano saliera lastimado en todo esto.
Bankotsu pareció adivinar sus pensamientos y más relajado asintió, tomó a su hermana de las manos y la miró fijamente a los ojos.
—Por favor, si sales lastimada en todo esto, no dudes en venir a buscarme ¿Lo prometes?
Kagome se hizo la fuerte, evitando que una lágrima rodara su mejilla. Debía mostrarse fuerte y segura para mantener a su hermano tranquilo.
—Lo prometo, Bankotsu.
Le dio un beso en la frente y más tranquilo tomó asiento a su lado.
—Por cierto, la tía Kaede te manda saludos. Dice que vendrá a visitarte en estos días y que la perdones por no asistir a la exposición de arte.
Inuyasha contemplaba desde la ventana a los dos hermanos, seguramente estaban planeando tomarlo desprevenido para así atacarlo y mandarlo esta vez al infierno, pero solo que está vez las cosas serían muy distintas y no caería tan fácilmente.
—Es atractivo.
La voz de Sabina interrumpió sus pensamientos, él arqueó una ceja y la miró confuso.
—Ese tal Bankotsu – explicó ella señalándolo con la cabeza – Alto, ojos azules. Sin duda es muy apuesto ¿Es casado? ¿Tiene amante?
—Por lo que veo te dejó impresionada.
—Si no vamos a tener ya nada tú y yo, es lógico que busque alguien más – respondió con una amplia sonrisa –Aunque él no se tragó el cuento de que soy tu sobrina.
—Por qué él no es estúpido.
De pronto observó a Sabina y después a Bankotsu, sería arriesgado si la empujaba hacía él con tan de tenerlo controlado. Sería difícil que él no confiara en ella, porque se había dado cuenta de todo, pero confiaba en el poder de influencia que tenía su ex amante, tal vez con su confianza ganada podría sacarle información para poder atacarlo.
Asintió para sí mismo, la llegada de Sabina de pronto no le pareció una mala idea.
—Entonces…. ¿Soltero o con amante? – volvió a preguntar Sabina, más interesada.
—Porque no lo averiguas por ti misma y que te dejó muy impresionada.
—¿Celoso, cariño?
—Para nada— negó.
—Muy bien – asintió – Pero debes saber que aun así tú serás mi preferido y estaré siempre dispuesta para ti.
Koga había ido a visitar a Kikyo al burdel, había reunido un poco de dinero con el propósito de mantenerla controlada. Si esa mujer se le ocurría hablar no solo la vida de ella estaría en juego sino la de todos.
Lo hizo pasar a un reservado, sirvió dos copas de whisky y le entregó una a él y después tomo asiento.
—Si estás aquí es porque tienes mi dinero – comentó ella, esbozando una sonrisa.
Pero Koga, quien permanecía de pie, observando cada uno de sus movimientos, saco un costal y lo arrojó a la mesa.
—No es mucho – explicó.
—¿Cómo que no es mucho? — Frunció el cejo — Te dije que quiero todo el maldito dinero que me debes.
Koga avanzó hacia ella y con el vaso a un intacto, lo dejó sobre la mesa, recargó ambas manos sobre los codos del sofá y la acorralo entre éste y su cuerpo.
—Kikyo cállate y acéptalo.
—Fui muy clara contigo de que si no me dabas todo lo que me debes, yo hablaría. – amenazó ella, recargando su espalda contra el respaldo del sillón.
Él negó, por lo que veía Kikyo no estaba enterada aún del regreso de Inuyasha algo que era muy extraño, ya que era el tema de moda en Cornwall y la noticia se esparcía como pólvora.
—Por lo visto no está enterada – tomó aire antes de darle la noticia.
—¿Qué me estas queriendo decir?
—Kikyo, fallamos en nuestra misión. Tú, el inútil de Hakudoshi y yo.
De pronto pareció entender lo que Koga quería decirle, solo en una cosa hubiesen fallado y ese era desaparecer a su primo.
—No está muerto, regresó y a jurado vengarse de quienes intentaron matarlo ¿Tienes una idea si acudes a las autoridades a decir la verdad?
Eso quiere decir que Inuyasha Taisho estaba vivo y que los planes de Koga por deshacerse de él no habían servido para nada. Ahora corrían peligro de ser descubiertos y peor aún, que buscarla vengarse de ellos.
—Debemos evitar vernos y hablar de todo esto. Si despertamos algún tipo de sospecha nos iría mal a los tres.
—Tú y ese estúpido de Hakudoshi fallaron. Yo cumplí mi parte.
—Así no funcionan las cosas mi querida Kikyo. Si falla uno, fallamos todos. Recuerda que no tendrás tu maldito dinero hasta no desaparecer a Inuyasha.
Kikyo negó mientras dejaba escapar una fuerte risa.
—¿Insinúas que…— tuvo respirar para que la risa no le volviera a ganar — …. Vas a querer matarlo?
Koga esbozó una sonrisa.
—No solo a él, sino a su esposa.
Ante tal comentario Kikyo se puso seria de inmediato. Sabía de sobra que Koga pretendía quedarse con la mujer de su primo, pero ahora sus planes habían cambiado.
—Inuyasha representa un problema demasiado serio para los tres, por lo que Kagome sería la carnada perfecta para enviarla junto con él al inferno y esta vez no habrá retorno.
Era verdad, primero dejaría que ambos se destrozaran el uno al otro y cuando estuvieran más vulnerables atacaría utilizándola como cebo para eliminar a su primo para siempre.
—Así que evita cometer una estupidez y acepta el maldito dinero.
Hola chic s!
Yo creo que si no es por Kagome, Bankotsu e Inuyasha habrían desencadenado una pelea, aunque está vez yo estaría de lado de Bankotsu.
¿Acaso será Sabina la mujer que le predijo Ayame a Bankotsu? no lo sé.
A partir de la próxima semana estaré publicando en las tardes, ya que los peques entran a la escuela y estaré en modo "docente"
Nos vemos y se cuidan.
BPB
