Capítulo 14
Abrieron la puerta de la biblioteca con sumo cuidado, todo estaba impecable y al parecer Koga era un obsesivo con el orden. Una alfombra de lo más exuberante descansaba en medio de la habitación bajo la vista de la chimenea. Mientras Bankotsu se dedicaba a buscar en el escritorio y los cajones, Miroku se detuvo a contemplar los cuadros que había colgados en la biblioteca.
Pero al dar un paso un sonido llamó su atención, pisó varias veces aquel lugar y después otro punto y no producía el mismo sonido.
—Miroku no venimos a jugar – advirtió Bankotsu.
—Escucha – dijo él – Si piso aquí – tocó con el talón la parte solida del piso – No suena.
Bankotsu comenzaba a impacientarse, hubiera sido mejor que viniese solo y no en compañía de su amigo. A veces Miroku se ponía insoportable como en esta ocasión.
—Si no quieres estar aquí puedes irte – comentó – Pero al menos déjame seguir buscando información.
—Espera – Miroku alzó un dedo – Ni siquiera me has dejado terminar, observa y escucha .
Entonces Miroku puso un pie en la parte blanda del piso y se escuchó el sonido de una madera crujir bajo su pie. Bankotsu al oír eso frunció el cejo y dejó de buscar sobre el escritorio para hacerle compañía a su amigo. Ambos repetían los movimientos que Miroku había hecho segundos antes.
—Es como si en esta habitación hubiesen dos tipos de pisos – explicó Bankotsu – Uno convencional y otro de madera.
—No tendría sentido que hubiese uno de madera – Miroku se encogió de hombros – Al menos…
—Que haya un sótano – dijeron a la par.
Con el pie Bankotsu retiró la alfombra con mucho cuidado, ambos se hicieron hacia atrás al ver lo que habían descubierto.
—Una puerta – comentó Miroku — ¿Será un pasadizo secreto?
—No lo sé — estaba demasiado sorprendido y asustado a la vez – Sinceramente no pienso investigar.
—Oye – Miroku lo tomó del brazo cuando pasó a un lado de él – Me hiciste venir y asaltar una casa para encontrar algo de información y eso aplica buscar en todas partes.
—¿Quieres que abra esa puerta y baje?
—Si – asintió su amigo.
—Estás loco.
—Mira quien lo dice.
Bankotsu miró a su amigo y después a aquella puerta de madera que estaba a la par del piso. Era verdad, él mismo había elaborado todo este plan como para que lo hecha a perder en dos segundos. Suspiró, se agachó y abrió la puerta. Un olor fétido lo golpeo en la cabeza y unas escaleras que conducían hacia un sótano oscuro se revelaron a su paso.
Le pidió la vela a su amigo y comenzó a bajar con mucho cuidado, seguido de Miroku.
—Para que querrían un sótano debajo de una casa.
—No sé, seguramente para resguardarse – se encogió de hombros – Que sé yo.
—El olor es demasiado fuerte – comentó Miroku, cubriéndose la nariz.
En el interior había una mesa y una llave, Bankotsu la tomó y frunció el cejo. Había varias cosas que no comenzaba a comprender ¿Qué hacían unas llaves abajo? ¿Qué hacia un sótano debajo de una biblioteca?
Alzó la vela para poder iluminar más la habitación y encontró dos mazmorras, en una de ellas se escuchó el sonido de unas cadenas.
—¿Ya nos podemos ir? – preguntó Miroku nervioso.
—Fuiste tú quien quiso bajar, no seas cobarde.
Con mucho cuidado Bankotsu avanzó hacia adelante siguiendo el sonido de aquellas cadenas por donde habían provenido. Miroku iba tras de él, cuidando su espalda. El olor a fétido se hizo más intenso a medida que se iban acercando. Se toparon con una celda, Bankotsu llegó a distinguir una sombra pero debido a la oscuridad no lograba percibir bien, tal vez era producto de su imaginación.
—¿Has venido a matarme de una vez?
Miroku y Bankotsu se miraron al mismo tiempo al escuchar una voz demasiado débil. Con la llave que había tomado, la usaron para abrir la celda y a medida que se acercaban a la sombra pudieron identificar a la persona que estaba encadenada.
—¿Stone? – Preguntó Bankotsu — ¿Qué rayo….
Sesshomaru al escuchar una voz diferente de su primo, alzo la cabeza y se encontró con unos rostros distintos al que había visto en estos tres años, pero lo suficiente conocidos.
—¿Qué… haces aquí Higurashi?
Bankotsu frunció el cejo ante lo que veía ¿Qué demonios era todo esto? Escuchó hace tiempo que Sesshomaru había desaparecido a pocos días de la boda de su hermana pero jamás llegó a imaginar que lo encontraría en la casa de su primo Koga bajó un sótano.
—Será…mejor….que…se vayan.
—No podemos dejarlo así – explicó Miroku – Es inhumano.
—Si Koga no lo ve podría….
—No podrá hacer nada, nunca sabrá quien entró a su casa. Estará a salvo conmigo y con Rin – aconsejó – Podremos hablarle a Suikotsu que venga a valorarlo.
—Me preocupa Rin, no la quisiera involucrar en todo esto. Es demasiado joven.
—Es una joven demasiado curiosa pero sé que no dirá nada. Además no es tan débil como piensas.
Llevaban a Sesshomaru uno en cada brazo, el hombre pesaba demasiado y era más alto que ellos dos que a duras penas lo subieron al carruaje alquilado por Miroku y se dirigieron rumbo a casa.
Miroku y Bankotsu contemplaban al hombre que yacía incontinente del otro lado del asiento. La barba estaba un poco crecida, pero las marcas de las cadenas eran muy visibles en sus muñecas y su ropa estaba desgastada que le mismo Bankotsu sintió lastima al ver el mal estado de aquel hombre.
—No puedo creer que alguien como Koga haya sido capaz de hacer esto– comentó Bankotsu – ¿En qué clase de familia Kagome vino a quedar?
—¿Crees que Taisho esté involucrado en esto?
Aunque le costara admitir sabía que Taisho no tenía nada que ver en todo esto.
—No lo creo – negó – Taisho desapareció tres años, los mismos que lleva Stone. Estoy seguro que Koga está involucrado en todo esto, solo la pregunta que flota en el aire es ¿Por qué lo hizo?
—Lo mejor que debemos hacer es asegurarnos que Stone recupere su fuerza – aconsejó Miroku – Para que después sea capaz de aclararnos todo.
—Tarde o temprano Koga se dará cuenta que él desapareció de su casa – explicó Bankotsu sin dejar de ver a Sesshomaru – Y te puedo asegurar que su estado de ánimo cambiara.
Llegaron a la residencia de Miroku, bajaron a Sesshomaru de la misma forma que lo habían sacado de aquel sótano, ambos sosteniéndolo de un brazo. Se detuvieron en la entrada para que Miroku pudiese buscar las llaves, pero alguien se adelantó y abrió la puerta.
—¿Qué….
Pero Rin se quedó callada al ver a su hermano y a Bankotsu llevar a un hombre entre los brazos. Ella se apartó para que pudieran pasar con él y tras cerrar rápidamente la puerta con llave los siguió escaleras arriba sin hacer preguntas.
Lo dejaron en la habitación de invitados, Rin estaba perpleja nunca había visto a un hombre bajo esas condiciones tan deplorables, Miroku al ver el rostro de pánico en su hermana le ordenó que se fuera a su habitación y no saliera, pero ella negó.
—No pienso dejarlos ¿En qué puedo ayudar?
Miroku y Bankotsu se miraron uno al otro, ya no había marcha atrás, su pequeña y sonriente hermana ya estaba involucrada en esto.
—Busca en la habitación vieja un baúl negro – explicaba Miroku – Ahí encontraras ropa cómoda que pertenecía a nuestro padre, trae algunas prendas.
Rin asintió y salió disparada en busca de lo que le había indicado su hermano, pero en el camino fue intercedida por su doncella.
—Señorita ¿Qué hace despierta a esta hora de la madrigada? Debería estar durmiendo.
—Ve por agua fría y unos paños – ordenó – Llévaselos a Miroku que está en la habitación de invitados.
Su doncella asintió y fue en busca de lo que había ordenado su pequeña niña.
Mientras tanto Miroku y Bankotsu trataban de quitarle la ropa sucia a Sesshomaru.
—Será mejor que vaya a buscar a Suikotsu – comentó Bankotsu apartándose.
—Creo que eso sería lo indicado.
Cuando Rin regresó con la ropa Bankotsu la interceptó en la entrada y se la arrebató de las manos entre abrió la puerta y aventó la ropa al interior de la habitación. A la única que le dio acceso fue a su doncella que llevaba agua y paños.
—¿Por qué yo no puedo entrar?
—Porque eres una dama y adentro hay un hombre sin ropa – explicó – Por lo que eres muy pequeña para ver eso.
—Quiero ayudar.
Realmente la veía preocupada por el recién llegado y esa muestra de empatía le hizo sentir cariño. Ella poseía el mismo carácter dulce y amoroso de su hermana, por algo la veía así, como su pequeña hermana.
—Mañana pequeña, por lo pronto deja hacernos cargo ya luego podrás cuidar del recién llegado.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo – asintió – Ve a descansar para que mañana nos releves a Miroku y a mí.
Tras esa promesa Rin asintió y se fue a su recamara a descansar.
Suikotsu revisaba cada signo vital de aquel hombre y a medida que lo hacía negaba con la cabeza. No podía pasar desapercibidas las marcas en sus manos. Pero afortunadamente su estado no era crítico y eso no ponía en peligro su vida.
Bankotsu observaba al tercer hombre de confianza, el hermano mayor de Renkotsu y Jakotsu. Él era su médico de cabecera y se dedicaba a curar a hombres de dudosa reputación. Él mismo preparaba sus medicinas que dicho sea de paso eran milagrosas.
—Si quieren mi diagnóstico, el joven está un poco débil y por lo que veo padece de anemia – buscó algo de su bolsillo y de se lo entregó a Bankotsu – Encárguense de darle esto tres veces al día por una semana, de preferencia después de cada comida.
—Gracias Suik – dijo Bankotsu.
—Espero que no te metas en problemas serios Bankotsu.
—En problemas siempre he estado – comentó esbozando una sonrisa.
Al día siguiente Koga despertó en una cama que no era suya, sentía la cabeza pesada y todo le daba vueltas. Lo único que recordaba era el momento en que subió con Kagura a la habitación, buscó su ropa y la encontró perfectamente doblada en una silla.
—Veo que ya despertaste.
Escuchó la voz de una mujer que provenía de la puerta de un baño, parpadeó y reconoció a Kagura, quien se acercó a él y le dio un beso en la frente.
—Estuviste magnifico anoche – dijo con una sonrisa seductora – Cinco veces… vaya de haber sabido que eras tan viril desde hace tiempo que te hubiese dicho que sí.
—Yo…— parpadeó – No lo recuerdo.
—Que lastima porque fue estupendo.
Pero lo cierto fue que lo había drogado en cuanto entraron a la habitación.
Koga regresó a su residencia andando, repasando una y otra vez las cosas que le había dicho Kagura. Bueno, si él no se acordaba de lo que había sucedió tenía que confiar en las palabras de aquella mujer.
¿Así que había sido capaz de llegar cinco veces? Eso sí era todo un record para él.
Se detuvo frente a la puerta buscando las llaves en los bolsillos de su pantalón, abrió la puerta y entró. Tenía que prepararle algo de comer a Sesshomaru, seguramente estaría solo y triste al no tener su compañía.
Con una sonrisa en los labios se fue a la cocina a prepararle algo, ya con la bandeja en las manos entró a la biblioteca, recorrió la alfombra y abrió la puerta que conducía hacia el sótano.
—Sesshomaru – dijo con voz cantarina - He traído tu….
Lo único que se escuchó fue la charola caer contra el piso.
La puerta estaba abierta por lo que avanzó y entró en la celda, vacía.
Se llevó las manos a la cabeza al ver la maldita celda vacía ¿Cómo demonios había escapado? ¿Cerró bien todo? ¿Dejó las llaves a la alcance de su primo? No, negó para sí mismo. No había hecho ni una ni otra cosa, alguien había averiguado su secreto y si Sesshomaru era capaz de hablar estaría en serios problemas.
En muy grandes problemas.
—Maldición – golpeó el muró con los nudillos de su mano.
Estaba perdido, debía encontrar a Sesshomaru y matarlo primero antes de que el muy maldito hablara. Pero la pregunta que se hacía esa ¿Quién lo había ayudado a escapar? Ya que por sí solo no pudo escapar.
Esa mañana en particular no se sentía del todo bien, era la segunda vez que devolvía el estómago acompañado de mareos y más nauseas que de costumbre. Se recostó un poco en la cama, si por ella fuera permanecería todo el día ahí.
Melissa había estado con ella en todo momento y se preocupó al ver su semblante pálido.
—Discúlpame Melissa – dijo ella limpiándose la boca con un pañuelo – Hoy no me siento bien.
Pero su doncella ya estaba atando cabos, se acercó a ella y tomó asiento al borde de la cama, justo a su lado.
—Milady …— tomó su mano — ¿Qué siente con exactitud?
—Todo me da vueltas – respondió mientras se recargaba aún más en la cama – Siento muchas nausea.
La mujer esbozó una sonrisa, por lo visto ella aún no se daba cuenta de lo que esos síntomas significaban.
—¿No ha sangrado, es correcto?
Kagome abrió los ojos al escuchar esa pregunta demasiado incomoda, aunque ella llévese sus cuentas de los días que le tocaba su sangrado no dejaba de sentirse avergonzada . Mordiéndose el labio inferior miró a su doncella y negó.
—Creo que no sea nada grave – comentó ella.
—¿Cómo que nada grave? – Kagome arqueó una ceja – Siento que estoy muriendo, Melissa.
—Milady es normal, esto le pasa a todas las mujeres casadas – comentó – Su sangrado debió haber sido la semana pasada, ha tenido intimidad con el señor…
La verdad solo habían sido tres veces en las que había tenido relaciones con él ya que la última vez que discutieron no intentó tocarla y si él se hubiese insinuado algo, ella lo rechazaría. No entendía con exactitud lo que su doncella quería darle a entender.
—Melissa no te entiendo, se más concreta por favor y llama a un médico. Siento que voy a desfallecer.
—Está usted embarazada y tiene todos los síntomas.
Kagome se recargó en la cama al escuchar el comentario de su doncella e involuntariamente se llevó las manos al vientre, como si lo tratara de abrazar y una sonrisa se dibujó en los labios. Un hijo de ella e Inuyasha crecía en su interior, después de muchos años contemplar a las damas embarazadas y sentir un poco de envidia, por fin experimentaría esa nueva sensación, de lo que era sentir una vida crecer en su interior.
No todo podía ser felicidad, Inuyasha y ella no estaban bien y sinceramente no sabría cómo lo tomaría. Él no confiaba en ella y aún tenía ese instinto de su venganza absurda ¿Y si no creía que ese hijo era de él? ¿Si le llegará a insinuar que no era suyo? Podría soportar que tuviese a su amante en casa, pero que llegara a pensar eso, era algo que no sería capaz de soportar.
—¿Puedo pedirte un favor?
—Si milady – asintió Melissa – Lo que usted quiera.
—No comentes nada, que esto quede entre las dos.
—Pero mi….
—Promételo – la interrumpió – Sabes que mi matrimonio con él no está bien y si llegara a enterarse de esto, probablemente pensaría que no es su hijo.
Melissa alzó una ceja y en sus ojos se vio reflejado algo como el enfado.
—Eso sería lo más absurdo y si llegara a decir eso yo la defendería delante de él.
Kagome esbozó una tierna sonrisa, al menos no estaba sola y Melissa era lo más cercano que podía estar con su familia.
Su madre no había podido visitarla y había sido lo mejor, porque no sabría cuál sería su reacción al ver a Sabina en la casa.
—No se preocupe, no diré nada – dijo al fin – Descanse un poco – se levantó de la cama – Iré a traerle algo para esos síntomas.
Kagome se quedó contemplando un punto fijo de la habitación, la noticia de su embarazo la hicieron sentir más fuerte y con más valor. Debía luchar por ese pequeño que crecía en su interior, por su matrimonio y hacerle entender que no ella no era la culpable. Está vez pondría las cartas sobre la mesa, ya no sería tan sumisa y abnegada.
Pero el pánico la invadió al recordar unas palabras que había olvidado hace tiempo.
"Para lograr la felicidad habrá un pago, la vida de un ser querido que jamás llegará a conocer"
No había relacionado esas palabras hasta ahora ¿A caso aquella mujer se refería a esto? Negó para sí misma, tal vez ella se confundía o estaba loca, nunca había que creer en personas desconocidas. Abrazó su vientre con ambos brazos, no iba a permitir que nada malo pasara, lo protegería a como diera lugar aun si le costaba su matrimonio.
Después de haber tomado el remedio que le preparó Melissa, el semblante de Kagome cambió por completo y los síntomas habían desaparecido por el momento. Salió de la habitación y al cruzar por el vestíbulo se topó con la peor de sus pesadillas.
—¿Estás lista para el baile de esa tal Percival, Kagome? – preguntó Sabina.
Pero ella le dio la espalda y comenzó andar con destino hacia el jardín, hoy no iba a discutir con nadie y si ella se lo ponía difícil tampoco se dejaría amargar.
—¿Bankotsu asistirá a ese estúpido baile?
Pero se detuvo al escuchar el nombre de su hermano en los labios de ella, se giró y la observó.
—No – negó – Odia los bailes y sobre todo odia los compromisos.
Una sonrisa coqueta se dibujó en los labios de aquella mujer.
—¿Quién está hablando de compromiso?
—¿Por qué tanto interés en Bankotsu? ¿Inuyasha ya no te cumple?
Ahora era Sabina la que fruncía el cejo y su rostro alegre desapareció cambiándolo por un cejo fruncido. La mujer apretó labios y manos ante el comentario de Kagome.
—Veo que no – Kagome esbozó una media sonrisa y volvió a darle la espalda decidida a retomar su camino.
—Si yo quiero puedo volverlo a tener en mi cama.
La hizo frenar y sin darle el mínimo interés de mirarla, simplemente le dijo a sus espaldas:
—Recuerda esto, tú siempre serás la amante, pero yo seré siempre la esposa y estaré por encima de ti. Así que buena suerte en llevártelo a la cama, si es que lo logras querida.
Sabina se quedó ahí de pie observando el camino que había tomado la esposa de Inuyasha, se acercó a la ventana y la observó juguetear con ese estúpido animal. ¿Así que quería retarla? Le demostraría que Inuyasha aun la deseaba y si ella deseaba lo tendría entre sus piernas.
—No cantes victoria, que-ri-da.
Hola!
Bueno, a partir de aquí las cosas se van a poner más intensas.
Trataré de actualizar dos capítulos cada fin de semana, así como le hice ayer y hoy.
Espero estén muy bien.
Cuídense muchos!
BPB
