Capítulo 12

Bankotsu y Kagome permanecieron varios minutos platicando en el jardín, hasta que él se despidió y como no quiso salir por la puerta principal para no toparse con el imbécil que tenía por cuñado, decidió cruzar el amplio jardín y salir por ahí.

De hecho ella tampoco deseaba entrar a la casa y encontrarse con los dos, seguramente estaban en su despacho o probablemente observándola desde la sala. Deisy se acercó a ella, llevaba una pelota en el hocico, pero no estaba de ánimos como para jugar con ella. El animal al comprender el estado de su ama, soltó la pelota y recargó su cabeza sobre sus piernas, esperando un cariño de su parte.

Kagome esbozó una sonrisa y acarició el cabello sedoso del animal.

—El clima aquí es fantástico, nada que ver al de Toscana.

Escuchó la voz de Sabina, pero decidió ignorarla aun y cuando ella tomó asiento a su lado. Pero un pensamiento atravesó como un rayo en su cabeza.

¿El muy maldito estaba en Toscana, con ella?

Mientras ella sufría amargamente su perdida, las noches que había sufrido desvelo y llorando innumerables veces. Para después regresar y juzgar tanto a Bankotsu como a ella de algo que jamás habían hecho.

Pero sobre todo ¿Había sido sincero con ella durante su cortejo?

Deisy al olfatearla, alzó un poco la cabeza, le mostró los dientes y comenzó a gruñirle.

—Tu perro es agresivo –comentó.

Kagome la ignoró y tranquilizó al animal, aunque si hubiese sido por ella, con una simple orden Deisy la atacaría, pero nunca había sido así y jamás lo sería.

—Bankotsu es atractivo.

La volvió a ignorar poniéndose de pie, suficiente había tenido con escuchar su voz jocosa y más al cuestionarle sobre su hermano, prefería que tuviera entretenido a su marido a que antes le llamara cuñada.

— ¿A qué se dedica?

Caminó hacia la entrada de la casa, pero Sabina no se iba a quedar de brazos cruzados y la siguió, alcanzándola justo en el momento en que ella ponía un pie en el escalón.

— ¿Tiene amante?

Ella apretó la palma de su mano contra la barandilla de las escaleras, giró sobre sus talones y la miró fijamente.

—Déjame decirte una cosa. Mi hermano no es la clase de hombres con los que sueles involucrarte.

Hizo un análisis mental, Bankotsu era un hombre disidido y muy directo, de hecho si ella no hubiera intercedido minutos antes, probablemente él e Inuyasha llegarían a los golpes y sería imposible separarlos. Conocía en ese aspecto a su hermano, siempre defendía a sus seres queridos sin importarle lo que le costara.

—Inuyasha nunca se ha quejado de eso – le guiñó un ojo.

Ignoró por completo ese comentario, que hablara de ese modo solo le producía un malestar en las entrañas. Comenzaba a odiar aquella mujer.

—Bankotsu no se fijaría en…— la recorrió de pies a cabeza – Mujeres como tú.

— ¿En serio? – Preguntó esbozando una media sonrisa — ¿Y qué clase de mujer crees que soy?

Entre sus calificativos estaban "mujer fácil", "liberal" pero no se atrevía a decirle. Mejor debía controlarse, era una dama y sin embargo estaba cayendo en las provocaciones de aquella mujer, probablemente esto sería un plan por parte de su marido.

Sin darle una respuesta, giró sobre sus talones y le dio la espalda para subir las escaleras y encerrase de nuevo en su habitación. Necesitaba estar tranquila, pero la presencia de aquella mujer la alteraba considerablemente.

La llegada de Sabina y la casi discusión que había tenido con Bankotsu lo habían dejado exhausto. Debía salir de ahí y despejar su mente además, una visita a su primo lo le vendría mal, pero sus ánimos no mejoraron cuando nadie le abrió.

Era extraño que él no tuviera empleados de servicio, probablemente no confiaba en nadie. Iba muy pensativo, tal vez debía hacer lo mismo él. Despedir unos cuantos y dejar solamente a Totosai y a la doncella de Kagome. Entre menos hubiesen ahí el rumor de su matrimonio no se esparciría.

—Lord Taisho.

Escuchó como alguien le gritaba a lo lejos y al ver la causante, frunció el cejo. Lo menos que deseaba era toparse con una mujer tan chismosa como Lady Percival, seguramente seguía a la cabeza de la alta sociedad y todos buscaban su aprobación.

—Lady Percival – hizo una reverencia en cuanto la tuvo en frente.

—Cuando llegó el rumor de su regreso no pude evitar ponerme feliz – comentó ella – Sin duda es un gran alivio saber que esta con vida milord. Todos lo daban por muerto.

—Pues ya ve que no fue así.

—Lo que no sé es como pasó todo esto.

No le interesaba involucrarse en chismes y conocía muy bien a esta mujer, cualquier cosa que le dijese la noticia se esparciría como pólvora.

—Hemos recibido su invitación al baile – cambió de tema – Le aseguro que ahí estaremos.

—Qué maravilla, mi Elsa se pondrá feliz – dijo con una sonrisa – Mi Elizabeth se casó y ahora vive en Londres. Espero que venga a la presentación de su hermana.

Pero sin duda no le había agradado en absoluto escuchar que la esposa del duque iría a la presentación de Elsa.

—Me alegra saber que por fin Lady Kagome ha decidido salir de su jaula – comentó ella – Desde su desaparición nunca ha salido, la hemos invitado a cada baile y siempre lo ha rechazado – esbozó una sonrisa – Bueno, no soy la excepción, ha rechazado cada invitación que le han ofrecido. La duquesa se volvió solitaria durante su ausencia. Pero ya está aquí así que podremos verla más seguido…

¡Dios! Como hablaba esa mujer, lo único que hacía era parlotear sobre la sociedad, bailes, de Kagome. Otra más que le decía que ella no acudía a eventos sociales desde su supuesta muerte y si dudaba de Totosai, ahora sabía que era verdad en boca de Lady Percival.

—Si me disculpa tengo que irme – la interrumpió.

—Oh si, disculpe por haberlo entretenido un rato milord – se disculpó con una sonrisa.

—Por cierto, llevaré a mi sobrina al baile, espero no sea un atrevimiento de mi parte.

Lady Percival lo miró sorprendida, pues ella siempre imaginó que el duque era soltero. Además los padres del duque sólo habían tenido un hijo. Probablemente esa sobrina era la hija de un hermano ilegitimo de él.

Tardó varios segundos en responder, hasta que una sonrisa nerviosa se escapó de sus labios.

—Claro que no milord – negó – Siéntase en completa libertad de llevar a quien usted quiera.

Y tras intercambiar varias palabras más, ambos se despidieron y tomaron caminos distintos. Por lo menos ella no le había cuestionado sobre el tema de Sabina, tal vez había caído en la mentira, pero debía advertirle a su ex amante que se comportara si no quisiera ser descubierta.

—Le hará daño a quien más ama.

Frunció el cejo al escuchar esas palabras detrás de él, se giró sobre sus talones y se encontró con una pelirroja de ojos verdes.

— ¿Perdón?

Sin previo aviso la mujer lo tomó de la mano, gesto que le tomó por sorpresa y mucho. Nunca había visto a esa mujer y debía admitir que era hermosa, pero no lo suficiente como tentarlo, suficiente tenía con una esposa y una ex amante conviviendo bajo el mismo techo, añadiendo una sed de venganza.

—Si – asintió ella leyendo su mano – Lo veo aquí – señaló una fina línea que iba desde su dedo corazón hasta la muñeca – Le hará daño a alguien a quien ama y todo por una venganza. – Se aclaró la garganta y prosiguió – Venganza que acabara con un ser querido que jamás llegará a conocer.

Hizo una mueca ante el comentario ¿Un ser querido que jamás llegara a conocer? ¿Qué rayos quería decir con eso? No, negó para sí mismo, la pregunta correcta era ¿Qué clase de mujer era ésta?

—Planea vengarse de una inocente y cuando descubra la verdad, es probable que la haya perdido para siempre, milord.

—A veces el león no es como lo pintan señorita – explicó él, apartando su mano – Puede estar equivocada.

—Quisiera decir lo mismo – una mirada triste atravesó sus ojos verdes – Pero desafortunadamente nunca fallo en mis predicción milord – Antes de emprender su camino, lo miró fijamente y le lanzó una advertencia – Busque al verdadero culpable, esta tan cerca de usted que no es capaz de verlo.

Cuando la misteriosa mujer se marchó, Inuyasha se quedó parado en medio de la calle, analizando su mano y a ella que desaparecía entre la gente. Frunció el cejo, seguramente Bankotsu o Kagome le habían pagado para que le dijeran todas esas estupideces.

Negó para sí mismo, que bajo habían caído ese par de lacras.

Mientras Ayame caminaba por las calles mientras meditaba sobre los acontecimientos de ese día, se había cruzado dos personas distintas que en sus respectivos futuros se entrelazaban. Cuando presentía que algo iba a pasar, salía a la calle en busca de ese algo y cuando lo encontraba descargaba todo lo que tenía en la cabeza. Sabía que ese Lord no le creería y llego a sentir incluso lastima por él porque cuando descubriera la verdad sería demasiado tarde.

O tal vez no.

Pero una vez más sabía que no podía involucrase, sólo dependía de ellos cambiar el curso de sus destinos.

—La suerte ya está echada – se dijo así misma – Todos están advertidos.

Bankotsu llamó a la puerta y el ama de llaves le abrió, indicando que tomara asiento y esperara a su amigo. Unos pasos delicados se escucharon bajar a toda prisa por las escaleras y una joven de cabello negro y ojo café se hizo presente.

—Bankotsu.

Él al verla esbozó una sonrisa y abrazó a esa pequeña, bueno ni tan pequeña, ya era toda una señorita de diecisiete años y una fila entera de pretendientes. Siempre le veía un gran parecido con el de su hermana y es así como la veía, como una hermana más.

—Te veo y no puedo creer que ya seas una señorita, Rin.

—Y tengo tres pretendientes en fila.

Él frunció el cejo al oír eso, conocía a Rin desde que era un bebé. Admiraba a su amigo, cuando los padres de Miroku habían fallecido él se hizo responsable de toda la educación de su hermana. Incluso cuando la llevó a su primer baile estuvo al pendiente de que casi nadie se le acercara.

Él también hubiese hecho lo mismo.

—Sólo elige bien pequeña – aconsejo – No porque sea un duque o un conde te vayan a garantizar tu felicidad y si te hacen desdichada solo dime y los pongo en su lugar.

Rin esbozó una sonrisa y le dio un beso en la mejilla.

—No te preocupes por eso, es broma – le guiñó un ojo – Quiero casarme por amor, así como Kagome. Por cierto, es un alivio saber que el duque está vivo y que regresó con bien.

A Bankotsu se le borró la sonrisa de los labios al escuchar el comentario de la pequeña.

—Si eso creo – dijo tajante. –Pero ella no eligió bien.

—Ella eligió el amor – contrarrestó.- Casarse con alguien a quien uno ama sería lo más romántico.

— ¿Desde cuándo piensas en matrimonio y amor?

—Desde que me muevo en la sociedad.

—Ya me veo.

—Por cierto – se acercó más a Bankotsu y le susurró al oído – No le digas a Miroku que yo te dije, pero creo que le gusta la señorita Sango.

Bankotsu esbozó una media sonrisa al oír eso, ya sabía cómo entretenerse por un buen rato a costa de su amigo.

— ¿En serio? – Preguntó curioso — ¿Dime más?

Pero antes de que Rin pudiera seguir con su cotilleo unos pasos y la voz de Miroku los interrumpieron.

— ¿Se puede saber de qué están hablando?

—De ti – respondió Rin – Bueno yo los dejo para que hablen – le dio un beso en la mejilla a Bankotsu –Salúdame a Kagome, espero verla pronto.

-Claro pequeña.

Miroku lo hizo pasar a su despacho, Bankotsu le comentaba los acontecimientos del día y lo que había visto con Kagome, algo que a su amigo no le pareció en absoluto. Él había escuchado atento a cada palabra que le comentaba y cada una de ellas era difícil de asimilar.

—No me parece nada bien que haya traído a la amante con él – comentó.

—A mí tampoco – comentó pensativo – Y pienso evitar que le haga daño a mi hermana.

— ¿A qué crees que se deba su cambio? – preguntó Miroku, dándole un trago a su vaso de whisky.

—No sé – Bankotsu negó – Pero es algo que planeo averiguar. Kagome no me dirá nada así que tengo que buscar otra forma. Taisho no va ser tan estúpido como para guardar información en su casa.

Miroku frunció el cejo al escuchar eso.

— ¿Qué planeas hacer exactamente?

Lo había estado planeando desde que dejó a Kagome, era un plan arriesgado pero con ayuda podría resultar bien.

—Su primo Koga vive solo, además que no posee ningún empleado doméstico. Por lo que entrar a su casa en busca de información resultaría demasiado fácil.

—Es peligroso.

—Nos puede ser de mucha utilidad.

— ¿Nos?

Bankotsu asintió al ver a su amigo.

—Sí, porque tu iras conmigo – miró su vaso con whisky – Tengo una ligera sospecha que encontraremos algo ahí.

Solo tenía que ser demasiado precavido ya que seguían sus pasos y debía evitar a toda costa que lo siguieran el día en que entraran a la casa de Koga.

Durante el resto del día Kagome no salió de su habitación, únicamente cuando Melissa le llevó en ungüento que le había prometido y le ayudaba a untarlo en su cuello. Se sentía inútil al dejarse ayudar por ella, pero no tenía fuerza de nada.

Seguramente mientras ella permanecía encerrada en su habitación, ellos habían aprovechado para estar solos y hacer lo que deseaban.

—No han hecho nada por si se lo ha preguntado y si lo intentaran yo no lo permitiría – comentó Melissa con una sonrisa de par en par. –Además el señor salió pocos minutos después de que su hermano llegara.

¿Había salido? ¿A dónde?

—Regresó como un hombre distinto.

Suspiró al sentir la cálida mezcla sobre su piel y el olor a menta y otras yerbas penetraron sus fosas nasales.

—Un hombre que desconozco.

—Todo es cuestión de hablar milady – comentó ella con una sonrisa – Mi abuela siempre decía que un matrimonio solido se basa en la confianza y la comunicación.

El problema era que Inuyasha no confiaba en ella y mucho menos hablaba ¿Cómo se supone que aclararían todos los malos entendidos si él no estaba dispuesto a hacerlo?

—Tu abuela era muy sabia.

Melissa esbozó una sonrisa y asintió.

—La mejor.

— ¿Por qué nunca te casaste? – Preguntó Kagome – Siempre has con nosotros que ya eres de la familia y nunca te vi un pretendiente.

Era verdad, Melissa había permanecido por más de diez años con ellos y desde que su madre la puso a cargo de ella jamás la había dejado en todo momento.

—Por qué el matrimonio no es para mí. Estaba entre ingresar al convento o dedicarme a ser doncella — comentó mientras le untaba otra capa de ungüento — ¿Y adivine que elegí?

En ese sentido sentía algún tipo de envidia, ser capaz de elegir lo que uno deseaba. Si Inuyasha no hubiese aparecido tres años atrás, probablemente en estos momentos sería una monja o incluso ser la tía soltera. Pero ni uno ni lo otro fue, además Bankotsu no tenía planes de casarse.

Pero ¿Cómo hubiese sido su vida sin Inuyasha?

—Listo, milady.

La voz de Melissa la interrumpió y evitó que fuera más allá de esa simple pregunta que se había hecho mentalmente.

—Vendré a avisarle en cuanto esté lista la cena – explicó, mientras le ayudaba a abrocharse en cuello del vestido.

—No bajaré a cenar ¿Puedes traer aquí la cena?

Su doncella se quedó pensativa y después negó.

—No sé lo que haya pasado entre usted y el amo Taisho — recargó las palmas de su manos sobre sus hombros – Pero una cosa si le voy a decir, si no baja en este momento le hará saber a esa mujer que ella ganó. No le deje el camino libre y luche.

Kagome agachó la cabeza, francamente en estos momentos no tenía la fuerza necesaria para hacerles frente.

—Gracias Melissa, pero no tengo nada de fuerza para hacerlo.

—Bien – ella asintió – En ese caso, le traeré su cena en cuanto esté lista.

Ella asintió y observó cómo Melissa salía de la habitación dejándola completamente sola, pero en el instante en que se fue, cerró la puerta con llave solo por precaución, por si la idea no le parecía a Inuyasha, aunque lo dudaba mucho.

Inuyasha frunció el cejo en cuanto la doncella de Kagome le comentó que su mujer no tenía intenciones de bajar a cenar y compartir mesa con él y con la recién llegada.

—Mejor – comentó Sabina una vez me Melissa se hubiese ido– Así tendremos intimidad para hablar de notros.

Él negó levantándose de un solo golpe de la silla, no le iba a permitir ese desplante a su mujer, la haría bajar y compartir mesa aunque la sacara de su habitación arrastrando. No toleraría ese tipo de desplantes por parte de ella.

Subió las escaleras de cuatro zancadas y cuando estuvo delante de la puerta de su habitación, giró la manilla pero estaba cerrada con seguro, algo que le molestó.

—Sé que estás ahí, abre.

Kagome se sobresaltó al escuchar la voz intimidante de su marido, pero no por eso se iba a intimidar.

—No – respondió firme.

—Con un demonio – golpeó la puerta – Abre o te juro que derribaré la puerta.

Ella estaba enojada, solo había salido de su habitación para evitar que su hermano e Inuyasha terminaran discutiendo. La llegada de esa mujer había sido la gota que derramó el vaso y está vez, por más seductor que apareciera delante de ella no se dejaría enredar muy fácil.

Eran muchas emociones en tan poco tiempo que era imposible asimilarlas una a una.

—Hazlo si te atreves – tomó asiento al borde de la cama – Pero aun así no pienso abrirte. Mejor ve y disfruta de la compañía de esa mujer, a mi déjame en paz.

Permaneció por unos momentos frente a la puerta de Kagome, esperando a que decidiera abrir, pero ni con su amenaza había logrado convencerla de hacerlo. Recordó que el baño de su habitación conectaba con la habitación de ella.

No pienses que te libraras tan fácilmente de está Kagome. — se prometió así mismo.

Entonces, decidido fue hasta su habitación cruzó con grandes pasos la estancia y se dirigió al baño para después abrir la puerta de la habitación de Kagome.

Al entrar la vio sentada en la cama, mientras se concentraba en su lectura, lectura que se vio obligada a interrumpir en cuanto lo vio.

Kagome maldijo para sí misma, había olvidado poner cerrojo a la puerta del baño, pero jamás advirtió que él pudiera entrar por ese pasillo. Con mala gana dejó el libro sobre la mesita que estaba al lado de su habitación y se puso de pie para serle frente.

—Te dije que abrieras – avanzó hacia ella.

—Y yo respondí que no – ella puso los brazos a ambos lados de sus caderas.

Por más intimidante que pareciera no iba a tenerle miedo, suficiente había tenido con la humillación que le hizo pasar delante de esa mujer como para tener que soportar otra más.

—Vas a bajar a cenar conmigo y Sabina.

Las entrañas de Kagome se retorcieron al escuchar el nombre de esa mujer en sus labios.

—No tengo hambre y hazle como quieras – se encogió de hombro — No puedes obligarme.

— ¿Me estas retando?

—Oh no – ella negó – Jamás me atrevería a retarte. Sólo que considero que son suficientes emociones en dos días. Tu regreso, el entérame que estas vivo y por si fuera poco la llegada de tu amante.

Inuyasha detuvo su andar y se cruzó de brazos esbozando una sonrisa, así que ella estaba celosa por Sabina. Bien, porque no tenía ninguna intención de sacarla de aquí, descubrió que ella sería pieza clave para su venganza.

— ¿Todo esto es porque estas celosa de ella?

Si admitió para sí misma, eran celosos que le hacían daño y sobre todo la volvían loca, pero nunca se atrevería a confesárselo.

—No – mintió.

— ¿Segura, Kagome? – preguntó avanzando hacia ella.

—Totalmente segura de eso.

Se detuvo muy cerca de ella y le susurró al odio.

— ¿Entonces porque tiemblas?


Hola!

Lamento subir hasta ahora, ayer iniciaron clases y no es fácil!

He visto que varias han hecho sus conjeturas sobre la predicción de Ayame hacía Kagome...Las leo chicas, díganme sus teorías a ver si vamos a la par (se los respondo con un si, un no, o un tal vez)

Bankotsu planea "asaltar" la casa de Koga... Encontraran a Sesshomaru?

No sé!

Cuídense mucho!

BPB