Capítulo 15

Tal y como Bankotsu se lo había prometido, Rin cuidaba del hombre que habían traído su hermano y él. Pero sobre todo le habían pedido que fuese demasiado discreta como para hablarlo públicamente, de hecho los únicos que tenían acceso a la habitación además de Miroku y Bankotsu, eran su nana, el doctor Suikotsu y ella. Fuera de ellos la estadía de él era un enigma para todos los empleados.

Desde luego que lo reconocía, era Lord Stone, primo del duque Taisho. Se rumoraba que él había desaparecido días antes de la boda del duque y que jamás se supo de él.

Esbozó una sonrisa, aunque tuvo que borrarla de manera inmediata dadas las circunstancias en las que él se encontraba. Pero simplemente no podía evitar hacerlo, recordaba verlo pasar años antes y no pudo evitar pensar en lo atractivo que era, sobre todo en contar los años que pasaba para que fuese presentada en sociedad y conocerlo formalmente. Cuando supo de su desaparición no pudo evitar sentirse triste y una profunda decepción la había invadido.

¿Quién había sido capaz de cometer esa atrocidad con él?

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Contemplaba con horror las marcas en sus manos que fueron a causa de los grilletes, su rostro pálido y demacrado, pero sobre todo los labios partidos, eran sin duda marcas de algún tipo de tortura. No quiso ni imaginar el dolor que debió sentir e incluso la fuerza de voluntad que tuvo para sobrevivir.

Pasó la yema de sus dedos por su frente pero en el instante que ellos lo rozaron, una mano interceptó la suya en el aire. Entonces ella vio la profundidad de sus ojos dorados y se sumergió en ellos.

— ¿Quién es usted? – preguntó en tono apagado pero severo.

Sin soltar a la joven, Sesshomaru se llevó una mano a la cabeza, todo le daba vueltas en la cabeza y lo único que pudo recordar era la cara de Bankotsu y el tal Miroku. Ellos lo habían sacado de esa pocilga donde había estado por tres años, por fin era libre y le haría pagar cada una de todas las que su miserable primo le había hecho a él y al resto de todos los que se cruzaron en su camino.

¿En dónde estaba? Y sobre todo ¿Quién era esa pequeña mujer de sonrisa tierna? Al ver que sostenía su mano, la soltó lentamente.

— ¿En dónde estoy? – preguntó.

Pero al tratar de levantarse, la delicada mano de la joven se posó en su pecho impidiéndole hacer tal cosa y negó.

—Será mejor que no haga eso milord – aconsejo – Aun está muy débil y el medico ha recomendado reposo absoluto.

Sesshomaru asintió y volvió a recargó en la cama sin perder de vista cada uno de los movimientos de la joven. Quien en ese momento se levantó de la cama y le ofrecía un vaso de agua. Él dudó por unos instantes, pero alargó el brazo para tomar el vaso que la joven le ofrecía. Y en el instante que el líquido fresco pasó por su garganta aun suspiró le alivio se escapó de sus labios, había pasado tanto tiempo sin haber probado así el agua, el maldito de Koga no era tan condescendiente como ella e incluso lo dejaba días sin beber líquido.

Entonces recordó que ella no había respondido a su pregunta.

— ¿Dónde estoy? – volvió a repetir.

—Pierda cuidad milord – dijo ella – Esta en casa de mi hermano, lord Adamas.

— ¿Miroku? – alzó una ceja.

Ella asintió y se dirigió hacia la puerta.

—Iré a ver cómo va su almuerzo – comentó sin dejar de sonreír – En seguida vuelvo milord.

Cuando ella abandonó la habitación una profunda soledad lo embargó, a pesar de que había cruzado pocas palabras con ella y la había visto sonreír, sintió un pequeño piquetito en el corazón. Era la hermana pequeña de Miroku, nunca la había visto, seguramente porque antes de que Koga lo capturara esa joven era demasiado pequeña como para andar en sociedad. Podía calcularle unos dieciséis.

Debía admitir que era muy hermosa.

Suspiró y se llevó las manos a la cabeza ¿En qué estaba pensando? Sólo había visto una vez a esa joven y ya consideraba hermosa. Bueno, aunque al decir verdad era la primera mujer que veía desde hace tres años.

Volvió a negar para sí mismo, primero pondría orden a su familia, haría que el maldito de Koga confesara todos sus crímenes delante de Inuyasha, y a él en especial, lo pondría de rodillas delante de su esposa para pedirle perdón.

Si es que aún estaba a tiempo de remediar las cosas entre Lady Kagome y su primo Inuyasha. Esperaba recuperar de inmediato todas sus fuerzas para poder hacerle frente a todo.

Koga no tenía la menor idea de quien había liberado al maldito de su primo, pero la persona que lo había hecho era su enemigo. Por más de que se hubiese pasado toda la mañana ideando las mil formas en que Sesshomaru no había ninguna forma de que éste escapara por sí solo.

No quería pensar que fuese Inuyasha, ya que lo había recibido de costumbre y su actitud hacía él era de lo más normal. Por eso estaba aquí, en su despacho y bebiendo un whisky a pesar de lo temprano que era.

—Hoy te veo extraño – comentó Inuyasha con una media sonrisa — ¿Todo bien?

Koga levantó la cabeza y se encontró con la mirada dorada de Inuyasha. Si, él aún no se enteraba de lo que había estado haciendo hace tres años. Debía mantenerse a su lado por si Sesshomaru aparecía o un extraño de le adelantara.

—Perdón – de tanto pensar ya le dolía la cabeza – Anoche la pase con una mujer y ando distraído.

Inuyasha asintió y esbozó media sonrisa.

—Debe ser una mujer demasiado hermosa como para que te tenga así.

Kagura no era mucho más hermosa que Ayame, pero como ella ya no deseaba estar con él recurrió a los brazos de esa prostituta. Aunque al decir verdad, era muy extraño. Kagura siempre lo había rechazado, daba la casualidad de que la noche anterior a la desaparición de su primo ella estuviese muy cariñosa con él.

Si, era una casualidad demasiado fuerte.

Posiblemente alguien le pagó para que lo distrajera y así entrar a su casa. Alguien ya sabía su secreto y no solamente era sus primos a quienes debía a cavar, sino a todos los que estuviesen enterados.

—Si seguramente era hermosa – comentó Inuyasha al no tener respuesta.

—Debo irme, disculpa – se levantó de su silla – Nos vemos en el baile de Lord Percival.

—Pero…

Sin dejarlo terminar la frase, Koga salió del despacho y sólo Inuyasha se encogió de hombros.

Kagura esbozó una sonrisa al ver las cinco cajas que Bankotsu le había prometido. Ese hombre era de palabra y demasiado apuesto, lástima que nunca cayó en sus juegos de seducción y que el hombre no estuviese dispuesto a ser atrapado.

— ¿Di que hiciste para entretenerlo? – preguntó con curiosidad Bankotsu.

Ella negó y esbozó una sonrisa.

—Jamás sabrás mi secreto cariño – le guiño un ojo.

—Fuiste de mucha ayuda – comentó – Muchas gracias.

—Cuando quieras – respondió ella – Ahora que si quieres que te haga un favor a ti…

—Gracias pero no – se adelantó a responder.

A Kagura le intrigaba todo lo que rodeaba ese hombre, sabía que estaba en el negocio del contrabando y que ayudaba tanto a sus amigos como a su familia. Pero nunca lo veías en enredos de faldas, si, tenía una que otra mujer pero no tan seguido.

—Solo lo drogué – respondió al fin – Le di un potente narcótico y quedó rendido como un bebé.

Bankotsu soltó una carcajada ante el comentario de Kagura.

—Creí que le darías…— alzó una ceja señalando su esbelto cuerpo.

—Por favor — bufó ella – Podré acostarme con quien sea, pero yo decido con quien. Y él nunca ha sido de mi absoluto agrado. Aunque – lo miró seductoramente – Si tú me lo pidieras con gusto…

—Eso no va a pasar – interrumpió él antes de que siguiera.

—Lo sé – Kagura suspiró triste e hizo un puchero – Creo que tú serías mi favorito.

Él no comentó más y se llevó las manos a la nuca en un gesto nervioso. Era hombre y como tal no reimprimía sus deseos, pero jamás le había dado algo a entender a Kagura.

Entonces a los lejos se escucharon mormullos y de alguien forcejeando, logrando así llamar la atención de los dos. Pero lo que los hizo salir del reservado habían sido los sonidos de varias sillas y botellas caer al suelo.

— ¿Qué demonios está pasando aquí? – preguntó Kagura seguida de Bankotsu.

Pero se pararon en seco al ver a Koga, con una expresión de pocos amigos. Se podía decir que aquel hombre estaba demasiado enojado por algo que le hubiesen hecho.

— ¿Qué significa todo esto, Koga? – ella se cruzó de brazos y espero una respuesta.

Koga sólo era capaz de observarla pues nunca se detuvo a mirar mucho más allá de ella.

—Tú – la apuntó con un dedo – Eres una maldita zorra mal parida.

Kagura iba abrir la boca para defenderse, pero Bankotsu se anticipó y se colocó justo en medio de los dos, en un gesto protector.

—Cuida tu lenguaje – dijo en una voz amenazante – No me gusta que le hablen así a una dama delante de mi presencia.

— ¿Una dama? – Bufó Koga, apoyando ambas manos en las caderas – Esa no es ninguna dama, es una prosti…

No alcanzó a finalizar su palabra cuando sintió el duró golpe de un puño sobre la comisura de los labios.

—Eres un perro infeliz.

Koga estaba a punto de abalanzarse sobre él, pero las guaruras de Kagura se adelantaron y sostuvieron al hombre por ambos lados.

—Y yo te dije que te controlaras. — Terminó Bankotsu.

— ¿Es tu nueva víctima, Kagura? – Preguntó Koga – Que bajo haz caído – miró al hombre que tenía en frente de él – No es más sino un pobre contrabandista de bajo mundo que se codea en la alta sociedad y se siente protegido solo porque su hermana es duquesa. Pero yo que tú no me sentiría cómodo Bankotsu, tarde o temprano tu reinado se derrumbara y las autoridades darán contigo. La horca te aguarda muy pronto – concluyó.

Ahora el que estaba enfadado y a punto de perder la paciencia era precisamente Bankotsu, quien apretó los nudillos de las manos para calmarse, de lo contrario se abalanzaría sobre él y nadie lo iba poder separar de su adversario. Esto lo sabía a la perfección Kagura, ya que en varias ocasiones lo había separado de numerosas peleas.

—Has dicho suficiente Koga – interrumpió Kagura — ¿Tienes idea de lo que me saldrá arreglar todo esto? – señaló el desorden que hizo.

— ¿Tienes alguna idea de lo que has hecho, maldita? – atacó él.

Kagura lo miró sin comprender ¿A caso se había dado cuenta de la distracción?

—No sé a qué te refieres.

—No finjas – la miró fijamente — ¿Dime quien jodidos te pago para distraerme y entrar a mi casa?

De pronto todas las piezas comenzaban a encajar en la cabeza de Kagura.

¿Así que para eso le había pedido que lo distrajera? Entrar a su casa y buscar algo que haya alterado los nervios de ese hombre.

—Te lo repito, no sé de qué me hablas.

Koga al ver que no iban a llegar a ningún lado y mucho menos él, que seguía estando sostenido por esos dos hombres. Pensó que lo mejor era salir de ahí y averiguar por otro lado quien había entrado a su maldita casa para llevarse al moribundo de su primo.

—Está bien – asintió fingiendo estar relajado – Pero esto no se queda así, averiguaré tu fuente y los haré pedazos a ambos.

Les ordenó a los hombres que lo soltaran y salió de ahí con el mismo humor con el que había entrado.

Cuando ya no hubo nadie y solo estaban Kagura y Bankotsu, ella giró sobre sus talones y lo miró, esperando una explicación.

— ¿Me puedes explicar para que me pediste eso?

Él negó.

—Ya estas lo suficientemente involucrada, créeme es mejor no saberlo.

Esa tarde había decidido pasarla en casa de sus padres, le agradaba la dulce conversación que mantenía con su tía Kaede, pues desde el regreso de Inuyasha no había tenido tiempo de irla a visitar. Le encantaba oír las pequeñas y alocadas anécdotas que ella y su padre habían experimentado desde su infancia.

—Nuestro padre estaba muy molesto – explicaba la anciana Kaede con su relato – Todo porque Angus había dejado las caballerizas abiertas.

Kagome sonrió cuando su tía concluyó con una carcajada.

— ¿Ya hablaste mucho de mí, no? – Comentó el señor Higurashi con un poco de humor — ¿Por qué le cuentas a Kagome la vez que te hiciste pasar por institutriz solo porque no querías casarte con tu difunto marido?

—No te atrevas a recordarme eso Angus Higurashi – lo señaló su hermana – Ni te atrevas a contársela a mi niña.

—Yo quiero saberla – interrumpió Kagome.

Kaede se llevó la taza de té a los labios y observó por el borde de la taza a las tres personas que la miraban fijamente, con la esperanza de que contara esa historia.

—Bueno – ella sonrió y se acomodó en su sitio – Ya que insisten, la contaré. – Se limpió los labios con una servilleta y comenzó – Resulta que era el baile de nuestro compromiso, nuestros padres habían acordado la unión entre los dos y…

Kagome iba desde el enfado, la sorpresa y después la felicidad al escuchar el relato de su tía.

—Nos juramos amor eterno en la iglesia y vivimos felices hasta su muerte.

—No puedo creer que haya hecho eso tía – comentó Kagome.

—Estaba demasiado enfadada – se justificó – Dime ¿Tú qué harías si el duque sostiene una amante?

Ante tal pregunta ella se quedó callada, pues sin duda sería una vergüenza para su tía Kaede y ella la reprendería, seguramente la tacharía de tonta.

—Probablemente nada – explicó la anciana al ver el silencio de su sobrina – Un consejo querida, si él sostuviera una amante tú…

—Creo que debo irme – interrumpió Kagome – Ya es tarde.

Se levantó apresurada de su lugar y comenzó a despedirse de todos, lo cierto era que no deseaba escuchar ningún consejo en esos momentos.

— ¿Asistirán al baile? – preguntó su madre.

—Sí, la duquesa Percival nos ha invitado

—Nosotros no iremos – comentó.

Suspiró al escuchar esa noticia, pues había contado con la presencia de su familia para hacer un poco amena aquella velada.

Tomando a su hija del brazo salieron de la casa y comenzaron andar por el camino de grava.

—De hecho nos sorprendió su invitación – seguía con su relato – Pero tanto Angus y como Kaede decidieron que no era lo correcto. Así que nos pasaremos toda la velada jugando cartas, Bankotsu y Miroku estarán aquí también.

Kagome sonrió con un poco de tristeza ante la hermosa velada que les aguardaba.

—Debo irme mamá – le dio un beso en la mejilla – Nos vemos luego.

Pero su madre no la soltó y en cambio a eso la atrajo hacia ella envolviéndola entre sus brazos. Era un abrazo protector que la misma Kagome se sintió sobrepasada, agradecida por esa muestra de amor que muy poco demostraba.

Aunque en realidad su madre sentía una opresión en el corazón, sentía como si algo malo iba a suceder y su hija sería la principal protagonista de todo.

—Por favor – una lagrima rodó por su mejilla – Cuídate mucho.

Kagome asintió.

—Lo haré, no te preocupes.

Era cierto, ahora más que nada debía cuidar de no solo de ella sino del hijo que esperaba. No había querido darles la noticia, porque una, no estaba pasando por un buen momento con Inuyasha y dos, no quería preocupar a sus padres más de lo que ya encontraban. Aguardaría un poco más hasta que las cosas se calmaran para poder gritar a los cuatro vientos que pronto serían abuelos.

Se separaron del abrazo y Lady Flora contempló como su hija subía al carruaje y partía, alejándose de ella.

—Que nada malo le pase.